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La apuesta es a la seguridad alimentaria

Foto Jose Rivera BaAnuet
Entrevista con el Embajador José Rivera Banuet, Secretario Permanente del SELA

Hugo Prieto, Diario Últimas Noticias, Venezuela

Caracas 15 de junio de 2008– El economista mexicano José Rivera Banuet, Secretario Permanente del SELA, cuya sede está ubicada en Caracas, afirma que América Latina y el Caribe debe tener "una voz firme y unificada" para lograr una "solución satisfactoria" en el tema de la crisis alimentaria que afecta a esta parte del continente y al mundo en general. El principal objetivo es lograr un acuerdo, un esquema de seguridad alimentaria basado en la complementariedad regional, e impulsar el multilateralismo para que "tengamos injerencia en el comercio internacional". Equilibrio, equidad y justicia, en lugar de simetrías y cúpulas decisorias del desarrollo económico.

Los subsidios a la agricultura en los países industrializados distorsionan el mercado de los alimentos y limitan el desarrollo de las potencialidades en países como Uruguay, Paraguay y Argentina. ¿No es, realmente, una paradoja? ¿Qué opinión tiene usted?

Esa distorsión es una de las causas de la crisis alimentaria que afecta al mundo.

La Secretaría Permanente del SELA ha identi­ficado trece factores -coyunturales y estructurales- que han llevado a esta alza inusitada de los precios. Durante cinco décadas hemos padecido las políticas proteccionistas de los países industrializados y las expectativas de una conclusión exitosa de la Ronda de Doha parecería ser una solución o un alivio a esta situación que se presenta en la región, Los subsidios que se pagan a los agricultores en los países industrializados se estiman en 1.000 millones de dólares al día, yeso ha hecho que sea más renta­ble importar esos productos subsidiados que producirlos.

Este juego perverso de los subsidios ha hecho que países como Haití hayan abandonado sus posibilidades de contar con abastecimientos agrícolas; la población se ha desplazado a las ciudades, se ha abandonado el campo, han importado a raíz de las po­líticas que se aplican en los países industrializados.

Países que alguna vez fueron autosuficientes están atrapados en el juego perverso de los subsidios. ¿Qué puede hacer América latina para revertir esa situación?

Recientemente, el director de la Organización Mundial del Comercio señalaba que una solución satisfactoria de la Ronda de Doha aliviaría el problema alimentario. ¿Cómo entendemos nosotros una solución satisfactoria? Precisamente, logrando un compromiso de detener, reducir y eliminar los subsidios, para que las propias condiciones del mercado permitan a los países regresar a la producción, regre­sar al comercio internacional con los pro­ductos básicos, donde tengan las condiciones naturales para que se produzcan los ali­mentos. Frente a esta situación tenemos que hacer un planteamiento firme por parte de América Latina y el Caribe en esta eta­pa de las negociaciones, que se estima será la culminación de la Ronda de Doha; reque­rimos tener una voz firme, una voz unificada, que haga una presencia fuerte para tratar de lograr, precisamente, una solución satisfactoria para los países en desarrollo.

¿Como se puede armonizar el concepto de seguridad alimentaria y el de libre comercio?

Le diría que el primer objetivo de nuestros países debería ser estructurar, desarrollar y llevar adelante un programa de seguridad alimentaria regional, sustentado en un acuerdo que nos permita, como se hace en ámbito energético, por ejemplo, complementar a países que tengan deficiencias con países que tengan excedentes. Alentar ese intercambio comercial. Las condiciones están dadas. Estamos en procesos de integración en las diferentes subregiones y aspiramos a la integración regional profunda. Tendríamos que pasar por este acuerdo regio­nal, por este programa de seguridad alimentaria, acompañado de muchas otras cosas que eleven la productividad en el campo.

¿Al mencionar el ámbito ener­gético se refiere un poco a lo que ha hecho Venezuela con los países del Caribe y de América del Sur?

Sí. Se establecen relaciones entre países importadores y exportadores, entre países deficitarios con países superavitarios, entre países que pueden abastecer de energía a otros países, como es el caso de Bolivia con sus vecinos. Lo que hace su pregunta, a fin de cuentas, es la cuestión ¿o es seguridad alimentaria o es soberanía alimentaría? Le diría que un primer tema a resolver es el de a seguridad alimentaria regional, entre otras cosas, porque hay una necesidad de resolver, desde el punto de vista humanitario, los graves problemas de Haití y de otros países. Las respuestas del FMI y del BM, de los organismos financieros regionales y subregionales deben ser muy ágiles. Aquí por demás está hablar de condicionalidades, de requisitos excesivos. Tiene que haber una ayuda solidaria, humanitaria y efectiva en esta emergencia. Podemos com­plementarnos entre lo que ofrecemos y requerimos y eso es lo que hace un esquema le seguridad alimentaria regional.

¿La complementariedad se convierte en el esquema de soberanía alimentaria?

Sí, porque es una soberanía regional. Es un aspecto que debería considerarse. Hay un amplio camino por recorrer en esta dirección. Necesitamos, por ejemplo, una mayor vinculación entre nuestros institutos de investigación alimentaría, porque hay avances que se están dando en algunos países que tienen que ser repercutidos en otros.

En ese camino por recorrer, ¿hay la misma disposición política que económica?

Diría que el tema de la crisis alimentaria vuelve a llamar la atención acerca de la vulnerabilidad regional. En América Latina y el Caribe vivimos en la frontera entre crecer con riesgos que están presentes y que nos pueden afectar, un ejemplo fue el de la crisis hipotecaria de Estados Unidos. Hubo una gran alarma porque estábamos al bor­de de vernos afectados por factores externos. La crisis alimentaría no es un fenóme­no que generamos nosotros; es algo que nos impacta. En décadas pasadas los latinoamericanos éramos culpables de muchas de las crisis, como la deuda, los problemas financieros y cambiarios. América Latina está resintiendo lo que pasa en el resto del mundo. Por eso hay que llamar la atención acerca de la necesaria gobernabilidad internacional.

En Estados Unidos se habló de una investigación para detectar los movimientos del mercado bursátil que estaban influyendo en el precio petróleo y que sin duda afectan a los alimentos. El presidente Leonel Femández, de República Dominicana, acaba de introducir un nuevo concepto: el capitalismo de casino, debido a la onda especulativa. ¿No es algo alarmante?

Así es. Coincido con esas afirmaciones de que somos vulnerables, somos receptivos a una incertidumbre en cuanto a los precios internacionales de los productos elementales para el desarrollo, como son la energía y los alimentos. En el precio del dinero también somos vulnerables, en lo que hace al financiamiento, a las tasas de interés y en lo que hace a los factores internacionales económicos que nos impactan. Las inversiones a futuro en oro y metales se mantienen, pero en alimentos se han multiplicado por siete. Eso nos está diciendo que hay una especulación y, efectivamente, América Latina está siendo afectada. En el caso de los recursos ocio­sos que tuvieron que desligarse de la crisis hipotecaria en Estados Unidos, en lugar de canalizarse hacia proyectos productivos, hacia inversiones que generaran empleos, producción y desarrollo de servicios, se fue, precisamente, hacia este gran casino de la especulación con los productos alimentarías. Eso fue evidente y las estadísticas son muy claras. Hay que clarificar, ordenar y ponerle un coto a esta especulación desmedida.

¿No es este un problema de naturaleza política? ¿Acaso las decisiones no deben tomarse en los entes que controlan la economía mundial?

En el SELA tenemos una reunión el 20 de junio para evaluar lo que ha pasado con el Consenso de Monterrey (Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo), en víspera de una reunión que se va a dar en Doha a fines de noviembre, principios de diciembre. ¿Qué ha pasado con lo que nosotros (los países de América Latina y el Caribe) acordamos a escala in­ternacional como elementos para activar el desarrollo? Entre esos elementos estaba la deuda, el financiamiento internacional y local, el comercio, la realidad social. Pero hay un gran capitulo, que es el tema de la gobernabilidad internacional; ¿cómo se maneja a escala mundial el comercio, las finanzas, las inversiones? En este caso lo que sucede es que hay una gran flexibilidad en cuanto a las políticas de los países industrializados y una gran severidad en cuanto a la vigilancia y las recomen­daciones en lo que hace a nuestras propias políticas.

Es cierto, América Latina fue la responsable de grandes problemas a causa de las decisiones desacertadas que se tomaban (deuda, por ejemplo). Ahora estamos recibiendo el impacto de lo que hacen otros países. ¿Por qué no se aplica un programa de ajustes en Estados Unidos?

Creo que uno de los grandes objetivos de los países en desarrollo es fortalecer el multilateralismo. Necesitamos acuerdos en el marco de la Organización Mundial del Comercio, en donde tengamos una participación efectiva y equilibrada, donde los países en desarrollo tengan una posibilidad de negociaciones justas, en cuanto a los resultados de la evolución y del juego del comercio internacional. Las cúpulas donde unos cuantos países fijan las reglas de juego para la economía internacional deberían ser sobrepuestas por un diálogo en el que los países en desarrollo tengan influencia injerencia; que nos conceda mejores posibilidades frente a esta situación.

Registro verbal

"Tenemos que pensar nuevamente en una revolución verde, en una revolución alimentaria que nos permita elevarla productividad, fortalecer nuestra investigación y complementamos en semiIlas, en fertilizantes, en instrumentos agrícolas para sustentar esa revolución en América Latina", afirma el secretario Permanente del SELA.

No todos los esquemas que se plantearon en el pasado pueden calificarse de desaciertos. ''Tenemos que planteamos ese paradigma de los años 60".

En América Latina y el Caribe hay condiciones y recursos para "alcanzar la " suficiencia alimentaria en el futuro". Hay que pensar nuevamente en una revolución verde.

¿Qué puede hacer el SELA para elevar la voz del continente y, además, contribuir a que la crisis alimentaria no vulnere a la población de esta parte del mundo?

"En el marco de la organización se realizó la reunión sobre seguridad alimentaria regional y se acordó la necesidad de examinar la creación de un comité de acción que nos permita, precisamente, fortalecemos en esta materia". En los 80 y 90, los 26 países del SELA también crearon una instancia similar para evaluar estrategias frente a la deuda externa y la crisis de financiamiento internacional.

En esta oportunidad, el comité de acción que se examina tendría las siguientes tareas: intercambiar información a escala regional, intercambiar experiencias en cuanto a programas alimentarios, establecer vinculación es entre las instituciones de alimentación, entre los ministerios de agricultura correspondientes y, además, evaluar la creación de un fondo alimentario para la región. Igualmente, diseñar un acuerdo regional en esta materia y, además, crear un sistema de seguridad alimentaria para América Latina y el Caribe.

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