Instalada en el SELA reunión sobre relaciones económicas entre la UE
y América Latina
Caracas, 13 de marzo de 2006.- Hoy se instaló en la sede del Sistema
Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) la “Reunión Regional sobre las
Relaciones Económicas entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe”,
organizada por el organismo, organizada por el organismo regional con sede
en Caracas.
La reunión fue inaugurada por el Embajador Roberto Guarnieri Secretario
Permanente del SELA con la asistencia de representantes de los 26 Estados
Miembros y funcionarios de otros organismos internacionales.
Durante los debates se analizará el documento “Estado
actual y perspectivas de las relaciones económicas entre la Unión Europea y
América Latina y el Caribe”, elaborado por la Secretaría Permanente del
SELA.
A continuación las palabras del Embajador Roberto Guarnieri.
Tenemos un documento de base excelente para que esta reunión pueda llegar a
conclusiones y recomendaciones importantes, debidamente fundamentadas para
su ulterior remisión a los niveles de toma de decisión nacionales.
Quiero dejar constancia del reconocimiento de la Secretaría Permanente a los
consultores, Ghymers y Quenan que han hecho un trabajo conceptualmente
sólido y ampliamente documentado.
El informe contiene una presentación detallada y razonada de opciones de
políticas y acciones colectivas de los países latinoamericanos y del caribe
para conducir esta relación en términos de resultados más significativos y
satisfactorios para ambas partes y cónsonos con su formidable potencial.
De que la situación presente del intercambio y la cooperación con la Unión
Europea es, en general, bastante insatisfactoria, me parece inobjetable.
La evidencia que contiene el informe de los consultores –particularmente- en
las áreas del comercio, inversión directa y ayuda oficial es en ese sentido
muy clara.
Y lo es, sobre todo, en términos de las expectativas que se generaron con
motivo de las primeras cumbres biregionales, comenzando en 1999.
Se han registrado logros sin duda importantes a nivel bilateral –México y
Chile- especialmente.
Pero a nivel subregional y regional la nota predominante ha sido la
frustración, con distinta intensidad pero prevaleciente en general con todos
los esquemas de integración.
Es más, se tiene la impresión de que mientras mas importante el esquema
subregional en cuanto a su dimensión económica y demográfica, mayores las
dificultades para progresar en acuerdos integrales con la Unión Europea.
Si quisiera uno intentar un ejercicio de calificación las notas o grados
correspondientes serían cada vez menores desde el CARICOM -República
Dominicana- pasando por Centroamérica, la CAN y MERCOSUR.
Esta tendencia no es por cierto nada auspiciosa para la recién constituida
Comunidad Suramericana de Naciones.
Se trata pues de una situación preocupante que impone una revisión urgente
con mente abierta y con voluntad política para determinar causas y poner en
marcha correctivos.
De continuar esta tendencia, América Latina y el Caribe, -como un bloque-
corre el riesgo de quedarse sustancialmente marginada del conjunto mundial
de actores relevantes.
No por supuesto algunos de los países de la región, individualmente.
Esto es evidente.
Pero hablando regionalmente y en términos comparativos con otras áreas
geográficas emergentes como Asia esa es lamentablemente la perspectiva
actual.
Latinoamérica y el Caribe se está quedando al margen.
Y para el SELA y quien ejerce la Secretaría Permanente de esta Organización
este es un hecho particularmente doloroso.
Y lo es todavía más al verificar –a menudo-una actitud que recuerda
comportamientos de lo que se conoce como “negligencia benigna”.
El caso es que América Latina y el Caribe a pesar del enorme potencial que
tiene de concertar efectivamente –de manera colectiva- una verdadera
asociación estratégica con la Unión Europea con todos los beneficios
individuales, subregionales, regionales y globales que ello significaría,
está desperdiciando sus opciones.
Causando una natural frustración también en Europa y corriendo el riesgo de
quedarse para siempre como “un bloque en gestación”.
Yo creo que estaríamos a tiempo de revertir esta tendencia y posicionarnos
de manera efectiva en el concierto mundial. Una de cuyas piezas
determinantes es por supuesto la Unión Europea con la cual una verdadera
asociación estratégica con una visión de largo plazo es absolutamente
imprescindible.
No obstante, la proyección que pudiera hacer de mi propia experiencia en la
Secretaría Permanente del SELA en los últimos dos años no justifica mucho
optimismo.
Con frecuencia, por razones que francamente escapan a mi capacidad de
comprensión, resulta aparentemente imposible que los pronunciamientos de
principios que se emiten al más alto nivel político en la materia de la
integración económica latinoamericana den lugar a las decisiones
instrumentales correspondientes.
Por el contrario las discrepancias e inconsistencias entre propósitos
enunciados y realidades parece que tendiera a ensancharse.
Hay elementos por demás evidentes y ampliamente reconocidos en cuanto a lo
que se debe hacer.
• Es imprescindible avanzar hacia la integración regional amplia mediante el
fortalecimiento de los esquemas subregionales, su eventual fusión y ulterior
convergencia.
• Pero es claro que el problema de las asimetrías es un obstáculo que va a
impedir ese progreso mientras sus efectos adversos sobre la distribución
efectiva de los beneficios de la apertura de los mercados no se compensen
suficientemente.
• Sin embargo en relación a la magnitud de los efectos derivados de las
asimetrías de todo tipo que frenan o impiden el proceso hacia un mercado
único, los recursos destinados para atenderlo son ínfimos y la prioridad
efectiva del tema en las agendas reales de la integración bastante
secundaria.
• Por otra parte. Está claro, debería estarlo, que es preciso aunar
voluntades para comenzar un proceso sistemático de cesión gradual de
soberanías nacionales en áreas críticas de gobernanza colectiva en beneficio
de una institucionalidad supranacional cónsona con la complejidad y
trascendencia de los procesos subregionales y regionales de integración.
• Pero de nuevo, también en este caso, el reconocimiento no pasa de ser –en
el mejor de los casos- “puramente labial”.
• Y todavía, es más que evidente que un proceso sostenido de integración
económica debe fundamentarse en la reducción sustancial de la pobreza y en
estadios crecientes de inclusión social.
• Hay algunos casos de éxitos nacionales notables dignos de todo
reconocimiento pero en general y colectivamente de nuevo puede verse una
gran inconsistencia entre la urgencia e importancia de esta meta y los
recursos aplicados a su efectiva instrumentación.
• Sabemos, asimismo, que un proceso de integración económica sostenido tiene
que afincarse en una estrecha coordinación y armonización de políticas y
metas macroeconómicas, sociales, de supervisión y regulación, de
homologación normativa, etc.
• Pero también a este respecto los avances registrados son mínimos sobre
todo en la voluntad de compromiso con programas de convergencia de objetivos
fundamentales.
• Finalmente sabemos que si realmente queremos alcanzar una verdadera
asociación estratégica con la Unión Europea es necesario acometer programas
de fortalecimiento institucional que aseguren predictibilidad,
transparencia, eficiencia y equidad a la gobernanza nacional y colectiva (ojalá
pudiera decir supranacional) –independientemente de consideraciones
ideológicas-
• Debería por lo tanto incrementarse la prioridad de estos programas para lo
cual estoy seguro que podría contarse con la propia colaboración europea.
• Lamentablemente también en este campo el atraso es considerable.
• Así las cosas los Gobiernos Latinoamericanos y Caribeños y los organismos
subregionales y regionales pertinentes tienen una enorme responsabilidad en
las actuales circunstancias. Sobre todo ante la inminencia de la Cumbre de
Viena.
Por nuestra parte, en la Secretaría Permanente del Sistema Económico
Latinoamericano y del Caribe, estamos tratando de hacer todo lo que es
posible dentro de las tremendas restricciones financieras y de otro tipo que
confrontamos.
Los temas a los cuales he aludido figuran de manera prominente en nuestro
Programa de Trabajo y de manera regular hemos elevado a los gobiernos de los
países miembros las representaciones del caso –especialmente en ocasión de
este tipo de eventos que celebramos en nuestra sede.
A pesar de todo –en el fondo- soy optimista.
La calidad de la documentación presentada hoy para esta reunión y el nivel
de los participantes me animan a serlo todavía más.
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