Resolución hemisférica sobre crisis colombo-ecuatoriana

Por Odeen Ishmael, Embajador de Guyana en Venezuela

Caracas, 27 de marzo de 2008.-El impulso hacia la integración suramericana sufrió un duro revés a principios de este mes por un ataque militar inesperado que realizó Colombia en territorio ecuatoriano, y desató un espiral de tensiones en esa parte de la región andina. Al atardecer del día 1 de marzo, soldados colombianos mataron al jefe guerrillero Raúl Reyes y a más de veinte otras personas que se encontraban en un campamento de la Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC).

Como una repuesta inmediata al ataque militar, el Presidente del Ecuador, Rafael Correa y su aliado político venezolano, Presidente Hugo Chávez, rompieron las relaciones diplomáticas con Colombia. Chávez también ordenó la movilización de cerca de 9000 soldados hacia la frontera con Colombia, en lo él consideró una medida de protección dirigida a defender la soberanía territorial venezolana.

Poco después el Presidente nicaragüense, Daniel Ortega, aliado cercano de Correa y Chávez, rompió relaciones diplomáticas con Colombia debido a que su país se sentía amenazado por los barcos colombianos cerca de sus fronteras marítimas. Ambos países están enfrentados actualmente por una diputa fronteriza marítima, la cual ocupa la atención de la Corte Internacional de Justicia en la Haya.

En un continente que ha impulsado las relaciones cordiales y una firme integración política y económica desde comienzos de siglo, obviamente, esta tensión militar es un revés. Si bien, los presidentes venezolano y colombiano se intercambiaron duras palabras desde que el Presidente Chávez comenzó a actuar como intermediario para la liberación de los rehenes de las FARC en las remotas selvas colombianas.

Mientras que otros jefes de la América Latina y del Caribe instaban a las partes a la moderación, las organizaciones hemisféricas se aprestaban a aplacar la explosiva situación.

A solicitud del Ecuador, la OEA convocó una reunión especial de su Consejo Permanente el 4-5 de marzo en Washington, y luego de intensas deliberaciones, adoptó una resolución de avenencia que señalaba que Colombia había violado la “integridad territorial” de Ecuador al atacar el campamento de la FARC en Ecuador. Pero la resolución se quedó corta al no censurar a Colombia la cual, junto a su principal aliado, los Estados Unidos, se había opuesto a cualquier condena, alegando el derecho de defensa propia, así como que las FARC estaban preparando ataques desde bases instaladas en países vecinos.

La OEA también creó una comisión de la verdad encabezada por su Secretario General José Miguel Insulza, para que visite a ambos países y presente propuestas para limar asperezas. Otros miembros de esta comisión incluyeron a Argentina, Las Bahamas, Brasil y Panamá.

La reunión de la OEA fue seguida por la cumbre anual del Grupo de Río en la República Dominicana, realizada el 7 de marzo. El tema de esa cumbre fue la energía, desarrollo y los desastres naturales, que quedó opacada por la crisis colombo – ecuatoriana la cual, como es de entender, fue escenario central de las discusiones tras una larga sesión de francos intercambios entre los presidentes de Ecuador y Colombia, animados vigorosamente por los otros jefes; los vecinos andinos eventualmente se pusieron de acuerdo sobre una resolución amistosa de la crisis.

Luego subscribieron una declaración con los otros jefes haciendo notar que el Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, ya se había disculpado antes por el ataque sobre territorio ecuatoriano y había prometido que no se volvería a violar la soberanía de ninguna otra nación.

Significativamente, la declaración compromete a todos los estados miembros a combatir todas las amenazas a la estabilidad nacional, representadas por los “grupos irregulares o criminales”.

Correa, Chávez y Ortega, todos ellos izquierdistas que se oponen a la política exterior de E.E.U.U. fueron los más vigorosos en enfrentarse a Uribe durante las discusiones. No obstante sus críticas, Chávez le pidió a Uribe que se olvidara de sus diferencias personales y trabajasen juntos por la paz y el desarrollo, e instó a Colombia y Ecuador a limar asperezas.

Otros jefes también exigieron respeto por la soberanía territorial y el estado de derecho. El Presidente Bharrat Jagdeo, de Guyana, hizo un llamado por el avance de la paz y buena vecindad en la región y recordó a los jefes de la cumbre que, fue ésa la razón principal por la que se creó el Grupo de Río en 1986.

Y asumiendo una postura ideológica, el presidente izquierdista boliviano, Evo Morales, acusó a los Estados Unidos de dividir a la pacífica América Latina. Dijo que por décadas, las falsas clasificaciones como la de “comunista” y “narcotraficante”, y a partir del ataque del 11 de septiembre, la de “terrorista”, habían arruinado muchas vidas y justificado guerras por toda la región. El presidente mexicano, Felipe Calderón, sin criticar a E.E.U.U., estuvo de acuerdo que tales clasificaciones son evidentemente contraproducentes.

Mientras que Venezuela y Nicaragua restablecieron las relaciones diplomáticas inmediatamente con Colombia, Correa advirtió que su gobierno “se tomaría un tiempito” ya que tendría que restablecerse la confianza entre Ecuador y Colombia. La desconfianza actual puede aún crear más tensiones, especialmente por la preocupación expresada por Ecuador por la muerte de por lo menos un ecuatoriano en el ataque.

Como continuación de la reunión de la OEA desde 4-5 marzo los Ministros de Exteriores hemisféricos se reunieron en la sede de la OEA en Washington el 17 de marzo para analizar el informe de la comisión de la verdad. Seguidamente, ordenaron al Secretario General Insulza a implementar un mecanismo de observación con el fin de restablecer un clima de confianza entre Ecuador y Colombia. Insulza informará el resultado de sus esfuerzos a los ministros durante la próxima Asamblea General ordinaria de la OEA, pautada para comienzos de junio en Medellín, Colombia.

Ya establecida una situación de calma, los pueblos de Ecuador, Colombia y Venezuela se sienten mucho más aliviados. Generalmente los pueblos de estas tres naciones se consideran como una familia grande, histórica y culturalmente. En Venezuela misma, la gente comúnmente estaba segura que, a pesar de las movilizaciones militares hacia la frontera nunca se romperían las hostilidades; y el comercio fronterizo colombo-venezolano continuó con poca interrupción, no obstante la ruptura de relaciones diplomáticas. Un cierre prolongado de dicha frontera hubiera causado inmensos daños económicos a ambos países, ya que el comercio hubiera sido grandemente afectado. El año pasado las exportaciones colombianas a Venezuela alcanzaron la suma de US$ 5,2 mil millones mientras que las ventas venezolanas a Colombia totalizaron US$ 1,3 mil millones.

Y, para celebrar la normalización de las relaciones se realizó un gigantesco concierto de música rock (“Paz en la Frontera”) sobre el puente internacional Simón Bolívar que une a las ciudades de Cúcuta en Colombia y San Antonio en Venezuela.

Pero esta crisis una vez más enfoca un gran problema que afecta a Colombia y al hemisferio en general. Evidentemente los acuerdos tomados por la OEA y el Grupo de Río no eliminaron las causas de la crisis: unas fuerzas insurgentes que cruzaron sus fronteras y un estancamiento de los esfuerzos para facilitar la liberación de los rehenes que tienen las FARC.

En Bogotá la Presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez, dijo que el incidente con Ecuador conjuntamente con los acuerdos del la OEA y del Grupo del Río deberían alentar a Colombia “a forjar relaciones más estrechas con sus vecinos para explicarles la situación interna del país y de la intensificación día a día de la violencia a la cual está sometido”. El representante permanente de Venezuela en la OEA, Jorge Valero, el 4 de marzo manifestó, además, que la solución a la tensión regional actual sería la negociación entre el gobierno colombiano y las FARC; posición ésta también ventilada por el Gobierno en Caracas.

Para mediar esta situación, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), en particular, tendrá que poner, más pronto que tarde, el tema de la guerrilla y los movimientos insurgente en su agenda activa. Ya es obvio que las acciones de insurgencia se extienden por todas las fronteras nacionales y que será indispensable mayor cooperación y coordinación al abordar las respectivas consecuencias. A medida que avanza la integración suramericana, las naciones, todas unidas, deben enfrentar este tema crucial. Si se permite que contamine al resto del continente, se verán obligadas a emplear considerables recursos humano y financiero durante largo tiempo en esfuerzos para contenerlo.


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