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    América Latina en la crisis
    financiera internacional
    (SP / Di Nº 12-99)
    Junio 1999.

     

II. El impacto comercial de las crisis financieras

Una de las vías de transmisión de cualquier crisis financiera internacional es la actividad comercial, debido tanto al impacto recesivo generado sobre los volúmenes intercambiados como al efecto depresivo sobre los precios de los productos exportados1. Aunque el grado de apertura comercial de América Latina sea más bien débil, comparado con las otras regiones en desarrollo, es innegable que desde hace diez años la región ha conocido un proceso de rápida apertura. Este proceso se ha llevado a cabo a partir de una reforma comercial caracterizada por el desmantelamiento de las barreras no arancelarias y una rebaja generalizada y unilateral de los aranceles. Así, el grado de apertura de América Latina, medido por la relación exportaciones / PIB, pasó de 10% en 1980 a 22% en 1997, y de 15% a 26% si se lo mide por la relación importaciones / PIB, aunque esta evolución global oculte importantes diferencias de nivel entre los países de la región2. En ese marco, una crisis financiera internacional, con sus efectos recesivos sobre el crecimiento mundial, tiene fatalmente un impacto negativo mayor que en el pasado.

Aunque América Latina haya mejorado innegablemente la diversificación de sus exportaciones, la región sigue estando caracterizada por una especialización muy marcada en la producción de bienes intensivos en la utilización de recursos naturales. Por ello los movimientos a la baja de las precios de las materias primas han golpeado significativamente las economías latinoamericanas.

Al caracterizarse la crisis financiera por movimientos de gran amplitud de las tasas de cambio real - fuertes depreciaciones -, la competitividad de los países de la región se ha visto afectada tanto más cuanto que algunas economías latinoamericanas habían orientado su intercambio de mercancías hacia regiones afectadas directamente por la crisis.

1. Crisis asiática y desaceleración del crecimiento mundial

El impacto directo de la crisis asiática (a la cual habría a que añadir la recesión japonesa) sobre la economía mundial ha conllevado la reducción a la mitad del ritmo de crecimiento del comercio mundial (cuadro 3). En dicho contexto, en 1998 las exportaciones latinoamericanas en volumen han desacelerado su crecimiento en 4 puntos porcentuales, en relación con el dinamismo registrado en 1997.

Ese fenómeno se explica en particular por la fuerte caída de las importaciones asiáticas (incluido Japón), que afectan principalmente a Chile, Perú, Brasil, Ecuador, Uruguay y Argentina, países para los cuales Asia representa una proporción relativamente importante de sus exportaciones (cuadro 4).

El impacto más fuerte lo ha sufrido Chile: la disminución de las exportaciones totales en más de 13% se explica integralmente por la caída de las exportaciones a Asia (cuadro 5). Lo siguen Perú, y en menor medida Brasil y Argentina.

Cuadro 3 – Dinamismo del Comercio Mundial 1997/1998

 

Cuadro 4 – Parte de los países asiáticos en las exportaciones latinoamericanas

 

Cuadro 5 – Impacto de la crisis asiática afectando las exportaciones
de los principales países latinoamericanos

 

2. La competencia asiática en terceros mercados: los efectos de la devaluación

La amplitud de las devaluaciones asiáticas ha hecho temer un retroceso de las exportaciones latinoamericanas hacia terceros países (incluido su propio comercio intra-regional). Efectivamente, la parte de las exportaciones totales latinoamericanas sometidas a la competencia asiática seria de un 33%3. Ese total pasa a 35% para las exportaciones intra-regionales, y a casi 38% para las exportaciones a mercados de la OCDE (cuadro 6).

A priori, México es la economía latinoamericana más afectada por la competencia asiática, seguida de Uruguay, Brasil y Colombia. Sin embargo, se trata de una competencia potencial, en la medida en que la reordenación del comercio inducida por las macro devaluaciones asiáticas no es automática. En efecto, cuatro fenómenos pueden obstaculizar esa posibilidad: la existencia de acuerdos comerciales (del tipo multifibras, preferencias bilaterales y otros); la existencia de acuerdos regionales (en particular el Nafta, el Mercosur y la Comunidad Andina); la diferenciación de productos y la existencia de costos de instalación o de ampliación de los circuitos comerciales. En la práctica, la amplitud de la reducción de los costos de instalación asiáticos generados por las devaluaciones deja esperar un impacto sensible, excepto quizá para México.

Cuadro 6 – Parte de las exportaciones latinoamericanas expuestas
a la competencia asiática

Otra medida de la alteración de los equilibrios competitivos resulta de la evolución de los tasas de cambio bilaterales entre América Latina y Asia, un año después de la crisis asiática (cuadro 7).

Cuadro 7 – América Latina: tasas de cambio bilaterales vis-à-vis las economías asiáticas

 

Una vez más, la pérdida de competitividad no ha sido inmediatamente efectiva, pero representa un cambio de los precios relativos lo suficientemente importante como para inducir, potencialmente, una reordenación del comercio a mediano plazo.

3. Los términos de intercambio: una fuerte caída de los precios de las materias primas

La recesión de los países asiáticos y la desaceleración del crecimiento del comercio mundial han provocado una disminución sensible de los precios de las materias primas, en particular del petróleo (ya debilitado por importantes stocks y por la sobreproducción de los países no miembros de la OPEP), del cobre, de la soja, de la carne de pescado y de la madera. La evolución del índice de precios de las materias primas muestra claramente que, después de una prolongada fase de ascenso - iniciada a principios de 1993 -, y en particular a partir de la crisis asiática, los precios se desploman. En efecto el índice alcanzó su valor más bajo del decenio el 31 de diciembre de 1998 (gráfico 6).

Gráfico 6 - Evolución del índice CRP de los precios de las materias primas 1990-1998

 

Una evolución similar puede observarse para dos componentes del índice: los precios del petróleo y del cobre, dos productos importantes en la especialización de los países de América Latina (en cuanto al petróleo, para Venezuela, México, Ecuador, Colombia y Argentina y en cuanto al cobre para Chile, Bolivia y Perú). En el caso del cobre, el precio de diciembre 1998 es el más bajo del siglo (gráfico 7).

 

Gráfico 7 – Evolución de los precios del petróleo y del cobre

 

De ello resulta un fuerte deterioro de los términos de intercambio en 1998. Excluido Chile, los países petroleros son los que han sufrido las mayores pérdidas: en un año, Venezuela ha visto como la relación de intercambio caía en más de 20%, Colombia en 9% y Ecuador en más de 8% (cuadro 8).

Cuadro 8 – Los términos de intercambio en 1998 y su impacto en relación
con el PIB

 

El impacto negativo del derrumbe de los precios de las materias primas ha sido más importante para las grandes economías de la región, Brasil excluido.

4. Un deterioro del desempeño comercial global

La caída del precio de las materias primas y la desaceleración del crecimiento en volumen del comercio internacional se han reflejado en una disminución de los ingresos por exportaciones de la mayor parte de los países latinoamericanos.

Asi es como, con la salvedad de México, que se diferencia por una tendencia al alza de sus ventas externas a pesar de la disminución de los ingresos por petróleo (que representan menos de 10% del total de sus exportaciones), todos los países estudiados aquí fueron afectados. Los casos más destacados son los de Colombia, Chile, Perú y Venezuela (gráfico 8).

Más allá de las variaciones de corto plazo, Colombia se caracteriza por el estancamiento de sus exportaciones desde principios de 1997. En el caso de Chile, la tendencia al alza de sus ingresos externos se interrumpe en 1996 y las exportaciones se orientan a la baja desde principios de 1997, debido al fuerte impacto del desplome del precio del cobre y a la erosión de la demanda asiática.

La caída de las exportaciones es todavía más marcada en los casos de Perú y de Venezuela. En lo que atañe al primer país, la caída iniciada a mediados de 1997 se acelera a continuación debido a su dependencia comercial de Asia, la más importante de la región después de Chile. En cuanto a Venezuela, la caída que se aprecia a partir de 1997 se debe principalmente al derrumbe del precio internacional del petróleo.

La síntesis de las distintas situaciones nacionales refleja el estancamiento de los ingresos por exportaciones a partir de octubre de 1997 y la degradación del saldo comercial global que ha resultado de ello (gráfico 9). Ahora bien, las importaciones de los países considerados no podían seguir con la misma tendencia al alza registrada desde 1996. En efecto, la fuerte desaceleración del crecimiento latinoamericano se ha plasmado en una ruptura de la tendencia de la evolución de las importaciones, lo cual marca el inicio de una disminución del desequilibrio comercial, perceptible a partir de diciembre de 1998.

En un contexto de incertidumbre sobre las condiciones de financiamiento exterior para 1999, el crecimiento sostenido del déficit comercial constituía una causa de preocupación importante, en la medida en que los malos resultados del comercio exterior originaron una agravación del déficit en cuenta corriente. Este pasó de 58.000 millones de dólares en 1997 a 80.500 millones de dólares en 1998 (es decir el 3% y un poco más del 4% del PIB de la región, respectivamente4).

Gráfico 8 - América Latina: comercio exterior

 

Gráfico 9 – América Latina: desempeño comercial global

 


NOTAS

1 Para un estudio sistemático del impacto comercial sobre América Latina de la actual crisis financiera internacional, véase IDB, 1999.

2 CEPAL, 1998b.

3 La metodología utilizada para conseguir esos resultados está presentada en IDB, 1998.

4 CEPAL, 1988c.

 

 


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