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    El espejismo económico:
    América Latina y el Caribe frente a la crisis
    Octubre 1999.

     


Elementos del Espejismo: proyección repetitiva de un horizonte distorsionado

Se ha señalado en forma repetida1 que al referirse a la "globalización" se tiende a identificarla con el proceso económico, olvidando o minimizando las otras dimensiones. En gran número de las concepciones económicas hoy predominantes se afirma y se enfatiza la percepción de un mercado mundial todopoderoso, frente al cual, tanto los Estados como los ciudadanos cuentan con limitados y pocos eficaces medios para actuar. Bajo un enfoque monocausal y lineal, se va reduciendo la multidimensionalidad de la globalización a solo el ámbito económico, subordinándose a éste las restantes dimensiones. Se quiebra así, entre otras, la relación fundamental que existe entre economía y política. Una de las tareas esenciales de la política -contribuir a establecer claramente los marcos sociales, jurídicos y ecológicos dentro de los cuales es posible y legítima socialmente la actividad económica- se ve, de esa manera, alienada2. De igual manera, se pierde de vista que sin negar la especificidad de la economía, sus principios y propuestas de leyes de funcionamiento adquieren sentido y se reconocen en la conducta y en los valores sociales si se expresan en una dimensión mucho más amplia, compleja y totalizante: la cultural-antropológica.

Al analizar los fenómenos económicos para intentar aprehender sus leyes y determinar cuáles son las acciones más convenientes a adoptar en consecuencia, al igual que en cualquier otro ámbito de nuestra indagación, no observamos al mundo con ojos inocentes. Lo vemos a través de un lente definido por un conjunto de costumbres, modos de pensar e instituciones vinculadas con nuestra comunidad. De esa manera, múltiples factores relacionados con la familia, la educación, la estratificación social, los valores y pautas de comportamiento de cada conjunto social configuran el universo donde adquiere sentido y puede ser interpretada la racionalidad del "homus economicus", actualmente percibida como dominante por la desvalorización o simplemente ignorancia, de ese contexto. En suma, redescubrimos que tras las ineluctables fuerzas externas, especie de demiurgo más allá de nuestro alcance, que impulsan una globalización económica percibida como casi omnipotente, existe sociedades y elementos específicos que trascienden el orden económico: los perfiles culturales predominantes y los valores y creencias colectivas en ellos asociados.

Reconozcamos que el mercado, como fuera muy bien señalado3, es una categoría dura. Para muchos, es el lugar natural de la autoregulación por la vía de la competencia del capital y el trabajo; para otros, un lugar donde se consuma la explotación de los asalariados. La pregunta que surge es quién y cómo determina el mercado. La respuesta: lo determinan las relaciones de poder; es decir que además de los actores económicos, intervienen factores como la cultura, la religión y el poder político4.

Los fenómenos de refracción: la corrección del lente

Es en ese terreno donde considero que podremos encontrar respuestas distintas a las provistas en el campo de la ciencia económica. Se pueden contribuir así a mejorar sustantivamente nuestro conocimiento de las motivaciones profundas y actitudes que nos mueven a actuar de una u otra manera en el plano económico. De esa manera, se facilitan los cambios que consideremos necesario impulsar en la búsqueda de soluciones a los graves problemas que enfrentamos en el plano económico.

De las matrices socioculturales surgen estrategias, conductas y resultados muy distintos ante las necesidades de restructuración, modernización y apertura. Cabe comparar, en ese sentido, las que adoptaron Rusia y China Popular tras la caída de la Unión Soviética; las de Japón y Corea del Sur; en Europa, la de Alemania, Francia, Italia, Inglaterra y, los Estados Unidos. En cada uno de esos casos, la configuración de la familia5 (en términos de su grado cohesión e integración), los contenidos del contrato social (por ejemplo, la distinta configuración de los derechos individuales y de la actitud ante la autoridad en las sociedades asiáticas y occidentales)6; la influencia religiosa y filosófica (ej.: el taoísmo, budismo y confucianismo en Asia7, el catolicismo y judaísmo en Occidente y el islamismo en Medio Oriente); la estratificación cultural y el papel de las elites, entre otros factores, dieron lugar a una gran variedad en las respuestas frente a los desafíos externos.

Los fenómenos de refracción: distintas imágenes del capitalismo

Michel Albert planteó al inicio de los años noventa la existencia de dos modelos capitalistas distintos8 -el neoamericano, vigente en Estados Unidos e Inglaterra, basado en el predominio de la volición individual, la flexibilidad, la obtención de beneficios financieros a corto término, el alto consumo y su mediatización- y el "renano" (que con variaciones también correspondería al Japón y a distintas economías asiáticas), que se utiliza preferentemente en Alemania, Europa del Norte, Suiza y los países del Benelux. Este último se basa en incentivar la producción, el ahorro, la inversión y los beneficios a largo plazo. Ambos modelos difieren substantivamente en la conceptualización y ubicación de cuales son las actividades y bienes susceptibles de ser incorporados al dominio del mercado. Por ejemplo, la religión y en forma parcial, los medios de comunicación, la enseñanza, la salud y la vivienda, no son transables9 en el modelo renano.

Los modelos que caracteriza Albert no solo difieren en el papel del mercado; explicitan distintos comportamientos en situaciones de crisis y pautas de ahorro, consumo, estructura productiva y preeminencia de tendencias hacia la producción o las finanzas. De igual manera, Emmanuel Todd distingue en un trabajo crítico reciente10 sobre lo que denomina "la utopía libre-cambista", dos formas de capitalismo: el "individualista", -basado en los valores fundamentales de la familia nuclear, que favorecen la independencia y movilidad individual, la flexibilidad del mercado de trabajo, la inestabilidad de las formas organizativas, el beneficio empresario a corto plazo, la satisfacción del consumidor, el sobreconsumo y la tendencia a importar –y el "capitalismo integrado", que, a partir de conductas sociales vinculadas a núcleos familiares muy cohesivos, promueve la investigación tecnológica, la inversión, la formación del personal y la estabilidad del empleo, el alto ahorro, el consumo limitado y la tendencia a la exportación. Todd –al igual que Albert, pero con mucho más detalle y determinación en la localización geográfica- explora qué países y subregiones desarrollados están incorporados a uno u otro modelo. En su entender, la lógica de funcionamiento de cada uno de ellos se deriva de un sistema antropológico específico, relacionado con esas dos configuraciones arquetípicas de la familia.

La realidad frente al Espejismo:
los aportes de la antropología económica

Más allá de esta diversidad, los enfoques basados en el Estado-nación, aun cuando partan de distintas metodologías y variables privilegiadas e incluyan o no a los restantes actores internacionales y transnacionales y a las regiones, son los que predominan al examinar los fenómenos de la globalización en el reino de la antropología económica. En último término, cuando se considera la reducción progresiva de las tasas de crecimiento mundial; el efecto desestabilizador de los flujos financieros especulativos; la progresiva contracción de la demanda interna como efecto no deseado de aplicación del actual modelo económico; las condiciones de competencia o las situaciones de pobreza, exclusión y marginalización, se hace referencia a sociedades, procesos y situaciones reales y concretas. Sistemas diferenciados en el capitalismo -países, empresas, organismos, grandes agregados sociales- todos tienen nombre y apellido: se trata de fenómenos empíricos que escapan a las abstracciones teóricas del "homus economicus" y de la racionalidad individual.

Pero estos fenómenos ¿son causa o efecto? ¿No son reflejo de otros más profundos y complejos, que si bien están vinculados a factores económicos, también responden a otros, de carácter sociocultural? Ante situaciones de crisis como las que hoy enfrentamos, el incremento de la desigualdad, la fragmentación social y la distribución de los costos de la crisis, junto a la atomización inducida en los imaginarios sociales, conducen a un notorio debilitamiento de la cohesión social y de las creencias colectivas. Asimismo, cercenan la capacidad innovadora de las élites de decisión, aprisionadas psicológicamente en el espejismo reduccionista del "único camino", la "única salida" como vía de respuesta, ante una crisis que se visualiza fundamentalmente como una amenaza externa.

Sin embargo, también es dable observar que en distintos casos concretos, localizados particularmente en Asia y en América Latina, se presentan actitudes asertivas, sociedades dispuestas a realizar sacrificios si consideran que sus clases dirigentes comparten con ellas visiones e intereses. En correspondencia surgen desempeños distintos por parte de la élite pública y privada. En esos casos es posible defenderse mejor, transformar una crisis en una oportunidad. Por ejemplo, distintos sectores industriales afectados por la crisis financiera en Corea del Sur fueron capaces de no trasladar los costos de la devaluación de su moneda al precio de sus productos, facilitando con ello la recuperación económica; Malasia articuló una estrategia financiera distinta a la propuesta por el FMI y el Banco Mundial y está alcanzando sus objetivos; Honduras, El Salvador y otros países del istmo centroamericano revirtieron, en gran medida, pocos años atrás, el impacto negativo que representó para los flujos de remesas que recibían de sus nacionales en los Estados Unidos, las severas medidas que esa potencia adoptó en materia de inmigración. No sólo lograron que gran parte de sus comunidades en el exterior no fueran afectadas, sino que descubrieron en ellas nuevos mercados de exportación para sus productos en un amplio espectro de items, que cubrían desde la alimentación hasta los bienes culturales.

Cabe entonces destacar que existen importantes diferencias en los rasgos socioculturales centrales y en el comportamiento económico de distintas sociedades. Esos factores inciden de manera profunda en la percepción de los problemas de la economía internacional y en las posibilidades y vías para su desarrollo. Esas diferencias se expresarán en las políticas y acciones con respecto a la globalización. Las sociedades más cohesivas, donde no se quiebra el vínculo del individuo con el conjunto, donde el liderazgo expresa una fuerte identidad cultural con los restantes estamentos, parecen mejor preparadas para diseñar y poner en práctica iniciativas de inserción y desarrollo más exitosas. La afirmación colectiva en la nación y en su concreción institucional favorece una "acción económica del Estado"11 más racional y armónica.

Los espejismos derivados:
¿Políticas económicas nacionales inviables?

Las consideraciones aquí realizadas conducen a otro punto de estas reflexiones, ¿Hasta dónde se cumple el supuesto por el cual la competencia, la difusión tecnológica y de prácticas de gestión, la desregulación de los mercados nacionales, la movilidad del capital y el comercio impulsan la convergencia entre distintos países en sus estructuras de producción y financieras y, en las relaciones entre economía, sociedad y Estado?

Por lo aquí ya expuesto y a partir de numerosos estudios de casos12, no surge una respuesta decisiva, sino un escenario complejo, sin líneas claras de evolución, tanto para los países desarrollados (donde efectivamente, existen niveles superiores de convergencia) como para las naciones en desarrollo.

Asumiendo que se está avanzando de manera gradual y con tiempos y vías diferentes según las regiones y países considerados (ej.: comparación inter e intraregional de Africa, Asia y América Latina y el Caribe) hacia la convergencia de las políticas macroeconómicas; ¿están adquiriendo esas sociedades las características que teóricamente corresponden a esos procesos?13 ¿Cómo y en qué grado se ha modificado la capacidad nacional para adoptar autónomamente distintas opciones para su desarrollo e inserción internacional?

Hasta ahora, la experiencia parece indicar que existe una considerable libertad de maniobra en el ámbito de las políticas macroeconómicas14. Como lo señalan los estudios realizados sobre las respuestas asiáticas y latinoamericanas a la crisis financiera asiática –diferentes contextos socioculturales, alianzas sociales, imaginarios colectivos y perfiles ideológicos- generan distintos programas de acción15. Asimismo, al considerar las propuestas sobre las medidas que convendría adoptar en el plano regional y global generadas en nuestra región16, se observa un alto grado de coincidencia a partir de entornos socioculturales vinculados, problemas compartidos y una intensificación, durante los últimos años, del intercambio de experiencias intrarregionales.

Por su parte, una revisión de la amplia bibliografía que actualmente existe sobre los cambios en la concepción y práctica del desarrollo a partir de la difusión del capitalismo a escala global, señala que es lógico esperar la evolución de variantes en las formas de organización del capital y el mercado en Asia, América Latina y Caribe, Africa, Rusia y Europa Oriental. Todos esos países sufren frustraciones derivadas de la manera en que se aplican los modelos predominantes de neoliberalismo económico, en particular, en cuanto a la capacidad de esos modelos para satisfacer las necesidades básicas de sectores mayoritarios de su población, ubicados hoy en las líneas de pobreza o muy por debajo de ella y, en ofrecer oportunidades reales de crecimiento y desarrollo para el conjunto de esas sociedades. Contribuye a esa resistencia la estrecha asociación del modelo "neoamericano" o "nuclear" con la satisfacción de un fuerte individualismo –que tiene un implícito correlato en la subvaloración de los colectivos sociales- el énfasis, como llave de acceso al paraíso prometido, en desempeños tecnológicos muy difíciles o imposibles, en ciertos casos, de alcanzar; en cuestionables criterios de hiperracionalidad económica y en los serios daños ambientales a que, en la práctica, conducen esos modelos.

Imágenes y senderos posibles frente al Espejismo:
América Latina y el Caribe

En este contexto, es dable esperar la introducción de cambios en los rumbos de liberalización económica que adopten América Latina y Caribe, Asia y Europa Oriental a principios del próximo siglo17, sin referirnos al Africa Subsahariana, que lamentablemente enfrenta situaciones de deterioro aún más profundas y complejas. Como todo ideario, el futuro de los modelos actuales en los países en desarrollo depende, en importante medida, de su capacidad de satisfacer las expectativas que generan. Si en forma contraria al discurso, no se obtiene un crecimiento adecuado o como sucede actualmente, en razón del modelo y de situaciones estructurales locales, se concentran los beneficios en estamentos relativamente reducidos de la sociedad- como es el caso de la grave concentración del ingreso en América Latina- la visión de declinación, de involución, permea los colectivos sociales. Es lógico anticipar entonces un incremento de la resistencia social a su forma actual de implementación, con serias amenazas para la gobernabilidad democrática. En la medida en que nuestras sociedades no observen una mejora en sus condiciones de vida (o al menos, el detenimiento del deterioro y el alcance de cierta estabilidad), el entusiasmo por la adopción "al pie de la letra" de las reformas institucionales y de políticas asociadas al modelo neoliberal quedará circunscripto a los grupos sociales que se han beneficiado y a una parte de las élites de decisión.

Se señaló en un párrafo anterior que podían esperarse cambios –distintos- según las regiones en desarrollo que se consideren. En efecto; aquí surge nuevamente la influencia de factores externos –no sólo de los modelos económicos privilegiados –junto al tejido de perfiles socioculturales subyacentes. Estos últimos varían según la región que consideremos se halle bajo la órbita de influencia principal del Japón, los Estados Unidos o la Unión Europea. Como ya fuera indicado en éste y en otros trabajos18, el modelo de desarrollo asiático ("renano" e "integrado, cohesivo") favorece altas tasas de ahorro, bajo consumo, redes de seguridad social de base familiar e intervención relativamente alta y selectiva por parte del Estado. La muy rápida recuperación de la crisis financiera que sufriera esa región (si bien aún frágil, realizada en solo dos años, con el agregado de un incremento de su capacidad competitiva internacional) nos podrá decir mucho- una vez debidamente estudiados los distintos casos- sobre el peso, orientación e incidencia de los factores no económicos en la obtención de esos resultados.

América Latina y Caribe presentan, sin embargo un cuadro distinto. A partir de una historia compartida, existe un espacio cultural latinoamericano en el cual coexisten elementos culturales europeos, latinos, afroamericanos, caribeños, indígenas, etc. Cada uno de ellos representa parcialidades19; nos conduce a distintas identidades que coexisten e interactuan. En consecuencia, compartimos un espacio multicultural que si bien posee rasgos distintivos frente a otros -el europeo, el norteamericano- y comparte algunos de ellos, se halla en camino de constituir una identidad regional si la integración supera su perfil comercialista y asume la dimensión cultural.

Esos factores culturales permean nuestras sociedades. Por la herencia de la estructura familiar española, portuguesa e italiana –corrientes mayoritarias en nuestros flujos inmigratorios- estamos vinculados al modelo troncal, cohesivo, pero también actúan otras corrientes que agregan elementos más igualitarios y liberales. Si se considera el conjunto de los flujos culturales, se observa una mayor predisposición por incorporar con los países europeos los vínculos socioculturales y la tendencia a asignar la dimensión "mercado", a los Estados Unidos.

No obstante, esta afirmación debe ser matizada en el tiempo y el espacio. En las últimas décadas, la simultánea expansión de la imagen americana en los medios masivos de comunicación, junto con las corrientes de comercio e inversión hemisféricas, contribuyeron a fortalecer y a expandir la transmisión del modelo neoamericano. Asimismo, los vínculos forjados históricamente por cada una de las subregiones con estos dos poderosos centros externos –por ejemplo, Centroamérica con los Estados Unidos y el actual Mercosur con Europa –también inciden en que unos u otros rasgos se presenten con distinta intensidad.

América Latina y el Caribe están entonces participando, en mayor grado, en cuanto corresponde a las pautas socioculturales, de los flujos provenientes de dos ámbitos –el anglosajón y el europeo- que se corresponden, en una gruesa aproximación, al modelo "neoamericano" (o individualista) y al "renano (o cohesivo). Como hemos visto, ambos difieren, en grado importante, en sus fortalezas y debilidades, en los supuestos subconscientes que orientan su visión del mundo y en sus formas de actuar en él.

El estudio de fenómenos lumínicos:
estructura de los espejismos

Sin pretender superar aquí los trazos más gruesos de un bosquejo y asumiendo que estas líneas solo pretenden promover una reflexión sistemática orientada en esa dirección, parece necesario que nuestros debates sobre opciones de desarrollo e inserción internacional incluyan la exploración de las relaciones causales que existen entre: i) los distintos modelos capitalistas y sus raíces socioculturales; ii) los impactos y formas de absorción y rechazo de esos modelos –percibidos como "opciones"- en América Latina y Caribe y en otras regiones en desarrollo; iii) el uso armónico e innovador de ambos órdenes de factores- los que representan los paradigmas de la "economía real" junto con los que actúan en el plano subconciente- para ampliar la capacidad de maniobra conceptual y operativa de América Latina y el Caribe, tanto en el campo de la economía política como en el plano político (ej.: discusión de escenarios de evolución internos y externos en los colectivos sociales; construcción de bases consensuales para la acción).

Se ha examinado con cierto detalle el primero de esos puntos. Las conclusiones a que se llegue al considerarlos a todos, contribuirán a esclarecer y a ampliar el debate teórico ante el reduccionismo del "pensamiento único", y facilitarán la identificación de opciones viables en las estrategias y políticas de desarrollo. El tratamiento de esos puntos nos ayudará a explicitar distintos elementos constitutivos de las opciones de desarrollo que responden positiva o negativamente a nuestro tejido cultural. Por ejemplo, a partir de los comportamientos y creencias dadas, ¿Qué modelos pueden resultar favorecidos y resultan más afines a las características de nuestra región? ¿Hasta dónde y cómo se pueden modificar las pautas de ahorro, consumo e inversión? A partir de qué elementos socioculturales se puede favorecer el cambio de la actual estructura altamente inequitativa de distribución de ingresos y beneficios? ¿Qué elementos pueden inducir modificaciones en los marcos axiológicos y en la construcción de los "mapas mentales" del mundo, que favorezcan el establecimiento de nuevos ejes de vinculación económica, tecnológica y política con otras regiones, países y actores subnacionales? ¿Cuáles son, en suma, los puntos "fuertes" y los puntos "débiles", desde el punto de vista de las relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad, que ofrece el tramado sociocultural de América Latina y el Caribe?

Sabemos que nos hallamos muy lejos de cumplir las características que presenta la vertiente nipo-asiática del modelo renano, razón por la cual sin negar –muy por el contrario- las enormes posibilidades que ofrece una alianza estrecha con esos países, para el desarrollo- desde el punto de vista de nuestra estructura sociocultural básica, resulta poco probable el esperar que pudiéramos adoptar con éxito un modelo japonés o singapurense. Elementos del modelo europeo (renano)- y también, del neoamericano- están ya presentes, en distintas proporciones, según países y sectores, en los procesos de ajuste, restructuración y apertura, en la construcción de instituciones y en las vías elegidas para hacer avanzar la integración subregional y hemisférica en América Latina y el Caribe.

En ese sentido, las actitudes que predisponen hacia uno u otro modelo en el terreno de lo simbólico, se hallan reforzadas por factores concretos, derivados del poder económico, tecnológico y mediático de las grandes potencias y de su capacidad de orientar los procesos en su favor (ej.: el denominado "consenso de Washington") en las instituciones financieras y de comercio de carácter internacional. Esta situación es ya ampliamente conocida a partir de esquemas de distribución del poder en el sistema internacional20 que señalan la existencia de áreas de influencia subordinadas a cada uno de los polos: América Latina y el Caribe en el caso de los Estados Unidos; Europa Oriental y gran parte de Africa, en relación a la Unión Europea y, Asia del Pacífico con respecto al Japón.

Las imágenes-espejo

Cabe preguntarse hasta dónde es necesario para estos actores predominantes, que los países comprendidos en sus áreas de influencia deban constituirse en imágenes-espejo, en el sentido de procurar imponer, por distintos medios, valores, racionalizaciones, instituciones y prácticas en el campo económico que repliquen las del polo dominante. En este contexto, muchos elementos parecen señalar que una economía de libre mercado y de libre comercio como la de los Estados Unidos depende, en grado sustantivo, para el mantenimiento de su situación de predominio, de que estos países adopten21 miméticamente sus principios, ideología e instituciones. La existencia de esa necesidad contribuye a explicar el porqué del sistemático intento de imposición de idearios, instituciones y reglas en las relaciones económicas bilaterales y multilaterales. Si se desea llevar a cabo una estrategia externa más autónoma de América Latina y el Caribe en el campo de la economía internacional, ese factor adquiere un peso singular, exigiendo la aplicación de enfoques más sofisticados y complejos que los que pueden requerir, por ejemplo, los países asiáticos frente al Japón, que puede satisfacer sus intereses centrales básicos si sólo cuenta con el libre comercio.

Los espejismos hemisféricos

Distintos elementos conducen a señalar, haciendo abstracción por un momento de los factores internos, que América Latina y el Caribe no han resultado muy favorecidos por su ubicación en la esfera de influencia económica directa estadounidense.

Para gran número de integrantes de las élites de decisión pública y privada de los países de la región, alcanzar amplios acuerdos de liberalización comercial con los Estados Unidos constituye un elemento esencial para superar la contracción de la demanda interna, los problemas de acceso a los mercados externos y la disponibilidad de flujos financieros por parte de uno de los principales mercados mundiales. No obstante, ciertas características del modelo estadounidense pueden poner en peligro ese objetivo, sin ofrecer ventajas compensatorias.

A diferencia de los colectivos latinoamericanos, la sociedad civil en los Estados Unidos desempeña un rol muy importante frente al Estado, limitando su competencia en el plano de las relaciones económicas externas y la política económica nacional. La visión pluralista de Madison de las relaciones entre sociedad y Estado, plasmada en la constitución estadounidense, se basa en una fragmentación deliberada de la autoridad y en la promoción del conflicto y la negociación de intereses diversos en el marco institucional para prevenir la concentración del poder.22

Los grupos de la sociedad civil participan en el proceso de formulación de políticas, expresándose preferentemente por la vía de un Poder Legislativo que tiene gran influencia ante el Ejecutivo en materia de política económica exterior y actualmente, la actitud que caracteriza a gran parte de la sociedad civil estadounidense es la de no prestar apoyo a la liberalización comercial. Ese factor representa un importante obstáculo, tanto para obtener la necesaria aprobación del Congreso del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), como para los avances que en distintas materias nuestra región desea obtener en la próxima "Ronda del Milenio" de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Por otra parte, es cierto, por ejemplo, que el comercio de bienes y servicios entre los Estados Unidos y América Latina y el Caribe ha crecido de manera importante con respecto a los muy bajos niveles a que había descendido a mediados de los años ochenta. Sin embargo, esos niveles son inferiores a los que la región había alcanzado en los años cincuenta. En 1950, nuestra región representaba el 27,9% de las exportaciones de los Estados Unidos y el 34,1% de sus importaciones totales. América Latina y el Caribe, en la actualidad, solo cubren el 19,5% de las exportaciones y el 15,0 de las importaciones mundiales de los Estados Unidos23. En cuanto a las inversiones productivas en nuestra región, entre 1995 y 1997, los Estados Unidos superaron a la Unión Europea en casi 11.000 millones de dólares –43015 mil millones de inversión para los Estados Unidos y 32285 millones de dólares para la Unión Europea- con una presencia japonesa negligible24. Estas inversiones están concentradas: 41,5% en Mercosur, 27% en México y 11,3% en la CAN y no están articuladas en el proceso intraindustrial como las japonesas en Asia25.

Si bien el modelo neoamericano ofrece espacio para las exportaciones latinoamericanas y caribeñas por su tendencia al sobreconsumo, los flujos del intercambio comercial estadounidense se han orientado, en importante medida, hacia el norte (Canadá) y hacia el oeste (Asia). Además, las fuertes presiones ejercidas por distintas vías sobre los países de nuestra región aceleraron y ampliaron los procesos de ajuste y apertura; el pasaje del centro de gravedad al sector privado; la privatización y reducción del Estado, en un contexto de alta dependencia de los flujos financieros internacionales en situaciones de alta volatilidad26. El resultado, en un número importante de casos, fue la adopción de abruptos cambios; correcciones necesarias, que si bien mejoraron la situación macroeconómica regional, condujeron a situaciones de gran vulnerabilidad27 y alto costo social.

La imagen del espejismo:
predisposición coercitiva de la visión

Las cláusulas de condicionalidad requeridas por actores financieros y comerciales de los países desarrollados y organismos multilaterales -a las cuales se suman situaciones de vulnerabilidad nacional- imponen, en muchos casos, una sustantiva reducción del espacio de maniobra de las contrapartes latinoamericanas y caribeñas. En función de esas limitaciones, de centros externos percibidos como amenazantes y de la conciencia de las propias debilidades, tiende a surgir la parálisis, la autorestricción preventiva ante el temor de que se adopten medidas "disciplinarias" a las respuestas de nuestros países, ya sea ante la deuda externa, la crisis financiera o ante una norma o principio de carácter comercial. Estas situaciones inhiben el poder apreciar la dimensión de "oportunidad" que dialécticamente representa cada crisis y la capacidad latente que existe para superar esa parálisis, mediante la organización de nuestros esfuerzos y una nueva aproximación a cuáles pueden ser nuestras fortalezas, a partir de fuerzas que subyacen en nuestra raíz sociocultural.

El Espejismo en tierras distintas:
respuestas en favor del desarrollo

Un breve comentario sobre las diferentes características que presentan América Latina-Caribe y Asia del Pacífico con respecto a la forma de percibir y manejar sus problemas de inserción externa y la influencia del entorno internacional sobre la orientación y materialización de su desarrollo, puede servir para ilustrar estos conceptos.

El caso asiático

Una diferencia importante entre los países de ambas regiones es su forma de percibir y consecuentemente, de actuar, frente al orden económico imperante. Los países de Asia del Pacífico lo aceptan, a partir de un enfoque pragmático, basado en el reconocimiento de las realidades de la distribución del poder mundial. Sin embargo, eso no significa que desarrollen con respecto a ese orden un sentido de inclusión, de incorporación profunda a su tejido sociocultural. Se utiliza instrumentalmente a la economía de mercado; consideran que constituye –en esta etapa de evolución del sistema global y de su desarrollo- la alternativa adecuada para crecer y modernizarse. Están de acuerdo en que la capacidad de acción de los gobiernos, la estabilidad política y el desarrollo se condicionan mutuamente28. Por lo tanto, establecen una clara diferenciación entre objetivos políticos y económicos. Eso permite definir con mayor claridad los objetivos y estrategias de desarrollo –que son concertadas conjuntamente entre los gobiernos y los principales actores económicos29- y obtener un apoyo social30 que alcanza, por lo menos, niveles suficientes para poder actuar a pesar de las diferencias étnicas, religiosas y políticas.

Por lo expuesto, aceptar la economía de mercado, si bien ha representado costos políticos importantes y complejos debates entre las élites (ej.: reforma de la economía vietnamita, pasaje a "socialismo de mercado" en China Popular, etc.), no ha requerido que el cambio económico altere los objetivos y ejes esenciales del régimen político. Así, desde Singapur, que introdujo la economía de libre mercado y libre comercio en plenitud, hasta China Popular o Vietnam, que lo hacen en forma gradual y selectiva31, el objetivo de mejorar en el plano económico el estándar y la calidad de vida de sus sociedades no debe afectar –en la visión de quienes gobiernan- los objetivos y la naturaleza del orden político-social y cultural establecido.

De esa manera, por ejemplo, como ha sido señalado en numerosos estudios, tanto los procesos de transferencia tecnológica, las inversiones productivas o las operaciones comerciales y financieras, deben ajustarse a claúsula limitantes y a orientaciones, requiriéndose que se incluya un porcentaje de capital nacional, gestión local y capacidad exportadora. Esta independencia de criterios favoreció la puesta en marcha de programas y estrategias de desarrollo a partir de propuestas endógenas. En resumen, lo que se desea resaltar es que en Asia del Pacífico fue la "mano visible del Estado" y no la invisible del mercado, la que en coordinación con los agentes económicos, creó las condiciones para el pasaje de modelos de substitución de importaciones hacia los orientados a la exportación, condujo luego las distintas etapas de la apertura y enfrentó ahora el desafío de poner en marcha drásticos cambios para responder a la crisis financiera.

El caso latinoamericano

El caso latinoamericano y caribeño presenta una alta sensibilidad a los condicionamientos históricos externos, que han provenido tanto de los Estados Unidos como de Europa. Esa circunstancia se refleja en una tendencia a proyectar hacia afuera, de manera quizás excesiva, el origen de los problemas y la responsabilidad de su solución, con la consecuencia de entender que solo una restructuración profunda del sistema internacional podría mejorar las posibilidades de América Latina32.

Lo señalado, contribuyó, además, a la subordinación de la política a la economía. La adopción de uno u otro modelo de desarrollo involucra la amenaza (o beneficio) de que introduzca modificaciones profundas en la distribución interna del poder político y económico. Asimismo, atentó contra la continuidad y coherencia interna de las políticas adoptadas (ej.: distintos "impulsos" temporales en favor del fortalecimiento de la capacidad tecnológica endógena; de la formación de recursos humanos; el burocratismo y la lucha contra la corrupción y la inequitativa distribución del ingreso).

Por último, apreciaciones por parte de importantes segmentos de las élites privadas y públicas (a las que se suman sectores académicos) que tienden a sobreenfatizar los aspectos negativos y a minimizar los logros (ej.: la discusión sobre el período de sustitución de importaciones) de los proyectos de modernización autónoma que se intentó llevar a cabo desde fines de la II Guerra Mundial33; el incremento de la percepción de amenaza proveniente del contexto internacional ya comentada y el impacto de los mensajes mediáticos34, condujo a la adopción de las propuestas del pensamiento económico neoliberal, sin atender en forma debida a las posibilidades que ofrecía la introducción de 0cambios y reformas que podrían haberse realizado aprovechando la experiencia económica e intelectual obtenida y la sinergia creativa de los sistemas culturales propios.

A modo de conclusión: el espejismo en crisis.
Notas para un enfoque positivo

"Cuando todo es "economía", se llega al fin de la economía como destino, a la aparición de la economía como cultura y a la miseria inmediata de esa cultura económica"35.

Tres procesos que se vinculan e interactúan entre sí han configurado el hilo conductor de estas notas:

  1. Los análisis y evaluaciones que proveen la base en nuestros países para las decisiones en materia de política económica internacional se restringen al campo de la ciencia económica y por consiguiente, adscriben rígidamente a sus criterios de racionalidad. Importantes elementos de carácter sociocultural y político, con amplia incidencia en la conceptualización, identificación de opciones y viabilidad de la implementación y resultados a lograr, no son tenidos en cuenta. En consecuencia, se restringe el universo de caminos posibles, viables y legítimos considerados para la adopción de decisiones, reduciéndose el campo potencial de maniobra y las posibilidades de contar con el apoyo de los colectivos sociales.

  2. El paradigma de desarrollo que predomina en el actual contexto internacional ejerce una importante influencia sobre las bases políticas, económicas e ideológicas que determinan el tipo, orientación y contenido de las respuestas de América Latina y el Caribe a los desafíos de su agenda económica externa. Las distintas regiones y países en desarrollo no son afectados ni reaccionan de la misma manera, dado que sus estructuras socioculturales y políticas -que poseen rasgos específicos y diversos- catalizan y elaboran de distinta manera los impactos externos.

  3. El análisis económico procura identificar políticas y medidas que se aproximen al óptimo de acuerdo con los criterios privilegiados por el paradigma dominante en cada etapa histórica (en la fase actual, en el marco de la economía de mercado, podrían ser señalados, entre otros, eficiencia, competitividad, estabilidad y crecimiento). El análisis político y antropológico procura, en cambio, examinar cuales son las condiciones, actores y procesos por vía de los cuales es posible acercarse a esos óptimos económicos, teniendo en cuenta los requerimientos sociales. El análisis bajo ese enfoque de la política económica resulta necesario, porque amplía y enriquece el ámbito de reflexión, incrementa las opciones para alcanzar los resultados esperados y las acerca a las condiciones de viabilidad política y legítima social.

Con estas páginas se procura promover que se amplíen los horizontes temporales –superando las coyunturas- y los instrumentos intelectuales y político-sociales con que contamos para hacer frente a procesos muy complejos. La noción de "crisis" con que se han iniciado estas reflexiones puede constituir un instrumento analítico que venga en nuestra ayuda. La crisis ocupa una zona intermedia entre "mutación" o "quiebra" y "continuidad"; implica la continuidad propia de los procesos político-sociales pero no el equilibrio estable; un conflicto importante, pero no el conflicto total. Favorece el uso de enfoques interdisciplinarios, ya que para comprender una crisis en cierto sector de la realidad hay que analizar otros sectores36. Las diferencias entre las crisis políticas, sociales y económicas resultan inasibles cuando procuramos aprehenderlas separándolas.

La crisis está vinculada a la idea de perturbación exterior. En las sociedades, puede expresarse en movimientos progresivos y regresivos. Así, por ejemplo, los progresos económicos pueden corresponder a regresiones políticas y viceversa. La perturbación que conlleva una crisis puede ser considerada como la consecuencia de sobrecargas en las que América Latina y el Caribe se encuentra, al enfrentar problemas que no puede resolver según las reglas y normas corrientes de funcionamiento que está aplicando.

Esta irrupción que representan las perturbaciones conduce en ocasiones a la parálisis y a la rigidez; se pierde lo que constituía la capacidad de flexibilización del sistema, sus dispositivos de respuesta estratégica. La crisis, entonces, surge como una ausencia de solución. No obstante, la crisis también que puede generar una nueva vía de respuesta por medio de su transformación evolutiva, del examen de su propia complejidad37. La crisis lleva en su seno posibilidades de cambio.


NOTAS

1 Moneta, Carlos "El proceso de globalización, percepciones y desarrollos", en Moneta, Carlos, Quenan, Carlos (Compiladores), Las reglas de juego. América Latina, Globalización y Regionalismo, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1995.

2 Beck, Ulrich ¿Qué es la Globalización? Falacias del Globalismo, respuestas a la globalización, Cap. II, Cit. en García Canclini, Néstor y Moneta, Carlos (Coordinadores), Las industrias culturales en…, obr. cit., pg. 19.

3 Mires, Fernando, La revolución que nadie soñó o la otra modernidad, Ed. Nueva Sociedad, Caracas, 1996, pág. 108.

4 Ibid, y, Altvater, Elmar, Der Preis des Wohlstands oder Umweltplünderung und nevue Welt (un) ordnung, Sttugart, 1992, cit. en Mires, Fernando, Obr. cit. pág. 198.

5 Por ejemplo, Emmanuel Todd presenta un lúcido y provocativo análisis del comportamiento económico a partir de tipo de organización y estructura familiar en Todd, Emmanuel, La ilusión económica. Sobre el estancamiento de las sociedades desarrolladas, Ed. Taurus, 1998.

6 Ver, por ejemplo, Scalapino, Robert, Seisaburo Sato y Jusuf Wanandi: (ed), Asian Political Institutionalisation, Univ. of California, Berkeley, 1986.

7 Ver, por ejemplo, Tu Wei-Ming, Confucian Traditions in East Asian Modernity, Harvard Univ. Press, London, 1996.

8 Albert, Michel, Capitalisme contre Capitalisme, Ed. Du Seuil, Paris, 1991.

9 Ibid, págs. 120-122.

10 Todd, Emmanuel, La ilusión económica…, obr. Cit., cap. III.

11 Todd, Emmanuel, La ilusión económica…, obr. cit., pág. 46.

12 Ver, por ejemplo, los casos considerados en Berger, Susanne and Dore, Ronald, National Diversity and Global Capitalism, Cornell Univ. Press, London, 1996.

13 Ibid, pág. 8-9.

14 Ver Frieden, Jeffry, "Invested Interest. The politics of National Economic Policies in a World Global Finance", International Organization y Frankel Jeffrey, Phillips, Steve y Chinn, Menzie, "Financial and Currency Integration in the European Monetary System", Univ. of California, Working Paper, 1-3, march 1992.

15 Existen numerosos estudios sobre la crisis financiera asiática realizados por los países afectados, centros de investigación y organismos internacionales y regionales. Entre otros, pueden verse: Ocampo, José Antonio, "Reforming the international financial architecture: consensus and divergence", CEPAL, Serie temas de coyuntura Nº 1 (LC/L.1192-P), Santiago, Chile, 1999.; Doc. SELA, "Impacto de la crisis asiática en América Latina", marzo de 1998, SP / DRE / Di No. 21 – 98; Doc. SELA, "La crisis asiática: riesgos y oportunidades para América Latina", abril de 1999, SP/Di Nº 5-99.

16 Al respecto, se destacan las conclusiones y análisis recientemente efectuados en dos importantes eventos en nuestra región: la Reunión Regional de Alto Nivel, Hacia un sistema financiero internacional estable y predecible y su vinculación con el desarrollo social, Secretaría de Relaciones Exteriores de México –CEPAL-ONU, México, D.F., 5-6/9/99 y, la II Reunión Iberoamericana de Ministros de Economía y Hacienda, Ministerio de Finanzas y Precios del Gobierno de Cuba, La Habana, 2-3 /9/99.

17 Biersteker, Thomas, "The "Triumph" of liberal economic ideas" en Stallings, Barbara, Global Change, Regional Response. The New International Context of Development, Cambridge Univ. Press, New York, 1995, págs. 188-189.

18 Fajnzilber, Fernando "The United States and Japan as Models of Industrialization" en Gereffy, Gjary y Wyman, Donald (ed). Manufacturing Miracles: Path of Industrialization in Latin America and East Asia, Princeton Univ. Press, Princeton, NJ, 1990; Moneta, Carlos "Los países asiáticos de reciente industrialización en la década del noventa. Elementos para un debate latinoamericano", Perspectiva Internacional Nº 1 Buenos Aires, 1988.

19 García Canclini, Néstor, "Políticas Culturales: de las identidades nacionales al espacio latinoamericano", en G. Canclini, Néstor y Moneta, Carlos (Compiladores), Las industrias culturales en …, obr. cit., págs. 44-45.

20 Para muchos analistas occidentales (y también latinoamericanos) la tríada compuesta por Japón, los Estados Unidos y la Unión Europea: Según distintos observadores –preferentemente provenientes del mundo en desarrollo- incluiría además a China Popular, el conjunto de Asia-Pacífico y Rusia, entre otros, configurando un esquema distinto de distribución del poder.

21 Stallings, Barbara y Streeck, Wolfang, "Capitalisms in conflict?" en, Stallings, Barbara, Global Change, Regional Response…, obr. cit., págs. 97.

22 SELA, La Sociedad civil y el compromiso político de los Estados Unidos para la liberalización comercial: implicaciones para las negociaciones comerciales, Documento SP/CL/XXV/Di Nº 10, Caracas, 26-28/10/99, pág. 16 (Papel de trabajo preparado por el Consultor Craig Van Grasstek).

23 SELA, Perspectivas de los países de América latina y el Caribe en el ALCA, Documento SP/DRE/Di No. 27-98

24 BID, Foreign Investment in Latin America: Perspectives of the major investors. An update, Paris, 1999.

25 Moneta, Carlos, "Comercio e integración intraindustrial en Asia Pacífico: perspectivas de vinculación con América Latina" en Moneta, Carlos y Noto, Gerardo (Compiladores), Dragones, Tigres y Jaguares. Relaciones América Latina/Asia-Pacífico más allá de la crisis, IRIAP, El Corregidor, Buenos Aires, 1998.

26 Como señala el documento del SELA, América latina en la crisis financiera internacional. (SP/Di Nº 12-99, Caracas, Junio de 1999)- "Además del nivel de las prismas de riesgo, los países latinoamericanos sufrieron, a lo largo de la crisis financiera, sobre todo a partir de la crisis pura, la reducción del volumen de financiamiento externo… Para el conjunto de 1998, las emisiones latinoamericanas alcanzaron los 38000 millones de dólares (sobre un total de 73.000 millones), frente a 58.000 millones en 1997 (sobre un total de 110.000 millones)" (pág. 11 del documento). Por su parte, en el estudio anual del SELA, sobre financiamiento y deuda externa de América Latina (Doc. Financiamiento externo y deuda externa en América Latina y el Caribe en 1998. (SP/CL/XXV.O/Di Nº 5), se señala: -"La evolución económica de América Latina durante 1998… muestra una menor transferencia neta de recursos desde el exterior (30.700 millones de dólares), frente a 68.600 millones de dólares del año anterior"… (pág. 2 del documento). Por último, en su análisis del comportamiento económico de América Latina y el Caribe durante 1998-1999 (CEPAL, Documento Informativo-Síntesis, 30 de junio de 1999), la CEPAL considera que –…"Dada la evidencia de que las crisis se hacen más frecuentes en una economía mundial cada vez más globalizada y en economías más abiertas como las que caracterizan hoy en día a la región, en los meses venideros será preciso evaluar los instrumentos utilizados para enfrentarlas, con el fin de tenr en claro si será posible ofrecer mejores respuestas cuando se produzca la próxima (crisis)"-… (pág. 9 del doct.)

27 Stallings, Barbara "The new international context of development" en Stallings, Barbara, (ed) Global Change, Regional…, obr. cit. pág. 385.

28 Wanandi Jusuof, "Political Development and Regional Order" en Martin, Linda, The ASEAN Success Story, Singapur, 1987.

29 Moneta, Carlos "Los países asiáticos de reciente industrialización en la década del noventa… doc. Cit. y Moneta, Carlos, El proceso de desarrollo de los nuevos países industrializados del Sudeste Asiático: ¿Mitos o realidades? Papel del SELA, Caracas, 1988.

30 Kan, Alberto, Desarrollo económico: Lecciones de los Modelos Asiáticos, Papel de trabajo, Universidad de Filipinas, Manila, 1999, pg. 8.

31 Moneta, Carlos, Vietnam. Doi Moi (Renovación), IRIAP, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1995.

32 Kan, Alberto, Desarrollo económico: Lecciones…, doc. cit. pág. 19 y entre muchas obras que pueden ser citadas, Solari, Aldo, Franco Rolando y Jutkowitz, Joel, Teoría, acción social y desarrollo en América Latina, Siglo XXI, México, 1976; Dietz, James y Street, James, Latin America´s Economic Development Institutionalist and Structuralist Perspectives, Lynnie Riener, London, 1987; Calcagno, Eric, El pensamiento económico latinoamericano: estructuralistas, liberales y socialistas, Edic. de Cultura Hispánica, Madrid, 1989; Ominami, Carlos, El Tercer Mundo en la crisis, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1987 y Russell, Roberto, Política Exterior y toma de decisiones en América Latina, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1990.

33 Ibid.

34 A modo de ejemplo, en Asia del Pacífico es mínimo el problema de la retirada masiva de fondos por particulares para su depósito en el exterior que ha afectado profundamente a las economía latinoamericanas durante las últimas décadas. Asimismo, varios países de Asia del Pacífico (Ej.: Malasia; Singapur; China Popular) han adoptado múltiples medidas para atenuar y disminuir los efectos sobre la identidad nacional del funcionamiento de las redes transnacionales de comunicación (Ej.: TV).

35 Moneta, Carlos, El Espectáculo del Mundo, Nuevo Hacer, Buenos Aires, 1996, a partir de un texto de Jean Baudrillard)

36 Starn, Radolph, "Historians and Crisis", Past and Present Nº 52, Oxford College, Oxford, August 1971.

37 Morin, Edgar, "Vers une Criselogie", Communications, Revue Nº 5, Editions du Sevil, Paris, 1976.

 

 


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