La historia del SELA
es la historia de los últimos 25 años de América Latina y el Caribe. Y no lo es porque
el SELA haya escrito esa historia. Lo es porque ha marchado junto a sus Estados miembros
en procura del objetivo para el cual fue creado el 17 de octubre de 1975: ser el foro para
la consulta y la concertación de los países latinoamericanos y caribeños frente a los
desafíos económicos y comerciales que vienen de fuera de la región, como a los que
impone el logro de las metas de desarrollo e integración que vienen de adentro.
En estas
dos décadas y media, el SELA ha trabajado para que América Latina y el Caribe tenga
representación y voz propia ante asuntos de trascendencia internacional y, por sobre
todo, de enorme repercusión para sus pueblos, como el problema de la deuda externa, la
Ronda Uruguay y, más recientemente, las negociaciones para la conformación de una zona
hemisférica de libre comercio (ALCA) y las crisis financieras que sacudieron al mundo al
final de la década de los noventa, por citar sólo algunos ejemplos.
Este
número de CAPITULOS está dedicado, fundamentalmente, al balance de lo hecho por el SELA
y de lo que no pudo hacer en sus veinticinco años. Para ello solicitamos a
los ex Secretarios Permanentes del organismo que nos contaran cada uno la parte de la
historia que les tocó forjar y que ahora pueden comunicar despojados de la discreción
justificada y entendible que impone el desempeño de tal cargo. El actual
Secretario Permanente también hace su contribución, en la que considera los retos que
debe y deberá afrontar para llevar al SELA a puerto seguro al final de su gestión.
No nos
corresponde a nosotros hacer el juicio valorativo sobre el trabajo hecho hasta ahora. La
realidad y la interpretación de ésta corresponde a los gobiernos y a las sociedades de
los países latinoamericanos y caribeños.
Pero
nuestra realidad demarcada por la globalización en el plano externo y por los
riesgos de la fragmentación en el plano interno parece indicar que falta mucho por
andar y que hay que apurar el paso. De allí que, hoy más que nunca, se requiera la
existencia renovada y vigorizada de instituciones como el SELA.