El tema
de la atracción y promoción de inversiones nacionales e internacionales es muy familiar
para una institución como la que represento, creada hace diez años con la finalidad de
promover el desarrollo de la inversión privada en Venezuela. Desde nuestra creación
hemos sido testigos del aumento de la competenciaentre los países América Latina y el
Caribe entre sí y frente a otros países en vías de desarrollo de Europa del Este y Asia
por atraer capitales foráneos.
Esta competencia por
la atracción de capitales privados no es casual ya que la inversión extranjera ha sido y
se mantiene aún como la fuerza que impulsa en el mundo el crecimiento económico, como se
desprende del Reporte Mundial de Inversiones de la Conferencia de las Naciones Unidas para
el Comercio y el Desarrollo, UNCTAD correspondiente al año 1999. Dentro de esta
tendencia, los procesos de transferencia de tecnología, las fusiones y adquisiciones, las
privatizaciones y las nuevas inversiones directas, han sido los vehículos
preferidos por el capital internacional para expandir procesos productivos y lograr así
un beneficioso impacto en la economía mundial.
Afortunadamente los
esfuerzos realizados en este sentido no han sido en vano. Como consecuencia de ellos, la
Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe se triplicó entre 1990 y
1997, al pasar de 126.050 millones de dólares en 1990 a 375.414 millones de dólares en
1997 según el documento sobre Inversiones Extranjeras Directas en América Latina y el
Caribe, 1999, publicado por la Secretaría Permanente del SELA, en la cual se observa una
participación cada vez más importante de la inversión española y europea. Como un
ejemplo digno de mención está el caso de República Dominicana, país que multiplicó
por diez la inversión extranjera en la década pasada.
Este crecimiento
debe ser objeto de discusión a lo largo de éste Foro. Surgen muchas preguntas que
esperan respuestas: ¿Están llegando a la región y en particular a cada uno de nuestros
países inversiones en proporción adecuada al tamaño de nuestras economías y
potencialidades? ¿Qué políticas estamos implementando para mantener ó incrementar una
tasa de crecimiento similar? ¿Cuáles son los principales obstáculos que debemos remover
para facilitar el proceso de desarrollo de la inversión extranjera en nuestro país?
¿Cómo promover alianzas estratégicas entre empresas internacionales y empresas locales
que fomenten procesos de transferencia de tecnología y apoyen el sano desarrollo de
un sector privado local eficiente?. A fin de cuentas, de lo que se trata es de identificar
fuentes de inversión y financiamiento que hagan crecer las economías de América Latina
y creen nuevas posibilidades de empleo y bienestar social.
Los logros obtenidos
en general por los países de América Latina y el Caribe en la década de los 90 deben
servirnos de aliento para continuar construyendo economías y países más modernos.
En efecto, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe se pueden observar
hoy en día importantes procesos de reducción de los altos déficit fiscales, de apertura
de las economías, incrementos de la participación privada, reducción de la
inflación y un aceleramiento de la participación en el comercio internacional. Sin
embargo, las tasas de pobreza siguen siendo un factor de tensión social sobre el cual es
indispensable también mostrar resultados alentadores.
En reciente estudio
del Instituto de Estudios Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela)
se señalaba que el ingreso promedio familiar en este país estaba por debajo del costo de
la canasta básica familiar. En otras palabras, de lograrse una perfecta distribución del
ingreso, todo el país estaría bajo la línea de pobreza. Esto pone de relieve la
necesidad inaplazable, al comenzar un nuevo milenio, de dar prioridad al crecimiento
económico. La inversión privada, nacional y extranjera, son importantes aliados de este
proceso. Es imprescindible abrir nuevos espacios a las inversiones privadas.
El SELA ha señalado
recientemente que en la América Latina y el Caribe hay 141 empresas susceptibles de
privatización con un valor estimado de 50.000 millones de dólares. Este hecho debería
acentuar la competencia por parte de inversionistas de todo el mundo. Ciertamente el
potencial de atracción de inversiones que tiene la región continúa siendo alto. El reto
para cada uno de los países de la región es presentar las mejores condiciones y el
ambiente más propicio para construir asociaciones en el mediano y largo plazo que
permitan llenar la brecha entre la oferta de bienes y servicios y las demandas
insatisfechas por tanto tiempo de la población. Será convertir la nuestra en una región
de oportunidades de negocios en pro de su desarrollo y modernización.
En Venezuela se han
venido implementando recientemente algunas políticas positivas en favor de la inversión
privada. Por ejemplo las recientemente aprobadas Leyes de Protección y Promoción de
Inversiones, del Sector Eléctrico, de Telecomunicaciones y la de Hidrocarburos Gaseosos
abren indudablemente espacios a la inversión privada.
Sin embargo, nuestra
agenda de mejoras pendientes es aún muy larga y comprometida. El esfuerzo debe continuar.
Este foro es un escenario propicio para promover discusiones sobre políticas que mejoren
y promuevan aún mas la inversión privada nacional y extranjera. Como parte de este
proceso aspiramos a que estas discusiones contribuyan a definir y fortalecer una agenda
con serios compromisos tanto del sector público como del sector privado en pro de la
atracción de inversiones extranjeras hacia nuestras economías.