Introducción
La idea de firmar acuerdos de libre comercio entre la UE y
los países latinoamericanos económicamente más avanzados surgió en diciembre
1995 con la firma de un acuerdo de cooperación interregional entre la UE y el
MERCOSUR, diseñado para preparar una futura asociación política y económica. Un
año después, la UE formuló la misma oferta a Chile y en 1998 empezó a negociar
un acuerdo de libre comercio –con base en un acuerdo global interino firmado el
8 de diciembre de 1997 –con
México.
Aunque el MERCOSUR es el principal socio económico de la UE
en América Latina y fue el primero en acordar una futura asociación, las
negociaciones con México concluyeron primero, en un plazo de sólo dos años.
México fue el primer país latinoamericano que firmó el 23 de marzo de 2000 un
ALC con la UE, el cual entrará en vigor el 1 de julio de 2000. La brevedad del
proceso se debe a dos factores:
·
por el interés mutuo en firmar
un acuerdo: México para crear un contrapeso contra EE.UU, la UE para tener
acceso al Nafta,
·
por una estructura comercial
donde el sector agrícola es poco relevante al representar sólo alrededor de un
6% de los intercambios totales.
El acuerdo UE-México incluye un 95% del comercio –la OMC sólo
permite la exclusión temporal de un 10%–, las pocas excepciones son productos
agrícolas (carne, lácteos, cereales). El plazo fijado para la liberalización
comercial es de siete años, hasta el 2007. Una comisión conjunta y un mecanismo
de regulación de conflictos garantizarán el seguimiento institucional de los
compromisos adquiridos. Tanto la UE como México esperan de este acuerdo un
fuerte impulso de sus intercambios comerciales y los flujos de inversión, que se
habían reducido sustancialmente a partir de la entrada de México en el TLCAN.
En el contexto de la desviación de comercio a partir de la creación del TLCAN,
el proceso de liberalización comercial garantizará en los próximos años que la
UE no siga perdiendo posiciones en el mercado mexicano y, viceversa, que México
consolide su participación en las compras de la UE desde América Latina.
Es altamente probable que Chile sea el próximo socio
latinoamericano en firmar un acuerdo de libre comercio con la UE. Según el
entonces Presidente Eduardo Frei, las negociaciones con la UE podrían concluir
en un plazo de dos años (El Mercurio, 17.2.2000). Al margen de la primera
Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno América Latina-Caribe-UE en Río de
Janeiro, Chile y la UE firmaron el 28 de junio una declaración conjunta en la
cual se comprometen a iniciar negociaciones en noviembre. El 24 de noviembre de
1999 tuvo lugar en Bruselas un primer encuentro para aprobar la agenda,
estructura y metodología de las negociaciones que fueron inaugurados en abril
de este año en Santiago de Chile.
Como en el caso de México, los productos agrícolas no
representan el sector clave en el conjunto del comercio entre Chile y la UE,
aunque con una participación de cerca del 20% en las ventas chilenas a Europa
son muy importantes. Un 7% de los bienes agrícolas son considerados sensibles,
de modo que, conforme a las reglas de la OMC, sería posible excluirles
temporalmente de un acuerdo de asociación. Si México es el puente hacia
Norteamérica, Chile sigue siendo – pese a la reducción del comercio desde la
crisis financiera – la puerta de entrada latinoamericana más importante hacia
Asia, a la vez que está asociado al MERCOSUR y en un futuro próximo podría ser
miembro con pleno derecho en el bloque. Es por ello que el proceso de
negociación entre Chile y la UE tiene lugar paralelamente y está estrechamente
vinculado al diálogo UE-MERCOSUR.
I. Las dificultades
del proceso
Un acuerdo de asociación interregional entre la UE y el
MERCOSUR se enfrenta a tres dificultades adicionales que complican el proceso
de negociación. Primero, los productos agrícolas y pesqueros representan la
mitad de las exportaciones del MERCOSUR a la UE y constituyen el mayor
obstáculo a un acuerdo de libre comercio. Ante la futura competencia de los
productores sudamericanos, el fuerte lobby agrícola en países como Alemania,
Francia y España bloquea una apertura de este sector. Además de este obstáculo
principal, un segundo problema adicional radica en la estructura misma de las
negociaciones de tipo interregional, según el esquema “15 más 4”, lo cual es de
por sí más difícil de consensuar. En tercer lugar, se trata de negociaciones
entre dos zonas aduaneras (incompleta en el caso del MERCOSUR), siendo el
MERCOSUR un proyecto que se encuentra aún en construcción.
Al igual que con Chile, la UE firmó en Río de Janeiro una
declaración conjunta con el MERCOSUR. Las negociaciones interregionales sobre
un acuerdo de libre comercio empezaron el mismo día 24 de noviembre y
continuaron en abril del 2000 en Buenos Aires. Pese a los obstáculos, un
acuerdo de libre comercio interregional UE-MERCOSUR sería altamente beneficioso
para ambos socios, que mantienen tradicionalmente las relaciones más estrechas
en el marco de la cooperación UE-América Latina. Según los cálculos de la Comisión Europea – que defiende ante todo los
intereses propios–, un acuerdo de libre comercio le traería más beneficios a
Europa que al MERCOSUR:
– un acuerdo de
libre comercio podría generar un crecimiento adicional anual del 1.4% de las
exportaciones del MERCOSUR al mercado europeo,
– las ventas de
la UE hacia el bloque se elevarían entre el 2,4% y el 3,4% anual.
2. Un intercambio
intenso pero asimétrico
Un acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sería el primero del
mundo entre dos uniones aduaneras. No obstante, cabe recordar que hasta el
2006, cuando se hayan cumplido los plazos transitorios para el 15% de los
productos no incluidos, el MERCOSUR no se ha constituido como una unión
aduanera completa. El MERCOSUR es el principal socio de la UE en América
Latina: representó en 1998 más de la mitad de los flujos comerciales
birregionales y de la IED europea en la región. No obstante, el MERCOSUR es un
socio económico poco relevante para la UE, al participar tan sólo con un 2,9%
en el comercio extra-comunitario.
A la inversa, la UE aporta más de una cuarta parte de las
exportaciones e importaciones del MERCOSUR, perfilándose como su socio
comercial principal y también su primer inversor. La evolución del comercio entre
ambos socios es altamente favorable: Desde 1990 se ha triplicado el comercio
entre la UE y el MERCOSUR. En 1998, los flujos comerciales UE-MERCOSURse
incrementaron en un 4% con respecto al año anterior. Si Brasil es el mayor
socio de la UE dentro del bloque, Alemania, Italia y Francia –en este orden–
son los principales mercados europeos para el MERCOSUR.
Los intercambios comerciales son cada vez más deficitarios
para el MERCOSUR, que contrajo en 1998 una balanza negativa con la UE de 6.600
millones de dólares (un 42% del déficit global). En el período 1990-1998, las
ventas europeas al MERCOSUR registraron un crecimiento anual promedio del 18%,
frente a tan sólo el 1,8% anual de las compras desde el bloque. Para la UE, en
cambio, el MERCOSUR ha sido en los años noventa el mercado emergente más
dinámico de sus exportaciones: en la década de los noventa, las ventas europeas
de automóviles, servicios, bienes de capital y consumo alcanzaron un
crecimiento acumulado del 350% (IRELA, 2000). Ello es, en gran parte, la
consecuencia de la apertura comercial unilateral del MERCOSUR que benefició a
los productores europeos, a la vez que la UE mantiene sus barreras arancelarias
para la entrada de bienes agrícolas y pesqueros del MERCOSUR. Es por ello que
la apertura del sector agrícola es una exigencia principal de los países
miembros del MERCOSUR y el mayor obstáculo a un acuerdo de libre comercio.
Pese a las divergencias sectoriales, han sido también las
negociaciones más preparadas y consolidadas por ambos socios, que esperan
amplios beneficios de un futuro acuerdo de libre comercio. Así, la exitosa
conclusión de una asociación interregional UE-MERCOSUR de carácter político y
económico podría establecer las bases para una influencia permanente de Europa
en el sur del continente americano, que a su vez se podría separar de la zona
norte de predominante influencia de EE UU. En cierto modo, un acuerdo de libre
comercio con la UE, que constituye una propuesta alternativa a la integración
del MERCOSUR en un posible ALCA, decidirá también sobre el futuro de las
relaciones externas del bloque.
2.1. El compromiso
de Río de Janeiro
Desde que la UE y el MERCOSUR firmaron un acuerdo marco de
cooperación, en diciembre de 1995, está previsto culminar las relaciones
privilegiadas de ambas partes con un acuerdo interregional de asociación,
incluyendo la creación de una zona de libre comercio común. En estos cinco años
se ha avanzado paulatinamente, pero a una velocidad menos alentadora de lo
esperado. Después de un arduo debate interno, el Consejo de la UE decidió una
semana antes de la primera cumbre con América Latina en Río de Janeiro, a
finales de junio de 1999, que iniciará negociaciones separadas y paralelas
sobre un ALC con Chile y el MERCOSUR.
Según la declaración de Río de Janeiro, las negociaciones
comenzaron en noviembre de 1999, aunque el complejo proceso de negociaciones
arancelarias se dejó para después del 1 de julio de 2001, sin definir una fecha
para finalizar el diálogo. El futuro acuerdo de asociación interregional
UE-MERCOSUR constituirá un compromiso único y sin excluir ningún sector. Hasta
ahora, se han celebrado dos reuniones:
– El Consejo de
Cooperación UE-MERCOSUR estableció el 24 de noviembre de 1999 en Bruselas la
estructura, la metodología y la agenda de negociación. Se decidió crear un
Comité de Negociaciones Birregionales responsable de los temas comerciales y
órgano coordinador del proceso (se reunirá tres veces al año), un Subcomité de
Cooperación, Grupos Técnicos y Secretarías de Coordinación en la UE y el
MERCOSUR.
– A inicios de
abril de 2000 tuvo lugar en Buenos Aires la primera reunión del Comité de
Negociaciones Birregionales que conduce el proceso de negociación UE-MERCOSUR y
dio inicio a las negociaciones comerciales. Se crearon tres Grupos Técnicos: 1.
Comercio de bienes (con tres subgrupos), 2. Comercio de servicio, movimiento de
capitales, inversiones y propiedad intelectual, 3. Competencia, reglamentación
de litigios.
La próxima reunión del Comité en junio en Bruselas marcará el
inicio de las conversaciones sobre el paulatino desmantelamiento de las
barreras técnicas al comercio, antes de que en julio del 2001 empiecen las
negociaciones sobre la reducción gradual de las barreras arancelarias,
incluyendo el problemático sector agrícola y la liberalización de los
servicios.
2.2. La estructura
comercial
Al igual que el comercio europeo-latinoamericano, la
estructura del comercio entre la UE y el MERCOSUR es altamente asimétrica. Las
ventas del MERCOSUR a la UE se concentraron en 1998 en los siguientes productos
de bajo valor añadido: alimentos (35%), materia prima (27%) y manufacturas
(14%), mientras que los bienes industriales representaron sólo un 12% del total
(Eurostat, 1999). La UE, a cambio, exporta principalmente bienes industriales
(56%), sustancias químicas (16%) y manufacturas (12%) al MERCOSUR.
Aunque la UE tiene un AEC medio del 9,4% y el MERCOSUR del
12,5% –los AEC del bloque varían del 0% al 23%–, ambos socios protegen los
sectores claves de los intercambios comerciales birregionales por altas
barreras arancelarias. Si la UE mantiene tarifas hasta el 85% para determinados
bienes agrícolas e impone además cuotas de importaciones, en el sector del
automóvil, los países del MERCOSUR tienen aranceles individuales de hasta un 45%
(Brasil). Por otra parte, cabe destacar que en la actualidad, un 67% de las
exportaciones del MERCOSUR entran sin aranceles o a tarifas muy bajas al
mercado común europeo. Queda un restante tercio de las ventas cuyo acceso sin
restricciones se negociará próximamente. Ambas partes tienen algo que perder:
desde el punto de vista del MERCOSUR, ante el riesgo de una competencia masiva
de empresas europeas, una apertura en los sectores automotriz, bienes de
capital y servicios constituye el principal obstáculo al ALC, mientras que la
UE teme efectos nocivos por la liberalización del sector agrícola y pesquero.
Comercio de bienes
agrícolas y pesqueros: este sector, en el cual se
concentra más del 40% de las ventas del MERCOSUR a la UE será el más
conflictivo en la agenda de negociaciones y probablemente el último sector que
será liberalizado. La perspectiva de la entrada sin aranceles de productos
altamente competitivos (debido a los bajos costes de producción) del MERCOSUR
al mercado europeo, provocó serias reticencias por parte del fuerte lobby
agrícola en Francia, Irlanda, Alemania, España e Italia. Avances sustanciales
en las negociaciones sobre la liberalización en este sector requieren una
reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de la UE, incluyendo una amplia
apertura a la competencia del exterior. Con una participación del 47% en el
presupuesto comunitario, la PAC sigue siendo la “esencia” de la integración
europea, pese a que sólo un 6% de la mano de obra de la UE se concentra en este
sector. Un 14% del total de las exportaciones del MERCOSUR son consideradas
“sensibles”, entre ellas carne bovina, cereales, azúcar, fruta, vino y lácteos.
Teniendo en cuenta que un 10% del conjunto del comercio puede ser excluido
temporalmente de un acuerdo de libre comercio, ambas partes tendrán que
negociar al menos la inclusión de un 4% de bienes sensibles. Los cálculos sobre
los posibles costes de un ALC con el MERCOSUR en la UE varían según el grupo de
interés entre gastos adicionales de 5.700 y 14.300 millones de euros anuales
para compensar a los agricultores europeos por la competencia del MERCOSUR.
El sector
automotriz: pese a las altas barreras
arancelarias, con una participación del 30% en los flujos comerciales
constituye el sector más dinámico de las relaciones comerciales UE-MERCOSUR.
Así, cerca del 40% de los automóviles importados del MERCOSUR son de origen
europeo y el sector contribuye con un 17% a las exportaciones europeas al
bloque. La reciente definición de un régimen automotriz –la PAC del MERCOSUR– entre
Argentina y Brasil facilitará las negociaciones con la UE en este sector clave
del comercio. Aparte de acordar plazos internos hasta la plena liberalización
en el 2006, en el acuerdo del 23 de marzo, Argentina y Brasil establecieron un
AEC del 35%, el máximo permitido por la OMC. Este paso será fundamental para
avanzar en las negociaciones con la UE como mayor exportador de automóviles y
recambios hacia el MERCOSUR. Por otra parte, debido a costes de producción más
bajos en comparación con EE UU y la UE, el MERCOSUR se ha perfilado como un
exportador importante de automóviles, ya que múltiples empresas transnacionales
han trasladado sus centros de producción a Argentina y Brasil.
Bienes de capital: Más
de la mitad de las exportaciones europeas al MERCOSUR son maquinaria y
productos industriales. Este sector está excluido de la unión aduanera del
MERCOSUR hasta el 2001 en el caso de Argentina y Brasil y el 2006 para los dos
socios menores. En estas fechas se aplicará un AEC del 14%, y en las
tecnologías de información se definirá un arancel externo común hasta el 2006.
Brasil se está perfilando como un importante exportador de bienes de capital y
productos informáticos, que representan un 11% de las ventas globales del
MERCOSUR. Por ello, en estos sectores existe un mayor interés del MERCOSUR de
proteger sus industrias nacionales de la competencia de la UE.
Comercio en
servicios: Todavía no existe una política común
del MERCOSUR en materia del comercio en servicios. A finales de 1997, sus
países miembros suscribieron un Protocolo sobre del Comercio de Servicios, que
prevé la liberalización de este sector en un plazo de diez años. Una segunda
reunión sobre este tema tendrá lugar a lo largo de este año. Siendo este sector
uno de los más dinámicos de las exportaciones de la UE al MERCOSUR – sobre todo
en lo que se refiere a telecomunicaciones y servicios financieros– en las
negociaciones multilaterales, la UE tiene un particular interés en que el
MERCOSUR avance hacia una política común y una mayor apertura de este sector.
Así, Brasil concentra por ejemplo un 30% del mercado latinoamericano de
telecomunicaciones.
Compras
gubernamentales: en este ámbito, los países del
MERCOSUR todavía no han definido una política común. Primeros pasos hacia un
futuro acuerdo en este sector de particular interés de la UE se tomarán a lo
largo del 2000, de modo que ni los servicios ni las compras gubernamentales
estarán incluidos en la primera ronda de negociación UE-MERCOSUR.
Desde el punto de vista del MERCOSUR, la apertura del sector
agrícola y pesquero – también textiles - generaría los mayores ventajas
comerciales de un futuro ALC con la UE, reduciendo el creciente déficit
comercial del bloque. Para la UE, un ALC con el MERCOSUR sería altamente
beneficioso, sobre todo en los sectores más dinámicos de sus exportaciones,
tales como automóviles, productos industriales, bienes de consumo y servicios,
donde el MERCOSUR sigue manteniendo altas barreras arancelarias. Sin embargo,
precisamente en todos estos sectores más prometedores en las relaciones
comerciales UE-MERCOSUR no se percibe una apertura. Si la UE es reacia a
reformar la PAC, son precisamente los automóviles, bienes de capital y
servicios los que no estarán incluidos en la unión aduanera del MERCOSUR.
Un ALC supondría un sustancial incremento de los flujos
comerciales entre ambos socios. Según cálculos de la Comisión Europea, la
liberalización del comercio conjunto con el MERCOSUR generaría a la UE
ganancias adicionales de hasta 6.500 millones de dólares anuales –equivalentes
al actual déficit comercial del MERCOSUR–, y al MERCOSUR unos 5.100 millones de
dólares. Con este telón de fondo, las empresas de los dos bloques empujan hacia
la realización de una zona de libre comercio a corto plazo. Con el fin de
intensificar los vínculos económicos, se celebra desde 1999 cada año el Foro
Empresarial UE-MERCOSUR.
Según un representante de la Comisión Europea, los
intercambios comerciales entre la UE y el MERCOSUR probablemente no serán
liberalizados al menos hasta el año 2015. De momento, los pronósticos del plazo
de negociación entre la UE y el MERCOSUR varían entre tres y cuatro años, es
decir que un acuerdo de asociación interregional se suscribiría entre 2003 y
2005. Por lo tanto, el escenario más realista parece una liberalización
comercial de la mayoría de los bienes hasta el 2010. Las perspectivas de un
acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR dependen de una serie de factores
internos y externos:
– De la evolución
del proceso de integración en el MERCOSUR y en la UE,
– Del desarrollo
del ALCA y la posición del MERCOSUR (Brasil) en las negociaciones,
– Del alcance y
plazo de la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de la UE,
– De la posible
convocatoria de una ronda multilateral de negociación en la OMC.
2. El futuro de la
integración en la UE y en el MERCOSUR
La adopción del “euro” entre 11 países en enero de 1999, los
avances en las negociaciones con los próximos candidatos de ingreso y el
difícil proceso de reforma interna caracterizan la evolución reciente de la UE
que se encuentra, al igual que el MERCOSUR, ante el dilema de la simultánea
ampliación y profundización. La introducción del euro fue el paso más
importante para construir una verdadera unión económica y monetaria en el
espacio europeo y crear un contrapeso a la posición privilegiada de EE.UU en el
sistema financiero internacional.
Simultáneamente está progresando la ampliación de la UE. En
una primera ola de ampliación entrarán en los próximos años Chipre, Estonia,
Hungría, Polonia, la República Checa y Eslovenia. Al mismo tiempo, en 2000 se
iniciarán las negociaciones con los cinco PECO restantes (Bulgaria, Eslovaquia,
Letonia, Lituania y Rumania) –la segunda “ola” que ingresaría a la UE. La
ampliación de la UE a otros seis u once miembros requiere una reforma de las
instituciones y de los mecanismos de decisión, un proceso que se definirá en el
marco de una Conferencia Intergubernamental. Asimismo, la entrada de los nuevos
11 candidatos a la UE hace necesaria una previa reestructuración de la política
agrícola altamente subvencionada. Para el MERCOSUR, la ampliación de la UE
hacia los PECO tiene la ventaja de acelerar la reforma de la PAC y la
desventaja de tener que competir con los productos agrícolas de los próximos
miembros de la UE.
También el MERCOSUR se encuentra ante el dilema de la
simultánea ampliación y profundización. Para el MERCOSUR, el año 1999 –el más
difícil de su historia– terminó con la siguiente conclusión: la mejor receta a
la crisis no es menos sino más MERCOSUR. El bloque experimentó en 1999 la
crisis más grave desde su creación en 1991. Una reducción del producto interno
bruto (PIB) del –0,8% y la disminución del comercio intrarregional en una
cuarta parte comparado con el año anterior, fueron los signos más visibles. Sin
embargo, en un plazo breve pasó su primera prueba de fuego y, pese a las
tensiones persistentes en algunos sectores, el MERCOSUR salió de las cenizas de
la crisis con nuevos impulsos renovadores.
Ante el mantenimiento del sistema de paridad dólar-peso,
Argentina fue el país más afectado por la crisis financiera en Brasil, país con
el cual desarrolló casi un tercio de sus exportaciones. Como consecuencia de la
devaluación del real brasileño, sus ventas al país vecino se redujeron el
año pasado en un 25% (IRELA 1999), a la vez que, ante el abaratamiento de los
costes de producción, se incrementaron las importaciones desde Brasil. Como
consecuencia, Argentina introdujo a lo largo de 1999 una serie de medidas para
restringir las importaciones brasileñas en el sector textil y calzado, lo cual
generó una serie de disputas comerciales con Brasil. No obstante, entre 1999 y
2000, Argentina y Brasil acordaron avances para la simultánea profundización y
ampliación del MERCOSUR:
Profundización: En primer
lugar, se acordó una mayor armonización macroeconómica –siguiendo el ejemplo de
los criterios de Maastricht de la UE–, con la posibilidad de la futura adopción
de una moneda común (dólar o peso). En junio de 1999, se creó un grupo de
trabajo ad-hoc en esta área; y Argentina y Brasil acordaron en abril definir
hasta marzo del 2001 criterios para la armonización macroeconómica. En segundo
lugar, tras varios años de negociación, Argentina y Brasil definieron un
régimen automotriz común.
Ampliación:
Brasil firmó en julio de 1999 un acuerdo preferencial unilateral con la
Comunidad Andina y presiona hacia una convergencia con el MERCOSUR. Así, Brasil
convocará una Cumbre sudamericana, prevista para el 31 de agosto en Brasilia.
La cumbre tiene dos objetivos: fortalecer la posición sudamericana en las
negociaciones del ALCA, y avanzar hacia la creación de un Acuerdo de Libre
Comercio de América del Sur (SAFTA) entre el MERCOSUR, la Comunidad Andina y
Chile. Este proceso tendrá también consecuencias para la UE, ya que un futuro
acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR podría incluir a mucho más países que
en la actualidad.
3. El MERCOSUR y el
ALCA
Aunque las negociaciones de libre comercio a nivel
hemisférico y con la UE no son procesos excluyentes, sino complementarios para
el MERCOSUR, la participación del MERCOSUR en un futuro ALCA lógicamente
provocaría una desviación de comercio de la UE hacia el resto del continente
americano. Asimismo, la exitosa conclusión de un ALCA, con un claro protagonismo
de EE UU, reduciría no sólo el actual protagonismo del MERCOSUR en América
Latina, sino a medio plazo podría incluso cuestionar la existencia del bloque.
Por otra parte, desde el punto de vista del MERCOSUR, la negociación con la UE
es también un instrumento para fortalecer su posición en el marco del ALCA y
frente a EE UU (Bulmer-Thomas, 2000).
En términos económicos, la opción europea sería más
beneficiosa para el MERCOSUR. Según cálculos de la Fundación Gétulio Vargas de
1997, la liberalización comercial UE-MERCOSUR supondría para Brasil un
crecimiento económico adicional del 5% anual, frente al 2% en el ALCA; en el
caso argentino, el contraste es más grande: 6% y 1%. Estas cifras parten de la
hipótesis de que, una vez eliminadas las barreras arancelarias en la UE, el
mercado europeo tiene un potencial de ampliación más grande para las
exportaciones agrícolas del MERCOSUR. Según expertos, una participación del
MERCOSUR en el futuro ALCA presentaría oportunidades comerciales más favorables
para los exportadores de EE UU, ya que las barreras arancelarias en el bloque
siguen siendo relativamente altas. Con todo, la participación del MERCOSUR en
el ALCA conduciría sin duda a una fuerte desviación del comercio con la UE y, a
la inversa, un ALC con la UE consolidaría la división norte-sur del continente
(Lerman Alperstein 1999).
4. Las incógnitas
La Comisión Europea admite que la apertura en el sector
agrícola europeo es la gran incógnita en las negociaciones y la clave para
definir un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR (Gratius 1999). Otra gran
incógnita es la ronda milenaria de la OMC después del fracaso de Seattle, que a
su vez aceleraría una reforma del la PAC.
Aunque se aprobaron algunos avances graduales hacia una mayor
apertura del sector agrícola europeo –el más protegido del mundo-, estos
cambios no suponen ventajas visibles para los productores latinoamericanos.
Teniendo en cuenta que la PAC sigue siendo el eje central de la UE, su
eliminación sería una decisión política de gran alcance, que provocará
protestas masivas por parte del lobby agrícola europeo, sobre todo en Alemania
y Francia como mayores beneficiarios de la política de subvenciones. El
Comisario responsable de la PAC, Franz Fischler, resumió en marzo del año
pasado la posición de la UE en estos términos: “la dimensión multifuncional de
la PAC de la UE no se someterá a negociación y no tenemos intención de
sacrificarla en aras de libre comercio” (IRELA, 1999a).
Ante las dificultades de crear un consenso interno para remover
las barreras agrícolas, avances concretos en este sector parecen más factibles
por presiones del exterior. Por lo tanto, la disponibilidad de la UE de
progresar hacia una PAC más abierta al exterior depende en gran medida de la
evolución de las negociaciones de la OMC, donde EE UU y otros países
industrializados tienen una mayor capacidad que América Latina o el MERCOSUR
para solicitarle a la UE una reforma sustancial de este sector principal en las
negociaciones comerciales multilaterales. Aún sin “ronda milenaria” en este año
seguirán las negociaciones multilaterales en los sectores agricultura y
servicios. Según la agenda de la OMC, en 2000 se celebrarán tres reuniones del
Comité de Agricultura y cuatro del Consejo de Comercio en Servicios. La próxima
reunión a nivel gubernamental está prevista para marzo del 2001.
En todo caso, es muy probable que la agenda de las
negociaciones UE-MERCOSUR deje el tema agrícola para el final, entre el 2003 al
2005. Ante la entrada de seis nuevos países miembros a la UE –cinco de ellos
con un fuerte sector agrícola–, por estas fechas, la Unión tendrá que haber
emprendido la reforma pendiente de la PAC. En el 2000 no cabe esperar grandes
avances en las negociaciones UE-MERCOSUR sobre la creación de un ALC. Más alentadoras
parecen las perspectivas a partir del 2001, cuando el MERCOSUR haya progresado
hacia la unión aduanera –cumpliendo los plazos de una política común para
bienes de capital e informática– y se haya recuperado del todo de la crisis de
1999. La UE, por su parte, podría definir hasta esta fecha su gran reforma
interna, mientras que también se podría haber resuelto el capítulo pendiente de
la ronda “post-milenaria” de la OMC.
El gran logro del proceso de acercamiento UE-MERCOSUR fue la
aprobación del inicio de negociaciones independientemente de los avances a
nivel multilateral. Con esta decisión, ambos socios se comprometieron a
concluir exitosamente un ALC, a pesar de los respectivos riesgos sectoriales
que ello puede suponer. En este cuadro, es altamente probable que ambas partes
suscriban un ALC durante el próximo quinquenio y que la plena liberalización
comercial entre las dos uniones aduaneras sea una realidad como muy tarde en el
2015 y probablemente antes. En este sentido, el inicio de negociaciones
UE-MERCOSUR ha sido también una victoria parcial de los “globalizadores” que
piden una apertura recíproca de los mercados sobre los “proteccionistas” que
defienden los privilegios del pasado.
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