In
short, international economic governance is needed.
Introducción
Hace apenas diez años, el
papel de la UNCTAD e incluso su sobrevivencia era unos de los temas más
controvertidos en el escenario de los foros económicos internacionales. En efecto, a
partir de principios de los años 80, cuando se hizo patente el fracaso del diálogo
Norte-Sur, la UNCTAD entró en una fase de debilitamiento y cuestionamiento incluso por
parte de varios países en desarrollo, es decir, de sus principales defensores.
Paralelamente, a modo de contraste, se fueron fortaleciendo otros foros económicos
multilaterales como las instituciones financieras internacionales (claves en la crisis de
la deuda, en la apertura económica, y en los programas de ajuste estructural) y el GATT a
raíz de la Ronda Uruguay lanzada en 1986. Debido a su identificación con la controversia
Norte-Sur, y por no ser un foro de negociación sino únicamente de deliberación, la
UNCTAD enfrentó más de una década de crisis, década perdida desde el punto
de vista de su fortalecimiento político.
Tal como lo señaló su
Secretario General, Rubens Ricupero, en menos de diez años, la UNCTAD se reinventó
a sí misma. La UNCTAD IX, celebrada en Midrand, Sudáfrica, en 1996, y la reciente
UNCTAD X[3], celebrada en Bangkok el
pasado mes de febrero, han definido y consolidado los términos de esa
reinvención, desde el punto de vista de su mensaje político como en lo que
se refiere a su ubicación institucional.
Más allá de lo que los
medios de comunicación han reportado sobre los resultados de la UNCTAD X, y más
allá de lo que dicen los documentos oficiales, conviene reflexionar sobre el significado
y las implicaciones de esta transformación.
I.
Cómo se logró el consenso en Bangkok
Vinimos
a Bangkok para deliberar sobre las estrategias de desarrollo en un mundo cada vez más
interdependiente, y sobre cómo hacer que la mundialización sea un instrumento eficaz del
desarrollo: la
Declaración final adoptada por los 111 Ministros y las 190 delegaciones de los Estados
Miembros de la UNCTAD empieza con una frase que parece un lugar común, pero que resume
tanto el instrumento de acción y la naturaleza de la UNCTAD (la deliberación), como su
objetivo y su mensaje central (el desarrollo en la mundialización).
Las bases políticas del
éxito de la UNCTAD X radican en esos dos elementos, cuyo valor sólo puede apreciarse si
se evalúan a la luz del contexto de los meses previos a la Conferencia de Bangkok,
caracterizados por una serie de acontecimientos negativos para el buen funcionamiento del
multilateralismo económico:
La crisis
financiera iniciada en los países asiáticos en 1997 puso en evidencia tanto la
vulnerabilidad de las economías en desarrollo más exitosas, como la ineficacia de los
mecanismos internacionales para atender ese nuevo tipo de emergencias y de contagios. El
impacto de la crisis trascendió el terreno puntual de las medidas de recuperación
económica para entrar en el terreno de la reflexión sobre las estrategias de desarrollo
necesarias ante una interdependencia financiera sin precedentes en la historia.
El fracaso de las
negociaciones del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) en la OCDE adquirió una
connotación simbólica para muchas ONG y para los medios de comunicación, los cuales
demostraron, mediante los ataques dirigidos contra esa negociación, el alcance de su
poder en el escenario internacional.
La proliferación
de foros, acuerdos y esquemas regionales y subregionales lanza un mensaje claro a los
organismos de membresía universal (o con ambiciones de serlo, como la OMC), en el sentido
de demostrar que pueden formular políticas y normas propias, más cercanas a las
realidades heterogéneas de los grupos geográficos que representan que las adoptadas en
las esferas multilaterales.
Pero sobre todo,
es el fracaso de la Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle el que impregna el
ambiente del multilateralismo económico (particularmente en Ginebra) de un clima de
tensión y controversias poco propicio a cualquier tipo de negociación. A ello se añaden
los meses previos a los acontecimientos de Seattle, marcados por una larga y difícil
elección del Director General de la OMC y por un proceso preparatorio que habían
generado dos obstáculos: por un lado, un texto saturado de corchetes[4]; por otro lado, un grado de entusiasmo por
iniciar una Ronda del Milenio de negociaciones comerciales similar al
entusiasmo que se tiene al ir a una cita con el dentista[5].
Ante resultados de esta
naturaleza, se puede decir que el siglo pasado terminó con un balance pesimista para los
organismos internacionales encargados de negociaciones y políticas mundiales de comercio,
moneda y finanzas.
Como en una paradoja, a
medida que se intensifica la interdependencia económica inducida por la globalización,
no se produce una intensificación equivalente de los instrumentos de cooperación
multilateral, que deberían acompañar la interdependencia. Ni tampoco se generan
ambientes favorables al diálogo y al acercamiento de posiciones indispensables a la hora
de iniciar negociaciones. Le corresponde en primera instancia a los foros deliberativos
internacionales revertir esta tendencia y actuar en forma constructiva hacia la
preparación de negociaciones que produzcan resultados beneficiosos para todos los
países.
Ante este desafío, unas
semanas antes de la Conferencia de Bangkok (cuya celebración se produce tan sólo dos
meses y medio después de Seattle) se podían vislumbrar dos escenarios extremos: por un
lado, un escenario pesimista, donde el clima negativo hubiera influido sobre el diálogo
multilateral y hubiera impedido darle a la UNCTAD mandatos relevantes para cumplir con su
papel en los próximos cuatro años. Por otro lado, un escenario optimista, marcado por
una voluntad política de compensar en cierta medida los fracasos
multilaterales anteriores enviando señales positivas. En otros términos, Seattle podía
contaminar Bangkok, lo cual efectivamente sucedió, pero en los términos
constructivos del segundo escenario.
En efecto, el resultado de
Bangkok pertenece al segundo escenario, gracias no sólo a un intenso y exitoso trabajo
político previo imputable en gran medida a la personalidad del Secretario General-,
sino también a factores propios de la UNCTAD que en esta oportunidad se convirtieron en
sus ventajas comparativas:
En primer lugar,
el hecho mismo de no ser un foro de negociación sino de deliberación favoreció la
distensión: es obvio que las implicaciones meramente políticas de las decisiones a tomar
en la UNCTAD no se comparan con las obligaciones jurídicas ni las implicaciones
económicas de los acuerdos a negociarse en la OMC o las operaciones financieras que se
definen en el FMI y el Banco Mundial. En este orden de ideas, la naturaleza poco
controvertida de la UNCTAD pudo proveer un marco transparente y participativo que fue
precisamente una de las mayores deficiencias de Seattle.
La cercanía de
los acontecimientos de Seattle resultó ser un elemento a favor de la UNCTAD[6], porque en Ginebra los
diplomáticos se esforzaron por evitar un texto inmanejable: los proyectos adoptados en la
fase preparatoria de la UNCTAD X llegaron a Bangkok con el menor número de corchetes en
la historia de las UNCTAD anteriores[7].
La imagen que
tradicionalmente tiene la UNCTAD a nivel de la opinión pública y de muchas ONG dedicadas
a la cooperación al desarrollo es positiva: los escasos y esporádicos manifestantes que
se reunieron cerca del centro de conferencias de Bangkok no confundieron a la UNCTAD con
la OMC[8].
La agenda (y la
razón de ser) de la UNCTAD es similar pero a la vez suficientemente distinta de la agenda
de la OMC y de los demás organismos económicos internacionales para lograr una clara
diferenciación del mensaje: en todas sus actividades, la UNCTAD se centra en la
dimensión del desarrollo, abordada desde una perspectiva que integra lo comercial, lo
monetario y lo financiero. El debate de Bangkok fue una oportunidad para reflexionar sobre
el contenido de esa dimensión en el contexto de la globalización, y las acciones
necesarias para abordarlo en el ámbito multilateral. La organización, el año próximo,
de la Conferencia sobre los países menos adelantados fue un elemento adicional que le dio
concreción al tema del desarrollo[9].
La presencia en
Bangkok de los jefes de las principales agencias multilaterales[10] (y de varios organismos regionales) marcó la
intención de enviar una señal de complementariedad y cooperación inter-institucional al
más alto nivel[11].
La organización
y la estructura de la UNCTAD X fueron exitosas en romper esquemas tradicionales: al no
tener como reto central la negociación de un texto sino el diálogo sobre la amplia
problemática del desarrollo, la Conferencia de Bangkok pudo diversificar sus modalidades
organizando varios foros de debate simultáneos, sobre distintos temas y con varios
actores[12].
Antes y durante
la Conferencia de Bangkok, el contacto con los medios de comunicación y con
representantes de la sociedad civil fue intenso y positivo, facilitando y
apoyando la imagen de un foro multilateral transparente y participativo.
En definitiva, estas
ventajas comparativas son las que permitieron definir el marco político y el papel de la
UNCTAD para los próximos cuatro años. Sin embargo, sería errado creer que en Bangkok se
produjeron grandes cambios en el terreno de las ideas. Se produjeron más bien
intercambios de puntos de vista a veces muy distintos, pero sin controversias. Se logró,
sobre todo, un clima propicio al diálogo y a la formulación de posiciones
pre-negociadoras[13].
El consenso logrado en
Bangkok no consistió tanto en formular nuevos paradigmas lo cual hubiera superado
ampliamente los objetivos de la UNCTAD X-, sino en poder discutir abiertamente de
políticas económicas nacionales e internacionales en el contexto de la globalización y
su impacto sobre el desarrollo. Tal como lo señaló el Secretario General de la UNCTAD al
clausurar la Conferencia y en referencia al Consenso de Washington, sería tentador anunciar ahora la llegada del
Consenso de Bangkok, y de proveerles de un conjunto de doce pautas. Estoy
tentado, pero el destino del Consenso anterior me sugiere que hacerlo no sería prudente.
Los consensos se auto-destruyen. (
) En otros términos, en lugar de tratar de
congelar el actual debate en un molde estático llamado Consenso de Bangkok, trataré de
sintetizar la dinámica de las corrientes que empiezan en extremos distintos y convergen
gradualmente hacia un terreno común. Quisiera tratar de definir de qué manera el
espectro de opiniones se ha restringido en los años recientes, no sólo entre los
expertos académicos, sino también entre los líderes nacionales y aquellos de los
organismos internacionales.
Las ideas claves contenidas
en el Informe del Secretario General presentado a la UNCTAD X, así como en los dos
documentos adoptados por la Conferencia (la Declaración Ministerial y el Plan de
Acción), muestran los límites entre los cuales se sitúan hoy en día las principales
opiniones sobre el espinoso tema de la globalización con desarrollo. Pero muestran
también, como en una fotografía panorámica, la amplitud de la agenda económica
internacional y en particular de los mandatos asignados a la UNCTAD.
II.
Los principios y los mandatos adoptados en Bangkok
El mensaje central del
Informe del Secretario General de la UNCTAD que sirvió de base a los debates de Bangkok
pudiera resumirse de la manera siguiente: para poder mantener su legitimidad, es necesario
mejorar lo que está ofreciendo el sistema económico mundial a los países más pobres, y
a los sectores más pobres de la población mundial. Los logros macroeconómicos en
materia de estabilidad en los precios y equilibrios fiscales no son compensados por
una mejor distribución del ingreso. Tampoco se han logrado soluciones viables a las
crecientes asimetrías que separan países en desarrollo de países industrializados. Los
pronósticos de más crecimiento y desarrollo, menos pobreza, más empleo y mayor equidad
siguen siendo demasiado optimistas y generan expectativas que superan la realidad.
Una de las reflexiones
básicas del Informe se refiere a cómo evaluar la inserción de los países en desarrollo
en la economía mundial a la hora de hacer balances y de formular estrategias para el
futuro: más que la cantidad y el ritmo del crecimiento, la calidad de la inserción es el
objetivo primordial, ya que se ha demostrado que políticas financieras y comerciales
apresuradas e imprudentes tienen efectos desestabilizadores y aumentan la vulnerabilidad
de los países en desarrollo. Elementos tales como la productividad, la diversificación
de la producción nacional, la incorporación de tecnología son determinantes para lograr
una inserción estable y armónica.
En corolario de lo anterior,
la búsqueda de una inserción cualitativa de los países en desarrollo en el sistema
económico internacional implica reconocer que el proceso de globalización no conlleva en
forma automática el logro de equilibrios entre países industrializados y en desarrollo.
En otros términos, hay que reconocer los importantes desequilibrios que puede generar la
globalización desde el punto de vista de la distribución de sus beneficios, y centrar
los esfuerzos en las medidas que permitan alcanzar mayor equidad en los niveles de
desarrollo.
Sin pretender formular
nuevos paradigmas, el Informe contiene un diagnóstico de los impactos del proceso de
globalización sobre el desarrollo, del cual se desprenden líneas directrices que
deberían, en opinión de la Secretaría de la UNCTAD, orientar la formulación de
acciones tanto a nivel nacional como internacional. El conjunto de las ideas y de los
diagnósticos contenidos en el Informe del Secretario General sirvió de base a la
preparación de los dos textos adoptados en la UNCTAD X en Bangkok, es decir la
Declaración Ministerial y el Plan de Acción. Como lo expresó el Secretario General de
la UNCTAD, ambos textos muestran los límites de lo que es posible poner sobre el
papel en este momento en materia de pautas políticas y de tareas a encomendar a la
UNCTAD para su trabajo de apoyo a los países en desarrollo.
Un interesante trabajo de
análisis de contenido consistiría en comparar tanto los conceptos como el lenguaje del
Informe del Secretario General con los mandatos encomendados a la Secretaría y contenidos
en los textos adoptados en Bangkok por los Estados Miembros. Algunas de las coincidencias
más destacadas -tanto en la forma como en el fondo- pueden resumirse de la manera
siguiente, sin pretender brindar aquí un inventario exhaustivo y ordenado:
Se reconoce la
función primordial de la UNCTAD como foro de debate, intercambio de experiencias y
formación de consensos, análisis en los temas del desarrollo, y cooperación técnica[14].
Se le encomiendan
a la UNCTAD acciones especiales y prioritarias para los países menos adelantados en las
distintas esferas de las políticas de desarrollo[15].
Se reconocen las
asimetrías en la instrumentación de los acuerdos de la Ronda Uruguay de Negociaciones
Comerciales Multilaterales, y es necesario hacer un seguimiento del impacto de esos
acuerdos sobre el desarrollo; los trabajos de la Secretaría en este terreno deberán
apoyar la formación de consensos necesarios para la preparación de negociaciones.
En este orden de
ideas, es importante que los países en desarrollo dispongan de períodos de transición
que les permitan ajustarse gradualmente a las nuevas disciplinas comerciales y a los
cambios que implican en sus políticas y legislaciones internas.
Se encomienda
continuar con las acciones de cooperación en materia de políticas de atracción de
inversión extranjera, fomento de la capacidad tecnológica, y apoyo a las pequeñas y
medianas empresas.
Las prácticas de
las empresas transnacionales que tienen posiciones dominantes en el mercado internacional
pueden afectar la competencia; la UNCTAD tiene ya una larga experiencia en materia de
formulación de normas y políticas de competencia, cuya importancia ha sido reiterada
nuevamente en Bangkok.
Los subsidios
aplicados en algunos países industrializados pueden tener efectos negativos para el
crecimiento de las economías en desarrollo.
Las medidas que
adoptan los países industrializados en materia de dumping y derechos compensatorios
pueden afectar los sectores donde los países en desarrollo son más competitivos.
Es necesario
intensificar las acciones encaminadas a diversificar la oferta de los países en
desarrollo.
Las medidas
sanitarias, fitosanitarias, técnicas y ambientales pueden plantear dificultades a las
exportaciones de los países en desarrollo.
Los beneficios de
la globalización deben ser compartidos entre los países y dentro de cada uno de ellos.
Las estrategias
de desarrollo promovidas por las instituciones financieras internacionales plantean
limitaciones para el proceso de desarrollo.
Los mecanismos
internacionales existentes son insuficientes ante las crisis financieras que originan
efectos de contagio; en este sentido, la Secretaría deberá adelantar
trabajos en relación con la arquitectura financiera internacional.
Otros mandatos se
refieren a ampliar la acción de la UNCTAD en materia de apoyo a la formación en los
temas centrales de la problemática del desarrollo.
Last but
not least, cabe
destacar dos mandatos particularmente interesantes en el ámbito del comercio
internacional. En primer lugar, se incluyó en los mandatos una mención específica y
clara a los procesos de integración regional entre países en desarrollo, encomendándole
a la Secretaría brindarles la cooperación necesaria. En segundo lugar, los Estados
Miembros expresaron su apoyo a los trabajos de la Secretaría en materia de agenda
positiva, destinados a brindar a los países en desarrollo las herramientas
analíticas requeridas para formular propuestas en las negociaciones comerciales
multilaterales y estudiar las implicaciones de las propuestas de los países
industrializados.
Los mandatos referidos a la
continuación del trabajo de la agenda positiva implican seguir con los
análisis, la cooperación técnica y el apoyo a la capacidad negociadora en materia de
acceso a mercados, negociaciones en agricultura y servicios, comercio electrónico, entre
otros temas. El apoyo de la UNCTAD a los países en desarrollo y a las economías en
transición que se encuentran en proceso de adhesión a la OMC complementa este trabajo.
III.
Las tareas de corto plazo
Los mandatos adoptados por
la UNCTAD X no implican cambios sustanciales en el funcionamiento de la Secretaría, ya
que la reestructuración que se había llevado a cabo hace cuatro años a raíz de la
UNCTAD IX sigue siendo válida y efectiva. Sin embargo, la instrumentación del Plan de
Acción de Bangkok plantea retos significativos para la UNCTAD en su papel político de
foro centrado en los temas del desarrollo, y para la labor técnica de su Secretaría,
cuyos recursos humanos y financieros son limitados.
En los próximos meses, tal
como sucedió en la fase preparatoria de la Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle,
una parte importante de la actividad de la Secretaría de la UNCTAD se centrará en el
apoyo a la participación de los países en desarrollo en las negociaciones, ya iniciadas
en la OMC, sobre agricultura y servicios. En particular, habrá que revisar, actualizar y
profundizar los trabajos analíticos que se habían realizado en 1999, de tal manera de
seguir aportando insumos útiles a la formulación de la agenda positiva. También será
necesario ampliar las acciones de apoyo a la formación de negociadores comerciales ante
la creciente complejidad técnica y política de los temas planteados en la OMC.
En efecto, la agenda del
comercio agrícola se amplía para abarcar temas novedosos, sofisticados y de múltiples
ramificaciones, como por ejemplo el de los organismos modificados genéticamente, que
implica recurrir a conocimientos en materia de biotecnología y de normas técnicas y
fitosanitarias. De igual manera, la revisión del acuerdo de la Ronda Uruguay sobre
comercio de servicios implicará muy probablemente abordar temas sensitivos como el del
movimiento de personas naturales para los servicios profesionales, o el de los subsidios
(generalmente difíciles de identificar) que reciben las empresas de los países
industrializados para apoyar sus exportaciones de servicios.
Ante retos negociadores de
tal magnitud, la UNCTAD brinda un foro multilateral ideal para conocer y entender las
posiciones respectivas, buscar puntos de convergencia e identificar aliados, y profundizar
los análisis que se requieren para formular propuestas viables, sostenibles y equitativas
para todos los países involucrados.
En otros términos, en los
próximos meses, los países miembros de la UNCTAD tendrán la oportunidad de llevar a la
práctica las lecciones aprendidas de la Conferencia Ministerial de Seattle, cuyo proceso
de pre-negociación fue insuficiente para consolidar el diálogo y la búsqueda de los
consensos previos indispensables antes de abordar los puntos neurálgicos de las agendas
de agricultura y servicios.
El nuevo mandato de la
UNCTAD en materia de apoyo a los procesos regionales debe ser visto como una oportunidad
adicional para preparar los consensos pre-negociación y para formular, donde sea posible
y conveniente, posiciones conjuntas que fortalezcan la participación de los países en
desarrollo en el escenario multilateral.
Más allá de los temas
vinculados al seguimiento de las negociaciones en la OMC, una gran proporción de los
recursos de la Secretaría estará dedicada a la preparación de la Conferencia sobre los
Países Menos Adelantados, a celebrarse en abril de 2001. A priori, el tema del apoyo a estos países suscita
menos controversias y por ende consensos más fáciles de lograr que el de las
negociaciones comerciales en la OMC. Sin embargo, el reto planteado por esa Conferencia no
es menos relevante, ya que se trata de lograr consensos en la definición de conceptos y
la puesta en práctica de acciones eficaces desde el punto de vista de las necesidades
específicas de esos países. Muchas de las pautas discutidas en Bangkok en torno al tema
de la inserción de los países en desarrollo en el proceso de globalización volverán a
plantearse. El diálogo será útil para todos los países miembros de la UNCTAD, y para
consolidar su papel en el ámbito del multilateralismo económico.
Asimismo, la inclusión en
el Plan de Acción de Bangkok de líneas de acción en materia de temas financieros y
monetarios abre nuevas puertas al intercambio de ideas y experiencias en un foro distinto
a las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y
el Banco Mundial. La activa participación en la UNCTAD X del Director Gerente del FMI y
del Presidente del BM envió una clara señal en este sentido. La complementariedad que
existe entre la OMC y la UNCTAD debería servir de referencia para buscar una
complementariedad similar entre la UNCTAD y las instituciones financieras internacionales.
Considerando el alcance de
estos mandatos y la coyuntura internacional en el que se ubican, el papel de la UNCTAD
está destinado a crecer muy rápidamente en el corto plazo. Le corresponde a los países
miembros apoyar y estimular este potencial, y usarlo en forma constructiva en varios foros
económicos internacionales.
Hoy más que nunca, para países
en desarrollo e industrializados, el costo de negociaciones económicas fracasadas es
demasiado elevado y riesgoso. El multilateralismo necesita presentar resultados exitosos
para ser creíble y sustentable. El diálogo y el consenso que se pueden lograr en la
UNCTAD son piezas claves para alcanzarlo. Y quizás logren también mejorar la
gobernabilidad del sistema económico internacional.