1.
Nosotros los Jefes de Estado y de Gobierno de
los países miembros del Grupo de los 77 y China, plenamente convencidos de la imperiosa
necesidad de actuar estrechamente unidos, con el objetivo principal de trabajar por un
mundo de paz y prosperidad, nos hemos reunido en La Habana para celebrar la primera Cumbre
del Sur de la historia, del 12 al 14 de abril de 2000.
2.
Seguimos plenamente consagrados al espíritu del Grupo de los 77 y China, el cual ha
ayudado a nuestros países, desde la creación del Grupo, a principios del decenio de
1960, a seguir un curso de acción común y constructivo para la protección y promoción
de nuestros intereses colectivos, y una genuina cooperación internacional para el
desarrollo. En esta histórica reunión, reafirmamos nuestra adhesión a los principios y
objetivos que han guiado al Grupo desde su creación. Además, nos comprometemos, una vez
más, a fortalecer la unidad y solidaridad del Grupo en aras de lograr sus objetivos
declarados y de reforzar el papel que está llamado a desempeñar en las relaciones
económicas y comerciales internacionales.
3.
Estamos plenamente convencidos de que es imperioso reunirnos aquí en los inicios del
nuevo milenio, una coyuntura crucial de la historia contemporánea de la humanidad, para
reflexionar sobre las rápidas transformaciones económicas que ocurren en el mundo,
debatir los nuevos problemas que enfrenta el Sur en las esferas económica y social, y
buscar soluciones. Nos reunimos, además, plenamente convencidos de que en los albores del
siglo XXI es necesario actuar con decisión en aras de definir un futuro mejor para
nuestros países y pueblos y de trabajar en pro del establecimiento de un sistema
económico internacional que sea justo y democrático.
4.
Reafirmamos que en nuestras actividades nos guiamos por todos los principios y propósitos
de la Carta de las Naciones Unidas y por el pleno respeto al derecho internacional. A este
fin, defendemos el principio de la soberanía, la igualdad soberana de los Estados, la
integridad territorial, y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados:
adoptamos medidas eficaces para la supresión de actos de agresión u otras violaciones de
la paz y alentamos la solución pacífica de las controversias internacionales de manera
que la paz y la seguridad internacionales y la justicia no se vean amenazadas; nos
abstenemos, en el marco de las relaciones internacionales, de hacer uso o amenaza de uso
de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de un Estado o
de no proceder en armonía con los propósitos de las Naciones Unidas; entablamos
relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y la
libre determinación de los pueblos; y nos valemos de la cooperación internacional para
resolver problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o
humanitario, y para promover y alentar el respeto de los derechos humanos y las libertades
fundamentales para todos, sin distinción de raza, sexo, idioma o religión.
5.
Insistimos en que el proceso de mundialización e interdependencia no debe utilizarse para
debilitar o reinterpretar los mencionados principios, que continúan siendo los pilares de
las relaciones de paz y amistad entre los Estados y de la solución de los conflictos y
controversias por medios pacíficos. Recalcamos, además, que esos principios nos inspiran
a consagrarnos plenamente al establecimiento de un sistema económico internacional más
justo y equitativo, que ofrezca a todos los pueblos seguridad y oportunidades cada vez
mayores de elevar sus niveles de vida.
6.
Nos sentimos comprometidos con un sistema mundial basado en el imperio del derecho, la
democracia en la adopción de decisiones y el pleno respeto a los principios del derecho
internacional y la Carta de las Naciones Unidas. El nuevo sistema mundial debe recoger
estos principios.
7.
Insistimos en que el desarrollo es la mejor contribución a la paz y en que ambos se
construyen unidos. El desarrollo es un proceso continuo, sin límites arbitrarios,
mediante el cual trabajamos por la prosperidad y el bienestar de nuestros pueblos. Nuestra
máxima prioridad es superar el subdesarrollo, lo cual entraña la erradicación del
hambre, el analfabetismo, las enfermedades y la pobreza. Aunque ésta es, ante todo, una
responsabilidad nuestra, instamos a la comunidad internacional a tomar medidas urgentes y
decididas, con un enfoque integral y multidimensional que nos ayuden a vencer estos
flagelos y a establecer relaciones económicas internacionales basadas en la justicia y la
equidad. El desarrollo en pro del bienestar de nuestros pueblos seguirá siendo siempre el
centro de la acción del Grupo de los 77 y China, y a este respecto, nos comprometemos una
vez más con esa meta. Reconocemos que los países en desarrollo, en ejercicio de su
soberanía y sin injerencia en sus asuntos internos, tienen derecho a escoger el camino
hacia el desarrollo con arreglo a sus prioridades y objetivos racionales. No obstante,
estamos profundamente preocupados de que se le haya restado importancia a la cooperación
internacional para el desarrollo en el programa de la comunidad internacional, incluido el
sistema de las Naciones Unidas. En consecuencia, y habida cuenta de nuestra meta
declarada, en los albores del nuevo milenio instamos a la comunidad internacional, a que
dé prioridad al programa de desarrollo de los países en desarrollo y a que tome medidas
urgentes y decididas que los ayuden a vencer los obstáculos que los separan de sus
objetivos de desarrollo.
8.
En este contexto, y tomando nota de la interdependencia de las naciones y de los diversos
niveles de desarrollo humano existentes en el mundo, hacemos hincapié en la necesidad de
un nuevo orden mundial humano dirigido a revertir las crecientes disparidades entre pobres
y ricos, tanto dentro de las naciones como entre ellas, mediante la promoción del
crecimiento con equidad, la erradicación de la pobreza, la ampliación del empleo
productivo y el fomento de la igualdad de género y la integración social. Por
consiguiente, nos comprometemos a trabajar juntos para enfrentar esos retos en beneficio
de nuestros pueblos.
9.
Observamos que en los últimos decenios se han presentado factores externos que han
restringido la realización del potencial económico del Sur. Esto ha afectado
negativamente el comercio exterior, la corriente de inversiones extranjeras directas y
otras formas de inversiones. De ahí que sea indispensable promover un diálogo Norte-Sur
basado en el espíritu de asociación, el beneficio mutuo y una genuina interdependencia
para la eliminación expedita de estas limitaciones.
10.
Estamos firmemente convencidos de que debe crearse un nuevo espíritu de cooperación
internacional basado en el principio de la obtención de beneficios comunes, pero también
en las responsabilidades comunes pero diferenciadas de los países en desarrollo y los
países industrializados. Coincidimos en que para ello es también esencial encontrar
soluciones colectivas y pacíficas para los problemas globales que afecten al mundo de
hoy, por lo que se requiere la búsqueda de mecanismos concretos que garanticen la
participación plena, eficaz y en pie de igualdad de los países del Sur en la toma de
decisiones a nivel internacional. En este sentido, el mecanismo internacional de
elaboración de normas y adopción de medidas debe garantizar, por tanto, que los países
del Sur participen en pie de igualdad en las decisiones que los afectan fundamentalmente.
En particular, las instituciones internacionales de gestión económica deben promover una
toma de decisiones de amplia participación, que es indispensable para lograr una
economía política mundial más equitativa. En el contexto de la interdependencia,
subrayamos la necesidad de adoptar medidas expeditas para lograr que los mecanismos
existentes sean más transparentes, inclusivos, participativos, interactivos y de bases
más amplias. De la misma manera, a nivel nacional, también observamos que los esfuerzos
por promover el desarrollo exigen una asociación verdadera, es decir, un enfoque más
inclusivo y participativo que comprenda a todos los directamente interesados, incluidos el
sector privado y las organizaciones no gubernamentales.
II.
Observamos con preocupación que los países del Sur no han podido participar de los
beneficios de la mundialización en pie de igualdad con los países desarrollados y han
quedado excluidos de las oportunidades de ese proceso. Se han intensificado las
asimetrías y los desequilibrios en las relaciones económicas internacionales,
particularmente en lo relativo a la cooperación internacional, ampliando aún más la
desigualdad entre los países en desarrollo y los países industrializados. También nos
preocupa que, en el contexto de la creciente disparidad entre el Norte y el Sur, las
condiciones económicas y sociales de los países menos adelantados se han seguido
deteriorando. Además, las diferencias en materia de ingreso a nivel de país siguen
siendo grandes, la exclusión social y las desigualdades están generalizadas y el número
de personas que viven en la pobreza ha aumentado. Deben adoptarse medidas urgentes para
encarar las necesidades de la gran mayoría de la población, en particular de las mujeres
y los niños, que se ve obligada a vivir en condiciones de extrema pobreza, ya que de lo
contrario la mundialización no aportará soluciones duraderas a los problemas
fundamentales de los países en desarrollo. Para la mayoría de nosotros, la agricultura
continúa siendo el soporte de la economía y la mayoría de nuestros pueblos todavía
vive en zonas rurales; la mundialización los ha pasado por alto, pero deben atenderse sus
necesidades.
12.
Nos preocupan los graves problemas financieros que enfrentan muchos de nuestros países
con el aspecto sistémico de la inestabilidad financiera, los problemas asociados a la
inestabilidad de las corrientes de capital a corto plazo y la ausencia de un mecanismo
apropiado, de regulación y vigilancia de dichas corrientes, así como los fondos de
cobertura, y las entidades financieras fuertemente apalancadas. Esta situación exige una
urgente reforma fundamental de la arquitectura financiera internacional que la haga más
democrática y transparente y más orientada hacia la solución de los problemas del
desarrollo. También requiere el establecimiento de un programa claro, que no se limite a
la mera prevención de las crisis e incluya acciones destinadas a abordar los problemas
interrelacionados de las finanzas, el comercio, la tecnología y el desarrollo a nivel
internacional. El retorno a una aparente normalidad de los mercados de capital después de
la última crisis no debe tentarnos a la complacencia.
13.
Incluso los países en desarrollo con mercados financieros limitados o sin ellos sufren
gravísimas consecuencias por la inestabilidad y el contagio financieros, que se ponen de
manifiesto en los bajos precios de los productos básicos a causa de la disminución de la
demanda de estos productos, la inestabilidad recíproca del mercado financiero y de los
productos básicos y el aplazamiento de las inversiones, lo cual debilita gravemente su
situación económica general y sus posibilidades de desarrollo. Si bien el contagio
financiero no tiene consecuencias sistémicas, en estos países, sus economías se ven
severamente afectadas. Por tanto, exhortamos a las instituciones financieras
multilaterales a que adopten medidas de apoyo apropiadas y oportunas a fin de ayudarlos.
(aprobado)
14.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en su
condición de centro de coordinación de las Naciones Unidas para el trato integrado del
comercio y el desarrollo y otras cuestiones afines de los sectores de las finanzas, la
tecnología, las inversiones y el desarrollo sostenible, debería proseguir el examen de
estas cuestiones y lograr consenso para reformular políticas y opciones con respecto a la
mundialización desde una perspectiva de desarrollo. Reafirmamos enérgicamente nuestro
compromiso con el mandato conferido a la UNCTAD en Bangkok de contribuir al actual proceso
de reforma de las instituciones financieras internacionales.
15.
Reconocemos la necesidad de nuestros países de continuar sus esfuerzos con relación a
las reformas económicas para aumentar el crecimiento económico sostenido y el desarrollo
sostenible. Asimismo, instamos a los países desarrollados a que tengan en cuenta los
posibles efectos negativos sobre los países en desarrollo de sus políticas económicas,
monetarias y fiscales internas, y a que apliquen medidas sensibles a las necesidades e
intereses del Sur.
16.
El mundo nunca ha sido tan interdependiente. La persistencia de la pobreza y la indigencia
endémicas en el Sur constituyen una amenaza en ciernes para la seguridad y la prosperidad
del mundo. En este contexto, felicitamos la iniciativa lanzada en pro de la creación de
un Fondo de Solidaridad Mundial y estimulamos los esfuerzos de los Estados miembros para
su creación. Subrayamos la importancia de este Fondo que propiciará la consecución de
los esfuerzos dirigidos a erradicar la pobreza.
17.
Abogamos por restaurar la confianza en el sistema comercial multilateral, que debe
contribuir al crecimiento económico y al desarrollo de los países del Sur. Insistimos en
la necesidad de que los países desarrollados cumplan inmediata y cabalmente las
disposiciones de trato especial y diferenciado a favor de los bienes y servicios que
exportan los países en desarrollo, y de que se fortalezca el régimen de preferencias
comerciales, que debe además atender las necesidades de los países menos adelantados y
las especificidades de algunos países pequeños en desarrollo, teniendo en cuenta sus
problemas de vulnerabilidad y el riesgo de que resulten marginados en la economía
mundial, instamos a que se otorgue prioridad a la liberalización de aquellos sectores de
los servicios en que los países en desarrollo tienen ventajas comparativas. En este
sentido, la cuestión clave del libre movimiento de las personas naturales debe recibir la
debida consideración.
18.
Observamos con preocupación que la liberalización del comercio internacional no ha
proporcionado beneficios a todos los países en desarrollo. Es preciso recuperar la
confianza en el sistema comercial multilateral mediante la plena participación de los
países en desarrollo, la aplicación plena y fiel de los acuerdos de la Ronda Uruguay en
el espíritu adecuado y una efectiva atención de las preocupaciones de los países en
desarrollo en materia de su aplicación. Recalcamos la universalidad de la Organización
Mundial del Comercio (OMC) mediante la aceleración de un proceso de adhesión sin
condicionalidades políticas. Instamos a todos los miembros de la OMC a que se abstengan
de plantear exigencias excesivas respecto de las solicitudes de los países en desarrollo.
Reconocemos la necesidad de que se realicen consultas entre los países en desarrollo a
fin de promover su participación eficaz en la OMC.
19.
Acogemos con beneplácito el ofrecimiento del Estado de Qatar de ser anfitrión de la
Cuarta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y hacemos
un llamamiento en pro de la participación efectiva en esta conferencia con miras a
alcanzar los objetivos y promover los intereses de los países del Sur.
20.
Subrayamos la urgente necesidad de eliminar los desequilibrios que se observan en los
acuerdos actuales de la OMC, en particular el derecho de los países en desarrollo a
promover sus exportaciones, que se han visto restringidas por el uso indebido de medidas
proteccionistas tales como medidas antidumping y derechos compensatorios, así como las
crestas y la progresividad arancelarias. La liberalización válida y expedita del sector
de los textiles, que constituye un especial interés de los países en desarrollo, es otro
importante problema de acceso a los mercados que debe abordar el sistema comercial
multilateral como cuestión prioritaria. Instamos, además, a que se hagan efectivas las
negociaciones en materia de agricultura, que se establecen en el articulo 20 del Acuerdo
sobre la Agricultura. Respecto de la agricultura, debe perseguirse el objetivo de
incorporar al sector en las normas corrientes de la OMC. También exhortamos a la pronta y
cabal aplicación de la decisión adoptada por la OMC en Marrakech sobre medidas
relacionadas con los posibles efectos negativos del programa de reforma en los países
menos adelantados y los países en desarrollo importadores natos de alimentos. Los
acuerdos deben aplicarse tomando en consideración la necesidad de ampliar el período de
ejecución de algunos de ellos, que plantean problemas para los países en desarrollo. La
revisión del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual
relacionados con el Comercio (ADPIC), conforme a lo dispuesto en sus artículos 27 y 71,
debe lograr que responda a las necesidades de los países del Sur y asegurar a los países
en desarrollo un acceso preferencial a los conocimientos y la tecnología. Nos
esforzaremos por armonizar el Acuerdo sobre los ADPIC con las disposiciones del Convenio
sobre la Diversidad Biológica relativas a la conservación y el uso sostenible de la
biodiversidad.
21.
También encarecemos a los países desarrollados que otorguen cabalmente un trato especial
y diferenciado a los países en desarrollo, fortalezcan el sistema de preferencias y
faciliten el acceso libre y justo a sus mercados de aquellos bienes y servicios de
exportación que sean de especial interés para los países en desarrollo. En este
sentido, instamos a todos los miembros de la OMC a que respondan a la solicitud de la
Unión Europea y el Grupo ACP de que se les conceda una dispensa de las disposiciones del
párrafo 1, del artículo 1 del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio
(GATT). Exhortamos a los socios desarrollados a reconocer además la necesidad de formular
medidas apropiadas para atender las preocupaciones de otros países que cumplen los
requisitos mediante el fortalecimiento del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) Las
futuras negociaciones comerciales multilaterales deben basarse en un programa positivo y
tomar plenamente en consideración las dimensiones de desarrollo del comercio y las
necesidades e intereses específicos de los países en desarrollo. Hacemos un llamamiento
a todos los países que apoyen el mandato de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo (UNCTAD) de ayudar a los países en desarrollo en las negociaciones
comerciales multilaterales mediante el aporte de suficientes recursos. Si bien reconocemos
el valor de la protección ambiental, las normas laborales, la protección de la propiedad
intelectual, las innovaciones autóctonas, la comunidad local, la gestión macroeconómica
acertada, y la promoción y protección de todos los derechos humanos y las libertadas
fundamentales, incluido el derecho al desarrollo, así como el examen de cada una de estas
cuestiones en las organizaciones internacionales competentes, rechazamos todo intento de
utilizarlas como condicionalidades y pretextos para restringir el acceso de los países en
desarrollo a los mercados o a las corrientes de ayuda y tecnología.
22.
Hemos evaluado los resultados del décimo período de sesiones de la Conferencia de la
UNCTAD celebrado recientemente en Bangkok (Tailandia), y solicitamos a todos los países
que apoyen debidamente a esa organización en sus esfuerzos por contribuir a la promoción
de las dimensiones de desarrollo del comercio en el contexto de la mundialización y la
liberalización de la economía mundial.
23.
Creemos, además, que los países miembros del Grupo de los 77 y China deberían coordinar
sus prioridades y negociar estrategias que promuevan de manera eficaz sus intereses
comunes, organizando y dirigiendo esas negociaciones comerciales multilaterales de manera
que tengan en cuenta las necesidades de los países en desarrollo, a fin de que las
políticas comerciales respondan a los objetivos de desarrollo y propicien un mayor acceso
de los países en desarrollo a los mercados.
24.
Observamos con profunda inquietud la constante disminución de la asistencia oficial para
el desarrollo (AOD), que ha repercutido negativamente en las actividades de desarrollo de
los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados. Por ello,
exhortamos a los países desarrollados, que aún no lo hayan hecho, a que adopten de
inmediato medidas para cumplir el compromiso de dedicar el 0,7% de su producto interno
bruto a la AOD, y, dentro de ese objetivo, asignen del 0,15 % al 0,20% a los países menos
adelantados. También instamos a que la ayuda oficial respete las prioridades de
desarrollo nacionales de los países en desarrollo, y a que cese la imposición de
condiciones a esa ayuda.
25.
Apoyamos la celebración de una conferencia de alto nivel de las Naciones Unidas sobre
financiación del desarrollo en el año 2001 que deberá abordar problemas nacionales,
internacionales y sistémicos relativos a la financiación del desarrollo de manera
integral. Exhortamos a todos los países y partes interesadas, en particular al Banco
Mundial, el FMI y la OMC, a asignar la máxima urgencia e importancia a esa reunión y a
participar activamente en los preparativos y en la propia conferencia. Acogemos también
con beneplácito el ofrecimiento de Indonesia y Colombia de celebrar reuniones regionales
intergubernamentales en sus respectivas regiones, a fin de impulsar el proceso
preparatorio de la reunión. En este sentido, invitamos a los Estados miembros del Grupo
de los 77 y China a que examinen el ofrecimiento relativo a la organización de la
conferencia.
26.
Observamos con preocupación la persistencia del problema de la deuda externa y sus
desafortunadas consecuencias para los países del Sur, donde el círculo vicioso de la
deuda y el subdesarrollo se ha arraigado aún más. Nos alarma que el servicio de la deuda
haya crecido a un ritmo mucho mayor que la propia deuda, y que la carga de los pagos de la
deuda se hayan hecho más onerosos en muchos países del Sur, incluidos países de
ingresos bajos y medianos. Por tanto, recalcamos la necesidad de buscar colectivamente una
solución duradera al problema de la deuda externa de los países en desarrollo, incluidos
los países de medianos ingresos, que aborde también las causas estructurales del
endeudamiento. Asimismo, exhortamos a que se concierten acuerdos de reducción de la deuda
de los países en desarrollo de medianos ingresos a fin de agilizar la liberación de
recursos para el desarrollo.
27.
Acogemos con satisfacción la Iniciativa ampliada en favor de los países pobres muy
endeudados, pero consideramos que se debe ampliar, agilizar y flexibilizar más, y que se
deben aportar recursos nuevos y complementarios. El alivio del endeudamiento o su
cancelación no deben tener lugar a expensas de la asistencia oficial para el desarrollo.
Propugnamos la búsqueda de fórmulas de renegociación aplicables a los países de
medianos ingresos, y promovemos el diseño de una estrategia global en materia de deuda
externa que aborde los problemas interrelacionados de las finanzas, la economía y el
desarrollo.
28.
Observamos con profunda preocupación que la carga de la deuda ha colocado a los países
menos adelantados en una posición más vulnerable, e instamos a los países desarrollados
a que cancelen la deuda de esos países para liberarlos de dicha carga a fin de que puedan
fortalecer su capacidad de desarrollo y escapar del círculo vicioso de la pobreza.
29.
Observamos con alarma las recientes medidas unilaterales de algunos países desarrollados,
destinadas a poner en tela de juicio el uso de la política fiscal como instrumento de
desarrollo e imponer su propia definición de la denominada competencia tributaria
dañina. Reiteramos que todo Estado tiene el derecho fundamental de determinar su propia
política fiscal y, en este sentido, debe respetarse la soberanía de los Estados.
Consideramos que la lucha legítima contra el blanqueo de dinero no debe emplearse como
pretexto para desacreditar a centros financieros extraterritoriales legítimos en virtud
de sus políticas tributarias y de incentivos.
30.
La contribución de las empresas transnacionales al crecimiento económico sostenido y el
desarrollo sostenible está determinada por sus estrategias globales, cuya característica
es la búsqueda del aumento de la competitividad y de ganancias cada vez mayores. Tal
situación no se corresponde necesariamente con la creación de empleos ni con la
consecución de los objetivos de desarrollo en muchos países en desarrollo. De ahí que
invitemos a las instituciones internacionales pertinentes a que aborden este dilema con
miras a alcanzar el justo equilibrio entre ambos objetivos. En este contexto, pedimos a la
UNCTAD y a la OIT, que, en el marco de sus respectivos mandatos estudien la tendencia a la
fusión de empresas transnacionales, así como su repercusión en el desempleo, y en las
empresas pequeñas y medianas de los países en desarrollo desde el punto de vista de la
competitividad. También hacemos un llamamiento a las empresas transnacionales para que
incorporen en sus estrategias comerciales los objetivos de desarrollo de los países en
desarrollo donde tengan sedes.
31.
Reconocemos que en el Sur hay un grupo de países clasificados como países menos
adelantados que están en especial desventaja en la presente etapa de mundialización y
liberalización. A pesar de los intentos por ayudarlos, esos países siguen estando
marginados en la economía mundial, Exhortamos e la comunidad internacional a que adopte
iniciativas especiales en relación con esos países, sobre todo en lo que respecta a la
erradicación de la pobreza, la aplicación equitativa de los acuerdos de la OMC, el libre
acceso a sus exportaciones en los mercados mundiales, la cancelación de la deuda, el
aumento de la AOD e incentivos a las corrientes de inversiones extranjeras directas hacia
los países menos adelantados.
32.
Reiteramos nuestro apoyo a la iniciativa del Grupo de los 77 sobre la resolución titulada
Prevención de las prácticas corruptas, incluida la transferencia ilícita de
fondos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su quincuagésimo
cuarto periodo desesiones. Apoyamos las demandas contenidas en dicha resolución sobre la
necesidad de impulsar la cooperación a diferentes niveles, incluso por conducto del
sistema de las Naciones Unidas, a fin de hallar medios que permitan evitar y combatir la
transferencia ilícita de fondos y repatriar a sus países de origen fondos transferidos
ilícitamente. Respaldamos asimismo la decisión adoptada por los líderes africanos y
europeos, al concluir su reciente Conferencia Cumbre, celebrada en El Cairo, en el sentido
de tomar las medidas necesarias para luchar contra la corrupción a nivel nacional e
internacional y garantizar que el dinero adquirido y transferido ilícitamente que se
encuentre depositado en bancos extranjeros sea objeto de investigación y devolución a
los países de origen. Exhortamos a todos los países y entidades interesados a que
presten su cooperación en este sentido. Instamos también a las Naciones Unidas a que
inicien los trabajos preparatorios de la elaboración de una convención sobre esta
materia que se someta a la aprobación de la Asamblea del Milenio.
33.
Reconocemos los problemas especiales de las economías pequeñas y vulnerables e instamos
a las instituciones internacionales competentes a tomar en consideración las diferencias
en cuanto a nivel de desarrollo y tamaño de las economías de los países en desarrollo,
a fin de crear oportunidades para la plena participación de las economías pequeñas y
aumentar sus niveles de desarrollo. Insistimos en que debe aceptarse que el trato especial
y diferenciado para todos los países en desarrollo, incluidas las economías pequeñas y
vulnerables constituye un principio fundamental del sistema comercial multilateral.
34.
Hemos reconocido las dificultades que enfrentan los países en desarrollo sin litoral
debido a sus circunstancias geográficas desfavorables, así como las preocupaciones de
los países en desarrollo de tránsito. Los países en desarrollo sin litoral se ven cada
vez más marginados en la economía mundial pese a los esfuerzos que realizan para aplicar
estrategias nacionales favorables. Ello está provocando un mayor deterioro de sus
economías y de sus ya bajos niveles de vida. Exhortamos a los donantes bilaterales y
multilaterales a que otorguen un trato preferencial a los países en desarrollo sin
litoral y de tránsito.
35.
Nos sentimos preocupados por los problemas especiales y las vulnerabilidades de los
pequeños Estados insulares en desarrollo, en particular su falta de acceso a los mercados
y la ausencia de un trato especial y diferenciado, lo que sigue creando obstáculos para
su eficaz participación en la acelerada mundialización de la economía. Expresamos
nuestra preocupación porque, pese a los ingentes esfuerzos que han realizado estos
países a nivel nacional, no se ha proporcionado un apoyo equivalente a nivel
internacional. Reiteramos nuestro llamado a fortalecer las actividades internacionales de
aplicación y seguimiento del Programa de Acción de Barbados. Subrayamos la necesidad
urgente de elevar al máximo el apoyo internacional mediante, entre otras cosas, el
fortalecimiento de los arreglos institucionales vigentes, la movilización de recursos
externos nuevos y adicionales y el mejoramiento de los mecanismos de coordinación a fin
de concentrar y armonizar el apoyo a las prioridades de los pequeños Estados insulares en
desarrollo. Observamos la incidencia periódica de los desastres naturales y sus
perniciosos efectos sobre el desarrollo de las economías pequeñas y vulnerables, y
recabamos una mayor asistencia internacional para la creación y el fortalecimiento de
mecanismos nacionales, subregionales, regionales e internacionales de prevención de los
desastres, preparación para casos de desastres y mitigación de sus efectos, incluidos
sistemas de alerta temprana, tomando en consideración, en particular el trabajo realizado
durante el Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales.
36.
Expresamos nuestra honda preocupación por las inundaciones sin precedentes ocurridas en
África meridional y en particular en Mozambique, que han ocasionado pérdidas de vidas,
una inmensa destrucción de las infraestructuras y deterioro de la situación
socioeconómica, así como el desenterramiento y la dispersión de minas terrestres. El
creciente desastre humanitario es otra fuente de preocupación. Encomiamos los esfuerzos
realizados por la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo (SADC) para mitigar
las consecuencias devastadoras de las inundaciones y expresamos nuestro agradecimiento a
la comunidad internacional por el apoyo, la solidaridad y la asistencia humanitaria que ha
brindado a Mozambique. Instamos a todos los países a que participen en la Conferencia
Internacional de Donantes, que se celebrará en Roma los días 3 y 4 de mayo de 2000, con
el fin de movilizar recursos financieros para la reconstrucción de las infraestructuras
socioeconómicas y la rehabilitación de las víctimas de Mozambique. Instamos también a
los países desarrollados a que cancelen la deuda externa de Mozambique, a la luz de su
crítica situación socioeconómica. Encarecemos además a la comunidad internacional que
aumente su asistencia a los programas de remoción de minas, tomando en consideración las
consecuencias de largo alcance de las inundaciones. (aprobado)
37.
Estamos profundamente alarmados por la persistente situación económica crítica de
África, agravada, entre otras cosas, por la onerosa carga de la deuda, los bajos niveles
de ahorros e inversiones, la reducción de los precios de los productos básicos, la
disminución de los niveles de la asistencia oficial para el desarrollo y los niveles
insuficientes de inversiones extranjeras directas. En particular, observamos con
desaliento que la pobreza en África ha alcanzado ya niveles intolerables que repercuten
de forma negativa en la estabilidad de la mayoría de los países y renglones del
continente. Para cumplir las metas internacionalmente convenidas de reducción de la
pobreza en el 50% para el año 2015, las economías de África deben crecer a un ritmo del
7% por año. Para ello, es preciso revertir las tendencias actuales comenzando por la
cancelación de las deudas bilaterales y multilaterales y el aumento sustancial de las
corrientes financieras, incluida la ayuda oficial para el desarrollo. Ello permitiría a
los países africanos reiniciar las tan necesarias inversiones en infraestructura humana y
física, un requisito indispensable para que el continente retome el camino del
crecimiento y el desarrollo. En este contexto, acogemos con beneplácito las iniciativas
de algunos países desarrollados de cancelar la deuda de los países menos adelantados
así como la Declaración y el Plan de Acción emanados de la Primera Cumbre
África-Europa, celebrada en El Cairo los días 3 y 4 de abril de 2000, en la que se
examinaron medios y arbitrios para incrementar la integración de Africa en la economía
mundial mediante la elaboración de una solución integral de su problema de la deuda: la
mejora de sus capacidades productivas y financieras; la eliminación de los obstáculos
que le impiden el acceso a los mercados y de los relacionados con la oferta que estorban
la llegada de sus exportaciones a los mercados internacionales: y el apoyo a sus esfuerzos
por captar una mayor porción de las inversiones mundiales. Por tanto, instamos a la
pronta aplicación de medidas que apoyen los esfuerzos de los países africanos en pro del
desarrollo.
38.
Estamos profundamente preocupados por la propagación del VIH/SIDA y de otras enfermedades
parasitarias en los países en desarrollo en general y en el África subsahariana en
particular. Este flagelo amenaza con socavar los grandes avances que lograron los países
en desarrollo en las esferas social y económica durante el último decenio. Instamos a la
comunidad internacional a que adopte medidas concretas para mitigar los desastrosos
efectos del VIH/SIDA. Se necesita una asistencia urgente, sobre todo para redoblar las
campañas de información y toma de conciencia con miras a que el público en general
conozca bien las causas de la enfermedad y las medidas preventivas.
Pedimos el apoyo de la
comunidad internacional para ayudar a enfrentar los retos que el VIH/SIDA plantea en
particular, como la falta de acceso adecuado a la atención y tratamiento de esa
enfermedad, la tuberculosis y la epidemia del paludismo. Deben aplicarse con mayor
urgencia políticas destinadas a lograr la igualdad entre los sexos a fin de ayudar a
luchar contra una de las causas fundamentales de la propagación de la enfermedad.
Asimismo, hacemos un llamamiento a la cooperación internacional, incluida la cooperación
Sur-Sur, y al establecimiento de mecanismos multidisciplinarios a nivel regional y
subregional para enfrentar esos retos.
39.
Instamos a que se diseñen políticas de promoción de las inversiones que estén en
consonancia con las prioridades nacionales de desarrollo, incluidos el fomento de la
capacidad, la transferencia de tecnología, la infraestructura, la ampliación de las
instalaciones de producción, la generación de empleos y la diversificación de las
exportaciones y los mercados. La comunidad internacional debería apoyar el esfuerzo de
los países en desarrollo por definir estrategias de inversión extranjera directa que
permitan crear un entorno favorable para las inversiones.
40.
Estamos convencidos de que la cooperación Sur-Sur es un instrumento eficaz para optimizar
nuestro potencial y promover el desarrollo mediante, entre otras cosas, la movilización y
distribución de los recursos y los conocimientos especializados con que cuentan nuestros
países, así como para complementar los programas de cooperación con los países
donantes. Por tanto, nos comprometemos a superar cualesquiera dificultades que hayan
limitado esta cooperación. Creemos que constituye una necesidad imperiosa en el contexto
de la mundialización y que, por consiguiente, es indispensable asumirla con
determinación y voluntad política. Creemos, asimismo, que la cooperación Sur-Sur es un
mecanismo esencial para promover el crecimiento económico sostenido y el desarrollo
sostenible, y que constituye un elemento vital para fomentar relaciones Sur-Sur
constructivas en el empeño de alcanzar la autosuficiencia. Teniendo en cuenta lo
anterior, reiteramos que estamos decididos a adoptar las medidas necesarias, incluida la
determinación de recursos, y a diseñar mecanismos de seguimiento apropiados que permitan
aprovechar plenamente las posibilidades de dicha cooperación.
41.
En este sentido, saludamos y apoyamos las iniciativas tomadas recientemente por nuestros
países para promover la cooperación entre África y América Latina y el Caribe, así
como entre África y Asia, que figuran en acuerdos de cooperación y tienen por objeto
enfrentar los problemas de la desertificación, la sequía y la degradación de la tierra
mediante actividades conjuntas para aplicar la Convención de las Naciones Unidas de Lucha
contra La Desertificación, particularmente en África. Reafirmamos que es preciso aplicar
plenamente todas las disposiciones de la Convención y exhortamos a los países
desarrollados y la comunidad internacional a que cumplan sus compromisos financieros al
respecto. Asimismo, apoyamos las decisiones aprobadas por la Conferencia Ministerial
Africana sobre el Medio Ambiente, celebrada en Abuja (Nigeria), del 4 a 6 de abril de
2000, y acogemos con beneplácito el reciente establecimiento en Túnez del Observatorio
del Sáhara y el Sahel.
42.
Reconocemos que la cooperación y la integración regionales constituyen el enfoque más
acertado para que el Sur enfrente los desafíos de la mundialización y aproveche
cabalmente sus oportunidades. También encomiamos y apoyamos la labor de las agrupaciones
regionales y subregionales que se han establecido entre países en desarrollo para
promover el desarrollo socioeconómico sostenible de sus respectivos Estados miembros
mediante la integración regional y la armonización de sus políticas económicas y
sociales. Asimismo, celebramos y alentamos el establecimiento de estructuras regionales y
subregionales apropiadas en los países en desarrollo con objeto de eliminar las barreras
que estorban el libre movimiento de los bienes, los servicios y el capital.
43.
Observamos que sigue aumentando la disparidad entre el Norte y el Sur en materia de
ciencia y tecnología, y que el proceso de rápida acumulación de conocimientos y
tecnologías no ha llegado a los cientos de millones de personas que siguen viviendo en la
pobreza absoluta. Es indispensable tomar medidas adecuadas para superar la desigualdad
tecnológica entre los países en desarrollo y los países industrializados y tratar de
que se establezcan arreglos que faciliten los procesos de transferencia de tecnologías.
Nos comprometemos a promover el desarrollo científico y tecnológico fortaleciendo
nuestra voluntad política, incrementando la asignación de recursos con ese objetivo,
creando un marco institucional adecuado y promoviendo la tecnología y la innovación
mediante una educación avanzada de calidad. Simultáneamente, instamos a los países
desarrollados a que faciliten la transferencia de tecnología aligerando los costos y las
condiciones colaterales que actualmente la obstaculizan.
44.
Creemos que las modalidades de producción y consumo de los países industrializados son
insostenibles y deberían modificarse porque amenazan la supervivencia misma del planeta.
Creemos firmemente que se deberían realizar evaluaciones sistemáticas de las
consecuencias económicas, sociales y ambientales de las innovaciones tecnológicas con la
participación de todos los sectores sociales interesados, incluidos la comunidad
empresarial, los gobiernos, la comunidad científica y otros grupos que no han sido
tradicionalmente partes en este proceso. Instamos a los países desarrollados a que
cumplan su compromiso de suministrar a los países en desarrollo recursos financieros y
tecnologías ecológicamente racionales sobre bases preferenciales.
45.
Abogamos por la solución de los graves problemas ambientales mundiales, regionales y
locales que enfrenta la humanidad, sobre la base del reconocimiento de la deuda ecológica
del Norte y del principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas de los
países desarrollados y los países en desarrollo.
46.
Reconocemos que la tecnología de la información constituye uno de los pilares de la
revolución tecnológica y un instrumento de desarrollo muy pujante de nuestra época.
Debemos aprovechar plenamente esta oportunidad única de utilizar la tecnología de la
información en pro del desarrollo y asegurar que sus beneficios lleguen a nuestros
pueblos, puesto que el futuro de los países del Sur depende de la inclusión de esa
tecnología en sus programas de desarrollo económico y social. En este contexto,
subrayamos la necesidad de crear Asociaciones Mundiales del Saber que alienten a los
países desarrollados a suministrar a los países en desarrollo la ayuda necesaria a ese
efecto.
47.
Si bien consideramos que se debe ampliar urgentemente nuestro acceso a las redes mundiales
de información y aumentar los beneficios que de ellas se derivan, hacemos hincapié en la
necesidad de preservar nuestra diversidad nacional y regional en materia de tradiciones,
identidades y culturas, que podría verse afectada por el proceso de mundialización, así
como de establecer vínculos con la información y los conocimientos internacionales
contemporáneos de una manera que no entrañe el sacrificio de nuestras culturas e
identidades nacionales y regionales. Por consiguiente, es necesario prestar especial
atención a las tendencias uniformadoras que puedan atentar contra esa diversidad. En este
contexto, acogemos con beneplácito la proclamación por la Asamblea General de las
Naciones Unidas del año 2001 Año del Diálogo entre las Civilizaciones, y destacamos la
importancia de esta iniciativa para mejorar la comprensión de las diversas culturas y
promover la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur en el contexto de la mundialización.
48.
Rechazamos firmemente la imposición de leyes y reglamentos de efectos extraterritoriales
y de cualquier otro tipo de medida económica coercitiva contra países en desarrollo,
incluidas las sanciones unilaterales, y reiteramos la urgente necesidad de eliminarlos
inmediatamente. Insistimos en que tales acciones no sólo atentan contra los principios
consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, sino que
también constituyen una grave amenaza al libre comercio y a la inversión. Por tanto,
instamos a la comunidad internacional a no reconocer ni aplicar dichas medidas,
49.
Estamos dedicados a promover la democracia y fortalecer el imperio del derecho.
Fomentaremos el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales
universalmente reconocidos, incluido el derecho al desarrollo. Nos comprometemos a
realizar la gestión de los asuntos públicos transparente, eficaz, responsable y
receptiva ante las necesidades de nuestros pueblos que se requiere para el crecimiento
económico, la paz y la prosperidad. Ratificamos que todo Estado tiene el derecho
inalienable de escoger su propio sistema político económico, social y cultural, sin
injerencia de ningún tipo de otros Estados.
50.
Expresamos nuestra profunda preocupación por la repercusión de las sanciones económicas
en la capacidad de desarrollo de los países contra los que van dirigidas y, en este
contexto, tomando nota de que Libia ha cumplido ya todas sus obligaciones derivadas de las
resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad, instamos a ese órgano a que apruebe
una resolución por la que levante totalmente las sanciones contra Libia. También pedimos
que se levanten de inmediato todas las sanciones unilaterales impuestas contra Libia fuera
del sistema de las Naciones Unidas.
51.
Afirmamos que la terminación de la ocupación israelí y el logro de una paz amplia,
justa y duradera en el Oriente Medio es un requisito previo del desarrollo económico y
social de la región. Reafirmamos nuestro apoyo al proceso de paz en el Oriente Medio
sobre la base de las resoluciones del Consejo de Seguridad 242 (1967), 338 (1973) y 425
(1978), así como al principio de territorio por paz. La
paz exige la retirada total de Israel del territorio palestino ocupado, incluida
Jerusalén, y el logro de un acuerdo final en la fecha prevista, septiembre de 2000, así
como el establecimiento del Estado de Palestina con Jerusalén como su capital. También
exige la retirada total de Israel del Golán sirio ocupado y la demarcación de la línea
del 4 de junio de 1967, al igual que su retirada incondicional del Líbano meridional y de
la Bekaa occidental a las fronteras internacionalmente reconocidas. Afirmamos que las
medidas adoptadas por Israel para cambiar el estatuto jurídico y la composición
demográfica de Jerusalén son nulas y carecen de validez.
52.
Instamos a todos los Estados en las zonas de conflicto a que se abstengan de realizar
ataques contra las infraestructuras civiles, y a que consideren los ataques contra tales
objetivos contrarios al derecho internacional y perjudiciales para el logro del desarrollo
económico y social nacional y para el comercio internacional.
53.
También expresamos nuestra honda preocupación por el ataque aéreo contra la fábrica de
productos farmacéuticos de El-Shifa en el Sudán el 20 de agosto de 1998, y por sus
efectos negativos sobre el desarrollo económico y social de ese país. Expresamos nuestro
apoyo y solidaridad al Sudán en su demanda de que las Naciones Unidas consideren de
manera justa la cuestión con arreglo al derecho internacional.
54.
Insistimos en la necesidad de mantener una clara diferenciación entre la asistencia
humanitaria y otras actividades de las Naciones Unidas. Rechazamos el llamado
derecho a la intervención humanitaria, que carece de fundamento jurídico
tanto en la Carta de las Naciones Unidas como en los principios generales del derecho
internacional. En este contexto, pedimos al presidente del Grupo de los 77 que, junto con
la presidencia del Movimiento de los Países No Alineados, coordine, por conducto del
Comité Conjunto Coordinador, el examen del concepto de intervención humanitaria y otros
asuntos conexos contenidos en la Memoria del Secretario General de Las Naciones Unidas
sobre la labor de la Organización correspondiente a 1999. Insistimos también en la
necesidad de que se respeten escrupulosamente los principios rectores de la asistencia
humanitaria, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución
46/182, y hacemos hincapié en que estos principios mantienen su validez, se han
confirmado con el tiempo y deben seguirse aplicando plenamente. Además, recalcamos que la
asistencia humanitaria debería prestarse respetando plenamente le soberanía, la
integridad territorial y la independencia política de los países receptores, y sólo
cuando esos Estados lo solicitaran o con su aprobación.
55.
Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que proporcione la necesaria
asistencia a las operaciones de remoción de minas, así como a la rehabilitación de las
víctimas y a su integración económica y social en los países afectados por las minas
terrestres. Expresamos nuestra preocupación por los remanentes de la segunda guerra
mundial, particularmente en forma de minas terrestres, que provocan daños humanos y
materiales y obstruyen los planes de desarrollo en algunos países en desarrollo. Exigimos
a los Estados responsables de colocar minas fuera de sus territorios, que asuman la
responsabilidad por las minas terrestres, cooperen con los países afectados en su
eliminación, contribuyan a sufragar los costos de la remoción y proporcionen
indemnización por las pérdidas que se produzcan y por la recuperación de las zonas
afectadas para dedicarlas a fines productivos.
56.
También expresamos consternación por el creciente número de niños involucrados en
conflictos armados y que sufren sus efectos.
Exhortamos a la comunidad
internacional a que adopte medidas concertadas para prevenir y detener la utilización de
niños en los conflictos armados, y a que ayude a la rehabilitación de los niños
afectados, habida cuenta de que son la generación futura y pueden hacer una importante
contribución al desarrollo.
57.
Observamos con honda preocupación el aumento de las actividades delictivas de todo tipo,
incluido el tráfico ilícito de armas, drogas, y otros productos, que se utilizan para
fomentar y financiar la delincuencia organizada y delitos transnacionales de todo género,
los cuales continúan siendo un importante factor de inestabilidad y una amenaza para el
desarrollo. En este contexto, también es motivo de profunda preocupación la trata de
mujeres y niños, que no sólo es un crimen de lesa humanidad, sino además una violación
del derecho internacional. Instemos a todos los países a sumarse a los esfuerzos
multilaterales de la comunidad internacional destinados a elaborar mecanismos que
fortalezcan la cooperación en materia de prevención y eliminación de dichas
actividades, de modo que podamos garantizar la estabilidad y prosperidad de todas las
economías y sociedades.
58.
Apreciamos la importancia de la Cumbre del Milenio y reafirmamos la necesidad de que el
Grupo de los 77 y China y el Movimiento de los Países No Alineados coordinen debidamente
sus posiciones. En este sentido, suscribimos la propuesta del Comité Conjunto Coordinador
de que en el tema general del debate interactivo celebrado en la Cumbre del Sur sobre el
papel de las Naciones Unidas en el siglo XXI, se incluyan dos subtemas, a saber,
Paz, seguridad y desarme y Desarrollo y erradicación de la
pobreza, y hacemos hincapié en la necesidad de que los países en desarrollo
coordinen sus posiciones para asegurar que sus intereses y criterios en relación con
todos los aspectos de los dos subtemas queden plenamente reflejados en los resultados de
la Cumbre.
59.
Acogemos con beneplácito la decisión de convocar en el año 2000 un período
extraordinario de sesiones de la Asamblea General para examinar la aplicación del
Programa de Acción de la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, y expresamos nuestro
compromiso de participar cabalmente en el proceso preparatorio del período extraordinario
de sesiones con el fin de mejorar la vida de los niños en nuestros países. Nos preocupan
los nocivos efectos que tienen para los niños la marginación económica y social de los
países en desarrollo, en particular, de las naciones más pobres.
60.
En este contexto, expresamos nuestra profunda preocupación por el insuficiente nivel de
los recursos para el desarrollo con que cuentan las Naciones Unidas, lo que les resta
capacidad para cumplir sus principales objetivos económicos y sociales en consonancia con
las necesidades y aspiraciones de los países en desarrollo. Observamos con inquietud el
creciente deterioro del papel y el aporte de las Naciones Unidas en cuanto a promover una
genuina cooperación internacional para el desarrollo. En este sentido, reiteramos que
corresponde a las Naciones Unidas desempeñar un papel central en las cuestiones
económicas mundiales impartiendo un impulso vital al desarrollo del Sur y transformando
las relaciones económicas internacionales de manera que sean más justas y equitativas, y
expresamos nuestro total apoyo a la Organización y nuestra decisión de trabajar con
miras a su fortalecimiento.
61.
Estimamos que para alcanzar la meta de la paz y la prosperidad universales, deberemos
promover una cooperación internacional justa y equitativa en la que se asigne una elevada
prioridad al desarrollo integrado y general, empeño que solo podrá lograrse mediante una
labor conjunta, entre nosotros y con los países desarrollados. Podemos hacernos escuchar
si actuamos con una sola voz y con el coraje, la perseverancia, la audacia y la voluntad
política necesarias para lograr las transformaciones urgentes y fundamentales del sistema
económico internacional a las que todos aspiramos.
62.
Al aprobar esta Declaración, reconocemos la necesidad de ejecutar, con arreglo a un
calendario determinado, un programa de soluciones prácticas orientado a la acción. Para
que nos sirva de guía en este proceso, hemos adoptado el Programa de Acción de La
Habana. Se solicita al Presidente del Grupo de los 77 que transmita la presente
Declaración y el Programa de Acción al Presidente de la Asamblea General, a fin de que
se distribuyan como documentos oficiales de la Cumbre del Milenio y de la Asamblea del
Milenio.