Del fantasma de Seattle al espíritu de Bangkok
Edición Nº 58.

Enero - Abril 2000.

Integración latinoamericana: ¿respuesta a una globalización unidimensional?
Otto Boye Soto
Secretario Permanente del SELA

 

Hablo hoy por primera vez en un foro internacional como Secretario Permanente del SELA. Como todos saben, es el único organismo internacional exclusivamente latinoamericano y caribeño, lo que lo identifica entre todos los demás y ha servido como guía para su acción durante los veinticinco años que han transcurrido desde su creación.

 

Fiel a esa tradición, cuando se me pidió escoger un tema no vacilé en señalar a la Integración Latinoamericana ligada a la interrogante de si acaso constituye una respuesta frente a una globalización unidimensional. Porque, como todos sabemos, América Latina y el Caribe enfrenta, como todas las grandes áreas del planeta, el reto de la globalización y se encuentra ante dilemas que deberán resolverse en un futuro próximo y requieren diagnósticos y acciones que no admiten demoras.

 

Parece existir consenso hoy en que el fenómeno de la globalización es, principalmente, resultado directo del progreso científico y tecnológico alcanzado por la humanidad. Pero sabemos que tiene además implicaciones económicas, sociales y políticas que han venido afectando progresivamente sectores cada vez más amplios de la economía y la sociedad e incluso de la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Por ello es también un fenómeno que ha derribado fronteras, muros y otros obstáculos y que, en la medida de su avance, tiende a relativizar cada vez más los espacios físicos y espirituales que separan a los seres humanos. Pero es también un hecho ambiguo que, como todo en la vida, puede servir para el bien y para el mal según sea el uso que se le dé.

 

En este contexto, pienso que hoy también empieza a producirse un cierto consenso para considerar la globalización unidimensional como el hecho negativo central que debemos enfrentar. Una humanidad aplanada por un monstruo uniformador es algo temible y digno de rechazo. Pero es un peligro existente y actual.

 

Se manifiesta en la similitud de la reglas por las que deben regirse los diferentes estados y agentes económicos si no quieren quedar marginados o incluso ser sancionados; en la manera de actuar de los agentes económicos, con los peligros consiguientes de lo que ha sido bautizado como “actitud de rebaño”; y en el empobrecimiento de la diversidad de las mani-festaciones culturales. Está presente también en la concentración de los centros de decisión tanto públicos como privados para la elaboración o generalización de procedimientos por lo que deben regirse sectores cada vez mas amplios de la población mundial.

 

Junto a la globalización se ha reforzado también, en los últimos años, el fenómeno de la regionalización. El mejor ejemplo al respecto es la consolidación y eventual expansión de la Unión Europea. Pero en todas las latitudes -Asia, Africa, América Latina y el Caribe, Europa Oriental- encontramos movimientos regionales dinámicos y vigorosos, particularmente en el área económica. De hecho, casi todos los miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que como organismo multilateral es casi un ente emblemático de la globalización, pertenecen a uno o más acuerdos regionales.

 

En nuestra región la integración ha sido especialmente dinámica durante los últimos años. A los acuerdos tradicionales, que fueron pioneros de la integración entre países en desarrollo, como la Integración Centroamericana, la ALADI, la Comunidad Andina y CARICOM, se ha sumado el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), que no sólo es el de mayor dimensión en nuestra región, sino que ha resultado uno de los más dinámicos y exitosos. Además, se ha añadido una multiplicidad de acuerdos regionales, trilaterales y bilaterales que muestran una clara voluntad política de acercamiento, pero que también han formado una compleja red que necesita de orden y sentido de dirección. Esto último es lo que se ha llamado desde hace varios años la necesidad de articulación y convergencia de dichos esfuerzos.

 

Por vocación y origen el SELA es promotor de la integración latinoamericana. Pienso que hoy, más que nunca, este planteamiento tiene total vigencia. A las razones que hemos dado siempre para favorecerla, se agrega en la actualidad una que le confiere urgencia: la integración es un camino para salirle al paso a la globalización unidimensional.

 

El SELA ha venido actuando en este sentido e intentará en el tiempo que viene hacer un aporte adicional en la dirección señalada. Vamos a estudiar e intentar hacer propuestas para fortalecer los vínculos entre los diferentes esfuerzos de integración subregional y a promover el mejoramiento de las instituciones de la integración regional. En particular, nos empeñaremos en encontrar modalidades para que esos nuestros esfuerzos de integración permitan una inserción en la economía internacional que no empobrezca nuestras capacidades productivas y nos permitan participar en el progreso científico y tecnológico, no solo como consumidores sino también como creadores. La realidad nos indica este camino. Nos parece un paso indispensable para avanzar en el objetivo mayor de lograr el desarrollo y la equidad.

 

Hemos hablado mucho de integración, pero los resultados son todavía insatisfactorios. Se han resuelto problemas y se han hecho realidad iniciativas que era necesario emprender. Durante la década de los noventa la integración recuperó el dinamismo que había perdido durante la década anterior. Pero todavía estamos enfrascados en disputas que parecen anacrónicas. Mientras se discuten los llamados temas de última generación a lo largo del mundo, seguimos enfrentados por los viejos temas de las preferencias y niveles arancelarios.

 

Aceptando que es un hecho la globalización científica y tecnológica, y que sus efectos tarde o temprano llegan hasta el último rincón del planeta, tenemos todavía un pequeño margen de maniobra para tratar de insertarnos en el megafenómeno que nos preocupa, con personalidad propia, y hacer así un aporte enriquecedor a todo el conjunto. Esto no constituye un mero ideal. Es una necesidad imperiosa para que todos los habitantes de este vasto territorio no se sientan aplastados y dominados desde fuera de la región.

 

Este margen de maniobra es pequeño con relación a las inmensas fuerzas y a los poderes que ha desatado la globalización, pero es también reducido en el tiempo. Esto es, se presenta con carácter de urgencia. Porque existe un proceso nivelador que se manifiesta en reglas y vinculaciones de alcance suprarregional y si no avanzamos a un paso más rápido que ese proceso, si no nos integramos con una mayor profundidad que la que nos impone la inevitable inserción en el proceso de globalización, nuestros esfuerzos propios van a ser anulados, arropados y convertidos en irrelevantes por lo que nos imponga la fuerza de los acontecimientos de nivel suprarregional. Y lo que es peor, no vamos a poder tener voz propia, no vamos a poder participar activamente en el diseño y conformación de tales acontecimientos.

 

Tanto en la integración como en la búsqueda de otras posibles respuestas ante los peligros de la globalización, así como en la canalización de sus beneficios a favor de los intereses y preocupaciones de los pueblos de los países en desarrollo, y en particular de nuestra región, los economistas tienen aquí un gran desafío.

 

Pero no sólo los economistas, sino también los profesionales de todas las ciencias sociales que trabajan para el bien común de nuestras sociedades. Para enfrentar tal desafío se debe entender que las disciplinas que practican son instrumentos al servicio de la persona humana y de todos sus derechos y deberes. Su trabajo es servir a la visión de conjunto que mejor sirva a la totalidad de sus conciudadanos.

 

Esto requiere diálogo y confrontación de ideas. Pues así como en la integración regional aspiramos a un acercamiento en que se potencien y hagan valer sus peculiaridades nuestras afinidades culturales y económicas, en la comprensión de la interrelación de los diversos fenómenos que afectan nuestras realidades nacionales podemos encontrar un contrapeso al proceso uniformador, que se ha vigorizado con la globalización pero no es necesariamente consustancial a ella.

 

La globalización, nacida del progreso científico y tecnológico, se ha manifestado de manera arrolladora en los intercambios económicos y ha penetrado campos importantes del quehacer cotidiano y cultural. Pero en la medida en que las regiones, los pueblos y las diferentes identidades culturales aprendan a manejar ese fenómeno que ahora parece aturdirnos, la riqueza de contenido de la vida humana hará valer sus fueros y la realidad y necesidad de la diversidad se hará más patente y nos permitirá entender y promover las interrelaciones entre los diferentes campos de acción y disciplinas. Así como permitirá un mayor acercamiento entre los pueblos que se sienten mas afines.

 

Estamos en un momento de reflexión total sobre esta temática en una coyuntura que nos señala urgencia. La ola de cambios en cuya cresta nos encontramos es tan veloz y poderosa, que amenaza con arrastrarnos a una actitud de virtual parálisis. Despojarse de la pasividad, unir fuerzas y persistir en esfuerzos que como la integración de América Latina y el Caribe son objetivos y sueños plenamente compartidos y justificados de nuestros pueblos, deben constituir una motivación para instituciones como el SELA y para encuentros como el que actualmente nos reúne.

 

Por eso felicito a esta Conferencia de tan selecta concurrencia y a sus organizadores. Los insto a trabajar para hacer de la globalización una oportunidad mejor para la humanidad, creando los mecanismos necesarios para que ella se constituya en un mejor ambiente para que todos los seres de la tierra puedan vivir en justicia y libertad.

 

 


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