Opciones frente a la crisis
Edición Nº 57.

Septiembre-Diciembre 1999.

Acuerdos comerciales regionales y desempeño macroeconómico
Esteban Pérez Caldentey
Doctor en Ciencias Económicas. Oficial de Asuntos Económicos de la CEPAL.

 

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor, quien agradece los comentarios y apoyo editorial de José García Verdugo.

 

Los acuerdos regionales no son independientes del contexto macroeconómico en el que se desarrollan.  En particular las variaciones en el tipo de cambio real alteran y distorsionan la dirección y la composición de los flujos comerciales. Estos efectos pueden minar los compromisos y la  solidaridad que sustentan los acuerdos comerciales regionales.

 

Los tipos de cambio reales pueden cambiar debido a eventos coyunturales o a factores de carácter estructural o institucional. Estos factores se reflejan, de alguna manera, en la diferencia entre las elasticidades ingreso de las importaciones y de las exportaciones. Algunos países latinoamericanos muestran a lo largo del tiempo elasticidades ingreso de las importaciones mayores a las de las exportaciones.  Esto es un síntoma de desequilibrio que podría alterar los tipos de cambio reales y, por ende, los flujos comerciales de los acuerdos regionales. Por este motivo  los acuerdos regionales deben  incorporar en sus principios cláusulas que minimicen el impacto de este tipo de fluctuaciones.

 

1. Los flujos comerciales intrarregionales

 

Los cuadros 1 a 5 muestran el comercio intrarregional  para algunos bloques regionales seleccionados de  América Latina. El comercio intrarregional se mide en dichos cuadros por el promedio de la participación de las exportaciones intraregionales en las totales para 1990-1998. Los bloques aquí considerados son: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), el Mercado Común Centroamericano (MCCA), la Comunidad Andina y el Grupo de los Tres (G-3).

 

En promedio, a excepción del TLC, el comercio intrarregional como proporción del total es poco significativo. Para el MCCA, el MERCOSUR, la Comunidad Andina y el

 

G-3, el 16%, 34%, 11% y 5% de su comercio total respectivo es intrarregional.  En cambio, para el TLC dicha proporción es de 62%.

 

Al interior de los bloques comerciales se observan dos hechos. Por un lado las relaciones bilaterales carecen también, por lo general, de peso comercial. Por otro lado existen relaciones bilaterales importantes; relaciones comerciales que de alguna manera sustentan y otorgan significado comercial a los acuerdos regionales. Estas relaciones bilaterales existen tanto entre pares de países grandes (Argentina-Brasil), como en  pares de países pequeños (El Salvador-Guatemala) y entre países grandes y pequeños (Brasil-Uruguay o Brasil-Paraguay).

 

 

 

 

 

 

En el caso del MERCOSUR, el 24% de las exportaciones Argentinas tiene como destino Brasil.  Para Paraguay y Uruguay esta proporción es de 34% y 31% respectivamente. En el MCCA, el 15% de las exportaciones Salvadoreñas va a Guatemala y el 11% de las exportaciones guatemaltecas se destina a El Salvador. En el TLC, los Estados Unidos absorben el 81% y 71% de las ventas externas de Canadá y México respectivamente.

 

Estas  relaciones bilaterales,  a la vez que forman de alguna manera el pivote de los acuerdos comerciales regionales, son el fiel reflejo de las asimetrías inherentes a estos acuerdos. Las asimetrías se vuelven patentes cuando el contexto  macroeconómico que generó o mantuvo en el tiempo dichos acuerdos sufre cambios imprevistos. Por ejemplo, repercusiones de una política de carácter restrictivo adoptada por  un socio comercial de poca importancia bilateral debido a un shock externo o a una situación interna dada son escasas. Tal es el caso de los hechos recientes en Ecuador.

 

Por el contrario, los cambios de rumbo en la política económica de países que forman el sustento de un acuerdo comercial pueden tener efectos significativos en los otros socios comerciales. En estos casos las asimetrías dejan de ser el punto de apoyo de los acuerdos regionales para transformarse en el punto focal de su fragilidad.

 

En particular las variaciones en los tipos de cambio reales, fruto de shocks externos o decisiones de política económica, pueden alterar la dirección de los flujos comerciales y la situación externa de los países.  La variación de los tipos de cambio reales pone en evidencia que los acuerdos regionales, a nivel de su política y de sus compromisos comerciales, no son independientes del desempeño macroeconómico.

 

2. Flujos comerciales y tipo de cambio real           

 

Los gráficos 1 a 4 muestran la relación entre tipos de cambio reales bilaterales y el comportamiento de las exportaciones e importaciones en los casos México-Estados Unidos, Brasil-Argentina, Guatemala-El Salvador y Colombia-Venezuela.  En cada uno de estos casos el comportamiento de la balanza comercial responde al movimiento del tipo de cambio real bilateral correspondiente.

 

Para el caso de México y los Estados Unidos, la devaluación del peso mexicano en diciembre de 1994 cambió el signo de la balanza comercial de negativo a positivo para México.  De hecho, a partir del primer trimestre de 1995, la balanza comercial mexicana comenzó a registrar un superávit sistemático (véase cuadro 6). En el caso de Argentina-Brasil, la depreciación en términos reales de la moneda argentina en el cuarto trimestre de 1994 se salda con un aumento de las exportaciones y una disminución de las importaciones.  En el caso de la relación comercial bilateral entre Colombia y Venezuela, la apreciación del tipo de cambio real entre las monedas de ambos países resulta en un aumento de las importaciones que supera a las exportaciones y genera un déficit comercial.  En último lugar, la estabilidad del tipo de cambio real bilateral entre Guatemala y El Salvador se manifiesta en una relación comercial bilateral de relativa estabilidad para ambos países.

 

 

Gráfico 1: Estados Unidos-México

Tipo de cambio real bilateral y exportaciones e importaciones mensuales

1994-1999

 

 

Fuente: Federal Reserve Bank of Dallas (1999); DOTS Yearbook, IMF (1995-1998).

 

Nota: La línea vertical corresponde al primer trimestre del año 1995.

 

 

 

Gráfico 2

 

Argentina-Brasil

 

Tipo de cambio real bilateral y exportaciones e importaciones trimestrales1991-1998

 

 

Fuente: CEPAL (1999); IMF (1999); DOTS, IMF (1995-1998).

 

 

Gráfico 3

 

Guatemala-El Salvador

 

Tipo de cambio real bilateral y exportaciones e importaciones trimestrales 1991-1998

 

Fuente: CEPAL (1999); IMF (1999); DOTS, IMF (1995-1998).

 

 

Gráfico 4

 

Colombia-Venezuela

 

Tipo de cambio y exportaciones e importaciones trimestrales

 

1991 - 1998

 

 

Fuente: CEPAL (1999); IMF (1999); DOTS Yearbook, IMF (1990-1998).

 

3. Los determinantes del tipo de cambio real

 

Los determinantes del tipo de cambio real pueden identificarse partiendo de la definición estándar de esta variable. El tipo de cambio real  (TCR) se define como:

 

(i)         TCR = (eP*)/P

 

donde:

 

e= tipo de cambio nominal

 

P*= nivel de precios externos

 

P = nivel de precios internos

 

Se puede ahondar en los determinantes de tipo de cambio definiendo eP* como el precio de las importaciones de un país determinado i expresado en moneda local y P como el nivel de precios de los bienes comprados  por residentes de un país en términos de la moneda local.  Siguiendo a Davidson (1992), P se define como una media ponderada del precio de los bienes importados y el precio de los bienes producidos internamente (Pbi).  El elemento ponderador es el grado de apertura comercial (h)).

 

(ii)         P = Pbi(1-h) + eP*(h)

 

Sustituyendo la ecuación (ii) en la ecuación (i) se obtiene:

 

(iii)        TCR = eP*/(( Pbi(1-h) + eP*(h))

 

De acuerdo a (iii) el tipo de cambio real depende del precio de las importaciones en moneda local (eP*), de los precios de los bienes internos (Pbi) y del grado de apertura de la economía (h).  Para un nivel de precios externos (P*) y un grado de apertura dado, el TCR puede entonces variar debido a cambios en los precios internos o a cambios en el tipo de cambio nominal.

 

En el caso de los bloques regionales considerados, las variaciones en el tipo de cambio real y, por ende, en la dirección de los flujos comerciales responden, a primera vista, a consideraciones coyunturales. En particular, la relación entre Argentina y Brasil durante los años 90 es especialmente ilustrativa en este contexto. El plan de convertibilidad argentino de principios de los años 90 generó una importante apreciación en el tipo de cambio bilateral real con Brasil que se tradujo en un déficit comercial para Argentina. Como consecuencia, en 1992 las autoridades impusieron medidas antidumping y cláusulas de salvaguardia para una serie de productos importados de Brasil. En 1999 la devaluación del real brasileño llevó a Argentina a tomar, una vez más, medidas comerciales para evitar un desequilibrio externo que pudiera comprometer su política económica interna.

 

El tipo de cambio real puede variar también en función de las características estructurales de las economías o de determinados cambios institucionales.  En particular, bajo situaciones de rigidez en los precios, pueden darse variaciones en el tipo de cambio real inducidas por variaciones en el tipo de cambio nominal, debido a una situación de estrangulamiento externo de las economías.

 

Al interior de un bloque comercial las diferencias existentes entre las elasticidades ingreso de las importaciones y de las exportaciones pueden, de mantenerse en el tiempo, generar situaciones de desequilibrio externo permanente para algunos de sus socios comerciales.  Si un socio comercial tiene una elasticidad ingreso de las importaciones mayor (menor) a la elasticidad ingreso de las exportaciones, su propensión a tener desequilibrios en la balanza de pagos será mayor (menor). Si esta situación es de carácter estructural más que coyuntural o responde a un cambio institucional, la situación de desequilibrio podría, de hecho, ser tendencia crónica de esa economía.

 

4. Relación entre elasticidades de importación y exportación

 

El cuadro 7 muestra la razón de las elasticidades ingreso de las importaciones divididas por las elasticidades ingreso de las exportaciones. Estos coeficientes fueron calculados de manera implícita para 1950-1990 y para 1990-1997. Aunque cabría hacer un análisis más riguroso y detallado para inferir recomendaciones de política económica, estos coeficientes  dan una idea de los posibles desequilibrios externos que pueden responder a causas de carácter estructural o a cambios institucionales.

 

Una razón mayor que uno implica que la elasticidad de las importaciones es superior a la de las exportaciones y que, por consiguiente, podría existir una tendencia hacia el desequilibrio crónico de la  balanza de pagos.  En el período 1954-1990, ocho de los  diecinueve países considerados muestran una elevada propensión al desequilibrio comercial, a excepción de Venezuela.  Este período es muy heterogéneo ya que comprende la época de sustitución de importaciones, el período en el cual dicho modelo entra en crisis y, para algunos países,  los primeros años de reforma económica.

 

El segundo período, 1990-1997, incluye años de reforma y cambio institucional.  El número de países para los cuales la elasticidad ingreso de las importaciones es mayor al de las exportaciones pasa a 10. Ya no sólo los países pequeños tienen coeficientes elevados. De hecho los países grandes (Argentina, Colombia, Venezuela) presentan asimismo elasticidades ingreso de las importaciones superior a las de las exportaciones. No obstante, en promedio, el desequilibrio potencial medido por dicho indicador para los países pequeños con coeficientes superiores a uno es 2.0 mientras que para los países grandes es de 1.7.

 

 

El potencial de los desequilibrios comerciales es visible no sólo para los países pequeños sino también para los países grandes, sobre todo con posterioridad a las reformas económicas de los años 90, lo cual puede ser fuente de inestabilidad en los tipos de cambio reales. Esta a su vez puede alterar la dirección y la composición de los flujos comerciales y poner en peligro la solidaridad y los compromisos que sustentan los acuerdos regionales.  De hecho, el bienestar generado por el mayor flujo de bienes y servicios puede ser más que compensado por la distorsión en los precios relativos como consecuencia de variaciones no deseadas en los tipos de cambio real.

 

De aquí que los acuerdos regionales deban incorporar en sus principios cláusulas que minimicen el impacto de este tipo de fluctuaciones. Es aquí donde cabría, tanto a nivel teórico como empírico, plantear la viabilidad de las uniones monetarias.

 

Bibliografía

 

  • Banco de la Reserva Federal de Dallas. Estadísticas.1999.
  • Davidson, P. International Money and the Real World (New York: St. Martin´s Press, 1992).
  • IMF. Direction of Trade Statistics, 1990-1998. Varios números.
  • CEPAL. The Global Financial Crisis and its Effects on Latin American And Caribbean Economies. LC/MEX/R.728, septiembre, 1999.
  • CEPAL (1999), Estudio Económico de América Latina y el Caribe.

 

 


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