Opciones frente a la crisis
Edición Nº 57.

Septiembre-Diciembre 1999.

La realidad mundial impone
más que nunca la coordinación y
cooperación entre los países del SELA
Carlos J. Moneta
Secretario Permanente saliente del SELA

 

Excelentísimo señor Embajador Otto Boye Soto, Secretario Permanente Electo;

 

Henrique Capriles Radonski, Presidente de la Cámara de Diputados;

 

Señores Embajadores de los Estados Miembros del SELA;

 

Señores Embajadores del Cuerpo Diplomático Acreditado en Venezuela;

 

Señores Representantes de Organismos Internacionales;

 

Autoridades Nacionales;

 

Amigas y Amigos;

 

Ante el próximo inicio de una nueva centuria y de un nuevo milenio las sociedades se tornan más sensibles a la reflexión y al análisis.  Durante las últimas décadas distintos profetas de la economía han recomendado aplicar un enfoque determinado como "deus ex machina", como principio rector al cual, naturalmente, le sucede una única solución.  La crueldad de los numerosos desaciertos -presentes y aún sin solución- que ofrece la economía internacional contemporánea, señala claramente que no existen fórmulas milagrosas.

 

Lamentablemente, en gran parte del mundo en desarrollo asistimos a las soluciones de la resignación, a un crecimiento de la economía bajo, o negativo, a la continuidad de crisis financieras violentas, en gran medida, fuera de nuestro control.  Tiende a reinar un fatalismo descorazonador, frente al cual debemos reaccionar.  Nuestro reto consiste en superar, como lo señalara en ocasión de la XXV Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano de SELA, la divergencia que numerosos factores confirman que existe entre, por una parte, la forma actual de participación en la globalización financiera, comercial, tecnológica y cultural y, por la otra, el desarrollo integral y sustentable al que aspiramos para nuestros países.

 

Tenemos por delante un arduo trabajo teórico y práctico para llegar a comprender a América Latina y el Caribe: examinar cómo se inserta en la economía mundial y en el proceso de globalización; determinar que es más conveniente para la región; y poner en marcha acciones que puedan contribuir a modelar un futuro cada vez más complejo.

 

A modo de ejemplo, la constitución de un espacio económico regional genera un ámbito adecuados para el desarrollo de los países miembros, el crecimiento y perfeccionamiento de sus actores económicos y el aumento de la capacidad de maniobra de ambos tipos de actores en el marco global.  En ese sentido, los enfoques de "regionalismo abierto" necesitan enfrentar y dar solución a las tensiones que surgen entre los objetivos y políticas aplicadas para promover el libre comercio y la mejor inserción en la economía global, con la necesidad de que esos procesos también contribuyan a modificar la orientación general y las pautas actuales de funcionamiento del sistema internacional-transnacional.  Parece así necesario generar alternativas de desarrollo y regímenes más adecuados a las realidades de los países miembros aprovechando para ello la escala regional, contribuyendo, simultáneamente, al diseño y praxis de una economía global más pluralista.

 

Hasta ahora, el espectro de formulas para el ajuste económico y la reforma estructural presenta dos extremos:  por una parte, las experiencias de las economía asiáticas, que desarrollan una estrategia de inserción y de resistencia selectiva a las formas del capitalismo occidental aplicando diseños propios, y por la otra, la ortodoxia, destinada a la completa liberalización de los mercados y a la minimización del Estado, que también presenta fórmulas distintas en su ámbito de acción.  Una tercera forma, corresponde al desarrollo regional como instrumento de desarrollo y desvinculación de la globalización, según en las concepciones africanas de los años ochenta. Esos enfoques fueron formulados en los noventa a partir de un concepto de desarrollo regional de contenido endógeno que procura contribuir, en alianza con otras regiones, a recrear un mundo policéntrico.  En suma, La manera en que sea posible diseñar y poner en práctica otras vías para el crecimiento que superen los altos costos del modelo de economía neoclásica, constituye hoy un tema de debate mundial.  Sin embargo, la presencia de ese debate aún parece tímida y limitada en nuestra región.

 

Ante esa realidad multiforme, la coordinación y cooperación entre los países de América Latina y el Caribe cobra pleno y urgente sentido.  Vuelven a adquirir importancia las instituciones regionales y se abre un amplio e imprescindible espacio para que la sociedad civil se exprese y actúe.

 

Es en este tipo de espacio y ante este linaje de desafíos que el SELA ha actuado durante un cuarto de siglo.  Se modificaron a lo largo de esas décadas las percepciones, las exigencias y los problemas, pero la institución continuó su marcha, adaptándose a las nuevas circunstancias.  Cada uno de quienes tuvieron la honra de conducir sus destinos supo responder adecuadamente a los desafíos que cada etapa ha brindado.  Hoy me corresponde a mí afinar los tonos tristes y alegres, que se confunden en las palabras de despedida.  Melancolía, recuerdo de momentos muy difíciles, a los que supimos superar con el esfuerzo de todos, -representantes de los Estados Miembros y personal de la Secretaría Permanente -por igual.  Alegría de haber podido -gracias al esfuerzo compartido- calafatear esta nave, bordar un nuevo viento en sus velas y conducirla a buen puerto, donde un muy diestro e impaciente timonel -mi muy estimado y apreciado amigo, el Embajador Otto Boye Soto- iniciará nuevas y exitosas singladuras.

 

De estos años quedarán fijas en mi espíritu muchas vivencias compartidas con ustedes, que mucho agradezco.  Junto a ello, la firme convicción de que nos une una clara visión de la continuidad de propósitos y compromisos para con América Latina y el Caribe, más allá de la diversidad de estrategias que las circunstancias impongan.

 

Me toca hoy separarme de la institución, pero sé que esa nueva distancia será solo física; que todos continuaremos, desde distintas tareas y países y de una u otra forma, batallando para que los ideales, la vocación de servicio del SELA para con nuestra región, puedan cumplirse.

 

Muy estimados compañeros de la Secretaría Permanente; distinguidos colegas y amigos de los Estados Miembros, del cuerpo diplomático y de los organismos regionales e internacionales acreditados en Venezuela:  comienza con esta ceremonia una nueva etapa en la vida del SELA, bajo la conducción de un prestigioso humanista chileno:  el Embajador Otto Boye Soto.  A él y a todos ustedes les deseo el mayor éxito en este empeño.  Hemos pasado la antorcha a nuevas manos, un nuevo episodio de la historia comienza a engendrarse, la historia continua, porque como lo señalara muy oportunamente el poeta:

 

"Si al mirar atrás, el pasado desaparece,

si la historia ha dejado de existir, sin que nosotros lo hayamos percibido,

como asignar valor al tiempo, cómo envejecer embelecido la memoria?

¿Cómo dar razón al sin sentido?

Sin la historia, ¿el fundamento del odio y del amor será posible?

Quizás es necesario

Cambiar la percepción, contruir un nuevo calendario".

 

 


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