Henrique Capriles
Radonski, Presidente de la Cámara de Diputados;
Señores Embajadores de
los Estados Miembros del SELA;
Señores Embajadores
del Cuerpo Diplomático Acreditado en Venezuela;
Señores Representantes
de Organismos Internacionales;
Autoridades Nacionales;
Amigas y Amigos;
Ante el
próximo inicio de una nueva centuria y de un nuevo milenio las sociedades se tornan más
sensibles a la reflexión y al análisis. Durante
las últimas décadas distintos profetas de la economía han recomendado aplicar un
enfoque determinado como "deus ex machina", como principio rector al cual,
naturalmente, le sucede una única solución. La
crueldad de los numerosos desaciertos -presentes y aún sin solución- que ofrece la
economía internacional contemporánea, señala claramente que no existen fórmulas
milagrosas.
Lamentablemente, en gran
parte del mundo en desarrollo asistimos a las soluciones de la resignación, a un
crecimiento de la economía bajo, o negativo, a la continuidad de crisis financieras
violentas, en gran medida, fuera de nuestro control.
Tiende a reinar un fatalismo descorazonador, frente al cual debemos reaccionar. Nuestro reto consiste en superar, como lo
señalara en ocasión de la XXV Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano de SELA, la
divergencia que numerosos factores confirman que existe entre, por una parte, la forma
actual de participación en la globalización financiera, comercial, tecnológica y
cultural y, por la otra, el desarrollo integral y sustentable al que aspiramos para
nuestros países.
Tenemos por delante un
arduo trabajo teórico y práctico para llegar a comprender a América Latina y el Caribe:
examinar cómo se inserta en la economía mundial y en el proceso de globalización;
determinar que es más conveniente para la región; y poner en marcha acciones que puedan
contribuir a modelar un futuro cada vez más complejo.
A modo de ejemplo, la
constitución de un espacio económico regional genera un ámbito adecuados para el
desarrollo de los países miembros, el crecimiento y perfeccionamiento de sus actores
económicos y el aumento de la capacidad de maniobra de ambos tipos de actores en el marco
global. En ese sentido, los enfoques de
"regionalismo abierto" necesitan enfrentar y
dar solución a las tensiones que surgen entre los objetivos y políticas aplicadas para
promover el libre comercio y la mejor inserción en la economía global, con la necesidad
de que esos procesos también contribuyan a modificar la orientación general y las pautas
actuales de funcionamiento del sistema internacional-transnacional. Parece así
necesario generar alternativas de desarrollo y regímenes más adecuados a las realidades
de los países miembros aprovechando para ello la escala regional, contribuyendo,
simultáneamente, al diseño y praxis de una economía global más pluralista.
Hasta ahora, el
espectro de formulas para el ajuste económico y la reforma estructural presenta dos
extremos: por una parte, las experiencias de las economía asiáticas, que
desarrollan una estrategia de inserción y de resistencia selectiva a las formas del
capitalismo occidental aplicando diseños propios, y por la otra, la ortodoxia, destinada
a la completa liberalización de los mercados y a la minimización del Estado, que
también presenta fórmulas distintas en su ámbito de acción. Una tercera forma,
corresponde al desarrollo regional como instrumento de desarrollo y desvinculación de la
globalización, según en las concepciones africanas de los años ochenta. Esos enfoques
fueron formulados en los noventa a partir de un concepto de desarrollo regional de
contenido endógeno que procura contribuir, en alianza con otras regiones, a recrear un
mundo policéntrico. En suma, La manera en que sea posible diseñar y poner en
práctica otras vías para el crecimiento que superen los altos costos del modelo de
economía neoclásica, constituye hoy un tema de debate mundial. Sin embargo, la
presencia de ese debate aún parece tímida y limitada en nuestra región.
Ante esa
realidad multiforme, la coordinación y cooperación entre los países de América Latina
y el Caribe cobra pleno y urgente sentido. Vuelven a adquirir importancia las
instituciones regionales y se abre un amplio e imprescindible espacio para que la sociedad
civil se exprese y actúe.
Es en este tipo
de espacio y ante este linaje de desafíos que el SELA ha actuado durante un cuarto de
siglo. Se modificaron a lo largo de esas décadas las percepciones, las exigencias y
los problemas, pero la institución continuó su marcha, adaptándose a las nuevas
circunstancias. Cada uno de quienes tuvieron la honra de conducir sus destinos supo
responder adecuadamente a los desafíos que cada etapa ha brindado. Hoy me
corresponde a mí afinar los tonos tristes y alegres, que se confunden en las palabras de
despedida. Melancolía, recuerdo de momentos muy difíciles, a los que supimos
superar con el esfuerzo de todos, -representantes de los Estados Miembros y personal de la
Secretaría Permanente -por igual. Alegría de haber podido -gracias al esfuerzo
compartido- calafatear esta nave, bordar un nuevo viento en sus velas y conducirla a buen
puerto, donde un muy diestro e impaciente timonel -mi muy estimado y apreciado amigo, el
Embajador Otto Boye Soto- iniciará nuevas y exitosas singladuras.
De estos años
quedarán fijas en mi espíritu muchas vivencias compartidas con ustedes, que mucho
agradezco. Junto a ello, la firme convicción de que nos une una clara visión de la
continuidad de propósitos y compromisos para con América Latina y el Caribe, más allá
de la diversidad de estrategias que las circunstancias impongan.
Me toca hoy
separarme de la institución, pero sé que esa nueva distancia será solo física; que
todos continuaremos, desde distintas tareas y países y de una u otra forma, batallando
para que los ideales, la vocación de servicio del SELA para con nuestra región, puedan
cumplirse.
Muy estimados
compañeros de la Secretaría Permanente; distinguidos colegas y amigos de los Estados
Miembros, del cuerpo diplomático y de los organismos regionales e internacionales
acreditados en Venezuela: comienza con esta ceremonia una nueva etapa en la vida del
SELA, bajo la conducción de un prestigioso humanista chileno: el Embajador Otto
Boye Soto. A él y a todos ustedes les deseo el mayor éxito en este empeño.
Hemos pasado la antorcha a nuevas manos, un nuevo episodio de la historia comienza a
engendrarse, la historia continua, porque como lo señalara muy oportunamente el poeta:
"Si al
mirar atrás, el pasado desaparece,
si la historia
ha dejado de existir, sin que nosotros lo hayamos percibido,
como asignar
valor al tiempo, cómo envejecer embelecido la memoria?
¿Cómo dar
razón al sin sentido?
Sin la
historia, ¿el fundamento del odio y del amor será posible?
Quizás es
necesario
Cambiar la
percepción, contruir un nuevo calendario".