Opciones frente a la crisis
Edición Nº 57.
Septiembre-Diciembre 1999.
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El SELA, escenario natural y
privilegiado para debatir los temas
fundamentales de nuestra región |
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José Vicente Rangel
Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela |
Amigas y amigos todos:
Tengo un serio compromiso en la mañana
de hoy. Por una parte, representar al Presidente Hugo Chávez, con quien regresamos hace
pocas horas de un extenso viaje. El se excusa por la inasistencia y ratifica a
través mío su plena solidaridad con este Organismo. Y otro compromiso es prácticamente
despedir a un amigo, el Embajador Carlos Moneta, quien como todos sabemos, reúne
sabiduría, honestidad y ha demostrado un gran profesionalismo en la conducción del SELA.
Tal como usted lo señaló, puede tener usted la seguridad, Embajador Moneta, de que ésta
seguirá siendo siempre su tierra y que ahora, como vamos a consagrar en la Constitución
la doble nacionalidad, desde ya le ofrezco la nuestra.
Resulta sin duda un placer venir a esta
casa de América Latina y el Caribe e intercambiar ideas con ustedes. El Sistema
Económico Latinoamericano es la Casa de América Latina y el Caribe, ya que es el único
organismo que agrupa de forma exclusiva a los países de la región y congrega a casi la
totalidad de ellos, lo que ha posibilitado la coordinación de ideas y posiciones sobre
temas y problemas tanto regionales como extraregionales.
Tiene lugar este XXV Consejo
Latinoamericano en un contexto particularmente interesante para la región Latinoamericana
y del Caribe. Las realidades y retos que justificaron su creación siguen aún vigentes, o
mejor dicho, aún más vigentes. Ha cambiado, sin duda, la percepción que tenemos de esos
problemas. Esta sola circunstancia debería hacernos meditar sobre el papel que deseamos
otorgar al Sistema Económico Latinoamericano.
El contexto regional actual presenta
ciertas características que conviene abordar aunque sea de manera muy parcial. La
integración Latinoamericana, idea acariciada durante décadas como el esquema ideal de
vinculación regional, pareciera hoy en día ser una realidad, al menos en el terreno
comercial. Pero en qué medida puede seguir siendo esa realidad, si la misma no se
vincula a la integración humana y política, como dato fundamental hoy en día, que
debemos empeñosamente distinguir. A mi manera de ver hay dos concepciones acerca de la
integración. Una de tipo formal, ritual o que sólo contempla el dato económico y
comercial. Y otra, de estirpe bolivariana, que tiene un sentido mucho más complejo, mucho
más audaz, y que plantea el tema de la integración en forma dinámica, con un sentido
histórico, en función de las realidades locales y regionales. En este sentido, los
acuerdos de comercio preferencial han proliferado en número, alcance y dimensión en
proporciones desconocidas hasta el presente. Paralelamente, los organismos
internacionales que creamos sobre la base de amplias expectativas presentan cierto grado
de debilidad, lo cual a la vez que genera confusión produce también desconcierto.
Otra característica digna de resaltar
tiene que ver con el proceso de globalización y la incorporación de la región a las
grandes corrientes económicas y comerciales mundiales. Este proceso, visto en
general como un factor potencialmente perturbador del manejo tradicional de nuestras
relaciones internacionales, ha dado muestras de una vitalidad que hace pensar en su
carácter irreversible. Frente a este hecho, los latinoamericanos y caribeños debemos
interrogarnos sobre la forma más conveniente de asumir los retos y posibilidades que el
mismo nos presenta.
Para mí no existe la menor duda de que
la verdadera integración mata a las perversiones de la globalización.
Parece también inaugurarse un nuevo
contexto en las relaciones con los Estados Unidos de Norteamérica. Relaciones
tradicionalmente tensas durante varias décadas, parecieran estar dando cabida a una
relación basada en el respeto mutuo y la admisión consensuada de diferencias y
matices. No cabe subestimar en ningún caso el papel preponderante de los Estados
Unidos en la región, y la profunda influencia que las negociaciones para la conformación
del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), vienen ejerciendo sobre el conjunto
de los procesos comerciales en los que participamos.
Pero sin duda que la afirmación de la
soberanía nacional es la mejor forma de relacionarnos con la gran potencia del Norte.
De la misma manera, estamos a las
puertas del inicio de una nueva Ronda de Negociaciones Multilaterales en el marco de la
Organización Mundial del Comercio (OMC). La variedad de temas que se abordarán, sus
profundas repercusiones en nuestras economías, y la oportunidad que representan para el
logro de un marco jurídico ordenado del comercio internacional, son elementos que deben
ser evaluados con especial profundidad.
Resumiendo el contexto regional, cabría
decir que éste se nos presenta particularmente intenso en la esfera de la integración, a
la vez que presenciamos un simultáneo proceso de intensificación de la globalización, y
asistimos a un acelerado proceso de negociaciones comerciales internacionales con nuestro
principal socio comercial, los Estados Unidos. En medio de la complejidad que estos hechos
suponen, la Ronda del Milenio que se avecina, nos coloca frente a un reto de particular
trascendencia por sus implicaciones en la regulación del comercio internacional.
Estoy plenamente seguro que no agoto el
tema, tampoco es esa mi intención. Resalto tan sólo algunas áreas que exigen atención.
La debilidad institucional que observamos en algunos organismos, no contribuye, desde
luego, a su mejor tratamiento. Ofrece el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) un
escenario conveniente y adecuado. Por una parte, participan en él países
latinoamericanos y caribeños como no lo hacen en ningún otro foro. Por la otra,
durante sus veinticinco años de existencia, ha acumulado un acervo y una experiencia
dignas de ser tomadas en cuenta.
Sin embargo, hemos podido observar como
nuestro Organismo ha venido perdiendo de forma gradual su importancia en vista de la
proliferación de otras instancias regionales de coordinación de políticas, y
especialmente tras la creación del Grupo de Río, el cual lo despojó de su capacidad de
coordinación política. Esta crisis, existencial si se quiere, la cual también se ha
manifestado por un persistente desinterés de los Estados Miembros en sus reuniones y en
el cumplimiento de sus compromisos de pago, ha generado una crónica crisis financiera que
amenaza su existencia.
Sucede a menudo que en los esfuerzos
propios a veces somos menos diligentes que en aquellos en los cuales queremos lucirnos
ante terceros, y que a organismos propios, como el SELA, le demos menos apoyo, le restemos
importancia y le escatimemos los recursos necesarios para su óptimo funcionamiento.
Un ejemplo de lo que acabo de describir
es cómo no supimos aprovechar la figura de los Comités de Acción, mecanismo original
que nos permite trabajar de forma conjunta en asuntos y temas concretos. En el
pasado se crearon Comités de Acción tales como el de Apoyo al Desarrollo de Centro
América (CADESCA), antecesor al Grupo de Contadora y de Grupo de Río. Hoy, por el
contrario, no hay Comités de Acción ante las dificultades que los Países Miembros
tuvieron para su financiación.
En este contexto, el SELA sólo ha
podido concretar exitosamente una parte de sus tareas -muy importante por cierto- la
relativa a estudios y reuniones y a su contribución para ampliar el marco de acción
externo y la cooperación regional, pero poco o nada ha podido realizar en el ámbito de
la coordinación y concertación de políticas económicas.
Sin embargo, lo que ha hecho hasta ahora
ha sido muy bien realizado, superando hasta incendios que destruyeron sus instalaciones y
bienes. Le correspondería ahora cumplir con una tarea ambiciosa: la de actuar como lugar
para la concertación política en materia económica entre los países de América Latina
y el Caribe.
Por esta razón, me permito ante
ustedes, reiterar la conveniencia en que utilicemos más y mejor al SELA, que hagamos el
esfuerzo necesario e indispensable para cumplir con los compromisos financieros
contraídos y brindemos nuestro aporte intelectual para que la institución pueda abordar
de manera eficaz el Programa de Trabajo que durante esta reunión se ha aprobado, el cual,
como sabemos, nos permitirá avanzar en nuestro proceso de desarrollo.
Creemos que muchos de los retos que nos
impone la dinámica de la globalización, podrían ser estudiados y mejor comprendidos y
enfrentados a través de la reconocida capacidad del SELA para organizar con otras
instituciones regionales y extraregionales eventos de análisis y prospectiva, así como
por su reconocida capacidad en la difusión de publicaciones que han constituido aportes
fundamentales sobre el tema.
El lanzamiento de una nueva ronda de
negociaciones comerciales multilaterales en el marco de la OMC, conocida como la Ronda del
Milenio, y la configuración de una Zona de Libre Comercio Hemisférica para el año 2005,
ALCA, son objetivos que plantean un nuevo reto para América Latina y el Caribe; de ali
que el SELA, en su carácter de mecanismo de consulta y coordinación para asuntos
económicos, tiene la oportunidad de jugar nuevamente el papel de importancia que tuvo
durante las décadas de los setenta y ochenta.
En el ámbito de la integración
económica, no se deberían descartar los valiosos aportes y experiencias del SELA. Por
ello, deberíamos promover en el marco de este Organismo, acciones y actividades que
faciliten y den apoyo a los diferentes procesos y esquemas de integración que se
verifican en América Latina y el Caribe, propiciando su convergencia y articulación.
El fortalecimiento de los esquemas de
concertación regional forma parte prioritaria de la política exterior del actual
Gobierno de Venezuela. Desde que asumimos funciones en febrero pasado, la integración
regional ha ocupado la mayor atención de las autoridades nacionales. Lo hacemos por una
profunda convicción, de hondas raíces históricas, que nos señala que ésta es una
opción estratégica de primer orden. Asimismo, estimamos que de la integración emanan
obligaciones que no podemos desatender, pues los riesgos de quedar aislados y debilitados
son evidentes.
También, otros mecanismos de consulta y
coordinación, como el Grupo de Río, podrían eventualmente nutrirse de la experiencia
del SELA, el cual podría, porqué no pensar en ello, constituirse en una especie de
Secretaría Técnica del mismo. La experiencia acumulada por el Organismo, a lo largo de
veinticinco años, además de estar basada en un tratado internacional vigente y flexible,
lo podrían convertir en una Secretaría Técnica natural a favor de nuestros esfuerzos
para la unidad e integración Latinoamericana. Creo que se impone una reflexión en ese
sentido.
Por otra parte, lo correspondiente a la
definición de políticas de empleo y desarrollo, de promoción industrial y su
vinculación con las políticas comerciales y financieras, como instrumentos esenciales en
la lucha contra la desigualdad y la pobreza que nos afecta severamente, son
responsabilidad nuestra y debemos asumirlos como propios. Para ello, el SELA se presenta
como el escenario natural de la región, para nuestro intercambio de experiencias y toma
de decisiones tanto coordinadas como compartidas.
Para mi gobierno, apoyar y promover la
integración de América Latina y el Caribe no es una simple exhortación, no es algo
ritual, retórico, sino un deber constitucional, ya que tanto en la Constitución vigente,
la del 61, como en el preámbulo de nuestra nueva Constitución, la que está en proceso
de elaboración y pronto será aprobada, se contempla el impulso de la integración de la
Comunidad de Naciones Latinoamericanas y del Caribe. Es decir que para nosotros la
integración tiene rango constitucional.
Aunque para muchos de los aquí
presentes no es desconocido, deseo hacer una breve mención al proceso de cambio que se
verifica actualmente en Venezuela. Como varios de ustedes conocen, sobre la base de un
proceso que ha implicado la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, se ha venido
elaborando, a partir de un esquema de amplia participación, una nueva Constitución. Esta
Constitución amplía los canales de participación democrática, acerca los Poderes
Públicos al ciudadano, y procura garantizar sobre bases efectivas el conjunto de los
derechos individuales, sociales y políticos.
En la nueva Constitución la
integración regional adquirirá toda la jerarquía que nos merece. No sólo se intenta
comprometer la acción del ejecutivo hacia su fortalecimiento, sino que habrán de fijarse
caminos para facilitar el cumplimiento de los compromisos que en este ámbito puedan
adquiriese. En sintonía con estas obligaciones, el Despacho que presido ha realizado un
considerable esfuerzo doctrinario, teórico, para adecuarse a las nuevas realidades. A una
participación activa en el contexto internacional, sin distingos de tipo ideológico,
hemos añadido un proceso de reflexión profunda sobre los alcances y orientaciones de la
política exterior. Deseamos asimismo, atender los requerimientos de formación de nuestro
personal, para lo cual adelantamos un conjunto de actividades.
Señores Delegados, estimo especialmente
propicia la oportunidad de este XXV Consejo Latinoamericano para reflexionar sobre el
papel futuro del SELA. No sólo la elección de un nuevo Secretario Permanente contribuye
a este propósito. Esta reunión se verifica en medio de un proceso de evaluación del
organismo, el cual se ha venido cumpliendo desde hace algún tiempo y que pensamos debe
profundizarse. Creo en este sentido, que nuestros debates deben estar presididos de una
gran franqueza.
En conclusión, reconocemos que tenemos
ante nosotros la oportunidad y también la posibilidad de aprovechar de forma eficiente y
mejor esta Institución que nos pertenece a todos por igual. Para ello es necesario que
cumplamos con nuestras obligaciones presupuestarlas y así darle la posibilidad al SELA de
que cumpla con los compromisos pautados en el Programa de Trabajo para el año 2000.
De otra forma, el Organismo verá
seriamente comprometida su existencia y estaríamos condenándolo a un futuro incierto.
Por el contrario, un Sistema Económico Latinoamericano fortalecido, podría ser una
garantía adicional para la consecución de los objetivos de desarrollo de los países de
la región.
Estimo, por consiguiente, que debemos
hacer esfuerzos honestos por la orientación de las actividades del SELA hacia las grandes
áreas que me permití señalar y que parecen configuran el contexto regional, a saber:
Integración, ALCA y Globalización. Tenemos en el SELA un foro privilegiado, grandes
retos por afrontar y oportunidades que debemos saber aprovechar. El compromiso del
Gobierno de Venezuela, del Presidente de la República, Hugo Chávez, con el Organismo es
inquebrantable e irreversible. Tiene en esta ciudad su sede, y continuará brindándosele,
como hasta ahora, todo el apoyo que pueda requerir.
Sabemos que en el futuro inmediato, para
encarar los grandes problemas de la región, como acaba de decir el Embajador Moneta, no
hay remedios, no hay recetas. Afortunamente todo depende de nosotros mismos, de nuestra
capacidad para actuar. En lugar de magia tenemos que apelar, sin duda, a la
imaginación y éste quizá sea el gran desafío de los latinoamericanos y caribeños en
este momento y en estas circunstancias.
Les deseo en nombre del Gobierno de
Venezuela el mayor éxito en estas deliberaciones.
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