América Latina en la crisis financiera internacional
Edición Nº 56.
Mayo-Agosto 1999.
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¿El fin de la luna de miel
entre Corea y Latinoamérica? |
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Won-Ho Kim
Asesor Regional Principal de la CEPAL Director para América del Instituto Coreano de
Política Económica Internacional-KIEP |
Introducción
El Asia-Pacífico se
convirtió en un nuevo e importante horizonte para el comercio luego de que América
Latina empezara a liberalizar su economía a finales de los 80. Las naciones de alto
crecimiento del Asia-Pacífico podrían contribuir, como mercados de exportación y
fuentes de capitales, al logro de la meta latinoamericana de diversificar sus relaciones
económicas internacionales para disminuir su excesiva dependencia de los mercados de
Estados Unidos y de Europa. En tal sentido, el término "Asia-Pacífico", de
difícil definición, ha sido utilizado para referirse al Asia de la costa del Pacífico o
al Este y Sudeste Asiático.
Japón ha sido el principal
socio comercial e inversionista asiático en América Latina debido a su importancia
económica en el mundo de la posguerra. Corea (Corea del Sur), Taiwan, Singapur y Hong
Kong, los llamados Países Recientemente Industrializados, gracias a su rápido
crecimiento económico, se han unido a dicha categoría. También China y otras naciones
del Sudeste Asiático tales como Tailandia, Indonesia y Malasia se han convertido
recientemente en socios importantes para América Latina y el Caribe. Corea ha sido el
país más prominente, detrás de Japón, en cuanto a la consolidación de relaciones
económicas con la región en términos comerciales y de inversiones en la década de los
90. Las relaciones de Corea con la región se han fortalecido no sólo estadísticamente
sino también institucionalmente.
Sin embargo, la crisis
financiera de Asia de 1997, ante la cual Corea fue el último país en ceder, acabó con
su impulso para establecer una posición fuerte en Latinoamérica. La crisis paralizó a
los conglomerados coreanos o chaebols con grandes deudas, los cuales se vieron
forzados a reducirlas por medio del cese de operaciones y la liquidación de activos. Las
relaciones gubernamentales también se paralizaron, disminuyendo la atención por parte de
los encargados de tomar decisiones, durante el período de reestructuración y de reformas
económicas, las cuales han sido seguidas de cerca por el Fondo Monetario Internacional
(FMI). Por otra parte, las consolidadas relaciones económicas de los Estados Unidos de
América (EEUU) con América Latina sufrido como consecuencia de que finalmente la crisis
financiera internacional afectara a las economías emergentes de Latinoamérica y, por
último, por la recesión económica de Brasil que encabeza la incertidumbre en torno a
esa región. Mientras tanto, un acontecimiento aparentemente paradójico es el hecho de
que Corea está buscando el libre comercio con Chile, lo cual constituye la primera
negociación de este tipo entre un país asiático y uno latinoamericano.
El propósito del presente
informe es explorar los recientes desarrollos de las relaciones económicas entre Corea y
América Latina, así como sus perspectivas futuras: ¿Qué motivó la reciente y agresiva
penetración coreana en los mercados latinoamericanos? ¿Qué significa la crisis
financiera de Corea para sus relaciones económicas con América Latina? ¿Qué tipo de
estrategias se presentan como opciones para las relaciones de Corea con la región
latinoamericana en el futuro próximo, en vista de que ambas partes están viviendo la
etapa de depresión del ciclo financiero internacional?
I. La presencia coreana en Latinoamérica en los años
noventa
Para la segunda mitad de los años ochenta, las
relaciones entre Corea y América Latina estaban dominadas por los "tres pilares
tradicionales": ideología anticomunista, emigración internacional y relaciones
comerciales limitadas.1 Los intereses políticos
internacionales de Corea se basaban en las políticas y relaciones anti-norcoreanas con
sus cuatro vecinos influyentes: la Unión Soviética (Rusia), China, Japón y Estados
Unidos. En el plano económico internacional, Corea se preocupaba por sus relaciones con
sus principales socios comerciales, a saber, Estados Unidos y Japón. Por lo tanto, las
relaciones de Corea con América Latina eran muy limitadas, lo cual coincidía con la
tendencia general de las relaciones de Asia con Latinoamérica en el sentido de que las
economías de ambas regiones protegían bastante a sus industrias y competían entre
ellas.
A mediados de los años ochenta, Corea, por primera vez,
empezó a involucrarse substancialmente con América Latina y el Caribe, tanto por razones
internacionales como por razones internas. Estas razones incluyen la política de comercio
preferencial de Estados Unidos en relación a países de América Central y el Caribe, el
superávit de las cuentas corrientes coreanas en 1986 y la consiguiente liberalización de
las inversiones en ultramar.2 Aprovechándose de la
Iniciativa de la Cuenca del Caribe de la Administración Bush, los exportadores coreanos
invirtieron en países de Centroamérica y el Caribe utilizándolos como trampolines para
entrar al mercado estadounidense. Incluso, las inversiones de principios de los noventa en
México se dirigieron a las industrias maquiladoras como nuevas puntas de lanza para el
mercado de Estados Unidos; ellas no estaban dirigidas hacia el mercado local, aún cuando
la economía mexicana florecía.
Fue en la década de los noventa cuando las relaciones
económicas de Corea con América Latina cobraron vida con un rápido incremento del
volumen de comercialización (ver Cuadro 1). Las
firmas coreanas tenían que buscar nuevas fronteras más allá de los mercados
industriales cada vez más conflictivos de Estados Unidos y Europa, y necesitaban mudarse
al extranjero para escapar de su ambiente interno de altos salarios y de la consecuente
pérdida de competitividad internacional. Paralelamente, la liberalización comercial que
siguió inmediatamente después de la crisis de la deuda, la subsecuente recuperación
económica y la integración regional en América Latina impulsaron a las compañías
coreanas a fijarse en estos mercados regionales.
Junto al Sudeste Asiático y
China, América Latina surgió como uno de los socios comerciales regionales más
dinámicos de Corea y como un lugar para realizar inversiones estratégicas. Las
exportaciones coreanas hacia Latinoamérica aumentaron más rápidamente que las dirigidas
a cualquier otro mercado de exportación, a la vez que los conglomerados coreanos, con
alta calificación crediticia, pudieron realizar inversiones directas en la región al
pedir libremente préstamos en los mercados internacionales de capital. Entre otros
sectores de la economía latinoamericana, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) se destacó
por su atractivo para los intereses de los empresarios coreanos. La estabilidad
político-económica de sus países miembros, así como su potencial mercado, indujeron a
las compañías coreanas a ingresar a Latinoamérica con una mayor predisposición para la
localización. La anterior prioridad de Corea hacia Centroamérica, el Caribe y México,
como un base para llegar al mercado final de Estados Unidos, contrastaba con su nueva
concentración en mercados locales y con las significativas inversiones en Sudamérica,
particularmente en Brasil. Para diciembre de 1993 no había casi ninguna inversión
directa de Corea en Brasil; pero desde 1995 los inversores coreanos se han abalanzado
sobre ese país (ver Cuadro 2). Además, el aumento
brasileño de los aranceles sobre las importaciones, adoptado a principios de 1995 para
corregir su déficit comercial, favoreció a los inversionistas locales, es decir, animó
a las firmas coreanas a producir localmente. Las reglas de origen del MERCOSUR y del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de nuevo forzaron a los
empresarios coreanos a cambiar sus proyectos de negocios. La "Gerencia Global"
se convirtió en el nuevo lema de los ejecutivos de las corporaciones coreanas con el fin
de alcanzar mayor competitividad.
Así pues, la estrategia de
penetración en la región reemplazó el "desvío" con la
"localización". Latinoamérica no seguiría sirviendo más como un simple
mercado consumidor de productos acabados o como un mercado de exportación alterno
necesario para gerenciar eficientemente los mercados industriales. Esto significó que
Corea, desechando una política exterior obsoleta hacia América Latina, la cual ya no
funcionaba en los cambiantes ámbitos políticos y económicos internacionales, empezó a
tomar en cuenta a los países latinoamericanos como importantes socios estratégicos
dentro de su nuevo enfoque hacia la globalización. En 1996 y 1997, según datos manejados
por el FMI, el volumen comercializado por Corea con Latinoamérica representó el 3.9% y
4.3%, respectivamente del total de la actividad comercial coreana, lo cual constituye la
mayor porción entre los países asiáticos (ver Cuadro 3).
Así, el mercado latinoamericano se hizo más importante para la economía coreana que
para cualquier otra economía de Asia, incluyendo al Japón. Mientras el comercio y las
inversiones estuvieron reservados para las principales economías de Latinoamérica, se
cooperó con el desarrollo de otras economías más pequeñas por medio de dos vías
utilizadas para llevar a cabo la política coreana oficial de asistencia para el
desarrollo: el Fondo de Cooperación para el Desarrollo Económico (EDCF) y la Agencia
Coreana de Cooperación Internacional (KOICA).3
Las primeras visitas oficiales
del presidente coreano, Kim Young Sam, a Guatemala, Chile, Argentina, Brasil y Perú en
septiembre de 1996, y a México en junio de 1997, reconfirmaron este cambio de estrategia.
Más de cien líderes de negocios lo acompañaron y anunciaron proyectos de inversión por
un valor superior a los dos mil millones de dólares en campos como producción
automotriz, equipos electrónicos, telecomunicaciones, minería, etc. Esto marcó una
diversificación de los sectores de inversión y de localización del capital, así como
también mostró un mayor énfasis sobre industrias intensivas en capital y tecnología en
lugar de las industrias intensivas en mano de obra, anteriormente dominantes. Las
inversiones coreanas en América Latina durante 1997 fueron las más altas de su historia,
US$627 millones, representando el 11 por ciento del total de las inversiones coreanas en
el extranjero, lo cual constituye un récord. Las inversiones también se vieron
apuntaladas gracias a la eliminación, en junio de 1996 y agosto de 1997, de las
regulaciones sobre inversiones extranjeras que aún existían.
El viaje presidencial de 1996
marcó un hito en las relaciones de Corea con América Latina en muchos otros aspectos.
Una comisión especial del gobierno había preparado un reporte para una nueva dirección
de las políticas hacia Latinoamérica, analizando las situaciones políticas y
económicas de la región y revisando las relaciones económicas entre ambos. El
mencionado reporte sugirió un enfoque diversificado y comprehensivo con miras a mejorar
las relaciones, así como también propuso una cumbre Asia-América Latina (ALAM).4 Posteriormente se tomaron decisiones concernientes a
varias iniciativas nuevas a través de consultas de alto nivel con burócratas,
académicos y hombres de negocios.5 Entre estas
iniciativas se cuentan la fundación de un Consejo sobre América Latina, la
jerarquización de la oficina del ministerio de Relaciones Exteriores para la región al
nivel de dirección general y el ingreso al Banco Centroamericano de Integración
Económica (BCIE).
II. La crisis económica de
Corea y la recesión latinoamericana
La crisis financiera
de Corea de noviembre de 1997 y su consiguiente recesión económica trajeron consigo una
serie de implicaciones negativas para sus relaciones con América Latina.
En primer lugar, las enérgicas
inversiones de los empresarios coreanos en la región fueron suspendidas repentinamente.
Ellos se encontraron de pronto envueltos en deudas acumuladas bajo sus proyectos de
"gerencia global" y rodeados por acreedores nacionales e internacionales más
bien hostiles. El programa del FMI, paralelamente con las iniciativas gubernamentales de
reforma corporativa, empeoró la posición de los grupos de negocios familiares o chaebols
sobre la inversión en el extranjero. El presidente electo, Kim Dae-jung, un tradicional
crítico de los chaebols, los presionó en diciembre de 1997 para seguir un
programa de reestructuración corporativa que cubría cinco puntos. Dicho programa exigía
la temprana preparación de balances consolidados, la eliminación gradual de compras
mutuas a crédito entre subsidiarias de los chaebols, mejora en la estructura
financiera de todas las firmas chaebol, modernización de las derrochadoras
operaciones de negocios de los chaebols de manera de concentrarse únicamente en
las operaciones principales, y también medidas para responsabilizar a los dueños por las
decisiones gerenciales. Mientras que el gobierno obligó a los chaebols a reducir
su relación deuda/liquidez a 200 por ciento o menos en un lapso de dos años, estos
otrora poderosos grupos de negocios dejaron de contar con el apoyo político para sus
proyectos de expansión.
Muchas de las promesas de
inversión en América Latina no se cumplieron, siendo reducidas o pospuestas
indefinidamente. Las estadísticas muestran que el total de las inversiones coreanas de
1998 en América Latina se redujo casi a la mitad en comparación con el año anterior.
Entre otros, la tardanza del proyecto de Asia Motors en Bahía, Brasil, ha sido
controversial. Debido a su problema financiero el proyecto no ha arrancado desde la
ceremonia de inauguración de la construcción en agosto de 1997. Asia Motors y su
principal afiliado, Kia Motors, se fusionaron posteriormente con Hyundai Motors, otro
fabricante de autos coreano. Ninguna decisión inmediata relacionada con el proyecto
Bahía fue emitida por los nuevos dueños, lo cual pronto se convirtió en un punto
álgido entre los dos países.
En segundo lugar, la
devaluación del won, la moneda coreana, hizo que los productos coreanos recuperaran
rápidamente la competitividad de sus precios, favoreciendo la expansión de éstos hacia
los mercados latinoamericanos. Entretanto el gobierno coreano, en su manejo de la crisis,
aceleró las exportaciones. Puesto que Corea del Sur necesitaba liquidez para cubrir sus
compromisos de deuda externa, el gobierno buscaba como mantener un superávit comercial
por medio del fomento de nuevas inversiones extranjeras directas. Aún cuando la
devaluación del won a finales de noviembre de 1997 no se tradujo directamente en un
incremento significativo de las exportaciones totales de Corea hacia América Latina, sí
hubo fuertes aumentos aparentes hacia varios países y de los sectores que ya contaban con
cierta tendencia de penetración (ver Cuadro 4 y Cuadro 5). Las economías latinoamericanas respondieron
categóricamente a este shock asiático con restricciones preventivas levantando barreras
arancelarias y no arancelarias. Específicamente, el influjo de productos coreanos
esporádicamente alentó potenciales fricciones comerciales, si bien hasta el momento no
ha surgido ninguna disputa oficial. Las industrias textiles de México y Colombia hicieron
movimientos para establecer medidas antidumping, así como los fabricantes de automóviles
colombianos presionaron a su gobierno para que tomara una decisión de salvaguardia en
contra de supuestos daños debidos a la importación de automóviles de Corea.
En tercer lugar, la recesión
coreana ocasionó una fuerte reducción de importaciones. Tradicionalmente, Corea había
importado desde Latinoamérica productos primarios, tales como mineral de hierro, cobre,
acero, aluminio, pulpa, productos agrícolas, etc. Al cerrar varias fábricas u operar muy
por debajo de su capacidad, la demanda de materias primas y de productos semiprocesados
experimentó una drástica contracción. En 1998 las importaciones provenientes de la
región disminuyeron en 46,1 por ciento. El fuerte decrecimiento de las importaciones
aunado al moderado aumento del 2,3 por ciento en las exportaciones, produjo un amplio
desequilibrio comercial. Como se muestra en el Cuadro 1,
el balance comercial ha sido favorable a Corea del Sur desde 1977, excepto durante la
crisis de la deuda latinoamericana de 1982-1986. Tal desequilibrio comercial se ha
agravado en los últimos años debido al lento aumento de las importaciones desde América
Latina, el cual contrasta con la rápida expansión de las exportaciones. El pobre aumento
de las importaciones se atribuye a la reducción de los precios de los bienes primarios,
el debilitamiento de la competitividad de los precios latinoamericanos debido a la
apreciación de sus monedas locales, y la confianza de Corea en el Sudeste de Asia para
satisfacer gran parte de sus necesidades de materias primas. Un embajador latinoamericano
se quejó de que "la relación del desequilibrio antes de la crisis era de dos a uno,
y ahora es de cuatro a uno"6. El actual
desequilibrio comercial se ha convertido en el tema de discusión más popular en cada
encuentro de los diplomáticos de América Latina.
Las relaciones económicas de
Corea con Latinoamérica han tenido que ajustarse a las medidas preventivas y recesión
económica de América Latina, al igual que al más reciente impacto de la crisis
financiera internacional sobre la región. La austeridad preventiva y la recesión de los
principales países latinoamericanos, como Brasil, Argentina y Chile ha ocasionado un
decrecimiento de la demanda de capital coreano y de productos de consumo. La presencia de
un ambiente de crisis en Latinoamérica ha servido para hacer recordar a muchos
empresarios coreanos y encargados de formular las políticas, con altas expectativas de un
boom regional, la notoria crisis de la deuda de los años ochenta. La inolvidable imagen
creada de la región en aquel momento los disuadió de seguir adelante con sus actividades
e inversiones agresivas en América Latina. La falta de institucionalización de las
relaciones de Corea con América Latina también es responsable de la vulnerabilidad del
boom y del deterioro de las relaciones económicas.
III. Retos estratégicos
para las relaciones futuras
La pregunta que
surge ahora es ¿hacia dónde irán las relaciones de Corea con Latinoamérica de ahora en
adelante? ¿Significan los problemas recientes el fin de una corta luna de miel o son
simples baches en el camino hacia relaciones mucho más estables?
Como se ha mencionado
anteriormente, son muchos los obstáculos que deben salvarse para alcanzar relaciones
económicas sostenibles. Antes, las inversiones coreanas en América Latina fueron
"atraídas" por el boom económico y la integración regional del subcontinente,
a la vez que eran "impulsadas" por los altos costos de producción coreanos, la
búsqueda de mercados y una estrategia corporativa enfatizada en la globalización7; pero ahora quedan pocos factores que atraigan e
impulsen. Además, el pobre desarrollo de las relaciones no económicas entre Corea y
América Latina contribuye a que perdure una relación frágil. Igualmente, la falta de un
amplio entendimiento cultural mutuo y el fin de la Guerra Fría disminuyeron la
propensión para la cohesión política. Las restricciones comerciales por parte de
América Latina, en combinación con la contraída demanda asiática de bienes
latinoamericanos y su escasez de recursos para invertir, pudiera dirigir la atención de
ambas regiones hacia otros socios industrializados. Todo esto implica un desenlace
negativo para las relaciones económicas de Corea con Latinoamérica.
Sin embargo, formuladores de
políticas sagaces en ambas regiones lograrán encontrar, incluso con la crisis financiera
internacional, algunas opciones positivas para construir un mejor entendimiento, institucionalización
y alianzas estratégicas.
Primero, la desgracia es menos
aplastante cuando es compartida. La primera crisis financiera seria de Corea después de
la Guerra de Corea de 1950-53, puede encontrar semejanzas con la mayoría de las
economías latinoamericanas que han acumulado más de diez años de experiencia con
reacciones político-económicas internacionales ante la crisis financieras. La mayoría
de los burócratas coreanos han querido aprender de las respuestas latinoamericanas ante
las dificultades financieras, presiones y retos de reformas internacionales, y sus
resultados socioeconómicos. Esto puede mejorar el entendimiento de la situación
económica de América Latina y sus problemas sociopolíticos, abriendo el camino para una
colaboración más humilde entre ellos, lo cual contribuiría a remodelar las relaciones
con la región.
Segundo, el contagio
contemporáneo de la crisis internacional ha sido un reto compartido por la mayoría de
los mercados emergentes. En especial, una "nueva arquitectura financiera
internacional" demanda a los encargados de formular las políticas de los mercados
emergentes para que piensen de una manera más estratégica. Mientras que la propuesta
nacional para una Cumbre Asia-América Latina no fue aceptada por el anterior gobierno
coreano, la actual administración tendrá que tratar con el Foro Asia-América Latina
(ASLAF) propuesto por el ministro de Singapur, Go Chok-Tong. La implicación de esta
propuesta es la institucionalización de las relaciones de Asia y Corea con América
Latina.
De hecho, Corea se encontraba
inundada por canales de comunicación con América Latina a principios de 1997. Con el
entusiasmo, los funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores abrieron tantas
ventanas de comunicación hacia la región como les fue posible, ya no a nivel bilateral
sino a nivel regional. Siguiendo el camino tomado por Japón, Corea adoptó relaciones con
el Grupo de Río8, MERCOSUR9
y Centroamérica.10 Adicionalmente, el Consejo
Coreano para América Latina y el Caribe fue creado en agosto de 1996, con el fin de
facilitar la cooperación a nivel del sector privado. Dado el bajo perfil de América
Latina en el marco coreano de relaciones internacionales y viceversa, el impulso para
alcanzar relaciones económicas más fuertes se hubiera podido mantener si éstas hubieran
estado bien institucionalizadas. Desafortunadamente, la crisis se dio antes de que estos
esfuerzos de institucionalización maduraran. Sin embargo, la discusión internacional
sobre las conversaciones interregionales de Asia-América Latina podrían estimular una
mejor institucionalización de los canales de comunicación existentes.
Tercero, la crisis financiera y
la profunda reforma económica posterior demuestran que la economía coreana se asemeja a
los estados latinoamericanos transformados, los cuales han pasado por reformas económicas
orientadas al mercado y por la liberalización comercial. Esto podría mejorar el alcance
de la cooperación. Entre las consecuencias inmediatas están las negociaciones de libre
comercio entre Corea del Sur y Chile. "Libre Comercio" es un término
completamente nuevo dentro de la agenda de políticas de Corea, siendo el producto de la
última onda de comercio. La recientemente creada oficina ministerial para las
negociaciones de comercio internacional seleccionó cautelosamente a Chile a principios de
1998 como su primer socio para negociaciones sobre libre comercio, a pesar de que
académicos y diplomáticos han sostenido conversaciones relativas a su factibilidad
durante varios años.11 Independientemente de que los
negociadores coreanos tomen en cuenta las relaciones de Corea del Sur con Sudamérica como
un todo, el libre comercio final entre Corea y Chile, poco usual entre países tan
distantes, representará un nuevo impulso para la presencia de Corea en América Latina,
así como también para redefinir su estrategia en cuanto a las relaciones con la
región. Adicionalmente, la iniciativa coreana de libre comercio hacia América Latina, la
primera de su tipo por parte de países asiáticos, podría en definitiva promover el
comercio y la cooperación inter-industrial que busca Latinoamérica y aumentar la
interdependencia económica. Las exportaciones latinoamericanas aún se concentran
fuertemente en productos primarios o productos primarios procesados de bajo valor
agregado, mientras que las exportaciones coreanas consisten principalmente de bienes
manufacturados entre los que se incluyen artículos electrónicos y automóviles. Por
ello, el comercio entre Corea y Latinoamérica ha seguido un patrón típico de
"comercio inter-industrial" Norte-Sur, en vez de una "cooperación
intra-industrial" Sur-Sur.12
IV. Conclusiones
La crisis financiera
internacional y su contagio, junto con las resultantes respuestas de política comercial,
revirtieron la prometedora expansión de las relaciones comerciales y de inversiones cada
vez más intensas entre Corea y América Latina a corto plazo. El financiamiento de las
inversiones se vio reducido, y bajó el nivel de inversión en el extranjero, la demanda
de insumos para la producción y la seguridad para las relaciones de negocios existentes.
Esto condujo inevitablemente a la contracción de la actividad comercial, de las
inversiones y de la cooperación para el desarrollo entre Corea y Latinoamérica. Sin
embargo, a largo y mediano plazo la crisis ha abierto y aumentado las oportunidades y el
espacio para mejorar el entendimiento mutuo, la institucionalización y la cooperación
estratégica o alianzas de ambas partes gracias a retos económicos, políticos y
socioeconómicos más parecidos en los dos frentes, nacional e internacional. El camino
final que habrán de tomar ambos depende de que los encargados de formular las políticas
tomen conciencia a tiempo de la importancia estratégica que reviste la cooperación
interregional.
Aunque algunos académicos
intenten justificar y modelar la secuencia de las recientes relaciones de Corea con
América Latina, será difícil convencerse de que los que toman las decisiones
mantuvieron una estrategia coherente tanto en el plano público como en el privado. Lo que
pudiera diferenciar una decisión de política de otra es si una ha sido adaptada a un
ambiente cambiante y si contiene en sí misma una visión para remodelar las relaciones
internacionales. Aún persiste la duda acerca de la capacidad en este sentido de los
actuales tomadores de decisiones. Aún así, ni siquiera tomadores de decisiones
incompetentes pueden aminorar el potencial que tiene la iniciativa de libre comercio de
Corea y Chile para dar un nuevo e inesperado inicio a las estancadas relaciones de Corea
con la región.
Notas
1. Ver Won-Ho Kim,
"Relaciones entre Corea y América Latina: Tendencias y Perspectivas," Diario
Coreano de Estudios Latinoamericanos Vol. 1 (1998), pp. 25-48. <http://plaza.snu.ac.kr/~kjlas/PDF/KIMWH.PDF>
2. Ver Young Chul Park y
Won-Am Park. "Movimiento de Capitales, Especulación de Activos Reales, y Ajuste
Macroeconómico en Corea," en Helmut Reisen y Bernard Fisher, eds., Apertura
Financiera: Asuntos de Políticas y Experiencias en Países en Desarrollo (París: OCDE).
3. Mientras que Corea le
da "prioridad al fortalecimiento de la cooperación con países Pan-Pacíficos",
la ayuda total otorgada a América Latina y el Caribe aumentó en 118.5% en 1997 con
relación al año anterior para llegar a 7.4 billones de won (7.78 millones de US$), 14.1%
del total. Ver KOICA, Reporte Anual 1998, p. 45.
4. Ver Won-Ho Kim, El
Nuevo Orden Económico en América Latina y la Dirección de las Políticas de Corea para
Relaciones Económicas Avanzadas. Instituto Coreano de Política Económica Internacional,
abril de 1996 (en coreano).
5. Entre otros véase
Formas de Cooperación con América Latina, Colección de Procedimientos, Instituto de
Asuntos Externos y Seguridad Nacional, agosto de 1996 (en coreano).
6. Jorge Lapsenson,
Embajador de Argentina, discurso durante un almuerzo ofrecido por el Consejo Coreano para
América Latina y el Caribe, 16 de diciembre de 1998.
7. Ver Taik-Hwan Jyoung,
"Inversiones Coreanas en América Latina," informe presentado ante la
Conferencia de Integración Regional de las Américas y la Cuenca del Pacífico,
Universidad de California, San Diego, 28 de febrero de 1997. <http://orpheus.ucsd.edu/las/prrptk.htm>
8. La primera reunión
ministerial de Corea con la Troika del Grupo de Río se llevó a cabo en septiembre de
1996 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
9. La primera reunión
consultiva de Corea con el MERCOSUR tuvo lugar en Asunción, Paraguay, en abril de 1997.
10. Corea del Sur abrió
el primer Foro Anual para el Diálogo y Cooperación con Centroamérica en San Salvador,
en agosto de 1997.
11. Fue después de la
visita a Chile del Ministro coreano de Comercio, Industria y Energía en octubre de 1997
cuando Corea del Sur empezó a estudiar con seriedad la factibilidad del libre comercio
con Chile.
12. Ver Young Kon Kim,
"La Relación Económica entre Corea y América Latina: Perspectivas Pasadas,
Presentes y Futuras," en Soo-Keun Kim et al., eds., Comparación de Experiencias de
Desarrollo: América Latina y Corea (Seúl: Ajou University Press, 1993), pp. 239-240.
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