América Latina en la crisis financiera internacional
Edición Nº 56.

Mayo-Agosto 1999.

El efecto "samba" en el MERCOSUR

La información, cifras y declaraciones contenidas en este trabajo surgen de los diarios La Gazeta Mercantil (Brasil) y Ámbito Financiero (Argentina), así como del semanario Búsqueda (Uruguay) entre los días 8 de enero y 4 de marzo de 1999.

Eva Holtz
Directora del Centro de Estudios Financieros del Uruguay

 

Introducción

A fines de 1998 el Gobierno del Presidente Fernando Enrique Cardoso puso en practica un paquete de medidas de contención del déficit, el cual fue recibido con escaso entusiasmo por los mercados que esperaban anuncios más fuertes. Luego, en los primeros días de enero de 1999, el Gobernador del estado de Minas Gerais, Itamar Franco, anunció su propósito de solicitar una moratoria de 90 días en todos los pagos de ese estado, como consecuencia de la decisión del Gobierno Federal de reducir las contribuciones a los estados, y de exigir a éstos mayor equilibrio en sus cuentas.

La actitud de Franco produjo una fuerte reacción en el mundo financiero, lo que precipitó la salida de reservas del país. Seguidamente, el Gobierno dispuso la ampliación de la banda de flotación del real (13 de enero) y dos días después (15 de enero) el Banco Central del Brasil se retiró del mercado de cambios.

Al 5 de marzo, la devaluación del real estaba en el entorno del 85%, se observaron incrementos de precios de diversos artículos, en muchos casos las estanterías de los supermercados brasileños se vieron vacías, se habló del congelamiento del precio del combustible y se comenzaron a realizar gestiones para la corrección de los salarios, etc.

Dentro de las medidas concretas adoptadas en Brasil, y que el presidente Cardoso había intentado lograr aprobar por el Congreso hace varios meses, se destacan, por su significación en la reducción del déficit, el incremento transitorio del "impuesto a los cheques" (tasa de Contribución Provisoria de Movimientos Financieros); el aumento en la contribución de los funcionarios federales a la previsión social; y el establecimiento de aportes para jubilados y pensionistas del sector público.

Simultáneamente, Brasil concretó un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que contempló el manejó de una inflación anualizada del orden del 15%, la disminución del déficit fiscal a través de la eliminación de varios subsidios a las exportaciones - como medida central - y otros parámetros.

Cardoso también anunció que el Gobierno Central colaboraría con el Estado de Minas Gerais para hacer frente a la deuda externa estadual y accedió a escuchar personalmente los planteamientos de otros Gobernadores inconformes con la decisión del Gobierno Central de disminuir los aportes a los Estados.

Tales son los principales acontecimientos ocurridos en Brasil entre finales de 1998 y principios del presente año, y cuya síntesis permitirá comprender mejor las reflexiones que se efectúan a continuación.

I. La modificación del sistema cambiario brasileño y su significado

La devaluación del "real", que es una consecuencia natural de la variación del sistema cambiario de Brasil, no agotó ni solucionó la crítica situación económica y financiera de ese país. La misma fue simplemente el reconocimiento del Gobierno de su fracaso en la implementación de su plan de reducción del déficit fiscal y, en último término, de corrección de los desequilibros macroeconómicos.

El Banco Central del Brasil, en este caso, dispuso la flotación pura de la moneda sin esperar a que se agotaran las reservas, que disminuyeron incesantemente a partir de la crisis rusa. La pérdida de reservas – que ya reflejaba la falta de confianza de los mercados- se agudizó críticamente con el anuncio de la moratoria del Estado de Minas Gerais. Esa declaración explicitó los problemas políticos que enfrentaba - y enfrenta - el Gobierno Central del Presidente Cardoso para la adopción de las medidas de ajuste requeridas para la contención del déficit fiscal convenidas con el FMI. De allí que, en la percepción de los mercados, las posibilidades de corrección de las dificultades sustanciales macroeconómicas en el Brasil se hicieron muy inciertas.

Las dificultades de la economía brasileña a las que aludimos son producto del fuerte desequilibrio fiscal y de la laxitud monetaria, ninguna de las cuales se modifican con la mera variación del sistema cambiario.

Con el mecanismo cambiario anterior, el mercado de cambios se ajustaba mediante la fluctuación (pérdida) de reservas del Banco Central del Brasil. Con el nuevo sistema la adecuación del mercado de cambios se produce por el precio de la moneda extranejra y no por la variación de las reservas internacionales. La profundidad de la devaluación dependerá, por ende, de la envergadura del ajuste fiscal que se produzca, y de la credibilidad del Gobierno brasileño a los ojos de los inversores, ya que su desconfianza también contribuye a presionar al alza el tipo de cambio.

En suma, la estabilización de las variables económica y financiera del Brasil dependerá no sólo de la existencia de un sólido enfoque económico por parte de los asesores y jerarcas de la política económica de dicho país, sino también de la aceptación por el sistema político de las medidas que se formulen para estabilizarlo.

II. Las repercusiones en la región

Hay dos vías principales por las cuales las dificultades de Brasil se trasmiten a sus vecinos.

La primera de ellas es por medio del comercio exterior, en las adaptaciones que experimentaron las operaciones de exportación e importación en bienes y servicios entre los agentes económicos brasileños y los de sus países vecinos. La segunda vía de transmisión es la del movimiento de capitales en la balanza de pagos, hacia y desde el Brasil.

1. El comercio exterior

En relación al comercio exterior, es fácil apreciar que los países que exportan a Brasil, entre los cuales destacan sus vecinos, padecieron una disminución – o cuando menos el enlentecimiento en los primeros meses del año – de sus exportaciones destinadas a Brasil.

Argentina, por ejemplo, coloca en Brasil casi una tercera parte de sus exportaciones anuales totales en rubros como automotores, bienes de consumo familiar, alimentos, productos agrícolas y agropecuarios que incluyen grasa, aceite, combustibles, cereales, etc. La disminución de las exportaciones a Brasil y por ende de las importaciones de éste último se debió, en un comienzo, a la incertidumbre sobre cuál podría ser para el importador brasileño el costo de las mismas, medido en reales de valor cambiante, por lo que la mayor parte de las operaciones en curso fueron suspendidas. Luego, la mengua en las exportaciones obedeció a la pérdida de competitividad del producto del exterior comparado con el producido localmente; y además a la menor demanda interna en Brasil a consecuencia de la difícil situación que afectó también a los destinatarios de las importaciones.

Inversamente, y en forma adicional a lo que acaba de expresarse, para los productores de los terceros países resulta muy difícil competir con los productos brasileños. Por ello, el intercambio comercial de los países vecinos de Brasil se resintió también por el incremento de la importación de artículos brasileños en los países de la región, a expensas de los productos locales que se vieron desplazados por no poder competir con los menores precios brasileños.

Estos dos elementos se conjugaron para disminuir la demanda de bienes y servicios en los países de la región, por lo que la producción de los mismos cayó, los precios de los diversos bienes y servicios también tendieron a la baja, aparejando ambos aspectos el efecto recesivo consiguiente.

2. El flujo de capitales

En lo que respecta al flujo de capitales en la balanza de pagos, las dificultades provinieron de la percepción negativa de la situación regional por parte de los inversores, lo que supuso la disminución de recursos disponibles en el mercado de capitales.

Esa percepción negativa se generó, a nivel microeconómico, por la perspectiva de disminución de la demanda de bienes y servicios y, a nivel macroeconómico, por la probabilidad de disminución de los ingresos fiscales y, por ende, la mayor dificultad de los gobiernos de los países de la región de equilibrar sus presupuestos y hacer frente a sus compromisos. A esto puede agregarse la incertidumbre respecto del mantenimiento de los regímenes cambiarios y pautas devaluatorias actuales de los países del MERCOSUR, y particularmente del plan de convertibilidad argentino.

3. La respuesta de los Gobiernos

La reacción inmediata de los gobiernos de la región ante la devaluación brasileña fue la de defender sus sistemas cambiarios actuales, asegurando que ellos no serían modificados. Esta tesitura fue consecuencia de la inquietud manifestada a cada uno de ellos por sus agentes económicos y por las organizaciones e inversores del contexto internacional.

En el caso argentino, la defensa del plan de convertibilidad del peso efectuada por las autoridades llegó al extremo de analizar y sostener la conveniencia de la dolarización total de esa economía. La razón fundamental de la adopción de esta postura, claramente expuesta por las autoridades argentinas, tímidamente esbozada por algunos especialistas del sector privado en Uruguay y Paraguay y nítidamente rechazada por los técnicos brasileños, se encuentra en la necesidad de eliminar toda duda respecto de la política cambiaria y su mantenimiento, por la repercusión que esa incertidumbre tendría en la confianza de los agentes económicos internos y externos de cada uno de los países involucrados.

En forma consistente con el mantenimiento de los regímenes cambiarios, y a los efectos de mejorar la competitividad de los productos de cada uno de los países, los Gobiernos aprobaron recortes en sus planes de gastos e inversiones anuales y en las tarifas públicas (caso uruguayo); en Argentina se dispuso la aceleración de la rebaja progresiva de los aportes patronales jubilatorios de varios sectores productivos; y en general, se adoptaron medidas que denotaron una mayor prudencia y contención en las variables de egresos públicos para el año. También se instrumentaron algunos mecanismos financieros, por ejemplo para el sector exportador uruguayo, o para la adquisición de automóviles de bajo valor en la Argentina.

Los instrumentos adoptados apuntaron a preservar, primeramente, la estabilidad económica de los países de la región y sólo en segundo término, y en lo que sea compatible con el mantenimiento de la estabilidad, a mejorar la competitividad de los bienes y servicios producidos localmente. Por la vía de la contención de los egresos públicos se evitaba el ensanchamiento potencial del déficit fiscal que puede provocar la retracción de la actividad económica y la consiguiente disminución de la recaudación de impuestos. Indirectamente, estas medidas apuntalaban también el flujo de capitales de la balanza de pagos ya que la estabilidad macroeconómica es fundamental para mantener la confianza de los inversores en estos países. Estas medidas, dispuestas en forma paralela en los diversos países de la región, no generaron polémicas ni despertaron pasiones por su aplicación.

4. La de los agentes productivos

Sin embargo, en el sentir de los sectores productivos de los países, las medidas adoptadas resultaron totalmente insuficientes para paliar la pérdida de competitividad de sus productos. Y es aquí donde el abanico de reclamos y presiones a los diversos gobiernos se intensificó. También, el espectro de medidas microeconómicas y de defensa de la producción local ante el incremento de la competitividad de los bienes y servicios brasileños que los sectores productivos demandan de sus respectivos gobiernos, son los que mayores sombras proyectan sobre el futuro del MERCOSUR. Y los mismos planteamientos se formularon también en algunos sectores de los gobiernos en la región, como expresión de la inquietud que generaron las perspectivas de los sectores productivos locales para 1999.

Puede resultar ilustrativo reproducir algunos de los reclamos que formularon las uniones industriales y de productores en la región, y que reflejan la intensa preocupación que existe en varios segmentos de la población. Destaquemos, además, que estas demandas se plantearon y reiteraron pese a que se produjeron diversos contactos y reuniones de integrantes de los sectores privados y públicos de los países del MERCOSUR con las autoridades brasileñas, en las cuales se analizó la situación de los sectores productivos y se intercambiaron - formal e informalmente - sugerencias recíprocas sobre las medidas a adoptar hacia el futuro.

Transcribiendo, entonces, algunos de los planteamientos más comunes encontramos que, por una parte, hubo una fuerte presión para que los gobiernos de la región exigieran a Brasil la revisión de su política de incentivos a las exportaciones y el sistema de reintegro de impuestos a las ventas destinadas al MERCOSUR. A su vez, en cada uno de los países de la región se levantaron voces para requerir la limitación del comercio fronterizo evitando el ingreso masivo de mercadería brasileña en los puntos de frontera con sus países vecinos.

También se insistió reiteradamente en la Argentina y en el Uruguay para que se analizara la puesta en marcha de "cláusulas de salvaguardia" u otros mecanismos, admitidos por la OMC - o con apartamiento de dicho marco -, que impidieran el ingreso masivo de mercaderías brasileñas a sus países vecinos. En especial, los sectores más afectados por el cambio en la competitividad de los bienes de la región ejercieron presión para aplicar trabas no arancelarias, particulares, "ad hoc", al comercio. Tengamos presente que frente a la eventualidad - lamentablemente factible - de cierres de empresas y desempleo, estas medidas ganaron rápidamente adeptos.

Otros reclamos apuntaron a la implementación de diversos regímenes de subsidios a los sectores más perjudicados por las medidas tomadas en el Brasil, todos ellos en clara violación de las normas de la OMC.

Por su parte, los medios de prensa brasileños "contratacaron" y dieron cuenta reiteradamente del sistemático incremento del déficit de su balanza comercial intra MERCOSUR entre 1992 y 1997; en lo cual influyó decisivamente el notorio aumento de las exportaciones argentinas al Brasil (desde U$1,67 billones a U$7,7 billones), si bien se admite que las exportaciones del Brasil a la Argentina son de productos que incorporan mucho más valor agregado que el de los bienes que exporta la Argentina al país norteño.

En este entorno, tanto en el Brasil como en la Argentina trascienderon frecuentemente comentarios que cuestionaron cuál sería el horizonte del MERCOSUR a la luz del dramático cambio de las variables brasileñas con su impacto consiguiente en la región. Finalmente, en mecanismos más constructivos, tanto el gobierno argentino como el uruguayo señalaron que enfatizarían sus esfuerzos y colaborarían con el sector privado para canalizar mayor flujo de exportaciones a nuevos destinos y mercados, fuera del MERCOSUR.

III. Las perspectivas próximas del MERCOSUR

1. En general

Es indudable que el MERCOSUR atraviesa por los momentos más difíciles desde su formación. Los mecanismos que se utilicen para la corrección del impacto de la nueva relación de precios entre sus países miembros serán fundamentales para definir el futuro de este acuerdo de integración.

Brasil, con un PBI de aproximadamente 500 mil millones de dólares tiene una significativa influencia en el comercio del MERCOSUR. Argentina produce el 43% de la producción brasileña y el producto uruguayo y paraguayo conjuntamente no llega al 5% del producto del país norteño, lo cual fundamenta la afirmación que acabamos de efectuar. Esto explica también el que la estabilidad macroeconómica brasileña sea tan relevante para la región. Ella repercute en el nivel de comercio regional - que se incrementa notoriamente en situaciones de estabilidad -, como ha sucedido desde la implantación del plan real, ayudado además por un nivel relativo de precios superior al de resto de sus socios comerciales y por un margen de preferencia arancelaria entre ellos, todo lo cual explica el sostenido incremento del comercio en la región, a expensas del aumento del déficit de la balanza comercial brasileña.

A vía de ejemplo, citemos que en 1993 el superávit comercial brasileño llegaba a los 13,3 mil millones de dólares, en tanto en 1998 el déficit comercial superó los 6 mil millones de dólares. En ese mismo período las exportaciones uruguayas y argentinas a Brasil aumentaron 150% y 188% respectivamente (considerando aún los bienes de difícil colocación en otros destinos y que se exportan en virtud de regímenes especiales del MERCOSUR).

Estas cifras permiten apreciar las razones por las que es difícil precisar cuánto del aumento del comercio en la región se debe al plan Real, a las preferencias generadas por el MERCOSUR o a la combinación de ambos. El primero, por la sobrevaluación de la moneda brasileña y el consiguiente encarecimiento relativo de sus productos; la segunda por las diferencias que marca en la comercialización de los bienes según estos sean originarios de intra o extrazona. Y, la crisis brasileña ha variado sustantivamente - en un proceso que aún no ha concluído - el primero de ambos componentes.

El encarecimiento previo de los productos brasileños que dificultaba su penetración en los restantes países de la región y que, por el contrario, incentivaba las importaciones a Brasil, se invirtió. Hoy, son los bienes brasileños los que cuentan con la ventaja relativa de sus precios, comparativamente a los originarios de los demás países de la región. Y ello genera una situación inesperada y muy compleja para la subsistencia y futuro del MERCOSUR. Como dijimos al comienzo, mucho dependerá de qué tipo de mecanismos se utilicen para corregir o mitigar el impacto de este brusco y significativo cambio de precios relativos en la región en cada uno de los países del MERCOSUR.

Los medios de prensa han dado cuenta de declaraciones, en todos los países de la región, que plantean un panorama sombrío o cuando menos incierto en punto a la continuación de la integración en el marco del MERCOSUR. Aún cuando los fundamentos de la incertidumbre no se expresan nítidamente en tales declaraciones, es fácil apreciar que los mismos estriban en dos ordenes de circunstancias. La primera razón consiste en que es muy difícil e incluso inconveniente continuar un proceso de integración que involucre países cuyas políticas macroeconómicas estén muy desalineadas y, en especial cuando uno de ellos - cuya economía representa más de la mitad del producto total de los países pertenecientes al MERCOSUR - atraviesa por una situación de gran inestabilidad y de crisis de sus variables macroeconómicas. El segundo elemento radica en la posibilidad de que alguno o varios de los signatarios del Tratado de Asunción resuelvan unilateralmente aplicar mecanismos de defensa sectoriales o trabas no arancelarias incompatibles con el MERCOSUR y la OMC.

En lo que concierne a las políticas macroeconómicas brasileñas y la estabilización de su situación económico-financiera, si bien es prematuro pronunciarse en forma definitiva, los instrumentos adoptados parecen encaminarse en la dirección correcta. Es incuestionable que la aplicación de medidas macroeconómicas adecuadas y necesariamente coordinadas con los restantes gobiernos de los países del MERCOSUR es uno de los pilares de la vigencia y continuación en el camino de la implementación de este acuerdo de integración. La disciplina de todos los gobiernos es una clave para ello. Cualquier ajuste de la magnitud del ocurrido en Brasil desdibuja los mecanismos de transición cuidadosamente estudiados para los sectores más sensibles de las economías de los cuatro países pertenecientes al MERCOSUR.

Por otra parte, en lo que respecta a la aplicación de medidas contradictorias con el MERCOSUR que fueran dispuestas unilateralmente por alguno de sus países miembros, es altamente significativo y auspicioso que ninguno de dichos países haya adoptado, al menos hasta el presente, ese tipo de mecanismos. En cambio, se ha incrementado la presión sobre las autoridades brasileñas para que éstos adopten algunas medidas, así como para que dichas autoridades admitan la adopción de algunos mecanismos por parte de los restantes miembros del MERCOSUR, todos los cuales se describirán seguidamente, que suponen en todos los casos el respeto de las normas del MERCOSUR y de la OMC.

Por último, a modo de síntesis general, puede afirmarse que las medidas adoptadas por los restantes países miembros del MERCOSUR, trasuntan madurez, seriedad y consistencia con las necesidades especiales de las economías embarcadas en un proceso de integración. Todas ellas implican el compromiso de los países signatarios al mantenimiento y continuación de las etapas que involucra la integración comercial y de servicios en el MERCOSUR.

2. En particular

A continuación consideraremos distintos instrumentos que pudieran aplicarse para mitigar el impacto de las medidas brasileñas en el resto de los países del MERCOSUR y cuya aplicación es compatible con éste.

Una primer alternativa, para el caso que se produzca un aumento muy significativo de las importaciones de bienes de origen brasileño al resto de los miembros del MERCOSUR, el cual haya acuerdo en mitigar, consiste en la adopción de algunas medidas que respeten tanto las normas del MERCOSUR como las de la OMC y que sean resueltas por todos los socios del MERCOSUR.

En ese marco inmediatamente se percibe que el MERCOSUR no ha previsto mecanismos de defensa frente a situaciones como la que se vivió en Brasil. Por lo que, careciendo de normas específicas en el ámbito del MERCOSUR, debería acudirse a los sistemas de salvaguardia admitidos por la referida OMC. Punto en el cual es necesario notar que es dudoso que puedan aplicarse legítimamente los mecanismos de salvaguardia de la OMC entre los miembros del MERCOSUR, ya que es éste último acuerdo y sus normas las que deben primar por sobre aquellas en un caso como el que nos ocupa. Por otra parte, la aplicación estricta - como corresponde - de los mecanismos de salvaguardia supone el cumplimiento de diversas instancias que demandan tiempo, en el cual el daño producido puede ya ser muy grave.

Otra posibilidad, que además probablemente también resulte ser una vía más efectiva, práctica y rápida, siempre en el marco de la legitimidad, sería la de obtener el consentimiento del Brasil para aplicar transitoriamente un mecanismo de defensa frente al incremento exorbitante de las importaciones de éste último país a sus socios del MERCOSUR. Por ejemplo, se ha manejado la posibilidad de establecer un arancel que represente una fracción de la devaluación del real, con lo que si bien se atiende únicamente una parte de las dificultades, y ello únicamente en forma provisoria, por lo menos se evitaría el recurso a medidas ilegítimas, con efectos destructivos de la relación entre los países miembros del MERCOSUR.

Independientemente de los mecanismos que acaban de señalarse, Brasil comenzó a contemplar algunas de las demandas de sus socios en el MERCOSUR, y en ese marco resolvió desmantelar los subsidios que perciben los exportadores brasileños - haciéndose así eco del reclamo argentino -, y también resolvió flexibilizar el sistema del financiamiento de las importaciones - contemplando en este caso una solicitud uruguaya -. El país norteño también anunció que estudiaría los efectos de otras devoluciones de impuestos a las exportaciones y que implementaría un régimen de licencias automáticas - que se concederían dentro de las 24 horas de solicitadas - para la importación de bienes al Brasil, eliminando de esta forma barreras no arancelarias para la importación de productos desde otros países del MERCOSUR. Finalmente, el gobierno brasileño ofreció fomentar la creación de una comisión técnica para que realice el seguimiento ágil de los flujos comerciales y evalúe rápidamente los efectos de las distintas medidas que se adopten en las respectivas economías.

V. Reflexiones finales

1. La primera reflexión que surge, a la luz de las sucesivas crisis asiática, rusa y brasileña, apunta a la relación costos - beneficios de la integración y de la globalización de los mercados financieros. ¿Son suficientes sus beneficios para justificar la absorción de sus costos y riesgos - que las sociedades están experimentando duramente- ? Al respecto, nuestra opinión es que la liberalización de la circulación de bienes, servicios y capitales genera un aumento del comercio - y por ende del producto -, una eficiencia creciente en la ubicación global de los recursos y los capitales, que se canalizan así a su uso más eficiente, que contribuyen al bienestar y a la mejora del nivel de vida en las sociedades sujetas al marco de la integración.

En lo que refiere específicamente a la integración y globalización financiera, debemos tener presente que la posibilidad de que muchos países en Asia y América Latina hayan tenido que construir una industria moderna y una economía pujante se debe, por lo menos en parte, a que han tenido más libre acceso a ahorros externos disponibles, sin perjuicio de reconocer la conveniencia de cuidar la dependencia de capitales de muy corto plazo. Estos aspectos positivos persisten básicamente al día de hoy, pese a la mayor percepción de los riesgos y costos asociados, cuyo conocimiento debemos profundizar para poder evitarlos o por lo menos mitigarlos.

2. Las crisis asiática, rusa y brasileña tienen en común que ellas - aún cuando afloran por aspectos parcialmente disímiles - se generan y profundizan por el mantenimiento de inconsistencias macroeconómicas, por la persistencia en déficits estructurales insostenibles con endeudamientos significativos externos, muchas veces de corto plazo, u otros mecanismos similares de financiamiento del déficit sin corrección sustantiva de la generación de éste. Finalmente, la confianza de los mercados en el mantenimiento de las políticas económicas se resiente y emerge la crisis.

Lo cual muestra la importancia que tiene para la sustentabilidad de procesos de integración, que las políticas macroeconómicas adoptadas por todos los países que integran ese marco conduzcan a valores sostenibles de déficit, de endeudamiento, de crecimiento del producto de cada uno de ellos. Pero además, en un contexto de liberalización de la circulación de capitales y globalización financiera, la consistencia y coherencia de las políticas macroeconómicas de cada uno de los países incluidos en ese marco de integración es uno de los pilares para el mantenimiento de la confianza de los mercados internacionales y, con ella, para mantener un acceso fluido a la inversión y el crédito internacional.

3. Simultáneamente, la experiencia que vivimos en el MERCOSUR señala una vez más la relevancia de la coordinación estrecha entre los gobiernos de los países vinculados por un acuerdo de integración en la definición e implantación de las variables macroeconómicas que, simultáneamente, afectan a todos y a cada uno de ellos. Políticas tales como las monetaria, cambiaria, inflacionaria; situación y evolución de la balanza de pagos, balanza comercial; seguimiento próximo de esas y otras principales variables de las economías respectivas, son algunos de los aspectos que atañen simultáneamente a cada país y a todos ellos. Razón por la que todas las etapas de implementación de las políticas macroeconómicas, desde su definición inicial y hasta el indispensable seguimiento continuo de la evolución de las mismas en su cotidianeidad, requieren de la reflexión conjunta y coordinada por todos los gobiernos de los países que se están integrando en la certeza de que el desajuste en cualquiera de las grandes variables de la economía en alguno de ellos repercutirá en los restantes con cada vez mayor intensidad, cuanto más se haya avanzado en la libre circulación de bienes y servicios intra regionales.

Es palpable el ajuste que provoca y que aún demandará el cambio brusco de la pauta cambiaria de uno de los países - que provoca una oscilación imprevista y desalineada en los precios relativos de los bienes y servicios en todos los restantes socios del MERCOSUR; pero similar repercusión tendría la variación de cualquier otra de las grandes variables de las economías. Pensemos, por ejemplo, cómo en un esquema de libre circulación de servicios, el mayor desempleo en uno de los países integrantes de un acuerdo de integración en principio tenderá a trasladarse y equilibrarse mediante la generación de una corriente migratoria a aquel país de mayor generación de empleo relativa, con lo que el índice de desempleo de éste último se incrementaría al mismo tiempo que disminuiría el desempleo en el primero.

4. La prevención de distorsiones en las políticas macroeconómicas de la región requiere que la coordinación de los países se intensifique y se plasme con un fuerte nivel de compromiso recíproco para la implementación y seguimiento de dichas políticas. Cada uno de los gobiernos es marcadamente responsable no sólo del buen desenvolvimiento de las variables en su país, sino también de que las políticas propias no obstaculicen a su vez el buen desarrollo de las economías de los demás países integrantes del acuerdo de integración. De ello también depende la continuidad y fluidez del acceso al crédito y la inversión internacional en toda la región.

5. A su vez, internamente, dentro de los aspectos que será conveniente profundizar en la coordinación que se desarrolle entre los países integrantes del MERCOSUR, por su contribución en la prevención de distorsiones y dificultades en la aplicación de políticas económicas por alguno de los socios de este acuerdo de integración, pueden señalarse:

  • El incremento de la información que se intercambian los países, relativa tanto al sector público como al privado, que además de influir en la coordinación de políticas y su implementación contribuye al mejor funcionamiento de los mercados financieros. También debe mejorar la transparencia de la información que aquí referimos. Se destaca, por su relevancia, la necesidad del intercambio fluido de información en materia de las reservas internacionales, deuda externa - en especial de corto plazo - y flujos de capitales de cada uno de los países. El incremento de la calidad y fluidez de la información en cuanto a las políticas económicas y en relación a la evolución de las cifras y registros económicos y financieros permite valorar más exactamente los riesgos involucrados, por lo que su importancia en la coordinación entre los países es muy marcada. A su vez, la mejor calidad de la información incide en la adopción de medidas económicas más precisas y adecuadas porque facilita su análisis y discusión por parte de los demás países socios.

  • La implementación más intensa de estandares internacionales en materia de contabilidad, auditoría, régimen de insolvencia, los cuales contribuirán a desarrollar prácticas comerciales más sanas y permitirán, en otro ámbito, una mejor discriminación entre deudores por parte de los mercados financieros. Tengamos presente que parte del fortalecimiento de los sistemas internos propios de cada país del MERCOSUR está dirigido a los mercados internacionales de crédito, que, como inversores y prestamistas, mirarán muy estrechamente todas las mejoras y modificaciones que puedan introducirse en este grupo de países emergentes. Por otra parte, la intensificación de estos estandares permite un mejor conocimiento y, por ende, una mayor credibilidad de las políticas que adopta cada uno de los países por parte de sus socios.

  • El fortalecimiento de los sistemas financieros domésticos - incluyendo los mecanismos de supervisión prudencial - es un ítem necesario para mitigar las debilidades que puedan tener los respectivos sistemas. Es necesario, por una parte, apuntalar el desarrollo de una banca adecuadamente capitalizada, de buena liquidez y gerenciamiento de riesgo cambiario, con sistemas internos de control efectivos y que equilibre correctamente los riesgos y la rentabilidad. Estos aspectos también suponen la información fluida y transparente, una adecuada regulación y supervisión prudencial, actuaciones inspectivas directas o por medio de auditores, la rápida actuación en caso de deterioro de la posición de alguna institución o en situaciones de aplicación de prácticas inadecuadas. También contribuirán en ese sentido el fortalecimiento del sistema de pagos y de los sistemas legales de ejecución judicial de los contratos y de las situaciones de insolvencia. También es necesario intensificar el conocimiento de las actividades de los inversores institucionales, particularmente sus operaciones que involucran financiamientos de muy alto leverage, y de la información y registros relativos a la exposición de los mayores inversores antedichos. La importancia de los sistemas financieros domésticos radica en su íntima incidencia en las variables macroeconómicas y en la facilidad con la que las dificultades de este sector pueden trasmitirse a los restantes países de la región, y aún del resto del mundo, a través de los sistemas de pagos y los créditos y depósitos interbancarios.

 

 


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