| América Latina
en la crisis financiera internacional
Edición Nº 56.
Mayo-Agosto 1999.
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Vulnerabilidad, la otra cara
de la apertura económica |
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Vivianne Ventura Dias
Directora de la División de Comercio Internacional y Financiamiento para el Desarrollo de
la CEPAL. Las opiniones expresadas por la autora son a título personal y no comprometen a
la institución para la cual trabaja. |
Introducción
El
Secretario-General de la UNCTAD, Embajador Rubens Ricupero, se refirió recientemente a
algunas de las características desequilibradas de la crisis financiera que empezó con la
devaluación de la moneda tailandesa (baht) en julio de 1997, y que la convirtió en una
crisis de las "economías emergentes".
Primero, la crisis financiera
de 1997-1998, con muy pocas excepciones, impactó solamente las economías en desarrollo,
y entre estas, a las más avanzadas y exitosas. Exactamente aquellas economías que se
habían distinguido por el diseño y la ejecución de políticas deliberadas para una
mejor integración en la economía mundial. Las economías más industrializadas, de
cierta manera, se beneficiaron de la baja en los precios de los productos básicos y
manufacturados.
De acuerdo con las estimaciones
del Fondo Monetario Internacional (FMI), en 1998, exceptuándose Japón, todos los países
industrializados registraron crecimiento positivo, entre 1,4% (Italia) y 3,9% (Estados
Unidos), en relación al año anterior, mientras que el grupo de las economías asiáticas
de industrialización reciente (NICs) presentó una tasa negativa de 1,5%, y el
grupo de cuatro economías (Filipinas, Indonesia, Malasia, y Tailandia) registró tasa de
9.4%.1
En realidad, como afirmó la
CEPAL, la crisis financiera demostró que una buena inserción internacional y una
macroeconomía sólida no son suficientes para impedir los efectos devastadores de los
choques externos.2 Más aún, la inestabilidad
financiera puso a descubierto la vulnerabilidad potencial de las economías, como la otra
cara de la virtud de la apertura internacional.3 Las
perturbaciones económicas, inicialmente localizadas en algunos países, rápidamente se
propagaron a otros países y regiones a través de canales comerciales, monetarios y
financieros.
Este ensayo se concentra en los
canales comerciales de transmisión de la crisis financiera. La espectacular retracción
de las economías del Asia oriental, a partir de la segunda mitad de 1997, hasta entonces
en rápido crecimiento, incidió fuertemente en varios mercados de bienes y servicios,
debido al grado de integración de esas economías en el comercio mundial, y de las
características estructurales de las transacciones internacionales en bienes.
En los últimos años, todas
las regiones del mundo habían aumentado la proporción de sus exportaciones destinadas a
Asia. Merced a su considerable y creciente demanda de importaciones, financiadas por
entradas de capital privado, las dinámicas economías asiáticas se convirtieron no sólo
en importantes proveedores competitivos de una amplia gama de productos en los mercados
mundiales, sino también, en forma creciente, en una "locomotora" para la
economía mundial.4
Por lo tanto, la recesión de
aquellas economías afectó directamente algunas de los países latinoamericanos, como
Chile y Perú, para los cuales los mercados asiáticos se transformaron en importantes
destinos de sus exportaciones. Además, otras economías, que no dependían directamente
de estos mercados, fueran alcanzadas por el impacto indirecto de la contracción de la
demanda agregada asiática sobre el precio de los productos básicos.
I. Los cambios estructurales
en la economía internacional
El fuerte impacto de
la crisis financiera, su amplitud y extensión sorprendieron incluso a los organismos
financieros internacionales. Asimismo, la magnitud de la crisis reciente subrayó los
riesgos sistémicos asociados con la globalización. Las crisis financieras sistémicas
envuelven un número elevado de factores, agentes, mercados e interacciones, lo cual
dificulta hacer un pronóstico adecuado de su intensidad, amplitud y duración, e impide
por lo tanto intervenir en los mercados con la debida anticipación. Además, las
expectativas de los agentes de mercado desempeñan un papel fundamental en la generación,
duración y difusión de las crisis. En tales circunstancias, la misma intervención de
los organismos financieros que deberían liderar la ayuda a los países en crisis puede
terminar por agravar el fenómeno.
Como señala el Fondo Monetario
Internacional, la actual década ha sido caracterizada por una elevada inestabilidad. El
actual debilitamiento del crecimiento económico mundial es el cuarto ejemplo de recesión
global en los últimos veinticinco años. Empero, dos de las crisis globales ocurrieron en
la década de los noventa, lo que ha determinado un crecimiento promedio del producto
mundial, modesto y progresivamente menor en las tres décadas finales del siglo: el
crecimiento promedio del producto mundial para la presente década fue estimado en 3,1%,
por debajo de la tasa de 3,4% de los ochenta y de 4,4% en los setenta.5
Pero aun así, para este promedio contribuyeron fundamentalmente las economías de
industrialización reciente, dado que el crecimiento de las economías industrializadas se
limitó a 2,1% en los noventa y 2,3% en los ochenta, mientras que las tasas para las
economías en desarrollo, en su conjunto, fueron respectivamente 5,4% y 4,2%.6
Solamente los Estados Unidos,
entre las economías industrializadas, ha presentado un desempeño económico plenamente
satisfactorio en los noventa, a pesar de una corta recesión en los primeros años. El
crecimiento ininterrumpido de la economía estadounidense desde marzo de 1991, con los
niveles más bajos de desempleo de los últimos 28 años y con precios estables, se
constituye un hito en su historia económica. De hecho, la economía de los Estados Unidos
se ha visto beneficiada por el efecto depresor que ha tenido la crisis asiática sobre el
precio de los productos básicos entre ellos los energéticos y de los
productos manufacturados, lo cual aminoró considerablemente las presiones inflacionarias.
En el otro extremo se sitúa la
economía japonesa, que a pesar de una importante recuperación en 1996 ha presentado un
crecimiento promedio en los noventa que no supera 1%, y que contrasta con el promedio de
4% en los ochenta. La caída de la actividad económica japonesa se sumó a la recesión
de los demás países asiáticos, lo que determinó la retracción de la demanda para un
gran conjunto de productos básicos, incluyendo el petróleo.
Los países de la Unión
Europea, a su vez, mantienen un crecimiento mediocre que no alcanza el 2% en la década,
inferior a un 2,4% logrado en los ochenta. No obstante, dada la gravitación del comercio
europeo en el crecimiento de la actividad económica de la Unión Europea, su crecimiento
no fue modificado por la retracción de la demanda asiática.
Por otra parte, el bajo
crecimiento promedio de la actividad económica estuvo asociado con una elevada expansión
de las transacciones internacionales, lo que ha sido interpretado como una indicación del
aumento de la interdependencia entre naciones y mercados. Según el FMI, a pesar de la
disminución del crecimiento del comercio en 1998 y 1999, la tasa promedio de crecimiento
del volumen del comercio mundial fue estimada en 6,1% para los noventa, y de 4,7% para los
ochenta, es decir entre dos a tres veces la tasa de crecimiento del producto mundial. En
ambos periodos, la tasa de expansión de las exportaciones e importaciones de los países
en desarrollo exportadores de manufacturas fue dos veces superior al promedio agregado.7
El bajo crecimiento promedio
registrado por las economías industrializadas en los años noventa no impidió el aumento
del comercio de algunos de los países en desarrollo, lo cual evidenció cierto
debilitamiento del vínculo entre ambos grupos de países y la gravitación creciente de
las transacciones entre los países en desarrollo de Aisa y de América Latina.
Cabe señalar que la estructura
del comercio se caracteriza por lo que Paul Krugman llamó "desmembramiento de la
cadena de valor", y que otros autores consideran como "producción
compartida". En este proceso las empresas pueden dividir la producción en distintas
etapas de incorporación de valor, que se realizan en distintos lugares, lo que da
origen a una interdependencia de las economías basada en actividades de producción.
Según Krugman (1995), hasta 1913, o sea, en la primera ola de globalización, cada bien
de consumo era exportado una sola vez. Empero, actualmente, un mismo bien final puede ser
contabilizado varias veces en las estadísticas, dado que un bien que es producido en un
país puede ser armado con componentes producidos en otros países, que a su vez son
armados con subcomponentes producidos en otros países. Todas esas operaciones no pueden
ser distinguidas con precisión, en las estadísticas de comercio.8
II. Los efectos en América
Latina
En diciembre de
1998, la CEPAL estimó el posible crecimiento latinoamericano en cerca de 2.3%, computados
los efectos de las políticas de ajuste de la demanda, en Brasil y Chile; la caída del
precio de los productos exportados por la región, principalmente del petróleo y los
cereales; los efectos del fenómeno El Niño en Ecuador, El Salvador y Perú, y del
huracán Mitch en Centroamérica (particularmente en Honduras y Nicaragua).9 Las estimaciones de crecimiento anteriores fueron
revisadas a la baja, en función de los hechos acontecidos durante el año.
En 1998, las exportaciones de
América Latina y el Caribe evolucionaron en un contexto internacional desfavorable que
empezó a configurarse a partir del segundo semestre de 1997, como consecuencia de la
crisis financiera asiática, y que afectó a la región por tres vías: cortes radicales
en los flujos de capital internacional de corto plazo y elevación de los costos del
financiamiento externo; fuertes bajas de los precios de los productos básicos, y
desaceleración del crecimiento del comercio mundial. Una relativa expansión del volumen
exportado, cercano al 8% compensó sólo parcialmente la baja de los precios y, según
estimaciones de la CEPAL, por primera vez en 12 años el valor de las exportaciones
regionales se redujo con respecto al año precedente.
Desde fines de los ochenta, los
gobiernos latinoamericanos han adoptado políticas de austeridad fiscal y monetaria para
controlar los desequilibrios macroeconómicos derivados de la crisis del endeudamiento.
Asimismo, han aplicado políticas de liberalización y desregulación de los mercados
internos, y programas de privatización del patrimonio público, todo ello con el
propósito de reordenar el sistema de incentivos para el sector privado de forma a
eliminar el sesgo anti-exportador, perfeccionar el funcionamiento de los mercados y
contribuir al aumento de la competitividad internacional de las unidades productivas
instaladas en su territorio.
En documentos anteriores, la
CEPAL ha insistido que esas medidas son necesarias pero no suficientes para generar un
crecimiento sostenible de la región, pues los países deben mejorar también su
participación en las corrientes más dinámicas del comercio, así como su acceso a la
tecnología, a la inversión extranjera directa y al financiamiento de largo plazo.
El proceso de modernización
que ha tenido lugar en los países latinoamericanos no ha logrado aún cambiar
sustancialmente la especialización exportadora de la región. Al contrario, como era
previsto, la apertura unilateral adoptada por esas economías ha fortalecido la
especialización exportadora basada en la abundancia de recursos naturales y mano de obra
barata.
La mayor parte de las
economías de la región depende de unos pocos productos o de unos pocos mercados (o de
ambos) para sus ingresos de exportación. Con excepción de México, los demás países
mantienen sus exportaciones concentradas en productos básicos, mientras que las
economías más avanzadas diversificaron sus ventas externas mediante la elaboración de
bienes industriales complejos, derivados, no obstante, del procesamiento de los mismos
productos básicos. México ha logrado diversificar sus exportaciones con productos
manufacturados de mayor base tecnológica, y su estrategia consistió en elevar
radicalmente la participación de los Estados Unidos en su comercio e inversiones.
Como ha sido señalado
anteriormente, la espectacular retracción de la demanda asiática afectó el precio de
los productos básicos, tanto minerales como agrícolas. Además el petróleo y el cobre
siguieron su tendencia declinante, hasta el inicio de 1999, en el caso del petróleo y
junio de 1999, para el cobre. La gran dependencia de la mayor parte de los países
latinoamericanos de un número aún reducido de productos aumenta considerablemente la
vulnerabilidad de su sector externo frente a la caída de estos precios.
Para que los países puedan
compensar la caída de los precios con el aumento de los volúmenes exportados, es
necesario que la demanda siga expandiéndose. No obstante, como ya se dijo, antes de la
crisis asiática el crecimiento global de las exportaciones dependía de la expansión
económica de los Estados Unidos, del Asia oriental y, en menos medida, de la demanda
latinoamericana. Los programas de ajuste aplicados en Asia y el algunos países de la
región has significado una fuerte reducción de la demanda de estos mismos países,
convirtiendo a los Estados Unidos en el mayor determinante de la expansión o el repliegue
de la demanda global.
Son pocos los países
latinoamericanos que exportan en una proporción considerable a Asia. Chile y Perú, que
han tenido éxito en la diversificación de sus exportaciones hacia los mercados
asiáticos, fueron los más afectados por el retroceso de la demanda asiática. Los
mercados asiáticos aumentaron gradualmente su proporción como destino de las
exportaciones chilenas, de un 26% en 1990 para 35% en 1995, proporción que se mantuvo
hasta 1997. Estos mercados absorbieron cerca de 19% de las exportaciones peruanas en 1990,
aumentaron su proporción para 27% en 1995, y alcanzaron cerca de 25% en 1997.
En realidad, la participación
promedio de estos mercados en el conjunto de países de la región disminuyó de más de
10% en 1990, para poco más de un 8%, en 1997, esto debido principalmente a la
disminución de las compras asiáticas del petróleo venezolano, y a la reducción de la
participación en las exportaciones de Brasil (véase el cuadro 1).
PARTICIPACIÓN DE ASIA EN EL COMERCIO DE AMÉRICA LATINA Y EL
CARIBE, 1990-1997 |
País
Informante |
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Argentina |
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Barbados |
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Bolivia |
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Brasil |
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Chile |
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Colombia |
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Costa Rica |
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Ecuador |
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El Salvador |
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Guatemala |
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Honduras |
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Jamaica |
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México |
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Nicaragua |
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| Panamá |
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| Paraguay |
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| Perú |
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| Santa Lucía |
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| Trinidad y Tabago |
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| Uruguay |
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| Venezuela |
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América Latina y e l Caribe |
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Fuente:
CEPAL sobre la base de informaciones oficiales.
Pero, el impacto más agudo ha sido por la baja en los precios de
los productos básicos. Aunque, como ha sido mencionado, la reducción en los precios de
exportación no redujo los volúmenes exportados, y por lo tanto, no ha disminuido el
producto real, medido en precios constantes, el impacto se dio por un deterioro en los
términos de intercambio y la merma en los ingresos reales de la región, en su conjunto.
Sin embargo, fueron los exportadores de petróleo los que más sufrieron pérdidas en los
términos de intercambio. Para los demás exportadores de productos básicos, la
reducción en sus precios de exportación fue relativamente equilibrada por la
disminución de los precios de petróleo. Por lo tanto, los términos de intercambio
deterioraron moderadamente.
Los precios de los productos básicos, con excepción de un grupo
reducido de productos, han descendido significativamente desde que comenzó la crisis
financiera. En 1998, el precio promedio del petróleo se redujo en 32%, la mayor
disminución desde 1986, mientras que la baja de 16% en el índice de precios de los
productos básicos, excepto petróleo, representó la mayor reducción desde 1975.
En América Latina, Venezuela ha sido el país más duramente
afectado por la baja de los precios de petróleo. Los ingresos derivados del petróleo se
redujeron en 30% y convirtieron un superávit de cuenta corriente equivalente a 6,8% del
PIB en 1997 en un déficit de 1,6%. Ecuador es un poco menos dependiente del petróleo
(cerca de 30% del valor de sus exportaciones), y México, bastante menos (menos de 10%).
Sin embargo, la baja en los precios del petróleo contribuyeron al deterioro de las
cuentas externas y fiscales. Otros países, como Chile y Perú, también tuvieron
problemas en su balanza comercial, en virtud de la baja en los precios del cobre.10
Desde comienzos de los años noventa, la tasa de crecimiento del
consumo de bienes primarios en la mayoría de los países asiáticos fue superior a la del
resto del mundo. Por ejemplo, entre 1992 y 1996, el consumo de los países asiáticos en
desarrollo da cuenta de aproximadamente 66% del aumento del consumo de petróleo.11 Estos países también son importantes en la demanda
internacional de algunos metales básicos y ciertos alimentos (granos, grasas y aceites).
Al analizar los mercados específicos de los productos primarios se
advierte que la crisis ha tenido un impacto directo en la demanda de aluminio, estaño,
zinc, plomo, cobre refinado, níquel, caucho natural, algodón, lana y pieles. Sin
embargo, parece haber tenido un menor impacto en la caída de precio de maderas, acero,
carne, maíz y derivados de la soja. El consumo del petróleo se redujo en 3% en Japón y
en 15% en la República de Corea, mientras que el consumo de otros productos básicos como
el cobre y el aluminio presentaron bajas de dos dígitos en ambos países así como en
otros importadores asiáticos, como resultado de la retracción de los planes de
inversión en infraestructura.
Otros factores afectaron a los precios por la parte de la oferta. En
efecto, en los dos últimos años aumentó notoriamente la producción de algunos bienes
agrícolas: en particular, la producción de granos creció 9,5% en tanto que el consumo
aumentó sólo 5,5%. La producción de los principales aceites vegetales se incrementó
casi 9% en el mismo período, alcanzando una producción máximo en la temporada
1997/1998. La producción de azúcar también tuvo un alza considerable en 1997, con un
crecimiento de 7,2%, frente a un aumento de 4,5% de la demanda en el mismo año.12
Según estudios econométricos hechos por el FMI sobre la relación
entre la producción nacional y los precios de los productos básicos, la disminución de
la actividad en los países asiáticos afectados por la crisis y en Japón en 1997-1998,
podría explicar una gran parte de la reducción en los precios de los productos básicos,
incluyendo petróleo, en los dos años mencionados. No obstante, estos precios están
también sujetos a factores seculares, que reflejan el crecimiento gradual de las
existencias globales, y un crecimiento menos vigoroso de la demanda, lo que a su vez
refleja un bajo crecimiento de las economías más avanzadas, un cambio de las actividades
productivas hacia actividades menos intensivas en recursos naturales, y a los cambios
tecnológicos que permiten que las empresas operen más eficientemente.
En general, los precios de los productos básicos se deben mantener
bajos en 1999, dado que no se esperan cambios importantes en los factores que determinaron
la caída en los últimos años. Los precios de los productos báscios deben recuperarse
después de 1999, aunque la recuperación deberá ser lenta y dependerá de la robustez
del ciclo económico. Aún esperando el final de la recesión asiática para 1999 y la
recuperación de la economía japonesa, los factores seculares deberán seguir incidiendo
en la moderación de los precios de los productos básicos.
III. Consideraciones finales
En la década en curso, el comercio exterior latinoamericano se ha
caracterizado por un crecimiento de las importaciones netamente superior al de las
exportaciones, lo cual se ha traducido en una acumulación continua de déficit
comerciales y de cuenta corriente. Esas importaciones han cumplido una función
considerable en la reestructuración industrial de la región, dado que los insumos y los
bienes de capital importados permitieron la adecuación tecnológica de la base industrial
de los países.
La apertura comercial y el nuevo sistema de incentivos y de
regulaciones dieron impulso a un amplio proceso de reestructuración de la industria,
proceso en que se destacan los cambios en la especialización productiva de los países y
la mayor utilización de insumos importados en la producción local, junto con las
profundas transformaciones ocurridas en la estructura patrimonial de muchos sectores
industriales en los que las empresas locales no pudieron competir con productos similares
importados.
En general, el fuerte descenso de precio de los productos básicos,
asociado a problemas de sobreoferta y de retracción de la demanda, demostró la
vulnerabilidad de la oferta exportadora de los países latinoamericanos. Durante las
últimas décadas, varios países hicieron considerables esfuerzos por diversificar sus
exportaciones tanto en términos de productos como de mercados de destino.
Sin embargo, según estudios sobre la composición en cuanto a
mercados y productos, de las exportaciones regionales, son pocos los que realmente
lograron esta diversificación. Países como Bolivia, Ecuador, Paraguay y Venezuela siguen
mostrando una elevada vulnerabilidad comercial, dada la concentración de sus
exportaciones en unos pocos productos y mercados de destino.
Empero, irónicamente, como ha sido señalado, la crisis financiera
incidió fuertemente sobre las economías más abiertas, integradas y diversificadas de
América Latina. Las economías más dependientes del mercado de los Estados Unidos fueron
menos afectadas, por causa de la participación de estos países en la "producción
compartida" de empresas establecidas en los Estados Unidos, a través de las
operaciones de maquila, y el crecimiento de la economía estadounidense. En 1998 y
mediados de 1999, algunas de las economías centroamericanas y caribeñas presentaron
tasas elevadas de crecimiento. A pesar de la baja en los precios del petróleo, en 1998 la
economía mexicana creció a tasas cercanas al 5%.
Los Estados Unidos son un mercado importador significativo para
todos los países de la región, aunque participe en distintas proporciones en las
exportaciones de los varios países. México exporta más del 80% del valor de sus
exportaciones para aquel mercado, mientras que para Argentina el mercado estadounidense
equivale a menos de 10% de sus exportaciones.
Sin embargo, el rol protagónico que los Estados Unidos han asumido
en el sostenimiento de la expansión del comercio mundial, y la imposibilidad de que otros
países industrializados puedan reemplazarlo en esa función en el mediano plazo, son
fuente de profunda inquietud por las consecuencias que podría tener una reducción
abrupta del crecimiento de su economía en la recuperación económica de América Latina
y de Asia.
1. FMI 1999, World Economic Outlook, mayo, International
Monetary Fund, Washington, D. C., cuadro 1.1., pág. 2.
2. CEPAL, 1999, Panorama de la Inserción Internacional de
América Latina y el Caribe, Edición 1998 (LC/G.2038-P), Santiago de Chile, marzo.
Publicación de las Naciones Unidas, Nº de venta: S.99.II.G.3, pág. 27.
3. Naciones Unidas, 1998, Estudio económico y social mundial
(E/1998/50/ST/ESA/261), Nueva York. Publicación de las Naciones Unidas, Nº de venta:
S.98.II.C.1.
4. UNCTAD, 1998, Informe sobre el comercio y el desarrollo,
1998, vol. 1 (UNCTAD/TDR/1998 (Vol.I), Ginebra, 7 de agosto, pág. 32).
5. FMI, 1999, World Economic Outlook, mayo, International
Monetary Fund, Washington, D. C., pág. 27.
6. FMI, 1999, cuadro 2, pág. 140.
7. FMI, 1999, cuadros 22-24, págs. 167-170.
8. Krugman 1995, "Growing world trade: Causes and
Consequences", Brookings Papers on Economic Acitivity, n. 1, pág. 334.
9. CEPAL, 1998, Balance preliminar de las economías de
América Latina y el Caribe, 1998, (LC/G.2051-P), Santiago de Chile, diciembre.
Publicación de las Naciones Unidas, Nº de venta: S.98.II.G.15, pág. 2.
11. Entre 1992 y 1996, la República de Corea, en conjunto
con otros países asiáticos de menor desarrollo (Filipinas, Indonesia, Malasia y
Tailandia) aumentaron su participación en el consumo mundial de petróleo de 5% a 6,5%
(FMI, 1998, Estudios económicos y financieros. Perspectivas de la economía mundial,
Washington, D. C., pág. 125).
12. Banco Mundial, 1998, "Commodity markets and the
developing countries", World Bank Business Quarterly, Washington, D. C., agosto.
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