América Latina en la crisis financiera internacional
Edición Nº 56.

Mayo-Agosto 1999.

Hacia un sistema financiero
internacional estable y
predecible y su vinculación
con el desarrollo social

El siguiente documento, presentado al Secretario General de las Naciones Unidas, fue aprobado en la Reunión Regional de Alto Nivel realizada en Ciudad de México, entre el 5 y 7 de septiembre de 1999.

Introducción

En el marco de la resolución 53/172 de la Asamblea General de las Naciones Unidas se solicitó al Secretario General presentar un informe sobre las tendencias actuales de las corrientes financieras mundiales y las modalidades para mejorar la capacidad de alerta temprana, prevención y respuesta a las crisis financieras con una perspectiva amplia, de largo plazo, consciente de los problemas del desarrollo y de la necesidad de proteger a los países y grupos sociales más vulnerables.

Con base en esta resolución y con el fin de enriquecer el informe del Secretario General Kofi Annan, a la 54 Asamblea General de las Naciones Unidas, celebramos la iniciativa del gobierno mexicano, y con apoyo de la CEPAL los días 5 a 7 de septiembre de 1999, en la Ciudad de México, la Reunión Regional de Alto Nivel "Hacia un Sistema Financiero Internacional más Estable y Predecible y su Vinculación con el Desarrollo Social".

Los principales temas y conclusiones de este evento que presentamos al Secretario General de Naciones Unidas para su consideración son los siguientes:

  1. Las crisis financieras de años recientes, cuyos efectos tuvieron un impacto profundo en el sistema internacional en su conjunto, hicieron evidente la capacidad desestabilizadora de los mercados financieros internacionales; la insuficiencia de acciones aisladas; la necesidad urgente de identificar y concertar acciones preventivas que se puedan instrumentar a niveles nacional, regional y global; así como, la necesidad de un sistema financiero estable para avanzar en la agenda social y en una nueva estrategia de desarrollo.

  2. La recurrencia, profundización y complejidad de los fenómenos globales, así como su carácter sistémico, obligan a rediseñar los mecanismos existentes de cooperación internacional para abordar las causas, soluciones y medidas preventivas para aquellos problemas que trasciendan el ámbito nacional. Los problemas económicos de magnitudes globales representan un reto para los esfuerzos de desarrollo social de los países, por lo que estos aspectos deberán ser tratados desde una perspectiva integral, involucrando a los gobiernos nacionales, a los organismos regionales y multilaterales, y a los actores relevantes del mercado.

  3. En fechas recientes se ha observado una recuperación de las economías más afectadas por las crisis. Sin embargo, esto no debe traducirse en una actitud de complacencia por parte de los medios financieros internacionales. Asimismo, es importante que tanto los países que vivieron periodos de crisis como aquellos que no, redoblen esfuerzos para evitar futuros periodos de inestabilidad. Asimismo, en América Latina y el Caribe, consideramos que la estabilidad financiera internacional es un bien público global y que la región debe participar corresponsablemente en los procesos dirigidos a fortalecer la gobernabilidad financiera mundial.

I. Avances y desafíos de una nueva arquitectura financiera internacional

  1. Los organismos financieros internacionales deben replantear sus políticas para responder a los grandes desafíos creados por los mercados financieros y realizar los cambios necesarios para prevenir y evitar nuevas crisis. Asimismo, se deben tomar en cuenta las diversas características de unas instituciones frente a otras a fin de que, mediante una clara definición de sus funciones, se eviten duplicaciones y su operación se haga más eficiente.

  2. El diseño de mecanismos de financiamiento en tiempos difíciles es un punto importante de la nueva arquitectura financiera internacional. Sin embargo, la magnitud de las crisis financieras recientes y la cantidad de recursos necesarios para proveer de liquidez a los mercados en tiempos de inestabilidad, imposibilitan que las instituciones financieras internacionales funcionen como prestamistas de última instancia en situaciones de crisis.

  3. Es necesario revisar el sistema de cuotas de los organismos financieros a fin de contar con mayores recursos para respaldar oportunamente a las economías en problemas. Asimismo, para respaldar oportunamente a las economías en problemas se deben buscar fuentes complementarias de liquidez, tales como el uso anticiclico de los derechos especiales de giro, y la creación de fondos de reservas regionales y el reforzamiento de los ya existentes.

  4. En este sentido, se considera que estrategias tales como las líneas contingentes de crédito, diseñadas por el FMI recientemente, representan un avance. Es indispensable que los requisitos para acceder a estos recursos sean claros y se conozcan con antelación y que estas líneas de crédito sean suficientes, oportunas y accesibles.

  5. La prevención y manejo de las crisis exige una mayor coherencia y armonización de las políticas nacionales y multilaterales que no necesariamente implique seguir el mismo patrón y que respete las condiciones económicas y sociales de cada país. De esta manera, se hace necesaria una supervisión y coordinación más eficaz y con carácter preventivo. Al respecto son de señalarse las contribuciones que han desarrollado los países de América Latina y el Caribe a través de sus programas de estabilización y saneamiento financiero.

  6. Es indispensable desarrollar un Sistema de Alerta Temprana/Prevención para evitar o, en su caso, enfrentar oportunamente los riesgos de una crisis financiera. En este contexto es alentador el esfuerzo del FMI en la construcción de modelos empíricos que ayuden a predecir las crisis de balanza de pagos. Es indispensable reconocer la naturaleza mutante de las crisis y la variabilidad de sus causas, así como la posibilidad de contagio a economías fundamentalmente sanas.

  7. Se requiere asegurar la transparencia de los mercados financieros internacionales, en particular la de los flujos de capital de corto plazo, así como mejorar los métodos de recolección y divulgación de la información económica .

  8. La supervisión y regulación bancaria y financiera son dos puntales de la estabilidad de los mercados financieros internacionales. En este sentido, se recomienda continuar avanzando en el diseño de marcos regulatorios adecuados tomando en cuenta los estándares del Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria y de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO, por sus siglas en inglés), con especial atención a las necesidades de los países en desarrollo.

  9. Un elemento importante en la reforma de la arquitectura financiera internacional debe ser el fortalecimiento de los incentivos en los países industrializados para que se lleven a cabo decisiones de inversión más disciplinadas, reducir el apalancamiento y limitar el riesgo sistémico, así como establecer la supervisión de los centros financieros extraterritoriales.

  10. Es necesario fortalecer la corresponsabilidad del sector privado, tanto en la prevención como en la resolución de las crisis. Los acreedores deben asumir efectivamente su parte del riesgo en los créditos que otorgan. Las medidas que se han propuesto tienen como objeto reducir el riesgo moral que surge cuando se rescata una y otra vez a los acreedores e inversionistas, así como distribuir de manera más equitativa la carga de las crisis entre el sector público y privado, y entre países receptores del capital y los acreedores e inversionistas.

  11. La calificación del riesgo soberano debe someterse a parámetros estrictos y objetivos de conocimiento público. Es importante que las agencias calificadoras del riesgo proporcionen información completa, periódica y consistente.

  12. La liberalización ordenada de los flujos de capital es indispensable para que los países accedan a los recursos para el desarrollo y la inversión productiva. Es necesario crear un marco institucional adecuado para facilitar la inversión productiva y limitar la volatilidad de los flujos de corto plazo. Mientras no existan reglas internacionales claras para el manejo del capital especulativo, tanto en su origen como en su destino, cada país deberá salvaguardar su cuenta de capitales de manera congruente con su régimen cambiario, y con el uso de instrumentos y mecanismos de mercado.

  13. Es fundamental la definición del papel de los organismos multilaterales, las instituciones regionales y subregionales en todas estas tareas, y asegurar una representación equitativa de los países en desarrollo en la definición e implementación de los mecanismos correspondientes.

  14. En este contexto, es importante que concluyan los estudios y consultas que realizan los países desarrollados en el marco del G-7, con apoyo de las instituciones de Bretton Woods y de sus bancos centrales. Los grupos regionales y de concertación de los países en desarrollo, tales como el G-77, el G-24, el G-15 y el G-Río, deben fortalecer su participación en el diálogo con el G-7, otros países industrializados y las instituciones financieras internacionales, a fin de asegurar la coherencia y universalidad de las medidas de política económica y el diseño e instrumentación de la nueva arquitectura financiera internacional. Un papel trascendente en esta tarea corresponde a las instituciones financieras de carácter regional y subregional.

II. Retos del desarrollo social en un contexto de globalización financiera

  1. Las crisis financieras de la presente década, además de sus efectos sobre el sistema financiero internacional, han tenido un impacto devastador en los proyectos de desarrollo social de los países involucrados. Esta situación es particularmente grave, dados los niveles de pobreza.

  2. Los flujos oficiales globales de asistencia al desarrollo de los países donantes han disminuido hasta llegar a 0.22% del Producto Nacional Bruto (PNB) de los países desarrollados, su nivel más bajo en los últimos 20 años. Al respecto, se deberán redoblar esfuerzos que permitan cumplir con los compromisos adquiridos en la Cumbre Mundial de Desarrollo Social, para que los países donantes destinen el 0.7% de su PNB a la asistencia oficial para el desarrollo y, por su parte, los países receptores asuman el compromiso de asignar, en promedio, el 20% de esta asistencia oficial a los programas de desarrollo social y el 20% del presupuesto nacional a los programas sociales básicos.

  3. Es importante estimular la inversión productiva y asegurar financiamiento en condiciones favorables para los países de menor desarrollo a fin de aliviar el peso de su deuda. Apoyamos, por tanto, la iniciativa para reducir la deuda de los países pobres altamente endeudados (HIPC por sus siglas en inglés). En este marco, se subrayó la importancia de que el costo de este alivio para los organismos multilaterales regionales y subregionales, sea financiado de acuerdo a la capacidad de pago y nivel de desarrollo de todos los países prestatarios y no prestatarios de los propios organismos multilaterales. También es conveniente que las donaciones de los fondos internacionales para esta iniciativa se destinen primordialmente a apoyar a los bancos regionales y subregionales así como a aliviar la deuda bilateral entre países en desarrollo.

  4. Los programas de ajuste del FMI para corregir las causas estructurales de las crisis deben cuidar que en este proceso no se provoque un sobreajuste de las economías que genere contracciones severas de la actividad económica o fuertes reducciones en el gasto social.

  5. El nivel del gasto social deberá ser una decisión soberana de cada país en función de sus propias posibilidades y condiciones. Es necesario realizar esfuerzos que permitan armonizar el desarrollo económico y social, lograr una distribución más equitativa de los ingresos, promover la equidad de género e impulsar políticas sociales pro-activas, prestando particular atención a las necesidades de los grupos más vulnerables como los niños, las mujeres, los discapacitados, los ancianos, los indígenas y la población desempleada.
  6. Los bancos internacionales de desarrollo, en particular el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, deberán privilegiar los apoyos financieros a las redes de protección social y favorecer el desarrollo humano de las poblaciones como fin último. Por su parte, los gobiernos deben encaminar esfuerzos en favor de un mejoramiento universal de los servicios sociales, instrumentar de manera congruente las políticas macroeconómica y social, y reducir los costos económicos y sociales de las crisis financieras.

III. El papel de la Naciones Unidas en el diseño de una estrategia financiera internacional con proyección social

Los trabajos de la reunión concluyen con los siguientes aspectos que a juicio de los participantes deben ser considerados por las Naciones Unidas como el órgano político mundial por excelencia.

  1. Los problemas estructurales del sistema financiero internacional, que han dado lugar a las crisis de los últimos años, siguen vigentes. Nos preocupa que la superación de sus efectos más visibles constituya actualmente motivo de autocomplacencia y de reducción de los esfuerzos de reforma sistémica. Los países de América Latina y el Caribe están dispuestos a participar activamente, junto con otras regiones en desarrollo, en dar nuevo impulso al proceso de reforma.
  2. Una nueva estrategia nacional e internacional para el desarrollo deberá tomar en cuenta los retos y las oportunidades de la globalización. La vertiente financiera de dicha estrategia es un elemento central de los esfuerzos para propiciar un crecimiento económico sostenido y un desarrollo social integral. El objetivo de la comunidad internacional es disminuir la volatilidad de los mercados financieros internacionales y lograr un desarrollo más armónico y equitativo.
  3. Ante el carácter complejo de cuestiones globales que inciden en el desarrollo, como las crisis financieras, resulta imprescindible encontrar fórmulas para que las Naciones Unidas hagan frente a sus responsabilidades en la búsqueda de soluciones a problemas internacionales de carácter económico y social, particularmente en la armonización de los esfuerzos de las naciones para el tratamiento de los problemas que afectan el desarrollo.
  4. Se deberá contar con la participación de todos los foros competentes del Sistema de las Naciones Unidas, en particular de los organismos especializados y regionales, y de otras organizaciones internacionales que se ocupan de aspectos concretos del financiamiento del desarrollo.
  5. Las Naciones Unidas deben contribuir a la formulación y puesta en práctica de sistemas que permitan fortalecer las capacidades de alerta temprana, prevención y respuesta oportuna y afrontar a tiempo la aparición y propagación de las crisis financieras.
  6. Un reto importante y urgente para las Naciones Unidas es incluir, como parte de sus actividades en la esfera económica social y financiera, la consideración profunda de cuestiones como: la prevención y manejo de crisis financieras; los temas asociados al financiamiento para el desarrollo; las reglas de acceso a los recursos multilaterales; el papel de las instituciones regionales, respetando los espacios donde debe preservarse la autonomía nacional. En este contexto, se deberá continuar e intensificar el diálogo emprendido entre las Naciones Unidas y las instituciones de Bretton Woods, para crear las condiciones óptimas que aseguren que la nueva arquitectura financiera internacional refleje los intereses globales de la comunidad internacional.
  7. Paralelamente, las Naciones Unidas deben fortalecer la promoción del desarrollo social integral, mediante un mayor impulso al cumplimiento de los compromisos adquiridos en la Cumbre del Desarrollo Social, así como a través del diseño de esquemas de cooperación internacional y ejecución de un mayor número de programas y proyectos que permitan hacer frente a las consecuencias de las crisis financieras. Las reformas financieras deberán privilegiar los objetivos de crecimiento sostenido, como método efectivo de lucha contra la pobreza.
  8. Las propuestas anteriores deben contribuir a la preparación de la Conferencia de alto nivel en el 2001 sobre financiamiento para el desarrollo, misma que debe permitir realizar un examen integral y sistemático de este tema, así como del impacto de la inestabilidad y las crisis financieras en el desarrollo social.
  9. La Conferencia representa una importante ocasión para tratar de manera sistémica e integral el desarrollo desde la perspectiva financiera, contribuyendo al análisis y la movilización de recursos para una adecuada instrumentación de los resultados de las Conferencias y Cumbres organizadas en años recientes por Naciones Unidas.
  10. Con el fin de que la contribución de América Latina y el Caribe a los cambios que impulsará esta Conferencia recoja los puntos de vista de todos los involucrados, consideramos importante la celebración previa, de reuniones regionales de alto nivel que involucren actores gubernamentales e intergubernamentales, encargados de las relaciones externas, de las finanzas, de los bancos centrales, del comercio y del desarrollo social.
  11. Asimismo, consideramos importante que las Naciones Unidas difundan los resultados de esta reunión a fin de contribuir al análisis y consultas que se realizan en los distintos foros e instituciones interesadas. Estimamos que estos resultados pueden complementar el examen celebrado hasta ahora sobre la materia e impulsar una mayor coordinación de esfuerzos e intercambio de puntos de vista e información, necesarios para la construcción de consensos a escala global

 

 


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