América Latina y el Caribe
en el próximo milenio
Edición Nº 55.

Enero-Abril 1999.

 

La crisis asiática: tragedia en dos actos
Makoto Utsumi
Ex-Ministro de Finanzas de Japón

En los últimos años, los países asiáticos, con la excepción –siento decirlo– del Japón, registraron un extraordinario crecimiento del 10 por ciento. La región fue denominada "el centro del crecimiento mundial". En ese entonces nadie esperaba que este largo recorrido nos llevara al lugar donde se encuentran actualmente nuestros países.

La crisis asiática, que estalló debido a la crisis de Tibet registrada en julio del año pasado, está pasando del primer al segundo acto. El primer acto estuvo conformado por la crisis monetaria mientras que en el segundo se ha presentado la crisis económica acompañada, eventualmente, por crisis políticas y sociales, dependiendo del país.

El protagonista del primer acto, la crisis monetaria, fue interpretado por el sistema cambiario que estaba estrechamente vinculado con el dólar estadounidense. Esto fue lo que ocurrió en los casos de Tailandia y el Tibet. Cuando el dólar estadounidense se tornó débil, las exportaciones crecieron al igual que la economía.

Los capitales extranjeros se vieron atraídos por varios factores. En primer lugar, las altas tasas de crecimiento; en segundo término por los elevados rendimientos; en tercer lugar, por un tipo de cambio fijo y finalmente por la presencia del mecanismo del mercado extraterritorial (off-shore), mediante el cual los gobiernos deseaban estimular el flujo de capitales. De esta manera, un gran caudal de fondos extranjeros emigró hacia esos países y se produjo una abundante liquidez. Esto provocó no sólo un exceso de capacidad en el sector manufacturero sino que generó un problema mucho más serio: un efecto burbuja en el mercado de bienes raíces.

El dólar estadounidense se fortaleció con relación al yen japonés y a las divisas europeas mientras que la moneda china había sufrido una devaluación del 35 por ciento en 1994. Además de ello, se registró una disminución de las exportaciones, un incremento en el déficit de cuenta corriente, una desaceleración en el crecimiento económico. En consecuencia, los inversionistas extranjeros retiraron su dinero de esos países. Se registró una fuga de capitales no sólo por parte de las compañías extranjeras sino de las empresas residentes o nacionales.

Muchos de ustedes se formularán la siguiente pregunta: en algunos países de América Latina, como Argentina, la moneda también está estrechamente vinculada con el dólar. Ahora bien, ¿por qué se registró la crisis en Tailandia y en otros países asiáticos y no se produjo en Argentina? Muchos países asiáticos disfrutaron –por así decirlo– de un juego que consistía en atraer inversiones rentables pero de alto riesgo, sin desarrollar las medidas políticas necesarias para recortar la velocidad del crecimiento, cuando era necesario hacerlo.

Si examinamos retrospectivamente lo que ocurrió en Japón durante su período de crecimiento, nuestro historial de alto crecimiento fue la reiteración de un crecimiento que consiste en la alternación de períodos de detención en el crecimiento seguido por períodos de repunte en lugar del aventurado juego de inversiones altamente rentables pero arriesgadas. Los funcionarios encargados de formular las políticas en estos países asiáticos pudieron haber pensado que estos elevados crecimientos del 10 por ciento no podrían mantenerse por siempre. A mi juicio, es posible que ellos hayan actuado sin tomar mayores precauciones.

Hay un chiste que tiene que ver con esta actitud optimista de los líderes asiáticos. Es muy posible que esta broma fuera inventada por los europeos o los estadounidenses: Dios se sintió muy molesto con la crisis monetaria de Asia y decidió que el mundo se acabaría en tres días. Entonces le pidió a Bill Clinton, al líder chino, Deng Xiaoping y al actual primer ministro de Malasia, Mahatir, que fueran a su despacho y allí les anunció que el mundo se acabaría en tres días. Clinton volvió a Washington y le dijo al vicepresidente Gore que tenía una noticia buena y una mala. "La buena noticia es que Dios existe, yo mismo lo vi. La mala es que en tres días será el fin del mundo". Deng Xiaoping volvió a Pekín y dijo: "tengo que darles dos malas noticias: la primera es que Dios existe, yo mismo lo vi. La segunda es que en tres días será el fin del mundo". Mahatir volvió a su país y le dijo a Anwar, quien era su primer ministro: "Tengo dos buenas noticias. La primera es que fui seleccionado como uno de los tres principales líderes del mundo y la segunda es que la crisis asiática terminará en tres días". Yo no inventé ese chiste pero nos permite demostrar –hasta cierto punto– el optimismo del líder asiático.

Analicemos brevemente la otra cara de este crecimiento. Por ejemplo, en la región de América Latina y el Caribe no hubo una posición tan flexible. Por ejemplo, Argentina también vinculó estrechamente su moneda al dólar estadounidense mediante un plan de convertibilidad y el establecimiento de una Junta Monetaria Independiente. El país pasó a recibir una fuerte influencia de las condiciones económicas existentes en Estados Unidos. Esta política adoptada por Argentina ha buscado reducir al mínimo el riesgo de una crisis monetaria.

La gestión de la política económica por parte de los países asiáticos, que catalogaría como una gestión flexible en el período de alto crecimiento, llevó al segundo acto de la crisis que se vio acompañada por problemas estructurales que habían permanecido ocultos cuando las condiciones económicas eran mejores.

Ahora quisiera reflexionar sobre lo sucedido en mi país, Japón. Mientras que otras naciones del este de Asia seguían por una vía iluminada gracias a un crecimiento del 10 por ciento, Japón se hallaba en penumbras tras el estallido de la burbuja financiera después de 1992. Sin embargo, hasta noviembre del año pasado la situación puede ser descrita como una crisis de confianza provocada como resultado del estallido de la burbuja financiera. Hasta entonces no se había registrado una crisis económica. Sin embargo, en noviembre de 1997 todos los indicadores: empleo, consumo privado, inversiones privadas comenzaron a mostrar signos de deterioro. Desde entonces, hemos venido registrando una crisis económica.

Hay dos factores que subyacen en este cambio de situación. En primer lugar, la grave contracción crediticia que afectó severamente y aún sigue afectando las actividades empresariales. En segundo lugar, el pueblo japonés fue testigo de la quiebra de grandes instituciones y, por primera vez después del período de alto crecimiento del Japón desde los años 50, el pueblo nipón comenzó a sentir por vez primera la inseguridad laboral.

Ocurrió algo semejante a lo que se registró en Estados Unidos en los años 80. Para salir de la crisis, el gobierno japonés decidió adoptar un paquete de estímulos por el orden de los 200.000 millones de dólares, incluyendo exoneraciones impositivas y un plan de gasto adicional para obras públicas. Sin embargo, este tipo de estímulo fiscal significó una inyección de dinero proveniente de las arcas del tesoro. Esta política no puede ser mantenida por mucho tiempo. La prioridad más importante y fundamental debería ser cómo lograr la estabilidad del sector bancario, ya que la estabilidad de ese sector fue la clave de la contracción crediticia y del colapso de algunas de las principales empresas. De esta forma, la sensación de que existía un clima de inseguridad laboral llevó a una caída en el consumo privado.

Después de dar estas noticias negativas vamos a darles las buenas nuevas. La buena noticia es que al terminar su último período de sesiones, el Parlamento japonés finalmente aprobó las leyes y el presupuesto mediante los cuales el gobierno puede inyectar hasta 500.000 millones de dólares en fondos públicos para fortalecer la base de capital de los bancos viables y, en conjunción con otras medidas del sector público, para aumentar el crédito. Esto fue visto como un signo positivo que se tradujo en una reducción en la contracción del crédito. Estas medidas llevaron a una mejora en el mercado bursátil, lo que produjo algunos efectos positivos en la percepción del pueblo japonés.

Reconocemos que la recuperación de nuestra economía es un elemento importante no sólo para nosotros sino para los otros países asiáticos y para el resto del mundo, incluyendo América Latina y la región del Caribe. Considero que nuestra economía en breve plazo logrará ver la luz al otro extremo de este largo, prolongado túnel. Sin embargo, en lo que respecta a los otros países asiáticos, la situación varía de un país a otro.

Hay algunos países que parecen haber tocado fondo y han comenzado a recuperarse. Tailandia es un ejemplo de ello y hasta cierto punto Corea del Sur. Sin embargo, hay un país –como Indonesia– en el que se registran ciertos síntomas de mejora en su economía así como en la variación en el valor de la moneda, y signos alentadores en materia de inflación y en el mercado bursátil, pero presenta una situación cada vez más grave en el plano político y social.

Considero que la economía de mercado parece haber conquistado al mundo. Hoy en día, 5.000 millones de personas viven en una economía de mercado pero hemos percibido que hay una tendencia acentuada en la economía de mercado. En otras palabras, cada país o cada región tiene sus fortalezas y debilidades. Sin embargo, el mercado tiende a ver exclusivamente las fortalezas cuando un país o región se dirige por la ruta luminosa y tiende a ver sólo las debilidades cuando un país o región está sumido en las tinieblas. Un ejemplo de ello es la economía de Estados Unidos en los años 80, período en el cual la economía de ese país se hallaba en penumbras.

Un grupo de economistas japoneses trató de describir a la economía estadounidense utilizando cinco letras: A, B, C, D, E.

A) significaba una aerolínea. En este caso, PANAM, empresa que desapareció, como todos ustedes saben. B) para representar al sector bancario. El sector bancario estadounidense enfrentó graves dificultades. Los economistas se referían al caso del Bank of America. Los ejecutivos de ese banco fueron a Japón a solicitar ayuda a los bancos japoneses. C) que representaba la industria automotriz o de fabricación de carros. D) para referirse a la industria de la defensa y para finalizar la E) que se remitía específicamente a la propia economía estadounidense. En ese entonces, no se veía un rayo de luz sobre el horizonte de la nación norteamericana. Sin embargo, hoy en día, Estados Unidos se ha convertido nuevamente en la economía más poderosa del planeta. La economía japonesa parecía seguir un sendero de prosperidad a finales de los años 80 hasta 1991. Sin embargo, el mercado no vio la ominosa sombra de la burbuja financiera que privó de luz a la economía japonesa.

En ese entonces también se popularizó un chiste, que probablemente fue inventado por un estadounidense. Había un avión que tenía problemas en uno de los motores. Finalmente, ambos motores se dañaron y el avión cayó en picada. El piloto de la aeronave le dijo a los pasajeros: "lo siento pero me es imposible evitar que el avión se estrelle. Antes de que eso ocurra pueden hacer realidad su último deseo". Había tres pasajeros: un estadounidense, un japonés y un francés. El galo dijo: "quiero cantar la Marsellesa antes de que el avión se estrelle». Por su parte, el pasajero japonés dijo: "quisiera dar una conferencia sobre la gerencia japonesa (en ese entonces la gerencia japonesa era considerada como el modelo de buena gestión). Finalmente, el pasajero estadounidense dijo: "quiero morir antes de que el japonés dé una charla sobre la gerencia en su país". El chiste muestra la visión excesivamente pesimista que mostraban los estadounidenses en ese entonces y la enorme confianza que tenían en sí mismos los japoneses. Sin embargo, esta tendencia en la economía de mercado nos permite ver lo que está ocurriendo en Asia años después.

Cuando los países asiáticos estaban disfrutando de altas tasas de crecimiento, hubo una serie de factores que hicieron posible ese crecimiento. En primer lugar, una elevada tasa de ahorros, que es un elemento que aún no pueden alcanzar ni América Latina ni la región del Caribe. Muchos países tienen la aspiración de incrementar este indicador para mejorar sus condiciones de vida. Allí radica, igualmente, el origen de la elevada ética laboral. Es indudable que todos estos factores siguen presentes en las economías asiáticas. Así que no tengo dudas de que luego de algunos años difíciles Asia seguirá creciendo a tasas no tan altas como el 10 por ciento, pero mucho más elevadas que las tasas promedio que se registran en el resto del mundo. Para ello, tendrán que hacer frente al desafío que les depara el futuro.

Los países asiáticos se han venido desarrollando con una elevada tasa de crecimiento desde hace varios años. Sin embargo, repentinamente comenzaron a registrar un fuerte crecimiento negativo. La población ha sufrido las consecuencias debido a la pérdida de empleos, la caída de los salarios y el agravamiento de la pobreza. Bajo estas circunstancias, ¿sus habitantes pueden seguir apoyando las acertadas políticas macroeconómicas y de reforma estructural que pudieran permitirles salir de la crisis? Esta situación puede compararse con el caso de muchos países latinoamericanos y del Caribe y las penurias que vivieron como resultado de las terribles dificultades causadas por la hiperinflación y el crecimiento negativo registrado durante la década de los 80, la llamada década perdida. En un momento dado, los países de la región dieron un fuerte impulso en el campo político para brindar apoyo a un programa de políticas macroeconómicas y de reforma estructural eficientes. Este es uno de los puntos fuertes que presentan los países de América Latina y el Caribe y es el momento crucial para que Brasil así lo demuestre. La comunidad internacional está observando a Brasil para ver si su pueblo ofrece un fuerte respaldo a un programa acertado de políticas económicas y de reforma estructural.

La clave para la recuperación de las economías de los países asiáticos radica en el hecho de que ellos pueden, al igual que algunos países latinoamericanos y del Caribe, promover este clima político de apoyo a estas medidas. Aunque estas políticas provocaron a corto plazo serias dificultades para la vida cotidiana de sus pueblos, fueron indispensables para la consolidación de sus economías. La crisis del este de Asia también está afectando a América Latina y la región del Caribe. En una etapa inicial, la devaluación de la moneda en las naciones asiáticas no pareció constituir un problema para los países latinoamericanos y del Caribe. Los principales rubros de exportación en ambas regiones son diferentes, por lo que la devaluación de las monedas asiáticas no causó mayores daños en las exportaciones latinoamericanas.

Luego, la crisis asiática pasó al segundo acto, la crisis económica. A partir de entonces, las economías latinoamericanas comenzaron a sufrir las consecuencias. Se redujo el volumen de exportaciones de materias primas y productos agrícolas y los países se vieron seriamente afectados por la caída de los precios de los productos básicos. En la siguiente fase, la crisis afectó muy negativamente el ingreso de capitales con destino a las economías emergentes, incluyendo esta región. Esta tendencia se vio reforzada por el temor que ha cundido entre los inversionistas internacionales de asumir riesgos después de la crisis asiática. De hecho, el mundo es tan pequeño que si algo ocurre en un área con frecuencia influye en otra región e incluso en otro hemisferio.

En su proceso de recuperación, la región asiática tiene muchas lecciones que aprender de las experiencias de América Latina y la región del Caribe. Por su parte, esta región no debe aislarse de lo que está ocurriendo en Asia. Desde este punto de vista, el diálogo entre ambas regiones es fundamental para el crecimiento y la estabilidad de América Latina y el Caribe.

 


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