América Latina y el Caribe
en el próximo milenio
Edición Nº 55.

Enero-Abril 1999.

 

Unión Europea-América Latina, una asociación estratégica para el siglo XXI
Guadalupe Ruiz-Giménez
Secretaria General de la Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos (AIETI) de España.

En los umbrales de un nuevo milenio, la Unión Europea y América Latina se reencuentran con renovado interés mutuo y establecen las bases de una asociación estratégica para profundizar en sus respectivos procesos de integración y encontrar su espacio y su protagonismo en el nuevo orden político y económico mundial.

No ha sido este reencuentro un proceso sostenido ni simétrico. La evolución del proceso de integración europeo, sus tradicionales preferencias hacia otras regiones del mundo, el deseo de no interferir en el campo de influencia norteamericana, la crisis política y económica de América Latina en las décadas de los 70 y 80, contribuyó a que América Latina no ocupase un lugar prioritario en las relaciones y cooperación internacional de la Unión Europea.

La última década, sin embargo, ha supuesto un cambio fundamental en la relación birregional y ello se ha debido tanto a la evolución de la propia Europa, más volcada hacia el exterior que en épocas pretéritas, como a la de América Latina, más abierta ella también al exterior (M. Marín 1997).

I. 1985-1995: una década ganada para las relaciones

Es a mediados de los años 80 cuando se produce una evolución significativa en las relaciones entre la UE y AL. Dos momentos decisivos marcan la pauta de esta evolución:

    La agudización de la crisis centroamericana en la década de los 80 con fuertes implicaciones políticas, económicas y sociales que convirtieron a la región en un polvorín. La Comunidad Europea (CE) tomó un interés y protagonismo especial en la pacificación, democratización y reconstrucción de la región. Los países centroamericanos encontraron en la CE de entonces a un interlocutor y amortiguador de la presión norteamericana, agudizada por la guerra fría. Es en este contexto que adquiere importancia el diálogo político en las relaciones UE-AL. Surge así el proceso de San José (1985) con los países centroamericanos y las reuniones con el Grupo de Río, foro de concertación y diálogo político entre ministros de países de UE y AL. En este período se consolidan también las conferencias interparlamentarias, Parlamento Europeo y Parlamento Latinoamericano iniciadas a fines de los 70.

    La ampliación de la comunidad Europea en 1986, con la entrada de España y Portugal, países con estrechos lazos con la región, desata un cambio cualitativo en las relaciones UE y AL.

Esta evolución positiva en las relaciones birregionales se producen en un contexto de profundas transformaciones, tanto en el seno de la UE como en AL. La Unión Europea en esta década se amplió en dos ocasiones (1986-1995) llegando a integrar 15 Estados al tiempo que avanza en su proceso de integración a través del impulso de sus dos últimos tratados, el de Maastricht (1992) y el de Amsterdam (1996). Ambos tratados sientan las bases para la culminación del Mercado Único Europeo (MUE) y para la Unión Económica y Monetaria (UEM), con avances más tímidos en la dimensión política, especialmente en la configuración de una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y el reforzamiento de los poderes del Parlamento Europeo.

También en esta década América Latina experimenta positivos cambios en términos de recuperación democrática, recuperación económica tras los severos programas de ajuste macroeconómico y los procesos de apertura comercial y la recuperación de un nuevo ritmo y modelo de integración abierta. Se reajustan los tradicionales esquemas de integración (Pacto Andino, Centroamérica, CARICOM) y surgen al tiempo nuevos modelos (MERCOSUR, Grupo de los Tres).

En 1989 la Comisión realizó un balance sobre las relaciones birregionales poniendo de relieve un gran desequilibrio entre el diálogo político institucionalizado en 1990 con la Declaración de Roma y la cooperación económica, una cooperación escasa en cifras e instrumentos y con fuerte enfoque asistencial y unilateral. Como consecuencia de este balance el Consejo y el Parlamento Europeo aprueba en 1992 nuevas orientaciones y un nuevo reglamento (443/92) que servirá de base jurídica para la cooperación futura entre la UE y AL.

Las nuevas orientaciones ponen un acento especial en la dimensión humana del desarrollo, la democratización y el respeto a los derechos humanos y la protección del medio ambiente, a través de las llamadas cláusulas de condicionalidad, que actúan a modo de compromiso y garantías recíprocas para el respeto y cooperación en estas áreas.

El concepto de cooperación económica que impulsa el nuevo reglamento ha dado lugar a un nuevo tipo de Acuerdos llamados de Tercera Generación, que la UE ha firmado con todos los países de América Latina a excepción de Cuba.

El esfuerzo comunitario en materia de cooperación económica se da tanto en el campo de los recursos, los cuales se cuadruplican en menos de 10 años (pasando de los 35 millones de ecus de 1986 a más de 500 millones de ecus en 1995) situando a la UE (los 15 Estados miembros más la Comisión) como primer contribuyente de AOD a la región (en 1995 la UE contribuirá con el 52 % del total de las ayudas recibidas en AL). Pero también el cambio es cualitativo al modificarse los métodos de acción y los instrumentos hacia un enfoque de mayor interés mutuo y de asociación.

La cooperación se descentraliza, es decir, se abre la gestión de la cooperación europea a actores no públicos (universidades, empresas, ONGs) o actores públicos descentralizados (municipios, regiones) La cooperación asimismo se horizontaliza al definir nuevas estrategias sectoriales por país, al tiempo que se articulan programas horizontales que benefician al conjunto de países de AL y potencian la cooperación en red entre diferentes sectores y contrapartes europeas y latinoamericanas. Cabe resaltar los programas horizontales ECIP (para la promoción de empresas mixtas) AL-INVEST (promoción de inversiones) BC-NET (para las relaciones interempresariales) COPECO (redes de cooperación económica) ALFA (intercambio universitario) URB-AL (cooperación con municipios) ALURE (cooperación energética).

El cambio cualitativo alcanza también a nuevos sectores a los que se amplió la cooperación comunitaria: junto al sector rural tradicional, aparecen programas para combatir la pobreza urbana, la informalidad, la reforma del Estado, la protección del medio ambiente, apoyo a los procesos de integración, lucha contra la droga… Estas nuevas áreas de cooperación y los nuevos instrumentos, responden sin duda a una mayor adaptación por parte de la UE a las prioridades y necesidades de los países de América Latina.

Junto al diálogo político y las políticas de cooperación completan el cuadro de relaciones birregionales, las políticas comerciales y las inversiones hacia la región. Han sido estos, durante la década analizada, los capítulos más débiles, pero con buenas perspectivas de mejora hacia el futuro.

Efectivamente las relaciones comerciales entre la UE y AL han estado caracterizadas por la asimetría en los términos de intercambio, por la discriminación de AL por parte de la UE respecto a otras áreas regionales (como países ACP o países mediterráneos), por el proteccionismo europeo consecuencia de la política agrícola común (PAC) y por un constante déficit (hacia un lado u hacia otro) en la balanza comercial.

Todas estas razones explican el que América Latina haya pasado de tener un superávit comercial con la UE en los años 80, a tener un déficit comercial de cerca de 1.500 millones de dólares en 1995 (IRELA, 1995). La importancia de AL en el comercio exterior de la UE apenas representa el 5% mientras que la UE recibe y emite el 18% de las exportaciones e importaciones latinoamericanas.

Entre 1990 y 1995 se detecta un crecimiento sostenido de las exportaciones europeas hacia América latina (un 49%) pero a un ritmo mucho menor que el experimentado por los Estados Unidos (un 136%) o Japón (un 98%), que han sabido responder mejor a las demandas de importación de AL, ganando espacio en sus mercados.

Las asimetrías en los intercambios explican asimismo la debilidad de las relaciones comerciales pues mientras las exportaciones europeas tienden a crecer en productos manufacturados de alto valor agregado (un 90%), las exportaciones de AL siguen concentradas (un 75%) en productos básicos y agrícolas (fuertemente protegidos en Europa por la PAC) y en materias primas cuyos precios fluctúan continuamente en los mercados internacionales. Para contribuir a corregir esta asimetría en los intercambios, la UE ha emprendido programas de apoyo a la promoción comercial y a la diversificación productiva en la región.

El esquema de cooperación comercial con AL ha tenido esta misma década una evolución importante con el otorgamiento de preferencias especiales a los países del Pacto Andino y países centroamericanos, en el marco de cooperación de la lucha contra la droga, permitiendo el acceso libre al mercado europeo de determinados productos de estas dos subregiones.

El Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), establecido en 1971, ha sido el principal instrumento de cooperación comercial de la UE con los países en vías de desarrollo, permitiendo que el 65% de las exportaciones latinoamericanas llegaran al Mercado Europeo libre de aranceles.

A pesar de todo, el instrumento ha mostrado su complejidad y limitaciones, lo cual ha llevado a la Comisión a proponer su revisión para los productos industriales en 1995, para los productos agrícolas en 1996, adaptándolo a las nuevas reglas y normas de la OMC y a las diferentes situaciones de los países en desarrollo.

Durante esta misma década ha ido creciendo la confianza de los europeos en la región y se ha traducido en un incremento importante de las inversiones europeas. América Latina es hoy un destino cada vez más atractivo para las inversiones europeas, a pesar de las cíclicas crisis de los mercados financieros internacionales que tan negativamente afectan a América Latina.

La Unión Europea representa hoy el segundo inversor en la región, después de los Estados Unidos, con un crecimiento sostenido de sus inversiones directas que han alcanzado en 1994 un volumen anual de 4.600 millones de dólares. Actualmente AL recibe más del 28% del total de las inversiones externas europeas (IRELA 1996).

Las inversiones europeas aumentan progresivamente con especial importancia en el sector servicios, y la presencia europea en los procesos de privatización de empresas públicas latinoamericanas (especialmente en los sectores de las telecomunicaciones y los transportes).

Entre 1990 y 1994 los países latinoamericanos que han recibido más inversiones directas son: Brasil, Argentina, México, Perú y Chile. Brasil es el principal receptor (cerca del 40% de inversión europea). Los principales inversores europeos, son España, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Francia.

La apertura del Banco Europeo de Inversiones (BEI) hacia América Latina a partir de 1993, marcó definitivamente la evolución de la cooperación económica hacia un esquema de promoción y financiamiento de las inversiones europeas en la región. El BEI fue autorizado a operar en AL hasta 1995, por un monto de 860 millones de dólares. Actualmente se negocia el mandato de actuación así como los montos y áreas de inversión.

II. Una nueva asociación: orientaciones 1995-2000

La Cumbre Ministerial Grupo de Río-Unión Europea celebrada en Sao Paulo en abril de 1994 marca una nueva fecha para las relaciones birregionales, a través de la declaración conjunta de voluntades para avanzar en una estrategia a mediano y largo plazo, para profundizar las relaciones y trabajar hacia una asociación genuina en los campos económico, comercial, industrial y científico-tecnológico.

Los sucesivos Consejos europeos (Madrid, Essen, Corfú, Cannes) ratifican la iniciativa y otorgan un mandato a la Comisión para elaborar una nueva estrategia hacia la región. En octubre de 1995 la Comisión presenta al Consejo y al Parlamento Europeo, para su aprobación, las nuevas orientaciones "Actualidad y perspectivas del fortalecimiento de la asociación 1996-2000" (documento COM (95)95) en el que se establecen los principales ejes de esta asociación en el compromiso conjunto en favor de la democracia, del desarrollo social y de la competitividad internacional.

A partir de este documento los tres ejes tradicionales de las relaciones de la UE con AL (diálogo político, relaciones comerciales y cooperación al desarrollo) alcanzan su máxima potencialidad adaptándose a las nuevas modalidades subregionales. "Este reconocimiento explícito de las ventajas de la "geometría variable" es un elemento esencial del progreso reciente de las relaciones (Roberto Smith, 1997).

En el nuevo contexto internacional, caracterizado por la globalización y conformación de bloques económicos, no es de extrañar esta nueva asociación estratégica entre dos regiones, que sobre la base de principios y valores societales y culturales compartidos a lo largo de la historia, miran al futuro con renovadas esperanzas en el afianzamiento de sus relaciones.

América Latina se configura como una promisoria zona emergente, creciendo a un promedio del 4% y consolidando su principal Unión aduanera, el MERCOSUR, que congrega más de 200 millones de habitantes y un PIB de cerca de 9 millones de dólares, convirtiéndose en el cuarto poder económico después de la UE, el TLCAN y Japón.

Asimismo la Unión Europea, en vísperas de estrenar su Unión Monetaria en torno a la moneda común, el "euro", y la ampliación de su mercado en otros 100 millones de nuevos ciudadanos (Chipre, Hungría, Polonia, Estonia, Checa, Eslovenia), se configura como la primera potencia económica y comercial en la esfera internacional.

Ambas regiones comparten el desafío común de encontrar su espacio como actores políticos relevantes en el nuevo contexto internacional. Sin duda la nueva estrategia de asociación, si se traduce en una profundización de las relaciones políticas, comerciales y de cooperación, contribuirá a una mayor concertación política y a una más rica y fluida relación entre las sociedades europeas y latinoamericanas.

La principal consecuencia de esta nueva estrategia han sido los nuevos acuerdos de asociación política, comercial y económica y de cooperación firmados con MERCOSUR, México y Chile. Constituyen una nueva generación de acuerdos con los países y regiones más avanzados de América Latina.

El acuerdo MERCOSUR–UE firmado en 1995 es el primero entre dos uniones aduaneras que tiene como objetivo el reforzamiento de las relaciones existentes entre los dos grupos regionales y la preparación de las condiciones adecuadas para la creación de una asociación interregional de carácter político, económico y comercial.

El acuerdo interregional que regula la cooperación de la UE y el MERCOSUR como bloque de países incluye cuatro elementos innovadores:

– Preparar la liberación recíproca y progresiva del conjunto del comercio.

– Prevé una cooperación económica avanzada y ampliada, incluyendo la promoción de inversiones, así como la cooperación para la integración y la ciencia y la tecnología.

– Institucionaliza un diálogo político regular a nivel presidencial ministerial y técnico y a nivel de sociedad civil entre los países de la UE y del MERCOSUR.

– Acuerdo mixto que incluye tanto competencias comunitarias (comercio y cooperación) como competencias de los Estados Miembros de la UE (inversiones y servicios).

Es por ello que el acuerdo no ha entrado en vigor totalmente todavía ya que no ha sido ratificado por todos los Estados involucrados (faltan por ratificar Grecia, Irlanda, Países Bajos y Uruguay). Unicamente ha entrado en vigor la parte del acuerdo que corresponde a la competencia europea (acuerdo interino) sobre el comercio y la cooperación económica.

Las empresas europeas han captado de inmediato las oportunidades que ofrece este nuevo acuerdo y entre 1990 y 1996 las exportaciones de bienes con MERCOSUR han aumentado un 250% y las inversiones directas han alcanzado 6.500 millones de Ecus. La UE es hoy el primer socio comercial de MERCOSUR (IRELA 1998).

En el contexto de este acuerdo se han formado tres grupos de trabajo con representantes de la UE y de MERCOSUR, que han ido elaborando el mapa global de las relaciones y la radiografía de las relaciones comerciales identificando los puntos conflictivos, los efectos en los mercados regionales respectivos, las compatibilidades con las normas de la OMC, los efectos políticos, las consecuencias sobre el desarrollo del multilateralismo. Las conclusiones de estos estudios son hasta ahora muy positivas para los dos mercados regionales, especialmente para el intercambio en el sector terciario.

El gran escollo sigue siendo la negociación comercial en el capítulo de los productos agrícolas y agro-alimentarios, que aglutina cerca del 60% de las exportaciones del MERCOSUR a la UE. El MERCOSUR exporta bienes altamente competitivos en calidad y precios (cereales, carne bovina, vino, frutas, hortalizas) con respecto a los productos de la UE y de los países de Europa Central y Oriental (PECOS).

La liberalización del comercio con el MERCOSUR afectará no sólo a la Política Agrícola Común (PAC) de la UE sino que también puede provocar la oposición de otros socios externos. En la Cumbre agrícola del Consejo de la UE de abril 1995, cinco países europeos expresaron sus temores a un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR (Alemania, España, Francia, Italia e Irlanda).

Sin embargo para el MERCOSUR es inaceptable limitar el acuerdo al sector industrial y de servicios. "Además la exclusión de productos sensibles de un futuro acuerdo de Libre Comercio no sería compatible con las reglas de la OMC" (IRELA, 1998).

Algunos países europeos prefieren ralentizar la negociación hasta que pase la nueva ronda de negociación en la OMC (para productos agrícolas 1999) y la discusión de la nueva Agenda 2000 y la reforma de la PAC.

No obstante se espera que con motivo de la celebración de la Primera Cumbre Europea Latinoamericana que se celebrará en 1999 en Río de Janeiro se inicien las negociaciones para desarrollar el acuerdo político, económico y comercial.

El acuerdo de asociación económica, concertación política y cooperación firmado entre la UE y México en 1997, marca el inicio también de una nueva modalidad de relación y cooperación bilateral, por parte de la UE. La aprobación de un acuerdo interino por el Parlamento Europeo permitió avanzar en las negociaciones a lo largo del presente año.

México se ha consolidado en los últimos años como un prometedor país emergente tras su proceso de ajuste y liberalización y su apertura económica y política. Su acceso a la OCDE y al TLC, avalan su atractivo como uno de los países de América Latina de mayor potencial. Así lo han entendido recíprocamente los países de la Unión Europea y los Estados Mexicanos al firmar este nuevo acuerdo, que promueve la profundización del diálogo político, la cooperación económica y la progresiva liberalización de los intercambios mutuos.

El proceso de negociación comercial se presenta menos conflictivo que el de MERCOSUR al ser menos competitivos los sectores de exportación en materia de materias primas o agroindustriales. Adquiere especial importancia la cooperación en el sector energético, transporte, turismo y en general el sector terciario.

Un acuerdo similar se ha firmado con Chile en 1996, país que ha gozado de la atención e interés europeo desde hace décadas, tanto por razones políticas como económicas. Chile es hoy día uno de los países de la región de mayor estabilidad y dinamismo económico y que mayor atractivo reúne para el comercio e inversiones europeas. El acuerdo de asociación reúne bases similares a las de los otros dos acuerdos anteriores y un proceso de negociación está en marcha.

En resumen, el marco de asociación estratégica UE-AL se configura en tres niveles bien diferenciados:

El nivel regional: consolidado el diálogo político a través del Grupo de Río, completado con las conferencias interparlamentarias. Asimismo en este nivel se sitúa la anunciada Cumbre presidencial Europa-América Latina y Caribe que puede suponer un salto cualitativo para el diálogo político birregional.

El nivel subregional: a través de los diálogos políticos y acuerdos de cooperación establecidos con los países de Centroamérica (procesos San José), con la Comunidad Andina y con MERCOSUR, con distintos niveles de compromiso, intensidad y regularidad. Sin duda de todos ellos el acuerdo de Asociación UE-MERCOSUR es el que reúne mayores potencialidades y se encamina a un acuerdo de libre comercio.

El nivel bilateral: a través de Acuerdos de Tercera Generación con todos los países y a través de los acuerdos de asociación firmados con México y Chile; y que se escapan de los principales esquemas subregionales. Estos dos últimos acuerdos se encaminan también a la apertura de negociaciones para establecer acuerdos de libre comercio.

En todos y cada uno de los niveles se articulan los tres ejes esenciales en los que se basan las relaciones birregionales: el diálogo político, la cooperación económica y comercial y la cooperación al desarrollo, ajustado a las especificidades y necesidades de cada subregión o país.

A partir del Tratado de Maastricht se introducen así mismo en la PESC criterios de concertación y coordinación entre las políticas de cooperación bilaterales de los Estados Miembros y las políticas comunitarias en busca de una mayor coherencia, eficacia y visibilidad.

Asimismo, la creciente complejidad de políticas e instrumentos de la cooperación europea demanda una mayor racionalidad y flexibilidad en las políticas y servicios de cooperación comunitarios, paralizados o ralentizados frecuentemente por la escasez de personal y por rigidez de los procedimientos. Actualmente, hay una profunda reestructuración en marcha en los servicios y departamentos de la Comisión encaminada a dar mayor racionalidad, agilidad y transparencia a la cooperación europea.

III. El futuro en la Cumbre UE-AL

La propuesta original de organizar una Cumbre entre la UE y América Latina y el Caribe la realizó el Presidente del gobierno español José María Aznar en el marco de la VI Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile en 1995. Posteriormente, el presidente francés Jacques Chirac, con motivo de su gira por MERCOSUR, propuso celebrar una reunión birregional MERCOSUR-UE en el marco de la Cumbre general entre la UE y AL.

Ambas iniciativas fueron respaldadas con mucho entusiasmo por los presidentes latinoamericanos, ofreciendo el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso la sede de la misma.

La reunión del Grupo de Río celebrada en los Países Bajos en la primavera del 1997 y posteriormente el Consejo Europeo celebrado en Amsterdam (junio 1997) ratificaron la iniciativa, y en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas del presente año los ministros de los países de la Unión Europea y de los países latinoamericanos acordaron la fecha para la celebración de la Cumbre UE-AL y Caribe los días 28 y 29 de junio de 1999 en Río de Janeiro. El comunicado conjunto de esta reunión resalta el interés estratégico que tienen las partes para establecer una nueva asociación para reforzar y consolidar los avances logrados en el diálogo político, las relaciones económicas y la cooperación entre América Latina, Caribe y la Unión Europea.

1. El contexto

La Cumbre UE–ALC se celebrará en un contexto "especial" que sin duda contribuirá al mayor o menor éxito de la misma.

Los aspectos más relevantes de este contexto son:

– La crisis financiera internacional que ha afectado profundamente a algunos países latinoamericanos.

– La creciente competencia entre la UE y Estados Unidos por el mercado latinoamericano. Sin duda la iniciativa ALCA ha sido un factor estimulante para la convocatoria de esta Cumbre. La UE ha ido perdiendo posiciones en el mercado latinoamericano en beneficio de la de EEUU.

– Esta competencia es asimismo valorada positivamente por los países latinoamericanos, especialmente países de MERCOSUR, Chile y México que encuentran en el reforzamiento de sus relaciones con la UE (los acuerdos de asociación) el contrapeso a sus procesos de negociación e incorporación al proyecto hemisférico. "La formalización en los vínculos europeo-latinoamericanos a un nivel presidencial puede verse como una expresión del rechazo de ambas partes a cualquier avance en la dirección de un mundo unipolar post-guerra fría. América Latina tiene un claro interés estratégico en diversificar sus relaciones" (IRELA 1997).

– También para la UE, la iniciativa de la Cumbre supone una prueba importante para las posibilidades de consolidación de la política exterior y de Seguridad Común (PESC) y su potencialidad en el nuevo contexto internacional.

Coincidirá la celebración de la Cumbre con importantes temas de la agenda europea que pueden influir en la misma:

A. La entrada en vigor de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y la puesta en circulación del "euro" a partir del 1º de enero de 1999 en coexistencia con monedas nacionales y hasta el 2002, cuando circulará como moneda única.

Sin duda la puesta en marcha del "euro" tendrá ventajas importantes a nivel interno y externo de la UE: eliminará costes de transacción (valorados en 15.000 millones de ecus anuales) aumentará la competencia y transparencia, permitirá reducción de trámites y costes de gestión para las empresas, reducirá los riesgos de cambio en las relaciones extracomunitarias, se estima que articulará el crecimiento y el empleo (circulo virtuoso – menos déficit – menos deuda, menos carga de la deuda – menos déficit) permitirá aumentar la estabilidad monetaria internacional evitando que todo dependa de la mayor o menor estabilidad de la actual moneda única: el dólar.

Es cierto que estas lecturas positivas son a menudo contestadas por otras que, por el contrario, estiman que la UEM supone una pérdida de soberanía nacional, riesgo de aumento del paro si no se cumplen los criterios de Maastricht y la creación de una Europa a varias velocidades.

B. La ampliación de la UE a los países del Este y Oriente de Europa (PECO: Hungría, Polonia, Estonia, República Checa y Eslovenia) más Chipre.

Los procesos de negociación están en marcha y desde América Latina se sigue con temor por la posibilidad de que los fondos y cooperación de la UE se desvíen preferentemente hacia estos países perdiendo de nuevo posiciones. Preocupa también el que estos países son altamente competitivos con determinados productos agrícolas y primarios que se ven compensados por la complementariedad estacional.

C. "La agenda 2000", la reforma de la PAC y el nuevo marco financiero 2000–2006 son importantes temas de la agenda europea que pueden influir en los contenidos de la Cumbre. La agenda 2000 es un amplio documento (COM (97) 2000) preparado por la Comisión y presentada a su aprobación al Consejo y al Parlamento, que articula los principales desafíos y políticas a emprender por la Unión Europea en los próximos años, y que contempla temas tan importantes como la cohesión económica y social y las políticas internas para alcanzarla, una nueva reforma de la política agrícola común (al haberse quedado corta la realizada en 1997), los desafíos más importantes de cara a la ampliación y sus repercusiones para el avance en la profundización de la UE, y las nuevas exigencias presupuestarias de la UE y su sistema de financiación.

Sin duda alguna desde la perspectiva futura para las relaciones UE–ALC y su cita en la Cumbre, la reforma de la PAC es uno de los temas claves para la plena realización de los nuevos acuerdos de asociación firmados por la UE. No hay que olvidar que el volumen mayor de intercambios procedentes de América Latina se concentran en el sector primario, que es donde se sitúan las principales barreras proteccionistas de la UE a través de la PAC.

La próxima reforma de la PAC vendrá determinada sin duda por la nueva ronda de negociaciones comerciales internacionales en el seno de la OMC que se inician en 1999, y que se perfilan como nuevas "rondas agrícolas" o bien negociaciones relativas a acuerdos comerciales bilaterales. Estas negociaciones se enmarcarán sin duda dentro de las tendencias actuales de mayor liberalización del comercio, lo cual implicará ventajas para América Latina y desventajas y correctivos a la actual PAC.

D. Un último tema contemporáneo a la celebración de la Cumbre que influirá en la misma, es la renegociación del nuevo Convenio Lomé que regula las relaciones y la Cooperación entre la UE y los países de Africa, Caribe y Pacífico (ACP). No hay que olvidar que en la Cumbre participan los países del Caribe y que en la renegociación del acuerdo ocupará un lugar central el paquete comercial y las preferencias actuales que gozan los países ACP, y que el resto de América Latina podría apoyarse en ellas para reclamar avances en sus negociaciones.

Una importante novedad para las relaciones UE–ALC es el estatus de observador recientemente otorgado por los países ACP a Cuba para entrar a formar parte de la Convención, la cual vendría a llenar el vacío actual en las relaciones bilaterales UE–Cuba, ya que no existía ningún tipo de acuerdo con este país.

2. Modalidades para la Cumbre

Se ha discutido ampliamente en el seno de las Comisiones oficiales encargadas de organizar la Cumbre, así como en seminarios de expertos organizados por instituciones prestigiosas como SELA, IRELA y la colaboración de la Comisión y el Consejo, las diferentes modalidades para la celebración de la Cumbre así como los posibles temas de la agenda.

La inclinación mayor es la de seguir el modelo de las reuniones del Grupo de Río tratando de combinar el diálogo subregional y el más técnico para avanzar en propuestas concretas. "El modelo de las reuniones UE–Grupo de Río ofrece la posibilidad de desarrollar las relaciones especiales que la UE mantiene con agrupaciones subregionales. Del mismo modo la organización debe permitir una combinación equilibrada de temas generales y específicos, garantizando que aquellas inquietudes nacionales expresadas sirvan como ejemplo de actividad birregional" (IRELA, Caracas 1997).

La estructura organizativa que se ha articulado es una representación europea a través de la Troika (Austria, Alemania, Reino Unido) y una representación latinoamericana a través de dos órganos: un comité preparatorio (33 países del MC ) y un comité permanente de representantes (Troika del Grupo de Río, México, Panamá, Paraguay, más Brasil, Guayana y el Salvador.

En cualquier caso no va a ser fácil dirigir una Cumbre en la que fácilmente pueden participar más de 150 personalidades entre Presidentes y Jefes de Gobierno y ministros de asuntos exteriores de los países europeos, latinoamericanos y caribeños.

La agenda debe acordarse previamente si se desea obtener resultados concretos y no quedarse en una Cumbre protocolar más, lo cual sería frustrante para el futuro de las relaciones birregionales.

3. La agenda

Las reuniones (oficiales y no oficiales) que se han venido organizando para preparar la Cumbre son coincidentes en las tres dimensiones de la agenda.

A. La dimensión política

Se centrará en el reforzamiento del diálogo político institucionalizado con la región en sus diferentes modalidades (multilateral, subregional y bilateral) en torno a temas de interés común: la democracia y los derechos humanos, el avance de los procesos de integración en la UE y AL, el reforzamiento de las instituciones multilaterales, medidas de seguridad y confianza, desarrollo sostenible, convergencia y concertación de diálogo triangular UE–AL–EEUU, corrupción, narcotráfico, inmigración.

B. La dimensión económica y comercial

La Cumbre será una excelente plataforma para el análisis conjunto de la actual situación económica y financiera internacional, las respuestas comunes a las crisis (como la recientemente provocada por la crisis asiática) los problemas de la deuda externa (recientemente rescatada de la agenda birregional debido a la crisis centroamericana tras el huracán Mitch). El desarrollo pleno de los nuevos acuerdos de asociación de la UE con MERCOSUR, Chile y México, especialmente en los aspectos relativos a la cooperación económica y los intercambios comerciales, será el tema central de esta dimensión, dada la importancia que tiene para el desarrollo de los acuerdos, la liberalización recíproca de los intercambios especialmente para facilitar el acceso a los mercados europeos de los productos agrícolas latinoamericanos. La reforma de la PAC y las negociaciones en el marco de OMC estarán igualmente presentes.

Importante será el capítulo de las inversiones, las garantías jurídicas y el nuevo marco legal para las inversiones a la luz del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) en el marco de la OMC de la OCDE, así como la ampliación del mandato del BEI y la concertación de proyectos con el BID.

C. La dimensión cultural, educativa y humana

Se busca establecer un marco de asociación en esta nueva dimensión que permita abordar una cooperación ambiciosa en el campo de la educación, la formación profesional, la cooperación científica y tecnológica, la difusión de tecnología de la información y el intercambio cultural entre ambas regiones.

A nivel comunitario se ha hecho poco en esta materia por falta de líneas presupuestarias y programas integrados u horizontales. Unicamente ALFA, a nivel de cooperación universitaria, constituye el programa horizontal más articulado. Desde América Latina deberá plantearse, para desarrollar los acuerdos de cooperación que incluyen cláusulas culturales y especialmente los acuerdos de asociación, una estrategia para presionar y facilitar el acceso de países latinoamericanos a los programas marco comunitarios (educativos y culturales), y a los programas marco de investigación científica y tecnológica que se están abriendo a terceros países con los que la UE tiene firmados acuerdos de asociación (PECO).

En el campo de las industrias culturales, de la comunicación, de conservación de temas de patrimonio cultural, hay oportunidades riquísimas que no deben desaprovecharse y que son campos en los que la economía y la cultura se reencuentran generando un potencial enorme de crecimiento, empleo y mejora de la calidad de vida.

El desarrollo de programas conjuntos a nivel multilateral en concertación con organismos multilaterales como la UNESCO y el Consejo Europeo parecen aconsejables para unir sinergias y obtener mayor visibilidad e impacto.

La dimensión humana de la agenda deberá trabajar sobre el nuevo concepto de "capital social" atendiendo temas de género, desempleo, creatividad, fortalecimiento de la sociedad civil y la participación ciudadana.

Por último, en el seminario preparatorio organizado conjuntamente por IRELA y el SELA en Caracas en 1997, se resaltaron algunas propuestas concretas de gran interés:

– la creación de un centro birregional de investigación y diálogo sobre aspectos socioeconómicos, en especial la posibilidad de adaptar el modelo europeo de estado de bienestar a las necesidades y capacidades latinoamericanas, tomando en cuenta la necesidad de competencia.

– Un mecanismo consultivo ad hoc sobre asuntos internacionales, posiblemente en el seno de las Naciones Unidas. Ello contribuiría a definir posiciones comunes en cuestiones como el dumping social y medioambiental.

– Una declaración relativa a la necesidad de un diálogo trilateral UE–EEUU–América Latina sobre regionalismo abierto;

– Un centro birregional de normas y estándares encargado de difundir informaciones sobre normas internacionales a fin de contrarrestar la imposición de normas japonesas y estadounidenses;

– Un foro empresarial que fomente la creación de empresas conjuntas y otras iniciativas;

– La creación de empresas conjuntas (joint ventures), ante todo en proyectos de infraestructura y de un centro ad hoc para impulsar la cooperación en este ámbito;

– Un programa de jóvenes dirigentes para latinoamericanos en las esferas política, económica, empresarial, de comunicaciones y otras. Este programa podría incluir visitas de intercambio entre las dos regiones.

La Cumbre UE–ALC ofrece una magnífica oportunidad para el reforzamiento de la asociación que la UE y AL iniciaron al principio de esta década. Los intereses son comunes, los desafíos que tendrán que afrontar también. Hay, pues, razones de peso para que esta cita constituya un éxito y siente las bases de una verdadera y fructífera asociación basada en el interés y beneficio mutuo.

Bibliografía consultada

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  • ….. 1995 "La nueva Europa y su impacto en América Latina (dossier 53)

  • ….. 1996 "Inversión extranjera directa en AL en los años 80 (BID-IRELA).

  • ….. 1997 "Un desafío al triángulo atlántico (informe).

  • ….. 1998 "Preparando la asociación UE – MERCOSUR" (informe).

  • Marín, Manuel "América Latina y Europa ante el siglo XXI" en AL y UE construyendo el siglo XXI Patricio Leiva, editor (CELARE, Santiago de Chile 1996).

  • Smith, Roberto "Las relaciones de América Latina y la UE en AL y UE construyendo el siglo XXI (CELARE, Santiago de Chile 1996).

 

 


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