América Latina y el Caribe
en el próximo milenio
Edición Nº 55.

Enero-Abril 1999.

 

Hacia la liberalización del
comercio entre los países del Caribe
Secretaría Permanente del SELA

Introducción

A medida que se acerca el nuevo milenio, los países del Gran Caribe se encuentran en un mundo muy diferente al que existía hace una década. En primer lugar, el mundo se ha reducido considerablemente, en el sentido de que las fronteras nacionales son ahora más flexibles y las comunicaciones, los capitales e incluso las personas se movilizan a través de éstas con mayor facilidad y rapidez que en el pasado. Esta es una de las ventajas que brinda el proceso de globalización.

Sin embargo, uno de sus aspectos negativos es que ésta puede y pareciera estar reforzando las desigualdades que existen entre los países y las personas. Hasta qué punto un país o una empresa puede beneficiarse de la globalización depende de su capacidad para conseguir y traducir estos factores de producción en productos globalmente competitivos y de alto valor destinados al intercambio comercial.

Este proceso también se ha visto propiciado por una nueva estrategia de desarrollo que le da prioridad a la liberalización del comercio. Por consiguiente, la política comercial se ha convertido en una parte cada vez más importante de las estrategias de desarrollo económico emprendidas por los países y éstos están liberalizando unilateralmente sus economías, además de participar en los esfuerzos multilaterales y regionales de liberalización comercial.

Se han expresado ciertas preocupaciones en torno a la posibilidad de que los países más pequeños y menos desarrollados estén siendo objeto de una ulterior marginación en el nuevo escenario económico global. En un reciente seminario del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), en el que se discutió el tema de la globalización, se señaló que paralelamente al actual proceso multilateral el comercio pareciera estar organizándose en bloques regionales. Más notable aún es el hecho de que la mayor parte del intercambio comercial en el mundo esté siendo manejado por un número reducido de actores. Apenas 350 corporaciones controlan alrededor del 60% del comercio mundial. En el área de las inversiones, 15 países reciben la mayoría de las inversiones extranjeras directas. Es probable que en ambas áreas la tendencia continúe durante el próximo milenio.

En este sentido, los Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los 15 (G-15), en su reunión celebrada en febrero de este año en Jamaica, discutieron la necesidad de «crear convergencias en aquellos temas complejos relacionados con el impacto social y económico de la globalización» y «asociaciones viables» para afrontar los desafíos de la nueva era1.

I. El Gran Caribe en el nuevo ambiente global

En esta década han ocurrido cambios drásticos en el ámbito del Gran Caribe que han tenido que compaginarse con las cambiantes realidades globales.

Los países de Centroamérica, luego de una década de inestabilidad política, ahora buscan activamente promover su desarrollo económico a través de la integración plena en la economía regional y global mediante una mayor cuota de participación en las inversiones y el comercio mundiales.

Los países que conforman la Comunidad del Caribe (CARICOM)2 reconocieron públicamente, a través de la Declaración de Grand Anse de 1989, que como países pequeños enfrentan la amenaza de ser marginados de la reciente tendencia a crear megabloques comerciales. De allí que los Jefes de Gobierno planificaran una serie de actividades orientadas a profundizar CARICOM, así como también la integración caribeña, redefiniendo ciertos instrumentos de integración, de modo tal que éstos estuviesen acordes con las nuevas realidades económicas internacionales. También reforzaron sus lazos con otros países del Gran Caribe y América Latina con el fin de promover la cooperación para el desarrollo.

Como resultado de este cambio en la orientación de CARICOM, el activismo de Centroamérica, junto con la aparición de República Dominicana y Cuba como actores de importancia política en el Caribe, la definición y la dinámica de la región caribeña está cambiando.

Ahora está caracterizada por un círculo cerrado de países caribeños angloparlantes que, conjuntamente con Suriname y Haití, están creando un Mercado y una Economía Común; un círculo más amplio conformado por estos mismos países y la República Dominicana que como CARIFORUM negocian con Europa y por separado se preparan para el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); y una red mucho más extensa de países de la Asociación de Estados del Caribe (AEC)3. Dentro de este último círculo, las relaciones entre los países del CARIFORUM y Centroamérica han adquirido una importancia estratégica, no sólo por los elementos comunes en su relación comercial con los Estados Unidos, sino también debido a la creciente percepción sobre la necesidad de lograr un mayor peso en el cada vez más complejo ambiente internacional.

México, cuya población supera con creces al número de habitantes que tienen la región del Caribe y Centroamérica juntas, pertenece al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Casi 80% de su intercambio comercial se realiza en este contexto. Las diferencias se destacan más cuando se nota que el BID estima el PIB de México en más de $250 mil millones, mientras que el del Caribe queda en alrededor de $50 mil millones.

Este país ha seguido manteniendo unos nexos tradicionalmente fuertes y principalmente estratégicos con el Caribe y Centroamérica. También comparte una relación de cooperación comercial con los otros países «grandes» de la AEC, Colombia y Venezuela, cuya población combinada no es mucho menor que la población de Centroamérica y el Caribe. Colombia es uno de los socios comerciales más importantes de Venezuela. Por otra parte, el flujo de intercambio comercial entre Venezuela/Colombia y los países del Caribe/Centroamérica es ínfimo.

II. La situación particular de los países de la OECO4

En contraste con el reciente dinamismo adquirido por la República Dominicana y la inserción más cauta pero definitiva de Cuba en el nuevo escenario comercial regional e internacional, los países que conforman la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO) avanzan con más lentitud hacia la instrumentación de reformas comerciales. La mayoría de ellos son miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y se esperaría que cumplieran con sus compromisos de liberalización comercial en el cronograma pautado.

En el ámbito bilateral, la mayor parte de ellos no ha sido capaz de aprovechar la Iniciativa para la Cuenca del Caribe propuesta por Estados Unidos de la misma manera en que lo han hecho algunos países caribeños y centroamericanos. Generalmente estos países han insistido en mantener firmes sus «derechos adquiridos» en sus relaciones con la Unión Europea y, en algunos casos, han sido participantes renuentes en acuerdos preferenciales con otros países en la región del Gran Caribe. Aparte de la sensación de extrema vulnerabilidad ante las fuerzas externas, los países de la OECO, al igual que el resto de las naciones de CARICOM, no cuentan con una cultura empresarial que facilite el desarrollo de relaciones con otros socios que no sean los tradicionales.

De acuerdo a lo establecido en el Acuerdo entre CARICOM y Colombia, los países de la OECO no están obligados a otorgar reciprocidad5. También hay una cláusula que les excluye de la reciprocidad en el Acuerdo con la República Dominicana6, la cual será revisada en el año 2005.

Estos países tienen el temor de que una mayor liberalización podría comprometer la supervivencia de muchas de sus industrias y reduciría significativamente sus ingresos procedentes de las transacciones interfronterizas, de las cuales dependen considerablemente sus finanzas. En otras palabras, ellos piensan que los beneficios de una mayor liberalización y de los acuerdos preferenciales recíprocos no contrarrestan los riesgos.

III. Razones para la integración comercial en el Gran Caribe

Al momento de su creación, los Países Miembros de la AEC convinieron en que las áreas prioritarias para la cooperación y el desarrollo incluirían el comercio, el transporte y el turismo. Ha sido más fácil definir los puntos comunes en los dos últimos sectores que en el área del comercio.

¿Cuáles serían las posibles ventajas de una liberalización comercial entre los países de la AEC?

1. Consolidación de las reformas económicas que han emprendido de forma unilateral muchos países de la AEC. La mayoría de los países se encuentran en distintas fases de apertura de sus economías a la competencia externa para mejorar su inserción en el mercado global. La aplicación prudente de acuerdos comerciales de este tipo conjuntamente con lazos más estrechos entre las economías de la región pueden asegurar y reforzar estas reformas.

2. Mejora de la productividad y fortalecimiento de la competitividad global. Una liberalización contínua a través de un acuerdo preferencial motivaría a los países a desarrollar sus ventajas competitivas, así como a identificar y reforzar sinergias. Esto adquiere una importancia adicional si se toma en cuenta que probablemente se incrementarán las exigencias para competir debido a las nuevas negociaciones multilaterales, así como por el compromiso de crear un acuerdo hemisférico de libre comercio.

3. Estimular las exportaciones hacia nuevos mercados tanto de algunos rubros tradicionales como de algunos productos nuevos. Tanto Centroamérica como los países del Caribe venden sus exportaciones tradicionales a Europa y algunas a los Estados Unidos. En este último mercado, las exportaciones procedentes del Gran Caribe se han concentrado particularmente en las actividades de ensamblaje en determinados sectores. Es probable que los cambios en los términos del intercambio comercial así como nuevas políticas comerciales en estos países reduzcan las posibilidades de crecimiento del Caribe. Los países más pequeños necesitan fortalecer sus exportaciones de aquellos productos que tengan un mayor valor.

4. Un área de libre comercio en el Gran Caribe generaría un mayor interés por la región caribeña entre los inversionistas internacionales.

Además, la cooperación comercial entre los países que conforman el Gran Caribe aumentaría el peso político de la región en las negociaciones comerciales internacionales.

IV. Criterios para un Área de Libre Comercio del Gran Caribe

En un documento anterior, la AEC proppuso diversas opciones para establecer un Acuerdo de Libre Comercio7, algunas de las cuales han sido incluidas en las sugerencias que planteamos más adelante. Estas sugerencias toman como punto de partida los diferentes niveles de interés y voluntad política de los países de la AEC en la creación de un área de libre comercio para el Caribe, así como también las grandes diferencias que existen en materia de tamaño, nivel de producción y capacidad de exportación de los Países Miembros.

De la misma manera, dichas sugerencias toman en cuenta el hecho de que algunos estados miembros han negociado o están negociando varios acuerdos comerciales. México tiene un pacto de comercio preferencial con Venezuela y Colombia, el denominado Grupo de los Tres (G-3). A principios de 1998 la República Dominicana suscribió un Acuerdo de Libre Comercio Preferencial con los países de Centroamérica y luego, en agosto de ese mismo año, firmó un acuerdo marco con el propósito de establecer el libre comercio con la Comunidad del Caribe.

En gran medida, las opciones propuestas a continuación consideran estos acuerdos preferenciales como el núcleo a partir del cual se puede formar un área caribeña de libre comercio más amplia. El hecho de que estos países sean básicamente simétricos –en términos de niveles de población, producción total, y exportaciones– favorece este enfoque. Además, el acta constitutiva de la AEC permite la negociación de acuerdos entre los países o grupos de países interesados.

Finalmente, con respecto al mejor momento para llevarlo a cabo, si la mayoría de los países de la AEC desean utilizar el área caribeña de libre comercio como experiencia de aprendizaje para las negociaciones «de la nueva generación» así como para estimular la productividad, entonces tales negociaciones deberían realizarse lo más pronto posible.

A continuación esbozamos las opciones que proponemos para la creación del Área de Libre Comercio del Gran Caribe:

1. Preferencias Arancelarias

A. Las partes interesadas podrán negociar con base en un piso regional para las preferencias arancelarias. Esto quiere decir que todos los países podrán convenir en otorgar un nivel de preferencia suficientemente bajo (digamos 5% por encima del arancel externo) como para captar el interés de la mayoría de los países. Se podrá presentar una lista de excepciones en las negociaciones. A partir de este piso, aquellos países que estén interesados en propiciar una mayor liberalización entre ellos podrán negociar por separado un margen más amplio de preferencias, el cual con el tiempo podría expandirse de acuerdo con las necesidades de los signatarios. Esta opción pudiera darle flexibilidad a algunos países que actualmente son miembros de una zona aduanera para negociar márgenes de preferencias con otros países fuera de la zona pero que sean miembros de la AEC, cuando su acuerdo interno de integración lo permita.

B. La convergencia gradual de las concesiones arancelarias entre la República Dominicana y Centroamérica y CARICOM y Centroamérica, así como la pronta armonización de las reglas comerciales como aquellas que rigen las normas de origen, las salvaguardas, los estándares técnicos y las prácticas comerciales desleales.

La cobertura de los acuerdos suscritos por la República Dominicana con estos países, así como su orientación son muy similares. Buscan incorporar todos los productos al libre comercio en pocos años, con excepción de una lista (se espera que reducida) de productos sensibles. Los acuerdos contemplan bienes y servicios, así como inversiones y compras públicas. Cuba podría ingresar a cualquiera de los acuerdos, ya que ambos están abiertos a nuevos ingresos.

En vista de las simetrías existentes entre estos países, en términos de tamaño, producción y niveles de exportación, un Acuerdo entre ellos sería visto como menos traumático por aquellos que se consideran los más vulnerables a una mayor liberalización, pero que a su vez, no desean verse marginados de este proceso. Las economías más pequeñas también podrían ser excluidas de la concesión de preferencias, medida que estaría sujeta a una nueva revisión en una fecha posterior, por ejemplo seis o diez años.

Considerando el tamaño de sus economías y la capacidad de exportación, se podría negociar un Acuerdo separado con los países del Grupo de los Tres, basado en una lista positiva de productos a los que se les otorgarían preferencias. La OECO recibiría el mismo tratamiento que está previsto para sus países miembros en el Acuerdo entre Colombia y CARICOM. Por lo tanto, quedarían eximidos de conceder preferencias arancelarias.

C. Una combinación de las dos opciones anteriores. Es decir, los países convendrían en una base de preferencias arancelarias para todos, incluyendo los miembros de la OECO. De esta manera, CARICOM, Centroamérica y República Dominicana tendrían concertado un mayor margen de preferencia y con el transcurso del tiempo armonizarían su relación. Esta opción le brinda a todos los países la posibilidad de tener un mejor acceso al mercado, a la vez que no hace más concesiones de las que desea hacer. También pudiera llevarse menos tiempo en términos de negociaciones y manejo del área de libre comercio.

2. Normas de origen

Las normas de origen se podrían usar de manera flexible a fin de brindar mayor protección a aquellos países considerados como los más vulnerables, en caso de que fuese necesario. Igualmente, esta opción pudiera ampliarse para tomar en cuenta la posibilidad de acumulación, aunque un régimen de este tipo quizás no sea el más fácil de manejar.

3. Barreras no arancelarias

Cualquier programa dirigido a crear un Area de Libre Comercio para el Gran Caribe debería prestar especial atención a la eliminación de las barreras no arancelarias que obstaculizan el intercambio comercial entre las partes. En un documento previo preparado por la Secretaría de la AEC8 sobre los obstáculos al comercio entre los países se mencionan algunos de dichos impedimentos, los cuales pueden clasificarse en las siguientes categorías:

A. Normas que rigen aspectos tales como la certificación y otras barreras técnicas, así como las normas sanitarias y fitosanitarias. Sería necesario negociarlas en el Acuerdo.

B. Procedimientos aduanales que impiden el acceso. Se debería hacer esfuerzos para simplificar los procedimientos aduanales, así como para adiestrar e informar a los funcionarios públicos y a la comunidad empresarial sobre los nuevos procedimientos. Este punto estaría incluido en la agenda de seguimiento.

C. Facilitación de las actividades empresariales, incluyendo el movimiento interfronterizo de las personas que se dedican a dichas actividades.

D. Falta de información y barreras culturales al comercio. En un estudio del SELA sobre las oportunidades de negocios en los países de Centroamérica y CARICOM, realizado en 1997, se señaló que gran parte de la responsabilidad por el bajo nivel de intercambio comercial entre estos dos grupos de países debía atribuírsele a la cultura idiomática y la tradición. Existe un problema similar con la ausencia de información dirigida a los empresarios acerca de los productos disponibles y los requerimientos para la importación. La Secretaría de la AEC podría considerar la posibilidad de brindar su pleno respaldo a la promoción de encuentros entre las oficinas comerciales y los empresarios, así como para suministrar información a través de Internet sobre los requerimientos de los distintos mercados.

E. Transporte para facilitar el movimiento de bienes y servicios.

V. Pequeñas economías y vulnerabilidad

El proceso de liberalización multilateral, así como el rápido incremento en los acuerdos de libre comercio suscritos entre un número variado de países interesados en formar grandes bloques económicos, le brinda una importancia cada vez mayor al tema de las ventajas y las desventajas de las pequeñas economías en los acuerdos comerciales preferenciales.

En los últimos años, expertos de organizaciones internacionales como el Banco Mundial y la UNCTAD han elaborado numerosos documentos sobre este tema. Algunos han señalado las ventajas de las cuales disfrutan las pequeñas economías como resultado de participar en dichos acuerdos junto a economías de mayor tamaño. Otros han indicado que tales ventajas se manifiestan únicamente cuando está bien desarrollada la capacidad para competir en el campo económico.

En los tres años de trabajo previos al inicio de las negociaciones sobre el ALCA se abordó extensamente este tema a través del Grupo de Trabajo sobre Pequeñas Economías, presidido por Jamaica. Como consecuencia del trabajo en este Grupo, la Declaración de Santiago de Chile emitida tras la Segunda Cumbre de las Américas en abril de 1998 incluyó una declaración sobre la necesidad de reconocer en las negociaciones la situación particular de las economías más pequeñas.

El tema de las pequeñas economías también había sido introducido en el Comité de Desarrollo y Comercio de la Organización Mundial de Comercio, que previamente reconocía sólo a los países en desarrollo y los países menos desarrollados como merecedores de una atención especial en las negociaciones comerciales internacionales dirigidas a la liberalización económica y comercial.

Puede alegarse que el simple hecho de ser una economía pequeña no significa necesariamente que ésta no esté capacitada para beneficiarse de un área de libre comercio con países mucho más grandes. Sin embargo, no se puede negar que un menor tamaño a menudo limita la capacidad de un país para satisfacer una amplia gama de mercados con una variedad de opciones de exportación.

Este factor, aunado a las limitaciones en materia de recursos humanos y a la alta dependencia en las importaciones, hace que los países pequeños sean extremadamente vulnerables a las fuentes económicas externas, más de lo que lo son los países más grandes, incluso en el ambiente globalizado de hoy en día. También están los temas de una baja base arancelaria y la alta dependencia respecto de los impuestos a las importaciones como fuentes de ingreso nacional.

Sin embargo, se puede plantear que por esta misma vulnerabilidad es esencial que los países pequeños mantengan un vivo interés en los movimientos que ocurren en el ámbito económico externo y traten de influenciarlo en la medida de lo posible. También sugiere que, como consecuencia de su enorme dependencia en las importaciones, estén interesados en garantizar un cierto nivel de competencia en el ámbito internacional.Además, las limitaciones en materia de recursos humanos y producción imponen la necesidad de que las economías más pequeñas sean sumamente eficientes en sus actividades económicas. La competencia derivada de la liberalización promueve la eficiencia en el uso de los recursos.

Por otra parte, muchas de las economías muy pequeñas han establecido industrias que dependen de ciertos niveles de producción para su supervivencia. El temor radica en que sin esa protección, dichas industrias podrían desaparecer de la noche a la mañana dejando tras de sí graves trastornos sociales.

Los acuerdos previos de comercio preferencial tampoco han preparado a algunas de las economías más pequeñas de la región para las realidades de la liberalización. Por consiguiente, estas economías, en una extensa área de comercio preferencial, tienen razones para manejar con sumo cuidado el proceso de liberalización, buscando en la medida de lo posible algún tipo de elemento amortiguador que reduzca los bruscos trastornos.

Para las economías pequeñas también es necesario que la política comercial sea desarrollada y percibida dentro de una visión más amplia del desarrollo económico y social, en la búsqueda de un papel viable para ellas en un ambiente internacional de rápidos cambios y creciente competencia.

La situación de la Asociación de Estados del Caribe presenta algunas diferencias cuando se le compara con el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) o incluso con la OMC. En primer lugar, dentro de la AEC existe un núcleo amplio de países con número de habitantes, niveles de producción y capacidad de exportación bastante similares, que en el contexto del ALCA serían considerados como economías más pequeñas.

Un acuerdo de libre comercio entre estas naciones no debería producir ni un choque sicológico ni problemas económicos a mediano plazo. Además, estos países ya han hecho avances para fortalecer sus relaciones económicas. Aparte de este núcleo, hay tres países relativamente grandes y algunos países muy pequeños. Estas propuestas iniciales para la creación de un área de libre comercio toman en cuenta estas diferencias.

En segundo lugar, la AEC se basa tanto en las alianzas estratégicas y en la cooperación en materia de economía y políticas externas como en el libre comercio. Este hecho brinda una plataforma para crear un cierto grado de amortiguación y apoyo mutuo que sería más difícil de obtener en una alianza orientada única y exclusivamente a la liberalización comercial.

Por lo tanto, cualquier programa para la liberalización comercial dentro de la AEC debería tratar de respaldar el desarrollo general de los países, recurriendo a las competencias y los recursos de las organizaciones regionales e internacionales existentes.


Notas

1. Comunicado de la Reunión del G-15 emitido en Kingston, 12 de febrero de 1999.

2. Los países miembros de CARICOM son: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Grenada, Guyana, Jamaica, Monserrat, San Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y Las Granadinas, Suriname y Trinidad y Tobago.

3. Los países miembros de la AEC son: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, República Dominicana, El Salvador, Grenada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, San Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y Las Granadinas, Suriname, Trinidad y Tobago, Venezuela, Aruba, Curazao y Francia.

4. Los países que conforman la OECO son Antigua y Barbuda, Dominica, Grenada, Monserrat, San Kitts y Nevis, Santa Lucía, y San Vicente y Las Granadinas.

5. Véase Artículo 6, párrafo 5 del Acuerdo suscrito en julio de 1994 y enmendado en 1998.

6. Véase Artículo 4, párrafo 4 del Acuerdo suscrito en agosto de 1998.

7. Obstáculos al Comercio entre los Países de la AEC, Secretaría de la AEC, 1998.

8. Idem.

 

 


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