El impacto del euro en América Latina
Edición Nº 54.
Julio-Septiembre 1998.
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La Unión
Monetaria Europea:
esbozo de algunas aplicaciones |
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Antonio
Casas González
Presidente del Banco Central de Venezuela |
Introducción
La Unión Monetaria
Europea (UME) fue considerada por mucho tiempo como un proceso que sólo involucraba a las
naciones europeas y, por tanto, las consecuencias de su creación para el resto del mundo
eran comúnmente aminoradas por las prioridades nacionales que predominaron en el contexto
internacional en años recientes. Sin embargo, las expectativas generadas por el avance
integracionista europeo han cambiado dramáticamente, al punto que la creación de la
moneda única europea, el euro, se concibe como un fenómeno financiero de implicaciones
económicas globales, al convertirse éste, no sólo en un competidor directo del dólar
estadounidense como principal unidad de reserva internacional, sino, además, por las
repercusiones que la sustitución inicial de once monedas por el euro, tendrá sobre los
flujos de comercio y capitales internacionales.
La Unión Monetaria Europea y
la consecuente introducción del euro como moneda de circulación es, sin duda, uno de los
acontecimientos financieros más importantes del presente siglo ya que concentra los
riesgos de la volatilidad cambiaria asociada a las distintas divisas de los países
participantes de la Unión en torno a una moneda única común, al tiempo que exalta la
competencia entre los mercados financieros, donde los parámetros de liquidez de mercado,
rating financieros, situación fiscal y deuda de dichas naciones, serán los principales
determinantes en la preferencia de los inversionistas institucionales por este mercado.
Las expectativas en torno a la
UME han incidido decisivamente en los mercados internacionales de capital al ponerse en
evidencia la trascendencia de la Unión. En efecto, a partir de 1995, la incertidumbre
generada por las expectativas previas al inicio de la UME han jugado un rol importante en
el comportamiento del mercado internacional de divisas y de instrumentos denominados en
monedas europeas, en lo que han influido factores como la puntualidad en el comienzo de la
Unión y los países participantes, formándose, en cada fase, nuevas expectativas que
giran alrededor del avance de este proceso integracionista. El BCV ha seguido con interés
el desarrollo de los eventos asociados al proceso de la Unión y de la consecuente
creación del euro, dada la referida incertidumbre que ello ha generado en los mercados
internacionales de capital y sus particulares incidencias en el manejo de las reservas
internacionales, ante lo cual ha anticipado acciones tendientes a evitar el posible
deterioro de sus posiciones en divisas europeas.
Si bien es cierto que la
incertidumbre ha cedido luego que el Consejo Europeo (CE) decidiera las paridades fijas
irrevocables y los 11 países conformantes de la primera etapa, ello no significa que se
haya disipado totalmente, por lo cual el BCV seguirá atento a este proceso después de la
entrada en vigor de la tercera etapa (enero 1, 1999), puesto que quedará abierta la
posibilidad de ingreso de otros países a la UME.
A futuro, las variables
financieras de la UME estarán determinadas por la política monetaria del Banco Central
Europeo (BCE) y la disciplina fiscal de los países miembros. El marco institucional dado
por la sección III del Tratado de la Unión, da razones para esperar una política
monetaria adherida a la estabilidad de precios, la cual ha sido la principal meta
de política económica en Europa en los últimos años, con progresos realmente
impresionantes por parte de los países con deseos de adherirse a la Unión.
Estas consideraciones otorgan
sustrato a los cambios que se darán en los esquemas de comercio e inversión sostenido
por terceros países, especialmente frente al área del dólar estadounidense, puesto que
el comercio de bienes y servicios, así como la deuda o la colocación de reservas en
mercados denominados en euros, se verán favorecidos por mercados más grandes y
líquidos, resultando, por tanto, más atractivos que mercados separados denominados en
las diferentes monedas europeas, a la par de reducir su dependencia del área del USA$.
I. ANTECEDENTES
Los inicios de la
integración económica y monetaria de Europa tuvieron lugar luego de la firma del Acuerdo
de Bretton Woods el 22 de julio de 1944, y el colapso, treinta años más tarde, de ese
mismo acuerdo. Con la firma del Tratado de Roma el 25 de marzo de 1957, se introducen
acuerdos de liberalización de movimientos de capitales y coordinación de la política
económica para los países europeos, los cuales se rompen en 1968 con la crisis del
franco francés y su posterior devaluación, que llevó a la reintroducción de controles
de cambio.
En 1969, con el Plan Barré, la
integración europea cobra impulso, al introducir un nuevo elemento, como fue la
coordinación y solidaridad de la política monetaria. Sin embargo, no fue sino hasta
octubre de 1970 cuando se concreta un plan de unión monetaria y económica en el
llamado Reporte Werner, considerado el antecesor del Plan Delors que inspiró el Tratado
de Maastricht. El Reporte recomendaba la convertibilidad total de las monedas, tasas de
cambio fijas irrevocables y libre movimientos de capital. La introducción de una moneda
única no era considerada necesaria pero sí preferible y, aunque no trataba los
mecanismos de creación de la moneda única, sugería centralizar la política monetaria y
mantener un centro independiente para la política económica. Entre las decisiones
emanadas en el mismo se incluían también, la reducción de las bandas de fluctuación de
las monedas respecto al USA$, la introducción de facilidades de financiamiento a corto
plazo y el reforzamiento de la cooperación.
En 1971, la intensa
especulación respecto al USA$ y sus efectos en las monedas europeas, particularmente en
el marco alemán, que culminó con la suspensión de la convertibilidad del USA$ en oro,
el 15 de agosto de ese año, hizo más urgente crear un sistema de estabilidad monetaria
en Europa, naciendo así un acuerdo conocido como "serpiente en el túnel" que
restringía la fluctuación de las monedas europeas, entre ellas y frente al USA$, en una
banda con límites máximos y mínimos de 2,25%.
En 1973, la crisis petrolera y
los cambios de la política económica en los diferentes países produjeron un nuevo
entorno internacional que acabó con dicho acuerdo. Con la entrada en vigencia de la
segunda enmienda al Sistema de Bretton Woods, el 1 de abril de 1978, se validó el sistema
de tasas de cambio flotantes y se desmonetizó el oro. Así, los líderes europeos, en
respuesta a ello, crearon el Sistema Monetario Europeo (SME) a finales de ese año, el
cual ha prevalecido por más de 20 años.
El SME fue un sistema de tasas
de cambio fijas pero ajustables, en el cual las monedas participantes debían fluctuar
dentro de bandas en torno a una paridad central fija. El ancla de este sistema era la
Unidad de Cuenta Europea (ECU), definida como una cesta de monedas ponderadas, en el cual
las realineaciones o variaciones en los tipos de cambio sólo podían producirse por
acuerdo de todos los participantes, al permitir que los bancos centrales intervinieran en
el mercado cambiario cuando sus monedas estuvieran cerca de los límites de las bandas. Al
principio, los márgenes de fluctuación fueron de 2,25% alrededor de la paridad central
pero, países como España, Italia, Reino Unido y Portugal entraron al sistema con una
banda de fluctuación permitida de 6%.
Posteriormente, la crisis que
afectó al SME entre 1992 y 1993, amplió los márgenes de flotación controlada hasta un
15% en torno a la paridad central. El SME ayudó a reducir las fluctuaciones entre las
monedas miembros del sistema, así como frente a otras monedas como el yen japonés y el
dólar estadounidense, a pesar de haberse realizado 12 realineaciones desde su creación
hasta la crisis de 1992.
El 7 de febrero de 1992, los 12
estados miembros1 adoptaron el Tratado de Maastricht o
Tratado de la Unión Europea, el cual incluyó la necesidad de una mayor convergencia en
las políticas económicas, siendo ésta un prerrequisito para la introducción posterior
de una política monetaria única. El Tratado de Maastricht establece que la UME es el
principal objetivo del Tratado de la Unión Europea, el cual involucra tanto la
introducción de una moneda única como la transferencia de competencias de las
autoridades monetarias nacionales a un Banco Central Europeo, representando así un salto
cualitativo del vigente ambiente de cooperación económica y monetaria intergubernamental
hacia un nivel de integración monetaria supranacional.
II. IMPLICACIONES DE LA
UNIÓN MONETARIA EUROPEA Y DE LA CREACIÓN DEL EURO
1. Mercados Monetarios y
de Capitales
De los estudios
comparativos realizados acerca de la volatilidad en los mercados de bonos, acciones y
monedas, se desprende la relación directa entre la volatilidad del tipo de cambio y la de
los instrumentos negociados en los mercados de capitales. De esta forma, la mayor
estabilidad cambiaria que se generaría con la creación del euro otorgaría una menor
volatilidad a los mercados de capitales europeos, esperándose que se incrementen los
flujos internacionales hacia dichos mercados, en particular los provenientes de
inversionistas institucionales, que han evitado tomar riesgos en el mercado accionario
europeo por su pequeño tamaño y poca integración. La mayor entrada de capitales a la
zona euro probablemente provenga de inversionistas privados más que de bancos centrales,
por el mayor monto de activos que poseen los primeros.
Una característica de los
mercados financieros europeos es su tendencia a la segmentación y diferenciación entre
los mercados de instrumentos de deuda y de acciones con orientaciones distintamente
nacionales, donde la búsqueda de financiamiento se realiza, básicamente, a través de
préstamos bancarios más que mediante emisiones de bonos o de acciones, con una banca
proveedora de servicios bancarios al detal. Con el establecimiento de la UME se abriría
la posibilidad de desmantelar las barreras entre el segmentado mercado europeo para
depósitos y préstamos bancarios, instrumentos de renta fija y pagos de otros servicios
financieros, creándose la oportunidad para negociar en mercados de capitales más
integrados, rivalizando así en tamaño, eficiencia e importancia internacional con otros
mercados de importancia como el estadounidense.
A pesar del menor desarrollo
relativo de los mercados de capitales europeos, éstos han venido integrándose y siendo
más líquidos, gracias a la desregulación financiera, desintermediación bancaria y
mayores oportunidades para el inversionista otorgadas por el proceso de creación de la
UME. Asimismo, la convergencia de políticas macroeconómicas ha contribuido a la
integración del mercado, reduciendo los diferenciales financieros entre los distintos
instrumentos. Con la introducción del euro se reforzaría la tendencia de mayor
uniformidad del mercado, más transparencia en la determinación de los precios,
reducción de los costos transaccionales y del riesgo cambiario con el resto de las
monedas fuera del área europea. Todo ello incentivaría la armonización en las
prácticas de mercado, como técnicas de subastas, emisiones programadas, espectros de
vencimiento, tanto para emisores como para inversionistas, ayudando al desarrollo de
mercados más líquidos a corto plazo.
En el establecimiento y
desarrollo de los mercados monetarios y de capitales, los bancos centrales han tenido un
importante rol. En el caso del mercado financiero estadounidense, la elevada liquidez,
capitalización y eficiencia que lo caracteriza, se ha debido, principalmente, al
importante papel jugado por el Sistema de la Reserva Federal mediante su participación
diaria en el mercado monetario, generando estabilidad a las tasas de interés. En Europa,
por el contrario, la conducción de la política monetaria y financiera, se ha
caracterizado por elevados requerimientos de reserva y escasas intervenciones en el
mercado monetario, lo que no ha estimulado la liquidez en el sistema bancario, tendiendo a
frenar el desarrollo de los mercados financieros.
Con relación a lo anterior, el
Sistema de Bancos Centrales Europeos vendrá a significar un importante cambio por su
analogía con el sistema estadounidense. Sin embargo, existe cierta incertidumbre al no
especificarse, de manera explícita en el Tratado de Maastricht, el rol que en el
funcionamiento del sistema financiero tendrá el SBCE, a pesar de su plena autoridad para
intervenir en los mercados coordinadamente con los bancos centrales nacionales de manera
de hacer frente a las presiones del propio mercado. Con todo ello, se espera que la
segmentación que caracteriza a los mercados europeos disminuya.
La introducción del euro es
probable que acelere el desarrollo de los mercados de bonos corporativos, especialmente si
la concentración en el riesgo de crédito en los mercados de instrumentos soberanos en
esta moneda permite el desarrollo de una "cultura de riesgo de crédito", tal
como existe en Estados Unidos. Asimismo, la creación de una sola moneda incentivaría una
mayor participación de inversionistas institucionales que ayudaría al desarrollo de
estos mercados al hacerlos más líquidos, promoviendo la competitividad entre las
instituciones financieras y acelerando el proceso gradual de desintermediación y fusión
que ha venido observándose en la banca europea. Igualmente, es probable que se acelere el
proceso de consolidación e innovación tecnológica que ha caracterizado a los mercados
bursátiles en años recientes, a la par que abriría la competencia entre los emisores
soberanos europeos, al coadyuvar en la desegmentación del mercado de capitales.
El Pacto de Estabilidad
suscrito por los países miembros de la UME, en su objetivo de consolidación fiscal, hace
posible la reducción del volumen excesivo de nuevas emisiones de los gobiernos. Asimismo,
como el rol de los fondos del sistema de seguridad social se estima que disminuirá, el
papel de los inversionistas institucionales, como compañías de seguros y fondos de
pensiones privados incrementarán la demanda de papeles públicos y privados a diferentes
vencimientos.
2. Banca Internacional
En años recientes, la
banca europea ha experimentado fuertes presiones asociadas con la desregulación y
abolición de los controles al capital, lo que ha reducido sus márgenes de beneficio
operacional, además de la necesidad de incrementar las provisiones para pérdidas por
préstamos vinculados a sectores deprimidos. En la mayoría de los casos, los bancos
europeos han contrarrestado esta situación mediante la reducción de sus costos e
incremento de sus ingresos por operaciones no vinculadas a servicios financieros,
resistiéndose a la consolidación por razones de ventajas cambiarias, restricciones
legales y regulatorias entre los distintos países y fuertes relaciones tradicionales y
culturales.
Con la introducción del euro,
los sistemas bancarios europeos se han venido reestructurando y consolidando,
primordialmente hacia un nivel de banca al mayor, donde se ha impuesto la competencia
global frente al rezago presente a nivel de la banca al detal, donde, contrariamente, ha
habido una mayor resistencia a las presiones competitivas. Este hecho deriva de que la
banca europea se caracteriza por su alcance local, además de poseer ineficiencias y
subempleo de factores y tecnología que se refleja en servicios a precios poco
competitivos, lo cual se subsanaría más fácilmente en el ámbito de competencia
generado por la UME.
Asimismo, los bancos
universales, sobre todo aquellos con fuerte presencia en banca de inversión, son los que
más se beneficiarían de la UME, debido al hecho que sólo este tipo de instituciones
financieras poseen el capital, recursos y alcance geográfico para proveer los servicios
que exigen los entes que actúan en los mercados globales, en tanto que los bancos más
débiles serían objeto de adquisiciones y fusiones en el futuro. La UME propiciaría el
proceso de alianzas y fusiones con instituciones más agresivas, para satisfacer así la
creciente demanda de servicios bancarios que se generarían de la propia expansión del
mercado común.
De esta manera, se estima un
incremento razonable de la competencia bancaria mediante: fusiones ofensivas y defensivas
de pequeñas y medianas instituciones europeas, compra de pequeños bancos por grandes
bancos, fusiones con bancos fuera de la euro zona, fusiones con entidades de ahorro y
compañÍas de seguro, mayor énfasis en la banca electrónica, acceso de los clientes
regionales a los mercados internacionales globales, disminución gradual del número de
instituciones y sucursales, y una importante penetración del estilo de los bancos de
inversión americanos en la banca europea.
3. Centros Financieros
Europeos
En términos de los centros
alternos de inversión, las nuevas condiciones que emergerán en los centros financieros
europeos generarán cambios considerables. Londres, por ejemplo, continuará teniendo
ventajas en muchas áreas, sin importar si toma parte o no de la UME. Entonces, dado el
volumen de operaciones involucradas, Londres tomaría los beneficios de convertirse en el
centro offshore para el euro, probablemente en un grado mayor de lo que hoy es Luxemburgo
para los negocios basados en marcos alemanes. Por tanto, para mantener la competitividad
financiera externa de la UME se hace necesario que el futuro espectro de instrumentos de
política monetaria no promueva desventajas competitivas, lo cual se lograría si no se
introducen requerimientos de reservas a los bancos de la UME mayores a los establecidos en
los principales centros financieros ajenos a la Unión.
En términos de competitividad,
las oportunidades de un centro financiero estarán dadas básicamente por su mercado
primario de bonos y acciones, liquidez, costos transaccionales e impuestos, así como
ambiente técnico y regulatorio. Londres, Frankfurt y París serán presumiblemente los de
mayores ventajas respecto a los centros más pequeños.
En términos de ingresos, la
eliminación de las transacciones cambiarias en las monedas de los países participantes
afectará a los centros financieros en diferente grado. Por ejemplo, Londres, el centro
cambista más grande en el mundo, resultará muy poco afectado por la creación de la UME,
puesto que menos del 10% del total de operaciones cambiarias son en las monedas de los
futuros países conformantes. Frankfurt se ubica en medio, con alrededor de 15%. Sin
embargo, París, Madrid y Milán sufrirán más, al perder más de 1/5 de sus negocios en
cambios.
Con respecto a los bancos
centrales no UME, se puede considerar que una de las razones para el predominio del USA$
como una moneda de reserva es la existencia de un mercado de instrumentos del tesoro muy
líquido. No obstante, en la medida en que los mercados financieros de la UE se integren
bajo la moneda única, el mercado en euros ganará tamaño y liquidez, ofreciendo una
alternativa atractiva frente a las tenencias de letras del tesoro estadounidense que hasta
ahora han sido de preferencia por los bancos centrales, incluyendo los de Asia y del Medio
Oriente, quienes posiblemente incrementarían sus posiciones en euros contra USA$. Sin
embargo, debe considerarse que un punto en contra del rápido crecimiento del mercado UME
frente al mercado en USA$ es la imposibilidad de emitir centralmente los títulos, por lo
que su liquidez no podría equipararse al del mercado en Estados Unidos en forma
inmediata.
4. El euro y el Sistema Monetario Internacional
En el sistema monetario internacional el mercado en
euros será probablemente mayor a la suma de las actuales monedas individuales
pertenecientes a la Unión Europea, tanto como moneda de reserva como moneda de
denominación para transacciones internacionales. Se estima que se produciría un
reacomodo de los portafolios, tanto oficiales como privados, así como de los flujos de
capitales en favor de la moneda única.
Los cambios en los portafolios privados y en los flujos de
capital reflejarían los cambios en la visión de riesgo hacia un mercado financiero
tripolar por parte de los inversionistas internacionales. Un euro fuerte o débil
dependerá de la habilidad de las autoridades europeas para alcanzar la consolidación
fiscal y las reformas estructurales, incluyendo los sistemas bancarios y los mercados de
capitales, así como la efectividad y credibilidad de las políticas monetaria y cambiaria
por parte de la UME.
En términos absolutos, la introducción del euro tiene el
potencial para crear el mayor mercado financiero doméstico en el mundo. Este mercado
superaría en tamaño al mercado japonés y equivaldría al mercado doméstico
estadounidense. Otra importante razón que justificaría el tamaño potencial del mercado
en euros es que el uso de las monedas europeas en las transacciones financieras
internacionales ocupa, actualmente,el segundo lugar después del USA$. Asimismo, en los
mercados de divisas, las monedas del sistema monetario europeo combinadas, alcanzaban,
para mediados de 1997, cerca del 35%, de las cuales, el 18% correspondía al marco
alemán; mientras el USA$ participa con el 42% del mercado, el yen con el 12% y la libra
esterlina con el 5%.
El rol del euro como moneda de reserva se prevé que
aumentará en un número considerable de países, especialmente de Europa Oriental y Norte
de Africa, dados sus vínculos actuales con diversas monedas europeas que se trasladarían
al euro, estimándose, inclusive, que pudieran aumentar el número de países que anclen
sus paridades al euro por la estabilidad que proporcionaría este último.
En relación al impacto de la UME en el nivel y
composición de monedas de reserva internacional, se presume que será menor en el caso de
los bancos centrales de los países miembros de la UE que en el de los bancos centrales
externos. Cabe destacar que las reservas internacionales en divisas mantenidas por los
bancos centrales que integrarán la UME se encuentran básicamente en USA$, de las cuales
el 25% serían convertidas en activos domésticos denominados en euros.
5. Implicaciones de Riesgo
La eliminación del riesgo cambiario en la UME tendrá
como principal efecto el incremento de la importancia relativa de otros elementos de
riesgo, entre los que figura el de crédito, de liquidez, de pago, legal y de eventos. De
todos ellos, el riesgo de crédito es el más importante por su peso en la determinación
del precio de los instrumentos en los mercados de capitales de la UME, permaneciendo como
el principal factor que influirá en el diferencial de tasas de interés entre los
emisores de la UME después de la introducción del euro. De esta forma, el precio de las
emisiones de bonos de dos deudores con idéntico riesgo de crédito, por ejemplo, Alemania
y Francia, podría variar en función de las diferencias que cada país posea en cuanto a
técnicas de emisión, procedimientos legales, de compensación, pagos y situación
fiscal.
Lo anterior eliminaría las ventajas individuales del
mercado europeo actual dadas, justamente, por la existencia de monedas diferentes. Con la
introducción del euro y la eliminación del riesgo cambiario, estas ventajas serían
sustituidas por una mayor uniformidad y transparencia en las prácticas de mercado, en los
precios y en la ruptura de la segmentación del mercado intraeuropeo. Así, con la
eliminación del riesgo de cambio, la convergencia de los diferenciales de crédito y más
uniformidad en las prácticas del mercado, se espera que se incremente la profundidad y
liquidez de los mercados de capitales europeos.
La mayor o menor
desegmentación y niveles de liquidez de los mercados de deuda europeos dependerá de
cómo se refleje el riesgo de crédito en los precios de los instrumentos, ya que los
rating asignados a los instrumentos de deuda denominada en euros podrían ser mejores a
los asignados en moneda extranjera. Los factores que determinarían ello son: (1) la
insuficiencia de moneda extranjera en un momento dado, que eleva la probabilidad de
incumplimiento de sus emisiones, en virtud de que no es objeto de emisión por parte de
los bancos centrales nacionales como lo sería el euro; (2) la deuda doméstica, que en su
mayor parte es deuda del gobierno y, por razones políticas, es mucho más probable que el
servicio de la misma se mantenga en el tiempo; (3) para los gobiernos puede resultar más
fácil elevar los impuestos o reducir los gastos para repagar la deuda en euros que
repagar la deuda denominada en moneda extranjera.
Al concentrarse el riesgo
cambiario de terceras monedas respecto a Europa y reducirse los costos transaccionales, la
introducción del euro disminuirá los costos de emisión e inversión en instrumentos de
los gobiernos, lo que se estima que estimularía el desarrollo de los mercados de
capitales en euros. Cuando ello ocurra, la atención de los inversionistas se centrará en
otros elementos de riesgo menos volátiles, incrementándose la competencia con otros
emisores, tanto europeos como extra europeos, así como entre intermediarios financieros
para servir como agentes de colocación y gerentes de fondos de inversión. De esta forma,
el establecimiento de la UME contribuirá a reestructurar las empresas globales de la
banca de inversión y universal.
6. Compromisos de Pago de
las Obligaciones en Moneda Europea
En la reunión del CE
realizada a finales de 1995 en Madrid, se decidió que la nueva deuda pública transable,
con vencimiento superior al 2002, debería ser emitida en euros desde el propio comienzo
de la UME (año 1999). Aunque no se decidió sobre los plazos de conversión de los bonos
existentes, se presume que los instrumentos más líquidos serán redenominados
inmediatamente a los fines de evitar una división en los mercados y asegurar la liquidez
(esto incluye los mercados asociados de derivados y futuros).
El ECU cesará de existir una
vez el euro se convierta en la moneda oficial en enero de 1999 y los activos y pasivos
denominados en ECU serán redenominados a euros a una tasa de 1 a 1, sin descartar los
acuerdos entre las partes. Desde el inicio de la UME, los bonos en ECU serán servidos en
euros, con excepción del período de transición en que los pagos podrían ser
acreditados en euros o en moneda nacional.
7. Flujos Comerciales
La moneda única como paso
siguiente a la formación del mercado común es el punto de partida para las nuevas
interrelaciones con las redes comerciales del resto del mundo. La consolidación del euro
evitará que las distorsiones del tipo de cambio puedan afectar al comercio o a la
inversión extranjera en Europa, al reducir la incertidumbre que introduce la volatilidad
de los tipos de cambio. En particular, propiciará una competencia directa que redundará
en un beneficio, tanto para los consumidores internos como externos, lo que significa que
los precios se podrán comparar en una misma moneda, sin necesidad de conocer un tipo de
cambio entre monedas.
La competitividad internacional
de las mercancías y servicios mercadeados en euros, estará determinada por las
variaciones que se operen en las paridades del euro frente a las monedas de los países
exportadores e importadores, lo cual no sólo depende de las condiciones y políticas
económicas prevalecientes en Europa, sino de las existentes en el resto del mundo para el
alcance de los respectivos equilibrios externos.
La consolidación de la
estabilidad económica redundará en un mayor avance comercial que atraerá la inversión
extranjera, lo cual producirá un mayor efecto riqueza, un aumento de los niveles de
empleo y fortalecerá al consumo comunitario en una dinámica que favorecerá un mayor
crecimiento del producto y comercio mundiales.
La existencia del SBCE
permitiría una menor volatilidad de los tipos de interés, los cuales se orientarán
hacia los promedios de los países con tipos de interés más bajos, estimulando el
crédito y con ello la demanda interna.
El euro permitirá una
reducción de los costos transaccionales entre las monedas del comercio intraeuropeo que
se estima alrededor de 0,5% del producto interno bruto comunitario, lo cual permitirá
abaratar los costos unitarios de los bienes y servicios transables, impulsando así una
mayor demanda foránea.
Otra implicación importante,
es que la propia Unión constituye, por el tamaño del mercado, una de las mayores
potencias comerciales del mundo, lo cual incidirá sobre el propio euro, convirtiendo a
éste en un importante medio de reserva frente a los riesgos comerciales que implicarían
unas monedas más débiles.
La política de competencia
productiva que proporcionará el euro tenderá a evitar que las diferencias en las
condiciones nacionales de competencia perjudiquen el comercio entre los estados miembros.
Este principio de no discriminación debido al origen de las empresas y productos,
redundará en mejores términos de comercio entre la UME y el resto del mundo. Sin
embargo, esto no presume que la UME pueda adoptar medidas orientadas a sesgar el comercio
en favor de ciertos países.
En general las políticas de
competencia, están orientadas a favorecer el surgimiento de empresas de dimensión
europea en relación con las extranjeras, aunque la liberalización de actividades permite
que no se evalúe el tamaño de las empresas, si ello no implica un abuso de su posición
dominante.
La competetividad comercial
enfrenta como principal dilema, el limitar la concentración, para evitar el abuso de la
posición dominante y favorecer, al mismo tiempo, el alcance de la dimensión europea. La
estrategia de propiciar las fusiones de empresas de varios estados miembros para que
alcancen la dimensión europea se fragua en el Acta Única Europea, la cual plasma como
garantía, que deba realizarse una vigilancia estricta de este aspecto por parte de la
Comisión Europea.
8. Implicaciones para
Venezuela
Debido al tamaño de la
UME, sus políticas fiscal y monetaria tendrán un significativo impacto en el ambiente
macroeconómico en el resto del mundo. Los mecanismos de transmisión de las políticas de
la euro zona hacia Venezuela se realizarían a través del desarrollo del tipo de cambio
euro/USA$ y de los tipos de interés, además de las incidencias de riesgo que la
reestructuración de la banca europea tendría en la concentración para la colocación de
los activos.
a. Flujos Comerciales
Dada la reducción de los
diferenciales de inflación entre la UME y los demás países industrializados, el valor
del euro respecto a las principales monedas del mundo estaría determinado por las
percepciones del mercado acerca de la conducción de la política monetaria y fiscal en la
UME, definiendo así el tipo de cambio del euro vis a vis con el USA$, y por defecto con
respecto al bolívar. De esta forma, la mayor o menor fortaleza que podría presentar el
euro no afectaría las relaciones comerciales de Venezuela con Europa, ya que las mismas
continuarían estando determinadas, básicamente, por el comportamiento de nuestra moneda
y, por consecuencia, no ocasionaría una modificación significativa en la vigente
estructura del comercio exterior venezolano.
b. Endeudamiento Externo
Con relación al manejo de
los pasivos externos de Venezuela, vale la pena destacar que los pagos por concepto de
deuda externa deberán ser transformados a euros y su impacto sobre las erogaciones por
concepto de intereses y amortización dependerá de la fortaleza o debilidad del euro
respecto al USA$, no obstante, la convergencia en materia de tasas de interés hace prever
que las mismas serán relativamente bajas en Europa, lo cual jugaría en favor de los
pasivos venezolanos existentes en monedas europeas y/o euros.
En el endeudamiento externo de
la República, la porción de la deuda vigente denominada en moneda europea debería ser
registrada administrativa y contablemente en euros lo más pronto posible, para evitar los
problemas asociados al doble esquema de pagos que operaría en la transición hacia la
moneda única. Alternativamente, para el nuevo endeudamiento o refinanciamiento de la
deuda existente, la estabilidad de los tipos de interés en Europa y las menores primas de
riesgo, podrían significar una mejor programación financiera, al tiempo de abrir
oportunidades a un endeudamiento menos costoso en relación a otros mercados, lo cual
dependería no sólo de las condiciones económicas imperantes en Venezuela al momento de
los lanzamientos, sino de la rigurosidad en las condiciones de emisión.
El mayor desarrollo de los
mercados de capitales europeos, como consecuencia de la introducción del euro, ampliaría
las posibilidades de acceso a este mercado como fuente alterna de fondos, más aún,
cuando el mercado japonés luce rezagado debido a sus problemas estructurales y
financieros, lo que podría significar una diversificación de las fuentes de fondos
venezolanas, con un mayor énfasis en Europa.
c. Reservas Internacionales
La introducción del euro
tendría también implicaciones importantes sobre el manejo de las reservas
internacionales. En tal sentido, cabe destacar que el 21,5% de las reservas totales están
representadas en oro, mientras que del 78,5% restante conformado por divisas, un 89%
corresponde a USA$. Esta característica obedece a la particular estructura del comercio
exterior venezolano, vinculado en un 78% a países del continente americano, siendo la
moneda base de este comercio el USA$, mientras los flujos de comercio con países europeos
representan alrededor del 11%. Alternativamente, los ingresos provenientes de las
exportaciones petroleras, además de conformarse básicamente en USA$, proveen alrededor
del 60% de los ingresos de divisas.
No obstante la importancia del
USA$ para la economía venezolana, la creación del euro tiene implicaciones directas para
la administración de las reservas internacionales, toda vez que a partir de 1989, el BCV
inició un proceso de diversificación en instrumentos y monedas, que ha conducido a
mantener, además del USA$, el dólar canadiense, el marco alemán, la libra esterlina y
el franco francés, siendo notable, la conversión que se suscitará en la porción de
monedas europeas a euros, así como el consecuente comportamiento de esta divisa frente a
terceras monedas, lo cual es materia de seguimiento permanente por parte del BCV, para
ajustarse a los criterios de seguridad, liquidez y rentabilidad que exige el manejo de los
activos externos de un banco central.
Los beneficios del traspaso de
todos los activos externos denominados en monedas europeas a euros, dependerían de la
fortaleza o debilidad de esta moneda respecto al USA$. Concretamente, la volatilidad
esperada del tipo de cambio de las principales monedas en relación al euro no sería
superior a la observada en las paridades de las divisas europeas frente al USA$ o al yen
en los períodos previos al inicio de la UME. El BCV podría verse favorecido al
incrementar sus posiciones de reservas internacionales en instrumentos financieros
denominados en euros, en la medida que la paridad euro/USA$ sea estable.
Asimismo, los montos de
colocación en monedas de los países participantes de la UME, existentes a la fecha de
introducción del euro, serán convertidos a euros a una tasa fija, mientras los
vencimientos y las tasas de interés permanecerían sin cambios respecto a lo pactado con
las contrapartes. Una vez establecidas las tasas fijas de conversión, las redenciones y
los intereses de tales títulos podrían también ser percibidos en euros.
Lo anterior significa que, si
en las reservas internacionales operativas del BCV se mantiene un bono del gobierno
alemán con un vencimiento a 5 años, emitido en 1997, el mismo será pagado a su
vencimiento, en euros, no obstante, durante la fase de transición de intercambio de
monedas, los pagos por intereses de este título seguirán denominados en la respectiva
moneda local, aun cuando algunos segmentos del mercado de instrumentos se encontrasen
operando en euros.
Otra implicación de
importancia en el manejo de las reservas internacionales estaría vinculado al rol que
jugará el oro en la composición de las reservas del BCE, al convertirse en un patrón de
referencia para otros bancos centrales fuera y dentro de Europa, definiendo también la
importancia relativa que tendría el mismo como activo de reserva internacional, pudiendo
afectar, de esta manera, al precio del mismo y por consiguiente su valoración.
Adicionalmente, se encuentran
las consideraciones de riesgo de crédito para efectos de la selección de contrapartes.
En este caso, si bien el riesgo de cambio se concentrará en una sola moneda, el riesgo de
crédito de los emisores europeos continuará siendo diferente, dependiendo de la calidad
del emisor.
Otro aspecto estaría
relacionado con el proceso de selección de las instituciones financieras internacionales,
en el sentido de que las fusiones y competencia interbancaria en Europa podrían
significar que los montos de colocación se realicen en un número más reducido de
grandes bancos, lo cual concentraría el riesgo de colocación de las reservas
internacionales venezolanas. En este sentido, el BCV podría verse en la necesidad de
establecer nuevos mecanismos a fin de minimizar el riesgo de concentración bancaria,
significando una reducción de los costes transaccionales asociados a la colocación en un
menor número de instituciones financieras.
Cuadros Estadísticos
Notas
1. Incluye: Alemania,
Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos,
Portugal y Reino Unido.
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