El impacto del euro en América Latina
Edición Nº 54.

Julio-Septiembre 1998.

 

Tareas del Sistema Europeo
de Bancos Centrales
Wolfgang Fritsch
Jefe de División, Departamento de Operaciones Internacionales. Deutsche Bundesbank, Alemania.

 

Introducción

El texto siguiente es la transcripción de la ponencia del Dr. Wolfgang Fritsch en el "Foro sobre el impacto del euro en las relaciones económicas entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe", realizado en la sede del SELA, Caracas, 29 de octubre de 1997.

La creación del euro es un hecho sin precedentes en la historia monetaria. Nunca antes Estados soberanos han logrado dejar a un lado sus monedas nacionales a favor de la adopción de una moneda común nueva. El euro tiene un objetivo político muy claro: con seguridad, después de más de 40 años de cooperación e integración económica en Europa, la introducción de una moneda común ocupará un lugar primordial en la culminación de ese proceso. La moneda única es el último paso en el largo camino hacia un mercado europeo realmente único. Sin embargo, consolidar las monedas de Estados independientes implica cierta pérdida de soberanía nacional en un área de responsabilidad muy importante.

La creación del euro equivale a alcanzar la principal etapa en la integración política. Asimismo, la profundización de la integración política, que es un objetivo acordado por los países de la Unión Europea, se vería favorecida por la creación del euro. Sin embargo, la introducción de una moneda única solamente se puede justificar económica y políticamente si uno puede esperar que el euro se convierta en una moneda estable. Hoy en día la estabilidad monetaria es reconocida, en lo que respecta a la estabilidad de los precios, como la mejor base para alcanzar un crecimiento económico sostenible y la equidad social.

En cualquier caso la gran mayoría de la población alemana le otorga un alto valor a la estabilidad que ha logrado, a nivel nacional, el marco alemán. El euro debe seguir siendo por lo menos tan estable como lo ha sido el marco alemán. De otra manera, la Unión Monetaria y hasta los logros europeos ya alcanzados pudieran verse en peligro. Europa sufriría un retroceso severo de ocurrir eso. Por otra parte, si se fundamenta en políticas sólidas, el euro no solamente fomentaría los objetivos políticos europeos, sino que adicionalmente brindaría varias ventajas económicas para la propia Europa, así como para el resto del mundo.

Se pueden mencionar tres aspectos de estas ventajas. En primer lugar, la integración monetaria reduce los costos de transacción del comercio intraeuropeo y estimula la competencia en los mercados de productos y de mano de obra, con lo que se beneficiaría el crecimiento económico de Europa.

En segundo lugar, el establecimiento de un mercado financiero europeo común sería aún más importante en países que anteriormente tenían altas tasas de inflación, se reducirían los premios por riesgo y las tasas de interés reales serían más bajas de lo que acostumbran ser. El mercado financiero europeo único debe tener un impacto favorable también sobre el desarrollo de las industrias financieras europeas. Finalmente, pero no menos importante, un mercado financiero amplio y acoplado con instituciones financieras competitivas también ofrecería muchas ventajas para los que quisieran hacer préstamos del mundo exterior.

Un tercer aspecto tiene que ver con el papel internacional del euro. Un euro estable pudiera ser un competidor poderoso con el dólar americano como una moneda de reserva internacional y de inversión. Las ventajas de un mercado financiero único pudieran ser el motor principal detrás del incremento en la diversificación monetaria. Sin embargo, hay que aceptar que no existe ningún punto de vista unánime acerca de las implicaciones que el euro pudiera tener para la operación del sistema monetario internacional, dado el hecho de que la actividad económica en el área del euro estaría menos expuesta a los tipos de cambio que bajo el régimen europeo actual de múltiples monedas.

Algunos esperan que el euro pueda permitir que los que formulan la política europea se puedan pronunciar más claramente sobre sus intereses nacionales. La volatilidad del tipo de cambio entre las monedas principales del mundo pudiera incrementarse. Sin embargo, también se puede alegar que el riesgo de flujos de capitales volátiles en gran escala entre el dólar y el euro pudiera, tal vez, ofrecer un incentivo mayor para los que formulan las políticas en ambas áreas de la moneda principal, con miras a equilibrar la mezcla de políticas nacionales. Como resultado, un euro estable pudiera convertirse en un factor estabilizador en el sistema monetario internacional.

Hay que tratar de convencer a la gente de que existe, en general, una buena oportunidad para que el euro se convierta en una moneda estable y que nos brinde los beneficios que se acaban de describir. Al mismo tiempo, es importante destacar que las preparaciones técnicas para el inicio de una política monetaria única efectiva han sido muy adelantadas.

Se procederá de la manera siguiente: comenzaremos con una descripción breve de las tareas y estructura del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). En este contexto también se mencionarán los instrumentos de política monetaria, el tipo de estrategia de política monetaria que se utilizará, y luego se mencionará el tema de cómo minimizar el riesgo que podría enfrentarse cuando una política monetaria de moneda única orientada hacia la estabilidad, entra en conflicto con otras políticas macroeconómicas. Si apareciera tal conflicto podría, a la larga, socavarse la orientación estabilizadora de la política monetaria.

El último punto está relacionado con el cambio hacia el euro durante el período de transición entre el anuncio de la Unión Monetaria y su inicio operativo. Los mercados de cambio tal vez se verían tentados a hacer pruebas para ver hasta qué punto la participación acordada de un país determinado es justificada. En los intereses de un inicio positivo para todo el euro se plantearía la pregunta de cómo reducir los riesgos.

Hablemos primero del SEBC. La descripción más corta que se le puede dar es la formulada por el Bundesbank, lo cual significa lo siguiente: como el Tratado de la Unión Europea, conocido como Tratado de Maastricht, es totalmente inequívoco con respecto a la necesidad de mantener la estabilidad de precios, el SEBC, al perseguir este objetivo, será totalmente independiente de cualquier otra institución nacional o europea. El ser independiente implica que, el sistema posee los recursos financieros adecuados para cumplir con su mandato, y que los miembros de los órganos de toma de decisión sean nombrados para mandatos relativamente largos.

De acuerdo con una política orientada estrictamente hacia la estabilidad de precios, el Tratado Maastricht no encarga al SEBC la misión específica de supervisar el sector financiero. El SEBC en este caso cumplirá solamente con un papel coordinador limitado. El Tratado le solicita al SEBC contribuir a manejar la conducta adecuada de políticas por las autoridades competentes. Esta separación de responsabilidades entre política monetaria y supervisión prudencial -que sigue el ejemplo de muchos países continentales- tiene una gran ventaja pues las autoridades monetarias se verán más libres y podrán fijar tasas de interés a un nivel adecuado. En el caso de que aparezcan debilidades en el sector financiero, no deben ser responsables de la estabilidad de las instituciones financieras. En otras palabras, esta separación de responsabilidades ayuda a prevenir conflictos de políticas que pudiesen poner en peligro la orientación estabilizadora de la política monetaria.

Conjuntamente con este enfoque de responsabilidades separadas, el Tratado, sin embargo, no dice nada respecto a cómo reaccionaría el SEBC frente a una crisis de liquidez que pudiese afectar las instituciones financieras. Creemos que este silencio es una solución sagaz, porque previene puntos de vista aleatorios morales que podrían ser adoptados por los participantes en el mercado. Esta ambigüedad con respecto a cómo el SEBC pudiese intervenir frente a una crisis de liquidez, de hecho, fomenta la necesidad de tener un comportamiento cuidadoso por parte de las instituciones financieras y los inversionistas.

El modelo del Bundesbank también inspiró a los arquitectos del Tratado de la Unión Europea en el diseño del establecimiento institucional del SEBC. Gracias a la estructura federal de Alemania, el Bundesbank está compuesto de una sede en Francfort y una serie de oficinas regionales. La característica especial de esta estructura es que las oficinas regionales se ven plenamente involucradas en las tomas de decisiones. El diseño análogo para el SEBC comprende una oficina sede europea y los Bancos Centrales Nacionales (BCN).

La estructura operacional del sistema comprende tres elementos: primero, la sede del SEBC será el Banco Central Europeo (BCE), que será la institución que tomará las decisiones. Segundo, la instancia principal de toma de decisión del BCE será el Directorio, unidad que comprenderá a los miembros de las juntas ejecutivas de los BCE y los gobernadores de los BCN de los países de la Unión Europea que participen en la Unión Monetaria. Y tercero, la política monetaria europea será instrumentada por los BCN. El funcionamiento resultará de una combinación de toma de decisiones conjunta y de la instrumentación de esas decisiones a nivel descentralizado.

Además del marco legal del SEBC, se necesita una preparación técnica muy generalizada para poder lanzar el euro, y esto incluye el diseño de instrumentos de política monetaria. El trabajo preparatorio es la tarea del Instituto Monetario Europeo (IME). Ese Instituto que comenzó a funcionar en el año 94, fue precursor del BCE y ha sido respaldado por todos los bancos centrales de la Unión Europea. Entretanto, la preparación técnica de la política monetaria común ha sido adelantada, pero las decisiones finales no están siendo tomadas por el IME, sino que quedan en manos del BCE. El BCE se establecerá y tomará esas decisiones durante el período de transición entre la selección de los participantes en el área euro y el inicio subsiguiente de la Unión Monetaria. Este postergamiento de las decisiones finales asegura que los puntos críticos sean decididos solamente por los bancos centrales de los países de la Unión Europea que lanzarán y administrarán juntos la moneda común.

Con respecto a los instrumentos de política monetaria, el punto de vista unánime es que las operaciones de mercado abierto jugarán un papel principal, al ir definiendo las tasas de mercado y señalar la posición de la política monetaria. Estas operaciones incluirán las transacciones inversas como ofertas standard, que será el instrumento predominante. El apoyo a la liquidez a través de estas propuestas legales, con un vencimiento de dos semanas, se ofrecería alternativamente a una tasa fija ó a través de ofertas de tasa variable. Operaciones más a largo plazo, con vencimiento de tres meses, se harían a través de ofertas de tasa variable. Sin embargo, esto podría significar que el SEBC estaría en capacidad de ejercer demasiada influencia directa en la curva de rendimiento. Por lo tanto, una influencia directa relativamente amplia en la curva de rendimiento no podría ser compatible con los términos del Tratado de la Unión Europea.

El Tratado, entonces, requiere que el SEBC actúe lo antes posible conjuntamente con el mercado. Las operaciones de mercado abierto tendrían adicionalmente facilidades de depósito. Estas tienen como fin el proveer liquidez overnight, que consecuentemente estarían disponibles a iniciativa de los propios bancos, y proporcionarían un techo y un piso para la tasa de mercado overnight.

Todas las operaciones de crédito del SEBC deberían estar basadas en un colateral adecuado y esto incluye toda acreencia, lo que es de importancia particular para los mercados financieros individuales de los Estados Miembros. Para esta segunda categoría de colateral orientada hacia los países, los criterios de elegibilidad deberían ser determinados por el BCN interesado y debería ser aprobado por el BCE.

Por razones prácticas las instituciones financieras pudieran tener acceso a las facilidades existentes y a las ofertas estándar solamente a través de los BCN del Estado miembro donde se establece la institución. El colateral necesario podría ser provisto utilizando los activos elegibles en base interfronteriza. En otras palabras, las instituciones financieras pudieran pedir prestado a un banco central de un Estado miembro si están establecidas allí, utilizando activos ubicados en otro Estado miembro. Este uso interfronterizo de colaterales aseguraría que los activos elegibles sean de la misma calidad y entonces no habrían distorsiones no competitivas respecto al acceso a un crédito del banco central.

El IME también ha preparado un sistema de un mínimo de reservas. Los requisitos de encaje también tienen una gran ventaja, que consiste en crear una demanda estable para la moneda del banco central, lo cual facilitaría la tarea del banco central de estimar y administrar las necesidades de encaje del sistema bancario.

Con este objetivo los coeficientes de reserva podrían ser bastante bajos. En Alemania, por ejemplo, actualmente los coeficientes son de dos por ciento o hasta menos. El IME ha sugerido que cualquier requisito de encaje sobre las obligaciones bancarias no deben ser cumplidas diariamente, sino que se debe basar en un promedio diario por períodos mensuales. Por lo tanto, los niveles de encaje podrían fluctuar de un día a otro, según las necesidades de pago de los bancos. En otras palabras, este privilegio de promediar las reservas reduciría la necesidad de pedir préstamos en el mercado monetario.

Como resultado de ello, los encajes mínimos podrían actuar como estabilizadores automáticos de las tasas en los mercados monetarios. En un sistema descentralizado de la banca central, como lo es el SEBC, esta estabilización de tasas de mercado representaría una inmensa ventaja ya que disminuiría la necesidad de tomar decisiones sobre políticas. Si el SEBC quiere añadir requisitos de reserva mínima a sus instrumentos, tendrá entonces que buscar el acuerdo previo de los Gobiernos. Según el Tratado de Maastricht, el Consejo de la Unión Europea tendría entonces que definir la base del encaje mínimo y los coeficientes máximos permisibles para reservas, así como las sanciones en caso de incumplimiento.

En el contexto de la preparación de los instrumentos de política monetaria, el IME también ha considerado cuál debería ser la estrategia más apropiada para las autoridades monetarias europeas. El SEBC, como todos los bancos centrales, enfrentará largos mecanismos de transmisión muy complejos, también entre acciones de política y sus efectos sobre los movimientos de precios, por lo tanto las decisiones de política que conduzcan hacia estabilidad en los precios deberán mirar hacia el futuro. A través de una política monetaria el SEBC definirá una serie de procedimientos para lograr este objetivo final. Y para definir esta estrategia tomará en cuenta un propósito doble.

Primero, esta estrategia definirá los principios, las líneas directrices internas del Banco Central, y segundo, al hacerlo, aumentaría la transparencia de la política monetaria. La transparencia será algo muy importante. Si la estrategia tiene éxito, la transparencia ayudará a fomentar la credibilidad del Banco Central. Esto, a su vez, elevará la eficacia de la política monetaria, ya que la credibilidad reducirá expectativas de inflación. Por tanto, la política monetaria podrá ser menos restrictiva y los costos económicos de la política monetaria se verán reducidos.

En el caso del SEBC la necesidad de tener una estrategia que sea convincente es muy importante. El SEBC no tiene historial y por lo tanto debe otorgar una máxima importancia al establecimiento y mantenimiento de un alto grado de credibilidad. El IME ha identificado dos candidatos potenciales para una estrategia europea adecuada. Por una parte, la meta sería la oferta monetaria y por otra sería la inflación. Lo que hay de común en ambas estrategias es el hecho de que ellos monitorean toda una serie de indicadores para evaluar la adecuación de una posición de política monetaria, y el factor que más se distingue entre ambos enfoques es que los agregados monetarios serán los que jueguen un papel principal en cualquier estrategia de objetivos monetarios. La importancia de tomar en cuenta los agregados significa que el SEBC tiene una responsabilidad clara para evoluciones fácilmente observables y que puedan ser controladas por el SEBC. La política monetaria sería, por tanto, muy transparente.

Esta estrategia supone que las relaciones entre los cambios en tasas de interés, de oferta monetaria y las reacciones producidas por la tasa de inflación sean suficientemente estables a largo plazo. Estudios empíricos que ya existen, y que han sido hechos tanto por el IME como por otros grupos, muestran que para el grupo seleccionado de países de la Unión Europea parece existir actualmente una estabilidad geográficamente amplia en términos de las relaciones monetarias, por lo que el Bundesbank recomienda esta estrategia de tener como objetivo los agregados antes que la inflación. Las metas u objetivos tendrían que ser publicadas de antemano, ya que el objetivo intermedio sería el de mantener la estabilidad de precios. El Bundesbank ha tenido este tipo de estrategia durante más de 20 años con gran éxito en la reducción de la inflación. Si esto se adopta también a nivel europeo, el SEBC podría heredar entonces la credibilidad que ha logrado crear el Bundesbank durante las dos últimas décadas.

Por otra parte, no se puede descuidar el hecho de que cualquier cambio a una nueva moneda común significa un período de incertidumbre. Las relaciones monetarias que han demostrado ser suficientemente estables en condiciones actuales, tal vez tengan rupturas estructurales cuando aparezca una nueva moneda. Por lo que tal vez podría ser útil complementar esta estrategia de objetivo monetario con otro objetivo que incluya elementos de inflación. Esto podría ser relevante sobre todo en situaciones en las cuales el SEBC tenga que responsabilizarse ante el público en general por permitir desviaciones del crecimiento monetario.

Con relación al tema del riesgo de conflictos entre la política monetaria y otros campos macroeconómicos, para mantener la estabilidad de precios, no basta con tener un Banco Central encargado de un mandato preciso de estabilidad y equipado con suficientes instrumentos y procedimientos de política monetaria. Para lograr el éxito en ello, la política monetaria depende del apoyo que pueda recibir de políticas de presupuesto orientadas hacia la estabilidad y políticas de salarios. La política monetaria también puede verse socavada si el Gobierno tiene ciertos objetivos de tasa de cambio y si el Banco Central se ve obligado a orientar su propia política hacia los objetivos del Gobierno.

Antes de hablar de este tema en el contexto europeo es necesario hacer unas observaciones acerca de lo que se llama el Criterio de Convergencia del Tratado de Maastricht. Estos criterios fueron establecidos para permitir el acceso a la Unión Monetaria, solamente a aquellos países de la Unión Europea que pudieran estar en posición plena de poder someterse a una política monetaria única orientada hacia la estabilidad. Así que el Criterio de Convergencia debe ser entendido como un filtro para evitar conflictos de políticas desde el inicio de una Unión Monetaria. La necesidad de la convergencia económica como prerrequisito de una Unión Monetaria ha sido reiterada desde que la integración monetaria empezó a ser buscada por las autoridades europeas. En una Unión Monetaria no debe haber grandes discrepancias entre presiones inflacionarias nacionales. De no ser así, una política monetaria única no podría ser adecuada para todos los países miembros ya que la política monetaria no opera en un vacío político. En otras palabras, ya que la política monetaria necesita el consentimiento del pueblo en general, condiciones económicas divergentes podrían producir una posición de política monetaria relativamente poco estricta.

Las autoridades monetarias podrían ser susceptibles al riesgo de que una política monetaria única dificulte el empleo en aquellos países donde sea menos estable o donde haya tasas de crecimiento económico más bajas. Para poder filtrar a los países más calificados, el Tratado Maastricht estableció una convergencia orientada hacia la estabilidad en los campos de inflación, finanzas públicas, tasas de cambio y tasas de interés. Hasta ahora se ha logrado mucho progreso tratando de cumplir con estos criterios de convergencia por la mayor parte de los países de la Unión Europea. Pero todavía falta mucho que hacer en cuanto a reducir los déficit presupuestarios y reducir la deuda pública.

Según el Tratado la Unión Monetaria, en enero de 1999, el cambio para el público en general se verá marcado básicamente por la fijación irrevocable de las tasas de cambio y la introducción del euro para la denominación de valores público. La introducción del papel moneda euro y de monedas euro será el último paso y ocurrirá tres años más tarde. En la primavera de 1998 se verá cuáles son los países que califican para participar y la última palabra estará en manos del Consejo Europeo, compuesto por Jefes de Estado y de Gobierno. Este criterio se basará en informes sobre los niveles de convergencia, preparados por el IME y la Comisión Europea. El Bundesbank seguramente ejercerá mucha influencia en las conclusiones del informe del IME, y se tratará de asegurar que un acceso a la Unión Monetaria sea posible solamente para aquellos países que han demostrado su capacidad de cumplir con todos los criterios de convergencia de manera duradera.

El requisito de que el proceso de convergencia sea sustentable está estipulado en el Tratado de Maastricht. El Tratado establece que los criterios de convergencia fiscal sigan aplicándose en la Unión Monetaria, y esto incluye la obligación de no tener déficit presupuestario por encima del tres por ciento del PIB. Sin embargo cuando un país miembro infrinja sus políticas fiscales, el Tratado entonces considera procedimientos de acción correctiva, que sin embargo no han sido definidos claramente. En circunstancias excepcionales, el Tratado también permite un déficit público que sobrepase el límite superior del PIB, pero no especifica cómo se puede aplicar esta cláusula. Las disposiciones disciplinarias del Tratado no han sido elementos muy disuasivos en el caso de un déficit excesivo, ni hubiese podido ser un instrumento eficiente para poner en vigor acciones correctivas rápidas. Por lo tanto, la Unión Europea ha acordado un pacto adicional de estabilidad y crecimiento que hace aún más rígidos los requerimientos del Tratado y que define claramente los procedimientos.

Este pacto iniciado por el Gobierno alemán y endosado por el Bundesbank está caracterizado por cuatro elementos. Primero, todos los países de la Unión Europea deben buscar un equilibrio o un excedente en sus metas presupuestarias a mediano plazo. Segundo, las exenciones de esta regla para déficit presupuestarios no deberán sobrepasar tres por ciento del PIB, y estas exenciones sólo se otorgarán en circunstancias muy especiales, cuando un déficit excesivo resulte de circunstancias no usuales fuera de control del Estado miembro. El país concerniente deberá probar que el aumento del déficit está asociado con una recesión excepcionalmente severa, en la que la baja cíclica es reflejada por una baja del PIB anual de por lo menos dos por ciento. Tercero, los procedimientos para aplicar sanciones cuando un país con déficit excesivo no toma las medidas correctivas necesarias serán aceleradas y aclaradas. Lo ideal sería poder imponer sanciones con una demora de menos de un año después de haber identificado un nivel excesivo de déficit. Y finalmente, pero no menos importante, la sanción siempre debe incluir depósitos sin interés de entre 0,2 y 0,5 por ciento del PIB, con la posibilidad de convertir un depósito en multa e imponer sanciones financieras adicionales si el déficit excesivo no ha sido corregido después de un período de tiempo relativamente corto.

Sería un malentendido el suponer que el marco fiscal de estas políticas pudieran impedir el crecimiento económico en la Unión Europea, y no deja de tener razón que el acuerdo se conozca como el Pacto para Estabilidad y Crecimiento. En realidad hay bastante evidencia internacional de que los países con un déficit presupuestario bajo y un endeudamiento público de bajo nivel, usualmente pueden convertir muy pronto su rendimiento económico en uno muy favorable. Una vez que se cumple el objetivo de un presupuesto equilibrado, el techo de déficit del tres por ciento del PIB deja bastante campo para lo que se conoce como estabilizadores inherentes, para que puedan cumplir su función en las desaceleraciones cíclicas.

El papel de la política salarial para el éxito de la Unión Monetaria no fue estudiado, ni considerado en el Tratado de Maastricht. El Fondo Monetario recientemente manifestó que este punto representa una desventaja bastante importante de dicho Tratado.

En la Unión Monetaria, con su competencia incrementada en los mercados laborales y de producto, los salarios, por supuesto, tienen que ser mucho más flexibles que antes. De otra forma, las políticas salariales pudieran resultar en una elevación en el desempleo regional. Esto sería muy nocivo en Europa, donde ya muchos países tienen un desempleo muy elevado. Los que formulan la política monetaria europea deben tener gran interés en crear mercados laborales mucho más flexibles, porque una política monetaria orientada a la estabilidad acompañada por problemas de desempleo se arriesgaría a perder el apoyo popular que necesita. Se puede esperar que un alto nivel de flexibilidad salarial pudiera lograrse muy pronto. Algunos creen que la Unión Monetaria por si misma será útil para llevar estos ajustes necesarios bajo la suposición de que la flexibilidad salarial se va a incrementar en consonancia con la intensificación de la competencia intraeuropea.

Con miras a salvaguardar la eficiencia de la política monetaria, el diseño apropiado del marco para la política del tipo de cambio es de suma importancia. La política monetaria pudiera verse socavada si el SEBC tuviera que perseguir un objetivo de tipo de cambio. Un objetivo de tipo de cambio involucra el riesgo que la política monetaria ocasionalmente pudiera tener que ser más expansionista de lo que se ameritaría si estuviese actuando de acuerdo a consideraciones meramente nacionales. Acerca de las relaciones intraeuropeas entre el euro y las monedas de la Unión Europea que no serían incluidas en la Unión Europea, un nuevo sistema monetario europeo (SME2) fue acordado y será aplicado cuando la Unión Monetaria se haga efectiva. El SME2 fue estructurado en forma tal que cualquier riesgo relacionado con la estabilidad nacional del euro pudiera descartarse inmediatamente. En este sentido, aprendimos mucho de la crisis de EMS a principios de los noventa, cuando el Bundesbank tuvo que comprar cantidades inmensas de divisas extranjeras y corrió el riesgo de tener que ablandar sus políticas por presiones externas.

En miras de esta solución intraeuropea, el verdadero asunto que hay que establecer ahora es cómo evitar los conflictos políticos que tienen que ver con la política del tipo de cambio europeo con respecto a otras monedas, especialmente el dólar. Aunque la restauración de un sistema de tipo de cambio global pudiera descartarse para el futuro cercano, el Tratado de Maastricht pudiera dar pie a preocupaciones, porque éste autoriza al Consejo de la Unión, después de consultas con el SEBC, a formular orientaciones generales acerca de la política del tipo de cambio del área del euro.

Esta cláusula del Tratado ha sido bastante interesante. Todos los Bancos Centrales de la Unión acordaron que estas orientaciones de tipo de cambio deben ser la excepción y no la regla. Unánimemente se expresó que las orientaciones de tipo de cambio deben ser formuladas solamente en situaciones muy críticas, y aún entonces solamente en términos muy generales y no, por ejemplo, en la forma de un blanco cuantificado.

Esta posición común de los Bancos Centrales no implica que el banco Central Europeo no tome en cuenta el tipo de cambio cuando estén formulando su posición política. Los Bancos Centrales siempre tienen que prestarle atención al tipo de cambio porque estos movimientos afectan el grado de restricción de la política monetaria.

Este análisis nos dice que lo mejor para el Consejo de la Unión es abstenerse totalmente de dar orientaciones generales sobre el tipo de cambio al Banco Central Europeo. Estamos convencidos de que el Consejo de Europa va a apreciar las preocupaciones legítimas de los que formulan la política monetaria. Los socios comerciales de Europa pueden sentirse seguros que la política monetaria europea nunca será orientada hacia el comercio.

Para finalizar, con miras a asegurar un arranque suave del euro y así fomentar la atracción de esta nueva moneda, la Comunidad está considerando con mucho cuidado cómo prevenir turbulencias potenciales en el mercado de cambio, entre el actual período y el lanzamiento del euro. La respuesta a esta interrogante debe ser de tres partes: primero, minimizar el riesgo de turbulencia del mercado de cambio va a depender crucialmente de la aplicación estricta de los criterios de convergencia. La transición al euro, en segundo lugar, pudiera verse fortalecida por un anuncio temprano de los tipos de cambio bilaterales finales que serían congelados al inicio de la Unión Monetaria. En realidad el Consejo Europeo ya se puso de acuerdo para hacerlo. Las tasas de conversión finales serán anunciadas al mismo tiempo que se escojan los miembros del área del euro.

Como el Tratado solamente establece que las tasas de mercado del último día del período interino serán fijas, el anuncio previo de las tasas de conversión finales tendrá el efecto de estabilizar las expectativas del mercado alrededor de los tipos anunciados. Se puede esperar, entonces, que las tasas centrales existentes, seleccionadas para este propósito, sean reconocidas internacionalmente como económicamente apropiadas.

El tercer aspecto de esta solución tiene que ver con el papel de la política monetaria. En términos formales, la política monetaria nacional se mantendrá independiente hasta el mismo día de inicio de la Unión Monetaria. Sin embargo, la credibilidad de los miembros escogidos para la Unión Monetaria va a depender de la evidencia de que los países futuros del área euro estén dispuestos a perseguir una política monetaria común. El Bundesbank está presto para coordinar, en forma creciente, su política monetaria con sus futuros socios en la Unión Monetaria, tan pronto como los países fundadores de la moneda única sean escogidos la próxima primavera. Gracias.

 

 


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