El impacto del euro en América Latina
Edición Nº 54.
Julio-Septiembre 1998.
|
Tareas del Sistema Europeo
de Bancos Centrales |
|
Wolfgang Fritsch
Jefe de División, Departamento de Operaciones Internacionales. Deutsche Bundesbank,
Alemania. |
Introducción
El texto siguiente es la
transcripción de la ponencia del Dr. Wolfgang Fritsch en el "Foro sobre el impacto
del euro en las relaciones económicas entre la Unión Europea y América Latina y el
Caribe", realizado en la sede del SELA, Caracas, 29 de octubre de 1997.
La creación del euro es un
hecho sin precedentes en la historia monetaria. Nunca antes Estados soberanos han logrado
dejar a un lado sus monedas nacionales a favor de la adopción de una moneda común nueva.
El euro tiene un objetivo político muy claro: con seguridad, después de más de 40 años
de cooperación e integración económica en Europa, la introducción de una moneda común
ocupará un lugar primordial en la culminación de ese proceso. La moneda única es el
último paso en el largo camino hacia un mercado europeo realmente único. Sin embargo,
consolidar las monedas de Estados independientes implica cierta pérdida de soberanía
nacional en un área de responsabilidad muy importante.
La creación del euro equivale
a alcanzar la principal etapa en la integración política. Asimismo, la profundización
de la integración política, que es un objetivo acordado por los países de la Unión
Europea, se vería favorecida por la creación del euro. Sin embargo, la introducción de
una moneda única solamente se puede justificar económica y políticamente si uno puede
esperar que el euro se convierta en una moneda estable. Hoy en día la estabilidad
monetaria es reconocida, en lo que respecta a la estabilidad de los precios, como la mejor
base para alcanzar un crecimiento económico sostenible y la equidad social.
En cualquier caso la gran
mayoría de la población alemana le otorga un alto valor a la estabilidad que ha logrado,
a nivel nacional, el marco alemán. El euro debe seguir siendo por lo menos tan estable
como lo ha sido el marco alemán. De otra manera, la Unión Monetaria y hasta los logros
europeos ya alcanzados pudieran verse en peligro. Europa sufriría un retroceso severo de
ocurrir eso. Por otra parte, si se fundamenta en políticas sólidas, el euro no solamente
fomentaría los objetivos políticos europeos, sino que adicionalmente brindaría varias
ventajas económicas para la propia Europa, así como para el resto del mundo.
Se pueden mencionar tres
aspectos de estas ventajas. En primer lugar, la integración monetaria reduce los costos
de transacción del comercio intraeuropeo y estimula la competencia en los mercados de
productos y de mano de obra, con lo que se beneficiaría el crecimiento económico de
Europa.
En segundo lugar, el
establecimiento de un mercado financiero europeo común sería aún más importante en
países que anteriormente tenían altas tasas de inflación, se reducirían los premios
por riesgo y las tasas de interés reales serían más bajas de lo que acostumbran ser. El
mercado financiero europeo único debe tener un impacto favorable también sobre el
desarrollo de las industrias financieras europeas. Finalmente, pero no menos importante,
un mercado financiero amplio y acoplado con instituciones financieras competitivas
también ofrecería muchas ventajas para los que quisieran hacer préstamos del mundo
exterior.
Un tercer aspecto tiene que ver
con el papel internacional del euro. Un euro estable pudiera ser un competidor poderoso
con el dólar americano como una moneda de reserva internacional y de inversión. Las
ventajas de un mercado financiero único pudieran ser el motor principal detrás del
incremento en la diversificación monetaria. Sin embargo, hay que aceptar que no existe
ningún punto de vista unánime acerca de las implicaciones que el euro pudiera tener para
la operación del sistema monetario internacional, dado el hecho de que la actividad
económica en el área del euro estaría menos expuesta a los tipos de cambio que bajo el
régimen europeo actual de múltiples monedas.
Algunos esperan que el euro
pueda permitir que los que formulan la política europea se puedan pronunciar más
claramente sobre sus intereses nacionales. La volatilidad del tipo de cambio entre las
monedas principales del mundo pudiera incrementarse. Sin embargo, también se puede alegar
que el riesgo de flujos de capitales volátiles en gran escala entre el dólar y el euro
pudiera, tal vez, ofrecer un incentivo mayor para los que formulan las políticas en ambas
áreas de la moneda principal, con miras a equilibrar la mezcla de políticas nacionales.
Como resultado, un euro estable pudiera convertirse en un factor estabilizador en el
sistema monetario internacional.
Hay que tratar de convencer a
la gente de que existe, en general, una buena oportunidad para que el euro se convierta en
una moneda estable y que nos brinde los beneficios que se acaban de describir. Al mismo
tiempo, es importante destacar que las preparaciones técnicas para el inicio de una
política monetaria única efectiva han sido muy adelantadas.
Se procederá de la manera
siguiente: comenzaremos con una descripción breve de las tareas y estructura del Sistema
Europeo de Bancos Centrales (SEBC). En este contexto también se mencionarán los
instrumentos de política monetaria, el tipo de estrategia de política monetaria que se
utilizará, y luego se mencionará el tema de cómo minimizar el riesgo que podría
enfrentarse cuando una política monetaria de moneda única orientada hacia la
estabilidad, entra en conflicto con otras políticas macroeconómicas. Si apareciera tal
conflicto podría, a la larga, socavarse la orientación estabilizadora de la política
monetaria.
El último punto está
relacionado con el cambio hacia el euro durante el período de transición entre el
anuncio de la Unión Monetaria y su inicio operativo. Los mercados de cambio tal vez se
verían tentados a hacer pruebas para ver hasta qué punto la participación acordada de
un país determinado es justificada. En los intereses de un inicio positivo para todo el
euro se plantearía la pregunta de cómo reducir los riesgos.
Hablemos primero del SEBC. La descripción más corta que
se le puede dar es la formulada por el Bundesbank, lo cual significa lo siguiente: como el
Tratado de la Unión Europea, conocido como Tratado de Maastricht, es totalmente
inequívoco con respecto a la necesidad de mantener la estabilidad de precios, el SEBC, al
perseguir este objetivo, será totalmente independiente de cualquier otra institución
nacional o europea. El ser independiente implica que, el sistema posee los recursos
financieros adecuados para cumplir con su mandato, y que los miembros de los órganos de
toma de decisión sean nombrados para mandatos relativamente largos.
De acuerdo con una política orientada estrictamente hacia
la estabilidad de precios, el Tratado Maastricht no encarga al SEBC la misión específica
de supervisar el sector financiero. El SEBC en este caso cumplirá solamente con un papel
coordinador limitado. El Tratado le solicita al SEBC contribuir a manejar la conducta
adecuada de políticas por las autoridades competentes. Esta separación de
responsabilidades entre política monetaria y supervisión prudencial -que sigue el
ejemplo de muchos países continentales- tiene una gran ventaja pues las autoridades
monetarias se verán más libres y podrán fijar tasas de interés a un nivel adecuado. En
el caso de que aparezcan debilidades en el sector financiero, no deben ser responsables de
la estabilidad de las instituciones financieras. En otras palabras, esta separación de
responsabilidades ayuda a prevenir conflictos de políticas que pudiesen poner en peligro
la orientación estabilizadora de la política monetaria.
Conjuntamente con este enfoque de responsabilidades
separadas, el Tratado, sin embargo, no dice nada respecto a cómo reaccionaría el SEBC
frente a una crisis de liquidez que pudiese afectar las instituciones financieras. Creemos
que este silencio es una solución sagaz, porque previene puntos de vista aleatorios
morales que podrían ser adoptados por los participantes en el mercado. Esta ambigüedad
con respecto a cómo el SEBC pudiese intervenir frente a una crisis de liquidez, de hecho,
fomenta la necesidad de tener un comportamiento cuidadoso por parte de las instituciones
financieras y los inversionistas.
El modelo del Bundesbank también inspiró a los
arquitectos del Tratado de la Unión Europea en el diseño del establecimiento
institucional del SEBC. Gracias a la estructura federal de Alemania, el Bundesbank está
compuesto de una sede en Francfort y una serie de oficinas regionales. La característica
especial de esta estructura es que las oficinas regionales se ven plenamente involucradas
en las tomas de decisiones. El diseño análogo para el SEBC comprende una oficina sede
europea y los Bancos Centrales Nacionales (BCN).
La estructura operacional del sistema comprende tres
elementos: primero, la sede del SEBC será el Banco Central Europeo (BCE), que será la
institución que tomará las decisiones. Segundo, la instancia principal de toma de
decisión del BCE será el Directorio, unidad que comprenderá a los miembros de las
juntas ejecutivas de los BCE y los gobernadores de los BCN de los países de la Unión
Europea que participen en la Unión Monetaria. Y tercero, la política monetaria europea
será instrumentada por los BCN. El funcionamiento resultará de una combinación de toma
de decisiones conjunta y de la instrumentación de esas decisiones a nivel
descentralizado.
Además del marco legal del SEBC, se necesita una
preparación técnica muy generalizada para poder lanzar el euro, y esto incluye el
diseño de instrumentos de política monetaria. El trabajo preparatorio es la tarea del
Instituto Monetario Europeo (IME). Ese Instituto que comenzó a funcionar en el año 94,
fue precursor del BCE y ha sido respaldado por todos los bancos centrales de la Unión
Europea. Entretanto, la preparación técnica de la política monetaria común ha sido
adelantada, pero las decisiones finales no están siendo tomadas por el IME, sino que
quedan en manos del BCE. El BCE se establecerá y tomará esas decisiones durante el
período de transición entre la selección de los participantes en el área euro y el
inicio subsiguiente de la Unión Monetaria. Este postergamiento de las decisiones finales
asegura que los puntos críticos sean decididos solamente por los bancos centrales de los
países de la Unión Europea que lanzarán y administrarán juntos la moneda común.
Con respecto a los instrumentos de política monetaria, el
punto de vista unánime es que las operaciones de mercado abierto jugarán un papel
principal, al ir definiendo las tasas de mercado y señalar la posición de la política
monetaria. Estas operaciones incluirán las transacciones inversas como ofertas standard,
que será el instrumento predominante. El apoyo a la liquidez a través de estas
propuestas legales, con un vencimiento de dos semanas, se ofrecería alternativamente a
una tasa fija ó a través de ofertas de tasa variable. Operaciones más a largo plazo,
con vencimiento de tres meses, se harían a través de ofertas de tasa variable. Sin
embargo, esto podría significar que el SEBC estaría en capacidad de ejercer demasiada
influencia directa en la curva de rendimiento. Por lo tanto, una influencia directa
relativamente amplia en la curva de rendimiento no podría ser compatible con los
términos del Tratado de la Unión Europea.
El Tratado, entonces, requiere que el SEBC actúe lo antes
posible conjuntamente con el mercado. Las operaciones de mercado abierto tendrían
adicionalmente facilidades de depósito. Estas tienen como fin el proveer liquidez
overnight, que consecuentemente estarían disponibles a iniciativa de los propios bancos,
y proporcionarían un techo y un piso para la tasa de mercado overnight.
Todas las operaciones de crédito del SEBC deberían estar
basadas en un colateral adecuado y esto incluye toda acreencia, lo que es de importancia
particular para los mercados financieros individuales de los Estados Miembros. Para esta
segunda categoría de colateral orientada hacia los países, los criterios de elegibilidad
deberían ser determinados por el BCN interesado y debería ser aprobado por el BCE.
Por razones prácticas las instituciones financieras
pudieran tener acceso a las facilidades existentes y a las ofertas estándar solamente a
través de los BCN del Estado miembro donde se establece la institución. El colateral
necesario podría ser provisto utilizando los activos elegibles en base interfronteriza.
En otras palabras, las instituciones financieras pudieran pedir prestado a un banco
central de un Estado miembro si están establecidas allí, utilizando activos ubicados en
otro Estado miembro. Este uso interfronterizo de colaterales aseguraría que los activos
elegibles sean de la misma calidad y entonces no habrían distorsiones no competitivas
respecto al acceso a un crédito del banco central.
El IME también ha preparado un sistema de un mínimo de
reservas. Los requisitos de encaje también tienen una gran ventaja, que consiste en crear
una demanda estable para la moneda del banco central, lo cual facilitaría la tarea del
banco central de estimar y administrar las necesidades de encaje del sistema bancario.
Con este objetivo los coeficientes de reserva podrían ser
bastante bajos. En Alemania, por ejemplo, actualmente los coeficientes son de dos por
ciento o hasta menos. El IME ha sugerido que cualquier requisito de encaje sobre las
obligaciones bancarias no deben ser cumplidas diariamente, sino que se debe basar en un
promedio diario por períodos mensuales. Por lo tanto, los niveles de encaje podrían
fluctuar de un día a otro, según las necesidades de pago de los bancos. En otras
palabras, este privilegio de promediar las reservas reduciría la necesidad de pedir
préstamos en el mercado monetario.
Como resultado de ello, los
encajes mínimos podrían actuar como estabilizadores automáticos de las tasas en los
mercados monetarios. En un sistema descentralizado de la banca central, como lo es el
SEBC, esta estabilización de tasas de mercado representaría una inmensa ventaja ya que
disminuiría la necesidad de tomar decisiones sobre políticas. Si el SEBC quiere añadir
requisitos de reserva mínima a sus instrumentos, tendrá entonces que buscar el acuerdo
previo de los Gobiernos. Según el Tratado de Maastricht, el Consejo de la Unión Europea
tendría entonces que definir la base del encaje mínimo y los coeficientes máximos
permisibles para reservas, así como las sanciones en caso de incumplimiento.
En el contexto de la
preparación de los instrumentos de política monetaria, el IME también ha considerado
cuál debería ser la estrategia más apropiada para las autoridades monetarias europeas.
El SEBC, como todos los bancos centrales, enfrentará largos mecanismos de transmisión
muy complejos, también entre acciones de política y sus efectos sobre los movimientos de
precios, por lo tanto las decisiones de política que conduzcan hacia estabilidad en los
precios deberán mirar hacia el futuro. A través de una política monetaria el SEBC
definirá una serie de procedimientos para lograr este objetivo final. Y para definir esta
estrategia tomará en cuenta un propósito doble.
Primero, esta estrategia
definirá los principios, las líneas directrices internas del Banco Central, y segundo,
al hacerlo, aumentaría la transparencia de la política monetaria. La transparencia será
algo muy importante. Si la estrategia tiene éxito, la transparencia ayudará a fomentar
la credibilidad del Banco Central. Esto, a su vez, elevará la eficacia de la política
monetaria, ya que la credibilidad reducirá expectativas de inflación. Por tanto, la
política monetaria podrá ser menos restrictiva y los costos económicos de la política
monetaria se verán reducidos.
En el caso del SEBC la
necesidad de tener una estrategia que sea convincente es muy importante. El SEBC no tiene
historial y por lo tanto debe otorgar una máxima importancia al establecimiento y
mantenimiento de un alto grado de credibilidad. El IME ha identificado dos candidatos
potenciales para una estrategia europea adecuada. Por una parte, la meta sería la oferta
monetaria y por otra sería la inflación. Lo que hay de común en ambas estrategias es el
hecho de que ellos monitorean toda una serie de indicadores para evaluar la adecuación de
una posición de política monetaria, y el factor que más se distingue entre ambos
enfoques es que los agregados monetarios serán los que jueguen un papel principal en
cualquier estrategia de objetivos monetarios. La importancia de tomar en cuenta los
agregados significa que el SEBC tiene una responsabilidad clara para evoluciones
fácilmente observables y que puedan ser controladas por el SEBC. La política monetaria
sería, por tanto, muy transparente.
Esta estrategia supone que las
relaciones entre los cambios en tasas de interés, de oferta monetaria y las reacciones
producidas por la tasa de inflación sean suficientemente estables a largo plazo. Estudios
empíricos que ya existen, y que han sido hechos tanto por el IME como por otros grupos,
muestran que para el grupo seleccionado de países de la Unión Europea parece existir
actualmente una estabilidad geográficamente amplia en términos de las relaciones
monetarias, por lo que el Bundesbank recomienda esta estrategia de tener como objetivo los
agregados antes que la inflación. Las metas u objetivos tendrían que ser publicadas de
antemano, ya que el objetivo intermedio sería el de mantener la estabilidad de precios.
El Bundesbank ha tenido este tipo de estrategia durante más de 20 años con gran éxito
en la reducción de la inflación. Si esto se adopta también a nivel europeo, el SEBC
podría heredar entonces la credibilidad que ha logrado crear el Bundesbank durante las
dos últimas décadas.
Por otra parte, no se puede
descuidar el hecho de que cualquier cambio a una nueva moneda común significa un período
de incertidumbre. Las relaciones monetarias que han demostrado ser suficientemente
estables en condiciones actuales, tal vez tengan rupturas estructurales cuando aparezca
una nueva moneda. Por lo que tal vez podría ser útil complementar esta estrategia de
objetivo monetario con otro objetivo que incluya elementos de inflación. Esto podría ser
relevante sobre todo en situaciones en las cuales el SEBC tenga que responsabilizarse ante
el público en general por permitir desviaciones del crecimiento monetario.
Con relación al tema del
riesgo de conflictos entre la política monetaria y otros campos macroeconómicos, para
mantener la estabilidad de precios, no basta con tener un Banco Central encargado de un
mandato preciso de estabilidad y equipado con suficientes instrumentos y procedimientos de
política monetaria. Para lograr el éxito en ello, la política monetaria depende del
apoyo que pueda recibir de políticas de presupuesto orientadas hacia la estabilidad y
políticas de salarios. La política monetaria también puede verse socavada si el
Gobierno tiene ciertos objetivos de tasa de cambio y si el Banco Central se ve obligado a
orientar su propia política hacia los objetivos del Gobierno.
Antes de hablar de este tema en
el contexto europeo es necesario hacer unas observaciones acerca de lo que se llama el
Criterio de Convergencia del Tratado de Maastricht. Estos criterios fueron establecidos
para permitir el acceso a la Unión Monetaria, solamente a aquellos países de la Unión
Europea que pudieran estar en posición plena de poder someterse a una política monetaria
única orientada hacia la estabilidad. Así que el Criterio de Convergencia debe ser
entendido como un filtro para evitar conflictos de políticas desde el inicio de una
Unión Monetaria. La necesidad de la convergencia económica como prerrequisito de una
Unión Monetaria ha sido reiterada desde que la integración monetaria empezó a ser
buscada por las autoridades europeas. En una Unión Monetaria no debe haber grandes
discrepancias entre presiones inflacionarias nacionales. De no ser así, una política
monetaria única no podría ser adecuada para todos los países miembros ya que la
política monetaria no opera en un vacío político. En otras palabras, ya que la
política monetaria necesita el consentimiento del pueblo en general, condiciones
económicas divergentes podrían producir una posición de política monetaria
relativamente poco estricta.
Las autoridades monetarias
podrían ser susceptibles al riesgo de que una política monetaria única dificulte el
empleo en aquellos países donde sea menos estable o donde haya tasas de crecimiento
económico más bajas. Para poder filtrar a los países más calificados, el Tratado
Maastricht estableció una convergencia orientada hacia la estabilidad en los campos de
inflación, finanzas públicas, tasas de cambio y tasas de interés. Hasta ahora se ha
logrado mucho progreso tratando de cumplir con estos criterios de convergencia por la
mayor parte de los países de la Unión Europea. Pero todavía falta mucho que hacer en
cuanto a reducir los déficit presupuestarios y reducir la deuda pública.
Según el Tratado la Unión
Monetaria, en enero de 1999, el cambio para el público en general se verá marcado
básicamente por la fijación irrevocable de las tasas de cambio y la introducción del
euro para la denominación de valores público. La introducción del papel moneda euro y
de monedas euro será el último paso y ocurrirá tres años más tarde. En la primavera
de 1998 se verá cuáles son los países que califican para participar y la última
palabra estará en manos del Consejo Europeo, compuesto por Jefes de Estado y de Gobierno.
Este criterio se basará en informes sobre los niveles de convergencia, preparados por el
IME y la Comisión Europea. El Bundesbank seguramente ejercerá mucha influencia en las
conclusiones del informe del IME, y se tratará de asegurar que un acceso a la Unión
Monetaria sea posible solamente para aquellos países que han demostrado su capacidad de
cumplir con todos los criterios de convergencia de manera duradera.
El requisito de que el proceso
de convergencia sea sustentable está estipulado en el Tratado de Maastricht. El Tratado
establece que los criterios de convergencia fiscal sigan aplicándose en la Unión
Monetaria, y esto incluye la obligación de no tener déficit presupuestario por encima
del tres por ciento del PIB. Sin embargo cuando un país miembro infrinja sus políticas
fiscales, el Tratado entonces considera procedimientos de acción correctiva, que sin
embargo no han sido definidos claramente. En circunstancias excepcionales, el Tratado
también permite un déficit público que sobrepase el límite superior del PIB, pero no
especifica cómo se puede aplicar esta cláusula. Las disposiciones disciplinarias del
Tratado no han sido elementos muy disuasivos en el caso de un déficit excesivo, ni
hubiese podido ser un instrumento eficiente para poner en vigor acciones correctivas
rápidas. Por lo tanto, la Unión Europea ha acordado un pacto adicional de estabilidad y
crecimiento que hace aún más rígidos los requerimientos del Tratado y que define
claramente los procedimientos.
Este pacto iniciado por el
Gobierno alemán y endosado por el Bundesbank está caracterizado por cuatro elementos.
Primero, todos los países de la Unión Europea deben buscar un equilibrio o un excedente
en sus metas presupuestarias a mediano plazo. Segundo, las exenciones de esta regla para
déficit presupuestarios no deberán sobrepasar tres por ciento del PIB, y estas
exenciones sólo se otorgarán en circunstancias muy especiales, cuando un déficit
excesivo resulte de circunstancias no usuales fuera de control del Estado miembro. El
país concerniente deberá probar que el aumento del déficit está asociado con una
recesión excepcionalmente severa, en la que la baja cíclica es reflejada por una baja
del PIB anual de por lo menos dos por ciento. Tercero, los procedimientos para aplicar
sanciones cuando un país con déficit excesivo no toma las medidas correctivas necesarias
serán aceleradas y aclaradas. Lo ideal sería poder imponer sanciones con una demora de
menos de un año después de haber identificado un nivel excesivo de déficit. Y
finalmente, pero no menos importante, la sanción siempre debe incluir depósitos sin
interés de entre 0,2 y 0,5 por ciento del PIB, con la posibilidad de convertir un
depósito en multa e imponer sanciones financieras adicionales si el déficit excesivo no
ha sido corregido después de un período de tiempo relativamente corto.
Sería un malentendido el
suponer que el marco fiscal de estas políticas pudieran impedir el crecimiento económico
en la Unión Europea, y no deja de tener razón que el acuerdo se conozca como el Pacto
para Estabilidad y Crecimiento. En realidad hay bastante evidencia internacional de que
los países con un déficit presupuestario bajo y un endeudamiento público de bajo nivel,
usualmente pueden convertir muy pronto su rendimiento económico en uno muy favorable. Una
vez que se cumple el objetivo de un presupuesto equilibrado, el techo de déficit del tres
por ciento del PIB deja bastante campo para lo que se conoce como estabilizadores
inherentes, para que puedan cumplir su función en las desaceleraciones cíclicas.
El papel de la política
salarial para el éxito de la Unión Monetaria no fue estudiado, ni considerado en el
Tratado de Maastricht. El Fondo Monetario recientemente manifestó que este punto
representa una desventaja bastante importante de dicho Tratado.
En la Unión Monetaria, con su
competencia incrementada en los mercados laborales y de producto, los salarios, por
supuesto, tienen que ser mucho más flexibles que antes. De otra forma, las políticas
salariales pudieran resultar en una elevación en el desempleo regional. Esto sería muy
nocivo en Europa, donde ya muchos países tienen un desempleo muy elevado. Los que
formulan la política monetaria europea deben tener gran interés en crear mercados
laborales mucho más flexibles, porque una política monetaria orientada a la estabilidad
acompañada por problemas de desempleo se arriesgaría a perder el apoyo popular que
necesita. Se puede esperar que un alto nivel de flexibilidad salarial pudiera lograrse muy
pronto. Algunos creen que la Unión Monetaria por si misma será útil para llevar estos
ajustes necesarios bajo la suposición de que la flexibilidad salarial se va a incrementar
en consonancia con la intensificación de la competencia intraeuropea.
Con miras a salvaguardar la
eficiencia de la política monetaria, el diseño apropiado del marco para la política del
tipo de cambio es de suma importancia. La política monetaria pudiera verse socavada si el
SEBC tuviera que perseguir un objetivo de tipo de cambio. Un objetivo de tipo de cambio
involucra el riesgo que la política monetaria ocasionalmente pudiera tener que ser más
expansionista de lo que se ameritaría si estuviese actuando de acuerdo a consideraciones
meramente nacionales. Acerca de las relaciones intraeuropeas entre el euro y las monedas
de la Unión Europea que no serían incluidas en la Unión Europea, un nuevo sistema
monetario europeo (SME2) fue acordado y será aplicado cuando la Unión Monetaria se haga
efectiva. El SME2 fue estructurado en forma tal que cualquier riesgo relacionado con la
estabilidad nacional del euro pudiera descartarse inmediatamente. En este sentido,
aprendimos mucho de la crisis de EMS a principios de los noventa, cuando el Bundesbank
tuvo que comprar cantidades inmensas de divisas extranjeras y corrió el riesgo de tener
que ablandar sus políticas por presiones externas.
En miras de esta solución
intraeuropea, el verdadero asunto que hay que establecer ahora es cómo evitar los
conflictos políticos que tienen que ver con la política del tipo de cambio europeo con
respecto a otras monedas, especialmente el dólar. Aunque la restauración de un sistema
de tipo de cambio global pudiera descartarse para el futuro cercano, el Tratado de
Maastricht pudiera dar pie a preocupaciones, porque éste autoriza al Consejo de la
Unión, después de consultas con el SEBC, a formular orientaciones generales acerca de la
política del tipo de cambio del área del euro.
Esta cláusula del Tratado ha
sido bastante interesante. Todos los Bancos Centrales de la Unión acordaron que estas
orientaciones de tipo de cambio deben ser la excepción y no la regla. Unánimemente se
expresó que las orientaciones de tipo de cambio deben ser formuladas solamente en
situaciones muy críticas, y aún entonces solamente en términos muy generales y no, por
ejemplo, en la forma de un blanco cuantificado.
Esta posición común de los
Bancos Centrales no implica que el banco Central Europeo no tome en cuenta el tipo de
cambio cuando estén formulando su posición política. Los Bancos Centrales siempre
tienen que prestarle atención al tipo de cambio porque estos movimientos afectan el grado
de restricción de la política monetaria.
Este análisis nos dice que lo
mejor para el Consejo de la Unión es abstenerse totalmente de dar orientaciones generales
sobre el tipo de cambio al Banco Central Europeo. Estamos convencidos de que el Consejo de
Europa va a apreciar las preocupaciones legítimas de los que formulan la política
monetaria. Los socios comerciales de Europa pueden sentirse seguros que la política
monetaria europea nunca será orientada hacia el comercio.
Para finalizar, con miras a
asegurar un arranque suave del euro y así fomentar la atracción de esta nueva moneda, la
Comunidad está considerando con mucho cuidado cómo prevenir turbulencias potenciales en
el mercado de cambio, entre el actual período y el lanzamiento del euro. La respuesta a
esta interrogante debe ser de tres partes: primero, minimizar el riesgo de turbulencia del
mercado de cambio va a depender crucialmente de la aplicación estricta de los criterios
de convergencia. La transición al euro, en segundo lugar, pudiera verse fortalecida por
un anuncio temprano de los tipos de cambio bilaterales finales que serían congelados al
inicio de la Unión Monetaria. En realidad el Consejo Europeo ya se puso de acuerdo para
hacerlo. Las tasas de conversión finales serán anunciadas al mismo tiempo que se escojan
los miembros del área del euro.
Como el Tratado solamente
establece que las tasas de mercado del último día del período interino serán fijas, el
anuncio previo de las tasas de conversión finales tendrá el efecto de estabilizar las
expectativas del mercado alrededor de los tipos anunciados. Se puede esperar, entonces,
que las tasas centrales existentes, seleccionadas para este propósito, sean reconocidas
internacionalmente como económicamente apropiadas.
El tercer aspecto de esta
solución tiene que ver con el papel de la política monetaria. En términos formales, la
política monetaria nacional se mantendrá independiente hasta el mismo día de inicio de
la Unión Monetaria. Sin embargo, la credibilidad de los miembros escogidos para la Unión
Monetaria va a depender de la evidencia de que los países futuros del área euro estén
dispuestos a perseguir una política monetaria común. El Bundesbank está presto para
coordinar, en forma creciente, su política monetaria con sus futuros socios en la Unión
Monetaria, tan pronto como los países fundadores de la moneda única sean escogidos la
próxima primavera. Gracias.
|