El impacto del euro en América Latina
Edición Nº 54.
Julio-Septiembre 1998.
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De crisis en crisis hasta
que llegue la reforma |
La siguiente es una
entrevista al Secretario Permanente del SELA, Embajador Carlos J. Moneta, realizada por
Estrella Gutiérrez, directora en Venezuela de la agencia internacional de noticias IPS.
Crisis que se repiten cada
vez más seguido y con efectos cada vez más globales evidencian que lo que está en
crisis es el propio sistema financiero internacional y que la solución pasa por su
reforma, asegura el secretario permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA),
Carlos Moneta.
El fenómeno tiene ya un
nombre, por una vez poético y sin efluvios alcohólicos, el efecto
mariposa, y sobre cómo repararse ante su alocado vuelo dialogaron el jueves 3
y el viernes 4 de septiembre, en Washington, ministros de economía de ocho países de
América Latina y las autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Hay una crisis
sistémica del sistema financiero internacional que resulta difícil admitir y, si no se
hace, las medidas para solventarla son del tipo parche y no de la restructuración
profunda que se requiere, dijo Moneta a IPS en una entrevista en la sede del
SELA en la capital venezolana.
Lo que está
pasando en diferentes regiones debe llevar a un análisis de carácter sistémico, porque
cada una de las crisis tiene sus especificidades, pero hay un patrón
reconocible, añadió el funcionario regional, de nacionalidad argentina.
Las economías de América
Latina son vapuleadas estas semanas por el efecto superpuesto de las crisis de Asia y de
Rusia, a las que la región ha resistido muy bien porque hizo una
reforma profunda de su sector financiero desde 1994 y muestra disposición a tomar las
medidas necesarias ante cada coyuntura.
Pero se mueven
capitales de dimensiones colosales en segundos y los bancos centrales tienen reservas
limitadas, comentó Moneta, para acotar: Es como defender un
fuerte con 20 soldados y que te lleguen 10.000 atacantes.
Cifras difundidas desde
mediados de agosto indican que el movimiento total durante una semana de los capitales
financieros tiene una dimensión equivalente al producto bruto mundial de un trimestre.
Para Moneta hay que ver los actuales procesos financieros
en el amplio marco de la globalización, porque ese sector es el que más ha
avanzado en esa dirección.
La desregulación del sistema para facilitar los
movimientos de capital, considerada fundamental dentro de la visión económica
predominante para lograr crecimiento y desarrollo, multiplicó las corrientes de
inversión, por encima de cualquier otro sector.
Con esos movimientos llegaron inversiones muy
constructivas, pero otras de carácter altamente especulativo, frente a las que sistemas
bancarios de los países del Sur en desarrollo no están suficientemente preparados,
comentó Moneta.
La abrupta desregulación, con sistemas bancarios debiles y
mercados de capitales poco desarrollados, da pie a situaciones como que los países pasen
a financiar su crecimiento con aportes significativos de capital extranjero, en parte
volatil.
Con ese escenario, se observa que las crisis se han
acortado. En los años 80 hubo una gran crisis en Europa y en América Latina, seguida por
otra en Estados Unidos. A fines de 1994 se tuvo el colapso financiero de México, tres
años después empezaron los problemas en Asia y, con ese fuego aún ardiendo, llega la
crisis de Rusia.
Hay un acortamiento en los tiempos y hay un
impacto cada vez mayor, por estar los sistemas conectados, dijo Moneta, al
subrayar que el contagio afecta tanto al mundo en desarrollo como al industrializado.
La crisis asiática, iniciada en julio de 1997, mostró que
el sistema funciona de manera muy imperfecta y con un gran efecto de contagio,
que hay problemas de información, de transparencia y también de análisis de
estos fenómenos por los actores, acotó.
Las vicisitudes de Rusia, agravadas en agosto, evidencian
hasta qué punto se genera desconfianza en todos los mercados emergentes del Sur en
desarrollo, sin distinguir los débiles de los fuertes y sin tener en cuenta si las
economías están conectadas con el lugar donde se prendió la mecha.
La transmisión indirecta de la crisis se da por parte de
unos inversores que muestran una actuación muy poco trabajada y
específica y que actúan bajo la premisa de precaución: si hay un país o
una región en desarrollo en problemas, mejor retirarse de todas las plazas emergentes.
Es un tipo de generalización muy rápida y
acrítica y de ahí que los latinoamericanos sean afectados por lo que sucede
en Rusia, cuando en el caso de Asia existen canales de conexión, pero en el de la nación
europea no, observó Moneta.
En estas reacciones hay un elemento del que no se ha tomado
una conciencia suficiente, según Moneta: la percepción.
Por un lado hay un trabajo técnico por parte de las
empresas calificadoras de riesgo y otras entidades, explicó, pero por otro
está esa visión de tipo de pánico, que aunque tenga una base técnica se guía por
emociones, por temores, por imágenes fuertes y que no se corresponde con la
realidad.
Ese juego aparentemente técnico pero perturbado por
variables que no lo son trae como consecuencia que de cualquier crisis se siga acusando a
los gobiernos, cuando, por ejemplo, en el caso de Asia las cifras muestran claramente que
el que cometió los errores fue el sector privado y el Estado falló en el control.
Otro elemento que marca las crisis es que contar con
políticas y situaciones maroeconómicas adecuadas ya no es suficiente para salvarse de
ellas, porque los mercados tienen la capacidad de modificar veloz y profundamente esas
realidades económicas.
Hay una transferencia clara del poder de los
gobiernos a los mercados y una pérdida de autonomía del Estado para poder controlar y
enfrentar estas situaciones, sintetizó Moneta. A eso se suma el hecho de que
la alta volatilidad no responde a causas- efectos de riesgo país, sino a variables
emotivas y psicológicas.
Para más, las agencias de riesgo y otras entidades de
supervisión tienen en ocasiones visiones superficiales y disociaciadas del mapa del
mundo.
El contrapeso deberían ser los organismos multilaterales,
pero éstos no están preparados para esa tarea, porque no fueron diseñadas para ello, y
terminan por imponer fórmulas mecánicas que en ocasiones hay que revisar, con un alto y
adicional costo social para los países afectados.
Otro factor que muestra la oleada de crisis es que si bien
el retiro de capitales es apresurado e inmediato, la restauración del crédito y de las
corrientes de inversión es muy lenta, en un círculo vicioso de esperar una recuperación
que requiere el retorno de los flujos financieros.
El apoyo financiero viene después que pasó el
ataque, pero no antes, resumió el jefe del SELA, un organismo de 28 países.
Un elemento más es que el sistema financiero fue diseñado
para proteger al inversor, pero cuando viene el problema se socializa a
través de los receptores y los platos rotos los pagan las sociedades,
advirtió Moneta.
Hay un vacío muy claro en la no participación
de los recipendiarios en los mecanismos de dirección del sistema, añadió el
experto regional en fenómenos de la globalización.
Para Moneta, las olas de crisis llegan a una sóla playa:
la de pasar a pensar sin miedo y con prudencia en una reforma del
sistema financiero mundial que comprenda la supervisión de los capitales, reglas para la
concesión de créditos y qué hacer ante las bancarrotas.
Hay muchas fórmulas propuestas, pero lo importante es que
dejar que esto siga sin ningún tipo de supervisión incrementa los riesgos a
nivel planetario, porque es evidente que están siendo afectados los propios mercados del
Norte y puede suceder en mayor grado.
Cuanto más tarde se haga, será peor. Es un
hecho que hay intereses brutales en juego, pero mientras se siga con el manejo de ni si ni
no, viviremos en medio de fuegos con bomberos corriendo detrás y con resultados
parciales, concluyó.
Caracas, 3 de septiembre de 1998
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