Globalización y relaciones externas
    de América Latina y el Caribe
    Edición Nº 53.

    Enero-Junio 1998. 

    Política social y ALCA

    Manuela Tortora
    Directora de Relaciones Económicas
    de la Secretaría Permanente del SELA.

     

    Ponencia presentada en el Coloquio Académico de las Américas, San José de Costa Rica, 12 de marzo de 1998.

    Desde la Cumbre de Miami de 1994, la sigla "ALCA" se asocia con términos eminentemente económicos: libre comercio y acceso a mercados, protección y promoción de inversiones, competencia, comercio de servicios, etc. Se asocia también con el proyecto más novedoso y más ambicioso jamás formulado en el ámbito de las relaciones hemisféricas, destinado a conformar un "bloque" económico de gran importancia en el sistema mundial.

    En menos de cuatro años, el proceso de formación del ALCA ha ocupado una posición cada vez más significativa en la agenda de los gobiernos de América Latina y el Caribe, tanto en lo que respecta a su política económica exterior como en la definición de varias políticas internas: aun cuando la negociación propiamente dicha no ha empezado, se han invertido muchos esfuerzos en los grupos de trabajo hemisféricos, y ya se ha iniciado la tarea de identificación de las normas y políticas nacionales que necesitarían ajustes o cambios sustanciales para ser compatibles con el ALCA.

    En síntesis, las expectativas generadas por el ALCA han adquirido un peso específico determinante, proporcional al alcance del proyecto y al impacto que tendría su realización para el desarrollo de América Latina y el Caribe. Pero si bien en la región hay plena conciencia de las implicaciones políticas, económicas y sociales de un proyecto de esta naturaleza, los trabajos preparatorios de los gobiernos y organismos involucrados tienden a concentrarse en su contenido "economicista" (algunos dirían "mercantilista"). Se está estudiando el efecto del ALCA sobre las corrientes de comercio e inversión intra y extrahemisféricas, pero parece dejarse de lado como algo poco urgente el análisis de los aspectos políticos y sociales –y habría que incluir los culturales también- de esa iniciativa.

    Las reflexiones siguientes, preliminares y sin otra pretensión que la de estimular estudios sobre el tema, se inspiran en la necesidad urgente de darle una base precisa y operativa al vínculo entre el ALCA y el desarrollo social de América Latina y el Caribe.

    I. La importancia del tema

    Es prematuro pronunciarse sobre el impacto de un acuerdo de libre comercio cuyo contenido aún no ha sido definido. Ciertamente, los trabajos técnicos realizados por los grupos hemisféricos desde 1995 brindan una fotografía amplia y actualizada de las políticas y normas existentes en el hemisferio en los temas económicos relacionados con el libre comercio hemisférico, aunque el alcance de los compromisos que se pudieran contraer mediante la negociación sigue siendo una incógnita.

    Pero desde el punto de vista del desarrollo de América Latina y el Caribe, la incógnita más importante es la que se deriva del impacto social que pudiera tener el ALCA a lo largo de su instrumentación. El término "impacto social" debe ser entendido en su más amplia acepción, abarcando las implicaciones directas e indirectas, positivas y negativas, de corto y largo plazo, que podrían derivarse del área de libre comercio, en la medida en que puedan ser identificadas y analizadas.

    Esto significa, por ejemplo, en lo que se refiere al impacto social más inmediato y visible, evaluar la generación de empleo producto de un eventual aumento de las exportaciones hemisféricas, así como la pérdida de puestos de trabajo debido a la competitividad de las importaciones. Significa también estudiar la capacidad de los países latinoamericanos y caribeños de atraer nuevas inversiones productivas, tanto nacionales como extranjeras, como resultado de las potencialidades económicas que brinda el ALCA.

    Desde el punto de vista del largo plazo, tomando en cuenta períodos más largos de puesta en práctica del ALCA, el impacto social es importante porque debería haber una relación entre el crecimiento cuantitativo del comercio y de la inversión en los países involucrados en el ALCA por una parte, y por la otra, la evolución cualitativa del nivel de vida de sus poblaciones. Obviamente, son muchas las variables que inciden sobre el desarrollo social (o el "desarrollo humano", usando la terminología del PNUD), y resulta difícil establecer una distinción entre las variables derivadas directamente del ALCA y las que se deriven de muchos otros procesos y fenómenos locales, regionales o internacionales. Intervienen también, en este ámbito, la calidad y eficiencia de las políticas sociales nacionales, que pudieran ser estimuladas y apoyadas por el proceso del ALCA.

    En el mismo orden de ideas, el impacto social puede ser en cierta medida "previsto" a priori, antes de que el ALCA entre en vigencia, de tal manera que los pronósticos sobre las implicaciones a nivel del empleo, por ejemplo, o de la competitividad de las exportaciones, deberían ser utilizados como información en apoyo a los negociadores. Por supuesto, son muchas las dificultades de hacer pronósticos confiables en este terreno, pero la mera introducción, en las labores de preparación de la negociación, de la dimensión social, puede incidir sobre el diseño de los compromisos a asumir.

    El hecho de que el impacto social del ALCA, sobre todo en el largo plazo, seguirá siendo una incógnita por más que se dediquen esfuerzos al tema no disminuye en nada su importancia. La dimensión social de un proyecto de esta naturaleza es clave tanto para la evaluación como para la credibilidad de la iniciativa en sí.

    En efecto, a medida que el ALCA vaya generando resultados, el éxito y el costo de este proceso económico se medirán mediante indicadores de desarrollo social más que indicadores de comercio e inversión, mediante mejoras en la calidad de vida de las poblaciones de América Latina y el Caribe más que mediante la eliminación de barreras arancelarias y para-arancelarias. Y es la medición de los resultados del ALCA en términos sociales la que determinará en gran parte la viabilidad y duración del proyecto. Es por ello que conviene reflexionar sobre el contexto político en el que se inserta la propuesta área de libre comercio hemisférica.

    II. El tema en su contexto

    La nueva relación hemisférica planteada por el ALCA, donde por primera vez participarán como socios países de distintos grados de desarrollo y de distintas culturas, surge como uno de los resultados del proceso de apertura de las economías de América Latina y el Caribe, resultado, a su vez, de un importante cambio en el modelo de desarrollo de la región.

    Los Estados Unidos no hubieran podido lanzar el proyecto del ALCA si no hubiese existido, en los países de América Latina y el Caribe, un contexto de estrategias económicas basadas en la inserción internacional y en la competitividad, que justifican y sustentan la idea de una zona de libre comercio de esa naturaleza. Por parte de América Latina y el Caribe, el ALCA materializa la aspiración de completar los esfuerzos realizados en los procesos nacionales de apertura con el logro de una nueva relación económica entre los países del hemisferio. Esta aspiración no es únicamente comercial, ya que trasciende la necesidad de buscar nuevos mercados y más inversiones extranjeras; es, sobre todo, una aspiración política, en el sentido en que confirma el interés de los Estados Unidos y la voluntad de América Latina y el Caribe de mantener el modelo de apertura económica y de "ponerle un candado" ("lock in") mediante compromisos internacionales que impedirían retrocesos.

    Desde una perspectiva histórica, la década de los 90 y el proyecto del ALCA representan un nuevo ciclo en las relaciones hemisféricas, que desde la doctrina Monroe hasta la fecha, han conocido "altibajos" y fases tan disímiles como las del "buen vecino", del "stick and carrot", de la Alianza para el Progreso1, del apoyo de los Estados Unidos a los regímenes militares, de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, de la Iniciativa Bush, de las tensiones generadas por la deuda externa durante la "década perdida", del proteccionismo de los años 80, de las recientes "certificaciones" vinculadas al narcotráfico, etc.

    Por consiguiente, el ALCA se inserta en el proceso de profundas transformaciones de alcance político y económico –e incluso ideológico– que están cambiando aceleradamente la fisonomía de la región así como su ubicación en el escenario mundial. Es un proyecto que, independientemente de su futuro éxito o fracaso, simboliza el deseo de iniciar una nueva etapa tanto en las políticas económicas individuales de los países participantes, como en la relación hemisférica en su conjunto. Queda por ver si mediante las eventuales negociaciones a ser lanzadas en la Cumbre de Santiago de Chile, y más tarde mediante la puesta en práctica de los compromisos, el ALCA seguirá siendo un factor de cambio a nivel interno y hemisférico o si, por el contrario, correrá la suerte efímera de otros proyectos análogos lanzados en las fases anteriores de las relaciones de Estados Unidos con América Latina y Caribe.

    El ALCA es una apuesta de mayor envergadura y de mayor riesgo para los gobiernos de América Latina y el Caribe que para los de Estados Unidos y Canadá: un eventual fracaso del ALCA sería un elemento adicional para los que cuestionan la validez de las políticas de apertura como instrumento de desarrollo; un eventual éxito del ALCA, en cambio, equivaldría a una confirmación de que el camino emprendido es, pese a los sacrificios sociales, el correcto gracias a sus resultados positivos de largo plazo en pro del bienestar de las poblaciones.

    En este contexto de cambios, y desde el punto de vista de las necesidades de desarrollo –en particular, las del desarrollo social de América Latina y el Caribe –, la "apuesta ALCA" debería ser complementada por elementos estratégicos tales como los siguientes:

    • Un proyecto de cooperación hemisférica y no únicamente de libre comercio, o de cooperación energética como ha sido planteado recientemente2. En este sentido, la Declaración de la Cumbre de Miami de diciembre 1994 constituye un marco referencial amplio, que incluye la zona de libre comercio como un elemento –importante pero no exclusivo-dentro de un plan de nuevas relaciones hemisféricas globales; por ende, la concepción del texto de Miami trasciende la liberalización de los flujos de comercio e inversión planteada en el ALCA, y constituye un punto de partida válido para lanzar una nueva fase de cooperación hemisférica integral. Faltaría precisar, en el marco de los principios y objetivos generales acordados por los Presidentes en Miami, el contenido operativo de esa cooperación hemisférica en lo que respecta al desarrollo social al que aspira la región.

    • En corolario a lo anterior, el ALCA y el conjunto de los instrumentos complementarios al libre comercio deberían representar un proyecto de tratamiento de las asimetrías en el hemisferio: el grupo de trabajo hemisférico sobre las economías más pequeñas ha abonado un importante terreno en este sentido. Falta ahora abordar la tarea más importante, es decir pasar del reconocimiento político de que existen asimetrías entre los 34 países involucrados a la traducción en términos operativos de las implicaciones de esas asimetrías en cada uno de los compromisos que se contraigan en el ALCA. En otros términos, esto equivale a introducir la variable desarrollo social en cada una de las áreas de la negociación, ya que las asimetrías se manifiestan, en definitiva, mediante niveles de vida distintos. Como se señaló más arriba, una iniciativa de gran alcance como el ALCA tiene implicaciones sociales innegables, y una manera de abordarlas es precisamente partiendo del reconocimiento de las asimetrías en cada uno de los temas objeto de negociación.

    • Por último, la nueva relación hemisférica debería basarse en un proyecto de articulación viable y sustentable entre los compromisos que se deriven del ALCA y los avances de los esquemas de integración entre países de América Latina y el Caribe. Desde 1994, las Declaraciones de Presidentes y Ministros del hemisferio han incluido el reconocimiento de que el ALCA no sustituirá la integración intraregional, pero es sólo en las mesas de negociación específicas que se podrá determinar cómo preservar el patrimonio político y económico que se está capitalizando en esquemas de naturaleza distinta y más avanzada que el ALCA como es el caso del MERCOSUR, por ejemplo. En este sentido, en función del reconocimiento de que estos procesos intralatinoamericanos tienen vida propia e independiente del ALCA, los temas sociales deberían insertarse, con contenido operativo, en el ámbito de la articulación entre los compromisos hemisféricos y los de la integración regional: sería el caso, por ejemplo, de la libre circulación de mano de obra y de servicios profesionales3.

    El contexto en el cual se inscribe el ALCA es, en síntesis, el contexto de una nueva relación hemisférica que no puede reducirse a una simple apertura de mercados. La definición de una política social "del ALCA y para el ALCA", adecuada a este nuevo contexto, tendría que tomar en cuenta todos los elementos que lo caracterizan: el impacto a la vez positivo y negativo de la globalización, las asimetrías existentes en los niveles de desarrollo, el compromiso político que representan los esquemas de integración y –habría que añadir– los cambios ideológicos y geopolíticos derivados del fin de la guerra fría.

    III. Las características del tema social en el ámbito hemisférico

    Desde hace varias décadas y particularmente desde la consolidación de regímenes democráticos, el tema del diseño e instrumentación de políticas sociales es recurrente en la agenda de los gobiernos latinoamericanos y caribeños, bien sea mediante iniciativas "populistas" o como compensación a las recientes decisiones de apertura y "ajuste estructural". Pero en este terreno más que en otros, es largo el trecho entre el discurso y el resultado, entre la retórica y la medida concreta.

    Por definición, en cualquier situación nacional, la política social es sumamente compleja, de resultados lentos y poco perceptibles en el corto plazo, y más difícil de diseñar e instrumentar en forma eficiente que la política comercial, por ejemplo. Pero a las dificultades intrínsecas se añaden, en el caso de los países de América Latina y el Caribe, estructuras sociales inequitativas desde hace muchas décadas, indicadores de distribución de la riqueza que revelan más desigualdad que en los países menos adelantados del planeta4, e instituciones estatales ineficientes, insuficientes y mal dotadas.

    El impacto de la apertura y de la globalización de las economías se superpone a estas fallas estructurales, evidenciándolas y profundizándolas. Las estadísticas están demostrando que los beneficios que generan las reformas económicas de los últimos años no se traducen en una mejor distribución de la riqueza: la repartición hacia abajo ("trickle down"), en el mejor de los casos, tarda en concretarse. Y aún los países con tasas de crecimiento sostenidas y estables no logran garantizar un "crecimiento con equidad", según la terminología de la CEPAL.

    En este sentido, las expectativas generadas por el ALCA se enfrentan a una doble paradoja: a nivel interno, las democracias de América Latina y el Caribe deben aportar respuestas visibles en términos de desarrollo social, so pena de socavar su credibilidad y poner en peligro la gobernabilidad; pero hasta la fecha, son muy pocas las políticas sociales de la región que pueden calificarse de exitosas. A nivel de las relaciones hemisféricas, el ALCA sintetiza la esperanza de que los cambios económicos y comerciales que plantea se traducirán en un desarrollo social más equitativo; pero para ello, debe trascender su alcance limitado a la apertura de mercados y abarcar instrumentos de cooperación en materia de política social que aún no se han planteado, ni siquiera en teoría.

    La mencionada política social "del ALCA y para el ALCA" debería caracterizarse por elementos operativos que permitan enfrentar esas paradojas, tanto las que se plantean en el plano nacional de los países participantes como las que se ubican en el plano de las relaciones hemisféricas.

    Antes de reflexionar sobre algunos de los elementos que pudieran darle contenido práctico al deseable (pero hipotético) vínculo ALCA/ desarrollo social, cabe recordar que aquí estamos en un terreno difícilmente negociable según los patrones tradicionales del "dar algo a cambio de " que rigen la negociación comercial: puesto que las asimetrías son particularmente evidentes en cuanto a desarrollo social, ¿qué pudieran ofrecer los países de la región a cambio de instrumentos de cooperación para la micro empresa, por ejemplo? Al ser difícil negociar dentro del mismo campo, sólo cabrían "concesiones cruzadas" con otras materias de la negociación hemisférica. Pero en realidad, la naturaleza asimétrica del desarrollo social impide la reciprocidad e impone la cooperación por encima de la negociación.

    Por otra parte, la agenda social de América Latina y el Caribe contiene prioridades no forzosamente compatibles con la agenda social de los Estados Unidos: la primera es esencialmente "positiva" y centrada en la búsqueda de la equidad social (erradicación de la pobreza extrema, generación de empleo5, preocupación por la economía informal6, educación y salud, integración de grupos sociales marginales, etc.); la segunda, en cambio, es principalmente "negativa" ya que enfatiza el control del narcotráfico, de las migraciones y del "dumping social" (término que indica la supuesta competencia, en el mercado de los Estados Unidos, de productos más baratos que los nacionales debido a normas laborales más laxas y salarios más bajos). Aquí la asimetría entre América Latina y Estados Unidos radica no en los datos estadísticos sino en las prioridades y en el enfoque.

    IV. El vínculo política social/ALCA: de la teoría a la práctica

    Obviamente, cualquier sugerencia práctica que se pueda plantear en relación con este tema pierde validez si no hay, en primer lugar, un marco conceptual que permita ampliar el ámbito exclusivamente económico y comercial del ALCA, donde la dimensión social tenga cabida desde un principio. Sin embargo, las reflexiones anteriores pudieran ser complementadas con algunas sugerencias prácticas sobre cómo introducir la preocupación por el desarrollo social en el proceso de formación de una zona de libre comercio hemisférica:

    • Como metodología general, todos los grupos de negociación que se constituyan deberían prever, en lo que se refiere a su mandato sectorial, la consideración de las implicaciones sociales de los compromisos que se definan. De esta forma, el tratamiento de la dimensión social del ALCA se haría en forma "horizontal", en todas las áreas temáticas del proyecto, lo cual no eximiría, sin embargo, de un tratamiento "ad hoc" y lineal de este tema, además del enfoque sectorial en cada grupo de negociación. La colaboración de los organismos económicos regionales e internacionales puede ser clave en este sentido, en apoyo a los diagnósticos nacionales que debería adelantar cada país individualmente.

    • Paralelamente a la negociación del ALCA propiamente dicha, se deberían establecer mecanismos de negociación para definir instrumentos de cooperación hemisférica en temas tales como la educación y la salud, el desarrollo científico y tecnológico, la erradicación de la pobreza extrema, cuya importancia, para América Latina y el Caribe, es al menos equivalente a la del comercio.

    Se deberían acordar mecanismos de evaluación de la nueva relación hemisférica derivada del ALCA y de otros instrumentos colaterales que se suscriban en el contexto de la Declaración de Miami en términos no sólo de flujos de comercio e inversión, sino también de impacto sobre el desarrollo social, mediante indicadores que midan, por ejemplo: la relación entre la captación de inversión extranjera y la generación de empleo; la apertura de las economías y el aumento del valor agregado de las exportaciones; la instalación de empresas extranjeras y la transferencia de tecnología; la creación de comercio y la reducción de la economía informal; la protección de la propiedad intelectual y el apoyo a la investigación nacional; la apertura a la competencia extranjera y el aumento de la productividad de los países de América Latina y el Caribe.

    • Se podrían definir acciones de cooperación hemisférica en apoyo a las instituciones gubernamentales encargadas de las políticas sociales (ministerios de educación, salud, centros de investigación, etc.), en el marco del objetivo general de fortalecer la capacidad del Estado de distribuir los beneficios económicos derivados del ALCA. En este sentido, sería importante enfatizar que es el Estado (y sus instituciones) el que requiere ser más eficiente en la articulación de políticas económicas y sociales: el creciente papel de las organizaciones no gubernamentales, en materia de políticas sociales, puede ser un complemento pero no un sustituto de la acción estatal. Estas acciones corresponderían al apoyo al "buen gobierno" que los Estados Unidos y otros países industrializados están impulsando en las políticas de ayuda al desarrollo bilateral y multilateral.7

    • Por último, se pudiera estudiar la factibilidad de financiar, en los países más pobres del hemisferio y para los sectores sociales que menos recibirán los beneficios del ALCA, programas de desarrollo social con los recursos derivados de la iniciativa hemisférica: por ejemplo, se podría establecer un "impuesto de solidaridad hemisférica" correspondiente a un pequeño porcentaje de los dividendos generados por las inversiones extranjeras o por las exportaciones que se realicen gracias al ALCA.

    V. A modo de conclusión

    Las propuestas señaladas implican tareas adicionales a las que viene planteando el proceso de preparación del ALCA, y que ya representan una carga importante para los gobiernos de América Latina y el Caribe. Pero no cabe duda de que, si el ALCA (o cualquier otra iniciativa hemisférica) se materializa, se hará cada vez más evidente la necesidad de pensar en las implicaciones sociales y de diseñar las acciones correspondientes. Por "implicaciones sociales", como se señaló, hay que entender las positivas y las negativas: la distribución de los beneficios del ALCA así como las medidas necesarias para corregir sus costos.

    Como es obvio, las primeras tareas deberían ser las de índole nacional: dentro de cada país habría que proceder a una evaluación de la política social existente y definir lo que se necesitaría hacer en el contexto de una zona de libre comercio hemisférico. En segundo lugar, la definición de una política social "del ALCA y para el ALCA" se basaría en la articulación entre las necesidades de cada país y las potencialidades de una nueva cooperación hemisférica. Las primeras tareas no eximen de las segundas, ni vice-versa.

    Si la II Cumbre de las Américas decide lanzar las negociaciones, cabe pensar que, en el mediano plazo, las dificultades de fondo no surgirán de la ausencia del "fast-track" para la Administración Clinton, sino de la ausencia de estudios sobre los beneficios sociales del ALCA para los países en desarrollo del hemisferio, y por ende, la ausencia de diagnósticos sobre las implicaciones sociales de los compromisos que los negociadores pudieran contraer.

    Como se mencionó más arriba, la "apuesta ALCA" – que es en definitiva la apuesta sobre una nueva relación hemisférica– es política y económicamente más arriesgada para los países de América Latina y el Caribe que para los Estados Unidos y Canadá. La actitud del Congreso de los Estados Unidos al rechazar la solicitud de "fast-track" es reveladora de que la inversión política de ese país en esta iniciativa hemisférica está sujeta a los vaivenes electoralistas y no se corresponde con el alcance estratégico del proyecto8. En síntesis, el ALCA genera muchas más expectativas en América Latina y el Caribe que en los Estados Unidos, lo cual se traduce en un nivel de compromiso y en esfuerzos de preparación proporcionalmente mayores en nuestra región.

    La introducción del tema de la política social en una iniciativa de apertura de mercados como el ALCA requiere mucho más que propuestas puntuales como las que se han señalado. Requiere, por parte de todos los países participantes, ampliar su visión de los objetivos del ALCA, pensar en términos de desarrollo de largo plazo, revisar la relación hemisférica. Requiere introducir, en la concepción misma del proyecto, principios e instrumentos de cooperación, solidaridad, y co-responsabilidad. Requiere darle al capital humano la ubicación que le corresponde en un proyecto que, si bien es originalmente comercial, no dejará de tener implicaciones políticas y sociales importantes. Requiere ver a la apertura económica como un proceso estrechamente dependiente de un contexto de estabilidad democrática y de equidad sin el cual no es sostenible. Requiere concebir al ALCA como un instrumento de desarrollo integral y no sólo como una respuesta a la globalización de la economía mundial. Requiere, en definitiva, audacia en los planteamientos, porque la globalización también es audaz en sus impactos.


    Notas

    1. La Alianza para el Progreso era un programa de cooperación y de redefinición de la relación hemisférica con base en un enfoque "integral", más amplio que el ámbito únicamente comercial del ALCA, e incluía varios elementos de política social.

    2. A raíz del fracasado intento de la Administración Clinton de obtener la autorización de negociar "por la vía rápida" (fast track), los Estados Unidos parecen inclinados a enfatizar temas económicos de su interés que no pertenecen al terreno del libre comercio, como por ejemplo la energía.

    3. Aquí cabe recordar que en el lenguaje de esquemas tales como el MERCOSUR o la Comunidad Andina, el término "integración" se usa, stricto sensu, para referirse a procesos que van más allá del libre comercio e incluyen el establecimiento de una zona aduanera (con arancel externo común), la coordinación macroeconómica y de políticas sectoriales, hasta la coordinación de la política exterior, mediante una delegación gradual y concertada de soberanía en favor de instituciones comunitarias. Tal como se vislumbra el ALCA por los momentos, la "integración" prevista en este proyecto incluiría, además del libre comercio, algunas áreas "paracomerciales" tales como la propiedad intelectual, los regímenes de inversión, los servicios, las normas de competencia, las compras gubernamentales, es decir, áreas básicamente coincidentes con las prioridades comerciales de los Estados Unidos. Pero no se trataría de un proyecto de "integración" con elementos de supranacionalidad como en el caso de la Unión Europea o de los esquemas subregionales en América Latina y el Caribe.

    4. América Latina y el Caribe es la región que registra la peor distribución de riqueza en el mundo: la clase media representa menos del 20% de la población, mientras que en los países industrializados representa el 50 o 60%. Ver PNUD, Informes sobre el Desarrollo Humano. (Varios años), Naciones Unidas, Nueva York.

    5. En 1996, el desempleo urbano en América Latina y el Caribe ha alcanzado el nivel más alto de los 10 años anteriores.

    6. La economía informal representa, en muchos países de la región, más del 40% de las fuentes de empleo.

    7. Ver SELA, El "buen gobierno" y el Fortalecimiento de la Sociedad Civil: Notas desde la Perspectiva de América Latina y el Caribe". Reunión del Comité Técnico del Grupo de los 24. SP/DRE/DT Nº 1-97, marzo 1997.

    8. Ver SELA, "Las Opciones de Política comercial de los Estados Unidos ante la Cumbre de Santiago". DRE, DI. Nº 19-98, Caracas, febrero 1998. Ver también los boletines mensuales Antena del SELA en los Estados Unidos.

 

 


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