Globalización y relaciones externas
    de América Latina y el Caribe
    Edición Nº 53.

    Enero-Junio 1998.

    Reencuentro de dos mundos:
    la Cumbre Europa-América
    Latina de 1999

    Secretaría Permanente del SELA.

     

    I. El contexto internacional
    que rodea a la Cumbre de 1999

    Tanto en el escenario mundial, como en el escenario más específico de las relaciones entre la Unión Europea (UE) y América Latina y el Caribe, varios factores serán determinantes en la preparación de las posiciones de ambas regiones, así como en la formulación de la agenda de la Cumbre. Entre otros, cabe señalar los siguientes:

    • Los planes de ampliación de la UE: en los próximos años, la atención de los europeos va a centrarse en el proceso de adhesión de Polonia, Hungría, Eslovenia, República Checa, Estonia y Chipre – además de otras prioridades derivadas de las relaciones con los países vecinos de la Unión (en el Mediterráneo, en los Balcanes y en Europa Oriental).

    • Las reformas institucionales del proceso de integración europeo: el Euro se instrumentará a partir de 1999, implicando cambios importantes en las políticas macroeconómicas de los gobiernos europeos y un avance sustantivo hacia la supranacionalidad.

    • La revisión de los compromisos agrícolas de la Ronda Uruguay en la OMC en 1999: la reforma de la Política Agrícola Común, y por ende la mayor apertura del mercado europeo, es uno de los puntos álgidos de la relación birregional; lo que se decida en la OMC incide, por ejemplo, sobre el tratamiento de este tema en la Cumbre.

    • La evolución del proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA): con base en las decisiones de la próxima Cumbre Hemisférica de Santiago de Chile (abril 1998), habrá que evaluar las perspectivas de ese proyecto y su incidencia sobre una eventual profundización de los vínculos entre América Latina y el Caribe y la UE.

    • Las perspectivas de la convergencia de los esquemas de integración entre países de América Latina y el Caribe, así como la evolución de otros aspectos de las relaciones externas de la región.
    • La revisión de la política europea con respecto a los países en desarrollo, incluyendo sus relaciones especiales con los países del «Grupo ACP» (Africa-Caribe-Pacífico).

    1. Mensajes claros y productos diferenciados: Condiciones para el éxito de la Cumbre

    La claridad del «mensaje» que emana de una Cumbre es una manera de medir la calidad de su resultado. En este caso, la Cumbre podría: (i) establecer pautas claras sobre el futuro de la relación birregional y sobre el alcance de dicha relación en el escenario mundial; (ii) enfatizar temas de dimensión birregional más que de interés subregional; y (iii) establecer una relación birregional cuya significación debería ser al menos similar a la del proyecto hemisférico que incluye el ALCA. Aspectos tales como el diálogo transatlántico y la cooperación en materia de seguridad y desarrollo económico, la ampliación del espacio cultural y científico-tecnológico birregional, la consulta sobre la gestión de la economía mundial, los valores políticos y económicos compartidos, la preocupación por el desarrollo económico con equidad social, deberían formar parte de ese «mensaje diferenciado». En los temas económicos y comerciales esa diferencia en relación con el ALCA será más difícil de evidenciar que en lo político.

    II. Existen desequilibrios en la relación birregional

    Varias asimetrías –estructurales y coyunturales- caracterizan la relación entre la UE y América Latina y el Caribe e inciden sobre la definición de las prioridades y de las posiciones respectivas:

    • Las diferencias en la dimensión política y económica a nivel mundial: la UE es una potencia consolidada, América Latina es una región «emergente».

    • La situación geográfica: la UE tiene vecinos en Europa, en Africa y en el Medio Oriente; América Latina comparte el hemisferio con los Estados Unidos y con Canadá.

    • Los grados de avance en la integración: la UE avanza hacia la unión económica total y una política exterior común; América Latina y el Caribe no ha alcanzado aún el carácter de interlocutor único y presenta un serio déficit institucional frente a la UE.

    • El déficit comercial creciente en detrimento de los productos de América Latina y el Caribe, que se viene registrando desde 1993.

    • La estructura de los intercambios comerciales: 2/5 de las exportaciones de América Latina hacia la UE son productos básicos (y los más tradicionales de la región) y 3/5 son bienes manufacturados, contrariamente al comercio con otros socios de la UE que es más diversificado. Por otra parte, los bienes industrializados representan las 3/4 partes de las importaciones de los productos de la UE.

    Los acuerdos «de 4a. generación» firmados por la UE con Mercosur (1995), Chile (1996) y México (1997) se caracterizan por:

    • Asociación económica, concertación política y cooperación;

    • Acuerdos basados en la reciprocidad y el interés común;

    • Institucionalización del diálogo político;

    • Liberalización bilateral y preferencial, progresiva y recíproca del comercio de bienes y servicios (de conformidad con las normas de la OMC);

    • Respeto de los principios democráticos y de los derechos humanos;

    • Creación de un Consejo Conjunto;

    • Cooperación en: sector industrial, inversiones, sector financiero, PYMES, etc.;

    • Cláusula evolutiva (amplía la cooperación permitiendo acuerdos específicos);

    • Acuerdos sobre contratación pública, políticas de competencia, propiedad intelectual;

    • El diálogo político se realizará a diversos niveles (presidencial, ministerial, altos funcionarios).

    III. El camino recorrido

    La relación birregional se sustenta en valiosos antecedentes políticos, culturales, económicos y de cooperación:

    América Latina y el Caribe y la UE comparten agendas políticas basadas en valores democráticos, los derechos humanos, el desarrollo sostenible, y la necesidad de un modelo de desarrollo y globalización mundial centrado en el hombre, que evite la exclusión, el desempleo y la pobreza. Asimismo, comparten políticas para combatir el narcotráfico, la corrupción y el terrorismo, y políticas económicas basadas en la apertura comercial, la atracción de la inversión extranjera, la profundización de la integración regional, y la libre competencia.

    Además, la relación entre la UE y países o subregiones de América Latina y el Caribe se fundamenta en varios instrumentos de cooperación -algunos vigentes desde hace más de una década-, que conforman un «patrimonio» birregional importante. En este contexto, son particularmente relevantes:

    • los instrumentos comerciales preferenciales como el SGP y el Convenio de Lomé;

    • el mecanismo de las Acuerdos de San José con Centroamérica;

    • los acuerdos de cooperación de «tercera generación» como el de UE/Comunidad Andina;

    • los acuerdos más avanzados de «cuarta generación» como el Acuerdo Marco Interregional de Cooperación UE/Mercosur (1995), el Acuerdo Marco de Cooperación UE/Chile (1996), y el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación UE/México (1997);

    • el diálogo político y económico UE/Grupo de Río.

    VI. Los intereses de ambas partes: Las prioridades europeas

    La posición de la UE en la Cumbre estará en gran parte condicionada por la necesidad de avanzar en la consolidación de su política exterior común y por su percepción de la influencia política y económica de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe. En este sentido, los resultados de la próxima Cumbre de Santiago de Chile y el grado de avance del proyecto de Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) incidirán sobre las «ofertas» de cooperación o asociación que pueda formular la UE más allá de los acuerdos existentes ya mencionados. La UE deberá precisar el contenido del concepto de «asociación estratégica» usado por el Consejo europeo al referirse a la relación con América Latina.

    Además, la UE tomará en cuenta los siguientes elementos en cuanto a los temas económicos:

    • América Latina y el Caribe ya ha abierto unilateralmente su mercado y está cumpliendo, además, con los compromisos de la Ronda Uruguay; el límite de una mayor apertura comercial está determinado por eventuales avances en el marco de la OMC y en el marco del ALCA;

    • la eventualidad de que, en el marco del ALCA, se logren compromisos que afecten la posición comercial, financiera y tecnológica de las empresas europeas y sus posibilidades de expansión en América Latina y el Caribe;

    • la posibilidad de lograr una mayor coincidencia con América Latina y el Caribe sobre el tratamiento de los «nuevos temas» en la OMC;

    • la oportunidad de abordar el tema de la gestión del sistema financiero mundial y de buscar el apoyo de América Latina y el Caribe para fortalecer su posición en el ámbito del Grupo de los 7 y de las instituciones financieras internacionales;

    • la necesidad de evitar que cualquier iniciativa de cooperación que se defina en la Cumbre represente aportes financieros adicionales para el presupuesto de ayuda al desarrollo de la Comisión Europea.

    V. Prioridades de América Latina y el Caribe

    Una Cumbre de esta naturaleza representa la oportunidad de hacer un balance de la relación birregional y fijar lineamientos para iniciar un proceso –que no sea sólo una «respuesta» al ALCA-, dando mayor contenido al concepto de solidaridad entre ambas partes y enfatizando lo que requiere ser corregido. En particular, habría que prestar atención a los flujos económicos birregionales y sus tendencias futuras. Esta visión implica tomar en cuenta intereses importantes para América Latina y el Caribe tales como:

    • consolidar el diálogo con la UE en el escenario internacional como un instrumento que contribuya a diversificar y equilibrar el diálogo con los Estados Unidos, y en este sentido, superar los obstáculos que se han presentado en el diálogo birregional como en el caso UE-Grupo de Río;

    • mejorar la situación deficitaria de su balanza comercial y la estructura de su intercambio comercial con la UE (que sigue caracterizada por una alta proporción de productos básicos), así como el aprovechamiento del SGP de la UE;

    • lograr compromisos en cuanto al desmantelamiento del proteccionismo agrícola de la UE en vista de las negociaciones agrícolas en la OMC en 1999;

    • profundizar y ampliar los instrumentos de cooperación existentes, en función de la agenda del desarrollo de los países de América Latina y el Caribe, en particular en los temas donde es más relevante la experiencia europea (como el papel del Estado, el tratamiento de las asimetrías regionales, las pymes, la participación de la sociedad civil, las políticas de competencia, la profundización de la integración regional, la armonización y coordinación de políticas macroeconómicas);

    • abordar los temas de especial importancia para los países del Caribe, como por ejemplo el complejo asunto de la fase «post-Lomé»;

    • tomar en cuenta las realidades y características subregionales de América Latina y el Caribe en el diálogo birregional.

    VI. Posibles temas para la agenda de la Cumbre

    Se vislumbran tres tipos de temas: los generales o globales; los específicos birregionales (que son centrales y deben reflejarse en decisiones); y los específicos nacionales (que deben enfocarse como ejemplos para la cooperación birregional). En esta tipología se insertan tres ejes temáticos: los temas políticos, económicos y culturales. En la reunión de expertos convocada por el IRELA y el SELA se mencionaron algunos temas, tales como:

    • En el ámbito político: el equilibrio en las relaciones extrarregionales tanto de la UE como de América Latina y el Caribe; las implicaciones de la ampliación de la UE y de la unión monetaria; la conformación de un «triángulo transatlántico»; el desarrollo sostenible; la reforma de los organismos multilaterales; la estabilidad democrática; la reforma de la justicia; los derechos humanos; el narcotráfico y la corrupción.

    • En el ámbito económico: el futuro de la relación birregional; el mercado agrícola internacional; el acceso a los mercados; el marco legal para la inversión; el desarrollo integral.

    • En el ámbito cultural: la educación; la capacitación profesional, tecnológica y científica; la identidad cultural de ambas regiones.

    En dicha reunión también se mencionaron algunas posibles iniciativas, tales como:

    • Un foro de investigación y diálogo sobre el modelo socio-económico.
    • Un mecanismo de consultas sobre temas mundiales previo a reuniones internacionales.
    • Un diálogo entre especialistas sobre políticas laborales y ambientales.
    • Un programa birregional sobre normas técnicas internacionales.
    • Un foro empresarial birregional.

    • Empresas conjuntas (joint ventures) para el diseño y la instrumentación de proyectos de infraestructura.

    • Un programa para jóvenes líderes en los campos político, económico y cultural.

    También se mencionaron otras ideas como la creación de un Fondo para corregir las asimetrías de los niveles de desarrollo entre los países de América Latina y el Caribe, inspirado en la experiencia de la UE; el acceso de las empresas europeas al Banco Europeo de Inversiones para dar garantías a la participación en proyectos birregionales (en particular los de apoyo a pymes y los de alta relevancia social); un programa de becas birregional; la participación del Fondo Europeo de Inversiones para canalizar capitales hacia los países de menor desarrollo.

    VII. Las dificultades organizativas

    La preparación de una Cumbre es al menos tan importante como el evento en sí. Es necesario alcanzar un alto grado de concreción en los acuerdos previos, organizar un amplio proceso de consultas formales e informales, y definir los mecanismos de seguimiento. Varios elementos y actores serán claves en la preparación:

    • Esta Cumbre, debe dar un importante impulso político a la relación birregional y dar resultados concretos de aplicación inmediata, que no dependan de nuevas reuniones.

    • Le corresponde un papel central al país latinoamericano sede y al país que ejerza la presidencia europea en esa fecha.

    • Habrá que prever diálogos previos subregionales, con base en los instrumentos firmados, y, en algunos casos, nacionales con aquellos países que no participan en los esquemas de integración subregional existentes.

    • La diplomacia gubernamental debe ser complementada por una diplomacia académica, empresarial y parlamentaria.

    • Habrá que conciliar la necesidad de lograr eficacia en la Cumbre a pesar del elevado número de Jefes de Estado y de Gobierno participantes.

 

 


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