Globalización y relaciones externas
    de América Latina y el Caribe
    Edición Nº 53.

    Enero-Junio 1998. 

    Impacto de la crisis
    asiática en América Latina

    Secretaría Permanente del SELA.

     

    Presentación

    Más allá de las repercusiones de corto plazo, el impacto de la crisis financiera que se desató en Tailandia el pasado mes de julio aún no ha sido plenamente percibido, ni a nivel de la economía global, ni en lo que respecta a los países de América Latina y el Caribe. Pero ya está claro que habrá importantes repercusiones de mediano y largo plazo, que incidirán sobre el comportamiento macroeconómico de muchos países, y sobre sus relaciones comerciales y financieras externas. En los últimos meses, todos los pronósticos de crecimiento mundial y regional han sido revisados, tratando de visualizar y evaluar el costo de una crisis cuyos efectos indirectos y diferidos en un plazo relativamente largo son al menos tan importantes como los costos inmediatos que se han venido concretando recientemente.

    El presente estudio aspira a presentar los elementos que determinan el impacto de corto y largo plazo de la crisis asiática sobre algunas economías de América Latina y el Caribe, con base en la proyección de indicadores estadísticos básicos relativos a las corrientes de comercio y financiamiento internacional y las configuraciones de riesgo en los mercados de capital. Las informaciones han sido actualizadas en función de los datos disponibles al mes de enero de 1998. La difusión de este estudio fue diferida debido al incendio que destruyó la sede de la Secretaría Permanente el pasado mes de febrero.

    La Secretaría Permanente del SELA agradece la colaboración de los Doctores Egidio Luis Miotti y Carlos Quenan, Profesores en la Universidad de Paris 13 y en la Universidad de Reims, respectivamente, quienes elaboraron este documento a solicitud de la Secretaría Permanente.

    I. Introducción

    Aunque las principales plazas bursátiles latinoamericanas sufrieron los efectos de la tempestad financiera desatada por la depreciación del bath tailandés en julio pasado, la crisis asiática no afectó sensiblemente la situación macroeconómica de América Latina en 1997. En efecto, con una tasa de crecimiento de aproximadamente 5,5%, la región registró el año pasado su mejor desempeño macroeconómico del último cuarto de siglo.

    Sin embargo, la prolongación y la profundización de la crisis asiática van a hacer sentir sus efectos en 1998. Los canales de transmisión de la crisis hacia América Latina son múltiples. Al impacto comercial directo resultante de la disminución de la demanda asiática se agregan los efectos indirectos inducidos por la desaceleración del crecimiento de la economía mundial1, por ejemplo la caída de los precios de los productos básicos. A esto se suma, en el plano comercial, un efecto "competitividad" resultante del debilitamiento de las monedas más afectadas por la crisis: en numerosos mercados la producción latinoamericana se verá en dificultades para competir con los productos provenientes de Asia. Por otra parte, la persistencia de un clima de desconfianza respecto de los "mercados emergentes" amenaza con mantener o acentuar el fenómeno de la "búsqueda de la calidad" ("flight to quality") y el encarecimiento del financiamiento externo, perceptibles desde octubre pasado.

    El objetivo de este trabajo es evaluar el impacto de la crisis asiática en América Latina en 1998. Para ello, el análisis se concentra en los efectos comerciales y financieros más directos para siete países de la región2. En la sección 1 se presenta la posición relativa de estos países en las configuraciones de riesgo financiero, tal como éste es percibido habitualmente por los analistas internacionales. En la sección 2 se pone de relieve el grado de dependencia comercial de América Latina respecto de los mercados asiáticos, así como su vulnerabilidad frente a la caída de los precios de las materias primas. En la sección 3 se examinan las condiciones de financiamiento externo de la región para el año 1998. Por último, en la sección 4 se presentan las conclusiones de este estudio.

    II. Configuraciones de riesgo:
    la posición de los países latinoamericanos

    Como ya se indicó, la crisis asiática ha generado una creciente desconfianza respecto de las economías emergentes. Así, las perspectivas de éstas en 1998 estarán en gran medida determinadas por las percepciones de los inversores y analistas internacionales. Estos evalúan las economías emergentes a la luz de una serie de criterios: nivel de desarrollo, potencial de crecimiento, situación en materia de equilibrios macroeconómicos interno y externo, riesgo político y credibilidad de la política económica, estado del sistema bancario.

    Con el fin de poner en evidencia las configuraciones de riesgo tal como pueden ser percibidas en la actualidad, es decir a comienzos de 1998, hemos procedido a un análisis de correspondencias múltiples a partir de las variables generalmente utilizadas para cuantificar los criterios señalados más arriba (ver anexo). Los resultados obtenidos se presentan en el gráfico 1.

    Como era de prever, la tipología resultante da cuenta de la crisis que afecta a las economías asiáticas y de sus principales consecuencias. Esto se advierte en la configuración de los ejes.

    Ver Gráfico 1

    El eje horizontal resume las variables asociadas al desempeño macroeconómico interno (crecimiento en el período 96-97, inflación y situación de las finanzas públicas principalmente), a las que se suman las variables más cualitativas que dan cuenta de la percepción del riesgo político y de la credibilidad de la política económica, así como el estado de los sistemas bancarios. Este eje separa los países que gozan de una muy buena reputación en los mercados internacionales -apoyada en la solidez de sus bases macroeconómicas-, es decir el grupo 1, del resto.

    El eje vertical distingue las economías en función de su evolución reciente a nivel de las tasas de cambio (fuerte depreciación real o, al contrario, relativa estabilidad cambiaria) y de su grado de vulnerabilidad financiera externa, expresado por la importancia de su déficit corriente y por la solidez de su posición externa (relación entre las reservas internacionales y la deuda externa de corto plazo).

    En la medida en que las turbulencias desatadas por la crisis asiática no se han apaciguado, parece lógico que un factor de discriminación importante esté dado por la credibilidad financiera externa. Así, como ya se señaló, el grupo 1 está constituido por los países menos amenazados por la crisis. Si la pertenencia de Taiwán a este agrupamiento (menos afectado por los problemas de sus vecinos), de Hong Kong (que resistió exitosamente al ataque especulativo de fines de octubre) y de Chile (único país latinoamericano del grupo) parece lógica, el caso de Malasia puede llamar la atención. Sin embargo, su presencia en este grupo refleja una credibilidad financiera superior a la de los países asiáticos más afectados por la crisis que es consistente, como se verá más adelante, con el débil incremento sufrido por los spreads de sus euro-obligaciones.

    Aunque muy heterogéneo, el grupo 2 está conformado por economías relativamente sólidas pero que son vulnerables debido a su elevado endeudamiento externo y al desequilibrio comercial externo potencial que, en la mayor parte de los casos, las caracteriza. Argentina, México, Uruguay (que no se analiza en este estudio) y Venezuela son los países latinoamericanos que forman parte de este grupo.

    Por su parte, el grupo 3 está definido por los rasgos de los países que constituyen el epicentro de la crisis (Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y Filipinas): fuerte depreciación de las monedas nacionales y un grado de vulnerabilidad financiera externa que sigue siendo sumamente elevado. Obviamente, ningún país latinoamericano forma parte de este grupo.

    Finalmente, el grupo 4 se caracteriza por desequilibrios macroeconómicos diversos, junto con una situación de volatilidad financiera potencial. Tres países latinoamericanos forman parte de este grupo (Brasil, Colombia y Perú).

    De todas formas, en un contexto de crisis y gran volatilidad, la tipología resultante no es estable y, por lo tanto, no ofrece elementos que permitan evaluar las trayectorias previsibles. En efecto, la "fotografía" que ella reproduce restituye de manera bastante acertada la coyuntura actual3 pero sólo refleja de manera parcial la trayectoria reciente de los países considerados. Esto se verifica plenamente cuando se focaliza la atención sobre el problema crucial, en el marco de una crisis de confianza, del estado de los sistemas bancarios. La mejoría relativa de los países latinoamericanos en este plano no es sólo el resultado mecánico del deterioro de la situación de los establecimientos financieros asiáticos. Ella refleja también los progresos realizados en los dos últimos años: aunque convalecientes tras las crisis de 1994-95, los sistemas bancarios latinoamericanos se caracterizan por un vasto proceso de reestructuración que se acompaña de una paulatina mejoría de sus indicadores del comportamiento económico. Un estudio realizado sobre una muestra de 159 bancos de la Argentina (79), del Brasil (66) y de México (14) con la información contenida en los balances cerrados al 31/12/1994 y al 31/12/1996 revela que los índices de solvencia mejoran significativamente (tal como lo muestra la evolución del indicador de activos disponibles/total de los depósitos (gráfico 2a)). De la misma manera, los indicadores de liquidez presentan un aumento importante (por ejemplo el indicador de activos disponibles/activos totales (gráfico 2b)). Por último, se constata una disminución relativa de los índices de rentabilidad, que refleja los costos de los ajustes y de la depuración de la cartera de préstamos dudosos (gráfico 2c). A priori, este conjunto de indicadores muestra un proceso de saneamiento de los sistemas bancarios que constituye un factor positivo desde el punto de vista de las perspectivas a corto plazo de la región.

    Por otro lado, cabe destacar que los pronósticos de crecimiento para 1998 no aparecen significativamente asociadas a ninguno de los ejes. Esto puede ser atribuido al hecho que las estimaciones actuales están todavía lejos de aprehender la magnitud del viraje inducido por la crisis de confianza que afecta a buena parte de las economías emergentes. Además, los pronósticos no integran completamente los efectos macroeconómicos de los planes de ajuste implementados en los últimos meses.

    Ver Gráfico 2

    El cuadro 1 muestra las estimaciones realizadas para los países de América Latina y de Asia. La previsión para 1998 realizada antes de la crisis de julio de 1997 estimaba un crecimiento promedio de 5% para los 7 países latinoamericanos considerados. Esta tasa reflejaba una caída de menos de un punto porcentual con respecto al crecimiento de 1997 debido fundamentalmente a ajustes macroeconómicos internos, con el objetivo de evitar un incremento en los desequilibrios externos: una baja en el crecimiento argentino (de 2 puntos), mexicano (de 1.8 puntos, debido también a la entrada de Estados Unidos en la fase de desaceleración de su ciclo de crecimiento) y del Perú (de 2.8 puntos). Estos tres países presentaron tasas de crecimiento de más del 7% en 1997.

    Las estimaciones realizadas en enero de 1998 reflejan una disminución adicional en la tasa de crecimiento de la región. Este último sería del orden del 3.5%, lo que implica que la crisis asiática costaría 1.6 puntos de crecimiento. A este resultado se llega teniendo en cuenta la instauración de un clima recesivo en Brasil (0% de crecimiento), la pérdida de 1.4 puntos de la Argentina (ligada a la situación de su principal cliente, el Brasil, y a los ajustes internos necesarios para disminuir los desequilibrios financieros externos), la pérdida de 2.3 puntos de Chile (fundamentalmente por la caída en el valor - volumen y precios - de sus exportaciones al sudeste asiático) y por la pérdida de 2.1 puntos en el crecimiento venezolano (fuerte caída de los ingresos petroleros).

    En lo que respecta a los países asiáticos, los pronósticos actuales muestran una caída de más de 4 puntos con respecto al crecimiento estimado antes de la crisis, para situarse en casi 3 % de aumento del producto para 1998. Sin embargo, como ya se señaló, es posible que estas estimaciones sean revisadas a la baja (principalmente en los casos de Corea y de Indonesia). Une evolución de este tipo no dejaría de afectar las perspectivas de crecimiento de América Latina, particularmente en el caso de los países más ligados desde el punto de vista comercial a la región asiática.

    Ver Cuadro 1 y Cuadro 2

    III. Comercio exterior: perspectivas poco favorables

    Aunque la dependencia comercial global de América Latina con respecto a los países asiáticos es relativamente baja (alrededor del 10% de las exportaciones totales tienen ese destino), ciertos países de la región presentan un nivel importante de comercio con Asia (cuadro 2).

    En efecto, un porcentaje significativo de las exportaciones totales de Chile, Perú y en menor medida Brasil y Argentina se dirigen a los países asiáticos. Aunque todos ellos se verán afectados por la fuerte caída del crecimiento asiático, en los casos de Perú y sobre todo Chile, el comercio constituye uno de los principales canales de transmisión de la crisis.

    Es interesante notar que en los primeros ocho meses de 1997 las exportaciones latinoamericanas hacia Asia se aceleraron significativamente (Gráfico 3). Probablemente, esto refleja el hecho que los importadores asiáticos, anticipando las devaluaciones, adelantaron sus compras externas. La fuerte caída de las importaciones asiáticas del mes de septiembre confirma esta hipótesis.

    Ver Gráfico 3 y Gráfico 4

    Este fenómeno se observa claramente en el caso de Chile. Mientras que en el mes de agosto de 1997 más del 40% de las exportaciones se dirigieron hacia el mercado asiático, en septiembre esta proporción cayó al 34% (Grafico 4). El adelanto de compras preanuncia una caída aún más fuerte de las importaciones de la región asiática, superior a la inducida por la disminución del crecimiento.

    A esto se agrega la caída en los precios de las materias primas, que, como es sabido, constituyen aún un rubro importante de las exportaciones latinoamericanas.

    Como se observa en el gráfico 5, en julio de 1996 se inicia una fase de descenso de los precios de los productos de base, que sucede a una etapa de alza que se prolongó durante cuatro años. Esta tendencia se ve acentuada por la crisis asiática.

    En efecto, como se observa en el cuadro 3, la caída acumulada del índice general de los productos básicos en enero de 1998 (con respecto al mismo mes de 1997) es de 6%, mientras que la baja entre julio de 1997 y enero de 1998 es de 7%. Esta tendencia a la baja se expresa de modo diferente según los productos considerados. La caída en los precios de los granos es aún poco significativa. En el caso del café la fuerte caída experimentada en el segundo semestre de 1997 no compensa el boom registrado durante el primer semestre de este año (Cuadro 3 y Gráfico 6).

    Ver Cuadro 3

    En realidad, los dos productos más afectados son el cobre y el petróleo. En el caso de este último, la fase de baja que se inicia a comienzos de 1997 y se acentúa a finales de ese año (cuadro 3 y gráfico 6) responde a múltiples factores: en un contexto de sobreoferta y de alto nivel de los stocks de los Estados Unidos, la decisión adoptada en noviembre por la OPEP de aumentar en 10 % la producción a partir de enero 1998 y la posibilidad de que las Naciones Unidas autoricen el incremento de las exportaciones de Irak, deprimieron el mercado. La incertidumbre existente en lo que respecta a las repercusiones de la crisis asiática sobre la economía mundial constituye un factor agravante de esta tendencia. Como es obvio el debilitamiento del mercado petrolero afectará a los principales exportadores de la región (Venezuela, México, Ecuador, Colombia y Argentina).

    Ver Gráfico 5

    En el caso del cobre, en cambio, la caída de los precios parece estar mucho más ligada a la crisis asiática. En efecto, la baja comienza en julio de 1997 y es, en términos acumulativos, de más del 40 % desde esa fecha hasta enero de 1998 (Cuadro 3 y Gráfico 6). Esto afecta particularmente a Chile: el mercado asiático absorbió cerca del 53 % de sus exportaciones totales de cobre en 1997.

    Ver Gráfico 6

    IV. Interrogantes sobre el financiamiento exterior

    A las perspectivas poco favorables que se vislumbran en el plano comercial, se agrega la incertidumbre que pesa sobre el financiamiento externo de América Latina en 1998.

    La región ha disminuido significativamente su dependencia respecto de los flujos financieros más volátiles. Sobre poco más de 73 000 millones de dólares de entradas netas de capitales, los flujos de inversión extranjera directa neta representaron 44 000 millones de dólares en 1997; a diferencia de la situación que prevalecía en 1991-1994, los capitales de corto plazo solo representaron una pequeña fracción de los flujos financieros netos recibidos por la región4.

    Pese a ello, de mantenerse la disminución de las inversiones de portafolio hacia los países emergentes constatada en los últimos meses de 1997 -una de las manifestaciones del fenómeno de "la búsqueda de la calidad" ya mencionando-, se reducirá el financiamiento exterior disponible para la región. Esto puede coincidir con una cierta disminución de la inversión directa, si se confirma que ciertos grupos japoneses y coreanos han decidido postergar sus inversiones previstas para 1998.

    Ver Gráfico 7

    Más importante aún es la dificultad de acceso al mercado internacional de euro-obligaciones: en 1997 los países latinoamericanos realizaron emisiones brutas en este mercado por un monto de 53 000 millones de dólares5. La crisis asiática se ha traducido en la postergación de varias emisiones previstas por los países de la región a fines de 1997 y, sobre todo, en el incremento de los spreads. Como se observa en el gráfico 7, que presenta las primas de riesgo de un centenar de títulos soberanos emergentes de vencimiento a 3-6 años, la crisis asiática ha inducido un aumento del promedio general de 165 puntos de base por encima de la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense (de riesgo nulo). Como era de esperar, los aumentos más espectaculares corresponden a las obligaciones de Tailandia, Corea del Sur y, sobre todo, Indonesia. Aunque el nivel de spread pre-crisis de este país era sumamente bajo, el aumento producido en los últimos meses muestra la percepción, por parte de los mercados, de un riesgo de suspensión de pagos.

    Los países latinoamericanos han sufrido aumentos de los spreads que se escalonan entre 105 y 204 puntos de base6. Los más afectados son México (alza apenas inferior al promedio general) y sobre todo, Argentina y Brasil. Para estos países, que deberán hacer frente a importantes amortizaciones de deuda externa en el año 1998, la reapertura del mercado de euro-obligaciones es indispensable para evitar una crisis de liquidez. A su vez, el retorno a una situación más normal en términos de volumen de emisión permitirá precisar el impacto de la crisis asiática a nivel del costo de refinanciamiento.

    Por supuesto, en la medida en que las condiciones en materia de liquidez y de tasas de interés internacionales sigan siendo favorables, no se puede excluir que la reapertura del mercado de euro-obligaciones se acompañe de una disminución progresiva de los spreads, como se observa en las recientes emisiones realizadas por algunos países latinoamericanos (Brasil y Colombia). Pero esto supone que las principales fuentes de inestablidad en Asia desaparezcan y que no surjan nuevos factores de crisis.

    V. Conclusión

    La consideración simultánea de las fuentes de vulnerabilidad interna y de los canales directos de transmisión internacional de la crisis asiática examinados en este trabajo permite evaluar de manera más precisa el impacto del contexto actual sobre cada uno de los países latinoamericanos considerados.

    Así, la síntesis presentada en el cuadro 4 sugiere, a pesar de la diversidad de situaciones nacionales, la existencia de dos grupos de países. Por un lado, Argentina, Brasil y Perú aparecen como los países potencialmente más afectados. Los dos primeros se ven fragilizados por la magnitud de sus necesidades de (re)financiamiento, mientras que el tercero es sobre todo afectado por su inserción comercial externa. Además, la posición de Brasil se ve deteriorada por la fragilidad global resultante de los desequilibrios macroeconómicos que el plan lanzado el 10 de noviembre de 1997 intenta corregir.

    Por otro lado, Colombia, Chile, México y Venezuela muestran, en principio, un menor grado de vulnerabilidad. Colombia, Chile y Venezuela se ven principalmente afectados por la caída de los precios de las materias primas, en tanto que las fragilidades de México no aparecen excesivamente concentradas en un solo factor. Cabe finalmente señalar que la posición de Chile se ve afectada por sus vínculos comerciales con Asia. Sin embargo, su alta sensibilidad respecto de los factores comerciales es en parte compensada por la solidez de su situación financiera global y por la elevada credibilidad que suscita el manejo de la política económica de ese país.

    Ver Cuadro 4

    Por último conviene hacer dos observaciones de singular importancia. En primer lugar, como ya se indicó, un cierto número de efectos indirectos de difícil medición no han sido considerados, a pesar de que podrían ejercer una influencia decisiva en una crisis de gran amplitud como la actual. Además del ya señalado "efecto competitividad ", en una economía globalizada la existencia de un riesgo financiero sistémico en los países desarrollados (v. gr. problemas bancarios en cadena suscitados por las fragilidades de las instituciones más expuestas en Asia) puede engendrar un proceso de iliquidez mundial. Asimismo, una desaceleración aún más pronunciada que la prevista en el crecimiento de los países de la OCDE implicaría, entre otras cosas, una menor demanda de materias primas (con su consecuente presión hacia la baja en los precios). Por otra parte, en este trabajo no se han tomado en cuenta en forma sistemática los " efectos multiplicadores ": fragilidades suplementarias derivadas de las dificultades de países socios (caso de Argentina y Chile con respecto al Brasil, por ejemplo).

    En segundo lugar, el análisis de los efectos más directos de la crisis asiática no toma en cuenta la capacidad de reacción de los países latinoamericanos considerados. En efecto, los impactos aquí analizados no deben ser tomados como hechos totalmente ineluctables. Su repercusión en el funcionamiento de las economías de la región depende en buena medida de las políticas económicas que se adopten. De hecho, las autoridades gubernamentales han reaccionado, en la mayoría de los casos, rápidamente, introduciendo modificaciones en las políticas monetarias, fiscales y comerciales.

    Anexo

    El análisis factorial de correspondencias múltiples (ACM) es un instrumento para analizar la estructura subyacente a un gran número de variables. En efecto, este tipo de análisis permite transformar un gran número de variables (cuantitativas y/o cualitativas) en un pequeño número de variables independientes. Estas últimas, que resultan de la combinación de las variables de base en función de su grado de asociación, constituyen ejes factoriales ortogonales. Estos ejes definen los espacios en los que los países de la muestra son proyectados.

    La tipología que resulta del ACM permite agrupar, en relación a un conjunto determinado de variables, los individuos u observaciones (los países en el caso de este trabajo) más próximos y formar grupos lo más diferenciados posible. En lugar de razonar respecto de un individuo promedio (u observación promedio), la tipología permite constituir grupos de individuos (u observaciones) que tienen, cada uno de ellos, su propia lógica.

    La variancia intra-grupos debe ser lo más pequeña posible. La viariancia inter-grupos debe ser lo más grande posible. Los grupos se disocian en la nube de observaciones.

    Los 31 países emergentes retenidos en el ACM se agrupan en función de la combinación de seis grandes criterios definidos a partir de variables cuantitativas y cualitativas:

    Nivel de desarrollo aparente: PIB por habitante, en dólares de paridad de poder de compra (de 1996).

    Crecimiento: variación del PIB en 1996 y en 1997; inversión/PIB, promedio 1993-1997; variación de las exportaciones en 1997; previsión de crecimiento del PIB para 1998.

    Equilibrio macroeconómico: inflación (variación de precios al consumidor) en 1997; saldo presupuestario/PIB en 1997; credibilidad en la política económica (cuarto trimestre de 1997).

    Cuentas externas: servicios de la deuda externa/exportaciones en 1997; saldo de la balanza en cuenta corriente/PIB en 1997; variación del saldo comercial en 1997; reservas internacionales menos deuda externa a corto plazo/PIB en 1997; variación de la tasa de cambio real para el período 1996-1997.

    Estado del sistema bancario: indicador de solvencia del sistema bancario (cuarto trimestre de 1997).

    Riesgo político: indicador de estabilidad política aparente (cuarto trimestre de 1997).

    Las fuentes de las variables cuantitativas son: Datastream, Banco Mundial, EIU y fuentes nacionales.

    Las variables cualitativas (credibilidad en la política económica, indicador de solvencia del sistema bancario e indicador de estabilidad política aparente) son medidas a partir de una escala de 0 (credibilidad y estabilidad elevada y mínimo riesgo) a 100 (credibilidad y estabilidad nula y máximo riesgo). Esta escala ha sido tomada de DRI-Standard & Poor's (Global Risk Service), agencia de clasificación de riesgo.


    Notas

    1. El Fondo Monetario Internacional ha revisado sus pronósticos de crecimiento mundial para 1998: de 4.5 % antes de la crisis asiática, ha pasado a 3.5 % a fines de diciembre de 1997.

    2. Estos son: Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Perú y Venezuela.

    3. La calidad del análisis factorial (que, como ya se indicó, considera los criterios de base utilizados por los analistas financieros internacionales) puede ser medida correlacionando las posiciones relativas de los países en el espacio factorial con las primas de riesgo del mercado de euro-obligaciones soberanas. El resultado es que más del 70 % del nivel de éstas es explicado por las coordenadas factoriales.

    4. CEPAL, Balance preliminar de la economía de América Latina y el Caribe 1997, Naciones Unidas, Santiago de Chile, diciembre 1997.

    5. CEPAL, op. cit.

    6. En el gráfico 7 se ha incluído la totalidad de las emisiones de euro-obligaciones del conjunto de economías emergentes. Chile y Perú están ausentes debido a que no emiten obigaciones soberanas en los mercados internacionales.

 

 


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