Globalización
y relaciones externas
de América Latina y el Caribe
Edición Nº 53.
Enero-Junio 1998.
|
Impacto de
la crisis
asiática en América Latina |
|
Secretaría
Permanente del SELA. |
Presentación
Más allá de las
repercusiones de corto plazo, el impacto de la crisis financiera que se desató en
Tailandia el pasado mes de julio aún no ha sido plenamente percibido, ni a nivel de la
economía global, ni en lo que respecta a los países de América Latina y el Caribe. Pero
ya está claro que habrá importantes repercusiones de mediano y largo plazo, que
incidirán sobre el comportamiento macroeconómico de muchos países, y sobre sus
relaciones comerciales y financieras externas. En los últimos meses, todos los
pronósticos de crecimiento mundial y regional han sido revisados, tratando de visualizar
y evaluar el costo de una crisis cuyos efectos indirectos y diferidos en un plazo
relativamente largo son al menos tan importantes como los costos inmediatos que se han
venido concretando recientemente.
El presente estudio aspira a
presentar los elementos que determinan el impacto de corto y largo plazo de la crisis
asiática sobre algunas economías de América Latina y el Caribe, con base en la
proyección de indicadores estadísticos básicos relativos a las corrientes de comercio y
financiamiento internacional y las configuraciones de riesgo en los mercados de capital.
Las informaciones han sido actualizadas en función de los datos disponibles al mes de
enero de 1998. La difusión de este estudio fue diferida debido al incendio que destruyó
la sede de la Secretaría Permanente el pasado mes de febrero.
La Secretaría Permanente del
SELA agradece la colaboración de los Doctores Egidio Luis Miotti y Carlos Quenan,
Profesores en la Universidad de Paris 13 y en la Universidad de Reims, respectivamente,
quienes elaboraron este documento a solicitud de la Secretaría Permanente.
I.
Introducción
Aunque las
principales plazas bursátiles latinoamericanas sufrieron los efectos de la tempestad
financiera desatada por la depreciación del bath tailandés en julio pasado, la crisis
asiática no afectó sensiblemente la situación macroeconómica de América Latina en
1997. En efecto, con una tasa de crecimiento de aproximadamente 5,5%, la región registró
el año pasado su mejor desempeño macroeconómico del último cuarto de siglo.
Sin embargo, la prolongación y
la profundización de la crisis asiática van a hacer sentir sus efectos en 1998. Los
canales de transmisión de la crisis hacia América Latina son múltiples. Al impacto
comercial directo resultante de la disminución de la demanda asiática se agregan los
efectos indirectos inducidos por la desaceleración del crecimiento de la economía
mundial1, por ejemplo la caída de los precios de los
productos básicos. A esto se suma, en el plano comercial, un efecto
"competitividad" resultante del debilitamiento de las monedas más afectadas por
la crisis: en numerosos mercados la producción latinoamericana se verá en dificultades
para competir con los productos provenientes de Asia. Por otra parte, la persistencia de
un clima de desconfianza respecto de los "mercados emergentes" amenaza con
mantener o acentuar el fenómeno de la "búsqueda de la calidad" ("flight
to quality") y el encarecimiento del financiamiento externo, perceptibles desde
octubre pasado.
El objetivo de este trabajo es
evaluar el impacto de la crisis asiática en América Latina en 1998. Para ello, el
análisis se concentra en los efectos comerciales y financieros más directos para siete
países de la región2. En la sección 1 se presenta
la posición relativa de estos países en las configuraciones de riesgo financiero, tal
como éste es percibido habitualmente por los analistas internacionales. En la sección 2
se pone de relieve el grado de dependencia comercial de América Latina respecto de los
mercados asiáticos, así como su vulnerabilidad frente a la caída de los precios de las
materias primas. En la sección 3 se examinan las condiciones de financiamiento externo de
la región para el año 1998. Por último, en la sección 4 se presentan las conclusiones
de este estudio.
II.
Configuraciones de riesgo:
la posición de los países latinoamericanos
Como ya se indicó,
la crisis asiática ha generado una creciente desconfianza respecto de las economías
emergentes. Así, las perspectivas de éstas en 1998 estarán en gran medida determinadas
por las percepciones de los inversores y analistas internacionales. Estos evalúan las
economías emergentes a la luz de una serie de criterios: nivel de desarrollo, potencial
de crecimiento, situación en materia de equilibrios macroeconómicos interno y externo,
riesgo político y credibilidad de la política económica, estado del sistema bancario.
Con el fin de poner en
evidencia las configuraciones de riesgo tal como pueden ser percibidas en la actualidad,
es decir a comienzos de 1998, hemos procedido a un análisis de correspondencias
múltiples a partir de las variables generalmente utilizadas para cuantificar los
criterios señalados más arriba (ver anexo). Los resultados obtenidos se presentan en el
gráfico 1.
Como era de prever, la
tipología resultante da cuenta de la crisis que afecta a las economías asiáticas y de
sus principales consecuencias. Esto se advierte en la configuración de los ejes.
Ver Gráfico
1
El eje horizontal resume las
variables asociadas al desempeño macroeconómico interno (crecimiento en el período
96-97, inflación y situación de las finanzas públicas principalmente), a las que se
suman las variables más cualitativas que dan cuenta de la percepción del riesgo
político y de la credibilidad de la política económica, así como el estado de los
sistemas bancarios. Este eje separa los países que gozan de una muy buena reputación en
los mercados internacionales -apoyada en la solidez de sus bases macroeconómicas-, es
decir el grupo 1, del resto.
El eje vertical distingue las
economías en función de su evolución reciente a nivel de las tasas de cambio (fuerte
depreciación real o, al contrario, relativa estabilidad cambiaria) y de su grado de
vulnerabilidad financiera externa, expresado por la importancia de su déficit corriente y
por la solidez de su posición externa (relación entre las reservas internacionales y la
deuda externa de corto plazo).
En la medida en que las
turbulencias desatadas por la crisis asiática no se han apaciguado, parece lógico que un
factor de discriminación importante esté dado por la credibilidad financiera externa.
Así, como ya se señaló, el grupo 1 está constituido por los países menos amenazados
por la crisis. Si la pertenencia de Taiwán a este agrupamiento (menos afectado por los
problemas de sus vecinos), de Hong Kong (que resistió exitosamente al ataque especulativo
de fines de octubre) y de Chile (único país latinoamericano del grupo) parece lógica,
el caso de Malasia puede llamar la atención. Sin embargo, su presencia en este grupo
refleja una credibilidad financiera superior a la de los países asiáticos más afectados
por la crisis que es consistente, como se verá más adelante, con el débil incremento
sufrido por los spreads de sus euro-obligaciones.
Aunque muy heterogéneo, el
grupo 2 está conformado por economías relativamente sólidas pero que son vulnerables
debido a su elevado endeudamiento externo y al desequilibrio comercial externo potencial
que, en la mayor parte de los casos, las caracteriza. Argentina, México, Uruguay (que no
se analiza en este estudio) y Venezuela son los países latinoamericanos que forman parte
de este grupo.
Por su parte, el grupo 3 está
definido por los rasgos de los países que constituyen el epicentro de la crisis
(Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y Filipinas): fuerte depreciación de las monedas
nacionales y un grado de vulnerabilidad financiera externa que sigue siendo sumamente
elevado. Obviamente, ningún país latinoamericano forma parte de este grupo.
Finalmente, el grupo 4 se
caracteriza por desequilibrios macroeconómicos diversos, junto con una situación de
volatilidad financiera potencial. Tres países latinoamericanos forman parte de este grupo
(Brasil, Colombia y Perú).
De todas formas, en un contexto
de crisis y gran volatilidad, la tipología resultante no es estable y, por lo tanto, no
ofrece elementos que permitan evaluar las trayectorias previsibles. En efecto, la
"fotografía" que ella reproduce restituye de manera bastante acertada la
coyuntura actual3 pero sólo refleja de manera parcial
la trayectoria reciente de los países considerados. Esto se verifica plenamente cuando se
focaliza la atención sobre el problema crucial, en el marco de una crisis de confianza,
del estado de los sistemas bancarios. La mejoría relativa de los países latinoamericanos
en este plano no es sólo el resultado mecánico del deterioro de la situación de los
establecimientos financieros asiáticos. Ella refleja también los progresos realizados en
los dos últimos años: aunque convalecientes tras las crisis de 1994-95, los sistemas
bancarios latinoamericanos se caracterizan por un vasto proceso de reestructuración que
se acompaña de una paulatina mejoría de sus indicadores del comportamiento económico.
Un estudio realizado sobre una muestra de 159 bancos de la Argentina (79), del Brasil (66)
y de México (14) con la información contenida en los balances cerrados al 31/12/1994 y
al 31/12/1996 revela que los índices de solvencia mejoran significativamente (tal como lo
muestra la evolución del indicador de activos disponibles/total de los depósitos
(gráfico 2a)). De la misma manera, los indicadores de liquidez presentan un aumento
importante (por ejemplo el indicador de activos disponibles/activos totales (gráfico
2b)). Por último, se constata una disminución relativa de los índices de rentabilidad,
que refleja los costos de los ajustes y de la depuración de la cartera de préstamos
dudosos (gráfico 2c). A priori, este conjunto de indicadores muestra un proceso de
saneamiento de los sistemas bancarios que constituye un factor positivo desde el punto de
vista de las perspectivas a corto plazo de la región.
Por otro lado, cabe destacar
que los pronósticos de crecimiento para 1998 no aparecen significativamente asociadas a
ninguno de los ejes. Esto puede ser atribuido al hecho que las estimaciones actuales
están todavía lejos de aprehender la magnitud del viraje inducido por la crisis de
confianza que afecta a buena parte de las economías emergentes. Además, los pronósticos
no integran completamente los efectos macroeconómicos de los planes de ajuste
implementados en los últimos meses.
Ver Gráfico
2
El cuadro 1 muestra las
estimaciones realizadas para los países de América Latina y de Asia. La previsión para
1998 realizada antes de la crisis de julio de 1997 estimaba un crecimiento promedio de 5%
para los 7 países latinoamericanos considerados. Esta tasa reflejaba una caída de menos
de un punto porcentual con respecto al crecimiento de 1997 debido fundamentalmente a
ajustes macroeconómicos internos, con el objetivo de evitar un incremento en los
desequilibrios externos: una baja en el crecimiento argentino (de 2 puntos), mexicano (de
1.8 puntos, debido también a la entrada de Estados Unidos en la fase de desaceleración
de su ciclo de crecimiento) y del Perú (de 2.8 puntos). Estos tres países presentaron
tasas de crecimiento de más del 7% en 1997.
Las estimaciones realizadas en
enero de 1998 reflejan una disminución adicional en la tasa de crecimiento de la región.
Este último sería del orden del 3.5%, lo que implica que la crisis asiática costaría
1.6 puntos de crecimiento. A este resultado se llega teniendo en cuenta la instauración
de un clima recesivo en Brasil (0% de crecimiento), la pérdida de 1.4 puntos de la
Argentina (ligada a la situación de su principal cliente, el Brasil, y a los ajustes
internos necesarios para disminuir los desequilibrios financieros externos), la pérdida
de 2.3 puntos de Chile (fundamentalmente por la caída en el valor - volumen y precios -
de sus exportaciones al sudeste asiático) y por la pérdida de 2.1 puntos en el
crecimiento venezolano (fuerte caída de los ingresos petroleros).
En lo que respecta a los
países asiáticos, los pronósticos actuales muestran una caída de más de 4 puntos con
respecto al crecimiento estimado antes de la crisis, para situarse en casi 3 % de aumento
del producto para 1998. Sin embargo, como ya se señaló, es posible que estas
estimaciones sean revisadas a la baja (principalmente en los casos de Corea y de
Indonesia). Une evolución de este tipo no dejaría de afectar las perspectivas de
crecimiento de América Latina, particularmente en el caso de los países más ligados
desde el punto de vista comercial a la región asiática.
Ver Cuadro
1 y Cuadro 2
III.
Comercio exterior: perspectivas poco favorables
Aunque la
dependencia comercial global de América Latina con respecto a los países asiáticos es
relativamente baja (alrededor del 10% de las exportaciones totales tienen ese destino),
ciertos países de la región presentan un nivel importante de comercio con Asia (cuadro
2).
En efecto, un porcentaje
significativo de las exportaciones totales de Chile, Perú y en menor medida Brasil y
Argentina se dirigen a los países asiáticos. Aunque todos ellos se verán afectados por
la fuerte caída del crecimiento asiático, en los casos de Perú y sobre todo Chile, el
comercio constituye uno de los principales canales de transmisión de la crisis.
Es interesante notar que en los
primeros ocho meses de 1997 las exportaciones latinoamericanas hacia Asia se aceleraron
significativamente (Gráfico 3). Probablemente, esto refleja el hecho que los importadores
asiáticos, anticipando las devaluaciones, adelantaron sus compras externas. La fuerte
caída de las importaciones asiáticas del mes de septiembre confirma esta hipótesis.
Ver Gráfico
3 y Gráfico 4
Este fenómeno se observa
claramente en el caso de Chile. Mientras que en el mes de agosto de 1997 más del 40% de
las exportaciones se dirigieron hacia el mercado asiático, en septiembre esta proporción
cayó al 34% (Grafico 4). El adelanto de compras preanuncia una caída aún más fuerte de
las importaciones de la región asiática, superior a la inducida por la disminución del
crecimiento.
A esto se agrega la caída en
los precios de las materias primas, que, como es sabido, constituyen aún un rubro
importante de las exportaciones latinoamericanas.
Como se observa en el gráfico
5, en julio de 1996 se inicia una fase de descenso de los precios de los productos de
base, que sucede a una etapa de alza que se prolongó durante cuatro años. Esta tendencia
se ve acentuada por la crisis asiática.
En efecto, como se observa en
el cuadro 3, la caída acumulada del índice general de los productos básicos en enero de
1998 (con respecto al mismo mes de 1997) es de 6%, mientras que la baja entre julio de
1997 y enero de 1998 es de 7%. Esta tendencia a la baja se expresa de modo diferente
según los productos considerados. La caída en los precios de los granos es aún poco
significativa. En el caso del café la fuerte caída experimentada en el segundo semestre
de 1997 no compensa el boom registrado durante el primer semestre de este año (Cuadro 3 y
Gráfico 6).
Ver Cuadro
3
En realidad, los dos productos
más afectados son el cobre y el petróleo. En el caso de este último, la fase de baja
que se inicia a comienzos de 1997 y se acentúa a finales de ese año (cuadro 3 y gráfico
6) responde a múltiples factores: en un contexto de sobreoferta y de alto nivel de los
stocks de los Estados Unidos, la decisión adoptada en noviembre por la OPEP de aumentar
en 10 % la producción a partir de enero 1998 y la posibilidad de que las Naciones
Unidas autoricen el incremento de las exportaciones de Irak, deprimieron el mercado. La
incertidumbre existente en lo que respecta a las repercusiones de la crisis asiática
sobre la economía mundial constituye un factor agravante de esta tendencia. Como es obvio
el debilitamiento del mercado petrolero afectará a los principales exportadores de la
región (Venezuela, México, Ecuador, Colombia y Argentina).
Ver Gráfico
5
En el caso del cobre, en
cambio, la caída de los precios parece estar mucho más ligada a la crisis asiática. En
efecto, la baja comienza en julio de 1997 y es, en términos acumulativos, de más del
40 % desde esa fecha hasta enero de 1998 (Cuadro 3 y Gráfico 6). Esto afecta
particularmente a Chile: el mercado asiático absorbió cerca del 53 % de sus
exportaciones totales de cobre en 1997.
Ver Gráfico
6
IV.
Interrogantes sobre el financiamiento exterior
A las perspectivas
poco favorables que se vislumbran en el plano comercial, se agrega la incertidumbre que
pesa sobre el financiamiento externo de América Latina en 1998.
La región ha disminuido
significativamente su dependencia respecto de los flujos financieros más volátiles.
Sobre poco más de 73 000 millones de dólares de entradas netas de capitales, los flujos
de inversión extranjera directa neta representaron 44 000 millones de dólares en 1997; a
diferencia de la situación que prevalecía en 1991-1994, los capitales de corto plazo
solo representaron una pequeña fracción de los flujos financieros netos recibidos por la
región4.
Pese a ello, de mantenerse la
disminución de las inversiones de portafolio hacia los países emergentes constatada en
los últimos meses de 1997 -una de las manifestaciones del fenómeno de "la búsqueda
de la calidad" ya mencionando-, se reducirá el financiamiento exterior disponible
para la región. Esto puede coincidir con una cierta disminución de la inversión
directa, si se confirma que ciertos grupos japoneses y coreanos han decidido postergar sus
inversiones previstas para 1998.
Ver Gráfico
7
Más importante aún es la
dificultad de acceso al mercado internacional de euro-obligaciones: en 1997 los países
latinoamericanos realizaron emisiones brutas en este mercado por un monto de 53 000
millones de dólares5. La crisis asiática se ha
traducido en la postergación de varias emisiones previstas por los países de la región
a fines de 1997 y, sobre todo, en el incremento de los spreads. Como se observa en
el gráfico 7, que presenta las primas de riesgo de un centenar de títulos soberanos
emergentes de vencimiento a 3-6 años, la crisis asiática ha inducido un aumento del
promedio general de 165 puntos de base por encima de la tasa de los bonos del Tesoro
estadounidense (de riesgo nulo). Como era de esperar, los aumentos más espectaculares
corresponden a las obligaciones de Tailandia, Corea del Sur y, sobre todo, Indonesia.
Aunque el nivel de spread pre-crisis de este país era sumamente bajo, el aumento
producido en los últimos meses muestra la percepción, por parte de los mercados, de un
riesgo de suspensión de pagos.
Los países latinoamericanos
han sufrido aumentos de los spreads que se escalonan entre 105 y 204 puntos de base6. Los más afectados son México (alza apenas inferior
al promedio general) y sobre todo, Argentina y Brasil. Para estos países, que deberán
hacer frente a importantes amortizaciones de deuda externa en el año 1998, la reapertura
del mercado de euro-obligaciones es indispensable para evitar una crisis de liquidez. A su
vez, el retorno a una situación más normal en términos de volumen de emisión
permitirá precisar el impacto de la crisis asiática a nivel del costo de
refinanciamiento.
Por supuesto, en la medida en
que las condiciones en materia de liquidez y de tasas de interés internacionales sigan
siendo favorables, no se puede excluir que la reapertura del mercado de euro-obligaciones
se acompañe de una disminución progresiva de los spreads, como se observa en las
recientes emisiones realizadas por algunos países latinoamericanos (Brasil y Colombia).
Pero esto supone que las principales fuentes de inestablidad en Asia desaparezcan y que no
surjan nuevos factores de crisis.
V.
Conclusión
La consideración
simultánea de las fuentes de vulnerabilidad interna y de los canales directos de
transmisión internacional de la crisis asiática examinados en este trabajo permite
evaluar de manera más precisa el impacto del contexto actual sobre cada uno de los
países latinoamericanos considerados.
Así, la síntesis presentada
en el cuadro 4 sugiere, a pesar de la diversidad de situaciones nacionales, la existencia
de dos grupos de países. Por un lado, Argentina, Brasil y Perú aparecen como los países
potencialmente más afectados. Los dos primeros se ven fragilizados por la magnitud de sus
necesidades de (re)financiamiento, mientras que el tercero es sobre todo afectado por su
inserción comercial externa. Además, la posición de Brasil se ve deteriorada por la
fragilidad global resultante de los desequilibrios macroeconómicos que el plan lanzado el
10 de noviembre de 1997 intenta corregir.
Por otro lado, Colombia, Chile,
México y Venezuela muestran, en principio, un menor grado de vulnerabilidad. Colombia,
Chile y Venezuela se ven principalmente afectados por la caída de los precios de las
materias primas, en tanto que las fragilidades de México no aparecen excesivamente
concentradas en un solo factor. Cabe finalmente señalar que la posición de Chile se ve
afectada por sus vínculos comerciales con Asia. Sin embargo, su alta sensibilidad
respecto de los factores comerciales es en parte compensada por la solidez de su
situación financiera global y por la elevada credibilidad que suscita el manejo de la
política económica de ese país.
Ver Cuadro
4
Por último conviene hacer dos
observaciones de singular importancia. En primer lugar, como ya se indicó, un cierto
número de efectos indirectos de difícil medición no han sido considerados, a pesar de
que podrían ejercer una influencia decisiva en una crisis de gran amplitud como la
actual. Además del ya señalado "efecto competitividad ", en una economía
globalizada la existencia de un riesgo financiero sistémico en los países desarrollados
(v. gr. problemas bancarios en cadena suscitados por las fragilidades de las instituciones
más expuestas en Asia) puede engendrar un proceso de iliquidez mundial. Asimismo, una
desaceleración aún más pronunciada que la prevista en el crecimiento de los países de
la OCDE implicaría, entre otras cosas, una menor demanda de materias primas (con su
consecuente presión hacia la baja en los precios). Por otra parte, en este trabajo no se
han tomado en cuenta en forma sistemática los " efectos
multiplicadores ": fragilidades suplementarias derivadas de las dificultades de
países socios (caso de Argentina y Chile con respecto al Brasil, por ejemplo).
En segundo lugar, el análisis
de los efectos más directos de la crisis asiática no toma en cuenta la capacidad de
reacción de los países latinoamericanos considerados. En efecto, los impactos aquí
analizados no deben ser tomados como hechos totalmente ineluctables. Su repercusión en el
funcionamiento de las economías de la región depende en buena medida de las políticas
económicas que se adopten. De hecho, las autoridades gubernamentales han reaccionado, en
la mayoría de los casos, rápidamente, introduciendo modificaciones en las políticas
monetarias, fiscales y comerciales.
Anexo
El análisis
factorial de correspondencias múltiples (ACM) es un instrumento para analizar la
estructura subyacente a un gran número de variables. En efecto, este tipo de análisis
permite transformar un gran número de variables (cuantitativas y/o cualitativas) en un
pequeño número de variables independientes. Estas últimas, que resultan de la
combinación de las variables de base en función de su grado de asociación, constituyen
ejes factoriales ortogonales. Estos ejes definen los espacios en los que los países de la
muestra son proyectados.
La tipología que resulta del ACM permite agrupar, en
relación a un conjunto determinado de variables, los individuos u observaciones (los
países en el caso de este trabajo) más próximos y formar grupos lo más diferenciados
posible. En lugar de razonar respecto de un individuo promedio (u observación promedio),
la tipología permite constituir grupos de individuos (u observaciones) que tienen, cada
uno de ellos, su propia lógica.
La variancia intra-grupos debe ser lo más pequeña
posible. La viariancia inter-grupos debe ser lo más grande posible. Los grupos se
disocian en la nube de observaciones.
Los 31 países emergentes retenidos en el ACM se agrupan en
función de la combinación de seis grandes criterios definidos a partir de variables
cuantitativas y cualitativas:
Nivel de desarrollo aparente: PIB por habitante, en
dólares de paridad de poder de compra (de 1996).
Crecimiento: variación del PIB
en 1996 y en 1997; inversión/PIB, promedio 1993-1997; variación de las exportaciones en
1997; previsión de crecimiento del PIB para 1998.
Equilibrio macroeconómico:
inflación (variación de precios al consumidor) en 1997; saldo presupuestario/PIB en
1997; credibilidad en la política económica (cuarto trimestre de 1997).
Cuentas externas: servicios de
la deuda externa/exportaciones en 1997; saldo de la balanza en cuenta corriente/PIB en
1997; variación del saldo comercial en 1997; reservas internacionales menos deuda externa
a corto plazo/PIB en 1997; variación de la tasa de cambio real para el período
1996-1997.
Estado del sistema bancario:
indicador de solvencia del sistema bancario (cuarto trimestre de 1997).
Riesgo político: indicador de
estabilidad política aparente (cuarto trimestre de 1997).
Las fuentes de las variables
cuantitativas son: Datastream, Banco Mundial, EIU y fuentes nacionales.
Las variables cualitativas
(credibilidad en la política económica, indicador de solvencia del sistema bancario e
indicador de estabilidad política aparente) son medidas a partir de una escala de 0
(credibilidad y estabilidad elevada y mínimo riesgo) a 100 (credibilidad y estabilidad
nula y máximo riesgo). Esta escala ha sido tomada de DRI-Standard & Poor's (Global
Risk Service), agencia de clasificación de riesgo.
Notas
1. El Fondo
Monetario Internacional ha revisado sus pronósticos de crecimiento mundial para 1998: de
4.5 % antes de la crisis asiática, ha pasado a 3.5 % a fines de diciembre de 1997.
2. Estos son: Argentina, Brasil, Colombia, Chile,
México, Perú y Venezuela.
3. La calidad del análisis factorial (que, como ya
se indicó, considera los criterios de base utilizados por los analistas financieros
internacionales) puede ser medida correlacionando las posiciones relativas de los países
en el espacio factorial con las primas de riesgo del mercado de euro-obligaciones
soberanas. El resultado es que más del 70 % del nivel de éstas es explicado por las
coordenadas factoriales.
4. CEPAL, Balance preliminar de la economía de
América Latina y el Caribe 1997, Naciones Unidas, Santiago de Chile, diciembre 1997.
5. CEPAL, op. cit.
6. En el gráfico 7
se ha incluído la totalidad de las emisiones de euro-obligaciones del conjunto de
economías emergentes. Chile y Perú están ausentes debido a que no emiten obigaciones
soberanas en los mercados internacionales.