"Crecimiento y empleo"
Edición Nº 52
Octubre - Diciembre 1997 |
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Empleo y políticas activas de
mercado de trabajo en México
Roberto Flores Lima
Director General de Empleo de la Secretaría del Trabajo
y Previsión Social de México.
I. Tendencias actuales del empleo
La situación del empleo en
México, como en muchos países latinoamericanos, se ha caracterizado por una tendencia
procíclica del desempleo abierto, junto con un problema estructural de subocupación, en
el marco de un acelerado proceso de globalización y apertura comercial. En la primera
mitad de los años noventa el comportamiento de la actividad económica en México,
parecía revertir las tendencias contraccionistas de la década pasada. Sin embargo, en
1995, como resultado de un fuerte desajuste financiero y cambiario, las perspectivas
económicas se modificaron substancialmente. En dicho año, el producto interno bruto se
contrajo 6.32%; inclusive, en algunos sectores intensivos en mano de obra, como el de la
construcción y comercial, la reducción de la producción fue mayor (24 y 16%,
respectivamente). Como resultado de las políticas de estabilización económica, en 1996
se logró revertir esta tendencia alcanzándose un crecimiento de 5.1%, y en los primeros
seis meses de 1997 aumentó 7%, respecto al mismo período de 1996.
Paralelamente, la oferta de
mano de obra ha seguido creciendo tanto por el dinamismo demográfico como por el
incremento en la participación relativa de la población en edad de trabajar,
especialmente de las mujeres1. En la primera mitad de
la década actual, la población económicamente activa (PEA) se incrementó a un ritmo
anual promedio de 3.2%, en 1996 alcanzó la cifra de 36.6 millones de personas. De este
total, 67% estaba compuesto por hombres y 33% por mujeres.
La contracción de la actividad
económica no sólo limitó la creación de los nuevos empleos necesarios para absorber a
la creciente oferta laboral, sino que también se reflejó en la pérdida de un número
importante de puestos de trabajo en el sector formal de la economía2.
Como resultado de ello, los niveles de desocupación se elevaron en forma acentuada. El
desempleo abierto es un fenómeno principalmente urbano y en los períodos de crisis dicho
carácter se refuerza. En el segundo trimestre de 1995, la tasa de desocupación en las
áreas más urbanizadas del país fue de 6.7%, lo que contrasta con el 3.0% observado en
las áreas menos urbanizadas. En dicho año, el desempleo urbano aumentó 2.5 puntos
porcentuales, alcanzó su mayor nivel en el tercer trimestre (7.4%)3.
Vinculado a lo anterior, el tiempo de búsqueda de empleo se incrementó de 7.6 a 13.2
semanas en promedio. Durante la crisis, las mayores tasas de desempleo se registraron
entre los jóvenes y las mujeres4.
A pesar de la preocupación que
inspira el desempleo, el principal problema de empleo en México es la subocupación, lo
que se relaciona directamente con la pobreza de una parte importante de la población. En
los períodos de crecimiento económico se han logrado incrementos significativos del
empleo asalariado, aunque insuficientes con respecto a la dinámica demográfica, el
aumento en las tasas de participación, la migración rural-urbana y la sustitución de
empleos en actividades tecnológicamente rezagadas que han requerido reconvertirse.
Asimismo, los perfiles de calificación de la población no necesariamente han
correspondido a los requerimientos del aparato productivo en algunos sectores y regiones
determinadas. En los períodos de contracción económica como el reciente, esta
situación se acentúa. Ante la falta de empleos, el desocupado prefiere subemplearse en
ocupaciones precarias en términos de las condiciones de su jornada laboral, ingresos y
aprovechamiento de sus capacidades productivas; lo que realiza generalmente trabajando pro
cuenta propia en actividades comerciales o de servicios personales5.
La recuperación económica, ha
permitido aumentar el número de puestos de trabajo y la desocupación abierta ha tendido
a reducirse. Entre agosto de 1995 y agosto de 1997, el total de trabajadores permanentes
asegurados por el Instituto Mexicano del Seguro Social aumentó en cerca de un millón 335
mil y en el mes de julio de est año la tasa de desocupación urbana se ubicó en 4.1 por
ciento. El repunte de la producción se ha registrado principalmente en actividades
vinculadas a las exportaciones no petroleras, la maquila e industria de la construcción.
No obstante, se requiere consolidar el proceso actual, a fin de que una proporción cada
vez mayor de la fuerza laboral se incorpore al trabajo en ocupaciones más productivas,
mejor remuneradas y en las que se optimice el aprovechamiento de la competencia laboral de
cada trabajador.
En los próximos años, la PEA
aumentará en cerca de un millón de personas anualmente, por lo que la economía deberá
mantener un crecimiento no menor al 5% anual para poder generar los puestos de trabajo
requeridos para incorporar a esta población, e inclusive será necesario un esfuerzo
productivo mayor para reducir los márgenes de subocupación y mejorar el bienestar
social. Para consolidar la recuperación y mantenerla, recientemente el Presidente de
México ha convocado a definir e impulsar una política de estado para el crecimiento
económico; una política cuyos fundamentos y componentes principales sean respetados y
procurados por todos y con una perspectiva de largo plazo.
La brecha económica y social
entre México y los países desarrollados o de reciente industrialización ha aumentado
sensiblemente en el último cuarto de siglo. Esto se explica por diversos factores, entre
lo que destacan el bajo crecimiento económico combinado con un acelerado crecimiento
demográfico. Si bien el dinamismo poblacional ha disminuido, el logro de los objetivos de
desarrollo de nuestro país requiere, como condición sine qua non, el crecimiento
sostenido de la economía. Este crecimiento requiere, a su vez, de un esfuerzo permanente
de inversión, no sólo en acervos de capital físico sino también en capital humano.
Asimismo, es importante que las inversiones se orienten a proyectos que permitan
incrementar las capacidades productivas del país en correspondencia con las necesidades
de la población. Dado el proceso irreversible de globalización y la creciente
integración comercial de la economía mexicana con otros países industrializados y en
desarrollo, la elevación de la competitividad del aparato productivo nacional constituye
un factor estratégico fundamental para el logro de los objetivos de empleo. Esta
competitividad será resultado de los mayores niveles de productividad, calidad e
innovatividad que puedan generarse en los diferentes sectores productivos; proceso para el
cual se requiere, entre otros factores, de un mejor aprovechamiento de los recursos
humanos.
Las decisiones de inversión
privadas y públicas dependerán tanto de las expectativas de estabilidad macroeconómica,
expansión de los mercados y certidumbre jurídica, como de la disponibilidad de recursos.
En este sentido, deberá mantenerse un marco macroeconómico estable, consolidar al
sistema financiero, alentar el ahorro interno, generar recursos de largo plazo para
proyectos de maduración prolongada, además de utilizar el ahorro externo como
complemento y no sustituto de los recursos internos.
II. Políticas activas
de mercado de trabajo
En los últimos años, en
muchos países se han adoptado las llamadas políticas activas de mercado de trabajo
(PAMT) como instrumento de atención a los problemas de desempleo y subempleo. Estas
políticas buscan promover el empleo productivo, en contraste con las políticas pasivas
de seguro de desempleo u otro tipo de subvenciones a la falta de empleo; para esto,
consideran como principales estrategias: i) el fortalecimiento de la oferta laboral, ii)
el incremento de la demanda de trabajo y iii) el mejor funcionamiento de los mecanismos de
interrelación del mercado de laboral.
En el caso de México, durante
la década de los ochenta se gestó una importante modificación de las políticas de
mercado de trabajo. A partir del Programa de Capacitación y Productividad 1984-1988, el
desarrollo de los recursos humanos se torna la estrategia principal de largo plazo, al
favorecer la incorporación al trabajo de la población y apoyar la elevación de la
competitividad, especialmente de la micro y pequeña empresa. Por otra parte, en respuesta
a la demanda social generada por la crisis, se instrumentan programas emergentes de empleo6 y en 1984 se fortalece al Servicio Nacional de Empleo
con la creación del programa de Becas de Capacitación para Desempleados (PROBECAT).
Uno de los principales factores
que ha permitido consolidar la política de mercado de trabajo basada en el desarrollo de
los recursos humanos, ha sido la continuidad de los programas. El Programa de
Capacitación y Productividad 1990-1994, enfatiza igualmente la importancia de los
recursos humanos y del incremento de la productividad como el principal elemento de la
estrategia de modernización y mejoramiento social. El papel del capital humano fue
reconocido como elemento central en este proceso y se le confirió una particular
relevancia a la capacitación, para mejorar el empleo, a través del incremento en la
productividad y competitividad. Asimismo, se destacó que el desarrollo de los recursos
humanos es responsabilidad de todos los sectores, bajo un esquema de participación social
concertada. El Programa de Empleo, Capacitación y Defensa de los Derechos Laborales
1995-2000 reitera en la necesidad de fortalecer los programas y acciones orientados al
impulso de la capacitación; al mejoramiento de la competitividad a través de la
elevación de la productividad y calidad en los centros de trabajo; el desarrollo de los
mercados de trabajo regionales, y la vinculación de los agentes productivos.
Cabe señalar que la
principales acciones de capacitación y vinculación de los mercados de trabajo se han
llevado a cabo con el cofinanciamiento del Gobierno Federal, los gobiernos estatales y el
sector privado, sustentados en créditos del Banco Mundial y actualmente del Banco
Interamericano de Desarrollo. Bajo este esquema, se operaron el proyecto de Capacitación
de Mano de Obra 1988-1992, el Proyecto de Modernización de los Mercados de Trabajo
1993-1997 y, a partir de julio del presente año, se lleva a cabo el Programa de
Modernización de los Mercados Laborales 1997- 2001.
1. Servicio Nacional de
Empleo (SNE)
El SNE tiene como
objetivos: facilitar la vinculación entre oferentes y demandantes de empleo, orientar a
los buscadores de empleo sobre las condiciones del mercado laboral y apoyar su
calificación, así como auxiliar a los empresarios en la búsqueda de candidatos para
cubrir sus vacantes. El SNE fue creado en 1978, inició operaciones en cinco entidades
federativas y en el momento actual opera en 99 oficinas que atienden a 1.200 localidades;
dispone además de cincuenta unidades móviles que llevan los servicios de empleo a las
zonas conurbadas y marginadas de las grandes ciudades, a las pequeñas localidades urbanas
y zonas rurales. El SNE opera de manera descentralizada: el Gobierno Federal norma y
transfiere recursos a los gobiernos estatales; éstos operan los Servicios Estatales de
Empleo (SEE) y, aportan recursos adicionales. Ninguna ley obliga a empleadores y
solicitantes de empleo a utilizar al SNE; éste recurre a campañas para informar a la
población y depende de la eficiencia y calidad de sus servicios para mantener y ampliar
sus usuarios.
El SNE ha fortalecido sus
acciones de orientación ocupacional para grupos específicos de la población, tales como
jóvenes buscadores de un primer empleo, mujeres que desean reincorporarse al trabajo,
trabajadores desplazados que cuentan con una amplia experiencia laboral y personas mayores
de 50 años. Entre estas acciones se pueden mencionar los Talleres para Buscadores de
Empleo y la Ferias de Empleo.
Entre las principales
actividades del SNE se encuentra la coordinación de acciones entre los distintos agentes
públicos y privados que inciden en el mercado de trabajo; para lo cual se ha creado un
Comité Ejecutivo en cada SEE. Estos Comités se conforman con representantes de
organismos empresariales, instituciones de capacitación e instancias gubernamentales de
promoción económica. Asimismo, se ha impulsado recientemente la constitución de
Consejos Estatales de Productividad y Competitividad, en los que participan igualmente
representantes empresariales, del sector público y social, con el fin de contar con
información integral sobre los mercados de trabajo regionales y derivar propuestas
consensadas para mejorar el empleo, apoyar el proceso de modernización y elevar la
competitividad en los centros de trabajo.
Las acciones del SNE han
aumentado en forma importante, tanto por el crecimiento de su infraestructura como por el
fortalecimiento de las labores de difusión, manejo de información y capacitación de su
personal, especialmente a partir de 1988 en que han contado con mayores apoyos federales
provenientes de financiamiento externo. Entre 1988 y 1996, el número de solicitantes de
empleo y vacantes registradas se duplicó, alcanzando en este último año un número de
455 mil y 343 mil, respectivamente. De estos solicitantes, 71% fueron enviados a una
vacante disponible, de los cuales 39.6% lograron finalmente colocarse en un empleo.
Asimismo, se aprecia que en el presente año, como resultado de la recuperación
económica, el número de desempleados que acuden al SNE ha disminuido, se han captado
mayores oportunidades de empleo y el índice de colocación se incrementó a 40.7%.
2. Programa de Becas de
Capacitación para Desempleados (PROBECAT)
El PROBECAT se creó en
1984 como parte de los programas emergentes de protección al empleo, en dicho año
proporcionó capacitación a 66,909 personas. A partir de 1987, como parte sustantiva,
primero, del Proyecto de Capacitación de Mano de Obra y, posteriormente, del Proyecto de
Modernización de los Mercados de Trabajo, el PROBECAT adquirió un fuerte impulso como un
instrumento de la política activa de mercado de trabajo. Los objetivos del Programa
dejaron de limitarse a la atención coyuntural del desempleo abierto e incluyeron la
atención de los problema estructurales relacionados con la falta de calificaciones
adecuadas de la mano de obra respecto a los requerimientos ocupacionales del aparato
productivo.
Los SEE son las instancias
encargadas de efectuar las tareas de reclutamiento y selección de los becarios, así como
detectar las necesidades de capacitación en cada entidad federativa o región. La demanda
de la planta productiva determina las características de los cursos que habrán de ser
impartidos y, con ello, adecuar la oferta de recursos humanos a fin de facilitar su
incorporación al trabajo. Además de cubrir el pago de los instructores y costo de los
materiales didácticos, el Programa otorga una beca de manutención equivalente al salario
mínimo regional y ayuda par transportación.
A lo largo de su operación se
han diseñado diversas modalidades de capacitación para atender diversas poblaciones
desempleadas, dada la heterogeneidad del mercado de trabajo mexicano. Los principales
modelos de atención del PROBECAT son: capacitación escolarizada, capacitación mixta e
iniciativas locales de empleo. Esta última modalidad de reciente creación comprende tres
principales vertientes de atención: taller-escuela, capacitación para el autoempleo y
apoyo a proyectos productivos de baja productividad.
En 1996, el PROBECAT benefició
a 544 mil personas, en 1997 se atenderá una cantidad similar. Como parte de la búsqueda
de mejores instrumentos de atención a la población, en este año se llevan a cabo la
prueba piloto de tres nuevas vertientes del PROBECAT: Módulo de habilidades básicas y
búsqueda de empleo; Capacitación mixta en micro y pequeña empresas; y Servicios
integrales de capacitación y colocación.
3. Programa de Calidad
Integral y Modernización (CIMO)
La estabilidad del empleo y
la generación de nuevas fuentes de trabajo ha pasado a depender cada vez más de la
capacidad de las empresas para competir en mercados más diversificados y disputados, lo
que demanda la incorporación de nuevas tecnologías y formas de organización orientadas
al uso más eficiente y flexible de los recursos productivos frente a las necesidades
cambiantes del consumidor. En respuesta a estos retos, el Gobierno Federal ha
instrumentado con la participación del sector privado el Programa CIMO. Dicho Programa
inició en 1987 y, dada su aceptación entre los empresarios, ha permanecido operando y
expandiendo su cobertura. CIMO impulsa la capacitación en el trabajo vinculada con
procesos de elevación de la calidad, productividad y competitividad de las empresas, con
el objetivo de proteger y ampliar el empleo productivo, así como contribuir al
mejoramiento en la condiciones laborales de los trabajadores.
La operación de CIMO se
realiza a través de las Unidades Promotoras de la Capacitación (UPC), que son instancias
creadas y operadas con la participación tanto del sector público como privado.
Actualmente existen 60 UPC localizadas en todo el país y relacionadas con los organismos
empresariales locales que actúan como copatrocinadores, orientadores de la acción del
programa en el medio local y regional, así como vigilantes de su correcto funcionamiento.
El personal de las UPC brinda
apoyo técnico a las empresas para que éstas identifiquen con mayor precisión sus
necesidades de capacitación y asistencia técnica; entren en contacto con oferentes
adecuados de estos servicios y sus acciones en la materia tengan un carácter integral y
permanente. Cabe señalar que es la empresa la que selecciona a los capacitadores y
consultores y que, en la mayoría de los casos, se trata de oferentes privados de la
propia localidad o región. El esquema ha demostrado tener un alto impacto positivo en los
niveles de competitividad y productividad de las empresas micro, pequeñas y medianas
favorecidas por el Programa.
Por otra parte, CIMO ha
impulsado decididamente la configuración de servicios de capacitación y asistencia
técnica adecuados a las características y requerimientos específicos de las micro y
pequeñas empresas, en particular, a sus posibilidades de pago. Se trata de una oferta de
servicios con características distintas a las que tradicionalmente presentaba paquetes
prefabricados para las pequeñas empresas.
En el financiamiento de las
acciones intervienen los organismos empresariales, que proporcionan instalaciones e
infraestructura para las oficinas de la UPC; las propias empresas beneficiadas, que
efectúan el pago directo de un porcentaje de los costos de las acciones, y el Gobierno
Federal, que aporta los honorarios de los promotores así como la parte restante de los
costos de las acciones7.
En 1996, el Programa CIMO
apoyó la capacitación de 550 mil trabajadores y se beneficiaron a 175.000 empresas,
principalmente micro y pequeñas, cantidades similares a las que habrán de atenderse en
19978.
III. Hacia la reforma
del sistema de capacitación
Ante los procesos de
globalización y exigencias cambiantes de la demanda, las empresas necesitan adoptar una
organización flexible y abierta, de manera que la producción se base en una estructura
de redes y equipos de trabajo capaces de incorporar rápidamente a los procesos
productivos los cambios e innovaciones tecnológicas que exige el mercado. Este enfoque da
lugar a estructuras ocupacionales polivalentes en un modelo de producción flexible, en el
que el individuo debe ser capaz de incorporar y aportar cada vez más conocimientos al
proceso de producción para elevar la calidad y productividad dentro de la empresa. Se
trata de una transformación que implica revalorar el trabajo humano en la empresa, ya no
como un conjunto de actividades repetitivas y monótonas, sino como un trabajo creativo
orientado a la innovación y el aprendizaje continuo.
En este contexto, a partir de
1994 se lleva a cabo el Proyecto de Modernización de la Educación Técnica y la
Capacitación (PMETyC), cuyo propósito es impulsar la transformación de los
procesos de formación y capacitación en México. Este esfuerzo se orienta a convertir la
capacitación en un proceso integral y permanente, que abarque toda la vida productiva del
individuo y otorgue facilidades y apoyos para transitar de la escuela al centro de trabajo
y de éste al sistema de formación, revalorando la función educativa tanto de la escuela
como de la propia empresa.
Los ejes centrales de esta reforma estructural de la educación y capacitación de los
recursos humanos son: i) la definición e integración de normas de competencia laboral; y
ii) el establecimiento del sistema de certificación de capacidades laborales, que goce de
credibilidad social y amplia aceptación en el mercado de trabajo.
Para esto, el PMETyC considera cuatro componentes: a) Sistema Normalizado de
Competencia Laboal (SNCL) y Sistema de Certificación de Competencia Laboral (SCCL); b)
Transformación de la Oferta Educativa; c) Estímulos a la Demanda de Capacitación y
Certificación de Competencia Laboral, y d) Información, Evaluación y Estudios.
El Consejo de Normalización y Certificación de
Competencia Laboral (CONOCER) es el responsable de coordinar las acciones para el
desarrollo de los Sistemas Normalizado y de Certificación de Competencia Laboral. Este
Consejo es una instancia tripartita, no lucrativa, de carácter nacional, integrada por
seis representantes del sector empresdarial, seis del sector social (cinco del obrero, uno
del agropecuario) y de seis Secretarias de Estado. Para la ejecución de las distintas
acciones el Consejo se auxilia de una Secretaria Ejecutiva, además de los apoyos
institucionales de las Secretarias de Educación y del Trabajo y Previsión Social.
El PMETyC es una respuesta a los cambios acelerados que se
encuentran en marcha en los ámbitos de la tecnología, el mercado y la estructura social.
En el PMET se involucra y se consensa la participación de trabajadores, empresarios,
gobierno y sector acadmémico.
Nos encontramos ante una
situación que parece inédita, la necesidad de diseñar, con el concurso de todos los
involucrados, nuevas formas y mecanismos de capacitación, en los que la formación del
individuo sea parte integral del mundo del trabajo, y en los que este binomio responda a
la expectativa de lograr integrar, con eficiencia y protección al medio ambiente, a todos
los sectores en las actividades productivas y con ello lograr, a través del empleo, una
vida digna para todos los miembros de la sociedad.
- De acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional
de Empleo, levantada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática
(INEGI) y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), entre 1991 y 1996, la
proporción de la población en edad de trabajar que se incorporó al mercado de trabajo
se incrementó de 53.6 a 55.4%. Esta tendencia se presentó básicamente entre las
mujeres, cuya tasa neta de participación se incrementó de 31.5 a 34.3%; mientras que en
el caso de los hombres se mantuvo constante (77.7%).
En los registros administrativos del Instituto Mexicano
del Seguro Social (IMSS), se observa que en 1995 se perdieron alrededor de 300 mil puestos
de trabajo asalariados en establecimientos cotizantes ante dicho Instituto.
Datos de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano.
En el período en el que el desempleo urbano alcanzó su
mayor nivel, la tasa de desocupación más alta se registró entre las mujeres de 12 a 19
años de edad (16.3%).
Estimaciones realizadas por la Dirección General de
Empleo a partir de información de la Encuesta Nacional de Empleo indican que, en el
segundo trimestre de 1995, poco más de una cuarta parte de la población ocupada urbana
se encontraba subempleada en términos de su jornada laboral e ingresos.
En 1983 se crearon los siguientes programas de
protección al empleo: Creación de Empleo Rural, Empleo en Areas Urbanas Críticas,
Defensa del Empleo y de la Planta Productiva Programa de Servicio Social.
En acciones de capacitación, el gobierno cubre el 35% de
los costos, en el caso de la empresa pequeña y mediana, y 70%, en el caso de la micro. En
asistencia técnica, la participación pública es del 30% en el caso de la pequeña y
mediana empresa, mientras que para la micro es del 70%. En formación de instructores, se
apoya con 70% de los gastos sin distinción en cuanto al tipo de empresa.
Estos datos se refieren a trabajadores y empresas evento,
por lo que puede darse el caso de que una empresa o trabajador haya participado en más de
un evento al año y se contabilice más de una vez.
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