"Crecimiento y empleo"
Edición Nº 52

Octubre - Diciembre 1997

Situación y perspectivas del empleo
en los países caribeños

Alister McIntyre

Vicerrector de la Universidad de las Indias Occidentales.

    Texto de la intervención en el Panel sobre Crecimiento y Empleo, efectuado el 8
    de octubre de 1997, en el marco de la XXIII Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano del SELA, realizada en Puerto España (Trinidad y Tobago).

    Los países miembros de la Comunidad del Caribe se acercan a los últimos años del siglo 21 y el comienzo del próximo milenio con un récord más bien sombrío en materia de crecimiento y empleo durante la mayor parte de los años 80 y 90.

I. Comportamiento macroeconómico

    Durante casi todo este período, el crecimiento económico ha sido ínfimo. En muchas instancias el crecimiento del grupo en conjunto se aproximó a cero e incluso a valores negativos. La situación ha comenzado a cambiar. Desde 1994, tanto en Trinidad y Tobago, debido principalmente a la mejoría experimentada por el sector petrolero y del gas, como en el caso de Bahamas y Barbados la expansión del turismo, permite que las economías alcancen tasas de crecimiento de entre 2 y 4 por ciento. Las cifras correspondientes a Guyana son todavía mejores, con un crecimiento que se ubica entre 5 y 7 por ciento en años recientes, gracias al incremento en las exportaciones de azúcar y arroz. El resto de la Comunidad sigue atascada en los patrones de los últimos quince años.

    No sabemos qué sucederá en los próximos años. La economía mundial en general atraviesa por una etapa de robusto crecimiento, que según las previsiones alcanzaría un promedio de 3 por ciento este año. Los países con los que cuales CARICOM mantiene relaciones comerciales están en buenas condiciones económicas y eso debería reflejarse positivamente en las economías del grupo. Esta onda expansiva sería más fuerte si las estructuras de las economías caribeñas pudieran responder rápidamente a los crecientes estímulos.

    Lamentablemente no es así. Muchas personas no visualizan fácilmente la situación de una isla con una economía muy pequeña y no diversificada.

II. Economías muy pequeñas

    Al intentarlo, olviden que están en Puerto España, una ciudad muy moderna con una infraestructura bien desarrollada y una amplia gama de actividades comerciales. Trinidad y Tobago también tiene sus áreas subdesarrolladas, pero en términos generales se trata de uno de los casos especiales en el Caribe, afortunadamente. Piensen, por el contrario, en una isla o un sitio menos desarrollado. Podría ser Dominica o San Vicente, o parte de Grenada y Santa Lucía, o la parroquia de St. Mary en Jamaica.

    No obstante los patrones existentes, el ritmo de la vida económica allí es diferente. En todos estos casos un solo cultivo – el banano – constituye la única fuente de actividad económica. A lo largo de muchos años, sus habitantes han adquirido conocimientos específicos sobre cómo producir un solo rubro agrícola. Su empresariado, su patrón de empleo, su visión del futuro, todo está basado en ese monocultivo. Para ampliar estos horizontes, buscar alternativas y cambiar los patrones de la actividad económica y el empleo se necesitará mucho tiempo e ingentes aportes de capital, así como también de capacitación y organización empresarial.

    Por lo tanto, uno debe ir más allá de los agregados macroeconómicos e identificar los diferentes elementos en una cultura productiva completamente nueva que aún está por desarrollarse y que debe incluir, entre otras cosas, ocupaciones diferentes, horarios diferentes, relaciones obrero patronales diferentes y relaciones entre diferentes operadores a todo lo largo del camino, desde el lugar de producción hasta el lugar de entrega del producto. En los libros de texto e informes esta reformulación de la economía en diferentes patrones de producción – a menudo adornada con el término diversificación – es un proceso ininterrumpido, pero al aplicarlo en comunidades con estructuras productivas simples es un proceso complejo que consume mucho tiempo. A nuestro propio riesgo ignoramos estas complejidades.

    Si no se toman medidas urgentes para contrarrestar sus efectos, la decisión de la Organización Mundial de Comercio sobre el banano puede tener un impacto devastador para los países del CARICOM exportadores de banano.

III. Nuevas perspectivas

    Volviendo al tema del empleo y sus perspectivas, aparte del sector minero –importante en Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago– se están cifrando enormes esperanzas en el turismo, las exportaciones de otros servicios, la agricultura no tradicional, y –en algunos países, especialmente los más grandes– las manufacturas. Todos estos casos requieren de sustanciales nuevas inversiones en infraestructura y, más importante aún, en conocimiento.

    Todos los gobiernos deben prestar mayor atención a mejorar su infraestructura, especialmente en la parte relacionada con las exportaciones: aeropuertos, puertos, electricidad, telecomunicaciones y acueductos. Los países del Caribe no podrán triunfar en los mercados internacionales a menos que tengan equipos y tecnología de avanzada y puedan competir con otros países proveedores, ya sea en bienes o en servicios.

IV. Esfuerzos por ahorrar

    Todo esto requiere de capital, lo cual implica hacer mayores esfuerzos por ahorrar. Durante buena parte de los años 90, nuestras tasas de ahorro apenas superaban la mitad de la tasa de ahorro registrada por las economías de reciente industrialización (ERI)asiáticas. Por ejemplo, en 1994, la tasa de ahorro de las ERI asiáticas ascendía a 33,9 por ciento del PIB, mientras que la nuestra era de 17,7 por ciento. Por otra parte, casi la mitad de nuestros ahorros internos se invertía en bienes de consumo duraderos, como vehículos automotores e inmuebles de lujo.

    Los gobiernos y las comunidades deben hacer un esfuerzo más decidido por incrementar nuestras tasas de ahorro y canalizarlo hacia inversiones que redunden en la capacidad productiva de todas las economías. Entre otras cosas, esto significa mayores excedentes fiscales y mejores incentivos al ahorro. En muchos casos, el ahorro es gravado con impuestos. Los impuestos se deben concentrar en el consumo, mientras que el ahorro se debe fomentar mediante incentivos. Algunos gobiernos han comenzado a cambiar de curso, un ejemplo de ello es el de Trinidad y Tobago; pero es necesario que se generalice por toda la región.

    En lo que concierne al capital foráneo, los mercados internacionales de crédito ahora atraviesan por una situación de extrema liquidez. En 1996, el valor total de los fondos recaudados superó el trillón de dólares, es decir, más del doble del nivel alcanzado cuatro años antes. Algunos países latinoamericanos están aprovechando la condición favorable de los mercados internacionales y liquidando su deuda Brady. El Caribe debería considerar hasta qué punto puede hacer lo mismo y refinanciar parte de su deuda externa con altos intereses. Incluso los mercados regionales presentan liquidez: en Barbados la actual tasa de los Bonos del Tesoro se sitúa en 1,5 por ciento.

    En materia de desarrollo de recursos humanos, los gobiernos están dando prioridad a mejorar el inventario de capital humano y aumentar la base de conocimiento. En la última reunión de Jefes de Gobierno del CARICOM, se decidió hacer un esfuerzo en todo el ámbito comunitario para incrementar la relación bruta de matriculación en la enseñanza superior a 15 por ciento para el año 2005, lo que implica más que duplicar la tasa actual. Para lo cual también se requiere de sustanciales inversiones.

    En general, el CARICOM está por debajo de casi todas las tasas de matriculación en la enseñanza superior de los países latinoamericanos, por no hablar de las boyantes economías asiáticas. Este hecho se evidencia particularmente en ciencia y tecnología. En Trinidad y Tobago, que es uno de los mejores casos, las inscripciones en ingeniería están 10 por ciento por encima del total. En Singapur, superan el 40 por ciento.

    En la University of West Indies, hacemos denodados esfuerzos por lograr que el 60 por ciento de nuestras inscripciones sean en carreras pertenecientes a los campos de ciencia, tecnología y gerencia. Tenemos la esperanza de llegar muy cerca de esa meta para finales de siglo. Deseamos que nuestros esfuerzos vayan a la par de medidas similares en otros institutos de educación superior en toda la región.

V. Investigación y desarrollo

    Educación y capacitación son tan solo uno de los componentes de la base del conocimiento. El otro elemento lo constituyen la investigación y el desarrollo, área a la cual los países del CARICOM, según datos muy incompletos, estarían destinando una fracción de 1 por ciento del PIB. Los propios países de rápido crecimiento consideran que no están haciendo lo correcto cuando sus presupuestos para investigación y desarrollo están por debajo de 3 por ciento del PIB.

    Se trata sin duda de un área sumamente desasistida, en la cual todos los gobiernos tienen que ampliar y acelerar sus esfuerzos. La mejora y el desarrollo de productos son clave para fortalecer la competitividad. Una cultura de innovación debe difundirse por todos los sectores de la economía, abarcando la gerencia y todas las partes del ambiente laboral. Cuando uno analiza lo que se está haciendo en otros países para fomentar y estimular la investigación y el desarrollo, es evidente que los países del CARICOM apenas comenzamos a rasguñar la superficie.

    El área de investigación y desarrollo es un campo propicio para establecer relaciones de cooperación entre América latina y el Caribe. Nuestras universidades, nuestros centros de investigación, nuestros laboratorios de productos deben hacer mucho más juntos. No es desmedido pensar en construir, paso a paso, un mercado único del conocimiento en América Latina y el Caribe, donde investigadores, empresarios e inversiones puedan trabajar en el marco de un solo espacio ampliado para desarrollar nuevos procesos y productos que coloquen a los países de la región en la primera línea de la competencia internacional.

    El desarrollo de recursos humanos no es sólo una causa, sino también un fin del desarrollo económico. Esto pone sobre el tapete el tema del empleo y el desarrollo humano, de lo cual estoy seguro hablarán los participantes en este panel.

    Las estadísticas no dicen toda la verdad, pero es posible que los años 80 y 90 sean peor para el empleo de lo que fueron para el crecimiento. Estadísticamente, el desempleo sigue siendo alto en casi todos los países y durante algunos períodos incluso aumentó. Aquí, en Trinidad y Tobago, se colocó por encima del 20 por ciento, pero está bajando, aunque sigue marcando cifras de dos dígitos. Jamaica ha estabilizado su tasa de desocupación en el margen de 20 por ciento.

    Pero, analizando el período en conjunto, ¿cómo se explica uno el surgimiento de delitos violentos y del tráfico y consumo de drogas en todos nuestros países, sin recurrir a indicadores como el desempleo juvenil? Una cultura delictiva, la deshonestidad y la corrupción comienzan a echar raíces en todos los sectores de nuestra sociedad. Aparentemente, todo ello es parte de una tendencia global, pero eso no lo hace menos censurable. En fin de cuentas, el desarrollo económico implica mejorar la condición humana. El crecimiento pierde casi todo su significado si está aunado a la pérdida de los valores humanos, al deterioro de las relaciones dentro de la familia y las comunidades, a la adquisición de malos hábitos y al detrimento de las actitudes y el comportamiento. Como bien lo expresó un poeta: "Males auguran al país que acecha su presa, los hombres se corrompen y se acumulan riquezas".

    Damas y caballeros, es evidente que lo que estamos discutiendo hoy aquí sobre América Latina y el Caribe implica el establecimiento de un nuevo orden, económico y ético. Trabajemos mancomunadamente para lograr ambos.

     

 


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