"Crecimiento y empleo"
Edición Nº 52

Octubre - Diciembre 1997

Políticas de desarrollo para
generar empleo y reducir la pobreza

Basdeo Panday
Primer Ministro de la República de Trinidad y Tobago.

    Texto pronunciado el 8 de octubre de 1997 al inaugurar la sesión ministerial de la XXIII Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano del SELA que se abrió con el Panel sobre Crecimiento y Empleo, en Trinidad y Tobago.

    Representa un placer especial para mí estar con ustedes en este evento y compartir algunas ideas en esta sesión de apertura de la Vigésimo Tercera Reunión del Consejo Latinoamericano y dar calurosa bienvenida a las delegaciones visitantes a nuestra nación del Arco Iris."Señores y Señoras", en nombre del pueblo de Trinidad y Tobago, permítanme decirles, "con mucho gusto, bienvenidos a Trinidad y Tobago".

    Es una ocasión de particular orgullo para el pueblo de Trinidad y Tobago tener el privilegio de ser la sede de esta histórica Vigésimo Tercera Reunión del Consejo Latinoamericano del SELA.Esta es la primera reunión del Consejo Latinoamericano que se celebra en el Caribe y es muy apropiado que tenga lugar en Puerto España, capital de la multilingüe y multicultural Asociación de Estados del Caribe (AEC).

    Trinidad y Tobago, situada en el extremo austral del archipiélago caribeño, a escasas millas del continente sudamericano, ocupa una posición estratégica como vínculo natural entre las demás islas del Caribe y los países de América Latina, en nuestro esfuerzo por fortalecer el proceso de la integración económica de América Latina y el Caribe. En este contexto, podría resultar de interés mencionar que el español ha sido incluido en el programa de estudios de nuestros colegios, lo cual representa un paso significativo para preparar a nuestra población para que esté en capacidad de mantener una asociación activa, productiva y cada vez más amplia con nuestros vecinos latinoamericanos.

    El gobierno y el pueblo de Trinidad y Tobago están encantados de darles la bienvenida a nuestra ciudad capital de Puerto España, desde donde en 1783 la corona española ejerció la autoridad sobre la Isla de Trinidad a través del Cabildo. A través de este sistema de gobierno, España transplantó al nuevo mundo una experiencia histórica compartida entre el Caribe y la América hispana, como parte del imperio español en América.En aquel momento los habitantes de esta ciudad mantenían un intercambio equitativo con la tierra firme sudamericana, comercializando pescado seco, aceite de tiburón y azúcar sin refinar, manufacturados en forma primitiva.

    Nuestros antepasados reconocieron hace mucho tiempo que el comercio entre las islas del Caribe y América Latina era algo natural, por razones históricas y geográficas. En la actualidad, cien años más tarde, continuamos buscando formas prácticas de ampliar las relaciones comerciales y económicas con nuestros vecinos sudamericanos.

    El hecho de que el Consejo se celebre en Trinidad y Tobago tiene gran importancia, no sólo porque es la primera vez que dicha reunión se celebra en el Caribe, sino sobre todo porque representa el inicio de una nueva época para las relaciones entre ambas regiones. En este sentido, las actuales negociaciones comerciales entre el CARICOM y América Latina adquieren una importancia práctica y simbólica, a la luz del patrón histórico del comercio establecido por España con sus posesiones en América.Desde hace mucho tiempo los residentes del Caribe admiran y respetan el espíritu y el liderazgo latinos para diagnosticar y enfrentar los problemas del desarrollo social y económico, y estas ideas y perspectivas han incidido significativamente tanto sobre nuestra propia manera de pensar acerca del desarrollo como en las estrategias en este campo en el Caribe.

    Es ampliamente reconocido que el tema del desarrollo es sumamente complejo y que las perspectivas sobre este asunto varían de acuerdo a las experiencias de cada uno de nuestros países.

    Este panel fue pragmáticamente creado para reflejar los distintos intereses y experiencias, los cuales en su conjunto conforman las aspiraciones de desarrollo de América Latina y el Caribe. Por lo tanto, desearía extender una muy cordial bienvenida a mis colegas panelistas, mientras simultáneamente les pido cautela, ya que se les pidió analizar el problema más acuciante enfrentado por las personas cuyos intereses representamos en este foro, como es el tema del crecimiento económico y el desempleo. En efecto, la responsabilidad que tienen ante ustedes es enorme; el desafío que les ha sido conferido es considerable y exige de ustedes un gran discernimiento, así como una visión de gran alcance, si han de producir conclusiones que tengan un impacto positivo sobre las vidas de las innumerables millones de personas de nuestras regiones.

    A la luz de las características y las consecuencias de los cambios actuales en el entorno económico global, para mi gobierno constituye una fuente de enorme satisfacción que el Consejo haya decidido concentrarse en el tema "Crecimiento y Empleo", el cual reviste particular importancia en nuestra época y región.

    Las iniciativas emprendidas para mantener una colaboración más estrecha entre el CARICOM y la Comunidad Andina, el Mercado Común Centroamericano, la República Dominicana y Cuba, así como la posibilidad de establecer relaciones más estrechas entre el CARICOM y MERCOSUR, tienen como norte la necesidad de estimular el crecimiento y el empleo, en todas las instancias fundamentales.

I. Expectativas alentadoras de crecimiento

    Señoras y Señores, todos estamos conscientes de que otrora existía la creencia generalizada según la cual el crecimiento económico automáticamente se traducía en un mayor número de empleos. Sin embargo, experiencias recientes en América Latina y el Caribe han hecho tambalear dicha teoría, ya que aunque aumentó el Producto Interno Bruto, el desempleo no muestra señales de haber disminuido; por el contrario, en algunos casos se ha incrementado.

    Más aún, se han vuelto cotidianos los graves problemas generados por la desigualdad en los ingresos y por el subempleo. Estadísticas recientes del Banco Mundial indican que aproximadamente el 24% de los 458 millones de personas de la región vive en estado de pobreza, definida como ingresos por debajo de US$1,00 diario, mientras que otro 25% apenas sobrevive por encima de la línea de pobreza.

    Después de una década de problemas económicos, durante los años noventa América Latina y el Caribe han vuelto a registrar un crecimiento económico. El PIB de la región aumentó a una tasa anual promedio de 3,7% entre 1991 y 1994; 3,5% en 1995 y se espera que alcance el 5% en 1997.

    La prosperidad económica de nuestra región, así como la confianza internacional en sus perspectivas, quedó evidenciada por el hecho de que las corrientes de capital aumentaron a US$ 63.000 millones en 1996 y se proyecta que subirán a aproximadamente US$ 70.000 millones en 1997.

    Dentro de este marco, Trinidad y Tobago ha atraído cerca de una tercera parte de las inversiones del sector privado estadounidense canalizadas hacia el Caribe, cantidad ésta que excede cualquier inversión similar en cualquier otro país del Caribe.

    La magnitud de estas corrientes de inversión refleja la globalización cada vez mayor de la economía regional. Este proceso se inició a comienzos de los años noventa, cuando muchos países, incluido Trinidad y Tobago, adoptaron programas de ajuste para reorientar sus estructuras de producción hacia un crecimiento impulsado por las exportaciones.

    El período subsiguiente se caracterizó por un mayor crecimiento de las inversiones extranjeras, paralelo a una estricta adherencia a políticas macroeconómicas estables. De esta forma, entre 1990 y 1995, las Inversiones Extranjeras Directas se duplicaron como porcentaje del PIB y de la formación de capital bruto.

    Es interesante resaltar que, durante dicho período, el crecimiento anual acumulado de las Inversiones Extranjeras Directas en América Latina y el Caribe sobrepasó el registrado por los países asiáticos, revirtiendo de esta forma una tendencia iniciada durante los años sesenta.

    A pesar de estos logros impresionantes en los niveles de producción y exportaciones, así como la mayor integración en la economía global alcanzados por la región, el desempleo persistente y en aumento se ha convertido en un elemento común de la vida económica de varios de nuestros países.

    Resulta revelador que en aquellos países que experimentaron estancamiento o un crecimiento negativo en 1995, hubo un fuerte impacto negativo sobre el empleo; en cambio, cuando volvieron a registrar un crecimiento económico en 1996, ello no se reflejó en una recuperación correspondiente en los niveles de empleo y la mejoría del mercado laboral no se hizo evidente sino hasta 1997, cuando la recuperación se había afianzado.

II. El deterioro social

    La gran paradoja de nuestra época es que mientras desde el punto de vista económico las perspectivas de nuestra región lucen alentadoras, e incluso sumamente esperanzadoras, en lo social la región está erosionándose a una velocidad preocupante, y no me refiero solamente a las estadísticas abstractas.

    A diario la región enfrenta y padece el deterioro social, sobre todo en aquellas ciudades en las cuales los niveles de desempleo tienden a sobrepasar el promedio nacional, mientras la incidencia cada vez mayor de costumbres socialmente inaceptables sacude las bases morales y jurídicas de la sociedad.

    Resulta irónico que aunque la riqueza aumentó en nuestra región, ésta no ha sido capaz de generar mayores oportunidades, acordes con las necesidades del número creciente de personas que han quedado rezagadas en este proceso. Esto debería hacernos reflexionar en el sentido de que el crecimiento económico no debe ser a expensas del desarrollo social. Por el contrario, el crecimiento económico debería generar desarrollo social.

    Nuestra realidad es que el proceso de desarrollo actual parece exigir cada vez menos participación directa por parte del gobierno en las actividades económicas. Por otra parte, no debemos consolarnos diciendo que el incremento del desempleo está afectando tanto a países desarrollados como en desarrollo.

    A la luz del delicado equilibrio entre las políticas económicas y sociales de América Latina y el Caribe, así como la falta de adecuación de mecanismos formales para encarar eficazmente los niveles crecientes de perturbaciones sociales y económicas, el desempleo constituye una grave amenaza a la estabilidad de la sociedad y, por ende, a la capacidad de nuestra región para mantener el crecimiento económico.

III. La economía global y el empleo

    Para comprender más cabalmente el origen de estos problemas, debemos analizar la situación actual de las relaciones económicas internacionales.

    La economía global galopante es un hecho y, con ella, el aparente conflicto entre la meta de asegurar una mayor integración en un proceso mundial dinámico que garantice, por una parte, el acceso sostenido al capital, la tecnología y los mercados y, por la otra, la creación de oportunidades de empleo cada vez mayores.

    Un elemento característico del comercio internacional contemporáneo es el incremento en la importancia relativa de los bienes y servicios cuya competitividad está determinada por "activos creados", como por ejemplo, tecnología de productos y procesos y capital humano tanto general como específico, de acuerdo al proyecto en cuestión. Para apoyar este elemento, ha surgido una nueva internacionalización de la mano de obra para la producción y comercialización de los productos, caracterizada por la interdependencia del mercado laboral.

    En la actualidad las empresas globales dividen el contenido del valor agregado de un solo producto entre diversas ubicaciones para mantener y aumentar su competitividad. Por lo tanto, países como los nuestros están sometidos a una presión en aumento para mejorar la productividad de la mano de obra, en comparación con los mercados laborales competitivos de otros países, con los cuales debemos competir por las inversiones extranjeras y, por ende, por empleos.

    Es así como en América Latina y el Caribe disminuyó el número de empleos debido al traslado de las operaciones de las empresas hacia lugares más eficaces en cuanto a costos. Más aún, la instrumentación generalizada de la apertura comercial sobre las políticas de la región exacerbó la pérdida de empleos, ya que, al estar presionadas por la competencia extranjera, las empresas ineficaces se vieron obligadas a reorganizarse para mantener su porción del mercado.

    Esta reestructuración invariablemente se tradujo en una reducción de la mano de obra. Aunque las empresas que competían con las importaciones se vieron particularmente afectadas, el sector de exportaciones también padeció esta amenaza, así como las consecuencias de la competencia extranjera.

    En aquellos países en los cuales los programas de estabilización dieron origen a tipos de cambio sobrevaluados, la mayor demanda de bienes de consumo importados generó menor competitividad de la industria local y por ende en el despido de la mano de obra excedente. Asimismo, desde comienzos de los años noventa, en nuestra región, al igual que en otras partes del mundo, se han llevado a cabo gran cantidad de privatizaciones. Este proceso de privatización ha tenido dos objetivos principales: en primer lugar, la necesidad de estimular renovadas corrientes de capital (lo cual se logró); y en segundo término, el deseo de reducir la deuda pública y mejorar el desempeño de la infraestructura básica. En este sentido, se calcula que, entre 1989 y 1993, las inversiones extranjeras vinculadas a procesos de privatización representaron aproximadamente el 17% del total del flujo de inversiones extranjeras directas hacia las principales economías latinoamericanas.

    Las privatizaciones inevitablemente también incidieron sobre el nivel de empleos. Aunque muchos trabajadores lograron crear sus propias empresas, utilizando para ello el pago recibido por concepto de prestaciones sociales, en general la región no ha estado en capacidad de reducir significativamente el desempleo y la pobreza. El aumento en el nivel de desempleo que acompañó el crecimiento reciente del PIB resalta la necesidad de volver a retomar y enfatizar el tema de la generación de empleo como meta independiente e, indudablemente, como objetivo central de las políticas.

    Al reconocer este hecho, el gobierno de Trinidad y Tobago incluyó medidas específicas en el presupuesto de 1997 para generar empleos adicionales, reinstaurando una disposición mediante la cual se concede asistencia fiscal a empresas que incrementen su fuerza laboral.

    Para mí resulta satisfactorio señalar que en Trinidad y Tobago la tasa general de desempleo disminuyó marcadamente, al pasar de 17,2% durante el primer trimestre de 1997, a 14,5% durante el segundo trimestre del mismo año, la cual es la tasa más baja registrada en 13 años. Pero aunque me complace esta caída sustancial del desempleo, el nivel actual continúa siendo inaceptablemente elevado y comparto la preocupación regional ante el acuciante problema del desempleo en el área del Gran Caribe y en América Latina.

IV. Las políticas de desarrollo

    En el marco de las políticas de desarrollo, debemos formular estrategias destinadas a generar empleos y reducir la pobreza, tanto en forma individual como colectiva. Mi intención no es, de ninguna manera, sugerir que debemos regresar a las políticas fallidas del populismo, ya que esto no representaría una alternativa válida si estamos realmente preocupados por el desarrollo sustentable.

    Más bien, sugiero que mientras nos esforzamos porque nuestras economías aprovechen al máximo las nuevas oportunidades que surgen de nuestros compromisos globales, debemos formular e instrumentar un plan de acción para fortalecer los mercados laborales, incrementando su flexibilidad y competitividad.

    En este sentido, la instrumentación oportuna de programas que eleven el capital humano mediante la educación y el entrenamiento, que desarrollen el nivel y el rango de disciplinas necesarias para competir con éxito en la economía global, seguramente arrojará sus dividendos.

    Para hacerlo, será necesario elevar los niveles actuales del gasto social. En principio, se trata de una inversión en empleos y, con toda seguridad, en el derecho de toda persona a la dignidad humana.

    Nosotros en la subregión caribeña, preocupados por el aumento en la tasa de pobreza de nuestras sociedades, sostuvimos una reunión ministerial en Puerto España, en octubre de 1996, con el fin de desarrollar un plan de acción para erradicar la pobreza.

    En el ámbito nacional, Trinidad y Tobago creó una Unidad de Gerencia de Cambio para la Erradicación de la Pobreza y el Fomento del Patrimonio, bajo la dirección de un Consejo Ministerial sobre el Desarrollo Social.

    Por otra parte, se estableció un Comité sobre el Desplazamiento Social, cuyo mandato incluye la formulación de planes que brinden apoyo a las personas sin hogar y desplazadas, y al mismo tiempo hemos expandido de manera significativa los recursos dirigidos a programas sociales que proporcionen servicios y apoyo a los grupos más vulnerables de nuestra sociedad, incluidos mujeres y niños.

    Me complace informar a la reunión que estas iniciativas ya han arrojado resultados positivos. Estos se encuentran evidenciados en el hecho que, en su Informe sobre el Desarrollo Humano de 1997, el PNUD sitúa a Trinidad y Tobago entre los países con mejores tasas en el índice de Pobreza Humana. Esto nos incluye entre los países cuyas medidas han tenido como resultado la reducción de dicho índice a un valor de menos del 10 por ciento.

    Estoy convencido de que la pequeña y mediana industria puede ser un eje para aminorar el desempleo y la pobreza. En Asia, el apoyo a la pequeña y mediana empresa ha sido significativo para el desarrollo de las exportaciones, así como para la generación de empleo.

    El éxito de la pequeña y mediana industria en Asia se deriva principalmente del hecho de que se han integrado en la cadena de producción global. Al examinar las perspectivas del crecimiento económico a mediano plazo en América Latina y el Caribe, la sustentabilidad de los flujos de capital se convierta e un aspecto central de atención.

    El continuo aumento de la liberalización de los mercados financieros regionales sumada a la movilidad del capital incrementa el riesgo de la volatilidad de los flujos de capital. Cualquier interrupción súbita de dichos flujos pudiera llevar a un país a una crisis financiera e impedir su progreso económico.

    Por ende, la estabilidad económica de la región requiere de inversiones cada vez mayores, que sean financiadas mediante tasas de ahorros nacionales más altas, las cuales continúan registrando un nivel inaceptablemente bajo en la región. El fomento de las tasas pasivas para los agentes públicos, así como para los privados, disminuiría la demanda de capital extranjero para apoyar la inversión y cubrir el déficit comercial; por este medio se eliminaría parcialmente una de las principales causas del patrón de crecimiento inestable de la región.

    Las cifras estimadas del Banco Mundial proyectan que para 1997, América Latina y el Caribe alcanzarán una tasa de crecimiento del PIB del 5%, lo cual representa una mejora significativa sobre la tasa registrada para 1996. Recibimos estas noticias con beneplácito, pero lamentablemente no son suficientes ya que se requiere de una tasa de crecimiento promedio de 6 por ciento anual si queremos atacar frontalmente la pobreza.

    Nuestra integración con la economía global es un aspecto necesario a fin de mantener y aumentar nuestro desempeño económico actual.

    Pero, ¿cómo debemos abordar la integración? Es decir, las modalidades que empleemos determinarán en gran medida el nivel y el valor de los beneficios que obtendrán nuestras poblaciones, así como los costos que deberán soportar.

    El crecimiento y el empleo son metas políticas esenciales, aunque no por sí mismas, sino porque adquieren sentido mediante la creación de esperanzas y oportunidades para nuestras poblaciones, que deben beneficiarse de nuestros éxitos en el desarrollo. En fin, el desarrollo en realidad se trata de la gente, y es para la gente.

    Por lo tanto, debemos resolver dedicarnos a obtener un desarrollo y un progreso social sustentables, buscando soluciones que humanicen tanto la apariencia como los resultados de nuestra ineludible asimilación por parte de los procesos globales de producción y cambio predominantes.

    Mi gobierno está ansioso de trabajar con todos los miembros del SELA, a fin de alcanzar un crecimiento sustentable y con dignidad humana para la población de América Latina y el Caribe. Esta es la posición de nosotros en Trinidad y Tobago.

    Si todos nos propusiéramos esta meta, la meta de colocar a la población como eje de todas nuestras planificaciones del desarrollo, pudiéramos convertir, a no tan largo plazo, a América Latina y el Caribe en una región combinada en la cual el crecimiento y el empleo dejarán de ser la aparente contradicción actual, a fin de reemplazarla por una realidad en la que, para beneficio perdurable de nuestra población, el desarrollo y el empleo serán sinónimos. Este es el reto que les presento.

    Confío que, con dedicación e incentivados por la compasión que sentimos por nuestra numerosa población pobre, saldremos adelante.

    Dicho esto, damas y caballeros, les agradezco su tiempo y su atención. Ruego al Todopoderoso que bendiga nuestras deliberaciones, así como todas nuestras vidas.

     

 


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