Políticas de
desarrollo para
generar empleo y reducir la pobreza
Basdeo Panday
Primer Ministro de la República de Trinidad y Tobago.
Texto pronunciado el 8 de octubre de 1997 al
inaugurar la sesión ministerial de la XXIII Reunión Ordinaria del Consejo
Latinoamericano del SELA que se abrió con el Panel sobre Crecimiento y Empleo, en
Trinidad y Tobago.
Representa un placer especial
para mí estar con ustedes en este evento y compartir algunas ideas en esta sesión de
apertura de la Vigésimo Tercera Reunión del Consejo Latinoamericano y dar calurosa
bienvenida a las delegaciones visitantes a nuestra nación del Arco Iris."Señores y
Señoras", en nombre del pueblo de Trinidad y Tobago, permítanme decirles, "con
mucho gusto, bienvenidos a Trinidad y Tobago".
Es una ocasión de particular
orgullo para el pueblo de Trinidad y Tobago tener el privilegio de ser la sede de esta
histórica Vigésimo Tercera Reunión del Consejo Latinoamericano del SELA.Esta es la
primera reunión del Consejo Latinoamericano que se celebra en el Caribe y es muy
apropiado que tenga lugar en Puerto España, capital de la multilingüe y multicultural
Asociación de Estados del Caribe (AEC).
Trinidad y Tobago, situada en
el extremo austral del archipiélago caribeño, a escasas millas del continente
sudamericano, ocupa una posición estratégica como vínculo natural entre las demás
islas del Caribe y los países de América Latina, en nuestro esfuerzo por fortalecer el
proceso de la integración económica de América Latina y el Caribe. En este contexto,
podría resultar de interés mencionar que el español ha sido incluido en el programa de
estudios de nuestros colegios, lo cual representa un paso significativo para preparar a
nuestra población para que esté en capacidad de mantener una asociación activa,
productiva y cada vez más amplia con nuestros vecinos latinoamericanos.
El gobierno y el pueblo de
Trinidad y Tobago están encantados de darles la bienvenida a nuestra ciudad capital de
Puerto España, desde donde en 1783 la corona española ejerció la autoridad sobre la
Isla de Trinidad a través del Cabildo. A través de este sistema de gobierno, España
transplantó al nuevo mundo una experiencia histórica compartida entre el Caribe y la
América hispana, como parte del imperio español en América.En aquel momento los
habitantes de esta ciudad mantenían un intercambio equitativo con la tierra firme
sudamericana, comercializando pescado seco, aceite de tiburón y azúcar sin refinar,
manufacturados en forma primitiva.
Nuestros antepasados
reconocieron hace mucho tiempo que el comercio entre las islas del Caribe y América
Latina era algo natural, por razones históricas y geográficas. En la actualidad, cien
años más tarde, continuamos buscando formas prácticas de ampliar las relaciones
comerciales y económicas con nuestros vecinos sudamericanos.
El hecho de que el Consejo se
celebre en Trinidad y Tobago tiene gran importancia, no sólo porque es la primera vez que
dicha reunión se celebra en el Caribe, sino sobre todo porque representa el inicio de una
nueva época para las relaciones entre ambas regiones. En este sentido, las actuales
negociaciones comerciales entre el CARICOM y América Latina adquieren una importancia
práctica y simbólica, a la luz del patrón histórico del comercio establecido por
España con sus posesiones en América.Desde hace mucho tiempo los residentes del Caribe
admiran y respetan el espíritu y el liderazgo latinos para diagnosticar y enfrentar los
problemas del desarrollo social y económico, y estas ideas y perspectivas han incidido
significativamente tanto sobre nuestra propia manera de pensar acerca del desarrollo como
en las estrategias en este campo en el Caribe.
Es ampliamente reconocido que
el tema del desarrollo es sumamente complejo y que las perspectivas sobre este asunto
varían de acuerdo a las experiencias de cada uno de nuestros países.
Este panel fue pragmáticamente
creado para reflejar los distintos intereses y experiencias, los cuales en su conjunto
conforman las aspiraciones de desarrollo de América Latina y el Caribe. Por lo tanto,
desearía extender una muy cordial bienvenida a mis colegas panelistas, mientras
simultáneamente les pido cautela, ya que se les pidió analizar el problema más
acuciante enfrentado por las personas cuyos intereses representamos en este foro, como es
el tema del crecimiento económico y el desempleo. En efecto, la responsabilidad que
tienen ante ustedes es enorme; el desafío que les ha sido conferido es considerable y
exige de ustedes un gran discernimiento, así como una visión de gran alcance, si han de
producir conclusiones que tengan un impacto positivo sobre las vidas de las innumerables
millones de personas de nuestras regiones.
A la luz de las
características y las consecuencias de los cambios actuales en el entorno económico
global, para mi gobierno constituye una fuente de enorme satisfacción que el Consejo haya
decidido concentrarse en el tema "Crecimiento y Empleo", el cual reviste
particular importancia en nuestra época y región.
Las iniciativas emprendidas
para mantener una colaboración más estrecha entre el CARICOM y la Comunidad Andina, el
Mercado Común Centroamericano, la República Dominicana y Cuba, así como la posibilidad
de establecer relaciones más estrechas entre el CARICOM y MERCOSUR, tienen como norte la
necesidad de estimular el crecimiento y el empleo, en todas las instancias fundamentales.
I. Expectativas
alentadoras de crecimiento
Señoras y Señores, todos
estamos conscientes de que otrora existía la creencia generalizada según la cual el
crecimiento económico automáticamente se traducía en un mayor número de empleos. Sin
embargo, experiencias recientes en América Latina y el Caribe han hecho tambalear dicha
teoría, ya que aunque aumentó el Producto Interno Bruto, el desempleo no muestra
señales de haber disminuido; por el contrario, en algunos casos se ha incrementado.
Más aún, se han vuelto
cotidianos los graves problemas generados por la desigualdad en los ingresos y por el
subempleo. Estadísticas recientes del Banco Mundial indican que aproximadamente el 24% de
los 458 millones de personas de la región vive en estado de pobreza, definida como
ingresos por debajo de US$1,00 diario, mientras que otro 25% apenas sobrevive por encima
de la línea de pobreza.
Después de una década de
problemas económicos, durante los años noventa América Latina y el Caribe han vuelto a
registrar un crecimiento económico. El PIB de la región aumentó a una tasa anual
promedio de 3,7% entre 1991 y 1994; 3,5% en 1995 y se espera que alcance el 5% en 1997.
La prosperidad económica de
nuestra región, así como la confianza internacional en sus perspectivas, quedó
evidenciada por el hecho de que las corrientes de capital aumentaron a US$ 63.000 millones
en 1996 y se proyecta que subirán a aproximadamente US$ 70.000 millones en 1997.
Dentro de este marco, Trinidad
y Tobago ha atraído cerca de una tercera parte de las inversiones del sector privado
estadounidense canalizadas hacia el Caribe, cantidad ésta que excede cualquier inversión
similar en cualquier otro país del Caribe.
La magnitud de estas corrientes
de inversión refleja la globalización cada vez mayor de la economía regional. Este
proceso se inició a comienzos de los años noventa, cuando muchos países, incluido
Trinidad y Tobago, adoptaron programas de ajuste para reorientar sus estructuras de
producción hacia un crecimiento impulsado por las exportaciones.
El período subsiguiente se
caracterizó por un mayor crecimiento de las inversiones extranjeras, paralelo a una
estricta adherencia a políticas macroeconómicas estables. De esta forma, entre 1990 y
1995, las Inversiones Extranjeras Directas se duplicaron como porcentaje del PIB y de la
formación de capital bruto.
Es interesante resaltar que,
durante dicho período, el crecimiento anual acumulado de las Inversiones Extranjeras
Directas en América Latina y el Caribe sobrepasó el registrado por los países
asiáticos, revirtiendo de esta forma una tendencia iniciada durante los años sesenta.
A pesar de estos logros
impresionantes en los niveles de producción y exportaciones, así como la mayor
integración en la economía global alcanzados por la región, el desempleo persistente y
en aumento se ha convertido en un elemento común de la vida económica de varios de
nuestros países.
Resulta revelador que en
aquellos países que experimentaron estancamiento o un crecimiento negativo en 1995, hubo
un fuerte impacto negativo sobre el empleo; en cambio, cuando volvieron a registrar un
crecimiento económico en 1996, ello no se reflejó en una recuperación correspondiente
en los niveles de empleo y la mejoría del mercado laboral no se hizo evidente sino hasta
1997, cuando la recuperación se había afianzado.
II. El deterioro social
La gran paradoja de nuestra
época es que mientras desde el punto de vista económico las perspectivas de nuestra
región lucen alentadoras, e incluso sumamente esperanzadoras, en lo social la región
está erosionándose a una velocidad preocupante, y no me refiero solamente a las
estadísticas abstractas.
A diario la región enfrenta y
padece el deterioro social, sobre todo en aquellas ciudades en las cuales los niveles de
desempleo tienden a sobrepasar el promedio nacional, mientras la incidencia cada vez mayor
de costumbres socialmente inaceptables sacude las bases morales y jurídicas de la
sociedad.
Resulta irónico que aunque la
riqueza aumentó en nuestra región, ésta no ha sido capaz de generar mayores
oportunidades, acordes con las necesidades del número creciente de personas que han
quedado rezagadas en este proceso. Esto debería hacernos reflexionar en el sentido de que
el crecimiento económico no debe ser a expensas del desarrollo social. Por el contrario,
el crecimiento económico debería generar desarrollo social.
Nuestra realidad es que el
proceso de desarrollo actual parece exigir cada vez menos participación directa por parte
del gobierno en las actividades económicas. Por otra parte, no debemos consolarnos
diciendo que el incremento del desempleo está afectando tanto a países desarrollados
como en desarrollo.
A la luz del delicado
equilibrio entre las políticas económicas y sociales de América Latina y el Caribe,
así como la falta de adecuación de mecanismos formales para encarar eficazmente los
niveles crecientes de perturbaciones sociales y económicas, el desempleo constituye una
grave amenaza a la estabilidad de la sociedad y, por ende, a la capacidad de nuestra
región para mantener el crecimiento económico.
III. La economía
global y el empleo
Para comprender más cabalmente
el origen de estos problemas, debemos analizar la situación actual de las relaciones
económicas internacionales.
La economía global galopante
es un hecho y, con ella, el aparente conflicto entre la meta de asegurar una mayor
integración en un proceso mundial dinámico que garantice, por una parte, el acceso
sostenido al capital, la tecnología y los mercados y, por la otra, la creación de
oportunidades de empleo cada vez mayores.
Un elemento característico del
comercio internacional contemporáneo es el incremento en la importancia relativa de los
bienes y servicios cuya competitividad está determinada por "activos creados",
como por ejemplo, tecnología de productos y procesos y capital humano tanto general como
específico, de acuerdo al proyecto en cuestión. Para apoyar este elemento, ha surgido
una nueva internacionalización de la mano de obra para la producción y comercialización
de los productos, caracterizada por la interdependencia del mercado laboral.
En la actualidad las empresas
globales dividen el contenido del valor agregado de un solo producto entre diversas
ubicaciones para mantener y aumentar su competitividad. Por lo tanto, países como los
nuestros están sometidos a una presión en aumento para mejorar la productividad de la
mano de obra, en comparación con los mercados laborales competitivos de otros países,
con los cuales debemos competir por las inversiones extranjeras y, por ende, por empleos.
Es así como en América Latina
y el Caribe disminuyó el número de empleos debido al traslado de las operaciones de las
empresas hacia lugares más eficaces en cuanto a costos. Más aún, la instrumentación
generalizada de la apertura comercial sobre las políticas de la región exacerbó la
pérdida de empleos, ya que, al estar presionadas por la competencia extranjera, las
empresas ineficaces se vieron obligadas a reorganizarse para mantener su porción del
mercado.
Esta reestructuración
invariablemente se tradujo en una reducción de la mano de obra. Aunque las empresas que
competían con las importaciones se vieron particularmente afectadas, el sector de
exportaciones también padeció esta amenaza, así como las consecuencias de la
competencia extranjera.
En aquellos países en los
cuales los programas de estabilización dieron origen a tipos de cambio sobrevaluados, la
mayor demanda de bienes de consumo importados generó menor competitividad de la industria
local y por ende en el despido de la mano de obra excedente. Asimismo, desde comienzos de
los años noventa, en nuestra región, al igual que en otras partes del mundo, se han
llevado a cabo gran cantidad de privatizaciones. Este proceso de privatización ha tenido
dos objetivos principales: en primer lugar, la necesidad de estimular renovadas corrientes
de capital (lo cual se logró); y en segundo término, el deseo de reducir la deuda
pública y mejorar el desempeño de la infraestructura básica. En este sentido, se
calcula que, entre 1989 y 1993, las inversiones extranjeras vinculadas a procesos de
privatización representaron aproximadamente el 17% del total del flujo de inversiones
extranjeras directas hacia las principales economías latinoamericanas.
Las privatizaciones
inevitablemente también incidieron sobre el nivel de empleos. Aunque muchos trabajadores
lograron crear sus propias empresas, utilizando para ello el pago recibido por concepto de
prestaciones sociales, en general la región no ha estado en capacidad de reducir
significativamente el desempleo y la pobreza. El aumento en el nivel de desempleo que
acompañó el crecimiento reciente del PIB resalta la necesidad de volver a retomar y
enfatizar el tema de la generación de empleo como meta independiente e, indudablemente,
como objetivo central de las políticas.
Al reconocer este hecho, el
gobierno de Trinidad y Tobago incluyó medidas específicas en el presupuesto de 1997 para
generar empleos adicionales, reinstaurando una disposición mediante la cual se concede
asistencia fiscal a empresas que incrementen su fuerza laboral.
Para mí resulta satisfactorio
señalar que en Trinidad y Tobago la tasa general de desempleo disminuyó marcadamente, al
pasar de 17,2% durante el primer trimestre de 1997, a 14,5% durante el segundo trimestre
del mismo año, la cual es la tasa más baja registrada en 13 años. Pero aunque me
complace esta caída sustancial del desempleo, el nivel actual continúa siendo
inaceptablemente elevado y comparto la preocupación regional ante el acuciante problema
del desempleo en el área del Gran Caribe y en América Latina.
IV. Las políticas de
desarrollo
En el marco de las políticas
de desarrollo, debemos formular estrategias destinadas a generar empleos y reducir la
pobreza, tanto en forma individual como colectiva. Mi intención no es, de ninguna manera,
sugerir que debemos regresar a las políticas fallidas del populismo, ya que esto no
representaría una alternativa válida si estamos realmente preocupados por el desarrollo
sustentable.
Más bien, sugiero que mientras
nos esforzamos porque nuestras economías aprovechen al máximo las nuevas oportunidades
que surgen de nuestros compromisos globales, debemos formular e instrumentar un plan de
acción para fortalecer los mercados laborales, incrementando su flexibilidad y
competitividad.
En este sentido, la
instrumentación oportuna de programas que eleven el capital humano mediante la educación
y el entrenamiento, que desarrollen el nivel y el rango de disciplinas necesarias para
competir con éxito en la economía global, seguramente arrojará sus dividendos.
Para hacerlo, será necesario
elevar los niveles actuales del gasto social. En principio, se trata de una inversión en
empleos y, con toda seguridad, en el derecho de toda persona a la dignidad humana.
Nosotros en la subregión
caribeña, preocupados por el aumento en la tasa de pobreza de nuestras sociedades,
sostuvimos una reunión ministerial en Puerto España, en octubre de 1996, con el fin de
desarrollar un plan de acción para erradicar la pobreza.
En el ámbito nacional,
Trinidad y Tobago creó una Unidad de Gerencia de Cambio para la Erradicación de la
Pobreza y el Fomento del Patrimonio, bajo la dirección de un Consejo Ministerial sobre el
Desarrollo Social.
Por otra parte, se estableció
un Comité sobre el Desplazamiento Social, cuyo mandato incluye la formulación de planes
que brinden apoyo a las personas sin hogar y desplazadas, y al mismo tiempo hemos
expandido de manera significativa los recursos dirigidos a programas sociales que
proporcionen servicios y apoyo a los grupos más vulnerables de nuestra sociedad,
incluidos mujeres y niños.
Me complace informar a la
reunión que estas iniciativas ya han arrojado resultados positivos. Estos se encuentran
evidenciados en el hecho que, en su Informe sobre el Desarrollo Humano de 1997, el PNUD
sitúa a Trinidad y Tobago entre los países con mejores tasas en el índice de Pobreza
Humana. Esto nos incluye entre los países cuyas medidas han tenido como resultado la
reducción de dicho índice a un valor de menos del 10 por ciento.
Estoy convencido de que la
pequeña y mediana industria puede ser un eje para aminorar el desempleo y la pobreza. En
Asia, el apoyo a la pequeña y mediana empresa ha sido significativo para el desarrollo de
las exportaciones, así como para la generación de empleo.
El éxito de la pequeña y
mediana industria en Asia se deriva principalmente del hecho de que se han integrado en la
cadena de producción global. Al examinar las perspectivas del crecimiento económico a
mediano plazo en América Latina y el Caribe, la sustentabilidad de los flujos de capital
se convierta e un aspecto central de atención.
El continuo aumento de la
liberalización de los mercados financieros regionales sumada a la movilidad del capital
incrementa el riesgo de la volatilidad de los flujos de capital. Cualquier interrupción
súbita de dichos flujos pudiera llevar a un país a una crisis financiera e impedir su
progreso económico.
Por ende, la estabilidad
económica de la región requiere de inversiones cada vez mayores, que sean financiadas
mediante tasas de ahorros nacionales más altas, las cuales continúan registrando un
nivel inaceptablemente bajo en la región. El fomento de las tasas pasivas para los
agentes públicos, así como para los privados, disminuiría la demanda de capital
extranjero para apoyar la inversión y cubrir el déficit comercial; por este medio se
eliminaría parcialmente una de las principales causas del patrón de crecimiento
inestable de la región.
Las cifras estimadas del Banco
Mundial proyectan que para 1997, América Latina y el Caribe alcanzarán una tasa de
crecimiento del PIB del 5%, lo cual representa una mejora significativa sobre la tasa
registrada para 1996. Recibimos estas noticias con beneplácito, pero lamentablemente no
son suficientes ya que se requiere de una tasa de crecimiento promedio de 6 por ciento
anual si queremos atacar frontalmente la pobreza.
Nuestra integración con la
economía global es un aspecto necesario a fin de mantener y aumentar nuestro desempeño
económico actual.
Pero, ¿cómo debemos abordar
la integración? Es decir, las modalidades que empleemos determinarán en gran medida el
nivel y el valor de los beneficios que obtendrán nuestras poblaciones, así como los
costos que deberán soportar.
El crecimiento y el empleo son
metas políticas esenciales, aunque no por sí mismas, sino porque adquieren sentido
mediante la creación de esperanzas y oportunidades para nuestras poblaciones, que deben
beneficiarse de nuestros éxitos en el desarrollo. En fin, el desarrollo en realidad se
trata de la gente, y es para la gente.
Por lo tanto, debemos resolver
dedicarnos a obtener un desarrollo y un progreso social sustentables, buscando soluciones
que humanicen tanto la apariencia como los resultados de nuestra ineludible asimilación
por parte de los procesos globales de producción y cambio predominantes.
Mi gobierno está ansioso de trabajar con todos los
miembros del SELA, a fin de alcanzar un crecimiento sustentable y con dignidad humana para
la población de América Latina y el Caribe. Esta es la posición de nosotros en Trinidad
y Tobago.
Si todos nos propusiéramos esta meta, la meta de colocar a
la población como eje de todas nuestras planificaciones del desarrollo, pudiéramos
convertir, a no tan largo plazo, a América Latina y el Caribe en una región combinada en
la cual el crecimiento y el empleo dejarán de ser la aparente contradicción actual, a
fin de reemplazarla por una realidad en la que, para beneficio perdurable de nuestra
población, el desarrollo y el empleo serán sinónimos. Este es el reto que les presento.
Confío que, con dedicación e incentivados por la
compasión que sentimos por nuestra numerosa población pobre, saldremos adelante.
Dicho esto, damas y caballeros, les agradezco su tiempo y
su atención. Ruego al Todopoderoso que bendiga nuestras deliberaciones, así como todas
nuestras vidas.