"Crecimiento y empleo"
Edición Nº 52
Octubre - Diciembre 1997 |
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Rugen los mercados y
tiemblan los tigres:
enseñanzas para el desarrollo
Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano
I. Crisis de
recuperación y crisis de crecimiento
La crisis de los años 1994-95,
que afectó en primer lugar a países latinoamericanos, todavía tenía elementos
derivados de las crisis de los años 80, donde predominaba el peso del endeudamiento
externo en la percepción de los inversionistas y en sus decisiones de retirarse
masivamente de los "mercados emergentes" ante cualquier cambio en las variables
internas o internacionales. La crisis de 1997 de los países asiáticos, que se inicia con
Tailandia sorprende, en un primer momento, por tratarse de las economías más exitosas de
la década, con tasas de crecimiento superiores al 5% en promedio regional, las tasas de
inversión más elevadas del mundo (entre 30 y 35%), y niveles de reservas confortables.
Se trata, además, de economías que ocupan un lugar importante en las corrientes de
comercio y capital a nivel mundial. En gran medida, la reacción de los mercados ante la
crisis monetaria iniciada en Tailandia se explica por el temor del "contagio"
internacional, mayor que en la crisis de 1994.Pese a las diferencias, hay elementos
comunes en estas crisis, aunque matizados por distintos contextos internacionales y
opciones políticas. En ambos casos se pueden extraer lecciones en relación con las
políticas para el desarrollo.
II. Síntomas que
predisponen a una crisis financiera: "Sorpresas anunciadas"
Independientemente de las
distancias geográficas y las diferencias económicas que separan a los países en
desarrollo, industrializados o "en transición" que se han visto afectados por
las crisis financieras más recientes, se pueden identificar varios elementos comunes y
recurrentes, que incrementan la vulnerabilidad ante las turbulencias del sistema
monetario y financiero mundial, tales como:
Saldos deficitarios
en cuenta corriente y evolución desfavorable del saldo comercial;
Déficit fiscal
importante;
Déficit comercial debido
a la apreciación de la tasa de cambio, ya que la entrada de capitales excede la
necesidad de financiamiento de la cuenta corriente, y por consiguiente;
Pérdida de
competitividad de las exportaciones, que sustentan el crecimiento económico;
Importantes niveles de endeudamiento
externo, en particular frente a inversionistas privados;
Tasas de crecimiento
elevadas e incluso, en algunos casos donde el crecimiento es particularmente rápido,
la "pérdida de control del crecimiento", con el subsiguiente riesgo de espiral
especulativa ("boom" inmobiliario, por ejemplo);
Tasa de inversión
interna elevada y superior al ahorro interno, debido al aumento de la demanda
doméstica.
En algunos casos, uno o dos de
estos elementos alcanzan tal magnitud que se convierten en detonantes de la crisis; en
otros, es el conjunto de varios elementos el que predispone la economía a una salida de
capitales y a una devaluación.
III. El contexto
internacional de 1997 es distinto al de 1994
A los elementos de índole
interna que explican la fragilidad de una economía en caso de turbulencias se añaden las
variables provenientes del contexto internacional. En la creciente interdependencia de los
mercados de capital, donde una orden en un teclado de computadora es suficiente para
movilizar enormes capitales en pocos minutos, la combinación de factores de crisis
endógenos y exógenos puede generar efectos devastadores, tanto para el primer país
afectado como para el sistema regional o internacional.
Una de las variables del
entorno externo que más incide sobre la crisis financiera de un país o de un grupo de
países se refiere al nivel de las tasas de interés internacionales, particularmente en
dos circunstancias: i) si se trata de una economía altamente endeudada, donde el peso del
servicio de la deuda externa varía en función de dichas tasas; y ii) si hay un
importante diferencial entre las tasas de interés nacionales e internacionales, lo cual
puede determinar entradas o salidas repentinas de capital, sobre todo con fines
especulativos.
En 1994, ambas circunstancias
fungieron de telón de fondo a las turbulencias de varios países latinoamericanos y de
otras latitudes. En la actual crisis de los países asiáticos, en cambio, el segundo de
estos escenarios parece ser relativamente más importante, ya que no se trata de
economías con importante deuda externa, ni de países que han recurrido a políticas
sistemáticas de aumento de sus tasas de interés con el objeto de atraer nuevos flujos de
capital. En cuanto a las tasas de interés internacionales, el promedio general se ha
mantenido bajo en los últimos años, siendo las de Japón y de Alemania muy bajas,
mientras que las de los Estados Unidos tienden a aumentar levemente. Obviamente, en este
caso los inversionistas se muestran muy sensibles a las tasas que ofrecen los mercados
emergentes. Otra diferencia con los años 1994-95 se refiere a la situación del dólar
que se está actualmente apreciando frente al marco alemán y al yen, contrariamente a ese
período.
Las lecciones nunca aprendidas
de la especulación indican que "La locura especulativa recurrente junto con la
debacle financiera que la acompaña son, estoy convencido, inherentes al sistema (...). Es
claro que la crisis especulativa, con aumentos que generan aumentos, es parte del propio
mercado. Al igual que la estrepitosa caída con la que culmina". Así lo señaló
John Kenneth Galbraith, en A Short History of Financial Euphoria, 1989.
IV. ¿Hay que culpar a
los regímenes de cambio?
La reciente crisis de los
mercados financieros asiáticos ha exacerbado la tradicional polémica en torno a la
conveniencia de establecer controles sobre los flujos de capital los de carácter
especulativo en particular- en un momento en que se acelera la apertura de los sistemas
financieros en el mundo entero.
Para las economías
"emergentes", preocupadas por atraer inversiones o dependientes de
financiamiento externo privado, como en el caso de los países asiáticos, el dilema entre
apertura y control no es de fácil solución. El debate recién empieza entre partidarios
y opositores de los controles sobre los movimientos de capital en instancias y foros como
el G.7 o el FMI. La delicada decisión sobre el régimen aplicable a los flujos de
capitales extranjeros va aunada a varios factores:
La escogencia de la política
cambiaria más adecuada: ¿tasas de cambio flotantes, fijas o "dirigidas"?
La búsqueda de competitividad
de las exportaciones, que varía en función del valor de la moneda nacional frente al
dólar y a otras divisas relevantes para los flujos de comercio.
El control que se ha
logrado sobre la inflación, el cual incide en el grado de apertura del sistema
financiero: una economía estable facilita la remoción de restricciones a la circulación
de capitales extranjeros, que son considerados como una importante fuente de
financiamiento del desarrollo.
La atracción de capital
extranjero para minimizar el riesgo de flujos especulativos- debe ser acorde con la capacidad
productiva de la economía, es decir, su capacidad de absorber y usar eficientemente
los recursos provenientes del exterior.
El sistema bancario
del país y la supervisión correspondiente influyen en la decisión de abrir o controlar
el régimen cambiario y las entradas de capital: ante la liberalización del mercado de
capital, los bancos se enfrentan a una nueva competencia que puede incentivarlos a
recurrir a carteras de préstamos poco productivas y no confiables.
Sistemas Cambiarios*
|
Flotación
Libre |
Flotación
controlada |
Tipos
fijos o móviles
(Crawling peg) |
Controles
monetarios
al capital especulativo |
|
Brasil
Chile
China
Corea del Sur |
Hungría |
|
México
Perú
Flotación libre
después de los ataques |
Polonia
Eslovaquia
Indonesia
Rep. Checa
Tailandia
Malasia
Filipinas |
Argentina |
* existentes para el 8 de agosto de
1997
Fuente: Datos nacionales, The Economist Intelligence Unit,
Caisse des Dépotes et Consignations.
V. El contagio
sistémico
La experiencia de 1994-95
había demostrado que la globalización financiera acelera y profundiza la crisis, y que
virtualmente ningún país escapa a su impacto. Pero la reciente crisis asiática parece
haber enfatizado el potencial de "contagio", debido a la importancia de las
economías de esa región en los flujos de comercio y en el producto mundial.
Un análisis de The
Economist (1-11-97, p.77) señala tres efectos sistémicos de la crisis asiática:
1. En los países asiáticos
más afectados ya se registran aumentos de las tasas de interés, devaluaciones (menos en
Hong Kong), caída de los precios inmobiliarios y, en general, de la demanda y de la
inversión. Se pronostica para toda la región (excluyendo China) un crecimiento promedio
de 4-5% en 1998 en lugar del 7% de 1996. Sin embargo, se espera también que la
recuperación de esas economías será rápida, en particular la de Hong Kong.
2. Fuera de la región, las
repercusiones son igualmente graves: la disminución de la demanda en esos países afecta
las exportaciones de Japón (44% de su total mundial), Estados Unidos (25%) y Europa (7%).
En el caso de Japón, las tres cuartas partes del crecimiento de sus exportaciones desde
1990 se ha basado en mayores ventas en los mercados asiáticos.
3. Las manufacturas de los
países asiáticos se han vuelto particularmente competitivas gracias a las devaluaciones
frente al dólar (del 40% para la rupia indonesia; 35% el baht tailandés; 25% el ringgit
malasio y el peso filipino; 15% el won surcoreano, el dólar taiwanés y el dólar de
Singapur), con lo cual las exportaciones de esos países crecerán vertiginosamente en los
próximos meses.
En consecuencia, las
perspectivas para el comercio de América Latina y el Caribe no son muy alentadoras, ya
que este panorama implica: un mayor déficit comercial de los Estados Unidos (que
podría alcanzar US$ 300.000 millones en 1998 en lugar de US$ 191.000 millones en 1996), y
por ende, más presiones proteccionistas por parte de ese país. Y como lo señala The
Economist, "aunque Asia quizás no esté a punto de arrastrar la economía
mundial a una sangrienta recesión, un resurgimiento del proteccionismo sí podría
hacerlo."
VI. Implicaciones de
las crisis financieras para las estrategias de desarrollo
Más allá de la especulación
(que es por definición, impredecible, y puede tener efectos devastadores incluso para las
economías más estables), y además de los elementos de vulnerabilidad ya señalados que
favorecen las salidas de capital o devaluaciones drásticas, es importante analizar las
crisis financieras de los años recientes desde la perspectiva de las estrategias de
desarrollo.
Las lecciones más importantes
que se desprenden del "efecto Tailandia" y sus secuelas se refieren a los
principios básicos del buen manejo macroeconómico y a las condiciones necesarias para
lograr una exitosa inserción en la economía mundial:
La competitividad de las
exportaciones no puede ser únicamente coyuntural, es decir sujeta a los altibajos de las
tasas de cambio: la competitividad debe ser estructural o sistémica (ver SELA,
Notas Estratégicas No. 26 "En Busca de una Nueva Política Industrial",
Nov.1996). Eso implica exportaciones diversificadas, de mayor valor agregado y de menores
costos en los mercados internacionales.
Por consiguiente, la
inversión, tanto interna como extranjera, debe orientarse principalmente hacia aquellas actividades
productivas que apoyen el desarrollo estructural. Los flujos de inversión
potencialmente más riesgosos y de efectos volátiles son aquellos que se concentran en
actividades como la construcción inmobiliaria.
Igualmente peligroso
resulta el deterioro del sector bancario cuando pasa a depender de un
"boom" como el inmobiliario, además de contraer deudas en el exterior que debe
honrar con una moneda devaluada.
En definitiva, parece más
importante lograr estructuras económicas sólidas antes que un crecimiento acelerado que
supere la capacidad productiva y de absorción de la economía, y cuyo control puede
resultar difícil.
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