"Crecimiento y empleo"
Edición Nº 52

Octubre - Diciembre 1997

Editorial

    El crecimiento económico que no se refleja en un aumento proporcional del empleo, constituye una de las grandes paradojas que acompaña a las mutaciones vinculadas al proceso de globalización, a la reestructuración y apertura de nuestras economías y a la práctica de "regionalismo abierto" que los países de América Latina y el Caribe han emprendido.

    Pero la globalización representa, entre sus múltiples dimensiones, la introducción de cambios profundos entre la fuerza de trabajo, el capital, el sistema productivo y sus factores de articulación. Existe ahora crecimiento con fragmentación; se genera una globalización de las inclusiones (para países, regiones y segmentos de las sociedades) y una globalización de la marginación, de las exclusiones.

    Se requiere entonces desarrollar políticas y acciones que promuevan una «globalización con inserción" para América Latina y el Caribe, que tenga como base de sustento una concepción que apunte a criterios regionales en materia económica, productiva y laboral.

    En efecto, la globalización impone dos exigencias a nuestra región que entre sí resultan antagónicas. Se nos exige trabajar a un costo aún menor que el de aquellas economías que cuentan con salarios bajos y mano de obra excedente. Al mismo tiempo, se nos exige producir de forma más eficiente que aquellas economías que cuentan con tecnologías más avanzadas.

    La experiencia ganada durante las últimas décadas indica que dar la espalda a la globalización no constituye una respuesta de efectos positivos. La búsqueda de una vía adecuada, en cuya construcción pueden colaborar entre sí los países de la región, parece estar basada en construir una inserción no excluyente que se oriente desde abajo hacia arriba, es decir, desde nuestra propia idiosincrasia hacia el mundo.

    Surgen en este ámbito múltiples preguntas: ¿Cómo se va a compatibilizar, en una inserción estratégica que se desea perdure más allá del corto plazo y que tenga efectos positivos y autosostenidos, la estabilidad macroeconómica con el desarrollo industrial y la obtención de mejoras sustantivas en la situación del empleo? ¿Cómo puede el sector productivo contribuir efectivamente a resolver –en forma directa o indirecta- los problemas relativos al empleo y la equidad?

    Varios elementos surgen de estas reflexiones:

    Primero, que el proceso de globalización presenta experiencias y fuerzas contradictorias. Se observa una creciente resistencia de la sociedad civil, expresada particularmente por las fuerzas laborales. Tal, por ejemplo, el caso de la Unión Europea -cierre de la fábrica Renault en Bélgica, movimientos populares en Francia a partir de diciembre de 1995, cambios de gobierno en varios países europeos- ante los efectos negativos que sobre el empleo generan los nuevos modelos y valores relacionados con la producción, la competencia y la eficiencia.

    Segundo, tras un largo tiempo social dominado por el trabajo, esa percepción –si bien, de manera aún muy confusa- comienza a ser seriamente cuestionada por otra jerarquía de las actividades humanas que, nos guste o no, parece abrir la puerta a una nueva era: el pasaje del "Homo urbanus" y del "Homo economicus", a un "Homo ignotus", quizás, al "Homo cientificus y tecnicus".

    El avance de la lógica económica de lo inmaterial (el agregado de conocimiento a las máquinas, que permite producir mayores riquezas cuantitativas con menor trabajo humano) va modificando gradualmente los parámetros previamente vigentes: el crecimiento del PIB puede crear en el futuro un número cada vez menor de puestos de trabajo en los sectores productivos. La mutación tecnológica gradualmente parece conducir al mundo (con distintos tiempos y restricciones, según las situaciones particulares) a una mutación geoeconómica y social de muy profundas consecuencias: una de ellas consiste en la probable reducción permanente del tiempo de trabajo y del número de trabajadores activos.

    Ambas dimensiones –la inserción actual, con el paradigma aún vigente, y la que pronostican para el próximo siglo las tendencias recién señaladas– deberían ser muy tenidas en cuenta por América Latina y el Caribe en la concepción de su desarrollo y en la formulación de estrategias de solución al problema del empleo.

    El presente número de Capítulos del SELA examina la compleja vinculación del crecimiento económico y el empleo, a través de diversos artículos que reproducen gran parte de las intervenciones y debates realizados en la reunión sobre el tema que tuvo lugar en Río de Janeiro (Brasil), en setiembre, y el panel efectuado en octubre de 1997, en el marco de la XXIII Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano del SELA, la cual emitió una Decisión y una Declaración al respecto.

    Estos encuentros permitieron un análisis pormenorizado del tema y un intenso intercambio de experiencias nacionales de las que se extrajeron elementos de juicio para el diseño y articulación de las políticas económicas y sociales, al igual que nuevas alternativas y modos de dar solución al crítico problema de la generación de empleo productivo.

     

    Embajador Carlos Moneta
    Secretario Permanente del SELA

     

 


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