El crecimiento económico que
no se refleja en un aumento proporcional del empleo, constituye una de las grandes
paradojas que acompaña a las mutaciones vinculadas al proceso de globalización, a la
reestructuración y apertura de nuestras economías y a la práctica de "regionalismo
abierto" que los países de América Latina y el Caribe han emprendido.
Pero la globalización
representa, entre sus múltiples dimensiones, la introducción de cambios profundos entre
la fuerza de trabajo, el capital, el sistema productivo y sus factores de articulación.
Existe ahora crecimiento con fragmentación; se genera una globalización de las
inclusiones (para países, regiones y segmentos de las sociedades) y una globalización de
la marginación, de las exclusiones.
Se requiere entonces
desarrollar políticas y acciones que promuevan una «globalización con inserción"
para América Latina y el Caribe, que tenga como base de sustento una concepción que
apunte a criterios regionales en materia económica, productiva y laboral.
En efecto, la globalización
impone dos exigencias a nuestra región que entre sí resultan antagónicas. Se nos exige
trabajar a un costo aún menor que el de aquellas economías que cuentan con salarios
bajos y mano de obra excedente. Al mismo tiempo, se nos exige producir de forma más
eficiente que aquellas economías que cuentan con tecnologías más avanzadas.
La experiencia ganada durante
las últimas décadas indica que dar la espalda a la globalización no constituye una
respuesta de efectos positivos. La búsqueda de una vía adecuada, en cuya construcción
pueden colaborar entre sí los países de la región, parece estar basada en construir una
inserción no excluyente que se oriente desde abajo hacia arriba, es decir, desde nuestra
propia idiosincrasia hacia el mundo.
Surgen en este ámbito
múltiples preguntas: ¿Cómo se va a compatibilizar, en una inserción estratégica que
se desea perdure más allá del corto plazo y que tenga efectos positivos y
autosostenidos, la estabilidad macroeconómica con el desarrollo industrial y la
obtención de mejoras sustantivas en la situación del empleo? ¿Cómo puede el sector
productivo contribuir efectivamente a resolver en forma directa o indirecta- los
problemas relativos al empleo y la equidad?
Varios elementos surgen de
estas reflexiones:
Primero, que el proceso de
globalización presenta experiencias y fuerzas contradictorias. Se observa una creciente
resistencia de la sociedad civil, expresada particularmente por las fuerzas laborales.
Tal, por ejemplo, el caso de la Unión Europea -cierre de la fábrica Renault en Bélgica,
movimientos populares en Francia a partir de diciembre de 1995, cambios de gobierno en
varios países europeos- ante los efectos negativos que sobre el empleo generan los nuevos
modelos y valores relacionados con la producción, la competencia y la eficiencia.
Segundo, tras un largo tiempo
social dominado por el trabajo, esa percepción si bien, de manera aún muy confusa-
comienza a ser seriamente cuestionada por otra jerarquía de las actividades humanas que,
nos guste o no, parece abrir la puerta a una nueva era: el pasaje del "Homo
urbanus" y del "Homo economicus", a un "Homo
ignotus", quizás, al "Homo cientificus y tecnicus".
El avance de la lógica
económica de lo inmaterial (el agregado de conocimiento a las máquinas, que permite
producir mayores riquezas cuantitativas con menor trabajo humano) va modificando
gradualmente los parámetros previamente vigentes: el crecimiento del PIB puede crear en
el futuro un número cada vez menor de puestos de trabajo en los sectores productivos. La
mutación tecnológica gradualmente parece conducir al mundo (con distintos tiempos y
restricciones, según las situaciones particulares) a una mutación geoeconómica y social
de muy profundas consecuencias: una de ellas consiste en la probable reducción permanente
del tiempo de trabajo y del número de trabajadores activos.
Ambas dimensiones la
inserción actual, con el paradigma aún vigente, y la que pronostican para el próximo
siglo las tendencias recién señaladas deberían ser muy tenidas en cuenta por
América Latina y el Caribe en la concepción de su desarrollo y en la formulación de
estrategias de solución al problema del empleo.
El presente número de
Capítulos del SELA examina la compleja vinculación del crecimiento económico y el
empleo, a través de diversos artículos que reproducen gran parte de las intervenciones y
debates realizados en la reunión sobre el tema que tuvo lugar en Río de Janeiro
(Brasil), en setiembre, y el panel efectuado en octubre de 1997, en el marco de la XXIII
Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano del SELA, la cual emitió una Decisión y
una Declaración al respecto.
Estos encuentros permitieron un
análisis pormenorizado del tema y un intenso intercambio de experiencias nacionales de
las que se extrajeron elementos de juicio para el diseño y articulación de las
políticas económicas y sociales, al igual que nuevas alternativas y modos de dar
solución al crítico problema de la generación de empleo productivo.
Embajador Carlos Moneta
Secretario Permanente del SELA