La opción del benchmarking2 pudiera ser considerada una estrategia individual, ya
que una parte importante de su metodología implica el diseño e implantación de acciones
que le permitan a la empresa analizada cerrar la brecha que la separa con respecto a las
mejores prácticas detectadas en el estudio respectivo. Sin embargo, se considera como una
estrategia colectiva en virtud de que la identificación de las mejores prácticas
gereciales requiere la indagación y acumulación de datos, observaciones y conocimientos
procedentes de varias empresas, aunque una de ellas pueda ser escogida como socia para el
intercambio de información.
La opción de conformar cadenas
de producción es la más antigua de las estrategias colectivas que se conocen y responden
a la imposibilidad de cualquier empresa, por más recursos y poder que ella posea, de
alcanzar la autarquía, siendo necesario acudir a otras empresas para poder lograr sus
objetivos.
Las redes verticales
constituyen una excelente oportunidad tanto para las empresas pequeñas como para las
grandes. Las primeras tienen la posibilidad de asegurarse un sostenimiento, e incluso
crecimiento, a través del tiempo, mientras que las empresas grandes pueden concentrarse
en aquellas actividades que le son más rentables y disponer de una mayor flexibilidd
organizacional.
Una segunda opción de
estrategias colectivas está representada en la conformación de redes horizontales en
donde las empresas cooperan en algunas actividades pero compiten entre sí en un mismo
mercado3. Por ejemplo, las pequeñas empresas de
confección de alta moda en Nueva York, una vez que compiten con los modelos de una
determinada temporada, cooperan entre sí para la manufactura de los modelos que resultan
seleccionados en las diferentes exposiciones que se realizan al inicio de cada temporada
(Piere, 1990).
1. La asociatividad: alianza
voluntaria para la competitividad
La introducción efectuada
anteriormente, permite ubicar con mayor precisión lo que debería entenderse por
asociatividad, despojando a este término de falsas expectativas que pudieran conducir en
el futuro a una frustración.
Seis distinciones importantes tiene la asociatividad, a
saber:
Es una estrategia colectiva.
Tiene carácter voluntario.
No excluye a ninguna empresa
por el tipo de mercado en el cual opera.
Permite resolver problemas
conjuntos manteniendo la autonomía gerencial de las empresas participantes.
Puede adoptar diversas
modalidades jurídicas y organizacionales.
Es exclusiva para pequeñas y
medianas empresas.
La asociatividad permite el
esfuerzo colectivo de varias empresas que se unen para solventar problemas comunes y se
lleva a cabo mediante la acción voluntaria de los participantes, no siendo forzada la
cooperación por ninguna empresa en particular. La decisión de intentar la asociatividad
puede ser estimulada por instituciones ajenas a las empresas, como el Estado o los gremios
empresariales, pero en definitiva son las empresas las que deben llevarla a cabo. De
acuerdo a esta característica la asociatividad se asemeja a una red horizontal pero se
diferencia de ésta en que no hay restricciones para la afiliación. En las redes
horizontales la cooperación se busca entre empresas que atienden al mismo mercado.
Otra distinción importante de
la asociatividad es el alto grado de autonomía gerencial que mantienen los participantes
después de adoptar la decisión. Por ejemplo, la manera de emplear los recursos o
beneficios obtenidos a partir de la asociatividad es de la incumbencia exclusiva de cada
empresa, la cual debe responder ante el resto de participantes por la cuota parte de los
esfuerzos que le corresponde. La autonomía gerencial es un rasgo también presente en las
redes horizontales, pero en esta la afiliación, como ya se mencionó, está restringida a
quienes comparten el mismo mercado.
La posibilidad de mantener un
alto grado de autonomía gerencial puede constituir uno de los principales estimuladores
al desarrollo de la asociatividad en el futuro. Bajo esta modalidad los directivos de las
empresas no son obligados a compartir información que estimen confidencial para sus
compañías, como en el caso de la cooperación compulsiva de las redes verticales, o las
exigencias de las alianzas estratégicas.
Una distinción adicional de la
asociatividad es el carácter amplio de actividades de cooperación que puede abarcar. La
asociatividad se puede establecer para múltiples propósitos desde el financiamiento
hasta la investigación conjunta de determinado problema y, al mismo tiempo, abarcar las
diferentes etapas de los procesos básicos de las empresas, a saber, diseño, manufactura,
comercialización, servicio post-venta, entre otros. En principio, no hay limitación del
ámbito de la cooperación en la asociatividad como sí lo hay tanto en las redes
verticales como en las horizontales. En las redes verticales el ámbito de la cooperación
está determinado, como ya se ha mencionado, por los intereses específicos de la cadena
de producción o incluso por los intereses estratégicos de las empresas líderes. En las
redes horizontales, la cooperación está restringida a los límites impuestos por los
mercados en los cuales operan las redes. En la asociatividad tampoco hay restricciones
para la participación en cuanto al tipo de actividad que desempeñe la empresa
participante.
La última distinción
señalada de la asociatividad es que ella constituye un mecanismo de agregación de
intereses exclusivo para las pequeñas y medianas empresas. Las grandes empresas apelan a
la cooperación a través de alianzas estratégicas y aun cuando una misma empresa pueda
mantener múltiples alianzas estratégicas siempre cada una de ellas es un acuerdo
específico entre dos partes y no hay, en consecuencia, el carácter colectivo.
Las características de la
asociatividad le otorgan a este mecanismo de cooperación inter-empresas una alta
flexibilidad de afiliación, operación y ámbito de acción que puede ser empleado tanto
por empresas insertadas en redes verticales u horizontales, o incluso para aquéllas que
no pertenezcan a ninguna red.
Una empresa pequeña en particular puede estar
simultáneamente empleando tanto la estrategia colectiva de la asociatividad como la de la
integración en una red de producción. Las exigencias gerenciales, tecnológicas y
financieras, entre otras, pueden ser, sin embargo, diferentes.
Dentro de las modalidades de la
asociatividad se puede dar el caso de que las empresas participantes también integren una
red horizontal de producción, donde todas ellas elaboran los mismos productos para un
mismo mercado (cliente). En esta situación prevalece la independencia jurídica y cada
empresa participante es responsable ante sus clientes por la calidad y condiciones de
entrega de sus productos.
2. Condiciones para la viabilidad de la asociatividad
A pesar de las amplias bondades
que el mecanismo de asociatividad promete para el sector de la PYME, su viabilidad está
restringida básicamente por los siguientes factores:
1. La falta de una cultura de
cooperación entre empresas.
2. El prevaleciente sesgo
anticompetitivo de las relaciones inter-empresas.
3. La ausencia de un entorno
institucional que estimule y soporte la existencia de mecanismos de cooperación.
4. La confusión del término
con otros tipos de estrategias individuales y colectivas.
5. La falta de difusión de las
experiencias que pueden ser tipificadas como praxis de asociatividad.
Como se ha señalado
anteriormente, la cooperación entre firmas ha recibido un impulso solo en los últimos
años, fundamentalmente a través de las alianzas estratégicas y con estrecha
vinculación a los clusters de producción. En las redes horizontales la necesidad
de cooperación ha sido menos necesaria y es estimulada cuando confluyen varios factores
entre las cuales está precisamente la cultura organizacional -atributo intangible de las
empresas- que privilegia la cooperación sin renunciar a la competencia. De hecho
recientemente se ha acuñado el término coo-petencia para indicar los esfuerzos para
combinar la cooperación («paz») con competencia («guerra») que vienen realizando
algunas empresas, fundamentalmente grandes. Este tipo de esfuerzos están basados en la
aplicación de la teoría de los juegos a los negocios (Nalebuff y Brandenburger, 1996).
Otra restricción para
materializar acuerdos de cooperación como el de la asociatividad, deriva de las
políticas macroeconómicas de los países que restringen negativamente la competitividad
a través de protecciones arancelarias o subsidios indiscriminados e ineficientes. Ello,
aunado a una pesada red institucional que dificulta la interacción ágil de los agentes
económicos y sociales, configuran barreras que desestimulan el desarrollo de mecanismos
de cooperación.
Adicionalmente a los factores
anteriormente señalados, que constituyen obstáculos para cualquier mecanismo de
cooperación, en el caso particular de la asociatividad hay que agregar la confusión que
existe sobre el término y la poca divulgación de las experiencias que se han acumulado
sobre este mecanismo.
La asociatividad tiende a
confundirse como una asociación de empresas que enfrentan problemas comunes y que
requieren asociarse para presionar ante otra empresa o instancia gubernamental para una
solución reivindicativa, generalmente coyuntural, por ejemplo, una facilidad crediticia,
un descuento en las compras de materias primas o un cupo en la asignación de órdenes de
compra o despachos de materiales. Otra confusión del término es considerarlo como una
cooperativa con sus tradicionales mecanismos de asambleismo para la toma de decisiones y
el marcado carácter social de su razón de ser.
Para enfrentar las
restricciones a la viabilida de la asociatividad y garantizar el éxito de la misma se
requieren diferentes acciones por parte de los actores que están envueltos directa e
indirectamente en el proceso. A nivel de la empresa es necesario que la dirección de la
misma adopte la cultura de la cooperación competitiva y busque en consecuencia sus
aliados más importantes: otras empresas con necesidades similares de cooperación.
Adicionalmente se requiere el concurso de los gremios empresariales como vehículo
cohesionador y divulgador de la asociatividad, y finalmente se precisa del soporte
institucional, fundamentalmente del Estado. El Estado debe no solamente crear las
oportunidades de intercambio de información y experiencias de cooperación
inter-empresas, sino adecuar el marco legal para la operatividad de las distintas formas
organizativas que se pueden adoptar en la asociatividad.
Dado el amplio espectro de
actividades que pueden desarrollarse a través de la asociatividad y las múltiples
combinaciones organizacionales que se pueden adoptar para llevar a cabo el esfuerzo
colectivo, es conveniente estructurar una especie de tipología de la asociatividad. Los
diferentes tipos de asociatividad pueden agruparse atendiendo a varios criterios, a saber:
En función de las diferentes
fases del proceso empresarial: del diseño a la comercialización.
En relación a cada una de
las funciones básicas que existen en cualquier empresa: financiamiento,
aprovisionamiento, recursos humanos, servicios, etc.
Según el alcance de la
asociatividad: geográfico, sectorial, especializado, diversificado, integral, etc.
Independientemente de la
actividad que sea susceptible de someter a un proceso de asociatividad se debe tener en
cuenta que uno de los propósitos fundamentales de este mecanismo de agregación de
intereses es la búsqueda de economías de escala sin perder la flexibilidad intrínseca a
toda empresa pequeña.
1. La asociatividad a través de las fases del proceso
empresarial
Independientemente del tamaño
y naturaleza de las empresas en todas ellas se lleva a cabo un proceso que tiene por
objeto la creación de valor y que abarca tres fases. La inicial comprende la
investigación y desarrollo y el diseño de los productos o servicios que la empresa desea
producir. En la fase siguiente se cumplen todas las actividades referentes a la
producción de los bienes y servicios de la empresa y la última consiste en la
comercialización de los productos.
Por lo general las pequeñas y
medianas empresas, por su escasez de recursos o por estar insertadas en redes de
producción verticales, no se involucran directamente en todas las actividades de la
cadena de valor, pero en aquéllas en que sí lo están es posible identificar
oportunidades de asociatividad.
a. En la fase I de diseño del producto/servicio
En general, el diseño de los
productos en las empresas comprende tres etapas: la investigación que conduce a una
innovación, el desarrollo de esta innovación que eventualmente puede requerir la
elaboración de pruebas y ensayos, y el diseño definitivo del producto o servicio.
Aun cuando es generalmente
aceptado que una de las ventajas competitivas de las empresas pequeñas es su capacidad de
innovación y la sobrevivencia de muchas de ellas dependen del manejo exclusivo de esta
habilidad, también es cierto que muchas innovaciones no llegan a materializarse en
productos por la falta de recursos para la manufactura o por la dificultad para
patentarlas. La asociatividad en la fase de investigación, desarrollo y diseño puede
permitir la explotación colectiva de oportunidades y habilidades de las empresas
individuales.
Para las PYMEs que operan en
redes horizontales, así como para aquellas independientes4
la asociatividad en algunas de las actividades de esta fase inicial del proceso
empresarial puede resultar atractiva. Por ejemplo, varias empresas pueden constituir una
empresa dedicada a gestionar, directamente o mediante subcontratación con otras
organizaciones -universidades- la ejecución de algunas actividades propias de la fase:
los ensayos, la elaboración de prototipos, la identificación de nuevos materiales,
procesos, entre otras.
Una forma organizativa que
puede adoptar la asociatividad en esta fase puede ser la contratación conjunta de los
servicios a una empresa que se dedique a la explotación de los mismos, incluso la
contratación puede llegar a realizarse con instituciones académicas.
La asociatividad para la
producción en escala de los productos diseñados a partir de innovaciones de las empresas
participantes es una estrategia colectiva que puede dar excelentes resultados en el sector
PYME.
b. En la fase II de producción
Durante las fases de
producción de los bienes y servicios se pueden establecer dos tipos de oportunidades para
la asociatividad: una alrededor del producto y otra sobre el proceso.
En relación al producto, las
posibilidades de asociatividad abarcan dos dimensiones: los componentes (piezas o partes
integrantes del producto final) y los volúmenes de producción. Para la primera
dimensión, la asociatividad puede permitir la elaboración conjunta de algunos
componentes que individualmente las empresas no lo puedan fabricar por diversas razones.
La dimensión volumen de la
asociatividad alrededor del producto es el caso típico de integración virtual de las
diferentes capacidades de producción. En este tipo de asociatividad las ventajas de la
consecución de la economía de escala virtual, lograda por todos los participantes, sin
que ninguna de ellas realice ampliaciones de sus respectivas capacidades de producción,
debe contrastarse con los costos asociados en la corresponsabilidad asumida ante el
cliente común por el despacho oportuno y con la misma calidad por parte de todos.
En el proceso productivo
también existen diferentes tipo de asociatividad que se pueden enumerar siguiendo la
corriente de ingreso, conversión y salida de los materiales en cualquier proceso
productivo. Comenzando por el ingreso, la asociatividad puede darse para la adquisición
de materias primas, e incluso incorporar a este mecanismo, con la misma figura
organizativa o con otra distinta, otras actividades relacionadas con el ingreso de la
materia prima a los procesos productivos.
También en la parte
correspondiente al proceso productivo, la asociatividad se puede dar en torno a los
servicios básicos que generalmente se necesitan en todas las plantas como son los de
mantenimiento, inspecciones especiales, paradas de planta, remodelaciones y pequeñas
ampliaciones.
También en la parte final del
proceso productivo existen oportunidades para la asociatividad empresarial en actividades
como la inspección final de productos, particularmente cuando se requieran ensayos y
pruebas especiales que demanden equipos especializados y costosos. Otra posibilidad está
en el embalaje y almacenamiento del producto antes del envío a los mercados y cuando las
empresas no dispongan de suficiente espacio o equipos para el embalaje.
Se debe tener en cuenta que la
asociatividad en actividades correspondientes a la fase de producción, la autonomía
gerencial -una ventaja distintiva de la asociatividad como estrategia colectiva- se
restringe bastante por cuanto se requiere de una estrecha coordinación entre cada una de
las empresas participantes con la empresa u organización creada.
c. En la fase III de
comercialización
Es en la última fase del
proceso empresarial en donde las PYMEs acusan sus mayores debilidades y en consecuencia en
donde están presenten las prioridades para la cooperación. También en esta etapa es en
donde factores institucionales, específicamente, la acción de los gobiernos, puede dar
un soporte para la creación de diferentes formas de asociatividad.
Siguiendo el mismo patrón de
las fases anteriores, en la comercialización las actividades que pueden ser sometidas a
procesos de asociatividad son:
La recepción de los pedidos
o las solicitudes.
Los despachos o entregas de
productos.
El transporte de los
productos.
El servicio post-venta.
En la investigación de
mercados.
La recepción coordinada y
eficiente de los pedidos o las solicitudes de servicios en las empresas pequeñas, así
como los despachos y entregas, suele ser una debilidd que les afecta su credibilidad como
proveedores, particularmente cuando los clientes están dispersos en una extensa área
geográfica, dificultándose a las PYMEs la asignación de recursos a esta actividad. La
debilidad se hace mayor cuando existe un potencial exportador que para explotarlo se
requeriría de la dedicación de significativos recursos. La asociatividad para esta
actividad puede ser tan simple como la contratación conjunta de un vendedor, hasta la
conformación de una empresa comercializadora.
El servicio post-venta cuando
requiera ofrecerse en un amplio radio de acción geográfica y que posea carcterísticas
susceptibles de alcanzar economías de escala constituye una oportunidad para la
asociatividad, particularmente cuando este tipo de servicio sea un requisito para entrar a
los mercados.
Por último, la investigación
de mercados que, es prácticamente inexistente en la PYME, es un área en la cual es
deseable y posible instrumentar formas de asociatividad que pueden permitirle a las
empresas participantes un manejo más directo y confidencial que cuando lo realizan a
través de alguna subcontratación o alianza estratégica.
2. La asociatividad para las
funciones básicas
de una empresa
Independientemente del número
de fases del proceso empresarial en las cuales la empresa esté involucrada, siempre será
necesario adelantar al menos seis funciones básicas, a saber:
El financiamiento de las
actividades.
El aprovisionamiento de los
recursos físicos, principalmente la materia prima.
La gestión de recursos
humanos.
La administración y control
de los recursos.
La gestión de calidad.
La gestión tecnológica.
De las seis funciones básicas
relacionadas, al menos en cinco se encuentran oportunidades para la cooperación a través
de la asociatividad. La única que no es deseable someter a la asociatividad a fin de
garantizar uno de sus atributos esenciales -la autonomía gerencial- es la administración
y control de los recursos.
Las cinco funciones básicas en
donde es posible adelantar formas de asociatividad serán analizadas en el presente
trabajo las relativas al financiamiento, aprovisionamiento y gestión de recursos humanos
por ser ellas en donde más se han ensayado diversas formas de cooperación y ayuda hacia
la PYME -la financiación- o en donde mayor impacto económico -aprovisionamiento- y de
desarrollo de competencias -recursos humanos- se puede lograr en un plazo relativamente
corto. La asociatividad para la calidad y la gestión tecnológica, si bien son
importantes en cualquier empresa, pueden asumir características similares con las otras
tres.
a. Para el financiamiento
El financiamiento de las PYMEs
ha sido el tema más abordado tanto en los organismos multilaterales como en los gobiernos
nacionales y los organismos gremiales del sector. También en esta función básica de
toda empresa es en donde se ha logrado ya materializar varias experiencias de
asociatividad como las denominadas garantías comunes o caución común como se les
denomina en España.
Según el concepto de caución
común, varias empresas constituyen una misma fianza o garantía ante el organismo
financiero respectivo, aportando cada compañía una cuota parte de la fianza en forma
proporcional al beneficio recibido. Para acceder al crédito, las empresas deben
constituir formalmente una empresa que es la que asume la responsabilidad jurídica ante
el organismo financiero.
El financiamiento otorgado a
las empresas puede ser para la adquisición de materia prima o equipo -incluyendo el
arrendamiento financiero- o bien para financiar una investigación correspondiente a la
fase de diseño o cualquier otra actividad del proceso empresarial (cadena de valor).
Dadas las fuertes regulaciones
existentes en el sistema financiero en la inmensa mayoría de los países, la
asociatividad para el financiamiento requiere de un alto grado de formalización jurídica
lo que hace aumentar los costos de la cooperación. La manera de compensar tales costos es
buscando beneficios que se pueden obtener, ampliando la base de empresas participantes, o
bien identificando oportunidades de asociatividad con bajo riesgo financiero.
La ampliación de la base de
empresas participantes en una asociatividad para el financiamiento puede introducirle
rigidez al proceso de cooperación y largos períodos de captura de los aportes
individuales al patrimonio común. Una asociatividad de muchas empresas puede conducir a
la pérdida de la identidad de estrategia colectiva, que está orientada a estimular un
mecanismo de cooperación para el aumento de la competitividad, acercándolo más al
concepto de cooperativa. Este, como ya se ha mencionado, tiene una marcada orientación
social. Por otro lado, una figura organizativa de asociatividad con muchos participantes
puede estar compitiendo desventajosamente con las instituciones financieras establecidas
debido a los costos de creación y operación en los cuales se debe incurrir.
Otra opción para buscar
beneficios en la asociatividad para el financiamiento reside en la rigurosa selección y
evaluación de los proyectos de las empresas a ser financiados. Ello puede requerir de la
organización establecida la creación de unidades especializadas en la evaluación de
proyectos de inversión, lo que demandaría recursos humanos e infraestructura que suelen
tener con ventajas los organismos crediticios.
Siendo el financiamiento una de
las principales debilidades de las PYMEs, la asociatividad para solventar la misma debe
ser cuidadosamente instrumentada y mantenerla lo más simplificada que sea posible a
objeto de abaratar los costos.
b. Para el aprovisionamiento
Una de las oportunidades de
aplicar la asociatividad con mayor viabilidad jurídica y financiera es para el
aprovisionamiento de los recursos físicos de toda empresa. En particular, en las compras
de materias primas es posible alcanzar acuerdos de agregación de volúmenes de compra que
les pueden permitir a las empresas participantes del esfuerzo acceder a sus insumos
básicos, e incluso obtener descuentos que de una manera individual no conseguirían.
La asociatividad para el
aprovisionamiento si bien no demanda mayores requisitos organizacionales y jurídicos
-incluso se puede manifestar a través de la contratación de un comprador común-
requiere, sin embargo, algunas características comunes a las empresas participantes, como
compartir las especificaciones de la materia prima a adquirir -mientras más estandarizada
esta sea, más factible será la asociatividad- o bien abastecerse de un mismo proveedor
aun cuando requieran individualmente diferentes tipos de materias primas. Otro requisito
importante para garantizar la viabilidad de la asociatividad en este campo es la calidad
de los pronósticos de demanda que las empresas tengan inndividualmente.
También la asociatividad para
el aprovisionamiento puede ser empleada para la adquisición de equipos e incluso para la
contratación de licencias tecológicas y otros activos fijos e intangibles requeridos por
las empresas. Sin embargo, la viabilidad de esta modalidad puede estar restringida por la
dificultad de conseguir la similitud en los equipos o activos a adquirir, debiéndose
convertir en tal caso más en una asociatividad para el financiamiento que para la
adquisición.
El aprovisionamiento es una
función que no solamente abarca los bienes e insumos materiales que las empresas
requieren para sus procesos, sino que incluyen los servicios de diversas índoles como los
de información, mantenimiento, ensayos, inspecciones, adiestramientos, entre otros. Las
empresas pequeñas generalmente no pueden acceder a muchos servicios individualmente por
lo que la asociatividad pudiera ser una opción beneficiosa.
c. Para la gestión de
recursos humanos
Tan crítica como la debilidad
financiera de las PYMEs es la dificultad que tienen este tipo de empresas para contratar y
retener personal calificado para sus operaciones. A diferencia de las empresas grandes,
las cuales disponen de unidades especializadas y dedicadas a la gerencia de los procesos
básicos de recursos humanos -selección, entrenamiento y desarrollo, entre otros- las
empresas pequeñas y medianas adolecen de una capacidad de gestión para sus recursos
humanos. La asociatividad puede ser un adecuado mecanismo para la superación colectiva de
carencias individuales en el área de los recursos humanos.
Más allá de las tradicionales
actividades de reclutamiento y selección de personal, que no requieren de mayores
esfuerzos para su satisfacción individual por las empresas, son las actividades de
aseguramiento y protección médico-social de los trabajadores en donde hay carencias de
soluciones adaptables a las PYMEs y por ende un reto para la asociatividad.
Tomando en cuenta que
actualmente los países de la región viven un período de transición en donde aún
están en pleno proceso de desarrollo nuevas instituciones de protección médico-social
para los trabajadores y transcurrirá un período de tiempo relativamente largo para su
consolidación, la asociatividad puede ser una opción temporal beneficiosa para las
pequeñas y medianas empresas que deseen cooperar para enfrentar eficiente y
colectivamente la problemática de protección de sus trabajadores. Por ejemplo, las
empresas en una misma localidad -se requiere en este caso el factor espacial- puede
establecer una asociatividad para satisfacer algunas necesidades básicas de protección
médico-social que son comunes a las empresas, independientemente del tipo de producto que
elaboren o el mercado atendido. Tal es el caso de los exámenes de laboratorio, consultas
odontológicas, medicina general, préstamos cooperativos para consumos esenciales y otras
actividades.
Por otra parte, si bien en casi
todos los países existen instituciones del Estado, así como diversas asociaciones del
sector privado y laboral, para satisfacer las necesidades de formación de recursos
humanos de las empresas, la realidad es que el grado de satisfacción de los mismos es
ínfimo, si se toman en cuenta no sólo las ineficiencias de las instituciones actuales,
sino la creciente brecha entre los requerimientos de la competitividad y los recursos
disponibles para la educación laboral. Mientras las grandes empresas disponen de mayor
holgura para dedicarle esfuerzos a la formación de sus recursos humanos, las pequeñas y
medianas adolecen no sólo de la falta de recursos sino de estrategias sólidas al
respecto. La asociatividad puede ser una opción para la superación de estas
restricciones de la PYME aunque podría verse limitada, por la existencia de instituciones
ya establecidas para la formación de recursos humanos y la naturaleza tan específicas de
las necesidades de cada empresa participante, sobre todo cuando éstas pertenecen a
sectores industriales diferentes.