En el abordaje del tema de la
innovación y las empresas es preciso detenerse, siquiera brevemente, en varios aspectos.
En primer lugar, ¿qué se entiende por innovación? Para responder a esta pregunta hay
más de una propuesta. En este trabajo se considera innovación a aquellas actividades que
están comprendidas en la tipología de Schumpeter contenida en una de sus obras primeras1. Por lo tanto, la innovación comprende:
- La introducción de un nuevo
producto o un cambio cualitativo en un producto que ya existe.
- La introducción de un nuevo
proceso, no conocido en la rama industrial.
- La apertura de un nuevo
mercado.
- El desarrollo de nuevas
fuentes para el abastecimiento de materias primas o de insumos.
- La introducción de cambios
en la organización industrial.
En segundo lugar, ¿qué se
entiende por empresa innovadora? Un repaso a la literatura muestra que no hay un único
criterio al respecto y que incluso algunos criterios han ido cambiando con el tiempo. El
punto de referencia obligado, son los avances metodológicos que ha hecho la OCDE, aun
cuando sean íntegramente aplicables a países de menor desarrollo relativo. Según esta
Organización, las empresas innovadoras son las que han introducido innovaciones de
producto y/o de proceso en los últimos tres años2.
Se trata, sin duda, de una definición restrictiva que pone el énfasis en el resultado
(...han introducido...) y no en el esfuerzo. Hay quienes consideran conveniente utilizar
definiciones más laxas.
En tercer lugar, ¿cuáles son
las características que hacen que una empresa sea más o menos innovadora? La propensión
a innovar de una empresa depende, puede decirse, de un conjunto de factores entre los
cuales cabe mencionar a las oportunidades tecnológicas que busca y/o se le presentan.
Pero hay amplio consenso en la literatura acerca de que una mano de obra capacitada
tecnológicamente es un elemento esencial para poder manejar en la empresa nuevas
tecnologías y, más aún, para innovar. A ello debe agregarse la presión, y también
«la calidad», de la competencia; la capacidad de relacionarse con otras empresas y con
centros de investigación, es decir de moverse en un entorno donde predomina el estímulo
material e intelectual a la innovación; y, expuesto en último lugar pero no por ello
menos importante, no debe olvidarse que la disponibilidad y la estructura financiera
contribuirán a determinar si la empresa puede o no emprender los esfuerzos para innovar y
cuáles son las cuotas de esos empeños.
Hay que notar que la
innovación en la empresa no proviene de chispazos más o menos geniales de algunos de los
directivos o del cuerpo de ingenieros sino, con mucha frecuencia, de un proceso más
simple y, al mismo tiempo con más arraigo: la empresa enfrenta un problema que puede o no
ser resuelto con el conocimiento existente. Si éste es insuficiente, la investigación se
vuelve una necesidad para resolver ese o esos problema(s) concreto(s). Y cuando, gracias a
la investigación, el o los problemas pueden ser resueltos satisfactoriamente, es probale
que se esté en presencia de o en camino hacia la innovación.
En cuarto lugar, tomando en
consideración el tamaño, del amplio espectro de empresas micro y pequeñas que están
presentes en todas las economías, no todas tienen potencialidad innovadora. Referido a la
región, puede decirse, en principio, que a diferencia de lo que ocurre en países más
desarrollados (Francia, por ejemplo), las microempresas latinoamericanas con menos de diez
empleados actúan en condiciones de precariedad que limitan sus posibilidades. Téngase en
cuenta que un alto porcentaje de las microempresas componen el sector informal lo cual, a
su vez, las excluye de las líneas formales de crédito, de los estímulos fiscales y de
los planes de fomento de las exportaciones.
El potencial innovador, por lo
tanto, puede considerarse reservado, en buena medida, a empresas pequeñas y medianas y,
por supuesto, grandes. Hechas las salvedades anteriores será conveniente detenerse en
ciertas ideas dominantes sobre innovación y tamaño. La idea más difundida, y que tiene
respaldo teórico en J. Schumpeter, es que existe una correlación positiva entre tamaño
e innovación3. En la medida que las innovaciones son
producto de esfuerzos largos de investigación y con resultados inciertos al inicio, que
requieren fuertes inversiones cuyos umbrales suelen ser muy elevados, que es preciso
contar con lo recursos y habilidades para convertir, con rapidez, el invento en una
innovación (es decir, el invento con aplicación económica rentable), puede argüirse
que sólo empresas de gran tamaño, con equipos técnicos potentes y fluidos de caja
sólidos y elevados están en condiciones de invertir en investigación cientifica y
tecnológica y sacar provecho de esa inversión.
La evidencia empirica parece
apoyar esta aproximación. Considérese primero a las empresas clasificadas según tamaño
y crúcese esa información con el aporte de las empresas a la innovación. En Francia,
por ejemplo, entre las empresas con más de 2.000 empleados, el 45.9% era innovador, el
50.0% tenía potencial innovador y tan sólo el 4.1% era no innovador. Por el contrario,
entre las microempresas (hasta 10 emplados), el 17.7% era innovador, el 26.4% tenía
potencial innovador y el 55.9% era no innovador4.
La conclusión anterior debe
ser, sin embargo, un tanto relativizada, lo cual se abordará en el capítulo siguiente.
1. Grandes y pequeñas
empresas
Anteriormente se ha observado
que la gran empresa suele ser más innovadora que la pequeña, si bien el aporte de esta
última a la innovación se encuentra, muy probablemente, subestimado.
Es bueno reiterar que cuando se
menciona a la pequeña empresa se hace referencia a aquella que reúne cierto tamaño
mínimo que la habilita a disponer de equipo gerencial , esfuerzo de marketing y algún
acceso, aunque limitado, a los flujos financieros formales (bancarios y, eventualmente,
del mercado de capitales). De manera que, en el caso de América Latina, esto significa
dejar fuera a prácticamente a todas las microempresas y a un buen porcentaje de las
pequeñas. Por pequeña se entiende, entonces, a empresas con capacidad de reaccionar ante
los desafíos del mercado.
¿Cuáles son, entonces, las
ventajas de la pequeña empresa -así definida- en materia de innovación? Se suelen
mencionar tres importantes ventajas: en materia de gerencia, carece de burocracia y sus
gerentes reaccionan con rapidez ante situaciones nuevas; puede estar al tanto de los
gustos del mercado y de sus cambios y adaptarse muy rápidamente a los mismos; igualmente
existe buena comunicación interna entre los gerentes y entre éstos y el personal.
Frente a las tres ventajas
«tradicionales», hay al menos siete desventajas para la empresa aislada, a saber: la
pequeña empresa no cuenta o tiene un número muy limitado de técnicos y especialistas de
alta calificación; la comunicación hacia afuera (con el mercado internacional, con el
gobierno, con otras empresas, con las fuentes de C y T, etc.) suele ser pobre; no dispone
de capital propio y tampoco de capital de riesgo o préstamos de terceros para enfrentar
gastos de I y D; carece de escala y por tanto de rendimientos crecientes a escala; ante un
incremento de demanda que la impulse a crecer rápidamente, enfrenta limitaciones de
capital propio o externo; rara vez patenta sus innovaciones pero está frecuentemente
limitada por las patentes registradas por los demás; y cuando está sometida a
regulaciones, tropieza con dificultades para cumplirlas.
¿Qué pasa entre tanto, con la
gran empresa? En este caso, las desventajas son menos significativas. Si bien se considera
que la gran empresa no tiene, comúnmente, buena comunicación interna y, además, puede
sufrir de burocracia excesiva, todos los demás componentes, que eran desventajas para la
pequeña, son ventajas para la grande: puede pagar gerentes profesionales altamente
capacitados, está en condiciones de atraer los mejores especialistas y destinar recursos,
por períodos prolongados, a I y D; rara vez enfrenta restricciones de capital para
ampliar inversiones; y tiene poder de mercado con los bienes que fabrica, entre otros
aspectos.
2. La subestimación del
papel innovador de la pequeña empresa
Si bien la pequeña empresa
enfrenta más dificultades que la grande para realizar innovaciones, hay una tendencia
creciente a considerar que su papel innovador es más relevante de lo que sugieren las
cifras. Y ello por varias razones.
- Una primera aproximación
sugiere que las empresas de menor tamaño -cuando realizan actividades de innovación-
tienen más eficiencia innovativa que las grandes empresas. Es decir, por cada dólar
gastado en innovación la empresa pequeña produce más innovación que la grande. Esto
puede deberse a distintos factores: a una comunicación interna más fluida en la pequeña
que en la gran empresa; a la adaptación más rápida de los resultados que se van
obteniendo de la investigación en las primeras que en las segundas; y a la necesidad de
cuidar al extremo el uso o destino de cada partida de inversión porque los recursos
suelen ser más escasos en la empresa pequeña que en la grande.
- Una segunda aproximación, en
la cual han insistido varios autores, es que las pequeñas empresas tienen más presencia
innovativa en algunas ramas industriales que en otras. Para recurrir a los ejemplos
típicos, en software y en instrumentos científicos se comprueba que hay más innovación
atribuible a empresas pequeñas que a las grandes.
- Una tercera aproximación,
que resulta también relevante, consiste en distinguir según la modalidad de innovación.
En las actividades innovativas que derivan de largos y costosos esfuerzos de
investigación, en grandes y modernos laboratorios, predomina claramente la gran empresa y
no hay presencia de la pequeña; pero en diseño o sus mejoras en imitación y en
desarrollo de nuevos productos, las empresas de menor tamaño suelen tener ventajas para
la innovación respecto de las grandes y muy grandes.
- Una cuarta aproximación,
hace referencia a la medición de la capacidad innovadora que, según como se realice,
puede subestimar la innovación tanto en la grande como en la pequeña empresa. Si se
adoptan las definiciones más restrictivas en cuanto a innovación, las empresas grandes
resultarán muy probablemente con mayor presencia innovadora. Asimismo, si se adopta como
parámetro para medir la innovación a la cantidad de patentes registradas seguramente
«la contribución a la innovación de la pequeña empresa estará necesariamente
subestimada, porque las pequeñas empresas tienden a no comprometerse en actividades de
investigación formales que suponen grandes gastos en I y D, y tampoco registran
consistentemente sus innovaciones»5.
- Una quinta aproximación
señala que la innovación industrial tiende a decrecer a medida que el nivel de
concentración se eleva. La empresa pequeña no sólo es más flexible sino que está en
relación más estrecha con sus clientes y puede enterarse rápidamente de los cambios en
la demanda de los consumidores. Además, puede especializarse (es decir, desarrollar
capacidades específicas en ciertas áreas técnicas, atendiendo a mercados más reducidos
pero muy sofisticados) lo cual estimulará su actividad innovadora y puede, también,
desarrollar relaciones industriales de cooperación con otras empresas pequeñas,
potenciando al conjunto.
- Por último, una sexta
aproximación sugiere que ante cambios en las condicoines de la competencia y de la
competitividad así como del ambiente competitivo, puede modificarse también el tipo de
empresa (tamaño, organización) que mejor se adapta a las nuevas condiciones creadas por
el desafío externo. Dependiendo, entonces, del reto competitivo que se presente puede
ocurrir que la pequeña empresa sea la más apropiada para enfrentarlo.
En síntesis, el tema de la
innovación y el tamaño de la empresa está lejos de haberse agotado. Las empresas
grandes y muy grandes tienen una gran presencia en la innovación industrial pues están
en condicoines de destinar importantes recursos, durante períodos prolongados, para las
actividades de I y D. No obstante, la presencia de las pequeñas empresas en la
innovación ha sido, muy probablemente, subestimada ya sea porque los indicadores
(patentes registradas, por ejemplo) no son apropiados o por el carácter más informal de
la innovación en las empresas pequeñas o por otras razones.
3. La aproximación entre empresas
Estudios recientes, como los de
Reich6, señalan que el volumen de producción de las
empresas (es decir, la escala) es cada vez menos relevante y, en cambio, la producción de
«alto valor agregado» tiende a imponerse. La empresa pequeña integrada a una red
podría tener un papel innovador nuevo, mucho más potente que el que corresponde a la
empresa aislada. El factor relación con el medio y el grado en que se desenvuelve dicha
relación aparece como un elemento esencial.
Ante todo es bueno señalar que
el cambio tecnológico y la creciente importancia de las tecnologías de base
microelectrónica impulsa la creación de redes, las cuales como han señalado Cassiolato
y Lastres7, tienen implicaciones significativas a
nivel de las relaciones entre empresas. En particular, la eficacia en la utilización de
los sistemas electrónicos, aumenta a partir de la disponibilidad local de estructuras y
procesos de aprendizaje colectivo, en especial: información de otros usuarios sobre la
tecnología; fuerza de trabajo entrenada y experimentada; servicios de mantenimiento y
asistencia técnica; abastecedores de equipo y software, e innovaciones complementarias.
No es esta, sin embargo, la
única razón que impulsa a la asociación entre empresas, sea para producir,
comercializar o contratar servicios en conjunto, etc. El relacionamiento de la empresa
entre sí puede revestir distintas características y ha sido objeto de diversas
clasificaciones.
Una primera clasificación
distingue entre relaciones horizontales que se plantean varias empresas pequeñas, para
producir conjuntamente un bien o realizar las adquisiciones de materia prima, las ventas
de productos terminados o la obtención de información, y relaciones verticales, que
comprenden a pequeñas empresas en relación con medianas o grandes. Se trata, sin duda,
de dos casos muy distintos y que plantean diversas exigencias, de tipo histórico y
cultural, para concretarse.
La relación horizontal, de la
cual abundan ejemplos de pequeñas empresas exitosas que operan en distritos industriales
o clusters, que se especializan y logran economías de aglomeración, que trabajan
en el marco de un acuerdo de complementariedad y que, como grupo de empresas o nuevo
sujeto económico colectivo, elevan su eficiencia y su competitividad, suele mencionarse
como uno de los caminos posibles para las PYMEs de la región.
La relación horizontal entre
pequeñas empresas requiere, para ser exitosa, de unas cuantas condiciones que pueden
estar en el punto de partida o crearse con el transcurso del tiempo. Los distritos
industriales italianos, como se ha puesto de manifiesto más de una vez8 se apoyaron en relaciones antiguas, incluso
preindustriales, entre las empresas que los componen. Contaron, asimismo, con sentimientos
de confianza, arraigados en una larga historia común, entre los participantes. Y éste,
como resulta comprensible, es uno de los elementos claves para el éxito y para que la
vinculación se mantenga en el tiempo. Además, se trata de empresas pequeñas o medianas
para la dimensión europea pero tecnificadas, con gerencias modernas y acceso a la más
reciente innovación al tiempo que son innovadoras ellas mismas. Es posible que pocas
empresas pequeñas de la región presenten un punto de partida semejante o aproximado al
de las que componen los distritos industriales italianos.
4. El estímulo a la aproximación empresarial en la
región
Varios países de la región
han intentado, en los años noventa crear estructuras articuladas de redes de apoyo para
las PYMEs. Será de interés revisar algunas de estas experiencias, en particular la de
Argentina, la de Brasil, la de Chile y la de México9.
El listado de las diversas
iniciativas que se han puesto en práctica (o se han esbozado) en la Argentina es extenso,
y las mismas corresponden tanto al sector público como al privado. En cuanto a la
innovación y al desarrollo empresarial se han creado programas por parte de la
Confederación General de Industria (CGI), de la Unión Industrial (UIA), de la
Secretaría de Ciencia y Tecnología y de la Fundación Banco de Galicia; en materia de
redes de apoyo crediticio para las PYMES hay líneas de las instituciones bancarias y de
las de fomento; en cuanto a las organizaciones empresariales han impulsado programas de
apoyo sectorial a redes de PYMEs (textiles, lácteos, etc.); y también hay iniciativas
semejantes de la Secretaría de Industria y Comercio.
Un primer balance indica, sin
embargo, que «el desarrollo de un comportamiento interactivo de competencia y
cooperación entre los empresarios, que dé sustento a la competitividad sistémica no
está aún incorporado en el imaginario social de muchos empresarios y organizaciones
sociales». Es esta dificultad para cooperar y, por lo tanto, para abandonar parcialmente
el comportamiento individual, lo que aparece como uno de los principales escollos.
A ello habría que agregar que
las propias estructuras creadas para fomentar la relación entre las empresas han puesto,
en ocasiones, más énfasis en obtener un «tratamiento especial» de las autoridades
públicas que en sacar máximo provecho, en el campo económico, de la acción conjunta.
Quizás podría mencionarse, también, que las distintas iniciativas para fomentar la
cooperación interempresarial no estuvieron bien coordinadas entre sí.
Brasil presenta también un
caso interesante, porque tiene un sistema bien desarrollado para apoyar a la pequeña
empresa. Desde 1990 el SEBRAE es el encargado de canalizar el apoyo hacia las micro y
pequeñas empresas y cuenta, para ese fin, con un presupuesto que proviene principalmente
de un impuesto obligatorio que grava a todas las empresas. Sería imposible mencionar
aquí los distintos programas de apoyo que, en cada uno de los estados brasileños, ha
desarrollado el SEBRAE. Sin embargo, algunos aspectos deben ser destacados porque muestran
una experiencia rica en enseñanzas:
- La centralización de las
actividades de apoyo en un organismo puede considerarse un acierto, que evita
duplicaciones e incoherencias entre diversos programas.
- La fuente de recursos
específica, si bien ha resultado insuficiente para ls demandas que ha recibido SEBRAE,
otorga autonomía y capacidad de maniobra.
- La agresiva campaña que
SEBRAE ha realizaod, a nivel nacional, ha mantenido en la atención pública el problema
de las micro y las pequeñas empresas y ha generado conciencia en vastos sectores de la
población acerca de que existe un problema que es preciso atender.
- Ello quizá esté en la base
de que la demanda empresarial por servicios de apoyo haya sido creciente; un fenómeno que
no siempre está presente en América Latina.
Resulta de interés mencionar
también el caso de los agrupamientos de empresas en Chile para realizar actividades
complementarias y que cuentan con respaldo público. El subsidio para operar en grupo como
parte del Programa Nacional de Apoyo a la Pequeña y Mediana Empresa, es una de las
iniciativas regionales que se aparta del apoyo a la empresa individual y procura fomentar
la actuación en grupo. «La hipótesis de trabajo -señala Casalet- supone que las
acciones dirigidas a grupos de empresas tienen mayor probabilidad de efecto que las que se
enfocan a entes individuales. El punto central de los PROFO (Proyectos de Fomento) es el
sistema de relaciones de confianza, manifiesto en la constitución de grupos
empresariales, a fin de potenciar la competitividad de las empresas en los diferentes
mercados (nacional e internacional) al intercambiar experiencias e informaciones,
solucionar problemas comunes y negociar, invertir y comercializar sus productos en
conjunto».
Así como la experiencia de
PROFO reviste interés en el caso de Chile, en México hay acciones directas encaminadas a
fomentar la cooperación interempresarial. En primer lugar, el Programa de Política
Industrial y de Comercio Exterior (PPICE) contempla diversas formas de cooperación entre
las empresas para impulsar los agrupamientos industriales regionales, fortalecer y ampliar
la información entre las empresas y consolidar la integración de cadenas productivas.
Desde 1993, además, está en vigencia el Programa de Empresas Integradoras (PEI) para
«fortalecer la capacidad competitiva de las empresas pequeñas y medianas y reducir los
costos fijos de las inversiones en calidad, diseño y comercialización».
El PEI, creado bajo la
influencia de las exitosas experiencias europeas, procura fomentar la cooperación entre
las empresas, especializarlas, complementar sus actividades y hacerlas más eficientes.
Entre las actividades que se intenta que se realicen en conjunto se encuentran: ventas y
compras en común, adquisición de tecnología, renovación e innovación de equipos,
diseño, gestión de calidad, capacitación, obtención y gestión del financiamiento. El
programa se apoya, principalmente, en beneficios fiscales que, inicialmente, se otorgaban
por cinco años y desde 1995, por diez.
El PEI no ha tenido aún un
gran impacto. Pocas empresas se han integrado al programa (había 173 en 1996) en buena
medida, según se señala, por la desconfianza entre los empresarios y los habitos muy
arraigados de trabajo individual, por la resistencia a compartir información de la
empresa que se considera confidencial y por la falta de deseos de emprender tareas en
común, por sospecha, en muchos casos, de que «el otro» no cumplirá con los compromisos
asumidos.
Otra experiencia a tomar en
cuenta, inmersa en un programa global par incrementar la competitividad industrial, es la
de Colombia. Desde la perspectiva de las cadenas productivas el Consejo Nacional de
Competitividad ha promovido los «acuerdos sectoriales de competitividad» entre los
distintos empresarios que componen una cadena productiva. Lo interesante del caso es que
el acuerdo de cooperación se realiza procurando construir una visión común del futuro
(nacional, regional, mundial) de esa cadena y, sobre todo, de las exigencias tecnológicas
que se le plantean y se le plantearán en el futuro a cada una de las empresas para que la
cadena incremente y mantenga su competitividad10.
En 1995 se habían firmado tres
acuerdos, el metelmecánico, el forestal-papelero y el textil. Si bien es todavía pronto
para evaluarlos, los expertos de UNCTAD que han elaborado el STIP review sobre Colombia
señalan que «La implementación de los acuerdos alcanzados será complejo y los Centros
(tecnológicos) deberían reservarse un importante papel para ellos mismos en los aspectos
tecnológicos de la implementación. De la discusión con los responsables del gobierno
resulta que los resultados en el corto plazo no son alentadores, particularmente respecto
a la dimensión tecnológica de los acuerdos...»
¿Qué muestran estas
experiencias de varios países latinoamericanos?: En algunos de los casos que se han
mencionado se percibe una concertación de los objetivos y una complementación de
actividades entre el sector público y el privado, con el propósito de apoyar a las PYMEs
y fomentar sus relacionamientos.
- en varios países hay una
oferta de servicios cada vez más extendida e importante para las PYMEs; he aqui los dos
elementos que, si continúan evolucionando, contribuirán a modificar a la empresa y a la
conducta empresarial.
- un elemento central, que debe
reforzar lo anterior, es la mejora en la calidad de los productos y de la gestión, mejora
que debe estar evaluada, periódicamente por organismos especializados de control de
calidad; este proceso, que implica familiarizar al empresario con los organismos
encargados de la verificación, tiende a extenderse en la región entre las empresas
grandes y algunas medianas, pero no llega todavía sino excepcionalmente, hasta las
pequeñas.
- algo semajante parecería que
ocurre con el relacionamiento entre las empresas; mayor indagación quizá podría llevar
a concluir que la formación de redes empresariales es todavía débil en la región y,
cuando se presentan, están predominantemente destinadas a la comercialización y, en
menor mendida, a los acuerdos para producir o para generar y aprovechar conjuntamente la
tecnología.
- las experiencias que se han
reseñado deben ser seguidas de cerca para aprender de sus aciertos y descartar sus
errores.
- la construcción de la
confianza entre los empresarios aparece como uno de los elementos claves; la necesidad de
contar con alguna experiencia exitosa como efecto demostración resulta, asimismo, de la
máxima importancia; la evaluación rigurosa para seguir de cerca el resultado de la
relación entre las empresas y mantener en el programa a las de buen desempeño pero
eliminar a las incumplidoras, es una herramienta imprescindible para que estas
experiencias logren afianzarse.
5. La colaboración entre las empresas grandes y las
pequeñas
Es posible distinguir entre
redes de empresas que son producto de la descentralización y redes que se conforman entre
unidades, inicialmente independientes, que, por diversas razones, tienden a la
aproximación. El primer caso, se explica como una tendencia general según la cual las
grandes empresas se estarían convirtiendo en redes empresariales descentralizadas11 con un núcleo original, generalmente de gran
tamaño, y una gran periferia de empresas más pequeñas. Esto podría explicar
parcialmente, a su vez, el peso creciente de las pequeñas empresas -definidas con holgura
como aquellas que emplean hasta 500 personas- en el empleo total y en los gastos de I y D.
Ambas participaciones podrían ser, en Estados Unidos, una distribución de funciones al
interior de la red más que un cambio que caracterizaría a la pequeña empresa
independiente. Otra modalidad de creciente extensión, tanto en los países desarrollados
como en América Latina, son los acuerdos entre las grandes empresas y sus grupos de
proveedores. Si bien estos acuerdos siempre han existido, la tendencia a la
subcontratación, a la tercerización de ciertas actividades y a la especialización le
han dado fuerte impulso.
Una tesis interesante al
respecto, expuesta entre otros por Kozul-Wright12,
señala que «no están solo el clustering espacial de PYMEs lo que determina
sistemas flexibles de producción en un país en desarrollo sino la interrelación
dinámica del nexo entre pequeñas y grandes empresas, basada en relaciones productivas
complementarias y en un extenso sistema de vínculos entre las empresas de distinto
tamaño». La empresa pequeña, desde esta visión, es un elemento vital en la red
industrial de productores especializados en una gran diversidsad de piezas, partes y
componentes.
Se trata, por cierto, de un
matiz que no es de menor cuantía. Sin perjuicio de que una red de PYMEs presente
potencialidad en sí misma, el elemento diferenciador y que más contribuiría a que la
empresa pequeña se especialice, incremente su eficacia y se vuelva innovadora, podría
ser su vínculo con empresas de diferente tamaño, y particularmente con medianas y
grandes que fijarían pautas de calidad siempre crecientes y arrastrarían a la pequeña
empresa hacia una transformación sustancial.
Los ejemplos de Japón y de
Corea se esgrimen en apoyo de esta tesis. El ejemplo de las microempresas francesas,
parece acorde, con esta interpretación. En efecto, «el 55% de las microempresas (hasta
10 empleados) innovadoras realizan actividades a «façon», como son la
fabricación de prototipos y los trabajos a pedido; la innovación de la microempresas
está, por lo tanto, muy ligada a la dinámica que surge de la firma que da la orden...»13. Esta segunda aproximación al problema no
debería, entonces, echarse en saco roto.
La demanda que la empresa
grande y aun la mediana plantean a la pequeña, la red de proveedores especializados que
se forma en torno a una empresa grande y que suscribe con ésta contratos «primarios»
(con duración de cuatro a cinco años y con especificidades técnicas generalmente
determinadas desde la empresa grande, lo que determina el ritmo y el tipo de la inversión
de la pequeña) o contratos «secundarios» (abastecimiento por un año generalmente con
exigencias técnicas más laxas) es una herramienta de primerísima importancia para
elevar la competitividad del conjunto del sector industrial.