"Cambios estratégicos
en las políticas industriales"

Edición No, 51
Julio - Septiembre 1997

Impacto de la modernización tecnológica
Joseph Ramos
Director de la División de Desarrollo Productivo de la CEPAL.

    El siguiente trabajo se basa en la conferencia que dio el autor y extractos del capítulo II de su documento «Empleo, Capacitación y Tecnología», presentaciones ambas efectuadas en el II Foro Regional de Política Industrial, realizado en la sede del SELA del 30 de julio al 1º de agosto de 1997.

I. Modernización tecnológica

    La productividad media de la empresa latinoamericana es apenas un tercio de la correspondiente a las empresas de los países desarrollados. Cerrar esta brecha de productividad requiere de una modernización tecnológica, tanto de los equipos y tecnologías de proceso, actualmente muy anticuados, como de las formas de organización del trabajo y de la producción, también sumamente atrasados. Sin embargo, se mira tal modernización con reticencia, puesto que se teme que la contrapartida de tal aumento en la productividad sea una disminución en el empleo.

    Primero, es cierto que la tecnología elimina empleos, pero son viejos empleos de baja productividad, mientras que genera empleos nuevos que suelen ser de una productividad alta. Ese no sólo ha sido el caso histórico después de la Revolución Industrial, si no también se repite hoy. Por ejemplo, un trabajo reciente1 demuestra que el crecimiento industrial chileno ha sido caracterizado por un aumento significativo de empleos de alta productividad. Sin embargo, no se notó tanto con los datos agre gados sobre empleo total puesto que junto al fuerte aumento de los empleos de alta productividad simultáneamente se eliminaron muchos empleos de baja productividad. De ahí que aún persista la duda del efecto neto sobre el empleo de la modernización tecnológica.

    En segundo lugar, el temor de la tecnología se funda en la extrapolación errada de una observación cierta. En efecto, la tecnología suele ahorrar trabajo. Mas se tiende a olvidar que la tecnología también suele ahorrar capital. En le medida que el ahorro de capital sea proporcional o mayor al ahorro de empleo, el efecto neto sobre el empleo será de incrementar el empleo extrapolación errada de una observación cierta. En efecto, la tecnología suele ahorrar trabajo. Mas se tiende a olvidar que la tecnología también suele ahorrar capital. En le medida que el ahorro de capital sea proporcional o mayor al ahorro de empleo, el efecto neto sobre el empleo será de incrementar el empleo productivo. Pues el capital ahorrado podrá utilizarse para generar más empleo en éste o cualquier otro rubro.

    De hecho, los adelantos tecnológicos más llamativos de los últimos años -informática, electrónica, transporte, biotecnología, comunicaciones y nuevos materiales- son claramente mucho más ahorrativos de capital que de trabajo. Hoy en día una calculadora de bolsillo de US$10 hace más rápidamente lo que hacía una calculadora electromecánica pesadísima de US$500 unos 25 años atrás. Todo ese ahorro -$490- es un ahorro en capital (materiales y equipos), y, por consiguiente, tiene un efecto neto positivo sobre el empleo. Asimismo, en el transcurso del tiempo ha mejorado la calidad, mientras que han caído los precios de los televisores, de las videograbadoras, de los reproductores de cassettes y, en general, de todos los artículos electrónicos. Toda esta reducción en costo es básicamente de materiales y equipos, o sea, un menor gasto de capital, lo que permite generar empleo productivo neto.

    Cosa similar sucede en el campo del transporte aéreo, donde los adelantos tecnológicos han permitido transportar más pasajeros, más rápidamente y a mucho menor costo (unitario), ahorro en capital que significa un mayor efecto neto a favor del empleo productivo.

    La biotecnología ha permitido el desarrollo de nuevas variedades de semillas, de mayor rendimiento por hectárea y más resistente a plagas e insectos, así como de nuevas razas más productivas de animales. Ambos significan un mayor aprovechamiento del capital, sea este la tierra, sea este el stock de ganado. Asimismo, los enormes avances en las telecomunicaciones han significado un número mucho mayor de las llamadas telefónicas por línea de tendido (así como mejora en la recepción) lo que ha significado una fuerte caída de los precios y en especial, los costos de capital. Finalmente, los adelantos en las técnicas de extracción han hecho rentables minas y pozos que de otro modo no eran viables en el pasado, mientras que el desarrollo de nuevos materiales ha significado fuertes ahorros en material y energía, y un mucho mayor aprovechamiento de los recursos metálicos disponibles. De nuevo, estos adelantos tecnológicos han significado «extender» y aprovechar mejor el capital disponible y, por ende, implican un mayor empleo productivo.

    Por cierto, a final de cuentas es un asunto empírico si la modernización tecnológico es relativamente más ahorradora de capital o de trabajo. Mas, como muestran estos ejemplos ilustrativos, de ninguna manera es ahorrativa sólo de mano de obra. De hecho si este listado de avances fuera representativo, no cabría duda que la modernización tecnológica del presente significaría, igual que en el pasado, no sólo una mayor productividad si no un mayor, y no menor, nivel de empleo.

    Por último, guste o no, la modernización es un hecho. Poco puede hacerse para frenarla. Lo que sí es más sensible a la política económica es la difusión de esa modernización tecnológica a lo largo de todo el aparato productivo del país. Y, como demostraré a continuación, una difusión más rápida de la modernización tecnológica es inequívocamente positiva para el empleo, así como para la distribución del ingreso.

    En efecto, típicamente se compara modernización con ausencia de modernización. De hecho, si la modernización es inevitable, la comparación relevante es una modernización tecnológica lenta o una más rápida. La Figura 1 grafica la difusión de un avance tecnológico en el transcurso de tiempo. Esta suele tener la forma de una curva S. Al principio, un porcentaje relativamente bajo de empresas (las más aventuradas) adopta la tecnología más avanzada, de tal modo que, por un tiempo, sólo una pequeña fracción de empleos son de alta productividad, mientras el grueso de los empleos son de baja productividad, con la antigua tecnología. Como el grueso de los trabajadores son de baja productividad, las empresas modernizadoras no tienen que pagarles su mayor productividad a los trabajadores y les basta pagarles algo más que el salario y productividad en las demás empresas del país; es decir, su costo (de oportunidad) en esta fase está dado por la baja productividad del grueso de las empresas. De ahí que, durante esta fase inicial, mientras la mayoría de las empresas no hayan adoptado la tecnología moderna, los salarios crecerán más lentamente que la productividad, lo que implica un deterioro en la distribución del ingreso.

 

    NOTAS

  1. A. Camhi, E. Engle y A. Micco, «Dinámica de empleo y productividad en manufactura: evidencia micro y consecuencia macro», mimeo, noviembre de 1996, Centro de Economía Aplicada, Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile.

 


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