"El comercio en las economías
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 50

Abril - Junio 1997

Retos y oportunidades del Acuerdo de Libre Comercio
del Grupo de los Tres

Jesús Puente Leyva
Embajador de México en Venezuela

    Este texto recoge conceptos que expuso su autor en el Seminario "Hacia la Consolidación de una Política de Comercio Internacional de Venezuela", Caracas, 26 y 27 de febrero de 1997 (Banco Central de Venezuela, Salón Manuel Egaña). Igualmente, el texto es una versión revisada de la participación del Embajador Puente Leyva en el "Primer Encuentro Empresarial del Grupo de los Tres", Caracas, 6 y 7 de marzo de 1997 (Hotel Caracas Hilton).

I. Contexto internacional y nuevos paradigmas

    En vísperas del siglo XXI, el mundo vive profundas transformaciones. En lo político, asistimos a la configuración de una nueva realidad internacional caracterizada por el fin de la guerra fría. En lo económico, los cambios tecnológicos modifican aceleradamente los esquemas de producción y consumo. La liquidez financiera satura los espacios de inversión especulativa. La revolución de las telecomunicaciones reduce las distancias, acerca los mercados e impone la competencia mundial. Los procesos productivos, las corrientes comerciales y los flujos internacionales de inversión se expanden configurando la llamada «globalización».

    América Latina no escapa a los efectos positivos y a las implicaciones no deseables de este fenómeno de fin de siglo. La coyuntura internacional emerge de paradójicas condiciones: por una parte, de la urgente e ineludible convocatoria para el acercamiento entre regiones y países; por otra, de la amenaza de la marginación y de la fáctica exclusión de muchos. En este entorno, los países buscan su adecuada incorporación a la dinámica competitiva de los procesos internacionales.

    El acercamiento de todos con todos, en la globalidad, implica una creciente integración de los mercados. El crecimiento de los flujos comerciales intrarregionales en América Latina -gracias a estrategias realistas, y a los acuerdos d e complementación e integración económica-, evidencia el esfuerzo de nuestros países por modernizar sus plantas productivas, con énfasis estratégico en el crecimiento y la diversificación de las exportaciones no tradicionales. Los países petroleros -Venezuela y México entre ellos- enfrentan el desafío de acrecentar y diversificar su producción para abastecer el mercado interno, aprovechando economías de escala con el apoyo de exportaciones crecientes1.

    Desde luego, la producción petrolera seguirá siendo base deldesarrollo económico global de los países que -de manera significativa- exportan ese producto (dicho sea de paso, actualmente el petróleo representa para Venezuela en orden de magnitud -75% de sus exportaciones totales). Al respecto cabe señalar que, por su característica de «commodity», el petróleo (sobre todo el «crudo»), no requiere una estrategia de promoción de mercados semejante- desde el punto de vista competitivo- a la de otros productos industriales de exportación con alto valor agregado.

II. Experiencia mexicana en la promoción del comercio

    La estrategia económica de México en el mercado mundial se sustenta en una política de fomento y diversificación de las exportaciones, con una activa participación en los organismos internacionales competentes, consumando -al mismo tiempo- acuerdos de integración económica con países y bloques donde se identifican potenciales promisorios.

    En este entorno, la experiencia de México en la promoción y diversificación de su comercio exterior, en la difícil coyuntura de los últimos años, ha permitido recuperar la estabilidad económica y encaminar el país hacia la recuperación2.

    En efecto, es notable la importancia que en años recientes ha adquirido el sector externo de la economía mexicana, con el aumento acelerado de las exportaciones no petroleras, y en particular de las manufacturas. En los últimos quince años el coeficiente de las exportaciones de México respecto de PIB se elevó de 9.5% en 1981, al 27% en 1996. Por su parte, los productos petroleros, que llegaron a representar cuatro quintas partes de las exportaciones totales de México, redujeron su participación al 10% en 1996; en contraste, las manufacturas elevaron su aporte de 37% en 1985, a 84% en 1996.

III. El Acuerdo de Libre Comercio del Grupo de los Tres

    En este contexto se inscribe el interés de México por negociar y posteriormente suscribir el Acuerdo de Libre Comercio del Grupo de los Tres (G-3), para diversificar y acrecentar sus intercambios y cooperación económica con Venezuela y Colombia. Con mayores alcances cabe recordar que a la fecha, en América Latina, México ha suscrito acuerdos de Libre Comercio con Chile (en 1993, un año antes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte), con Costa Rica (en 1994) y con Bolivia (en 1995).

    El Acuerdo del G-3 es un destacado ejemplo de integración pragmática en la globalidad: con un programa de desgravación lineal y automática -a una tasa del 10% anual-, culminará en el año 2005 conformando un mercado integrado y libre. Por ahora, México, Colombia y Venezuela albergan a más de 150 millones de habitantes que representan una tercera parte de la población de América Latina, y un mercado -orden de magnitud- de 400 mil millones de dólares que corresponden, también, a una tercera parte del producto interno bruto de la región. De igual manera es relevante que, ahora mismo -considerando todo tipo de bienes y mercancías-, el comercio que México, Venezuela y Colombia llevan a cabo en conjunto, con el mundo -240 mil millones de dólares-, representa casi la mitad del que realizan -todos unidos- los países de América Latina.

    Cabe destacar que el G-3 contempla y considera las diferencias entre los países participantes, de forma que, para la entrada en vigor del Acuerdo, México otorgó a los productos colombianos y venezolanos una preferencia arancelaria promedio del 35%; en tanto, los productos mexicanos recibieron de Venezuela y Colombia preferencias promedio del 21%.

    A las características convencionales de similares acuerdos -salvaguardas, reglas de origen, normas de acceso y de competencia, prácticas desleales, etc.-, el Tratado de Libre Comercio del G-3 incorporó «nuevos» aspectos, para los cuales apenas se empiezan a establecer mecanismos de regulación a nivel mundial. De esta manera, la inversión, el sector de servicios, la propiedad intelectual y las compras gubernamentales son parte del Acuerdo G-3, haciéndolo el esquema subregional -de su tipo- más ambicioso que han firmado Venezuela y Colombia.

    Concretamente, el Acuerdo G-3 incluye una normativa sobre inversiones para facilitar el flujo de capitales con el principio de «trato nacional no discriminatorio». Esto ofrece un panorama promisorio para nuevas inversiones entre los tres países, en favor de una creciente integración de la base productiva que supere la tradición estrictamente comercial. Al respecto, conviene recordar que en los últimos años las inversiones mexicanas directas en Venezuela se han incrementado significativamente, alcanzando un monto superior a los 600 millones de dólares (a los cuales se suman apoyos financieros); igualmente, México ha incrementado sus inversiones directas en Colombia, las cuales ascenderían a 800 millones de dólares.

    Es significativa, también, la inclusión de los servicios en el programa de liberalización del Acuerdo G-3. Limitados hasta hace pocos años a una participación marginal, los servicios representan actualmente una proporción cercana al 30% del comercio mundial. Al impulso de la revolución tecnológica, en el G-3 crecerá, aceleradamente, la importancia del intercambio de servicios en las áreas de telecomunicaciones, transporte, consultaría, turismo, finanzas e ingeniería.

    Desde luego, el Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres permite que los productos venezolanos y colombianos ingresen en condiciones preferenciales y en volúmenes crecientes al mercado mexicano, el cual -en el curso de una década- se ha convertido en el más grande de América Latina. De manera específica, en 1996 las importaciones mexicanas ascendieron a casi 90 mil millones de dólares (superiores a las que realizaron en conjunto los cuatro países que integran el Mercosur). Asimismo, las exportaciones mexicanas fueron de casi 100 mil millones de dólares, 30% por encima de las efectuadas -en conjunto- por los propios países del Mercosur.

IV. Evolución del Acuerdo de Libre Comercio del Grupo de los Tres

    Las potencialidades que ofrece el Tratado del G-3, a sólo dos años de su entrada en vigor, empiezan a concretarse; así lo demuestra el hecho de que, en los dos últimos años, el comercio intrarregional promedió más de 3.000 millones de dólares: 55% por encima del monto registrado en 19933.

    El crecimiento del comercio trilateral es más significativo, considerando que en los dos años que tiene de vigencia el Tratado del G-3 se han registrado -en los países socios- crisis económicas, desajustes sociales y eventos políticos que integran un entorno desfavorable. En ese tiempo México enfrentó una severa crisis económica que se inició con la devaluación de su moneda; la debacle del sistema bancario, la volatilidad financiera, y la inestabilidad cambiaria, desataron en Venezuela fuertes presiones inflacionarias e hicieron necesaria la aplicación de medidas restrictivas del comercio externo (destacadamente, a través del control de cambios); por su parte, la difícil coyuntura política en Colombia echó sombras sobre la puesta en marcha del G-3. En ese entorno, la recesión económica fue poco auspiciosa para el nuevo proceso de integración. Sin embargo, en tales condiciones se expresó con hechos la voluntad de avanzar en el camino de la integración. El Acuerdo G-3 mostró sus bondades: evitó que se redujera el comercio trilateral, y coadyuvó para que los intercambios alcanzaran -en conjunto- altos niveles históricos.

    Sin duda, el proceso de libre comercio entre México, Venezuela y Colombia ha permitido intensificar la presencia comercial de cada país en el mercado de sus socios. En lo que concierne a la exportación de productos no tradicionales, cabe señalar que Colombia y México -respectivamente- son primero y segundo socios comerciales de Venezuela en América Latina, lo cual involucra una evidente complementaridad, sobre todo, en la base productiva no petrolera.

    Superando la instancia petrolera, la importancia del Grupo de los Tres se expresa de manera objetiva y contundente: en los dos últimos años, en promedio, Colombia y México compraron a Venezuela (en conjunto) casi 1.400 millones de dólares anuales de productos no tradicionales; esto representa una tercera parte del total -de dichos productos- que exportó Venezuela en esos dos años, y 12 veces lo que vendió a los cuatro países que integran el Mercosur. Asimismo, las exportaciones no tradicionales que hace Venezuela a sus socios del G-3 representan más del doble de las que realiza a todos los países -sumados- de la Unión Europea. (consúltese el Cuadro 1)

    Históricamente -salvo coyunturas específicas, coincidentes con sobrevaluaciones de su moneda-, Venezuela ha registrado superávit comercial con sus socios del G-3, el cual, acumulado, asciende en los últimos cuatro años a casi 2.000 millones de dólares. Esto es importante, considerando que Venezuela no vende cantidades apreciables de petróleo a México y Colombia y que, por tanto -cabe reiterar-, el intercambio comercial con sus socios del G-3 corresponde a una efectiva complementaridad en ramas y productos no tradicionales. (consúltese el Cuadro 2).

    Colombia, de manera consistente, registra déficit comercial con sus socios del G-3; sin embargo, gracias a la expansión de sus mercados en Venezuela, dicho déficit se ha reducido significativamente: de 1.124 millones de dólares en 1994, a 712 millones en 1996 (40% menos en los dos últimos años). La persistencia de dicho déficit puede ser explicada por la competitividad que han alcanzado algunos productos mexicanos y venezolanos, y por las propias características de la economía colombiana. Al respecto vale recordar que Colombia es un importador neto de vehículos; en los casos de México y Venezuela, en 1995, las importaciones respectivas sumaron 349 millones de dólares -casi una tercera parte del déficit total registrado por Colombia en ese año. Igualmente, es significativo el rubro de computadoras y conductores eléctricos -en los cuales México ha logrado captar importante papel en el mercado internacional- lo que se ve reflejado en el comercio trilateral, ya que para 1995 Colombia importó de México más de 22 millones de dólares en equipos de computación y 17 millones en conductores eléctricos.

    Como ya se mencionó, México participa con una proporción menor del intercambio comercial en el G-3: apenas en el orden de 18%. Sin embargo, ha dado testimonio de su competitividad, registrando saldos comerciales positivos y crecientes con sus socios. En términos absolutos, en el período 1993/96, las exportaciones mexicanas al G-3 crecieron 66%; pero sobre todo, es importante lo que ocurrió en el año crítico de 1995, cuando Venezuela adoptó el control de cambios, y México (exitosamente) substituyó proveedores habituales de sus socios del G-3, financiando sus exportaciones con el mecanismo de compensación ALADI a través de los bancos centrales. Esto permitió que en 1995 -en un sólo año- México incrementara 90% sus exportaciones a Venezuela, y las incrementara 38% a Colombia.

V. Oportunidades y perspectivas del Grupo de los Tres

    México ofrece a Venezuela y Colombia la oportunidad de ingresar en un importante mercado en expansión que, además -conviene reiterar-, es ampliamente complementario de la producción de sus socios en el Acuerdo G-3.

    Las potencialidades de ese mercado se proyectan sobre importantes sectores de la economía venezolana como el metalúrgico (en especial siderúrgica y aluminio) y sus manufacturas; papel; alimentos y algunos productos petroquímicos. Baste citar dos ejemplos concretos: en 1995 las compras de aluminio sin alear que hizo México a Venezuela (60 millones de dólares), representaron dos terceras partes del total de importaciones mexicanas de dicho producto; ese mismo año, las compras mexicanas de éter, a Venezuela (34 millones de dólares), representaron casi 40% de las compras totales que México hizo de dicho producto en el mundo. Igualmente, los productos colombianos han logrado captar nuevos nichos del mercado mexicano: a ello corresponden las compras mexicanas de diccionarios y enciclopedias procedentes de Colombia (5 millones de dólares) que en 1995 representaron una cuarta parte de las importaciones mexicanas en dicho renglón.

    Esto es -apenas- indicativo de las grandes posibilidades de complementación económica entre los países del G-3, no sólo para satisfacer los mercados internos, sino para incrementar su presencia en otros mercados.

    Al tenor de ésto, considérese que actualmente las exportaciones mexicanas de automóviles, camiones y autopartes superan los 18 mil millones de dólares, y las de aparatos eléctricos y electrodomésticos ascienden a 20 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, las importaciones mexicanas de productos siderúrgicos y minerometalúrgicos -componentes básicos en la producción de automóviles y electrodomésticos, en los que tiene ventaja competitiva Venezuela- ascendieron a más de 6 mil millones de dólares.

    Paralelamente el Tratado del G-3 abre posibilidades apenas previstas para lograr una integración y complementación efectivas entre los tres países, a través del flujo de inversiones productivas. Como ya se mencionó, la inversión mexicana directa en Colombia y Venezuela, actualmente, se acerca a los 1.400 millones de dólares, ubicada en los sectores del cemento, alimentos, construcción, autopartes, manufacturas, turismo, etc. Se espera que en el corto plazo dicha inversión se incremente; de hecho, es conocida la activa participación de México en los procesos de privatización de SIDOR y de Fesilven, así como en distintas licitaciones internacionales para obras de infraestructura, entre las cuales destaca la Carretera Caracas/La Guaira, y la Presa de Caruachi.

    Por su parte, México ofrece también grandes posibilidades a los inversionistas de Venezuela y Colombia, en áreas como la siderurgia, la distribución de gas y la petroquímica secundaria, por mencionar sólo algunas de las más importantes.

    Desde este punto de partida, procede una mínima predicción del futuro cercano. Considérese, para ello, que el comercio intrarregional de Venezuela, Colombia y México ha crecido casi cinco veces en el curso de esta década, habiendo superado los 3.200 millones de dólares en 1995. Considérese, también, que el potencial exportador de los tres países se ha incrementado de manera importante, y que las preferencias que ofrece el Tratado del G-3 apenas empiezan a ser aprovechadas.

    En este contexto, lo importante es que en el curso de los últimos años los tres países han mantenido -sin variaciones significativas- su participación relativa en el mercado subregional que integran actualmente: en orden de magnitud, Venezuela y Colombia -respectivamente- con 41% del total, y México con 18%. (consúltese el Cuadro 3).

    Cifras preliminares informan de algo que aún no está evaluado: 1996 no fue favorable al G-3, año en que el comercio trilateral se redujo aproximadamente, 11%. En este entorno Venezuela y Colombia habrían perdido terreno, reduciendo cada país- sus exportaciones dentro del G-3, en 14% aproximadamente. México, por su parte, mantuvo prácticamente el nivel de comercio que había alcanzado en 1995. (consúltese el Cuadro 1).

    Sin embargo, considerando la experiencia reciente podríamos predecir -conservadoramente- que el comercio intrarregional del Grupo de los Tres -3.200 millones de dólares en 1995- superará los 4.000 millones en breves años, y que en el primer lustro del próximo siglo podría alcanzar un nivel superior a los 5.000 millones de dólares (una tasa promedio anual -acumulativa- del 10% en el curso de los próximos cinco años). Hablamos de un futuro cercano... que ya está aquí. De eso pueden felicitarse México, Venezuela y Colombia.

    Unas palabras finales para abarcar el más amplio horizonte, en el tiempo y en el espacio: En el promisorio entorno hemisférico -entre el TLC y el MERCOSUR-, Venezuela y Colombia son parteaguas y ámbito de equilibrio geoeconómico -inclusive político-, en el cual confluyen y se proyectan los principales esquemas de integración subregional.

    Ciertamente, Venezuela y Colombia se extienden en un espacio continuo que, al mismo tiempo, es andino, amazónico, caribeño, y bolivariano, integrado al Grupo Andino, integrado al Grupo de los Tres, e insistentemente solicitado para su incorporación al MERCOSUR. En resumen, el futuro del Acuerdo del G-3 figura entre los más promisorios en América Latina-, por ello fue creado como compromiso de integración visionaria y comprometida; por ello -sin duda- tiene importancia prioritaria para México.

Cuadro 1
Comercio intrarregional del Grupo de los Tres, 1993/1996.
Productos no tradicionales*
. (Milones de dólares)

País Exportador

País Importador

1993

1994

1995

1996

Crecimiento 1993/96

 

 

 

 

 

 

Hacia País

Hacia G-3

 

Venezuela

215

185

362

386(**)

80%

 

México

 

 

 

 

 

 

66%

 

Colombia

259

329

453

402(**)

55%

 

 

México

225

270

181

205(**)

-9%

 

Venezuela

 

 

 

 

 

 

14%

 

Colombia

910

1.320

1.318

1.089

20%

 

 

Venezuela

470

417

819

691

47%

 

Colombia

 

 

 

 

 

 

41%

 

México

80

108

90

88(**)

10%

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Total G-3

2.159

2.629

3.213

2.861

 

33%

    Fuente: Oficina Central de Estadística e Informática (Venezuela) y Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (México).
    (*) No se incluye petróleo ni mineral de hierro.
    (**) Datos de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (México)
    Nota: La fuente mexicana reporta las operaciones FOB, en tanto, la fuente venezolana lo hace CIF.

Cuadro 2
Saldos de México, Venezuela y Colombia en el comercio intrarregional del
Grupo de los Tres, 1993/1996.
(millones de dólares)

Año/Concepto

México

Venezuela

Colombia

1993

 

 

 

Exportaciones

474

1.135

550

Importaciones

305

685

1.169

Saldo

169

450

-619

1994

 

 

 

Exportaciones

514

1.590

525

Importaciones

378

602

1.649

Saldo

136

988

-1.124

1995

 

 

 

Exportaciones

805

1.499

909

Importaciones

271

1.171

1.771

Saldo

534

328

-862

1996

 

 

 

Exportaciones

788

1.294

779

Importaciones

293

1.077

1.491

Saldo

495

217

-712

 

 

 

 

Suma de Saldos 1993/96

1.334

1.983

-3.317

    Fuente: Cuadro 1.

Cuadro 3
Participación, por país, en el comercio intrarregional del Grupo de los Tres, 1993/96

 

1993

1995/96

1996

País

Com. Total

%

Com. Total

%

Com. Total

%

México

779

18

2.157

17.7

1.081

19

Venezuela

1.820

42

4.950

41.5

2.270

41

Colombia

1.719

40

5.041

40.8

2.371

40

Total

4.318

100

12.148

100

5.722

100

    Fuente: Cuadro 1.

    NOTAS

  1. Para los países petroleros ésto implica superar las limitaciones de la monoexportación, intemalizando el ahorro nacional en inversiones que permitan diversificar su base productiva. Se trata de eludir el síndrome de la petrolización: el país produce elevados volúmenes de petróleo y de renta (que no tienen relación entre costos de producción y precio internacional de lo producido), lo cual permite hacer importaciones masivas para satisfacer la demanda pública y privada (sobre todo en márgenes sustantivos de consumo). Al mismo tiempo, y de manera recurrente, el ahorro potencial de dichos países no encuentra colocación en inversiones productivas (excepto en grandes proyectos de infraestructura), porque la abundancia de divisas mantiene «sobrevaluada» la moneda nacional. Esto provoca una alta y sostenida dependencia de importaciones -a precios por debajo de la producción doméstica-, hasta que el crecimiento de la población impulsa la demanda privada y la de satisfactores sociales a niveles que el ingreso de divisas (petroleras) no puede solventar. En dicha coyuntura se precipita la devaluación, se desbordan las presiones inflacionarias (que estaban represadas), y se hace imperativo el reajuste económico. Esta es una instancia de complejas repercusiones económicas y sociales, de carácter recurrente, a la cual se enfrentan los países petroleros -sobre todo, aquellos que en las últimas décadas se endeudaron de manera significativa. En este contexto, la viabilidad de dichos países depende, en buena medida, de las estrategias y políticas económicas que permitan diversificar su base productiva, sin perjuicio de seguir aprovechando las enormes ventajas que representa la riqueza petrolera.

  2. En 1995, la base productiva de México, orientada a las exportaciones -aprovechando las oportunidades del Tratado de Libre Comercio de América del Norte-, permitió que en seis meses el país eliminara totalmente su déficit comercial (que ascendió a casi 18 mil millones de dólares en 1994); al mismo tiempo, el país pudo recuperar un substancial equilibrio macroeconómico para retornar al mercado financiero internacional, y como precondición para la recuperación de mediano plazo.

  3. En adelante, las cifras concernientes al comercio en el Grupo de los Tres deberán considerarse como órdenes de magnitud, teniendo en cuenta las diversas fuentes, y el hecho de que alguna información es preliminar. Igualmente, debe tomarse en cuenta que las evaluaciones respectivas (a menos que se diga lo contrario) conciernen al comercio internacional del G-3 -en el seno del propio grupo y con el resto del mundo- considerando, destacadamente, las exportaciones no tradicionales de Venezuela (las cuales no incluyen petróleo ni mineral de hierro, productos que, por lo demás, no son importantes en el comercio con Colombia y con México).

 

 


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