"El comercio en las economías
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 50

Abril - Junio 1997

El Acuerdo General sobre servicios
en la Organización Mundial del Comercio (OMC)

Vivianne Ventura Dias
Jefa Unidad de Comercio Internacional, División de Comercio Internacional, Transporte y Financiamiento de la CEPAL

    Este artículo es un resumen del documento "El Acuerdo General sobre Comercio de Servicios: Retos y oportunidades para América Latina y el Caribe" (LC/R.1588/Rev. 1, 27 de diciembre de 1996), preparado por la autora para la Unidad de Comercio Internacional de la CEPAL.

    Las negociaciones económicas más complejas y largas de la historia de las relaciones multilaterales, conocidas como Ronda Uruguay, empezaron formalmente bajo los auspicios del GATT en Punta del Este, en septiembre de 1986 (después de cuatro años de preparación). Los acuerdos, entendimientos y declaraciones resultantes de las negociaciones fueron firmados en Marrakech el día 15 de abril de 1994, y ratificados por un número suficiente de países para que entraran en vigencia a partir del 1 de enero de 1995. En Marrakech, se puede decir que fueron firmados cuatro grandes Acuerdos Multilaterales: 1. el Acuerdo sobre la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC); 2. el Acuerdo Multilateral sobre el Comercio de Mercancías (en realidad un conjunto de trece acuerdos específicos); 3. el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, y 4. el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS, o GATS, en inglés).

    Los objetivos del AGCS fueron definidos en la Declaración Ministerial de Punta del Este: la creación de un marco multilateral de reglas y principios para el comercio en servicios con vistas a la expansión de este comercio, bajo condiciones de transparencia y progresiva liberalización, como un medio para promover el crecimiento económico de todos los socios comerciales y el desarrollo de los países en desarrollo.

    El Acuerdo consiste de tres partes: un marco de reglas generales, un conjunto de compromisos específicos de liberalización para los sectores y subsectores que componen las listas nacionales, y los anexos que se refieren a algunos sectores de servicios. Las reglas generales mantienen el principio de no discriminación, que ha sido la base del sistema multilateral del comercio de mercancías. Por este principio, los países no deben favorecer ninguno de los países miembros del acuerdo en sus reducciones arancelarias y no-arancelarias (cláusula de la nación más favorecida - NMF). Sin embargo, el principio de trato nacional, es decir de la no-discriminación entre los servicios y los proveedores de servicios domésticos y sus similares extranjeros, no está incluido en las reglas generales, de aplicación automática, como en el caso de los bienes. Debe ser negociado «à la carte» para sectores, subsectores y tipos de transacciones de servicios. Asimismo, las obligaciones de NMF, de trato nacional y de acceso al mercado no abarcan las compras gubernamentales de servicios.

    En la evaluación realizada por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo ( UNCTAD), el Acuerdo es ventajoso para los países en desarrollo, por varias razones: (1) proporciona un mecanismo por el cual estos países pueden exigir crédito por la liberalización en un sector de servicios; (2) la forma precisa en la que tales compromisos fueron definidos y el marco contractual detallado para el comercio en servicios, aportaron una protección a los mismos países, que así se quedaron menos vulnerables a las presiones bilaterales para liberalizar sectores de servicios de interés de los socios más poderosos; (3) si se cumple el artículo IV sobre la participación creciente de los países en desarrollo en el comercio de servicios, la capacidad de sus servicios domésticos, su eficiencia y competitividad se verán fortalecidas de manera sustancial por un mejor acceso a la tecnología, a canales de distribución y redes de información, lo que se sumaría a la liberalización de mercados en los sectores y modos de prestación que les beneficien (UNCTAD, 1994, p. 150).

    La evaluación de los beneficios que el AGCS pueda otorgar a los países en desarrollo, y a los países de América Latina y el Caribe, en particular, es una tarea de mediano y largo plazo. La naturaleza de las medidas domésticas que afectan las transacciones internacionales de servicios, las características de los servicios y su creciente «transabilidad» (internacionalización) confieren un alcance estratégico al AGCS, por lo que solamente su funcionamiento en los años venideros podrá permitir un juicio acabado.

    Es importante resaltar que la OMC representa un forum permanente para negociaciones comerciales multilaterales. En el caso de los servicios, la adopción de los acuerdos no significa el fin de las negociaciones sobre las reglas adoptadas. El AGCS prevé negociaciones futuras, con el propósito que se alcance, progresivamente, una mayor liberalización del comercio de los servicios. La primera de esas «rondas» comenzará a más tardar cinco años después de la fecha de entrada en vigor del Acuerdo sobre la OMC, es decir, hacia el año 2000.

I. Servicios: la complejidad del tema

    En los países de ingreso mediano a elevado, las actividades de servicios representan más de la mitad del empleo y de la producción nacional. En los países industrializados, las últimas décadas han sido caracterizadas por una pérdida neta de empleos en el sector manufacturero, con la creación de empleos solamente en los servicios: públicos, en su mayoría en Europa y privados, en los Estados Unidos. Nuevos servicios están surgiendo como resultado de las innovaciones tecnológicas, las que están haciendo que diferentes tipos de servicios sean cada vez más comerciables a través de las fronteras nacionales. Pero, son servicios de baja calificación de mano de obra y bajos salarios los que componen la mayor parte de los empleos creados.

    Los esfuerzos de algunas grandes empresas de servicios de los Estados Unidos, desde mediados de la década de los setenta, para que el gobierno de su país promoviera la adopción de reglas multilaterales en el comercio de servicios, tuvo el mérito de introducir a los especialistas de comercio en un conjunto de actividades, hasta entonces ausentes de sus preocupaciones1.

    La literatura económica sobre la producción y el comercio de servicios o «invisibles», relativamente reducida hasta mediados de 1980, se expandió exponencialmente, en paralelo a las negociaciones. Consecuentemente, se amplió el conocimiento de las articulaciones entre el sector de bienes y el de servicios; de la dinámica de crecimiento de los servicios resultante de la especialización del trabajo inter-empresas e intra-empresas; las características de la internacionalización de los servicios, que fueron plasmadas en el concepto de modos de prestación de los servicios; los obstáculos al comercio de servicios en sus varias modalidades de prestación, que a la vez resultan de acciones, leyes o reglamentos de Gobiernos, pero también de las prácticas comerciales de las corporaciones, y de la configuración de los mercados de servicios. Este conocimiento es todavía fragmentario e incipiente, con la dificultad adicional que casi nada se pudo hacer para mejorar la base de datos, que sigue sin reflejar la complejidad de los servicios, tanto en la economía nacional como en las transacciones internacionales.

    Sin embargo, la sobresaliente importancia económica de los servicios no debe restar importancia a la multidimensionalidad de los mismos. La función de los servicios supera la de mejorar la eficiencia del aparato productivo. Del lado económico, servicios de infraestructura básica, en los que se incluyen la formación de recursos humanos, cumplen a la vez funciones de eficiencia social y de equidad. Es decir, los servicios básicos de calidad son insumos necesarios para que la sociedad pueda operar con eficiencia, pero el acceso a estos servicios no puede depender solamente de la lógica de los mercados.

    La producción de algunos de estos servicios, por otro lado, tiene características de los llamados «monopolios naturales» y de los «bienes públicos», a los que la literatura económica ha reservado un tratamiento especial. Además, varios servicios están relacionados con la identidad cultural de un país, con la seguridad nacional y con la cohesión social y política de un pueblo. Por ello, políticas dirigidas a ciertas categorías de servicios han sido diseñadas con el propósito de lograr objetivos nacionales en las esferas de la soberanía nacional y cultural, fuera de consideraciones sobre eficiencia y mejor asignación de recursos de la economía.

    1. Los servicios en la economía nacional

    La subdivisión del espacio económico en sectores o conjunto de industrias, relativamente homogéneos, tuvo como propósito identificar patrones sistemáticos y reconocibles de variaciones intersectoriales en el uso de los recursos económicos, para examinar, por un lado, las causas y características de los cambios, y, por otro, los impactos de ellos en el crecimiento de la economía. Los empíricos del crecimiento económico identificaron diferencias intersectoriales entre tasas de productividad así como diferencias significativas entre las elasticidades-ingreso de la demanda por los productos de los varios sectores. El empleo de los términos primario y secundario en los análisis económicos se generalizó en las primeras décadas de este siglo. En los años treinta, los economistas Allen Fisher y Colin Clark introdujeron el concepto de sector terciario, aunque dicho sector no coincidiera totalmente con los servicios.

    Inicialmente, el crecimiento del sector terciario fue conceptualizado como una tendencia del crecimiento de los países más avanzados. Datos de las economías primarias demostraron, sin embargo, que el sector de servicios no se prestaba fácilmente a teorías esquemáticas de desarrollo secuencial. Estudios posteriores indicaron que cualquiera que sea la base productiva de una economía, la misma requiere de un volumen mínimo de servicios, para ser viable económicamente. Es decir, sin el desarrollo del comercio y de los transportes, no se puede aumentar la productividad del sector primario. Esos trabajos destacaron la heterogeneidad del «sector» de servicios, lo que ha llevado a los investigadores a abandonar los intentos de reducir la economía solamente a tres sectores. Algunos datos sugieren que el nivel del ingreso es un determinante de la composición de los servicios, más que del tamaño relativo del agregado. Es posible encontrar la misma proporción de servicios en la oferta de empleos y en la generación del valor agregado global, para países de niveles distintos de ingreso, aunque existan diferencias importantes en la composición de los mismos.

    La proporción de los servicios en el empleo, en los países latinoamericanos y del Caribe, aumentó de 31,2% en 1960, a 36%, en 1970 y 42,2% en 1980. El elemento determinante es la tasa de participación femenina en las actividades económicas, una vez que las mujeres encuentran trabajo predominantemente en las ocupaciones «terciarias». La proporción de hombres que trabaja en los servicios aumentó de 25,6% a 28,8% y 34%, para los mismos años, mientras que la de las mujeres aumentó de 55,1% a 62,1% y 65,2% (CEPAL, 1995a, cuadros 25, 26 y 27).

    A precios constantes de mercado, datos de cuentas nacionales de la CEPAL, indican una gradual pérdida de importancia de las actividades productoras de bienes, para el conjunto de países de la región, entre 1970 y 1990: la parte del producto originada en la producción de bienes primarios y manufacturados bajó del 51,6% al 43,2%, manteniéndose inalterada en 1993 (43%). Ello tuvo su contraparte contable en el mayor peso adquirido por las actividades de servicios que aumentan su participación en forma constante, del 48,4% al 57% en 19932.

    Básicamente, el crecimiento de los servicios en las actividades económicas está asociado al complejo proceso de especialización del trabajo derivado de la expansión y diversificación del mercado, que incluye, entre otros: (1) la participación avasalladora del mercado en la satisfacción de las necesidades humanas; (2) las transformaciones tecnológicas y organizacionales en los sectores productores de bienes; (3) la masiva urbanización como forma de vida, y (4) la participación del Estado en la economía. El crecimiento de los servicios no representa necesariamente un crecimiento del volumen total de los servicios producidos, puesto que se puede referir a la transferencia de funciones --anteriormente ejecutadas en las empresas y establecimientos concentrados en la producción de bienes materiales- para empresas especializadas en servicios. Ello también incorpora la exteriorización de actividades de servicios que salen de la unidad familiar (educación, salud, cuidados personales) y pasan a ser suministradas por la economía monetizada.

    En los mercados actuales, la competitividad de una empresa productora de bienes se mide tanto por la capacidad de diseñar y comercializar sus productos como por la de manufacturarlos. Mientras las industrias que fueran responsables por el crecimiento económico en los tres cuartos de nuestro siglo, y que constituyeron la segunda revolución industrial, tenían fuerte base material, la base de las industrias más dinámicas de la actual transformación tecnológica es el conocimiento. El rol de la innovación tecnológica en el proceso de crecimiento de las economías modernas otorga a los servicios una función estratégica. En realidad, se puede decir que la calidad de los servicios, en un país, es la medida de su grado de desarrollo económico y social.

    2. Las transacciones internacionales de servicios

    Lo inapropiado del término «comercio» aplicado a los servicios fue evidente desde los primeros debates en preparación para la Ronda Uruguay. El comercio internacional de mercancías, en el que las mismas cruzan físicamente las fronteras de un país, se distingue de la producción local -sea por empresas extranjeras o por empresas locales, bajo licencias de tecnología- como modalidades distintas de la internacionalización de la economía. Diferentes segmentos de la literatura económica interpretan los determinantes del volumen y de la composición de esas transacciones. Ya en el caso de los servicios, los pocos que cruzan las fronteras lo hacen por medio de bienes, como en los transportes aéreo y marítimo. Sin embargo, la mayoría de los servicios está incorporado en sus «proveedores» y, por lo tanto, estas transacciones internacionales no se disocian de los movimientos de personas y de capital3.

    En general, es necesario que productores y consumidores de servicios estén físicamente cercanos, en función de tres características de los servicios: (i) la producción y el consumo del servicio deben ser simultáneos; (ii) los servicios no pueden almacenarse y (iii) los servicios son, en general, intangibles.

    La literatura ha definido cuatro modalidades de transacciones internacionales de servicios: (1) transacciones sin movimiento de factores de producción en las que el servicio cruza la frontera, sea en la forma de bienes o codificado y transmitido por medios electrónicos, entre otros; (2) transacciones con movimiento de factores, y no del receptor del servicio (inversión extranjera y migración de trabajadores); (3) transacciones con movimiento del receptor del servicio pero no del prestador (servicios médicos y educacionales, turismo); (4) transacciones con movimiento de ambos, factores y receptor (casos en que el turista de un país se hospeda en un hotel de propiedad de una corporación de un tercer país) (Sampson y Snape, 1985, pp.171-182).

    Consecuentemente, las transacciones de servicios requieren la movilidad transfronteras de los factores productivos (capital, trabajo, información o conocimiento). De esta manera, el traslado del aparato analítico del comercio de bienes para el de servicios presenta numerosos problemas lógicos. En particular, no se puede decir que la teoría de las ventajas comparativas sea válida para el estudio del «comercio» de servicios. Por ende, algunas de las proposiciones normativas, derivadas de la teoría del comercio internacional, que ya son cuestionadas en el ámbito del comercio de bienes, pierden sus bases lógicas cuando se trata de las transacciones de servicios.

    La extensión del marco de liberalización y del análisis de barreras al «libre comercio» de bienes al de servicios, constituye un ejercicio todavía más sofisticado de persuasión vía «la autoridad de las teorías científicas». Las medidas consideradas como obstáculos al comercio tienen propósitos distintos de los comerciales. Aunque puedan proponer barreras al movimiento internacional de personas, capital y tecnología, esas medidas corresponden a la legislación que el país ha creado para la creación de empleos, defender el equilibrio de la balanza de pagos, la protección al consumidor, la seguridad y la soberanía nacionales (incluida la soberanía cultural), y objetivos de equidad social o de desarrollo, como la prestación de servicios de calidad a todos los miembros de la población y el establecimiento de capacitación tecnológica.

    Por otro lado, los mercados de los distintos subsectores de los servicios se caracterizan por estructuras no competitivas, derivadas de la naturaleza de los servicios y de los factores que definen la competitividad de las empresas, (que no se expresan en precios), tales como experiencia, reputación, marcas, etc. A lo largo de las negociaciones, varios trabajos resaltaron la importancia del acceso a las redes de información y los canales de distribución para el mantenimiento de una posición competitiva en el comercio internacional de servicios (Gibbs y Hayashi, 1989, pp.32-35). Asimismo, aunque en general exista poca información sobre las prácticas comerciales restrictivas, algunos sectores como seguros, banca, transporte aéreo, publicidad, servicios audiovisuales son caracterizados por un pequeño número de grandes empresas transnacionales con gran poder de mercado (Gibbs y Hayashi, 1989, pp.35-38).

    Finalmente, las estadísticas de comercio de «invisibles» del Fondo Monetario Internacional (FMI), que es la fuente básica para la cuantificación de ese «comercio», son incompletas e insuficientes. Por un lado, no incluyen los servicios suministrados por proveedores extranjeros en territorio nacional que no incidan sobre flujos de divisas, y por otro no desagregan adecuadamente los servicios. Por ejemplo, las estadísticas sobre servicios de turismo incluyen gastos en bienes y servicios. Los sistemas de clasificación y recopilación de datos no permiten un análisis detallado del comercio de servicios, dificultando la comparabilidad internacional.

    Las publicaciones de GATT/OMC consideran como servicios comerciales las informaciones derivadas de las estadísticas relativas a la balanza de pagos, del FMI sobre embarques, fletes y seguros, viajes, otros servicios y rentas del sector privado (que incluyen los ingresos derivados de los trabajadores temporales y de la propiedad). A partir de 1995 se excluyó la renta del trabajo, pasando los servicios comerciales a ser la suma de los siguientes rubros: transporte, viajes y otros servicios del sector privado. La OMC advierte que, sin embargo, a las cifras comerciales registradas les falta comparabilidad y están sujetas a distorsiones importantes. (OMC, 1995, p.131).

    Según los datos de la OMC, el comercio internacional de servicios se mantiene como un segmento importante de los flujos de comercio, sin que se le pueda imputar un crecimiento elevado4. Los servicios comerciales representan cerca del 21% del comercio mundial de bienes y servicios: 20,7% en 1994, 21,4% en 1993, y 21.2% en 1992. Con base en estos datos de balanza de pagos, no se puede decir que en los últimos años estos flujos representen el segmento más dinámico del comercio mundial.

    Sin embargo a lo largo de la última década se observó un crecimiento relativo de los servicios que en 1984 representaban el 17% de las exportaciones de bienes y servicios y cerca del 20% en 1990. Hay indicaciones que ha habido cambios en la composición de los servicios comerciales, con el aumento de la participación del rubro «otros servicios».

    Los principales países industrializados son los grandes exportadores e importadores de servicios, como lo son en bienes. De acuerdo con la misma fuente, en 1994, cinco países (Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido) representaron el 42,9% del total de las exportaciones y el 39% de las importaciones de servicios5. Entre ellos Estados Unidos se destaca como el mayor exportador e importador de servicios y, el que ha acumulado los mayores superávit (más de 50 mil millones de dólares en 1994). En 1985, este país representaba cerca de 14,3% de las exportaciones totales de servicios mientras que en 1994, su fracción aumentó a 17%.

    Los países de América Latina y el Caribe representan un poco más del 4% del total del comercio de servicios comerciales: 4,6% de las exportaciones, en 1984 y 4,1% en 1993; 5,4% de las importaciones en 1984 y 4,6% en 1993. Sin embargo, la región ha sido constantemente deficitaria en servicios (tanto comerciales como factoriales). Entre 1985 y 1991, la región acumuló superávit en el comercio de bienes, mientras que se mantuvo el déficit en la cuenta de servicios. Tan sólo se ha producido una reducción de la importancia relativa de estos déficit, como producto de la contracción económica general. Los datos de la OMC indican una disminución del déficit, entre 1984 y 1988, con un pequeño superávit en el año 1989, volviendo a crecer posteriormente y llegando a más de tres mil millones de dólares en 1993, cerca de su nivel histórico anterior.

    Las economías del Caribe, en cambio, se caracterizan como verdaderas economías de servicios, principalmente relacionados con el turismo. Con excepción de Haití, Suriname y Trinidad y Tobago, los servicios contribuyen con por lo menos la mitad de los ingresos globales derivados de las exportaciones de bienes y servicios. Para países como Barbados, Grenada, República Dominicana y St. Kitts y Nevis, el valor de las exportaciones de servicios es casi tres veces superior al de las de bienes.

    Por otro lado, ha habido un significativo aumento de la inversión extranjera en la producción de servicios en los países de América Latina, en la década de 1990, en muchos casos asociado al proceso de privatización y desreglamentación de los servicios públicos. Un documento reciente de la CEPAL informa que la participación del capital extranjero aumentó en México (turismo y telecomunicaciones), de la misma forma que en Argentina, Chile y Venezuela, a través de la participación en el proceso de privatizaciones (CEPAL, 1995b, pp.94-95).

II. El Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS)

    Las negociaciones sobre el comercio de servicios han abordado un tema que figuraba por primera vez en una ronda de negociaciones comerciales multilaterales; un «comercio» que incluía movimientos transfronterizos de personas, capital y tecnología, además de involucrar mercados con escasos estudios empíricos, y sobre el cual no existía una base estadística completa y confiable. Todos estos factores persuadieron a los negociadores para definir un marco de reglas que reflejara la heterogeneidad y la complejidad de los servicios, tanto en lo que se refiere a sus diferentes modalidades de prestación como al rol estratégico que los mismos juegan en el desarrollo social, cultural, económico, político y militar de los países.

    Por lo tanto, la naturaleza de los servicios y de las barreras a su comercio, impidió que se elaborara un conjunto de principios y de normas que pudieran aplicarse por igual al comercio de toda clase de servicios6. En particular, el «derecho» de establecimiento o de «presencia comercial» y el principio del trato nacional a proveedores de servicios, plantearon problemas jurídicos que exigieron la mantención de un tratamiento discriminatorio a servicios y a proveedores de servicios, dependiendo de los subsectores y de la transacción considerada.

    En consecuencia, pocos resultados pueden ser esperados del AGCS, en términos de una efectiva liberalización de las transacciones internacionales de servicios. La ausencia de datos sobre los «flujos» de servicios, su rol estratégico y el bajo conocimiento de las operaciones de los mercados de servicios, impidieron que los negociadores identificaran los costos y beneficios de una apertura a ultranza de los mercados domésticos de servicios para empresas extranjeras. Por ende, está la cautela con la que fueron extendidos a los servicios, los principios de nación más favorecida, del trato nacional y de acceso a mercado, que podrían garantizar efectivamente la eliminación de las reglamentaciones que limitan el flujo internacional de los proveedores de servicios.

    Los datos actuales no permiten cuantificar los impactos del AGCS sobre las economías de los países latinoamericanos y caribeños. Por un lado, no existen criterios y parámetros para evaluar el impacto de las concesiones por países en las operaciones de los mercados de servicios. Por otro lado, los mismos mercados recién empiezan a ser estudiados. «El grado de liberalización de los servicios va a ser determinado, principalmente, por los compromisos de acceso a mercados y trato nacional, en los cuatro modos de prestación, que están incluidos en las listas nacionales». Sin embargo, las listas varían mucho en el alcance y la profundidad de las concesiones resultando en una información de difícil agregación. Varios son los elementos que deben ser considerados: (1) el número y la extensión de los sectores incluidos; (2) la consolidación de los cuatro modos de prestación; (3) verificación si las concesiones en acceso a mercados y trato nacional dependen o no de condiciones especificadas; (4) verificación si ellas incluyen pruebas de necesidad económica; y (5) si existen exenciones al trato de NMF (UNCTAD, 1994, pp.182-184).

    La tendencia que se desprende de las listas nacionales es de la consolidación del status quo, y aún así con calificaciones, tales como exigencias en términos de nacionalidad o residencia, para movimientos de personas físicas y de limitaciones en la participación de extranjeros en la estructura accionaria de las empresas de servicios, para los movimientos de capital. Pero esa misma consolidación de la situación existente puede ayudar a la expansión del comercio y de la inversión en servicios, correspondiendo a un logro importante en la senda de una mayor transparencia de los mercados.

    Los retos que la liberalización de los flujos internacionales de servicios presentan para las economías de América Latina y el Caribe, son más visibles que las oportunidades abiertas. Por un lado, los servicios son los componentes fundamentales de una mejor inserción internacional de estas economías, en el comercio de bienes, y por lo tanto, los países deben tener acceso a servicios de mejor calidad a un menor costo. Por otro lado, las características de los mercados de servicios, en general controlados por un pequeño número de grandes empresas transnacionales, plantean grandes interrogantes sobre las posibilidades reales para que las empresas de los países de la región penetren en ellos y puedan desarrollar su competitividad internacional.

    Economías como las de Argentina, Chile, México, y más recientemente, y en menor escala, Brasil, han realizado profundas reformas en el sector público, transfiriendo al sector privado la casi totalidad de los servicios, anteriormente suministrados por el Estado. Estos países han incentivado la participación del capital extranjero en ese proceso de privatización, aunque en algunos casos, definiendo límites a dicha participación.

    Paralelamente, también fueron eliminadas las reglamentaciones que existían en algunos sectores, favoreciendo a las empresas de capital nacional, concediéndose de forma unilateral, el trato nacional a empresas extranjeras, incluidas las proveedoras de servicios.

    A esto se añade que en el nuevo contexto macroeconómico latinoamericano de los años noventa, el proceso de globalización de los mercados y la apertura comercial de los países de la región determinó un proceso de ajuste en sus empresas. Por ello, las empresas buscan especializarse en los procesos, productos y mercados en que disfrutan de «ventajas competitivas», externalizando actividades que otras empresas pueden hacerlas mejor. Es decir, pasando a comprar en el mercado, bienes y servicios que anteriormente eran producidos dentro de la corporación. Este proceso, que todavía está en curso, ha permitido el desarrollo de proveedores de servicios independientes y, en consecuencia, el crecimiento de las mismas actividades.

    La mayor participación de los países en desarrollo en el «comercio» de servicios ha sido incluido entre los objetivos del AGCS, desde la Declaración Ministerial de Punta del Este. Es responsabilidad de los países latinoamericanos y caribeños velar para que este objetivo se cumpla, junto con la reducción en las barreras a los movimientos de los servicios y de los proveedores de servicios.

    El AGCS ha dejado una serie de temas pendientes, que deberán ser abordados en el marco del trabajo futuro del Consejo de Servicios. Forman parte de ellos, las negociaciones sobre subvenciones, salvaguardias, contratación pública y servicios profesionales. Además de éstos, las negociaciones sobre telecomunicaciones básicas introdujo la necesidad de anticipar la discusión de materias tales como políticas de competencia y de inversión, que deberán componer la agenda futura de negociaciones de la OMC, en los próximos años.

    Bibliografía

  • CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) (1995a), Statistical Yearbook for Latin America and the Caribbean (LC/G.1853-P), Santiago, Chile, Publicación de Naciones Unidas, No. de venta: E/S.95.II.G.1.

  •     (1995b), La inversión extranjera en América latina y el Caribe. Informe 1995 (LC/G.1890), Santiago, Chile.

  • Gibbs, Murray y Michiko Hayashi (1989), «Sectorial issues and the multilateral framework for trade in services: an overview», Trade in Services: Sectoral Issues (UNCTAD/ITP/26) Ginebra, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

  • Hindley, Brian y Alasdair Smith (1984), «Comparative advantage and trade in services», The World Economy, vol.7, No.4, diciembre.

  • OMC (Organización Mundial del Comercio) (1995a), International Trade. Trends and Statistics, Ginebra.

  • UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) (1994) The Outcome of the Uruguay Round: An Initial Assessment (UNCTAD/TDR/14/Sup.), Nueva York. Publicación de Naciones Unidas, No. de venta: E.94.II.D.28.

    NOTAS

  1. Sin embargo, hace varias décadas que los servicios son objeto de acuerdos multilaterales. Diferentes organismos internacionales especializados en servicios se encargan de los aspectos técnicos de su funcionamiento.

  2. Estos servicios incluyen electricidad, agua y gas, comercio al por mayor y al por menor, restaurantes y hoteles, transportes, almacenamiento y comunicaciones, establecimidentos financieros, seguros, bienes inmuebles y servicios prestados a las empresas, servicios comunales sociales y personales.

  3. El Departamento de Comercio de los Estados Unidos sólo consiguió identificar dos industrias de servicios, entre dieciocho otras, en las que los flujos de comercio predominan sobre los de inversión directa (transportes aéreo y marítimo). En ocho industrias, los flujos de inversión eran el único modo de prestación internacional: servicios de contabilidad, publicidad, alquiler de automóviles y camiones, bancos, agencias de colocaciones, alquiler de equipamiento, hoteles y moteles, y servicios legales. En otras ocho, las inversiones y los flujos de comercio estaban asociados: comunicaciones, servicios de computación, construcción e ingeniería, servicios educativos, franquicias, servicios médicos y hospitalarios, seguros y películas (Hindley y Smith, 1984, p. 374).

  4. En general, cuando se menciona el crecimiento elevado de los servicios, los datos incluyen los ingresos del capital, por concepto de inversión directa extranjera. Sin embargo, éstos no separan las inversiones en servicios de las que se refieren a bienes.

  5. Japón es el tercer país importador de servicios (10.3), y el sexto exportador (5.5%) (OMC, 1995, p. 14).

  6. Véase Gibbs y Hayashi (1991, pp. 1-55), para un examen detallado de las dificultades para la adopción de reglas generales en los servicios.

 

 


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