"El comercio en las economías
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 50
Abril - Junio 1997 |
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Espacios económicos e
inserción externa:
nuevos parámetros
Carlos Juan Moneta
Secretario Permanente del SELA
Basado en la ponencia presentada en el Seminario
«Desarrollo Económico, Integración, Globalización, Comercio y Deuda Externa en
América Latina», celebrado en Acapulco (México) del 17 al 18 de abril de 1997.
I. Globalización y reorganización del espacio
geoeconómico
1. Del sistema internacional
al sistema pluricéntrico1
El concepto de
«globalización», puede prestarse a confusión, pues según se lo defina, admite
distintos contenidos. Se refiere, en una interpretación amplia del término, a los
procesos de creciente interacción e interdependencia que se generan entre las distintas
unidades constitutivas del nuevo sistema mundial en formación. Estas incluyen la
ampliación del espacio geográfico y la modificación de los ámbitos de acción,
adquiriendo aspectos multidimensionales; abarcan, entre otros, las actividades y sus
efectos, de países y regiones, empresas transnacionales, organismos internacionales,
organizaciones públicas y privadas, y grupos y movimientos sociales.
La globalización cubre un
campo mucho más amplio y complejo que el ámbito económico: se trata de un fenómeno
social, político y cultural, además de económico. No obstante, la mayor parte de las
veces se utiliza este concepto dando prioridad a su dimensión económica, refiriéndose
entonces a la «globalización de la economía». En ese contexto, se pone énfasis en
algunos actores; por ejemplo, las empresas y agentes financieros transnacionales, y en
ciertos procesos (ej.: el impacto causado por los avances de la electrónica en las
comunicaciones, información y transformación de los sistemas productivos y de gestión).
También se destaca la importancia que adquiere el establecimiento de redes de alcance
mundial en distintos campos, como los que corresponden a las finanzas y a la tecnología.
Asimismo, se concibe a las empresas transnacionales (ETN) como el principal agente de la
globalización. En cuanto a la evolución de la economía, se destacan los mayores ritmos
de crecimiento -que incluyen una mayor autonomía relativa de los centros- de los países
en desarrollo (con el surgimiento de Asia como nuevo actor relevante) y el incremento de
su competitividad y presencia en los mercados internacionales, en un medio caracterizado
por el reducido dinamismo de los países desarrollados.
El proceso de globalización
obliga a modificar el paradigma vigente, que confería a los Estados-Naciones el carácter
de actores centrales y predominantes del sistema. Este pasa ahora a constituir una parte
esencial de un sistema mayor que gradualmente adquiere cada vez más vigencia: el sistema
global. En reemplazo del sistema internacional surge ahora el sistema «pluricéntrico»,
constituido, además de los Estados, por actores subnacionales y transnacionales dotados
de objetivos y medios de acción propios, que adquieren creciente autonomía.
El sistema global comprende a
ambos tipos de actores en un permanente juego de interacciones de carácter conflictivo y
cooperativo entre los aparatos del Estado, las sociedades nacionales o segmentos de las
mismas, los entes internacionales, las ETN y otros actores transnacionales. Si bien ese
fenómeno no es nuevo, se han modificado las variables de cambio del sistema y las reglas
de su funcionamiento; el carácter, complejidad y dimensión de las interacciones y la
capacidad relativa de los actores para orientar los procesos hacia un resultado deseado.
En este contexto, uno de los
cambios más importantes que se registra en términos de la relación Estado-entorno
externo, corresponde a quién influencia a quién. Hasta avanzados los años setenta
podía señalarse, en forma básicamente correcta, que las instituciones y procesos más
importantes con capacidad para orientar el crecimiento y desarrollo estaban localizados
claramente en el Estado-Nación. Los cambios en el proceso de
globalización-regionalización han modificado esa situación, otorgando creciente
capacidad de influencia al entorno económico internacional. La situación actual se
caracteriza por la creciente presencia de las firmas transnacionales y los fenómenos de
deslocalización territorial de sus fábricas; la concentración financiera del capital y
la creciente negociación de acuerdos intrafirma de carácter sectorial que regulan los
conflictos de competencia que pudieran presentarse (ej.: acuerdos entre empresas japonesas
y estadounidenses en el sector electrónico y automotriz), junto a la gradual imposición
de regímenes de regulación regional e internacional. En ese nuevo marco, se experimenta
una mayor influencia de los factores externos sobre la formación de las políticas
económicas nacionales.
En dicho contexto, el poder
coordinar procesos de decisión que responden a distintas lógicas -las de los distintos
ámbitos de los gobiernos, los sectores productivos y financieros y los del conjunto
social- incrementa la capacidad de acción nacional y regional. Esa perspectiva parte del
siguiente supuesto: que un factor que establece un diferencial positivo en cuanto a las
posibilidades de lograr una inserción competitiva y avanzar en el desarrollo, radica en
una conducción política oportuna, integral y previsora, que a partir de un proyecto
compartido, alcance una adecuada comprensión integral del proceso de inserción externa.
A modo de ejemplo, el rol
directivo asumido por los gobiernos en algunos procesos de integración (ej.: los de la
Unión Europea, y los de América Latina y el Caribe) debe ahora necesariamente
compatibilizarse con los poderosos procesos de integración "de facto" generados
por las decisiones vinculadas a la globalización de las inversiones productivas de las
empresas, la difusión e innovación tecnológica y la generación de redes de producción
global y regional. Asimismo, las ganancias en competitividad que se obtienen por la mejor
localización de los recursos, economías de escala, especialización, aprendizaje
tecnológico y eficiencia requieren del esfuerzo del conjunto social y una profunda y
amplia consulta y coordinación de los aparatos del Estado y los agentes económicos.
Un intento de lectura de los
procesos liderados por los gobiernos y de aquéllos bajo el dominio de los actores
económicos no gubernamentales, señala rápidamente las limitaciones que implica, para
una formulación adecuada de estrategias y políticas de inserción, el aplicar en forma
unívoca una u otra óptica. Gradualmente, el análisis realizado en los ámbitos
gubernamentales de los procesos de integración, de formación de grandes espacios
económicos (ej.: ALCA) y de vinculación con otros países y regiones, va incorporando
importantes elementos de ambos paradigmas. No obstante, aún resta un relevante número de
factores y procesos que se tienen en cuenta en forma separada o de manera insuficiente.
Entre ellos, cabe señalar ciertos rasgos estáticos del análisis. Por ejemplo, al
considerar metas y plazos posibles que se desea alcanzar en un proceso integrativo o en la
vinculación con un actor extrarregional, el ejercicio se hace con independencia de otros
procesos que están actuando simultáneamente y que pueden ejercer influencias sustantivas
sobre su devenir. De igual manera -y reconociendo la complejidad inherente al intento- las
nuevas dimensiones para ejercer una acción coordinada de gobiernos y actores sociales que
surgen con la globalización no han sido aún convenientemente exploradas. Tal es el caso,
por ejemplo, de los flujos de comunicación, bienes, personas e ideas; la aparición de
otras formas de articulación por la vía de las ciudades-regiones y el nuevo papel de la
vinculación región-región ( y subregiones).
Por lo expuesto, en este papel
de trabajo se procurará realizar algunas reflexiones preliminares sobre varios de los
factores y procesos que se estima conveniente incorporar al examen de los obstáculos y
oportunidades presentes y futuras para nuestra inserción externa.
2. El nuevo papel del Estado
en América Latina y el Caribe
En el marco previamente
esbozado, la inserción de los países de América Latina y el Caribe en el plano mundial,
puede ser formulada y puesta en práctica con distintas dosis de participación endógena
y exógena. Admitida una gran cuota de determinismo estructural, en virtud de la
situación que enfrenta la región en el plano financiero, comercial y de desarrollo
productivo, aún resta una porción sustantiva de decisión en manos de América Latina y
el Caribe.
El desafío consiste en
combinar la acción del mercado con la intervención activa -si bien, en gran medida,
distinta a la que se realizaba anteriormente- del Estado y de múltiples actores no
estatales, en una coordinada armonización de esfuerzos. Resulta necesario rescatar la
legitimidad de la esfera pública, dirigida ahora a proveer la imprescindible visión,
articulación y regulación de las actividades desarrolladas por el conjunto económico y
político, reconociendo el espacio de acción que funcionalmente le corresponde a los
actores no gubernamentales y al mercado.
Aún cuando este requerimiento
pudiera parecer superado por las ideas y prácticas económicas hoy prevalecientes, es
precisamente el análisis de experiencias exitosas de países en desarrollo el que alerta
sobre la necesidad de contar con una guía estratégica para la acción, con un proyecto
de país y región a futuro, basado en valores e intereses propios.
En ese contexto, cabe destacar
el papel relevante que le corresponde al Estado en cuanto al sistema de protección y
desarrollo social (salud, educación, etc.), al igual que en los modos de regulación de
la actividad empresaria y financiera, para citar sólo algunos aspectos esenciales. En ese
sentido, no debe perderse de vista -y aquí pueden citarse los ejemplos europeos y
asiáticos-, que no existe una vía única, predeterminada e ineluctable a ser seguida por
nuestros países. Así, por ejemplo, el debate concerniente al papel a cumplir por el
Estado en nuestra región en la "transformación productiva con equidad"2, y en la defensa de ciertos principios y prácticas en
el ámbito del desarrollo social, resulta crucial e indispensable.
3. De la tríada al
cuarteto: reorientación del comercio y las inversiones
Como ya fuera señalado una
década atrás3, no es válido continuar refiriéndose
a una "tríada" (Estados Unidos, Japón y la Unión Europea) en términos de
polos de economía mundial. Esta ha sido gradualmente reemplazada por un
"cuarteto", con el crecimiento del papel de Asia-Pacífico en los flujos
mundiales de comercio e inversiones4. En efecto, en
1995 el comercio del Sudeste Asiático con Japón era de 100.000 millones de dólares en
términos de exportaciones y 150.000 millones de dólares de importaciones.
Simultáneamente, el mismo grupo de países mantenía un flujo de 100.000 millones de
dólares en términos de exportaciones y la misma cifra en sus importaciones con la Unión
Europea. Por último, el Sudeste de Asia exportaba 150.000 millones de dólares a los
Estados Unidos e importaba 100.000 millones de esa procedencia, mientras la Unión Europea
(15 países) importaba 100.000 millones de los Estados Unidos y le exportaba a ese país
120.000 millones.
En cuanto a las inversiones
directas, mientras se localizaban, en Asia, en 1981-85, 46,2% del total de la IED mundial,
correspondiéndole a América Latina 38,5%, en 1994 Asia concentraba el 59,6% del total,
descendiendo nuestra región al 25,5%5. De igual
manera, Asia absorbe actualmente -concentrada en ocho países emergentes- cerca de 140.000
millones de dólares de inversión (IED, inversión de portafolio, préstamos, etc.), de
los cuales 40.000 millones de dólares corresponden a China Popular, frente a 30.000
millones de dólares dirigidos a Europa Oriental y 50.000 millones de dólares a América
Latina y el Caribe. Este continente redujo su participación en flujos externos de
inversión directa de 53,7% del total en la década del setenta (frente al 16,1% de Asia
del Este), al 42% en la década del ochenta; Asia del Este, por su parte, incrementó su
participación al 33,2%6.
De igual manera, mientras
América Latina y el Caribe mantienen un estático 5% del comercio mundial a mediados de
la década del noventa, las economías de Europa Oriental ya han alcanzado -pese a los
altos costos de la transición- un 4% de ese comercio. Asia, por su parte, representa un
16% (4 países de ASEAN y el grupo de Países de Reciente Industrialización [PARI],
mientras China Popular equivale individualmente a un 4%.
Resulta, también, conveniente,
examinar las orientaciones y proporciones de nuestro comercio y compararlas con las de
nuestro más importante competidor, Asia-Pacífico. En 1994, ambas regiones coincidían en
mantener un 18% de sus intercambios comerciales con la Unión Europea. La situación
varía sustancialmente si se observa las relaciones con sus respectivos polos
hemisféricos y las contrapartes. Mientras para Asia-Pacífico, Japón representaba el 15%
del comercio, para América Latina, América del Norte concentró el 51%. Japón sólo
ocupó un 5% del comercio externo de nuestra región, mientras en el caso de
Asia-Pacífico, América del Norte representaba un 26%. Además, debe señalarse que el
papel del comercio intrarregional (pese a su positivo protagonismo actual en nuestra
región) también difiere: en América Latina y el Caribe el comercio intrarregional
representa el 21% del total- en Asia-Pacífico, el 38%7.
A estos elementos
cuantitativos, deben agregarse los cualitativos, entre los cuales se cuentan el alto
porcentaje relativo de manufacturas en la composición de las exportaciones del Sudeste
Asiático, comparado con las de América Latina; la distinta localización sectorial de
las inversiones, y las nuevas corrientes de inversión y comercio que se han generado
entre América Latina y el Caribe con Asia-Pacífico durante los últimos años8.
Las corrientes de inversión
asiática se han localizado primero en el área de TLCAN (México), Centroamérica y el
Caribe, y ahora también ya puede observarse su crecimiento en Chile y MERCOSUR. Cabe
destacar sus actividades en maquila, textiles, electrónica, industria de alimentos y
metalmecánica (en el caso de China Popular, en materias primas, hierro, cobre, madera y
recursos naturales y pesca). Durante los próximos años se ampliarán sus inversiones en
electrodomésticos e industria automotriz. Estas inversiones corresponden a la
transnacionalización de las grandes empresas de Corea del Sur, Taiwán, China Popular y
Singapur, a los cuales se suman otros países y representan una posibilidad de avanzar en
un conveniente proceso de vinculación intraindustrial con Asia Pacífico, que genere
aportes de tecnología, inversión, gestión y capacitación de recursos humanos9.
Por otra parte, la búsqueda de
entendimientos y la organización de alianzas estratégicas en el plano económico y de
cooperación con los países de Europa Oriental constituye una asignatura pendiente. Sólo
un número reducido de países de nuestra región desarrolla una política a largo plazo
en ese ámbito, pese a que es por todos conocido el proceso de paulatina incorporación y
mayor vinculación económica de los principales países de Europa Oriental a la Unión
Europea; su participación en el comercio mundial está creciendo, acompañado a su
gradual recuperación económica y comienzan a recibir mayores y nuevos (ej.: Países
asiáticos) flujos de inversión externa.
De lo expuesto, surge que no
parece adecuado examinar las posibilidades comerciales y financieras externas de América
Latina y el Caribe sin tener debidamente en cuenta el marco de interrelaciones globales y
en él, las posiciones y estrategias de Asia-Pacífico, China (en el futuro próximo,
también India, Indonesia y Vietnam) y de las economías en transición de Europa
Oriental.
II. Diferentes perfiles
de inserción de América Latina y el Caribe
Las estrategias destinadas a
lograr una mayor vinculación con la Unión Europea, América del Norte y otros espacios
económicos, requieren tener en cuenta las diferentes situaciones en que se encuentran los
países de nuestra región.
Así, tanto en el ámbito de la
integración regional, de la vinculación económica hemisférica y en las relaciones con
otros países y regiones, las diferencias existentes en la complejidad del aparato
productivo, el dinamismo y orientación de las relaciones comerciales, la capacidad de
movilizar recursos para el desarrollo, la reglamentación de la apertura financiera, el
grado de preparación de los recursos humanos, plantean situaciones de inserción10 y competitividad distintas y por lo tanto, también
la posibilidad de poner en práctica estrategias diferentes en un marco compartido de
apertura y restructuración. Esas diferencias generalmente se tornan visibles cuando se
negocian acuerdos de libre comercio o se establecen mayores vínculos económicos dentro y
fuera de la región (ej.: El Área de Libre Comercio de las Américas).
La articulación del conjunto
de factores mencionados permite determinar los perfiles de inserción de distintos países
y su situación de competitividad, contribuyendo a evaluar su potencial de crecimiento. Un
estudio reciente11, que toma en cuenta el grado de
complejidad productiva y comercial externa de las economías latinoamericanas y sus
performances en términos de crecimiento (considerando tasas de ahorro e inversiones,
superávit y capacidad de acumulación), plantea las siguientes situaciones:
-La existencia de un grupo
integrado esencialmente por economías agrícolas o mineras con baja y débil base
productiva (insuficiente producción de bienes de equipamiento) y con una inserción en el
comercio internacional caracterizada por la importancia reducida de sus exportaciones
manufactureras. Poseen además, baja capacidad de ahorro y acumulación.
-Un grupo constituido por un
número reducido de países, que presentan cierta debilidad en su capacidad de ahorro y
acumulación, junto con una complejidad más avanzada de su estructura productiva.
-Le sigue un tercer grupo, con
menor complejidad relativa de su base productiva y mayores insuficiencias en términos de
acumulación y ahorro.
-Un cuarto grupo presenta
configuraciones más favorables que el previamente citado. Son países de economías
petroleras, agrarias y/o mineras que muestran una fuerte capacidad relativa de
acumulación, registrando a la vez, un importante crecimiento en sus exportaciones, con
perfiles productivos y comerciales muy variados, pero que se caracterizan por contar con
especializaciones tradicionales, poco dinámicas.
-Por último, otro grupo está
constituido por dos países con gran diferencia de tamaño y recursos. Poseen una
capacidad de acumulación y ahorro menor que los precedentemente nombrados, pero exhiben
una importante complejidad relativa en su base productiva y un gran dinamismo en sus
exportaciones.
Como se observará, según el
estudio mencionado, estos grupos todavía no han alcanzado la capacidad adecuada para
conjugar armoniosamente aquellos criterios considerados esenciales para asegurar
condiciones de estabilidad para el desarrollo y su pleno reconocimiento como países
emergentes, si bien varios países se hallan próximos a satisfacerlos. Uno de los
desafíos principales de nuestra región, en consecuencia, radica en obtener la necesaria
capacidad de ahorro y acumulación a partir de una estructura productiva diversificada y
abierta12.
III. Factores y
procesos a tener en cuenta en la reorganización del espacio económico
1. Deslocalización
industrial
Las deslocalizaciones
empresarias resultan quizás el aspecto más visible de la corriente de incremento de la
competencia entre los países industrializados y en desarrollo. Este proceso plantea, por
una parte, la decisión de cerrar una fábrica en un país desarrollado y abrir una nueva
filial en otro país industrializado o en desarrollo, para aprovechar precios inferiores
de los factores productivos, especialmente los bajos salarios, para luego importar los
bienes remplazando la producción local en el país originario. Por la otra, puede darse
también, en función de la variación de los diferenciales de costos y condiciones de
competitividad entre los países en desarrollo, que se realice el mismo procedimiento,
trasladándose de uno a otro en país en desarrollo.
Además de no existir consenso
sobre la definición y dimensión de las deslocalizaciones, tampoco se cuenta con un
acuerdo sobre sus causas. Para algunos especialistas es imputable a costos de producción excesivos en los países industrializados y a las
manipulaciones monetarias. Para otros, a la dinámica del mercado, la evolución de los
procesos regionales y a la calidad de la infraestructura13.
En cualquier caso, está vinculada a la aparición de nuevos países en desarrollo, y los
países en transición que se incorporan a los circuitos de intercambio internacional a
partir de la apertura de sus economías.
El hecho de haberse adoptado en
forma masiva el modelo industrial exportador en el marco de la economía de mercado,
significó que América Latina, junto a China, India, otras naciones asiáticas y los
países de Europa del Este, modificaron sus estrategias de desarrollo, orientándose al
crecimiento a través de las exportaciones. En un contexto de crecimiento lento de las
economías desarrolladas y de mantenimiento de las actuales políticas de
"industrialización con exportaciones", existen estudios14
que indican que, de proyectarse esa situación, la deslocalización de las filiales en el
extranjero alcanzará a un 25% de la producción industrial total en el año 2000.
En ese marco, si en el año
1988 a Europa Occidental le correspondía un 27,3% de la localización de la producción
mundial, a América del Norte, 23,3%, al Asia desarrollada (Japón y PARI ), 22,1% y a
América Latina el 3%, para el año 2000 se estima que esos porcentajes habrán cambiado,
en detrimento de América del Norte y de Europa Occidental y en favor, fundamentalmente,
de Asia desarrollada y en segundo lugar, de América Latina. Se calcula que al iniciarse
el segundo milenio la participación de Europa Occidental se habría reducido a un 24,6% y
la de América del Norte, a 18%, creciendo la del Asia desarrollada al 25,9% y la de
América Latina, al 4,6% de la producción mundial15.
La deslocalización de la producción en los sectores de electrónica, materiales
eléctricos y automóviles será muy fuerte, en detrimento de las industrias ubicadas en
los Estados Unidos y Europa Occidental.
Si bien podrían ser alcanzados
escenarios más favorables a los países desarrollados y en desarrollo, de mediar una
sólida y amplia cooperación internacional que redujera drásticamente el proteccionismo
y asegurara flujos estables de inversiones en el mundo en desarrollo16,
por el momento, no se perciben signos de poder obtener una cooperación de esa naturaleza
y profundidad17. En los niveles intermedios
-selectivos y limitados- de la cooperación hoy vigente, se le plantea a América Latina y
el Caribe la necesidad de examinar las posibilidades y riesgos de la deslocalización
industrial en el trazado de sus estrategias de vinculación con la Unión Europea,
América del Norte y Asia.
2. Modificaciones de las
ventajas comparativas y reorientación geográfica de la producción
En los años setenta, para
evitar problemas de barreras no arancelarias, incrementos del costo del factor trabajo,
polución, etc., gran número de empresas estadounidenses, japonesas (años más tarde) y
europeas, se volcaron a una estrategia de producción industrial "off-shore"
crecientemente localizada en los países en desarrollo. Consistió en inversiones
extranjeras directas (IED), subcontratación y "joint-ventures" en segmentos de
mano de obra intensiva y ensamblaje, a partir de un modelo fordista de producción en
masa. Hoy, junto a esa tendencia, que continúa aportando beneficios a las empresas en
ciertos segmentos de producción, emerge una nueva orientación, a partir de la exitosa
difusión que alcanza el sistema de gestión y producción flexible, junto a los avances
en microelectrónica y comunicaciones.
Para varios relevantes
especialistas18, la "producción flexible"
puede reducir la importancia relativa de la localización industrial dirigida a los
países en desarrollo de bajo costo de mano de obra, a partir de los altos incrementos de
productividad obtenidos con este sistema postfordista, la reducción de la incidencia en
los costos de producción del factor trabajo y la creciente importancia que nuevamente se
le asigna a la proximidad entre usuarios y proveedores. En dicho análisis, la proximidad
es importante, porque facilita la rápida adaptabilidad a los cambios en la demanda así
como el mantenimiento de flujos adecuados de información, capacidad de innovación y
sinergia.
Una conclusión que surge de
ese análisis es que la combinación adecuada de ambas tendencias -aprovechar menores
costos de producción (si se satisfacen los requisitos de calidad, etc.) en los países en
desarrollo y asegurar la proximidad geográfica entre empresas, proveedores y clientes,
con producción crecientemente flexible- puede conducir a la constitución de redes
regionales de producción, antes que a redes globales. De confirmarse ese proceso,
tendría importantes consecuencias para los países en desarrollo, ya que la
"proximidad" sería provista por América Latina y el Caribe para las ETN de
Estados Unidos; Asia-Pacífico y China para las de Japón y, los países de menor
desarrollo relativo del Sur de Europa, el Mediterráneo y el Norte de Africa, para las
empresas de la Unión Europea19. Es decir, que la
relocalización de la producción podría desarrollarse en mayor grado en el seno de las
regiones de influencia de los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, respectivamente,
en vez de entre regiones.
Además de un seguimiento
cuidadoso de la evolución de los procesos de deslocalización-relocalización para
comprobar si la práctica confirma o minimiza el valor de esas apreciaciones20, (los aspectos aquí examinados señalan la
conveniencia de vincularse intraindustrialmente con las ETN de los cuatro centros actuales
de la economía mundial: los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Asia-Pacífico,
para beneficiarse -o moderar el impacto negativo, según sea el caso- de ambos procesos).
Por otra parte, se puede -y
conviene- considerar otros enfoques sobre el tema de la "proximidad". Así, una
tendencia claramente visible en la actualidad, que se estima se incrementará en el futuro
a partir de los efectos de la movilidad creciente de los capitales, de los bienes y de la
información, es que desde el punto de vista económico, las regiones en desarrollo
experimentarán diferentes grados de cercanía o proximidad a los centros más
desarrollados. Así, por ejemplo, el área de Asia-Pacífico está ya más
"próxima" a Europa en el sector de bienes durables (ej.: industria automotriz)
que una zona periférica de Europa, dado que los costos de transporte por barco de un
automóvil desde Corea del Sur a Rotterdam, es del mismo orden que el costo de transporte
por camión o ferrocarril del sur de España a Europa del Norte21.
Estos ejemplos indican que la competencia entre distintos territorios se va a producir
sobre un gran número de los bienes manufacturados, así como un número creciente de
servicios que pueden aprovechar las oportunidades de la actual revolución informática y
la generación de redes interfirmas.
Asimismo, es dable esperar que
las condiciones de competitividad de Estados Unidos y la Unión Europea con los países
asiáticos de reciente industrialización (ej.: Corea del Sur, Singapur, Territorios de
Taipei y Hong Kong), y aquéllos ubicables en la misma categoría en América Latina, se
van a modificar por la reducción de las diferencias de costo de mano de obra -a partir de
una elevación en los costos, ya claramente observable -por aumento de salarios vinculados
a mejores situaciones de calidad de vida. Esa tendencia ya está siendo analizada
cuidadosamente por el Centro de Desarrollo de la OCDE22,
ante la presencia, en el mediano y largo plazo, de un nuevo grupo de países de gran
población (y diferentes situaciones, en cuanto a su disposición de recursos naturales),
con capacidad de insertarse en el sistema productivo mundial. Esos países contribuirán a
generar nuevas situaciones de deslocalización y competencia entre países desarrollados y
en desarrollo, como así también entre distintas regiones en desarrollo.
En esa posición cabe ubicar a
un actor ya plenamente activo, como es la República Popular China, y en un futuro
cercano, a la India, Vietnam e Indonesia23. En
América Latina, Brasil y México comparten una categoría equivalente a la de los países
de reciente industrialización de Asia, y en virtud de su importancia demográfica,
podrían también ser considerados junto a estos nuevos emergentes asiáticos. Junto a
ellos, cabe destacar la presencia de distintos esquemas subregionales, tal es el caso, de
MERCOSUR. Sudamérica en su conjunto se potenciaría en forma mucho más pronunciada, si
llegan a buen término las negociaciones de MERCOSUR con la Comunidad Andina. También
Centroamérica-Caribe no carecen de posibilidades en escenarios de redes regionales de
producción.
Sin pretender forzar
proyecciones, cabe señalar que encuestas realizadas por la industria automovilística
europea y americana durante 1996 en sus fábricas instaladas en China Popular, han
demostrado la alta capacidad intelectual y de adaptación de los obreros chinos. A ello se
suman salarios del orden de los 200 dólares mensuales. Esta situación podría
reproducirse en cierto grado, si se observa lo que está sucediendo en la India en el
sector de informática y la capacidad de Indonesia en algunos proyectos aeronáuticos y de
comunicaciones. Además, no debería olvidarse a Vietnam, con alta población y también
con una demostrada habilidad y capacidad de trabajo, que ya está atrayendo importantes
inversiones externas en electrónica y comunicaciones. En ese marco y desde un punto de
vista comparativo, en términos de capacidad competitiva nuestra región podría compensar
ciertas desventajas actuales en horizontes de largo plazo, gracias a haber efectuado ya
una profunda restructuración de sus economías, proceso que aún no han realizado
plenamente algunos de los países mencionados.
Estos nuevos actores demandan
vías y formas de relacionamiento distintas de América Latina y el Caribe. En forma
similar a como se han estructurado positivamente las corrientes de inversión, comercio y
transferencia de tecnología en la articulación intraindustrial lograda en la margen
asiática de la Cuenca del Pacífico, una profundización beneficiosa de las relaciones
con otras regiones y países por parte de América Latina y el Caribe, requiere el
establecimiento de vinculaciones intra-industriales con ellas,24
susceptibles de contribuir a un proceso de industrialización moderno y competitivo en
nuestra región.
Por último, estos probables
desarrollos pueden también conducir a escenarios en los cuales, para dar solución al
problema de pérdida de competitividad por el factor salario, tanto la Unión Europea como
Estados Unidos y Japón continúen regulando el ritmo de la apertura de sus mercados, de
manera tal de ir compensando los diferenciales en el sector empleo (en términos de
empleos perdidos y empleos generados). Esta situación sería altamente negativa para los
países en desarrollo.
IV. Hacia una nueva
visión de las relaciones internacionales
La consolidación de espacios
económicos genera nuevas instancias de regulación económica, en un proceso por el cual
una parte sustantiva del poder de decisión nacional se transfiere gradualmente a
instancias supra y subnacionales. En un primer plano, emergen instancias de coordinación
y representación multinacionales. En un segundo, se observan dos procesos: el surgimiento
de instancias regionales más autónomas y poderosas para la administración sobre un
territorio dado de una política común, y la aparición de nuevos polos y espacios
económicos integrados -de alto dinamismo y de dimensión económica mediana o pequeña-
que articulan, de varias maneras, la acción de agentes privados y públicos25.
Por lo expuesto, la
regionalización de las políticas de desarrollo económico no sólo puede constituir un
factor de integración continental -como se observa actualmente en el seno de la Unión
Europea-sino también un nivel y espacio apropiado para el establecimiento de vínculos
directos entre agentes económicos de distintas regiones del mundo (o de diferentes partes
del mismo espacio económico), en forma tal que contribuya a compensar las asimetrías de
escala y de recursos.
En ese contexto, cabe enfatizar
el papel que adquieren los espacios territoriales subnacionales y trasfronterizos en los
procesos de integración en todo el mundo. Éstos permiten articulaciones positivas que
pueden generar conjuntos de empresas pequeñas y medianas, vinculadas estrechamente entre
sí en procesos de especialización y de adquisición de competitividad (ej.: los
distritos industriales italianos) a partir de una inserción externa en los mercados
mundiales a través de su vinculación a grandes firmas transnacionales y mediante la
constitución de "redes".
1. La Ciudad-Región
A partir de los fenómenos de
globalización se generan zonas territoriales de interfase, de localización de las
interacciones económicas, político-sociales y culturales entre los Estados, los actores
transnacionales y los conjuntos sociales: es el espacio configurado por las grandes
ciudades y sus zonas de influencia. En esos importantes centros urbanos, de proyección
mundial, regional, subregional o nacional que se vinculan entre sí por múltiples redes,
se concentran gran parte de los núcleos de decisión de las redes financieras, de
servicios, de telecomunicaciones, de procesamiento de la información, instituciones y
empresas transnacionales.
Esas ciudades y sus espacios de
influencia juegan un importante papel en la articulación de las economías regionales,
nacionales e internacional en una economía global. A través de ellas circulan y se
orientan flujos de información, recursos financieros, fuerza de trabajo, bienes y
conocimiento. Incluyen áreas de producción primaria, centros de producción y de
concentración de consumidores. El amplio y rápido crecimiento de redes integradas de
producción global organizadas y controladas por grandes corporaciones, que caracteriza el
paso de la economía internacional a una globalizada, genera una división internacional
del trabajo distinta, basada -entre otros factores- en una nueva organización espacial y
la articulación de la producción y los mercados26.
En ese marco, la ciudad-región adquiere particular relieve, ya que en ellas se localizan,
según su importancia, ubicación geográfica y otros factores, los distintos centros de
comando de las ETN.
Si se aplica este enfoque para
observar la cambiante configuración del mapa mundial contemporáneo, se debe
inevitablemente incluir junto a los Estados -y en dinámica interacción con ellos- un
conjunto, creciente en número y en importancia, de ciudades-regiones en distintos niveles
de desarrollo. Éstas, en su actividad, congregan y diseminan flujos de información y
decisión económica, cultural y sociopolítica de carácter transfronterizo, capaz de
modificar los objetivos, las formas de operar y las acciones de los Estados a los cuales
pertenecen.
El surgimiento de un conjunto
de ciudades-regiones que a partir de un asentamiento político-administrativo territorial
están dotadas de elementos sustantivos para influir tanto en las formas de organización
económica y sociopolítica como sobre la orientación de los procesos, a partir de su
capacidad de acumular riquezas, conocimiento e información, constituye un elemento
fundamental que no puede estar ausente en ningún análisis estratégico del escenario
global.
Estas ciudades-regiones no son,
naturalmente, independientes de sus respectivos Estados; constituyen una zona de
transición entre lo «local» y lo «global» y el Estado intermedia en sus
interacciones. En ese sentido, cuando constituyen capitales pueden fortalecer, en distinto
grado, la capacidad de acción del Estado respectivo. Tal es el caso de las «ciudades de
orden global» como New York, Tokio o Londres. Por ejemplo, la suma de las operaciones de
crédito bancario de las tres representaba el 41% del total mundial en 1991 y en ellas se
congregaba cerca del 80% de las sedes de las grandes corporaciones financieras e
industriales.
Además de estas
ciudades-regiones de primer orden mundial, existe un amplio conjunto de centros
financieros, industriales, tecnológicos y culturales de distinta importancia, como la
región de Osaka en Japón; Lombardía en Italia; Waden Wutemberg en Alemania; Orange
Country en California; San Pablo en Brasil; el Distrito Federal en México o el corredor
Buenos Aires - Rosario en la Argentina, solo para citar algunos ejemplos. Junto a ellos
debe ubicarse el caso de importantes ciudades-Estados, como Singapur y Hong-Kong. Estas
ciudades-regiones, que constituyen los núcleos de una nueva organización del espacio
geoeconómico, juegan un papel relevante como ejes flexibles y multidimensionales de
articulación económica, sociopolítica y cultural.
Se trata entonces de
identificar primero y poner luego en contacto directo
con sus contrapartes latinoamericanas y caribeñas, a los actores privados y públicos de
los nuevos centros de dimensión económica intermedia que se están generando en la UE,
como resultado de los avances hacia un mercado único, y en los Estados Unidos (Ej.:
región Miami - Centroamérica - Caribe; zonas Atlántica y del Pacífico y en Japón y
Asia-Pacífico). La característica de esos nuevos centros es que comprenden una tríada,
compuesta por núcleos financieros (ej.: bancos regionales o subregionales), sectores
productivos especializados (ej.: los «distritos productivos» italianos) -que cuentan con
capacidad de gestión (empresas)- y centros de generación o adaptación tecnológica
(centros tecnológicos empresariales, públicos o universitarios). Los entes pueden ser
tanto públicos (municipales, provinciales, regionales) como privados o frecuentemente,
una asociación mixta, resultado del esfuerzo de ambos.
Esta manera de abordar el campo
de las relaciones económicas entre América Latina y los grandes espacios económicos con
una orientación de sinergia cooperativa entre actores subnacionales, permite aplicar la
misma metodología a una estrategia de inserción en los EEUU, en Japón o en cualquier
país o espacio económico regional. Tiene en cuenta la creciente autonomía de las
instancias regionales para dar impulso al comercio y a la cooperación financiera,
tecnológica y de gestión, otorgando un rol relevante al sector privado. Como enfoque
metodológico, puede ser aplicado tanto a las relaciones económicas externas como a las
intrarregionales, permitiendo superar los problemas de escala del mercado, niveles de
desarrollo y de especificidad, favoreciendo el establecimiento de vínculos directos entre
unidades económicas de menor asimetría o pequeñas (según la escala interna del espacio
económico considerado). No sólo se reducen comparativamente las asimetrías de escala
para los empresarios latinoamericanos y caribeños, sino que también se podrán
fortalecer sectores que necesitan contar con fuerte apoyo externo en distintos aspectos de
comercialización, tecnología, gestión y financiamiento.
A modo de conclusión
Los elementos aquí presentados
conducen a reconsiderar cuáles podrían ser las formas más convenientes y viables de
vinculación y los actores con los cuales establecer una relación estratégica estrecha
en el sistema económico mundial. Necesariamente, si bien se hallan en un primer plano los
Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, también se debe rápidamente establecer una
sólida vinculación con los países del Asia-Pacífico, India y con algunos países de
Europa Oriental. Asimismo, según se señaló en otras secciones de este trabajo, cabe
aprovechar las múltiples dimensiones, procesos y actores que abarca la globalización; en
ese marco, existen varios ámbitos que los países de la región aún no han explotado
plenamente. Tal es el caso, entre otros, de la existencia de ciudades-regiones; la
dimensión sub-estatal-transnacional; y la identificación previsora de nuevos actores y
procesos que pueden coartar o favorecer su desarrollo e inserción competitiva.
Basado en C. Moneta, "El
proceso de globalización: percepciones y desarrollos" en C. Moneta y C. Quenan
(Compiladores), Las Reglas del Juego. América Latina, Globalización y Regionalismo,
Corregidor, Buenos Aires, 1995.
CEPAL, Transformación
Productiva con Equidad, Santiago, Chile, 1990.
Numerosos artículos
publicados y conferencias dictadas sobre el tema por el autor de este trabajo entre 1987 y
1993.
Esta situación recién
fue reconocida por el Banco Mundial a partir de 1994.
IMF Balance Of Payments
Statistics Yearbook, 1995.
Datos del Banco Mundial.
Datos de la Organización
Mundial de Comercio, 1995, citados por Dae Won Choi, Asia-Pacífico y sus implicaciones,
Seminario. CEFIR-SELA, Caracas, 3-6 marzo de 1997.
Este tema ha sido examinado
por Dae Won Choi, quien tiene trabajos relevantes en la materia y por Carlos J. Moneta.
Al respecto, ver Carlos J.
Moneta, Comercio e integración intraindustrial en Asia-Pacífico. Perspectivas de
vinculación con América Latina, Documento de trabajo No. 8, ISEN, Ministerio de
Relaciones Exteriores, República de Argentina, mayo de 1995.
Al referirnos a las
situaciones de inserción, se está aludiendo a su capacidad para participar en los flujos
dinámicos de inversión extranjera directa, tecnología, comercio e inversiones. Sobre
medidas que podrían adoptarse en el plano económico para mejorar la inserción externa,
ver,Políticas para mejorar la inserción en la economía mundial, CEPAL, Santiago,
1995.
L. Miotti, F. Nicolas, C.
Quenan, "De la crise de la dette a l'effet tequila: performances comparées des
economies latinoaméricaines" Problemes d'Amerique Latine, No. 21, La
Documentation Francaise, Paris, avril-juin 1996.
J. Fayolle, "Amerique
Latine: Le miroir retrouvé?" Problemes d'Amerique Latine No. 21, La
Documentation Francaise, Paris, avril-juin 1996.
Daniel Gelahande, "Les
delocalisations", L'économie mondiale, La documentation Francaise, No. 269,
París, Janvier-Février 1995, pgs. 61-65.
Cálculos del CEPII
(Francia) a partir del modelo "Industrie 2000" y de la base CHELEM.
Cálculos del CEPII a
partir del Modelo "Industrie 2000" y de la base CHELEM.
Ver Economía Mundial
1990-2000: el imperativo del crecimiento, CEPII, en colaboración con el equipo MIMOSA
del OFCE y presentaciones de Anton Brender y Jean Pisani-Ferry, Carlos J. Moneta y Carlos
Quenan, Corregidor, Buenos Aires, 1996.
El Centro de Desarrollo de
la OCDE está actualmente analizando las políticas de competencia por atraer inversiones
extranjeras directas entre países desarrollados, entre éstos y los países en desarrollo
y entre los propios países en desarrollo. Ver, The Development Center Research
Programme for 1996-1998, OECD, 1996.
Ver Charles Oman
"Globalización. Una nueva competencia" en C. Moneta y C. Quenan, Compiladores, Las
reglas del juego. América Latina, Globalización y Regionalismo, Corregidor, Buenos
Aires, 1995.
Ver L. Wells, Conflict
or Indifference: US Multinationals in a World of Regional Trading Blocs, OECD
Development Center, Technical Paper No. 57, Paris, march 1992 y, Oman, C.,
"Globalización. La nueva competencia" art. cit.
Se puede, por ejemplo,
señalar, que en la fase actual de la globalización se comprueba la existencia de flujos
significativos de IED interregionales.
Pierre Noël Giraud, Inegalité
du Monde. Economie du monde contemporain, Gallimard, "Folio Actuel", Paris
1996, pgs. 102-105. Ver también, Burtlen Gary", International Trade and the rise of
earnings equality "Journal of Economic Literature", Vol. XXXIII, June
1995.
Ver, por ejemplo, Interdependance Mondiale. Les liens
entre l'OCDE et les principales économies en développément, OECD Development
Center, Paris, 1995.
Cabe señalar que la identificación de India, Vietnam e
Indonesia junto con China en el marco asiático, responde a que además de su elevada
población, han demostrado una adecuada capacidad tecnológica con bajos salarios.
Sobre el tema ver, C. Moneta, Comercio e integración
intraindustrial en ..., doc. cit.
C. Moneta, Los espacios de intercambio económico
regional, SELA, Capítulos 31, enero-marzo 1992.
Amin, A. y Thrift, N. «Neo-Marshallian Nodes in Global
Networks», International Journal of Urban and Regional Research, 16 (4), 1992,
pgs. 571-87.
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