"Tendencias de la
Integración
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 49
Enero - Marzo 1997 |
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Las negociaciones hemisféricas:
interrogantes y opciones
Juan Mario Vacchino
Director de Desarrollo del SELA.
I. Introducción
América Latina y el Caribe
viven un momento crucial: en el plano global, parecería que nunca antes se hubiera
avanzado tanto en la tendencia a la mundialización, como expresión del desarrollo
acelerado y unificado del sistema capitalista a escala planetaria. El surgimiento de la
Organización Mundial de Comercio (OMC) y el nuevo ordenamiento normativo constituyen el
insoslayable punto de partida del conjunto de reglas que deberá aplicarse en el comercio
internacional, haciéndolo más transparente y previsible. Paralelamente, se han
desarrollado, en forma creciente, agrupaciones regionales que no sólo expresan la
necesidad de defenderse de las diferentes asimetrías y dificultades que han caracterizado
a la economía internacional, sino que constituyen también expresiones concretas de una
tendencia que encuentra en la vecindad y similitudes en los orígenes, situaciones y
perspectivas, el punto de partida para desarrollar proyectos comunes en diferentes planos
de la realidad.1
La creación de espacios de
integración regional es un proceso que en las actuales circunstancias, parece compatible
con la globalización de los procesos económicos y la búsqueda de una mejor inserción
internacional. En efecto, las tendencias globales enriquecen el concepto de integración
al incluir en su agenda una amplia gama de nuevos temas; a su vez, la liberación
preferencial del comercio de bienes y servicios y de la circulación de factores en áreas
integradas se ha convertido en una estrategia crucial para mejorar la participación de
los países involucrados en la economía mundial. En este contexto, se puede afirmar que
los compromisos multilaterales surgidos de la Ronda Uruguay tienden a estimular la
integración, en tanto imponen la observancia de normas mínimas comunes, contrarrestando
el surgimiento de bloques proteccionistas y cerrados. A su vez, los esquemas y acuerdos de
integración tienden a ser actualmente complementarios de los avances multilaterales y
estimulantes de la liberalización en general.
En la coyuntura internacional y
regional actual, de infrecuente dinamismo, los países de la región, como catapultados
por una nueva percepción de sí mismos, de su modelo de desarrollo y de su
relacionamiento externo, han establecido líneas de actuación, en diferentes planos, que
pueden ser vistos como opciones estratégicas, de diversa intensidad y sin que las separen
límites definidos. Ellas son: las relaciones subregionales (incluyendo las bilaterales de
nuevo tipo), las regionales, las hemisféricas, las relaciones interregionales e
internacionales.2
II. La articulación
regional
Los compromisos integradores y
el rápido crecimiento del comercio intrarregional se han convertido en una valiosa
herramienta para propiciar una mayor competitividad de las empresas, estimular las
políticas de apertura y desregulación y diversificar los riesgos de una economía
internacional más abierta y globalizada.3 No
obstante, a nivel de la región subsiste un crucial desafío, pendiente de solución: la
articulación entre los distintos esquemas de integración, que permitiría consolidar la
actual evolución hacia economías más abiertas al comercio internacional y más estables
en términos macroeconómicos, con una mayor competitividad de sus estructuras productivas
y un mayor poder de negociación respecto de terceros.4
Aunque el marco operativo e
institucional de la ALADI no dejó de considerar la perspectiva de un proceso de
articulación y convergencia que permitiera multilateralizar a escala regional los avances
obtenidos en los acuerdos de alcance parcial, incluyendo los acuerdos con otros países de
América Latina y el Caribe, los mecanismos multilaterales no pudieron actuar como
inductores de este proceso ni impulsar una gradual y progresiva articulación entre los
distintos esquemas y acuerdos de integración con miras a avanzar desde el actual área de
preferencias económicas hacia estadios superiores de integración.5
Sin embargo, habiendo sus
países miembros optado por estrategias indirectas, de pasos sucesivos y de menor a mayor,
los avances hacia la articulación y convergencia regional dependen de los impulsos y
capacidades que puedan desarrollarse a nivel de las subregiones.
En efecto, a partir de la
propuesta de Brasil, de establecer un Area de Libre Comercio Sudamericana (ALCSA o
MERCOSUR ampliado), asumida posteriormente por el MERCOSUR, este agrupamiento ha pasado a
ejercer un innegable efecto de atracción sobre los restantes países de América del Sur
y se perfila como un eje de convergencia que se extiende, incluso, a los países de
Centroamérica y el Caribe. Hasta el momento Chile y Bolivia han logrado culminar las
negociaciones de amplia cobertura para perfeccionar la asociación de dichos países al
MERCOSUR y establecer a futuro espacios de libre comercio, así como para desarrollar
otras áreas y materias, que pueden considerarse como significativos pasos hacia la
articulación y convergencia regional.
Los países andinos, de acuerdo
con la Decisión 321 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, han avanzado en el proceso
de renegociación del patrimonio histórico de la ALADI con el MERCOSUR y se espera que
lleguen a suscribir acuerdos de libre comercio, a más tardar en 1997. En este aspecto,
existen algunas dudas, más allá de las declaraciones y compromisos adquiridos acerca de
la posibilidad de negociar un acuerdo conjunto Grupo Andino/MERCOSUR o de llegar a la
suscripción de acuerdos entre el MERCOSUR y cada país andino individualmente.
Chile ha logrado configurar una
extensa red de acuerdos bilaterales de libre comercio, que le permiten ser el primer país
miembro de la ALADI en establecer una zona de libre comercio con los demás países
miembros (sólo quedaría pendiente un convenio de igual naturaleza con Bolivia para
completar la trama).
Del progreso de las
negociaciones resultarían diversos y nuevos puntos de sutura que, a partir del MERCOSUR
como núcleo de una zona libre comercio en América del Sur, podría potenciarse con
crecientes nexos y acuerdos con los restantes agrupamientos subregionales de América
Latina y el Caribe y avanzar en la construcción de un sistema regional de integración.6
III. El proceso de
establecimiento del ALCA
1. Antecedentes
En la Cumbre de las Américas
celebrada en la ciudad de Miami, en diciembre de 1994, 34 Jefes de Estado y Gobierno de
los países del Hemisferio se comprometieron a preservar la democracia, erradicar la
pobreza y la discriminación, garantizar un desarrollo sustentable y promover la
prosperidad a través de la integración y el libre comercio. En este aspecto, acordaron
propiciar la construcción de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), cuyas
negociaciones debían concluir en el año 2005.
Al presente, se han celebrado
dos reuniones ministeriales (Denver, junio de 1995 y Cartagena de Indias, marzo de 1996) y
constituido once grupos de trabajos, cuyos resultados serán considerados en la próxima
reunión ministerial de Belo Horizonte, de mayo de 1997. En ella, ya cumplida la etapa de
los estudios prliminares y con vistas a la II Reunión de la Cumbre, que se celebrará en
Santiago de Chile, en marzo de 1998, se deberán establecer los criterios y pautas para
iniciar las negociaciones que conducirían al establecimiento del área de libre comercio
de las Américas.
Tanto de las declaraciones de
los Presidentes, como de los Ministros del área comercial, se pueden extraer algunos
criterios que regirían el establecimiento del ALCA:
- El ALCA se basaría en los
acuerdos subregionales y bilaterales existentes, cuyas normas deberían compatibilizarse
para ampliar y profundizar las relaciones recíprocas;
- El ALCA debería ser un
acuerdo de alcance hemisférico, que coexistiría con los acuerdos bilaterales y
subregionales existentes, negociado por todos los países participantes en el proceso;
- En el cumplimiento de los
compromisos recíprocos se deberían tomar en consideración las amplias diferencias
existentes en niveles de desarrollo y de tamaño respecto de las economías más
pequeñas, con el fin de facilitar su integración y aumentar su nivel de desarrollo;
- La liberalización comercial
del hemisferio y las políticas de protección del medio ambiente deberían apoyarse
mutuamente en aras del desarrollo sostenible;
- El movimiento dinámico y
eficiente de bienes, servicios, capitales, información y tecnología requiere de la
creación de una infraestructura hemisférica, con la participación del sector privado y
el financiamiento de las instituciones financieras internacionales;
- La creación del ALCA
debería procurar evitar crear nuevas instituciones, a cuyo efecto las organizaciones
interamericanas y el sector empresarial de las Américas debería cumplir un papel de
impulso y seguimiento de las acciones que se acuerden.7
2. Avances en los Grupos de Trabajo
Del desarrollo de la etapa
preparatoria, previa a las negociaciones propiamente dichas, se pueden extraer algunas
conclusiones sustantivas sobre los avances registrados en los diferentes campos cubiertos
por la actividad de los grupos de trabajo:
- El progreso en los diferentes
Grupos de Trabajo ha sido diferente en función de la importancia de los intereses comunes
existentes, siendo más débil en el caso de temas como acceso a mercados, subsidios,
antidumping y derechos compensatorios y economías más pequeñas, así como también en
compras del estado y servicios.
- Las coincidencias y
divergencias entre los países participantes no ha respondido a la «clásica» dicotomía
Estados Unidos/países de América Latina y el Caribe. Los alineamientos entre países ha
dependido de las líneas temáticas y, en menor medida, de intereses subregionales.
- La fase preparatoria de las
negociaciones ha avanzado bastante exitosamente, con el apoyo de organismos multilaterales
y sin necesidad de mecanismos institucionales complejos. Para superar algunos problemas de
coordinación, información y superposición se estableció el mecanismo de reuniones de
coordinadores de los grupos de trabajo y de vice-ministros de comercio.
- Sin embargo, aun no se han
logrado visiones convergentes sobre el significado del ALCA, en cuanto a la cobertura
temática; el carácter de las reglas y disciplinas, vis-à-vis de las asumidas en
la OMC; y la aceptación de los tratamientos diferenciales, como expresión de las
asimetrías entre los participantes.
3. Posibles efectos del ALCA
Desde el punto de vista de los
países de América Latina y el Caribe, ¿qué costos y beneficios se pueden derivar del
ALCA?
a. Entre las potenciales
ventajas de la liberalización del comercio hemisférico cabría señalar:
- el mayor acceso al mercado
norteamericano, objetivo que podría contribuir a la consolidación de la apertura y a
obtener mayores flujos de inversión extranjera directa;
- el estímulo a la inversión
que significaría una mayor dimensión del mercado y la consolidación de políticas
macroeconómicas;
- disminución del «riesgo
país»;
- mayor acceso a mercados de
otros países latinoamericanos no incluidos en los propios esquemas de integración;
- aumento del poder de
negociación respecto de otras áreas y terceros países.
b. Los inconvenientes
podrían surgir de los siguientes factores:
- los mayores costos de ajuste
y la necesidad de reconversión más acelerada de actividades industriales, teniendo en
cuenta la existencia de aranceles más altos, estructuras de precios diferentes y mercados
de productos financieros y de trabajos más segmentados;
- las pérdidas de las
preferencias en los esquemas subregionales y entre los países latinoamericanos, en favor
de Estados Unidos y Canadá;
- las dificultades para obtener
una rápida liberalización del sector agrícola y la eliminación de los subsidios
existentes en Estados Unidos y Canadá;
- la exigencia de cambios en algunas políticas internas,
como en materia de reglamentaciones laborales, medioambientalistas y de disciplina de
competencia;
- las mayores exigencias en materia de reglas de origen,
similares a las del NAFTA;
- las limitaciones en el desarrollo de políticas
comerciales e industriales propias;
- las obligaciones más estrictas en materia de inversiones
y de propiedad intelectual.8
Hasta ahora existen pocas estimaciones cuantitativas sobre
los beneficios y los costos que conseguiría América Latina de formarse una zona de libre
comercio hemisférica.
IV. Estado de situación, perspectivas e
interrogantes
La reunión de viceministros
del ALCA, celebrada en Recife, Brasil, del 25 al 27 de febrero pasado, permitió que se
examinaran aspectos claves como modalidades, el contenido y los plazos para las
negociaciones y que se reflejaran más claramente las posiciones de los principales grupos
de países sobre las mismas.9
1. Naturaleza y participación
Hubo consenso general acerca de
que el ALCA debía ser un acuerdo de alcance hemisférico, coexistiendo con los acuerdos
subregionales y bilaterales existentes, y negociado conjuntamente por todos los países,
lo cual implicaría un cambio importante acerca de la idea predominante al comienzo de las
negociaciones, cuando una de las opciones prevalecientes era la de ampliar el NAFTA
progresivamente.
Asimismo, se habría aceptado
la idea de que los países pudieran participar individualmente o en grupo en las
negociaciones del ALCA. Los países del MERCOSUR y de CARICOM habrían manifestado que
negociarán como grupo, en tanto que Estados Unidos y Canadá lo harían individualmente.
2. Contenidos, enfoques y
plazos
El debate ministerial de la
anterior reunión de Cartagena, que mostró la existencia de diferentes posiciones sobre
los caminos más apropiados para la construcción del ALCA y los plazos para iniciar las
negociaciones, se ha reeditado en la reciente reunión de viceministros, de Recife.
En dicha reunión, respecto de
los contenidos, se acordó que el ALCA debía contemplar los temas señalados en el Plan
de Acción de la Cumbre de Miami, los cuales están siendo analizados en los distintos
Grupos de trabajo establecidos en las reuniones ministeriales de Denver y Cartagena, a los
que cabría agregar el Grupo de Trabajo sobre solución de controversias, que será
establecido en la Reunión Ministerial de Belo Horizonte.
En cuanto a las etapas de las
negociaciones se presentaron diferentes posiciones: mientras Estados Unidos y MERCOSUR
sostuvieron que las negociaciones debían tener lugar en etapas consecutivas, Canadá y
CARICOM propusieron que todos los temas fueran discutidos simultáneamente.
- El calendario propuesto por
EE.UU. contempla dos etapas de negociación: una primera durante los años 1998/99 y otra
a partir del 2000. La primera negociaría inversiones, servicios, compras gubernamentales,
normas técnicas, medidas sanitarias y fitosanitarias, procedimientos aduaneros y
propiedad intelectual, mientras la segunda etapa consideraría los subsidios, derechos
antidumping y compensatorios, salvaguardas, competitividad y solución de controversias.
El MERCOSUR, por su parte,
plantea una negociación «gradual y progresiva» en tres etapas: a) facilitación de
negociaciones (1998/99), b) normas y disciplinas (2000/02), y c) acceso de bienes y
servicios y total eliminación de subsidios y aranceles, como etapa final. En esta
perspectiva, el área de libre comercio hemisférica no sería sino la que sea posible
negociar, con períodos de transición y regímenes de excepción para productos
considerados sensibles. Al mismo tiempo, el MERCOSUR sostiene que EE.UU. debería ser
recíproco en el proceso de apertura económica, incluyendo también todos los productos
que sufren restricciones en el mercado estadounidense.10
- La propuesta canadiense
propone que todos los temas de negociación debían ser discutidos simultáneamente y las
negociaciones estar concluidas para finales del 2003, con el fin de que los acuerdos
puedan ser ratificados por los poderes legislativos de todos los países involucrados
durante el 2004 y que el ALCA comience a regir desde el 2005. Para el CARICOM las
negociaciones debían ser organizadas de modo de concluirse en tiempo hábil, para que el
ALCA sea implementada a partir del 2005.11
Aunque hubo acuerdo en general
acerca de que las negociaciones debían desarrollarse a partir de la próxima Cumbre de
Santiago de Chile (marzo de 1998), se manifestaron diferencias ente las propuestas de
EE.UU. Canadá y CARICOM, por una parte, y el MERCOSUR, por la otra, sobre la fecha de
comienzo efectivo de las mismas.
Finalmente, en cuanto a la
consideración de las asimetrías, CARICOM, como Centroamérica, sostiene que las
economías más pequeñas debían tener períodos de adaptación más largos y plazos de
gracia, antes de que fueran obligatorios los diferentes acuerdos, además de recibir la
asistencia técnica y financiera necesaria, para que las economías más pequeñas puedan
aprovechar el área de libre comercio de las Américas.12
3. Perspectivas
No se pueden esperar resultados
definitivos para un horizonte negociador tan complicado y con intereses tan disímiles en
el corto plazo, aunque la próxima reunión de Ministros de Comercio en Belo Horizonte,
muy posiblemente permita contar con una mejor definición de los parámetros de
negociación. Mientras tanto, según interpretan algunos expertos, se podrían producir
diferentes alineamientos en torno de dos polos de negociación: Estados Unidos, con el
NAFTA, en el Norte y Brasil, con el MERCOSUR, en el Sur.
Por una parte, se advierte, en
particular, que están aumentando los comentarios negativos desde Estados Unidos sobre el
MERCOSUR y diversos círculos de ese país están requiriendo de su gobierno un mayor
protagonismo para restablecer el liderazgo hemisférico norteamericano, en primer lugar, a
través del «fast-track», para que la administración inicie las negociaciones con Chile
con vistas a su incorporación al NAFTA; en segundo lugar, acelerando las negociaciones
para el establecimiento del ALCA. De esta manera se combinaría una política de acceso
selectivo al NAFTA, con el establecimiento de una zona de libre comercio hemisférica,
desde Alaska a Tierra del Fuego.
Por otra parte, el MERCOSUR
mantiene su estrategia indirecta de marchar paso a paso, atacando sucesivas esferas
concéntricas13 y estableciendo listas de excepción
y otras restricciones, que permitirían el desarrollo de las propias áreas de actividad
económica (especialmente en industrias de avanzada). En tal sentido, se ha comenzado a
poner de manifiesto expresiones de solidaridad de las organizaciones empresariales de los
países del MERCOSUR, respecto de las posturas asumidas en la reciente reunión de
viceministros.14 Para el MERCOSUR, la formación del
ALCA dependerá de un «cronograma aceptable», que evite una brusca apertura comercial
que exponga a sus países miembros a un choque dramático para la competitividad de sus
industrias y la marcha de sus economías.
Entre ambas posturas, existen
posiciones intermedias de otros grupos de países de la región, más vinculados
comercialmente a Estados Unidos y, cuya perspectiva a futuro sigue siendo el acceso, en
las mejores condiciones posibles, al mercado de dicho país.
En este contexto, el resultado
final habrá de depender de la capacidad de los países de la región para coordinar y
concertar posiciones de cara a las arduas y difíciles negociaciones que deberán
desarrollar con Estados Unidos en el futuro inmediato.
Las reflexiones que siguen
continúan los análisis desarrollados por la Secretaría Permanente, en el documento «El
proceso de convergencia regional y el establecimiento del ALCA» que fuera preparado por
la III Reunión de Responsables Gubernamentales de Política Comercial de América Latina
y el Caribe, realizada en Montevideo el pasado 21 de octubre de 1996, en el marco de las
actividades que acomañaron a la celebración del XXII Consejo Latinoamericanoi
(ALADI/CEPAL/SELA/III/RGPC/DT Nº 4).
Véase, para más
detalles, nuestro artículo: «En la era de la globalización. Espacios y opciones de
integración», Revista Capítulos, SELA, Nº 45, enero/marzo 1996.
Más allá de sus
modalidades específicas, los acuerdos de integración tienen un anclaje geográfico y una
perspectiva geopolítica dominante en función de la vecindad, la infraestructura, las
vinculaciones empresariales y la mayor circulación de bienes, personas, servicios y
capitales entre los países involucrados.
En esta dirección, un
obstáculo a vencer se deriva de la débil relación comercial y económica
inter-esquemas, como en los casos de MERCOSUR y la Comunidad Andina; entre ésta y el
MCCA; entre los países de la ALADI y CARICOM o entre Centroamérica y CARICOM.
Nos parece que la
convergencia, en las actuales condiciones latinoamericanas, implica la articulación de
esquemas acuerdos y esquemas subregionales y debe entenderse como un concepto
multidimensional (jurídico, político y económico) que comprende los aspectos formales y
las condiciones estructurales necesarias para que los países involucrados puedan
interactuar en un marco institucional y normativo común de más amplias dimensiones. Nos
parece, además, que las diferencias existentes en la noción de convergencia entre Europa
y América Latina, más que a una diferencia conceptual de fondo responde a los distintos
estadios por los que atraviesa el proceso de integración en ambas regiones: la unión
económica y monetaria en la Unión Europea; el establecimiento de áreas de libre
comercio de bienes y servicios o uniones aduaneras en América Latina.
En tal sentido, además de
las relaciones preexistentes entre los países de la AEC, son significativos los recientes
contactos entre países del MERCOSUR y del Caribe, como, por ejemplo, la participación
del Canciller del Uruguay, en la Cumbre de los países de la CARICOM, celebrada el pasado
mes de febrero en Antigua.
Tras la Cumbre de Miami se
reactivó el mecanismo de cooperación institucional OEA-BID-CEPAL, a fin de dar apoyo
analítico y asistencia técnica a los Grupos de Trabajo. A su vez, a los coordinadores de
los mismos se les dio la potestad para invitar a otras instituciones. Al SELA se lo
convocó en el Grupo de Economías más Pequeñas, con vistas a la elaboración de un
programa de cooperación técnica en beneficio de dichas economías y a la ALADI, en el
Grupo de Trabajo sobre Origen y Procedimientos Aduaneros.
Véase la publicación del
Centro de Economía Internacional de Argentina: El Area de Libre Comercio de las
Américas, Buenos Aires, enero de 1997.
Véase sobre los puntos
debatidos y los acuerdos alcanzados en la Reunión de Recife, las declaraciones formuladas
por Miguel Rodríguez Mendoza, Asesor Especial para Asuntos Comerciales de la OEA, a la
agencia IPS, el 14 de marzo de 1997.
Véase las declaraciones a
la prensa internacional del Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, con ocasión de
los preparativos del III Encuentro de Ministros de Comercio de las Américas, que tuvo
lugar en la ciudad brasileña de Recife en febrero de 1997.
De los restantes países
se conoce que el Grupo Andino propondrá un modelo para las negociaciones, aún en
elaboración.
En apoyo de los trabajos
del Grupo de Trabajo de Economías más Pequeñas, que coordina Jamaica, se pidió a la
Secretaría Permanente del SELA analizar los mecanismos de asistencia técnica en curso a
identificar los requerimientos necesarios en este campo para facilitar la participación
de los países en los procesos de negociación y establecimiento del ALCA. Para cumplir
dicha solicitud, se presentaron los documentos «Lineamientos para un Programa de
Cooperación Técnica para las economías más pequeñas: propuestas de la Secretaría
Permanente del SELA», a la V Reunión del Grupo (Caracas, 13/15 noviembre de 1996), e
identificación de necesidades de asistencia técnica en el proceso del ALCA», a la VI
Reunión del Grupo (Georgetown, 13/14 febrero de 1997).
Teniendo en cuenta el carácter de «global traders» del
MERCOSUR y otros países de América del Sur, dichas esferas se extienden a las relaciones
birregionales (caso de la Unión Europea) y a las relaciones multilaterales (reforzamiento
de la OMC).
Véase la información de prensa consignada en Síntesis
Informativa SELA del lunes 11 de marzo de 1997.
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