"Tendencias de la
Integración
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 49
Enero - Marzo 1997 |
|
Integración y
competitividad en un mundo globalizado:
el caso de la Comunidad Andina
Mercedes Araoz
Profesora de la Facultad de Economía e Investigadora
del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Coordinadora en Perú del Global Competitiveness Report,
World Economic Forum.
Extractos de la ponencia
presentada en el Seminario «La Integración Regional los Desafíos de la Competitividad y
la Convergencia», realizado en la sede del SELA, del 3 al 6 de marzo de 1997 y organizado
conjuntamente con CEFIR.
I. Introducción
El Grupo Andino (GRAN) es
todavía una gran interrogante entre los acuerdos de integración recientes de América
Latina. El VIII Consejo Presidencial Andino, realizado en la ciudad de Trujillo, Perú, en
marzo de 1996 al crear la Comunidad Andina (CA) y el Sistema Andino de Integración, le
otorgaba nuevos aires, con una estructura más ágil y dinámica y que se orientaba a una
mayor apertura de los mercados y una mayor cooperación entre los países miembros. Sin
embargo, hay cierto grado de incertidumbre en algunos puntos, específicamente en lo que
respecta a la posición de Perú sobre el área de libre comercio y la unión aduanera.
Las marchas y contramarchas en
este proceso de integración no son novedad y tampoco son exclusivas de la CA, y se
entienden como un resultado lógico de los diferentes intereses involucrados en un proceso
de negociación de la envergadura de la misma. Sin embargo, es interesante resaltar que de
facto, al menos en el plano comercial, la integración entre los países miembros de
la CA ha sido creciente y que en el contexto de un mundo más gobalizado las
características de este comercio son de interés para el desarrollo de la economía de la
región, en particular para el desarrollo de la competitividad de sus exportaciones.
II. Evolución de los
procesos de integración
Los países latinoamericanos,
durante la primera mitad del siglo, mantuvieron un nivel de comercio bastante reducido -en
1938 éste representaba sólo el 7% del total de exportaciones al mundo y en 1954 se
incrementó a 10.4%. Es recién en los años sesenta y setenta que los lazos comerciales
se fortalecieron debido a que los países latinoamericanos iniciaron un proceso de
asociación regional, cuyo objetivo era promover un mayor grado de industrialización que
redujera la dependencia de América Latina con el resto del mundo e incrementara el
crecimiento económico1.
Durante los años ochenta, la
crisis de la deuda, la caída de los precios internacionales de sus principales productos
de exportación y las políticas económicas populistas hicieron que las economías de la
región sufrieran un proceso recesivo que deprimió el comercio intraregional. La
participación de las exportaciones intrarregionales en el total de exportaciones de las
economías de los miembros de ALADI cayó de 13.7% en 1980 a 8.4% en 1985 (cuadro Nº 1).
Esto se dio en mayor medida en el Grupo Andino que en el Mercosur.
Cuadro 1
Cuota del Comercio Intrarregional en el Comercio Total de cada Grupo
(en %)
|
1965 |
1980 |
1985 |
1990 |
1992 |
1995* |
ALADI |
9,9 |
13,7 |
8,4 |
12,1 |
16,7 |
17,5 |
MCCA |
17,8 |
25,4 |
15,5 |
16 |
19,8 |
24,5** |
GRAN |
1,2 |
4 |
2,6 |
4,2 |
7,9 |
11,9 |
MERCOSUR |
14,5 |
8,5 |
9,8 |
14,5 |
18,4 |
22 |
* Estimaciones a partir de
información parcial.
** Cifras de 1994.
Fuente: CEPAL, Base de
datos COMTRADE de las Naciones Unidas.
Elaboración propia.
A inicios de los años
noventa, los procesos de integración en la región experimentaron un cambio de rumbo. Por
un lado, la consolidación de los gobiernos democráticos, el compromiso con la apertura
económica y la afinidad y convergencia de las políticas en la región dieron señales de
la viabilidad política del proceso. Asimismo, las experiencias exitosas de Tratado de
Libre Comercio entre EE.UU., Canadá y México, así como el establecimiento de la
Comunidad Europea dieron un nuevo impulso a los procesos de integración subregionales y
al regional2. Esto se puede ver por la gran cantidad
de acuerdos dentro de la región que se han firmado sólo en la presente década.
Las reformas, tanto políticas
como económicas, junto con la proliferación de acuerdos comerciales bilaterales y
multilaterales, han logrado que el comercio intrarregional latinoamericano se incremente
significativamente desde inicios de los noventa. En 1995, las exportaciones intra ALADI
representaron 17.5% del total de exportaciones de la región, cuando en 1985 sólo
representaban 8.4% (ver Cuadro 1). Sin embargo, el valor de las exportaciones de la
región ha crecido a ritmos menores que el promedio mundial y muy influenciados por los
efectos de variaciones en los precios de las materias primas y de los bienes industriales
homogéneos (commodities).
Otro rasgo resaltante del
comercio regional, es que el comercio intragrupal también se ha incrementado notablemente
siendo los países miembros del Grupo Andino los más dinámicos3,
seguidos por los del Mercosur. Ambos han más que duplicado su participación en sus
respectivas importaciones totales (cuadro Nº 1).
Asimismo, dentro de las
exportaciones intrarregionales, los productos manufacturados han adquirido una mayor
participación. Estas representaban en 1985 el 45% del total de exportaciones a los
países de la región, mientras que en 1992 ellas representaban 62.2%. Sin embargo, el
comportamiento de las exportaciones latinoamericanas en productos manufacturados al resto
del mundo no ha sido lo suficientemente dinámico, a pesar de que estas exportaciones
hayan aumentado en los últimos años. En este sentido, la posición competitiva de los
sectores dinámicos sólo registró avances limitados entre 1980 y 19934.
Sin embargo, el proceso de
mayor acercamiento comercial intragrupos no se replica con la misma intensidad cuando se
habla de comercio intergrupos de la región. En este sentido, los lazos comerciales entre
los países de la cuenca del Atlántico y los de la cuenca del Pacífico aún no llegan a
fortalecerse lo suficiente. En América Latina las relaciones comerciales relativamente
intensas suelen darse tan sólo entre países vecinos, mientras que tienden a disiparse
entre países muy distantes. Este fenómeno se agrava con la poca importancia que
representa para algunas economías de la región el mercado latinoamericano.
III. Los flujos
comerciales de la Comunidad Andina5
En 1995, según cifras de la
CEPAL, los países miembros del Grupo Andino llegaron a exportar al mundo más de 40 mil
millones de dólares, lo que representa alrededor del 20% de las exportaciones de los
países de la ALADI. Este monto refleja un incremento de más de 40% del monto exportado a
inicios de la década. Este salto tan importante sería explicado principalmente por los
procesos de apertura comercial de la subregión, acompañados de un incremento
significativo del comercio intrarregional. Entre 1992 y 1995, el comercio intrarregional
se ha duplicado llegando a 4.7 miles de millones de dólares, representando el 11.7% de
las exportaciones del GRAN al mundo.
El flujo comercial del Grupo
Andino con el Mundo resulta ser superavitario (gráfico Nº 1). Así el crecimiento de las
exportaciones al mundo más que compensa el rápido crecimiento de las importaciones de la
región, estas últimas explicadas por la propia apertura y el nuevo ritmo de crecimiento
de las economías de la región. Sin embargo, cuando analizamos el flujo de productos
manufacturados con el mundo, si bien se observa un leve crecimiento de las exportaciones
manufactureras, el GRAN es un importador neto de manufacturas a nivel mundial; este
comercio sería explicado por exportaciones de industria ligera al mundo e importaciones
de productos de alta tecnología y bienes de capital provenientes de países
desarrollados.
Siendo los sectores
manufactureros los más dinámicos en el comercio mundial, queda mucho que trabajar en
cuanto las estrategias de los países de la región para ganar competitividad en dichos
sectores. Quizás la estrategia de integración entre países similares podría permitir
el desarrollo de un comercio con mayor valor agregado aprovechando las ventajas que ofrece
un mercado ampliado en cuanto a economías a escala internas y externas a los propios
sectores productivos.
Es cierto que en el GRAN se
refleja una tendencia al incremento del comercio intragrupal, sin embargo, éste no llega
a niveles como el MERCOSUR, donde el comercio entre los países del mismo grupo en 1995 se
duplicó con respecto a 1990, llegando a ser 15.8 miles de millones de dólares, es decir,
alrededor de 22% de sus exportaciones totales se destinaban al propio MERCOSUR.
Reconociendo las diferencias en la escala de los respectivos mercados, sería interesante
evaluar la capacidad de los países miembros del Grupo Andino para llegar a cubrir una
proporción de sus exportaciones similar a la de MERCOSUR con comercio intrarregional,
toda vez que una de las características más resaltantes de este flujo es comercio de
bienes manufacturados.
Existe un cambio en la
estructura de los mercados de destino de las exportaciones del Grupo Andino (gráfico Nº
2). En 1980 el principal destino era Estados Unidos con algo menos del 30% del total de
exportaciones, seguido por la Unión Europea con cerca del 22%. Para 1990 Estados Unidos
aumentó su participación a 46% del total, mientras que el resto de zonas comerciales
disminuyeron su participación, con la excepción de Asia que aumentó ligeramente a un 2%
del total. Sin embargo, ya para 1994, Estados Unidos desciende en su participación a 43%
al igual que el resto de regiones, con la excepción de Asia que vuelve a ascender a cerca
del 3% y América Latina y el Caribe que aumenta notablemente su participación desde un
16% en 1980 a 25% en 1994.
Gráfico Nº
1
Evolución del Flujo Comercial del Grupo Andino
con el Mundo*, 1980-1994
* Incluye América Latina y el
Caribe
Fuente: CEPAL. Elaboración: Propia. Source: ECLA.
En cuanto al origen de las
importaciones del GRAN, si bien Estados Unidos sigue siendo el proveedor más importante
de la región su participación relativa en el mercado ha ido descendiendo de 43% en 1980
a 34% en 1994, siendo reemplazado principalmente por países de América Latina y el
Caribe y cuya participación ha ascendido de 13% en 1980 a 25% en 1995, seguido de los
países asiáticos en menor medida (de 2% a 5% en el mismo período). Esta evidencia
señala la importancia que va adquiriendo el mercado latinoamericano para los países del
área. En el caso específico de la región andina, es un hecho resaltante que América
Latina sea un mercado de destino en expansión y un proveedor con una creciente
participación, indicando que las empresas localizadas en la subregión han encontrado en
sus vecinos a un mercado natural favorable al comercio.
No obstante, las relaciones
intergrupos aún son incipientes en América Latina. El Grupo Andino representa sólo un
poco más del 4% de las exportaciones totales del MERCOSUR, mientras que este último
sólo representa 3.6% de las exportaciones del GRAN. Además la balanza comercial con
MERCOSUR es deficitaria para el GRAN. Las características de los bienes que se comercian,
en general, no difieren del resto del comercio con el mundo del GRAN. Las exportaciones
son principalmente productos primarios -combustibles, metales y minerales y productos
alimenticios- y las importaciones son principalmente productos manufacturados seguidos muy
por debajo por productos alimenticios. Con el resto de grupos regionales, por ejemplo el
MCCA, se encuentra que los combustibles son los principales productos de exportación,
aunque las manufacturas siguen en orden de importancia, a pesar de que los montos
comerciados son relativamente menores.
Gráfico Nº
2
Destino de las Exportaciones del Grupo Andino, 1980-1994
Fuente: CEPAL. Elaboración: Propia.
Esta característica no se
repite en el comercio intragrupal. En el caso de MERCOSUR es más resaltante el peso del
comercio de manufacturas y productos alimenticios. Para el GRAN el peso de los
combustibles es bastante alto (21%), pero si descontamos a estos últimos, el 60% del
resto de las exportaciones intrarregionales son productos manufacturados, es decir 47% del
total. Es más, se puede apreciar que la participación de las manufacturas en las
exportaciones han crecido en lo que va del quinquenio seguidos por los productos
alimenticios, mientras que los combustibles, los metales y minerales y demás materias
primas han cedido en cuanto a su peso relativo en el comercio intrarregional.
Para 1994 los productos con
mayor peso relativo en las exportaciones intrarregionales fueron, en primer lugar, los
insumos para la industria, principalmente productos mineros, productos químicos y
farmacéuticos, productos alimenticios y agropecuarios no alimenticios para la industria,
siguiendo en importancia los vehículos para transporte particular, junto a equipo rodante
para el transporte, los combustibles y finalmente los productos alimenticios para el
consumidor final. Todos estos productos llegan a sumar 2.4 miles de millones de dólares,
es decir 68.6% del total de exportaciones a la región.
Por otro lado, y como ya es
conocido, Venezuela y Ecuador son los principales exportadores de petróleo y otros
combustibles, pero Colombia recientemente ha adquirido importancia gracias a la
explotación de nuevos yacimientos. En cuanto a los productos agropecuarios para la
industria los productos de mayor peso son la soya y sus subproductos, provenientes
básicamente de Bolivia; azúcar y productos relacionados, de Colombia y Bolivia; algodón
y cereales también de Bolivia, entre otros. Los productos mineros para la industria
provienen principalmente de Perú y Bolivia primando el zinc, el estaño, la plata, el
plomo y el cobre, todos con diferente grado de agregación. Otro insumo de peso relativo
importante es la harina de pescado, siendo el Perú es el principal proveedor, aunque
Ecuador ha comenzado a competir desde 1994. En la industria química farmacéutica dominan
las exportaciones colombianas, aunque en menor medida participa el resto de países.
Llama la atención el
comportamiento del rubro vestuario y otras confecciones de textiles que ha tenido una
caída notable en las exportaciones a la región. Este hecho reflejaría la fuerte
competencia de productos similares provenientes del Asia, en este sentido el Perú sería
el país más afectado en la región, con fuertes reducciones en su producción.
A principios de 1995, entró en
vigencia el arancel externo común, el cual contempla cinco tramos con un nivel máximo de
20% de acuerdo al grado de agregación del producto, es decir, con una mayor protección
efectiva de acuerdo al grado de elaboración de los bienes. Este arancel cubre el 95% del
universo arancelario. Sin embargo, Perú y Bolivia han decidido continuar con sus niveles
arancelarios más bajos y parejos y continuar negociando bilateralmente sus preferencias
arancelarias. De esta forma, los beneficiarios del arancel común son básicamente
Venezuela, Colombia y Ecuador, países que cuentan con acuerdos bilaterales de
complementación comercial e industrial.
En cuanto a la evaluación de
la participación en las exportaciones hacia la subregión de los países andinos (cuadro
Nº 2), se nota la clara participación de Colombia y Venezuela en el comercio
intrarregional, seguidos por Perú y Ecuador, mientras que Bolivia sólo representa como
máximo el 5.7% de dicho comercio. Colombia pasó a ser el principal socio comercial del
GRAN en 1991 al pasar de 14% de las exportaciones a más de 40% en los años
subsiguientes, sin embargo a partir de 1993 comenzó a perder posición en dicho mercado
mientras Venezuela ha ido ganando participación paulatinamente. No obstante, 1995 ha
significado un salto sustancial para Colombia que volvió a ganar posición en este
mercado a costa de Venezuela, cuyas exportaciones cayeron como resultado de su crisis
económica.
Cuadro 2
Evolución de la participación en las exportaciones totales al GRAN
de los países miembros
(en %)
|
1990 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995* |
Bolivia |
4,5 |
4,6 |
4,5 |
4,2 |
5,7 |
4,8 |
Colombia 1/ |
28,0 |
42,9 |
45,5 |
39,7 |
32,4 |
38,8 |
Ecuador |
14,2 |
11,2 |
8,0 |
10,3 |
11,3 |
7,8 |
Perú |
16,1 |
14,9 |
12,1 |
9,4 |
9,0 |
8,9 |
Venezuela |
37,1 |
26,4 |
29,9 |
36,4 |
41,6 |
39,7 |
* Cifras
preliminares a septiembre de 1995.
1/ Las cifras de 1995 son preliminares a agosto 1995.
Fuente: JUNAC.
Ecuador ha tenido un
comportamiento más errático en cuanto a su participación ubicándose alrededor del 11%
de las exportaciones. En 1995 las exportaciones ecuatorianas se vieron inicialmente
afectadas por el conflicto bélico con Perú, pero luego se recuperaron gracias al alza de
precios de sus principales productos de exportación.
Lo que sí resulta
significativo en el descenso en la participación del Perú en el mercado andino, aún en
períodos de alza de precios de sus principales productos. Las cifras indican que el Perú
es el gran ausente del proceso de integración andina, perdiendo oportunidades de ganar
competitividad vía los mercados ampliados.
IV. La integración
como instrumento para elevar la competitividad
Al hablar de competitividad,
muchas veces se entiende en su concepción más simple: el incremento de la productividad,
total o parcial, de los factores que participan en la producción de bienes exportables.
Esta acepción es muy limitada y posiblemente confusa pues prácticamente se equipara el
concepto de ventajas competitivas con las ventajas absolutas, cuando es por todos conocido
que el comercio se realiza en función de las ventajas relativas o comparativas. Sin
embargo, existe una concepción más amplia y que involucra la habilidad de una economía
para alcanzar de manera más rápida y sostenida niveles de vida cada vez mayores, es
decir el crecimiento potencial de un país dado su nivel de desarrollo relativo6.
La competitividad así
entendida resulta ser más que un incremento en la productividad y viene a ser resultado
del entretejido de una serie de factores económicos, geográficos, sociales y políticos
que conforman la base estructural del desarrollo de una nación. La decisión de formar
parte de un bloque económico regional es sin duda un factor que puede determinar el grado
de competitividad de una nación, y por lo tanto de su capacidad de converger, en
términos de conocimiento, con países de mayor desarrollo relativo.
Los beneficios de la formación
de una unión aduanera suelen ser evaluados en relación al grado de creación o
desviación del comercio. Por lo general, dependerá del grado de complementariedad
comercial previa para que los efectos netos de bienestar sean mayores que antes de formar
la unión. Una regla general es que un país pequeño no debería participar de un bloque,
pues la desviación del comercio sería mayor y lo recomendable entonces es mantener la
mayor apertura multilateral posible. Ahora bien, esta regla es un principio estático, de
corto plazo, que no evalúa los efectos intertemporales de la política comercial y que
deja de lado estructuras de mercado diferentes a la competencia perfecta.
Es justamente por estas dos
últimas contingencias que los países latinoamericanos pueden beneficiarse de los
acuerdos preferenciales de comercio. En primer lugar, es cierto que en algunos casos los
costos iniciales de integrarse pueden resultar mayores que los beneficios, pues algunas
industrias no competitivas pueden resultar perdedoras en el proceso. Sin embargo, conforme
pasa el tiempo los beneficios saldrán a la luz. Los más claros son aquellos relacionados
con las economías de escala y las economías de alcance. La ampliación de los mercados
permite la reducción de los costos unitarios de producción y la mayor producción de
bienes relacionados. Esto es más notable en el caso de industrias cuyas estructuras de
mercado son de competencia imperfecta7, generalmente
bienes manufacturados. La resultante más importante es la ampliación de la variedad y
calidad de productos, beneficio directo para los consumidores, y crecimiento del producto
y el empleo en las economías participantes.
Las ventajas de las economías
de escala no son sólo aquéllas internas a la firma, también están los retornos
internacionales a escala, es decir, aquellas economías resultantes de una
especialización en partes de la cadena del valor por parte de las empresas de los países
miembros8. La integración regional permite una mejor
división internacional del trabajo entre los países socios regionales y genera nuevas
demandas para la realización de servicios relacionados a la producción y
comercialización.
Otros beneficios adicionales
son las economías externas que pueden ser fácilmente internalizadas al poderse formar
conglomerados industriales dentro de la subregión, con lo que la unidad geográfica
resulta entonces en otra ventaja competitiva para los miembros de la unión. De hecho
muchos de los costos de transacción a distancia se reducen ya que normalmente los países
también se integran físicamente, disminuyendo los costos de transporte y comunicación,
se simplifican las actividades aduaneras y se reducen muchos costos de servicios
comerciales y de distribución, entre otros.
En resumen, los efectos
dinámicos de un proceso de integración entre países de desarrollo similar son
potencialmente altos, incrementando de manera importante el grado de competitividad de los
países miembros. La nueva regionalización implica una complementariedad entre el
bilateralismo y el multilateralismo y una hipótesis aún no probada de que el incremento
de las exportaciones intrarregionales redundará en un incremento de exportaciones totales
de la región al mundo.
La dimensión intertemporal de
la integración regional se manifiesta a través de la innovación tecnológica y el
crecimiento de industrias que impulsadas por la nueva competencia ven expandir la variedad
de los productos y la calidad de los mismos9. La
necesidad de cooperación en el plano de la inversión en el capital humano de la región
se hace más evidente entonces.
Adicionalmente, deben tomarse
en consideración la dimensión institucional de los acuerdos regionales, por ejemplo De
Melo, Panagariya y Rodrik (1993)10 utilizando el
enfoque de reglas versus discreción evalúan el comportamiento de los grupos de interés
nacionales o Loobies no cooperativos en los procesos de integración, y señalan
que la adopción de instituciones comunes a la región diluyen la capacidad de influir de
aquéllos en las decisiones del grupo regional. Además, la formación de bloques
regionales resulta en una especie de seguro contra retrocesos en la política
macroeconómica y de liberalización de mercados.11
Finalmente, es relevante para
el caso de la CA referirse a las ventajas de una unión aduanera frente a un acuerdo de
libre comercio. Todos los elementos señalados anteriormente se refuerzan cuando se
conforma una unión aduanera, especialmente los elementos estratégicos e institucionales,
además de ampliar la capacidad de negociación del grupo frente a otros bloques
comerciales. Adicionalmente, al existir un arancel externo común, permiten homogeneidad
en la competencia y en la distribución de los beneficios y las oportunidades generados
por la integración. Sin el arancel externo común, tendría que existir normas de origen
muy claras y transparentes, muchas veces de difícil aplicación y que se prestan a mucha
discrecionalidad. Siempre una norma arancelaria es mejor que cualquier norma
para-arancelaria. De allí que en la búsqueda de mayor competitividad sea recomendable
entonces la formación de una unión aduanera.
V. Reflexiones finales
El «regionalismo abierto», como se le ha denominado a
esta nueva etapa de integración, plantea muchas interrogantes sobre la viabilidad de una
verdadera integración regional. Al interior de América Latina, los procesos de
integración han tomado renovadas fuerzas, basadas en iniciativas de apertura comercial
global y de cambios estructurales sustentados en el libre mercado. A pesar de la
evolución favorable de los flujos comerciales dentro de la región, con especial mención
de las exportaciones de manufacturas a nivel intragrupal, los diferentes grupos regionales
presentan negociaciones aún en proceso. Por ejemplo, al MERCOSUR todavía le falta
solucionar el problema del diferencial de escalas de las economías que lo conforman,
mientras que en el Grupo Andino la falta de voluntad política y los altos costos de
transacción impiden la consolidación de la unión aduanera.
Sin embargo, las perspectivas de beneficios potenciales y
crecimiento de la competitividad para la Comunidad Andina son bastante altas, las
características de su comercio intragrupal así lo señalan. Las indefiniciones son
resultado de presiones de corto plazo, pero la confluencia de intereses comunes en la
región, señalados en el Acta de Trujillo, deberán primar, con lo que se podrá generar
una histéresis irreversible que llevará al grupo por la senda de una mayor
competitividad global.
Bibliografía
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The Global Competitiveness Report. WEF, Geneve.
El proceso de integraciónen
Améríca Latina se inició en lo que J. Bhagwati (1993) ha denominado el «primer
regionalismo» y fue estimulado por la experiencia europea así como por la teoría de
uniones aduaneras post-vineriana que Cooper y Massell (1965a, 1965b), Johnson (1965) y
Bhagwati (1968) desarrollaron durante los años sesenta. Estos autores argumentaban que
los países en desarrollo con mercados pequeños podían reducir los costos de la
industrialización si explotaban las economías de escala producto de mercados ampliados
gracias a las de zonas de libre comercio o uniones aduaneras que ellos formasen.
Este reaparición del
regionalismo es lo que J. Bhagwati (op. cit.) llama la «segunda ola de regionalismo».
Bhagwati argumenta que ésta tendrá una mayor duración que la primera debido a que los
EE.UU. ha dado un cambio de rumbo en su política exterior tendiendo a fomentar la
formación de bloques regionales. Claros ejemplos son su participación en NAFTA, APEC y
la Iniciativa para las Américas. Sin embargo, J.E. Garten señala que no es que los
EE.UU. haya abandonado la senda del multilateralismo sino que es un cambio de enfoque.
Explicado mayormente por el
comercio entre Colombia y Venezuela.
Mortimore, M. (1995), América
Latina frente a la globalización, serie Desarrollo productivo, Nº 23 (LC/G. 1867),
Santiago de Chile, Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Basado en parte del artículo
de la autora «Los flujos comerciales en el contexto regional andino». Política
Internacional 43, Lima, enero/marzo 1996.
World Economic Forum (1996)
The Global Competitiveness Report. WEF, Ginebra.
Por ejemplo ver Krugman P.
(1981) «Intraindustry Specialization and the Gains from Trade». Journal of Political
Economy 89, pp. 959-973.
Al respecto ver Ethier W.
(1982) «National and International Returns to Scale in the Modern Theory of International
Trade». American Economic Review 72. Pp. 389-405.
Ver por ejemplo Grossman G. y
E. Helpman (1993) Innovation and Growth MIT Press, Massachusetts.
De Melo, J.a. Panangariya y
D. Rodrik (1993) «The New Regionalism: a Country Perspective» en New Dimensions in
Regional Integration De Melo J. y A. Panagariya eds., Cap. 6, pp. 159-194 centre for
Economic Policy Reseach, Cambridge University Press.
Whalley J. (1993) «Regional
Trade Arregements in North America CUSTA and NAFTA» en De Melo y Panagariya eds. op. cit.
11 pp. 352-381.
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