Exposición ante la VIII
Reunión «inter-sesional» de la Conferencia de los Jefes de Gobierno de CARICOM,
celebrada en Antigua y Barbuda, el 21 de febrero de 1997.
Quisiera expresar mi sincero
agradecimiento por la invitación que se me ha extendido para asistir a esta importante
reunión. Me siento especialmente honrado por ser el primer Ministro de Relaciones
Exteriores de Uruguay en tener el privilegio de dirigirse a esta Conferencia de Jefes de
Estado y de Gobierno de los países de la Comunidad del Caribe.
Nuestra presencia hoy aquí no
es una coincidencia, sino una expresión de voluntad. Estamos conscientes de que las
relaciones entre Uruguay y la región del Caribe han estado en el pasado muy por debajo de
su potencial. Consideramos que ello es no sólo una omisión diplomática, sino algo que
va en contra de nuestros intereses comunes.
Por lo tanto, hoy estamos en
Antigua, y visitaremos varios países caribeños en los próximos días, como parte de la
estrategia de nuestro gobierno de fortalecer las relaciones de Uruguay con esta región, a
la que consideramos un socio natural de América Latina.
Permítanme asegurarles que
ésta no es una declaración meramente retórica. Por el contrario, refleja un compromiso
y un objetivo que me he fijado como Ministro de Relaciones Exteriores, basado en la firme
creencia de que enfrentamos problemas y retos similares, y en el entendimiento compartido
de la necesidad de la cooperación internacional y la integración.
No es sorprendente, pues, que
estemos siguiendo una estrategia de desarrollo similar. Del mismo modo en que sus países
han venido haciéndolo desde 1973 en el seno de CARICOM, Uruguay se encuentra actualmente
en el proceso de consolidar una unión aduanera con Argentina, Brasil y Paraguay dentro de
MERCOSUR.
Es preciso enfatizar que estos
dos esquemas de integración tienen esencialmente los mismos objetivos: mejorar las
economías de nuestros países ampliando sus mercados y armonizando sus sectores
económicos, para hacerlos así más eficientes y competitivos.
Dentro de MERCOSUR, Uruguay,
como el país más pequeño del bloque, ha insistido en las ventajas de una integración
amplia y orientada hacia afuera, que esté abierta a la inversión procedente de todas las
regiones del mundo y al comercio con todas ellas. Estamos, por lo tanto, totalmente
comprometidos, no sólo con la apertura de MERCOSUR, sino también con la liberalización
económica a nivel mundial.
Más aún, lo que constituye un
aspecto notable de MERCOSUR es que, además de la eliminación de los aranceles entre los
países miembros, el bloque ha reducido sus barreras externas, abriendo la región al
resto del mundo y cumpliendo con los principios de la Organización Mundial de Comercio,
particularmente en lo que respecta a evitar el uso de barreras no arancelarias.
Como resultado, la
consolidación de MERCOSUR ha traído consigo un aumento substancial del comercio con el
resto del mundo; las exportaciones del bloque a países no miembros han ido aumentando a
una tasa anual de 11% desde 1990, mientras que las importaciones procedentes del resto del
mundo han ido aumentando en 19% al año.
El diseño no discriminatorio
de MERCOSUR se ve reflejado también en los acuerdos de asociación celebrados
recientemente con Chile, Bolivia y la Unión Europea, y en las amplias negociaciones que
estamos realizando actualmente con los países del Pacto Andino y con México. En nuestra
opinión, los próximos pasos dentro de este proceso deberían incluir a los países del
Caribe y Centroamérica.
Debo insistir en que -con el
apoyo y aliento totales de Uruguay- MERCOSUR se ha convertido en una vía sin retorno para
todas las partes involucradas.
En tal sentido, vemos con
beneplácito el diálogo positivo que se ha venido dando recientemente entre MERCOSUR y
CARICOM dentro del contexto de las negociaciones encaminadas a la creación de un Area de
Libre Comercio de las Américas. Estamos a favor de mayores esfuerzos de coordinación
tendentes a la consolidación de la integración entre ambos bloques, que promuevan el
desarrollo económico y social, nos doten de mayor poder y nos coloquen en una mejor
posición para emprender negociaciones hemisféricas e internacionales con terceros.
Pero, además, es nuestra firme
intención complementar estos esfuerzos regionales con el fomento de lazos más estrechos
entre el Caribe y Uruguay a nivel bilateral.
Basamos nuestro compromiso con
este objetivo en la creencia de que, aparte de nuestras diferencias históricas y
disparidades actuales, existen muchos puntos de confluencia para el progreso,
particularmente si consideramos el papel de Uruguay dentro de MERCOSUR.
Con sólo 177.000 kilómetros
cuadrados de superficie y 3,2 millones de habitantes, Uruguay enfrenta, al igual que los
países de CARICOM, el reto de superar las debilidades que comparten todos los países
pequeños; nuestros dilemas comunes deberían permitirnos aprender unos de los otros en
los campos político, económico y social.
Afortunadamente tenemos
visiones similares respecto de un número significativo de materias, basadas en valores
comunes de democracia, paz y derechos humanos, y en nuestro compromiso con el desarme, la
prohibición de las armas nucleares y el principio de la responsabilidad compartida en la
lucha contra la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas. Nuestras posiciones
comunes incluyen también el apoyo a una mayor cooperación económica y a la integración
dentro del continente americano, así como a la liberalización del comercio mundial,
dentro del marco del desarrollo humano sustentable.
Sin embargo, importantes como
son, estas afinidades no pueden sostener por sí solas una estrategia en favor de una
integración más estrecha; los socios económicos potenciales deben acordarse mutuamente
oportunidades de negocios y es por ello por lo que en Uruguay se ha venido dando un
proceso de reformas económicas desde principios de la década de los setenta.
Hoy, con su ubicación
estratégica dentro de MERCOSUR y sus políticas económicas acertadas, el país tiene la
ventaja particular de ser la puerta de entrada de este bloque comercial, uno de los más
grandes del mundo, con un PIB global de casi un billón de dólares.
Nuestro país se encuentra en
la encrucijada de las carreteras más importantes que conectan Argentina con Brasil; sus
infraestructuras comerciales y de comunicaciones, altamente eficientes, lo convierten en
el centro de MERCOSUR y en el punto de acceso comercial ideal hacia y desde el resto del
mundo.
Las políticas liberales de
Uruguay le han permitido convertirse en una de las más dinámicas y abiertas economías
de la región. Este grado de apertura se refleja en el marco legal que le permite a las
empresas extranjeras establecerse libremente. Irrestrictas también son la transferencia
de capital, la repatriación de las ganancias y la contratación de mano de obra y bienes
y servicios. No existe control de cambio ni impuesto sobre la renta de las personas
naturales y el secreto bancario se ha convertido en una ventaja reconocida de nuestros
mercados financieros. Las operaciones extraterritoriales no son gravadas.
Además, en años recientes, el
país se ha sometido a un impresionante proceso de reformas con miras a acometer la
difícil tarea de ajustar su economía al ritmo de MERCOSUR, un mercado de casi doscientos
millones de consumidores.
El sistema de seguridad social,
que se había convertido en una pesada carga financiera, ha sido reformado; la edad de
jubilación para hombres y mujeres ha sido extendida y, a la vez, se ha introducido un
sistema privado para la administración de los fondos de pensiones.
En otro esfuerzo por mejorar
los balances fiscales, el Parlamento ha aprobado una reforma importante del sector
público, mediante la cual se ha reducido el número de unidades de ejecución
presupuestaria, descentralizado los servicios no esenciales, eliminado cargos y, en
general, creado un ambiente orientado en función de los resultados.
Conscientes de que los
monopolios constituyen un importante obstáculo para una integración más estrecha, hemos
procedido a su desmantelamiento: sectores como el mercado de los seguros, la producción
de bebidas alcohólicas, los servicios portuarios y los créditos inmobiliarios han sido
abiertos de manera exitosa. Para desarrollar mercados de capital más seguros, se ha
aprobado una nueva legislación sobre fondos mutuales y mercados de valores.
Y, por último -dentro del
presente orden, aunque ciertamente no en importancia-, se está realizando un ambicioso
proceso de reforma para mejorar nuestro sistema de educación, que ya era de primera, con
miras a facilitar la transición a los mercados laborales y consolidar los programas de
educación continua.
El presente marco explica por
qué la inversión se ha convertido en un elemento tan importante en el desempeño general
de nuestra economía en los últimos diez años, período en el que sectores como el
turismo, la silvicultura y el inmobiliario, entre otros, han experimentado rápidas tasas
de crecimiento. Y esto, por supuesto, explica por qué la economía uruguaya ha crecido a
una tasa anual promedio de 3,5% durante ese lapso.
Consideramos que esta
experiencia de reformas estructurales abre un vasto campo para la cooperación horizontal,
la cual, a mi modo de entender, debe consistir en un intento conjunto por desarrollar
nuestras capacidades económicas y sociales. Asimismo, el intercambio de recursos humanos
e información en las áreas científica, tecnológica y cultural, así como en el campo
de la protección ambiental, proporciona un amplio marco para forjar una relación más
estrecha entre nuestros países.
En este sentido, me complace
informarles hoy que Uruguay tiene intenciones de abrir una embajada en el Caribe en un
futuro cercano, que servirá de base para un diálogo más directo y permanente con esta
importante región.
Entretanto, hemos girado
instrucciones a nuestra Embajada ante la Organización de los Estados Americanos, en
Washington DC, para que refuerce sus relaciones con las embajadas del Caribe en esa
capital, y hemos nombrado recientemente a un alto miembro del personal diplomático
específicamente para ese fin.
Pretendemos proseguir un
proceso permanente de diálogo y consulta a partir de este momento y organizaremos visitas
periódicas anuales a los Ministros pertinentes de esta región para asegurar que nos
convirtamos gradualmente en socios en el desarrollo.
No quisiera abusar de su
hospitalidad extendiéndome más en el uso de la palabra. Permítanme concluir expresando
que es un privilegio haber tenido esta oportunidad de compartir con ustedes nuestros
objetivos y sueños con respecto a su región.
Agradecemos y valoramos
grandemente la invitación que nos han extendido y estoy convencido de que contribuirá al
fortalecimiento de nuestras relaciones en un futuro muy cercano.
Tengan la seguridad de mi
dedicación a ese objetivo.