"Tendencias de la Integración
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 49

Enero - Marzo 1997

CARICOM-MERCOSUR:
Los beneficios de una mayor integración

Alvaro Ramos Trigo
Ministro de Relaciones Exteriores
de la República Oriental del Uruguay

    Exposición ante la VIII Reunión «inter-sesional» de la Conferencia de los Jefes de Gobierno de CARICOM, celebrada en Antigua y Barbuda, el 21 de febrero de 1997.

    Quisiera expresar mi sincero agradecimiento por la invitación que se me ha extendido para asistir a esta importante reunión. Me siento especialmente honrado por ser el primer Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay en tener el privilegio de dirigirse a esta Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Comunidad del Caribe.

    Nuestra presencia hoy aquí no es una coincidencia, sino una expresión de voluntad. Estamos conscientes de que las relaciones entre Uruguay y la región del Caribe han estado en el pasado muy por debajo de su potencial. Consideramos que ello es no sólo una omisión diplomática, sino algo que va en contra de nuestros intereses comunes.

    Por lo tanto, hoy estamos en Antigua, y visitaremos varios países caribeños en los próximos días, como parte de la estrategia de nuestro gobierno de fortalecer las relaciones de Uruguay con esta región, a la que consideramos un socio natural de América Latina.

    Permítanme asegurarles que ésta no es una declaración meramente retórica. Por el contrario, refleja un compromiso y un objetivo que me he fijado como Ministro de Relaciones Exteriores, basado en la firme creencia de que enfrentamos problemas y retos similares, y en el entendimiento compartido de la necesidad de la cooperación internacional y la integración.

    No es sorprendente, pues, que estemos siguiendo una estrategia de desarrollo similar. Del mismo modo en que sus países han venido haciéndolo desde 1973 en el seno de CARICOM, Uruguay se encuentra actualmente en el proceso de consolidar una unión aduanera con Argentina, Brasil y Paraguay dentro de MERCOSUR.

    Es preciso enfatizar que estos dos esquemas de integración tienen esencialmente los mismos objetivos: mejorar las economías de nuestros países ampliando sus mercados y armonizando sus sectores económicos, para hacerlos así más eficientes y competitivos.

    Dentro de MERCOSUR, Uruguay, como el país más pequeño del bloque, ha insistido en las ventajas de una integración amplia y orientada hacia afuera, que esté abierta a la inversión procedente de todas las regiones del mundo y al comercio con todas ellas. Estamos, por lo tanto, totalmente comprometidos, no sólo con la apertura de MERCOSUR, sino también con la liberalización económica a nivel mundial.

    Más aún, lo que constituye un aspecto notable de MERCOSUR es que, además de la eliminación de los aranceles entre los países miembros, el bloque ha reducido sus barreras externas, abriendo la región al resto del mundo y cumpliendo con los principios de la Organización Mundial de Comercio, particularmente en lo que respecta a evitar el uso de barreras no arancelarias.

    Como resultado, la consolidación de MERCOSUR ha traído consigo un aumento substancial del comercio con el resto del mundo; las exportaciones del bloque a países no miembros han ido aumentando a una tasa anual de 11% desde 1990, mientras que las importaciones procedentes del resto del mundo han ido aumentando en 19% al año.

    El diseño no discriminatorio de MERCOSUR se ve reflejado también en los acuerdos de asociación celebrados recientemente con Chile, Bolivia y la Unión Europea, y en las amplias negociaciones que estamos realizando actualmente con los países del Pacto Andino y con México. En nuestra opinión, los próximos pasos dentro de este proceso deberían incluir a los países del Caribe y Centroamérica.

    Debo insistir en que -con el apoyo y aliento totales de Uruguay- MERCOSUR se ha convertido en una vía sin retorno para todas las partes involucradas.

    En tal sentido, vemos con beneplácito el diálogo positivo que se ha venido dando recientemente entre MERCOSUR y CARICOM dentro del contexto de las negociaciones encaminadas a la creación de un Area de Libre Comercio de las Américas. Estamos a favor de mayores esfuerzos de coordinación tendentes a la consolidación de la integración entre ambos bloques, que promuevan el desarrollo económico y social, nos doten de mayor poder y nos coloquen en una mejor posición para emprender negociaciones hemisféricas e internacionales con terceros.

    Pero, además, es nuestra firme intención complementar estos esfuerzos regionales con el fomento de lazos más estrechos entre el Caribe y Uruguay a nivel bilateral.

    Basamos nuestro compromiso con este objetivo en la creencia de que, aparte de nuestras diferencias históricas y disparidades actuales, existen muchos puntos de confluencia para el progreso, particularmente si consideramos el papel de Uruguay dentro de MERCOSUR.

    Con sólo 177.000 kilómetros cuadrados de superficie y 3,2 millones de habitantes, Uruguay enfrenta, al igual que los países de CARICOM, el reto de superar las debilidades que comparten todos los países pequeños; nuestros dilemas comunes deberían permitirnos aprender unos de los otros en los campos político, económico y social.

    Afortunadamente tenemos visiones similares respecto de un número significativo de materias, basadas en valores comunes de democracia, paz y derechos humanos, y en nuestro compromiso con el desarme, la prohibición de las armas nucleares y el principio de la responsabilidad compartida en la lucha contra la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas. Nuestras posiciones comunes incluyen también el apoyo a una mayor cooperación económica y a la integración dentro del continente americano, así como a la liberalización del comercio mundial, dentro del marco del desarrollo humano sustentable.

    Sin embargo, importantes como son, estas afinidades no pueden sostener por sí solas una estrategia en favor de una integración más estrecha; los socios económicos potenciales deben acordarse mutuamente oportunidades de negocios y es por ello por lo que en Uruguay se ha venido dando un proceso de reformas económicas desde principios de la década de los setenta.

    Hoy, con su ubicación estratégica dentro de MERCOSUR y sus políticas económicas acertadas, el país tiene la ventaja particular de ser la puerta de entrada de este bloque comercial, uno de los más grandes del mundo, con un PIB global de casi un billón de dólares.

    Nuestro país se encuentra en la encrucijada de las carreteras más importantes que conectan Argentina con Brasil; sus infraestructuras comerciales y de comunicaciones, altamente eficientes, lo convierten en el centro de MERCOSUR y en el punto de acceso comercial ideal hacia y desde el resto del mundo.

    Las políticas liberales de Uruguay le han permitido convertirse en una de las más dinámicas y abiertas economías de la región. Este grado de apertura se refleja en el marco legal que le permite a las empresas extranjeras establecerse libremente. Irrestrictas también son la transferencia de capital, la repatriación de las ganancias y la contratación de mano de obra y bienes y servicios. No existe control de cambio ni impuesto sobre la renta de las personas naturales y el secreto bancario se ha convertido en una ventaja reconocida de nuestros mercados financieros. Las operaciones extraterritoriales no son gravadas.

    Además, en años recientes, el país se ha sometido a un impresionante proceso de reformas con miras a acometer la difícil tarea de ajustar su economía al ritmo de MERCOSUR, un mercado de casi doscientos millones de consumidores.

    El sistema de seguridad social, que se había convertido en una pesada carga financiera, ha sido reformado; la edad de jubilación para hombres y mujeres ha sido extendida y, a la vez, se ha introducido un sistema privado para la administración de los fondos de pensiones.

    En otro esfuerzo por mejorar los balances fiscales, el Parlamento ha aprobado una reforma importante del sector público, mediante la cual se ha reducido el número de unidades de ejecución presupuestaria, descentralizado los servicios no esenciales, eliminado cargos y, en general, creado un ambiente orientado en función de los resultados.

    Conscientes de que los monopolios constituyen un importante obstáculo para una integración más estrecha, hemos procedido a su desmantelamiento: sectores como el mercado de los seguros, la producción de bebidas alcohólicas, los servicios portuarios y los créditos inmobiliarios han sido abiertos de manera exitosa. Para desarrollar mercados de capital más seguros, se ha aprobado una nueva legislación sobre fondos mutuales y mercados de valores.

    Y, por último -dentro del presente orden, aunque ciertamente no en importancia-, se está realizando un ambicioso proceso de reforma para mejorar nuestro sistema de educación, que ya era de primera, con miras a facilitar la transición a los mercados laborales y consolidar los programas de educación continua.

    El presente marco explica por qué la inversión se ha convertido en un elemento tan importante en el desempeño general de nuestra economía en los últimos diez años, período en el que sectores como el turismo, la silvicultura y el inmobiliario, entre otros, han experimentado rápidas tasas de crecimiento. Y esto, por supuesto, explica por qué la economía uruguaya ha crecido a una tasa anual promedio de 3,5% durante ese lapso.

    Consideramos que esta experiencia de reformas estructurales abre un vasto campo para la cooperación horizontal, la cual, a mi modo de entender, debe consistir en un intento conjunto por desarrollar nuestras capacidades económicas y sociales. Asimismo, el intercambio de recursos humanos e información en las áreas científica, tecnológica y cultural, así como en el campo de la protección ambiental, proporciona un amplio marco para forjar una relación más estrecha entre nuestros países.

    En este sentido, me complace informarles hoy que Uruguay tiene intenciones de abrir una embajada en el Caribe en un futuro cercano, que servirá de base para un diálogo más directo y permanente con esta importante región.

    Entretanto, hemos girado instrucciones a nuestra Embajada ante la Organización de los Estados Americanos, en Washington DC, para que refuerce sus relaciones con las embajadas del Caribe en esa capital, y hemos nombrado recientemente a un alto miembro del personal diplomático específicamente para ese fin.

    Pretendemos proseguir un proceso permanente de diálogo y consulta a partir de este momento y organizaremos visitas periódicas anuales a los Ministros pertinentes de esta región para asegurar que nos convirtamos gradualmente en socios en el desarrollo.

    No quisiera abusar de su hospitalidad extendiéndome más en el uso de la palabra. Permítanme concluir expresando que es un privilegio haber tenido esta oportunidad de compartir con ustedes nuestros objetivos y sueños con respecto a su región.

    Agradecemos y valoramos grandemente la invitación que nos han extendido y estoy convencido de que contribuirá al fortalecimiento de nuestras relaciones en un futuro muy cercano.

    Tengan la seguridad de mi dedicación a ese objetivo.

 


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