Conferencia pronunciada
el 26 de febrero de 1997, en la sede del SELA, en Caracas, ante representantes del cuerpo
diplomático y personalidades de Venezuela.
Aunque oficialmente soy un
invitado del Presidente Caldera, consideré oportuno como parte de mi visita de Estado a
la República de Venezuela venir al SELA, organismo del cual mi país ha sido miembro
durante muchos años y con el que Suriname ha establecido relaciones prósperas desde su
ingreso al mismo. En nombre de mi delegación, deseo, pues, agradecer la oportunidad que
me han brindado de dirigirme a ustedes.
En las postrimerías de la
década de los noventa, se están produciendo acontecimientos dinámicos en la comunidad
internacional. La tecnología, los intercambios comerciales, los programas financieros y
económicos y las manifestaciones válidas de cooperación han experimentado una
transformación que ha llegado a modificar las bases mismas de las relaciones
internacionales. En efecto, el proceso de globalización y liberalización del comercio
mundial que se ha manifestado en los últimos años, y cuyas consecuencias no han pasado
desapercibidas en ningún país, ha puesto de relieve la necesidad de establecer una
cooperación más intensa entre los países.
Si bien es cierto que existe
cooperación en el ámbito internacional, no podemos dejar de percatarnos de que, al mismo
tiempo, la cooperación mutua tiende a fortalecerse a nivel regional. En efecto, son cada
vez más numerosos los países que la practican al establecer relaciones de integración
con países de inmediata cercanía, haciendo así caso omiso de la opinión según la cual
la integración prospera mejor en un ambiente natural. Ejemplos de ello son los de la
Comunidad Europea, TLCAN, CARICOM, ASEAN, MERCOSUR y AEC. Estos bloques comerciales se
caracterizan por poseer un régimen interno de libertad de tránsito de mercancías,
servicios y personas y ejercer un sistema de protección basado en aranceles elevados.
Salvo en el ámbito de la
economía, la cooperación mutua resulta incluso imperiosa en aquellos casos donde se
traspasan las fronteras. Dicha cooperación exige una respuesta multinacional, bien sea
regional o internacional. De hecho, el crimen a nivel mundial, los daños al medio
ambiente, la violación de los derechos humanos, el socavamiento de la democracia y el
estado constitucional y los delitos vinculados a las drogas no podrán suprimirse con
eficacia abordándolos individualmente, por lo que dichos problemas demandan una solución
colectiva.
En el caso de países tales
como Suriname, que cuenta con un potencial de explotación de recursos naturales
relativamente elevado, una población reducida y una economía aún frágil y vulnerable,
resulta de importancia primordial seguir estos acontecimientos muy de cerca y actuar de
una manera responsable que permita satisfacer al máximo los intereses nacionales. Mi
país no ha estado al margen de los efectos de estos acontecimientos y no puede permitirse
el lujo de quedarse cruzado de brazos. Ante esta realidad, nos convertimos en miembros de
CARICOM y de la Asociación de Estados del Caribe y nos hemos comprometido a cumplir los
acuerdos alcanzados en la «Cumbre de las Américas», que darán lugar a la creación de
una zona de libre comercio hemisférica en el continente americano para el año 2005.
En vista de que las relaciones
internacionales en general revelan una dinámica intensa y exigen una supervisión
permanente, mi Gobierno se encuentra actualmente en vías de ajustar su cooperación
internacional. Como centro de dicho proceso de ajuste se encuentra la instrumentación de
una política exterior destinada a proteger la soberanía nacional, emplear la diplomacia
económica como instrumento para el desarrollo económico, integrar realmente al país en
la región en el ámbito bilateral y multilateral, y diversificar la cooperación
internacional y para el desarrollo en la explotación sustentable de nuestros recursos
naturales. En este sentido, el concepto de desarrollo humano sustentable constituye un
principio orientador importante de las estrategias de cooperación para el desarrollo.
En un informe elaborado en
1995, el Banco Mundial señalaba que mi país ocupaba el decimoséptimo lugar entre las
naciones más ricas del mundo en términos de disponibilidad de recursos naturales,
existencia de recursos humanos y potencial de desarrollo resultante. La política de mi
Gobierno está dirigida a crear las condiciones necesarias para que estos recursos
naturales puedan aprovecharse de tal manera que contribuyan a alcanzar un crecimiento
económico sustentable. En este concepto de desarrollo, el hombre ocupará el centro y se
estudiarán minuciosamente no sólo los indicadores macroeconómicos, sino también el
efecto de este proceso de desarrollo en los grupos socioeconómicos de menores ingresos.
En la actualidad, el pueblo de
Suriname padece los efectos negativos de un programa de ajuste estructural que no fue
diseñado específicamente para las necesidades del país. Por consiguiente, el poder
adquisitivo del ciudadano medio surinamés ha decaído drásticamente desde 1990, la tasa
de desempleo se ha incrementado, la actividad económica ha descendido considerablemente y
las tasas de interés se han elevado de tal manera que se han detenido las inversiones.
Por ende, mi Gobierno, desde
sus inicios, ha introducido un Programa de Reconstrucción Nacional que presta particular
atención al desarrollo del hombre, atribuye prioridad a la lucha contra la pobreza y al
incremento de la producción nacional, crea las condiciones necesarias para promover las
inversiones nacionales e internacionales e induce a la explotación de los recursos
naturales de manera sustentable sin ocasionar daños irreversibles a la naturaleza. Con
este propósito en mente, el Gobierno está tomando las medidas de índole organizativa
que se requiere para garantizar la estabilidad financiera y económica de Suriname,
condición esta que deberá considerarse como la más importante para atraer a los
inversionistas. De igual modo, mi gobierno estima que un sector privado decidido y activo
constituye un requisito esencial para el desarrollo de la economía del país, por lo que
este sector deberá recibir todas las facilidades necesarias. El Gobierno de Suriname
desplegará sus esfuerzos para que el sector privado también participe en la
instrumentación de sus estrategias de desarrollo y se limitará en el ámbito económico
a desempeñar funciones de regulación y control.
La República de Suriname y el
SELA pueden enorgullecerse de las prósperas relaciones de cooperación que mantienen.
Nuestra intención es fortalecerlas. En los últimos años su organización, o nuestra
organización, para ser más exactos, ha demostrado ser un instrumento importante con el
que cuentan los estados miembros en su lucha por adaptar mejor sus economías nacionales a
las nuevas realidades regionales e internacionales. Suriname está consciente de la
importancia de la labor que desempeña el SELA para incrementar el desarrollo económico
de sus miembros y estima que los logros alcanzados hasta ahora justifican sobradamente el
derecho de la organización a existir. Por consiguiente, deseo manifestar mi
agradecimiento por la contribución positiva que, bajo su conducción inspiradora, el SELA
ha aportado al fortalecimiento de las economías de sus miembros, permitiéndoles
enfrentar mejor los retos planteados en vísperas del siglo XXI.
Mencioné brevemente los
efectos que padece la economía surinamesa y cómo el Gobierno de mi país pretende
abordarlos. Suriname cuenta con la fortuna de poder aprovechar las experiencias del SELA
y, al ofrecer soluciones, no vacilará en recurrir a ustedes cuando las circunstancias lo
ameriten. Después de todo, esta organización es responsable del desarrollo e
integración de las economías de América Latina que corresponde a nuestra política
integrar aún más en la región. Deseo agradecer nuevamente la oportunidad que me han
brindado de pronunciar estas palabras ante su organización y le deseo mucha suerte en el
cumplimiento de su noble labor.