"Tendencias de la
Integración
de América Latina y el Caribe"
Edición Nº 49
Enero - Marzo 1997 |
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Manual del negociador
económico de la próxima década
Manuela Tortora
Directora de Relaciones Económicas
de la Secretaría Permanente del SELA
Las opiniones expresadas en este artículo son a título personal y no comprometen
la posición de la Secretaría Permanente del SELA.
«Because the short-term emergencies claim the
attention of States, the long term work on development priorities often goes unnoticed».
«Is there any merit in being the messenger of ill
news?».
Hoy en día, abundan los
diagnósticos y pronósticos sobre los efectos de la globalización económica para los
países en desarrollo. Por lo general, esos análisis se dedican a alertar sobre nuevos
fenómenos y a veces recomendar, con mayor o menor concreción y acierto, acciones y
estrategias a gobernantes o empresarios.
Escasean, en cambio, las
recomendaciones para los funcionarios encargados de las negociaciones económicas
internacionales, que deben compatibilizar las estrategias de desarrollo de su país con
compromisos viables y beneficiosos.
¿Qué se negociará en los
foros económicos internacionales en los próximos años? Aunque, por definición, los
ejercicios de predicciones siempre representan un riesgo, vale la pena intentar uno sobre
esta materia, partiendo de una metodología que no pretende ser empírica, sino
únicamente realista: en primer lugar, se pueden observar, en la actual agenda económica
internacional, características básicas, comunes a la mayoría de los foros y de los
temas tratados, que pueden ser calificadas de tendencias generales, susceptibles de seguir
vigentes en los próximos años. En segundo lugar, con base en esas tendencias se pueden
identificar los asuntos claves sobre los cuales deberán fijar posición los negociadores,
y en particular, los de los países en desarrollo.
I. Las principales
características de la agenda económica internacional
La actual variedad de temas y
de foros que caracterizan las relaciones económicas externas de todos los países luce, a
primera vista, como una mezcla desordenada que complica la identificación de prioridades,
impide el seguimiento y evaluación de los resultados tanto en las capitales como en los
organismos internacionales o regionales, y cuyos únicos resultados visibles son los
calendarios inmanejables de reuniones y compromisos de todo tipo.
En un intento de sistematizar
esta agenda y extrapolar de sus características actuales aquéllas que marcarán los
próximos años, se pueden evidenciar cuatro tendencias principales:
1. El crecimiento
exponencial tanto de los temas como de los foros de negociación.
Hasta hace muy pocos años, las
negociaciones económicas se caracterizaban por compartimentos virtualmente estancos y
limitados a pocos temas centrales: medidas arancelarias y para-arancelarias del comercio
internacional de bienes; integración subregional; deuda externa y financiamiento del
desarrollo; transferencia de tecnología y cooperación técnica. A cada compartimento
correspondían determinados ministerios y expertos, foros regionales o multilaterales, y
sobre todo, objetivos de negociación eminentemente sectoriales y bien delimitados.
En los últimos años -y en
particular desde la Ronda Uruguay-asistimos a la aparición de temas cada vez más
complejos, desde el punto de vista técnico y político, en los foros económicos
internacionales: en primer lugar, se están introduciendo conceptos y temas
multidisciplinarios como el desarrollo sostenible o la propiedad intelectual, que
implican vincular y formular posiciones nacionales integrales sobre crecimiento,
industrialización, inversiones, tecnologías limpias y protección ambiental1. En segundo lugar, se están ampliando las materias
objeto de negociación a políticas que hasta hace poco eran exclusivamente internas,
tales como la competencia o las inversiones. En tercer lugar, todos estos temas tienden a
aparecer simultáneamente en distintas instancias de negociación (bilaterales,
regionales, hemisféricas, multilaterales), generando múltiples compromisos jurídicos
-cuya compatibilidad no es siempre evidente-así como implicaciones económicas aún
difíciles de evaluar.
Estas tres tendencias
-multidisciplinaridad, ampliación a materias internas, y simultaneidad- no son ni
reversibles ni eludibles, ya que se derivan de fenómenos propios de la evolución del
sistema económico global, como los cambios tecnológicos, la circulación de la
información, el auge del comercio y de las inversiones extranjeras, el dinamismo de los
bloques económicos regionales.
2. Armonización de las
normas versus asimetrías: ¿la cuadradura del círculo?
No son únicamente las
corrientes de comercio, inversión y tecnología las que se están «globalizando».
Paralelamente, se está produciendo una «globalización» o armonización de las normas
que rigen dichas corrientes, mediante la definición de marcos regulatorios
multilaterales, que pretenden ser de aplicación universal, independientemente del nivel
de desarrollo. En otros términos, el afán por armonizar la reglamentación de los
intercambios económicos es más poderoso que la preocupación por tomar en cuenta las
asimetrías entre los niveles de desarrollo de los países. Además, la presión por la
armonización se refiere a temas de interés de los países industrializados (más
específicamente de sus empresas, como las inversiones, el comercio de servicios, la
propiedad intelectual) antes que a temas de interés global como pudiera ser, por ejemplo,
alguna armonización de normas sobre los flujos de capital especulativos.
En efecto, en contraste con lo
que ocurría hasta la década pasada, ya no le corresponde a las empresas transnacionales
adaptarse a las leyes y políticas de los países donde operan, sino que son estos
últimos los que deben adaptarse a las necesidades de las empresas, so pena de perder
atractivo ante los inversionistas extranjeros. Si antes se reglamentaba el comportamiento
del inversionista (a nivel nacional e incluso internacional, mediante el Código de
Conducta de las Empresas Transnacionales), ahora se tiende a reglamentar el comportamiento
del país receptor de la inversión.
Sin duda, la apertura de
mercados y economías justifica un nivelamiento de las reglas del juego, porque en
teoría, la globalización debería avanzar en todas las latitudes sin trabas
«distorsionantes» de la libre competencia 2. Pero en
la realidad, las diferencias estructurales entre países industrializados y en desarrollo
hacen que el aprovechamiento de las oportunidades de la globalización y el manejo de sus
riesgos no puedan ser uniformes. Más aun, la vulnerabilidad de los países que no logran
una inserción viable y equitativa en la economía mundial se acentúa a medida que
aumenta su exposición a los efectos de la globalización.
Es en este contexto que los
negociadores económicos se enfrentan al abandono del «trato especial y diferenciado»
que era otorgado a los países en desarrollo en los años 70, hoy sustituido por la
reciprocidad y la «gradualidad»: por ejemplo, en la Ronda Uruguay, se acordaron
compromisos idénticos para todos los países, pero con plazos de cumplimiento diferidos
para los países en desarrollo. De esta forma, se reconocen implícitamente las
asimetrías, pero se reitera, en última instancia, el nivelamiento de las normas como
objetivo primordial.3
3. Multilateralismo y
regionalismo: fuerzas centrífugas versus fuerzas centrípetas
El auge de los esquemas de
integración regional, y en general, la proliferación de acuerdos o negociaciones de
libre comercio, son resultados positivos de la apertura de las economías, no sólo en
términos de corrientes de bienes, servicios, tecnología, o capitales, sino también en
términos de acercamientos políticos, sociales y culturales: la profundización
económica de los bloques regionales es a la vez una consecuencia y una reacción a la
globalización.4
En cambio, simultáneamente, la
dinámica del multilateralismo luce como una fuerza centrífuga en contraste con la
consolidación de bloques regionales o subregionales, y que se caracteriza, en particular,
por uniformizar normas y disciplinas sin distinción de especificidades regionales.
Ambas fuerzas -la regional y la
multilateral- tienden a concretarse cada día más en las mesas de negociación, generando
dos dilemas. En primer lugar, el dilema de la profundización versus la ampliación de los
esquemas regionales de integración se plantea cuando el éxito de un esquema (la UE, o el
MERCOSUR, por ejemplo) atrae a nuevos socios que no pueden cumplir de inmediato con lo
acordado entre los socios fundadores: la ampliación implica frenar la profundización del
proceso para dar a los nuevos miembros el tiempo y las condiciones necesarias a su
adecuación a las normas originalmente acordadas.5
El segundo dilema se refiere no
sólo a la articulación jurídica de los compromisos regionales con los multilaterales,
sino a la articulación de las prioridades estratégicas: ¿es más importante y
conveniente para un país profundizar sus vínculos con los vecinos, o apoyar la
armonización de normas e instituciones multilaterales? Aquí, nuevamente, es el fracaso o
el éxito de un esquema de integración el que puede mover el péndulo en favor de las
fuerzas regionales o multilaterales, incluso hemisféricas. Por ejemplo, es realista
pensar que el éxito del MERCOSUR intensificará el interés de los EE.UU. por el proceso
de conformación del ALCA; pero al mismo tiempo, el éxito del MERCOSUR actuará como un
«imán» cada vez más poderoso para los demás países de América Latina y por ende
para la consolidación de la integración regional en detrimento de la aceleración del
proceso hemisférico.
4. Nuevos actores, nuevos
problemas de gerencia de la economía mundial
En general, los análisis de la
globalización coinciden en señalar la creciente importancia de los actores no estatales
y de sus operaciones en la economía mundial (por ejemplo el papel del capital privado en
las corrientes financieras, la influencia de las ONG en temas como el medio ambiente, el
comercio intrafirmas, etc.), en detrimento del poder efectivo de los Estados e incluso de
sus «derivados», es decir los organismos regionales e internacionales. A ello se añade,
para contribuir a debilitar el papel del Estado en el escenario global, el auge económico
de zonas y subregiones dentro de determinados Estados o que no coinciden con sus fronteras6.
Aunque las estadísticas
parecen convalidar la disminución de su protagonismo, la conclusión de que el Estado ya
no es el actor fundamental de las relaciones internacionales sería simplista y
apresurada. En efecto, por más que las nuevas fuerzas integradoras del comercio, de la
información o de la tecnología logren borrar las fronteras nacionales, el Estado no
puede ser sustituido en su papel de «unidad básica de la política global». En primer
lugar, porque ninguno de los potenciales actores alternativos (empresas, ONG,
inversionistas) serían política ni jurídicamente viables para sustituirlo, y en segundo
lugar, porque el Estado sigue siendo el «único poseedor de la fórmula mágica sin la
cual, en el mundo actual, no podría mantenerse ninguna estructura política.»7
Por consiguiente, en la
economía nacional y mundial, la conducción estatal tiende a ser cada día más
compartida, pero difícilmente será «abandonada» por completo en favor de actores no
estatales.
En este contexto, lo que
deberían temer los negociadores gubernamentales no es de ser sustituidos en sus
funciones, sino de no tomar debidamente en cuenta el papel de los demás actores
económicos, sin que ello signifique una disminución de sus responsabilidades en la
negociación. Por ende, la pregunta clave no es ¿quién gerencia la economía mundial en
sustitución del Estado?, sino ¿cómo hacer para que las indelegables responsabilidades
del Estado no sean diluidas por la inclusión de intereses no estatales?
II. Puntos claves en
las negociaciones futuras
De estas tendencias generales
de la agenda internacional se desprenden varios elementos prioritarios que el negociador
económico deberá aprender a manejar, cualquiera sea el objeto o el foro de negociación.
1. La multidisciplinaridad
de la agenda económica requiere, en lo sustantivo, entender los vínculos entre un tema y
otro y sus implicaciones para los intereses de un país; y en lo procedimental, requiere
saber cuándo conviene vincular una negociación sectorial con otra, dando pie a
concesiones cruzadas. En los casos -que se harán cada vez más frecuentes- en los cuales
los temas económicos se vinculan a criterios políticos o éticos, la identificación de
los intereses económicos nacionales será más difícil: por ejemplo, ya se está
planteando en el marco de la OMC y a nivel hemisférico que la regulación de las compras
gubernamentales tiene relación con la lucha contra la corrupción, y no es irrealista
imaginar que en un plazo bastante corto se incluirá, en el concepto de acceso al mercado,
el funcionamiento de los sistemas judiciales definido según normas multilaterales. En
estos casos, además de conocimientos técnicos sectoriales, el negociador deberá
demostrar amplias sensibilidades políticas.
2. La armonización de
normas en áreas para-comerciales, es decir los «nuevos temas» del comercio que atañen
a políticas económicas internas y que trascienden ampliamente las tradicionales
negociaciones sobre las medidas de frontera (aranceles y barreras no arancelarias), se
plantea como un escenario previsible en el corto plazo, que deja poco tiempo para la
preparación técnica interna: temas como los de competencia, inversiones, doble
tributación -y con menos probabilidades de éxito, las normas laborales- ya están
presentes en varios foros como los de la integración regional y el proceso hemisférico.
En todos estos temas, cualquiera sea el interés nacional, el negociador debería evitar
tres riesgos principales: (i) que la armonización de políticas ignore las asimetrías
entre los países; (ii) que varios de estos «nuevos» temas se conviertan en
proteccionismos disfrazados (los vínculos entre comercio y medio ambiente, o comercio y
normas laborales son los más obvios en este sentido); y (iii) que estos temas generen
dispersión en los instrumentos de comercio multilateral, poniendo en jaque su eficacia y
credibilidad.8
3. Los negociadores de
los países en desarrollo deberían frenar la tendencia a acelerar o profundizar el
cumplimiento de los compromisos multilaterales, particularmente en lo que respecta a
los acuerdos de la Ronda Uruguay y en el marco del proceso hemisférico (donde los Estados
Unidos aspiran lograr normas más elevadas que las de la OMC). Aquí el riesgo consiste en
que los ajustes jurídicos y económicos requeridos por esos compromisos se hagan en forma
precipitada y superficial, sin el necesario consenso político y sin el desarrollo
institucional correspondiente a nivel nacional. En este orden de ideas, también habrá
que prepararse para responder a la sostenida vigilancia que harán los países
industrializados del cumplimiento de los acuerdos de la Ronda Uruguay por parte de los
países en desarrollo; ante esa vigilancia, resultará costoso y complicado dar
seguimiento a la apertura de los mercados desarrollados e identificar oportunidades de
exportación a medida que se desmantelan las barreras arancelarias y no arancelarias,
según los cronogramas acordados.
4. Urge estimular la
capacidad de los países en desarrollo de plantear sus propias agendas en todos los foros
económicos internacionales: temas como los productos básicos, la disminución de la
ayuda oficial y del financiamiento del desarrollo 9,
la evaluación de la cooperación internacional, la transferencia de tecnología, el
tratamiento de las asimetrías, y sobre todo los temas sistémicos como la gestión de la
economía global y el impacto de las políticas de los países industrializados sobre las
economías en desarrollo, deberían ocupar lugares prioritarios, no sólo en los foros
donde los temas económicos son objeto de debate político (la UNCTAD, la Asamblea General
de ONU), sino, sobre todo, en los foros donde lo que está en juego es la participación
en el comercio mundial y la asignación de recursos financieros (es decir en las
instituciones financieras internacionales y la OMC).
5. El negociador de la
próxima década deberá tomar en cuenta, más que en épocas anteriores, las
estrategias de desarrollo sectoriales y globales de largo plazo de su país: en
efecto, al aumentar las disciplinas multilaterales de obligatorio cumplimiento a nivel
nacional, sólo mediante diagnósticos internos precisos y prospectivos se podrá
determinar cuáles son los intereses nacionales. Esto supone disponer, obviamente, de
diagnósticos nacionales, pero también de un claro consenso social y político que avale
las estrategias derivadas de los mismos. En este sentido son igualmente importantes las
estrategias internas relativas a las prioridades regionales vis-à-vis de las
prioridades hemisféricas o multilaterales.
6. Los temas institucionales
tendrán una importancia creciente en las agendas multilaterales y regionales. A nivel
de la OMC, habrá que conciliar las presiones, a veces contradictorias, en favor de: (i)
su consolidación política como vigilante de la normativa de comercio mundial (en
particular mediante su mecanismo de solución de controversias); (ii) aquéllas en favor
de la ampliación de sus competencias para iniciar negociaciones económicas y para
gerenciar la economía global junto con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial
y la UNCTAD; y (iii) aquéllas en favor de un organismo pequeño y acotado a determinadas
funciones técnicas. A nivel hemisférico, la conformación del ALCA planteará la
necesidad de mecanismos institucionales de seguimiento de lo acordado y, probablemente, de
gestión de la cooperación vinculada a la zona de libre comercio. A nivel de América
Latina y el Caribe, apenas empieza a considerarse, en el marco del Grupo de Río, la
eficacia de la institucionalidad regional, que no será resuelta fácilmente, al igual que
no será fácil dotar a las secretarías de integración de la capacidad técnica que
requieren para apoyar los avances de los procesos subregionales. En todos estos
escenarios, se citarán como buenos o malos ejemplos las experiencias de la OCDE, de la
CE, o de la APEC, sin que de esos ejemplos resulten proyectos institucionales
automáticamente aplicables a la realidad de nuestra región.
7. La definición de
acciones de cooperación internacional se planteará con mayor insistencia, ante la
angustia que genera una globalización inequitativa, que no resuelve las asimetrías
ni dentro ni entre los países. De allí que el tema de la cooperación internacional en
todas sus vertientes (técnica, financiera, bilateral y multilateral) seguirá ocupando un
lugar prominente en todos los foros económicos, a pesar de la disminución de recursos
financieros asignados a la ayuda al desarrollo en los países donantes. Los negociadores
deberán prestar una atención particular a la evaluación de la cooperación realizada,
así como al diseño e instrumentación de nuevas acciones de cooperación acordes con las
nuevas necesidades. Serán prioritarias, en este sentido, las acciones novedosas de
cooperación centradas en materias tales como la articulación de lo económico y social;
la incorporación de la economía informal al sector productivo; el apoyo a la
administración pública en la formulación y vigilancia de marcos regulatorios; la
capacitación de recursos humanos, así como la actualización de parlamentarios y
empresarios en los nuevos temas económicos internacionales; la formación del ahorro
interno; el vínculo entre centros de investigación tecnológica y empresas; el
cumplimiento de normas ambientales y técnicas en los productos exportados; la
identificación de oportunidades de comercio e inversión como resultado de los acuerdos
de la Ronda Uruguay; la divulgación de los esquemas de integración regional en los
medios políticos y económicos extrarregionales; la integración social y cultural, etc.
III. A modo de
conclusión
Las tendencias señaladas,
algunas de las cuales ya son hechos consumados, y los puntos neurálgicos que pondrán a
prueba la capacidad de negociación de los países en desarrollo, ponen en evidencia que
las políticas económicas externas de los próximos años deberán dar un salto
cualitativo importante.
Será fundamental, en primer
lugar, institucionalizar los mecanismos de consulta interministeriales y entre el sector
público y el sector privado, de tal manera que la posición nacional tenga el debido
sustento, sobre todo en los temas multidisciplinarios y en aquellos donde el Estado ya no
es el único actor.
Habrá que profundizar los
análisis nacionales de las materias objeto de negociación, articulando los aspectos
«macro» (como la competencia externa o las corrientes internacionales de comercio e
inversión, etc.) y «micro» (como la competitividad de las empresas nacionales o el
impacto local de los cambios tecnológicos) de cada materia, junto con las perspectivas a
largo plazo a la luz de las estrategias de desarrollo del país.
La visión integral no se
aplica únicamente a las disciplinas económicas internas e internacionales, sino también
a la constante transformación del mapa económico del planeta: el dinamismo de los
bloques regionales y subregionales, sobre todo en América Latina y el Caribe, hace pensar
que el regionalismo, como dijo la CEPAL, no es sólo «abierto» sino sobre todo flexible
y cambiante. En consecuencia, se complica la definición de los socios económicos
privilegiados y la profundización de los esquemas de integración existentes.
Los ajustes internos deberían
ser considerados paralelamente a los necesarios ajustes del sistema económico
internacional: la globalización debería implicar una corresponsabilidad equitativa de
países en desarrollo e industrializados en la gerencia de la economía mundial. Asimismo,
el tratamiento de las asimetrías, y las acciones de cooperación que implica, no pueden
ser abordados como un tema secundario.
En definitiva, la agenda
económica internacional impone ser competitivos e innovadores, no sólo en la actividad
productiva, sino también en las mesas de negociación y en la formulación de las
estrategias nacionales.
NOTAS
Sin embargo, esta nueva
multidisciplinaridad es incompleta y sesgada, en la medida en que predominan los temas
económicos sobre los sociales: en los foros internacionales, el tema de la pobreza, por
ejemplo, no tiene el mismo peso ni los mismos instrumentos que el comercio internacional.
«Si todas las regulaciones
son consideradas «distorsiones» arbitrarias, el corolario que se desprende es que todas
estas «distorsiones» deben ser eliminadas con vistas al incremento de la eficiencia. El
corolario llevado a su extremo conduciría a investigar el impacto de todo el conjunto de
las políticas públicas en las condiciones de competencia.» CEPAL, Políticas
Comerciales y Compromisos en la Organización Mundial de Comercio. LC/R.1672, Santiago
de Chile, 31 julio 1996, p.7.
Ver SELA, Globalización
y Liberalización. SP/RCC-IXUNCTAD/DT No. 2, Caracas, enero 1996.
Sin embargo, Luciano
Tomassini sostiene que los esfuerzos de regionalización no son un contrapeso a la
globalización, ya que este último proceso es, en definitiva, predominante: ver
TOMASSINI, Luciano, «América Latina: tensiones y dinámicas». Revista del Convenio
Andrés Bello, Bogotá, No. 50-52, 1996, p.66.
Este es el dilema que
enfrenta, por ejemplo, la UE, cuya ampliación a nuevos socios de Europa Oriental corre el
riesgo de frenar la profundización del proceso de integración, ya de por sí complicado
entre los 15 miembros actuales.
Por ejemplo el eje que va
desde San Diego a Tijuana; los Länder del sur de Alemania; el delta del río Tumén al
norte de China, que abarca Corea del Sur y Rusia; sin olvidar, en nuestra región,
ejemplos como el Estado de Sao Paulo o la frontera colombo-venezolana. Ver L.Tomassini, op.cit.,
p.68.
«The Nation-State is dead.
Long Live the Nation-State.», The Economist, Dec.23-Jan.5, 1996, p.17.
SELA, Globalización y
Liberalización, op.cit., p.23.
«The questions to ask and to
answer are: how much foreign capital is 'needed' for growth and (...) where is the foreign
capital to come from?»: Morris Miller, «Where is Globalization Taking Us?», Futures,
Vol.27 No.2, p.134.
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