Industria, tecnología y competitividad
Edición No. 48
Octubre - Diciembre 1996
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La
empresa de base tecnológica. Opciones para Latinoamérica
Luis F. Marcano González
Profesor de la Universidad Central de Venezuela,consultor del SELA y otras entidades
públicas y privadas de Venezuela. Actualmente es miembro de la Mesa Directiva de la
Asociación Latinoamericana de Gestión Tecnológica
El presente
artículo corresponde a una versión resumida de un informe de igual nombre, preparado
como documento base para el Taller de Política Industrial, organizado por el SELA y
realizado en su sede, del 16 al 17 de setiembre de 1996.
I.
Introducción
Desde mediados
de los años setenta ha venido apareciendo en el mundo una nueva manera de producir bienes
y servicios. Es lo que algunos autores han denominado el nuevo paradigma
técno-económico; caracterizado por un nuevo factor clave: la microelectrónica y la
informática barata. Si se asume que ha variado la forma de producir los bienes necesarios
de consumo de la sociedad, de alguna forma debe haber sido modificada, también,
laorganización encargada de estas tareas: la empresa.
Para este texto
se ha realizado, inicialmente, una investigación documental del origen y evolución de la
figura empresarial de nuevo tipo denominada empresa de base tecnológica. El conglomerado
de este tipo de empresa ha recibido distintos nombres: parques tecnológicos o
científicos, incubadoras de empresas, tecnópolis, etc. El objetivo del estudio ha sido
indagar sobre los antecedentes, origen y formas concretas que ha asumido esta modalidad
empresarial en el mundo industrializado, de manera de extraer las lecciones y proponer un
programa de estímulos de ampliación de la base empresarial vía la creación de este
tipo de empresa en la región latinoamericana. Se propone una hipótesis sobre el
desarrollo empresarial y se definen, además, los rasgos fundamentales de lo que se conoce
como empresa de base tecnológica. Las lecciones que se pueden extraer de todas estas
experiencias son motivo de consideración central en el presente trabajo, tanto de las
experiencias de los países industrializados como el aprendizaje que se puede extraer de
las experiencias en la región.
Un programa de
estímulos de ampliación de la base empresarial vía la creación de este tipo de
empresas es otro de los aspectos tratados. Se presentan los objetivos básicos de un
programa de ampliación de la base empresarial a través de la creación de conglomerados
de empresas de base tecnológica. Las estrategias de desarrollo global también se
destacan en este punto. El papel del Estado, los detonantes de la innovación y la
importancia de la localización y la dimensión temporal en estos programas, son asimismo
analizados.
En el artículo
se proponen, para finalizar, opciones y acciones de políticas a desarrollar en
Latinoamérica para estimular la aparición y expansión de las empresas de base
tecnológica. Entre estas políticas se destacan: la necesidad de poseer una estrategia de
desarrollo económico clara, de largo plazo, basada en las ventajas propias, con una
infraestructura adecuada, aprovechando las condiciones locales y regionales de cada país.
II. El
contexto de producción
Con el nombre
de empresas de base tecnológica se denomina en forma genérica un nuevo tipo de empresas
de la etapa más reciente del desarrollo industrial en el mundo capitalista. Esta
denominación engloba múltiples interpretaciones. No se puede decir con propiedad que
detrás de este concepto se defina algo homogéneo y con características particulares.
Esta es una de las principales dificultades al aproximarse al estudio de este tema. En
apariencia es un concepto novedoso, pero en el fondo no expresa una categoría que
pudiéramos asir de manera precisa.
La
aproximación que se tendrá en este trabajo, sobre la factibilidad del desarrollo de esta
figura en Latinoamérica, se hará desde varios enfoques. El propósito es ubicarse en el
contexto adecuado de aparición de esta modalidad empresarial. Pasemos a presentar una
hipótesis que nos permita ubicar nuestro objeto de estudio.
1. Una
hipótesis sobre el desarrollo empresarial
Partamos,
entonces de la siguiente hipótesis: a cada período de desarrollo del capitalismo (lo
que algunos autores llaman ondas largas) correspondeun tipo característico de empresa.
Es claro que la afirmación anterior puede ser matizada al señalar que las distintas
formas empresariales se van acumulando en el tiempo; es decir, coexisten aún empresas de
los ciclos u ondas anteriores. Debe quedar claro, también, que todas ellas han tenido su
área de dominio tecnológico, a lo largo de la historia ello se puede demostrar con más
detalle. Es decir, siempre se ha dispuesto del saber cómo hacer las cosas (la
tecnología) y cómo ir incorporando conocimiento a la producción. No en vano un
polémico pensador del siglo pasado denominó la moderna "ciencia de la
tecnología" al resultado de la actividad científica transferido a la producción de
mercancías. Pero formulemos de otra manera la hipótesis: lo que subyace detrás de todos
estos cambios es la evolución y dominio del hombre, a través del conocimiento, sobre la
naturaleza (la ciencia) y de cómo utilizarlo en su provecho (la tecnología).
La
denominación de empresas de base tecnológica es un término que se refiere al nuevo tipo
de empresas que se ha venido desarrollando en la transición al nuevo ciclo del sistema
capitalista a nivel mundial. Son empresas inscritas en el nuevo modelo o paradigma
tecno-económico. Nuevas empresas que aprovechan la microelectrónica barata y la
informática como factor clave para desarrollar sus mercados. Nuevas empresas que se basan
en el dominio intensivo del conocimiento científico y técnico para mantener su
competitividad. Este fenómeno se expresa, incluso, en una forma física de aglomeración
de estas nuevas empresas. Es lo que se ha dado por llamar los parques tecnológicos, las
incubadoras de empresas, o para decirlo en otras palabras las ciudades de la ciencia o
tecnópolis.
Desde hace ya
algunas décadas la figura es conocida en los países desarrollados. El Silicon Valley, en
California, o la Ruta 128 en Boston, ambos en los EE.UU., son antecedentes importantes de
la expresión de las nuevas minas y nuevas fundiciones de la economía informacional. La
imagen es por demás sugerente. Lo que en un inicio ha sido una manifestación espontánea
de un nuevo tipo de industrialización, desde la última década se ha convertido en la
nueva modalidad de intervención del Estado en la economía. A tal punto que para Japón,
por ejemplo, el único asunto considerado de Estado para los primeros años del próximo
siglo es el relativo a la innovación científica y tecnológica. Son de este país los
esfuerzos más importantes en planificar este nuevo tipo de desarrollo industrial.
Para la
realización del presente trabajo se estudiaron las experiencias más resaltantes de estas
nuevas expresiones de industrialización. O mejor dicho, de los procesos de
reindustrialización sobre la base de la alta tecnología. Visto de otra manera, se
centró en el examen de aquellos países representativos del desarrollo industrial, así
como en lo que se ha dado por llamar, países en vías de industrialización, es decir,
principalmente los países de la región latinoamericana.
El objetivo
final será proponer un programa de estímulos de creación de la base empresarial vía la
creación de este nuevo tipo de empresas en la región. En el trabajo se examinarán para
ello las condiciones necesarias para delinear una política para la creación de este
nuevo tipo de conglomerados. Se examinarán, también, los objetivos de desarrollo de este
tipo de empresas o conglomerados de empresas. Se analizará la conveniencia de utilizar
esta modalidad empresarial como instrumento de reindustrialización de algunos países de
la región. O para utilizarlo como instrumento de desarrollo de aquellas localidades más
deprimidas en otros países. O, en fin, como instrumento para desarrollar ambientes o
medios innovadores en otros países.
Como lo han
señalado Castells y Hall (1994) en su lúcido estudio sobre el tema, la creación de
estos complejos industriales puede tener estos objetivos de acuerdo al nivel de desarrllo
en que se encuentre determinado país. Pero lo que es condición sine qua non es que estos
nuevos complejos deben cumplir con unas características muy particulares para lograr su
adecuado funcionamiento.
2. El perfil
del nuevo tipo de empresa
Antes de pasar
a examinar las lecciones de los países industrializados dejemos claro, aunque sea de
manera esquemática, cuál es el perfil de este nuevo tipo de empresa basada en el
conocimiento. De acuerdo a como lo formula con precisión C. Pérez (1986; 1995), la
empresa de nuevo tipo posee rasgos característicos del nuevo paradigma tecno-económico,
ellos son:
Tendencia a
aumentar el contenido de información en los productos.
Mayor
capacidad de incorporar nuevas trayectorias en la mejora de los productos tradicionales,
generando nuevos desarrollos de forma incremental. En este sentido, el nuevo tipo de
empresas tiene una mayor capacidad para introducir más rápidamente cambios en el diseño
de productos y procesos, con nuevos rasgos en términos de tamaño, versatilidad,
adaptabilidad y programabilidad. No existe la rigidez de la producción masiva. Se trata
en el nuevo paradigma, de una inteligencia distribuida.
Los
requerimientos e insumos materiales del nuevo tipo de empresa, constituyen una fuente
motora de innovaciones radicales. Este rasgo es característico en la industria de
componentes microelectrónicos, en la que la difusión de sus aplicaciones impulsa
múltiples innovaciones radicales en productos, se generan prácticamente una red de
innovaciones sucesivas.
En el nuevo
tipo de empresa la flexibilidad constituye la óptima práctica productiva. El carácter
programable de los equipos permite superar la rigidez de las viejas plantas reduciendo la
importancia de las economías de escala basadas en técnicas intensivas en capital de
producción en masa, ya que se independiza la escala de producción de la escala de
mercado.
La
especialización de los equipos, permite modificaciones más rápidas en los planes de
producción, altísimos niveles de eficiencia en la fabricación de productos distintos,
diversos modelos y volúmenes variables.
Es
característico en este nuevo tipo de empresa, el ahorro de energía y materiales, el
reciclaje y la diversificación. El modelo ideal lo constituye la planta de ciclo cerrado,
multiproducto sin efluentes, resolviendo el problema del agotamiento de los recursos
naturales del paradigma anterior.
El nuevo tipo
de empresa, tiene un mayor dinamismo tecnológico, pudiendo integrarse el diseño al
proceso productivo. La ingeniería de diseño, es ahora una función integrada al proceso
productivo y constituye un factor clave en la productividad y en la competitividad de la
empresa. Ello implica una integración entre los centros de investigación, desarrollo e
ingeniería de diseño, ahora asociados estrechamente al proceso productivo jugando un
papel crucial en la gerencia estratégica de la empresa.
Otro rasgo
característico del perfil de la nueva empresa, es la adaptación de la producción a la
demanda, desarrollándose las condiciones para que la diversidad de la propia demanda
multiplique la oferta de productos, y la posibilidad de inversión "aguas abajo"
abriendo nuevos mercados, y "aguas arriba" en el diseño de equipos, componentes
y factores motrices de crecimiento.
La empresa
basada en conocimiento tiene también un nuevo esquema organizativo. La organización
tiende a la red integrada de los procesos, con marcado énfasis en las conexiones y en los
sistemas de interacción y orientada a la coordinación tecno-económica global. Esta
integración se extiende hacia el mercado con una mayor flexibilidad en la producción. Se
logra así una adaptación en línea de la producción al mercado.
Una vez
mencionados los rasgos fundamentales de la empresa de nuevo tipo es importante señalar
algunas distinciones importantes. No se debe confundir empresa de base tecnológica con
empresa modernizada. Esta última aunque puede hacer uso de los recursos de la
microelectrónica y de las nuevas formas organizativas puede pertenecer a períodos
anteriores (p.e., la siderúrgica o la petroquímica), con tecnología madura en la
mayoría de los casos, y lo que la distingue del nuevo tipo de empresa es la intensidad
del uso del conocimiento científico y tecnológico.
III.
Lecciones de los industrializados
En los países
industrializados las empresas de base tecnológica o lo que se han dado por llamar de alta
tecnología (high tech), están intrínsecamente vinculadas al desarrollo de las diversas
experiencias internacionales de parques tecnológicos, científicos, incubadoras de
empresas y tecnópolis. De acuerdo con la experiencia de estos países en la creación de
empresas de alta tecnología o de base tecnológica, intervienn dos tipos de factores. Por
un lado, las características personales de los participantes de estas iniciativas:
espíritu empresarial, don de liderazgo, alta formación tecnológica y profesional, rasgo
por demás ya puesto en evidencia por Schumpeter (1971) en la primera mitad del presente
siglo. Todo ello, unido a situaciones de la vida profesional (apoyo de socios, amigos,
problemas en el trabajo, etc.). Por el otro, condiciones asociadas a las oportunidades del
mercado: factibilidad del negocio, acceso a información, a tecnología y al
financiamiento. Este último, constituye un componente clave, en especial durante las
primeras fases de este tipo de empresas. Es decir, que es necesario la existencia de un
ambiente adecuado, el ambiente innovador, para que este tipo de iniciativas aparezcan.
Estos factores
están soportados de modo determinante por la vinculación de los emprendedores de este
tipo de empresas a universidades de excelencia, motivadas a la difusión y a la
explotación comercial de los conocimientos generados por sus investigadores. A ello se
agrega una infraestructura de soporte y de apoyo local en determinadas áreas
geográficas, las cuales crean las condiciones de logística, servicios y comunicación,
para la consolidación y multiplicación de este tipo de empresas.
Como se puede
observar en las experiencias de diversa índole, tanto de países industrializados (USA,
Europa Occidental y Japón), como de los países de más reciente industrialización, las
empresas de base tecnológica, en la práctica, se han constituido en el foco central de
un nuevo proceso de industrialización del nuevo paradigma tecno-económico.
1. Una
taxonomía de las experiencias de países industrializados
La descripción
de las diversas experiencias internacionales sobre empresas de base tecnológica, así
como de otras denominaciones (parques tecnológicos, incubadoras de empresas, ciudades de
la ciencia o tecnópolis), pasa necesariamente por una caracterización o tipología de
los diversos tipos de experiencias.
De acuerdo con
el carácter y/o origen de las iniciativas podemos aproximarnos a la siguiente
categorización:
La existencia
de un líder promotor apoyado en una base científica de centros de I&D consolidados,
vinculados a universidades de reconocida trayectoria, en especial, en investigación
científica y tecnológica.
Existencia de
una deliberada política gubernamental para el establecimiento de parques, tecnópolis u
otras modalidades; es decir, de conglomerados destinados a servir de sede de este tipo de
empresas.
Apoyo a la
generación semiespontánea de iniciativas por parte del sector público y privado de
empresas de base tecnológica.
En virtud de
sus características y modalidades es válido ampliar esta caracterización con la
tipología que proponen Castells y Hall (1994), sobre las tecnópolis:
a. Primer
tipo: complejos industriales de empresas de alta tecnología construido sobre la base
de un medio innovador. En estas empresas existe fuerte relación entre I&D y
fabricación (producción) y constituyen nuevos centros de mando del nuevo espacio
industrial. Estos complejos se han generado sin una planificación deliberada al contrario
de otras experiencias que resultan de esfuerzos conscientes y explícitos por parte de
instituciones, tratando de emular a las primeras (p.e., Silicon Valley y la Ruta 128 de
Boston, EE. UU.).
b. Ciudades
de la ciencia: complejos de investigación estrictamente científicos, sin ninguna
relación territorial con la producción, que trata de crear deliberadamente una alta
concentración de recursos humanos y materiales en el aislamiento de un centro de ciencia
(p.e., Tsukuba en Japón y Kansay en Corea del Sur).
c. Nuevos
crecimientos industriales: inducidos mediante la atracción de empresas de alta
tecnología en un espacio físico que se clasifican como parques tecnológicos,
deliberadamente establecidos por instituciones gubernamentales y/o universidades (p.e.,
Sofía Antipolis, en Francia; Cambridge, en el Reino Unido).
d. Programas
completos de tecnópolis como instrumentos de desarrollo regional y de descentralización
industrial: son las manifestaciones planificadas de los últimos casos de
intervención estatal como son los desarrollos inducidos en los países asiáticos en
particular en Japón, Taiwan y Corea del Sur.
2. Lecciones
de las experiencias de los países industrializados
De la nueva
forma de industrialización se pueden extraer algunas lecciones útiles para la región
latinoamericana. Expondremos a continuación algunos de los rasgos comunes a los casos
estudiados. Sin embargo, debe quedar claro que no existe una fórmula general que pueda
garantizar el éxito de un proyecto de empresas basado en la tecnología. Lo que sí es
importante resaltar es que esta modalidad empresarial sostendrá los cimientos de la
estructura industrial de las economías con dominio de la información del próximo siglo.
Veamos, entonces, a continuación lo que podemos aprender de los países industrializados.
a. El papel
del Estado
Lo que muestran
los diferentes casos analizados es la intervención constante del Estado en diferentes
formas, tanto central como local. Por supuesto, esta intervención se ha realizado de
diversas formas y con diferentes grados de éxito. Si bien esta intervención es más
evidente en los países como Japón, Taiwan o Corea del Sur, también es típica en los
países avanzados, donde los gobiernos nacionales y locales han respaldado los proyectos
de alta tecnología por razones de prestigio nacional, de defensa o, lo que es común en
la mayoría de los casos, por razones económicas.
Lo que es
claro, en cuanto a la intervención del Estado, es que ella se centra en su capacidad para
fomentar la I&D. Bien por su alto riesgo o por hacerse a una escala demasiado grande,
ésta carece, hasta hace poco, en apariencia, de justificación en un balance comercial
normal de una empresa. Las modalidades de intervención del Estado corresponden, entonces,
al interés fundamental del país, tanto en lo económico como en otras áreas de
importancia colectiva (la defensa nacional, la carrera espacial, la protección del
ambiente, la salud, etc.).
El papel del
Estado, sin embargo, no es suficiente. Se necesita un perfil de empresario que se
convierta en promotor y protagonista de nuevo tipo de empresa. Es un empresario que debe
conocer el valor que tiene el conocimiento, en particular el científico, en la
generación de beneficios; es decir; en la generación de capital. Esta situación no es
fácil de resolver, pero no sólo con voluntad pol1tica es que se ha logrado este nuevo
tipo de empresas. Es necesario el nuevo tipo de empresario.
b. Las
universidades como generadoras de tecnología
Otro aspecto de
importancia relevante en los casos presentados, es el papel decisivo que ha jugado la
institución universitaria en la generación de los conglomerados de empresas de base
tecnológica. Se debe ser muy preciso en esta afirmación. Ella no se refiere a las
universidades en forma genérica. Más bien de lo que se trata es de un tipo de
universidad: aquella que por su trayectoria ha logrado desarrollar un conjunto de
vínculos con el desarrollo industrial apoyándose en su capacidad innovadora que tiene su
origen en la investigación científica y tecnológica realizada en su seno.
En los países
industrializados, la relación que se ha establecido entre la institución universitaria y
el mundo industrial ha sido, en la mayoría de los casos, iniciativa y necesidad de los
propios empresarios, como muy bien lo ha señalado Drucker (1993). Esto es importante ya
que demuestra una actitud de los empresarios característica de aquel sujeto que considera
al conocimiento como fuente y generador de capital.
Las
universidades juegan, por tanto, tres papeles en el desarrollo de nuevas capacidades
industriales basadas en la alta tecnología. El primer y más importante papel es el de
generar nuevo conocimiento científico, tanto básico como aplicado. En las economías
cuyo factor clave es la informática, estas universidades se convierten en las productoras
del insumo más importante: la información. En este sentido, estas instituciones tienen
la ventaja sobre los centros de investigación (tanto públicos como privados) de ser
difusoras del conocimiento y de la información a través de sus egresados. Esto
constituye, por tanto, el segundo papel que juegan estas instituciones: la formación en
cantidad y calidad de científicos, ingenieros, técnicos y administradores, necesarios
para el crecimiento de los centros industriales tecnológicamente avanzados. Por último,
las universidades juegan un tercer papel: actúan directamente como empresas apoyando el
proceso de transferencia de sus resultados de investigación creando una red de empresas
industriales y de nuevos negocios.
Por otro lado,
se puede argumentar que no necesariamente tiene que ser la universidad la que juegue el
rol indicado, sino más bien la capacidad de investigación científica y tecnológica,
concentrada en centros o laboratorios independientes. A esta línea de pensamiento hay que
responder que sí bien esto puede ser parcialmente cierto, el necesario ambiente de
sinergia, como veremos más adelante, que existe en una universidad no se obtiene en los
centros o laboratorios de este tipo. En consecuencia, no es asunto de una modalidad versas
la otra. Es más bien de disponer del ambiente más favorable para estas actividades.
c. El
financiamiento, una nueva institución: el capital de riesgo
Lo que
demuestra la totalidad de los casos examinados es algo conocido a lo largo de la historia:
las industrias innovadoras deben ser alimentadas con capital. Esto ha sido constatado en
todos los casos de éxito industrial en el pasado y ahora se convierte en una necesidad de
ineludible resolución. El volumen de crecimiento de las actividades de las nuevas
empresas ha generado una nueva modalidad de financiación que ha crecido con estos nuevos
conglomerados: el capital de riesgo. Esta figura comienza a destacar desde el caso del
Silicon Valley, como muy bien lo señala Mahon (1986).
En los países
industrializados y de reciente industrialización, el fenómeno actual posee un rasgo
particular: el capital de riesgo va hacia donde ya existe la industria de alta
tecnología. Lo que parece ser una constante es que el éxito llama al éxito.
d. La
organización social
La innovación
tecnológica no es simplemente una mezcla o el resultado de colocar información, personal
altamente calificado y capital de riesgo, como los factores de producción de las
industrias de base tecnológica, hace falta la sinergia. Esta depende de la organización
social y del apoyo institucional. Se necesitan redes sociales de información y el apoyo
de una cultura empresarial proclive a la innovación. Esto no se construye de la noche a
la mañana.
Como hemos
visto en casi todos los casos estudiados este ambiente social es un proceso largo en el
tiempo y no existen recetas aplicables en forma genérica para obtenerlos. Las redes
sociales de información son verdaderos elementos esenciales en la generación de
innovación tecnológica y la columna vertebral de la organización social de todo lugar
innovador. Ello varía, como hemos visto en los casos analizados, de acuerdo a la
especificidad de la cultura local y las limitaciones del entorno cultural concreto.
e. El papel
decisivo del tiempo
Es obvio que
todos los casos descritos anteriormente no se han construido en un día. En el mejor de
los ejemplos el lapso más corto para obtener resultados ha sido de diez años (en el
Reino Unido). En los casos más ambiciosos (Japón, p.e.) ha llevado períodos de veinte,
y con seguridad de treinta años y más, antes de que se puedan evaluar los impactos
esperados.
Esto permite
afirmar que en la mayoría de los casos, cuando se emprende una iniciativa de este tipo,
es necesario esperar entre quince y veinte años para constatar algún impacto evidente.
Para utilizar un símil ilustrativo, se puede afirmar que la escala de evaluación de
estos proyectos es más bien la de las obras de infraestructura de larga duración como
pueden ser los aeropuertos o las carreteras.
Lo que es
importante destacar es que una vez iniciado el proceso no vale la pena detenerlo ya que en
el peor de los casos lo menos que se puede obtener es una mayor capacidad de la sociedad
para innovar en la generación de los bienes y servicios intensivos en conocimientos. Sin
embargo, lo que sí es importante es la realización de un seguimiento continuo para
corregir a tiempo las distorsiones del proceso.
IV.
Aprendizaje en la región
Antes
examinemos, sin embargo, las condiciones y situación de los países de Latinoamérica.
1. La
situación en la región
Los rasgos que
definen el patrón de industrialización y desarrollo en Latinoamérica, como señaló
Fajnzylber (1989) para la CEPAL y en nuestra opinión aún vigentes en términos
generales, en lo fundamental han sido los siguientes:
Participación
en el mercado internacional casi exclusivamente en la exportación de recursos naturales,
la agricultura, la energía y la minería, junto a un déficit comercial sistemático en
el sector de la industria manufacturera;
Estructura
industrial diseñada para servir al mercado interno;
Aspiración a
reproducir el modo de vida de los países industrializados;
Limitada
valoración social de la función empresarial y precario liderazgo del empresariado
nacional, público y privado, en los sectores cuyo dinamismo y contenido definen el perfil
industrial de cada uno de los países;
Escaso
desarrollo de la base científico-tecnológica endógena, combinada con una enseñanza
superior centrada en las carreras blandas, de heterogénea calidad y orientada hacia
funciones de integración cultural de masas.
En
consecuencia, las empresas nacionales, en particular, son un eslabón débil dentro de la
estructura industrial de los países latinoamericanos, en tanto que las empresas más
fuertes, las multinacionales que operan en la región a través de diversas formas,
tienden a poner escaso énfasis en las labores de I&D, prefiriendo importar
tecnología y conocimientos y resolver los problemas más interesantes que deben enfrentar
con sus equipos matrices de investigación y desarrollo experimental fuera del país. Este
es el marco general en cuanto al aspecto industrial en la región.
2.
Aprendizaje de las experiencias en la región
De la
situación y experiencias de Latinoamérica podemos extraer algunas enseñanzas
importantes. Ellas pueden ser presentadas en cuanto a la asimilación del modelo, al papel
del Estado, de las universidades, de la financiación, de la organización social y del
tiempo transcurrido. En todos estos aspectos hay un aprendizaje importante, a pesar de lo
limitado de las experiencias existentes.
a. La
asimilación de un modelo
El primer
aprendizaje que se debe poner de relevancia es el relativo a la asimilación precaria, del
sentido y concepto de la empresa de base tecnológica y de los conglomerados que las
agrupan (parques, tecnópolis, etc.). Como sucede con frecuencia el traslado de las
experiencias de los países industrializados a los nuestros ha sido incompleta y en cierto
sentido deformada.
Un indicador ha
sido que, con la excepción de Brasil, pocas son las reflexiones teóricas en esta
materia. Otro indicador es el poco peso que han tomado a nivel social este tipo de
iniciativas. Parece que el tema es sólo preocupación de algunos entendidos. El
aprendizaje es, con frecuencia, lento, pero es posible que en un futuro mediato la
comprensión sobre esta materia pueda ser más amplio que el actual.
b. El rol
del Estado
En lo que se
refiere al papel del Estado, la situación descrita muestra que la voluntad política para
emprender este tipo de desarrollo, a pesar de estar presente en algunos casos, es aún
limitada.
Las ideas
dominantes sobre industrialización que tienen los gobiernos de la región, tanto a nivel
central como local, corresponden a modelos de etapas anteriores y superadas del desarrollo
del sistema capitalista. La promoción de inversiones, sobre todo de origen extranjero, en
industrias tradicionales es el denominador común de casi todos los discursos y deseos de
los dirigentes de la región. Se requiere, en este aspecto, un cambio importante de
mentalidad de esta dirigencia política y económica. Como se ha visto en todos los casos
de los países industrializados la intervención del Estado en diferentes formas ha sido
constante. Bien por la vía de la demanda, como en los EE.UU., o directamente como en el
caso japonés.
Sin embargo, en
lo que se refiere al respaldo del Estado a la I&D, éste se ha mantenido a través del
tiempo pero con poca intensidad (situación que se repite en todos los países de la
región). Se requiere, entonces mayor presencia del Estado (tanto central como local) en
la promoción de iniciativas empresariales de nuevo tipo en Latinoamérica.
c. La
actuación de las universidades
Las
universidades han asumido un papel activo, pero aún tímido, sobre la promoción de
iniciativas empresariales de nuevo tipo. Se puede afirmar que han sido las únicas
instituciones en instruir el valor y el potencial del conocimiento disponible. Pero lo que
es importante es poseer este conocimiento acumulado. Sin él no se puede promover
iniciativas exitosas en esta área. El crecimiento de las actividades de investigación y
desarrollo es aún limitado en la región.
Como vimos más
arriba la inversión en I&D es reducida y sí a ello se suma la casi ausencia de
inversión en estas tareas de parte de las empresas privadas, el panorama es peor aún. No
puede descansar sólo en las universidades esta responsabilidad. Aisladas es muy poco lo
que pueden hacer, como lo ha demostrado la práctica hasta ahora en la mayoría de los
casos analizados.
d. La
financiación
La totalidad de
la financiación de las escasas iniciativas han provenido del Estado. La figura del
capital de riesgo ha estado ausente de forma institucional. Por tanto, las pocas empresas
innovadoras no han sido alimentadas con capital. La situación también es precaria en
este sentido. Son pocas las cosas que se pueden hacer ya que las limitaciones impuestas
por las deudas nacionales y las crisis económicas que viven los países de la región
dejan muy pocas posibilidades de destinar importantes recursos propios a estas
actividades.
Una salida
puede ser echar mano a préstamos de los organismos multilaterales para financiar estas
actividades y, en particular, las referidas al fortalecimiento de la capacidad de
investigación científica y tecnológica local.
e. El
ambiente social
En esta área
la situación es nula en casi todos los casos. Los actores sociales son escasos y poco
preparados para la innovación. En particular, los empresarios son pocos dados, en
general, a correr riesgos alrededor de las actividades innovadoras. El nivel cultural y
educativo de la población es aún bajo en los países de la región. Esfuerzos por elevar
estos niveles deben ser hechos lo más pronto posible. De lo contrario la brecha entre los
países industrializados y los latinoamericanos será cada día más amplia y con muy
pocas posibilidades de salvarla ni siquiera a largo plazo.
f. El tiempo
El último
factor a considerar es el tiempo. En realidad todas las experiencias de la región son de
reciente daa. Si a ello se añade el relativo poco respaldo que han tenido, es prematuro
concluir sobre el éxito o fracaso de las mismas. Lo importante es que ellas se han
iniciado y si se impulsan podrán dar sus frutos a mediano y largo plazo. Es bueno
recordar que cualquiera que sea el resultado de estas iniciativas siempre dejarán algo
positivo para el país que las inicie.
V.
Ampliación de la base empresarial
Antes de
exponer el conjunto de recomendaciones que en el plano de políticas se pueden avanzar, es
necesario hacer algunas acotaciones de interés general. En primer lugar, debe quedar
claro que no existe una fórmula general para el éxito de un proyecto basado en la alta
tecnología. Sobre todo tomando en cuenta que bajo la imagen de conceptos como parque
tecnológico o ciudad de la ciencia se esconden realidades muy diversas. Lo que no cabe
duda es que este tipo de conglomerado industrial será el indicador decisivo de la
organización territorial que sostendrá los cimientos de la estructura industrial de las
economías de los próximos años basadas en la información .
Por otro lado,
es importante señalar que la casi totalidad de los países de la región se encuentran
apenas en lo que podemos llamar el primer nivel de desarrollo tecnológico. Es el nivel
cuyo rasgo más destacado es la de una situación dominada por el hecho de atraer la
inversión de empresas transnacionales, conjuntamente con la tecnología existente. Por
tanto, la construcción de parques tecnológicos, incubadoras de empresas o ciudades de la
ciencia, en estos casos, puede jugar un papel importante en la atracción de inversiones
extranjeras. Más adelante se avanza en detalle acerca de las características de los
diferentes niveles de desarrollo.
1.
Definiendo objetivos
Se debe tener
en cuenta que ésta es la situación dominante en la región, pero no quiere decir que no
se pueda avanzar rápidamente en el desarrollo tecnológico. Como hemos visto, el ejemplo
de los llamados países de reciente industrialización es revelador de una voluntad de
querer superar esta situación.
El caso de
España es muy importante en este sentido. Este país ante al reto de enfrentarse a una
competencia feroz de sus vecinos a partir de 1992, cuando entraba en funcionamiento la
Comunidad Económica Europea se vio obligado a desarrollar una capacidad tecnológica
endógena para proteger su aparato industrial. En pocas palabras, saltó de la etapa de
desarrollo tecnológico en que se encontraba hace apenas algunos años, a una etapa donde
el fortalecimiento de su sistema científico-tecnológico ha sido condición necesaria
para competir.
De una manera
similar han actuado los países asiáticos. Esto demuestra que es posible alcanzar
rápidamente niveles de desarrollo tecnológico, si se tiene claro los objetivos que se
persiguen. Examinemos los dos principales:
En algunos
casos (y tal vez ea el de la mayoría de los países latinoamericanos) el objetivo que se
persigue es el de la reindustrialización; es decir, la creación de nuevos empleos en
nuevas industrias que reemplacen a los antiguos empleos de antiguas industrias en
decadencia. En algunos países de la región, se trata de empleos en sectores agrícolas o
mineros básicos como resultado del desplazamiento de la población rural a las ciudades
por el aumento de la productividad en el campo o en las minas. En otros países, también
se trata de la sustitución de antiguas industrias básicas, extractivas y de manufactura,
que han sido el resultado de antiguas formas de industrialización, de los ciclos
económicos anteriores. Más adelante examinaremos las etapas de desarrollo que les toca
seguir a los países que intentan su industrialización.
El otro de
los objetivos que se persigue, tal vez en menor grado en la región, es el desarrollo
local, entendido como el desarrollo de una localidad específica de un país determinado.
Esto es, que producto de la situación de desplazamiento de establecimientos industriales
de un área a otra se han creado diferencias regionales importantes que pueden ser
resueltas mediante la utilización del expediente de la instalación de los parques o
conglomerados tecnológicos. Esto significa llevar el crecimiento de estas nuevas
industrias desde la región central hacia aquellas menos desarrolladas.
Lo importante
de estos objetivos es lo que se persigue en última instancia: la creación de sinergias y
de un medio innovador en las sociedades que impulsan estos procesos. Por supuesto que
hablar de sinergia no es fácil en el medio latinoamericano, pero asumamos que la mejor
forma de considerarla es como la generación de nueva información de alto valor a través
de la interacción humana. La sinergia en sí se puede convertir en objetivo, pero lo que
se pretende es crear las condiciones para que una economía determinada entre en un
constante ciclo innovador.
El asunto es
complejo. Sin embargo, es importante comprenderlo, ya que de ello depende el éxito de las
iniciativas que se pueden emprender. El papel innovador de una sociedad va a depender de
múltiples factores y su existencia histórica concreta de diferentes condiciones. Pero lo
que se quiere poner de relieve es la búsqueda de la construcción de un ambiente
innovador, por lo menos capaz de mejorar las condiciones de la producción de bienes y
servicios en una región o país determinado.
2.
Aprendiendo de las lecciones
Del examen de
las lecciones de los países industrializados y de la iniciativas de la región, se pueden
sacar algunos aprendizajes. Estas lecciones, también, son válidas para el diseño de
cualquier política en esta materia. Es aprender de la experiencia ajena. Es lo que se ha
hecho en el pasado, se hace en el presente y se hará con seguridad en el futuro. Pero
también hay que aprender de cómo se ha aprendido. En muchos casos se ha copiado la forma
y no lo esencial de los procesos. Se han reproducido más bien caricaturas de los procesos
de otras latitudes. De igual manera puede suceder con esta modalidad innovadora de
industrialización.
Al iniciar un
programa de creación de conglomerados de empresas de base tecnológica, el primer aspecto
esencial a tomar en cuenta es, como ya se ha señalado, determinar cuál es su objetivo
básico. En este sentido, la elección de prioridades es decisiva. Debe haber una
transacción entre las prioridades nacionales y locales y entre los objetivos a corto y
largo plazo. La elecci;_endrá, por tanto, implicaciones en las estrategias del desarrollo
económico global de un país determinado.
3. Las
etapas del desarrollo
De acuerdo a la
teoría económica un país puede pasar por tres etapas de desarrollo global y a los
cuales corresponden características particulares en cuanto a las opciones a desarrollar
en los aspectos referidos a la promoción de los nuevos conglomerados industriales de
nuevo tipo. Veamos esquemáticamente cuales son estas etapas: Primera etapa: Los
países que se encuentran en una primera etapa de desarrollo, asumen una estrategia que
les permita atraer la inversión de empresas transnacionales, lo cual provoca la
importación de tecnologías existentes y maduras. Es evidente que cuando se ha llegado a
un cierto grado de desarrollo, comienza un proceso de competencia con otros países por la
fuente de inversión, razón por la cual el país debe mantenerse perceptiblemente
atractivo con respecto a la misma. En esta fase, la construcción de parques
tecnológicos, de la ciencia o incubadoras de empresas de base tecnológica, puede jugar
un papel importante en la atracción de inversiones extranjeras. Se debe hacer énfasis en
la construcción de buenas edificaciones o buenos emplazamientos para construir un entorno
atractivo; excelentes accesos por autopista y cercanos a un aeropuerto internacional;
viviendas de calidad para los directivos y, principalmente, fácil acceso a mano de obra
bien formada y motivada. Se da por descontado la existencia cercana de una universidad con
tradición de investigación. O en su defecto, la existencia de vínculos con una
institución de estas características.
Segunda
etapa: Cuando el país alcanza un nivel de desarrollo más elevado y la
industrialización resulta general, la estrategia estará orientada al desarrollo de una
capacidad que le permita mejorar la tecnología importada mediante combinación de
innovación de productos y de innovación de procesos en cascada. Los países que se
encuentran en esta etapa implementan un proceso de apoyo de mejora a la competitividad de
las industrias existentes. En lo que respecta a la promoción a los parques científicos o
tecnológicos, en esta etapa, debe hacerse énfasis en el acceso a una mano de obra con un
alto nivel de formación universitaria y el Estado debe fomentar la investigación en
áreas relacionadas con sectores objetivos de la economía nacional, como por ejemplo,
agricultura, la energía u otra área de la actividad industrial donde se tengan algunas
ventajas comparativas que puedan con seguridad convertirse en ventajas competitivas
dinámicas.
Tercera
etapa: Los países que han llegado a esta etapa, aplican estrategias diferentes. En
primer lugar, fomentan y fortalecen sus sistemas nacionales de I&D a fin de incentivar
la generación de tecnologías propias y comenzar un proceso de identificación de
tecnologías futuras que le sirven de plataforma a las nuevas concentraciones
industriales. Aquí el papel del Estado se vuelve más complejo y sutil, promoviendo la
investigación básica y sus aplicaciones en áreas prioritarias. Esto implica la
expansión y mejora de universidades ya existentes y la creación de nuevas. Quizá la
fase más difícil del proceso, sea la creación de vínculos entre los investigadores y
la industria. Este factor puede ser determinante del éxito de los parques de la ciencia o
tecnológicos y depende fundamentalmente, de la cultura académica e industrial
predominante en el país que se considere.
Las naciones
industrializadas, han tenido que pasar de una manera u otra por estas etapas, en muchos
casos durante largos períodos. Sin embargo, existen experiencias concretas, como ya se
indicó, de saltos desde la primera etapa a la tercera en apenas una generación.
4. El papel
del Estado
A partir del
análisis de la experiencia de los países que han alcanzado el éxito industrial, se
desprende que la intervención del Estado resulta decisiva. El Estado debe aportar el
entorno y la base apropiadas para el desarrollo de empresas privadas vigorosas y
competitivas. Asimismo, el estado debe fomentar la formación de personal de alto nivel
(licenciatura y hasta doctorado). Además, debe incentivar deliberadamente la I&D en
ciertos campos específicos relacionados con sectores objetivos de la economía. Para
poder hacer esto hay que desarrollar la investigación básica académica (universitaria).
Nunca es demasiado pronto para que un país comience a construir al menos un importante
centro universitario dedicado a la investigación. Si lo hace en los primeros niveles de
desarrollo industrial, mejor; las tradiciones de buena investigación no se construyen de
un día para otro, esta tarea puede llevar varias décadas y debe estar preparada para el
momento que el país necesite desarrollar su potencial innovador. Como vimos más arriba,
alcance otras etapas de desarrollo distinta a la que se encuentra.
En las
distintas etapas de desarrollo es importante la elección de las industrias fundamentales
para que actúen a manera de detonante. Ello también tiene que ver con la elección de la
tecnología; más concretamente con el énfasis que se haga en I&D a nivel local. El
criterio más recomendable es el de escoger aquella área en la cual un determinado país
posee ventajas comparativas. Estas ventajas se pueden y deben convertir, por supuesto, en
ventajas competitivas dinámicas. En el caso de los países industrializados, que se han
analizado (en particular, Estados Unidos, Reino Unido y Francia), la demanda del sector
militar actuó como detonante del desarrollo del nuevo tipo de empresa. Esto fue así
hasta el punto de llegar a modificar, en el caso americano, el mapa industrial.
Los países de
la región poseen muy variados detonantes. Se puede mencionar a manera de ilustración: la
extensa zona amazónica, común a nueve países sudamericanos. Esta zona dispone de un
acervo de recursos y posibilidades que en si misma es suficiente para desarrollar
múltiples posibilidades industriales de nuevo tipo. Entre ellas la biotecnología o la
farmacología molecular, se pueden indicar sólo a título de ejemplo. De igual manera,
cada país en concreto sabe cuales son sus potencialidades y en tal sentido puede, debe y
tiene que actuar.
El último
aspecto a considerar es la cuestión del tiempo. Ya en las lecciones de los países
industrializados, se ha señalado la importancia de la perspectiva a largo plazo. La
construcción de conglomerados de empresas de base tecnológica no es una política cuyos
resultados se puedan medir tras un corto lapso. Si se alcanza el éxito será algo que
habrá que medir después de varias décadas. Se necesita un compromiso a largo plazo por
parte de los gobiernos. Esta acción debe ser considerada de la misma forma que lo son
otros elementos de una estrategia de desarrollo como la educación y la investigación
científica con las cuales está íntimamente ligadas. Esto debe ser comprendido tanto por
el sector público como por el sector privado.
Debe quedar
también claro que no se considera al Estado como una entidad monolítica. De ninguna
manera lo es. Dentro de esta denominación se encuentran diferentes niveles que pueden
comportarse de forma diferente. Esto debe ser considerado en el momento de establecer una
política que pretenda estimular la creación de parques industriales de este tipo. Por
ello debe tomarse en consideración las distintas instancias del Estado incluyendo en
ellas a las universidades y a los institutos de investigación.
VI.
Acciones para Latinoamérica
Se han
señalado ya cuáles son las condiciones necesarias para disponer de una capacidad
empresarial innovadora. En este sentido, se ha insistido en la necesidad de disponer de
tres factores fundamentales:
La materia
prima necesaria: la información; es decir, conocimiento sistematizado llevado a la
producción y con posibilidades de expanderse constantemente. Ya se dijo más arriba que
el desarrollo del sistema capitalista tiene una línea común con el desarrollo de la
investigación científica y tecnológica. A más conocimiento mayor avance en el dominio
de la naturaleza y por lo tanto mayores posibilidades de aumentar la productividad de
bienes y servicios.
Un nuevo tipo
de empresario, innovador a la manera como lo señala Drucker (1985), acompañado por personal
de alto nivel, sobre todo en los campos de I&D y de las disciplinas profesionales
vinculadas al nuevo paradigma tecno-económico (la computación, la ingeniería, entre
otras); y
Capital de
riesgo para respaldar las iniciativas que muchas veces, con muy poca probabilidad tendrán
éxito. En relación a esto último se debe señalar que en promedio de cada cien ideas,
en apariencia novedosas, sólo una con seguridad podrá llegar al mercado con relativo
éxito. Y cosa importante: esto se logra en la mayoría de los casos en lapsos de ocho a
diez años.
Ahora bien, en
casi todos los países de la región la situación real es de carencia de todos estos
factores necesarios para emprender una acción decisiva de esta naturaleza.
Se sabe,
además, que para que las economías sean competitivas hace falta capital, personal y
capacidad de negociación. Por una parte el capital es escaso, basta ver el monto de la
deuda externa que acumularon los países latinoamericanos. Por otra parte, el personal
calificado de alto nivel es también escaso y con tendencia a moverse hacia fuentes de
mayor remuneración, de mejores condiciones de trabajo y de valoración social de sus
actividades, en particular hacia los países industrializados. Por último, la capacidad
de negociación ha sido a lo largo de la historia regional limitada; pero es esto lo que
se puede en realidad desarrollar más rápidamente.
Estas
consideraciones resumen, en forma por demás esquemática, el ambiente y las condiciones,
en apariencia no favorables para el diseño de una política hacia el fortalecimiento del
parque industrial, a través de la figura de la empresa de base tecnológica. Sin embargo,
es posible avanzar en esta dirección si se comprende cuál es el proceso, cuáles los
detonantes y cuáles son las decisiones que se deben tomar. Además, de identificar los
actores adecuados que tendrán roles importantes en elproceso. Se intentará a
continuación, entonces, avanzar algunas propuestas que son sólo indicaciones generales
sobre las políticas a seguir por los países de la región.
1. Resumen
de las políticas a aplicar
- Se debe
poseer una estrategia de desarrollo clara. Esto quiere decir que cada uno de los países
debe evaluar cuál es su situación y en qué nivel de desarrollo se encuentra y a partir
del resultado obtenido en la evaluación construir una estrategia de desarrollo a largo
plazo. A cada nivel de desarrollo corresponde una acción determinada. Se pueden saltar
las etapas, pero en cada una de ellas se deben usar los instrumentos adecuados. Esto
parece en principio sencillo, pero en realidad no es fácil de abordar. Sobre todo por el
cúmulo de ideas y preconcepciones que se tienen en torno al desarrollo económico, en
general, o industrial, en particular. La ideologización del tema es abundante y las
posiciones son en extremo maniqueas. Se debe, por tanto, hacer un esfuerzo por colocar la
discusión en su justo término y en este sentido el camino más seguro es el de
identificar cuáles son las ventajas comparativas que se poseen.
- Se debe
invertir en las ventajas comparativas; cada país las posee y sobre ellas debe centrar sus
esfuerzos en la creación del parque industrial. Al principio importando la tecnología
necesaria, para desarrollar una infraestructura industrial que permita aprender cómo se
hace para luego obtener un cierto grado de competencia propia. Ello se logra a través de
la capacitación y calificación de la fuerza de trabajo. No se puede olvidar que la
fuerza motriz de las empresas del nuevo paradigma es el conocimiento y este se encuentra
en las personas. Las personas son las que conforman en definitiva el ambiente innovador,
con el cual se genera la sinergia necesaria de las etapas superiores del desarrollo de las
capacidades industriales en una localidad o país determinado.
- Para ello es
necesario poseer una visión a largo plazo. Se ha insistido que los programas de
conglomerados de empresas de base tecnológica (bien sean parques o incubadoras) son
emprendimientos de largo alcance. Por tanto, la planificación de estas iniciativas debe
considerar muy seriamente esta condición. No se pueden esperar resultados a corto plazo,
sería un error de partida pensar en ello con visión de corto alcance. Ello conlleva a la
necesidad de evaluar correctamente de dónde pueden surgir las innovaciones.
- Hay que
identificar de dónde viene la innovación, para lo cual resulta decisiva la existencia de
una relación investigación-industria, en ambos sentidos. Las universidades son claves en
este proceso, pero no siempre. Ya se dijo que las universidades son buenos aceleradores
del proceso, pero sólo cuando se trata del tipo adecuado de institución universitaria;
es decir, aquélla donde se ha desarrollado la investigación de excelencia. Las
universidades pueden desempeñar su papel innovador si continúan siendo instituciones
fundamentalmente autónomas, fijando sus propios intereses de investigación y
estableciendo sus propios criterios de calidad científica. Los servicios a ultranza y la
dependencia de fuentes de financiación externa hacen en extremo vulnerables a estas
instituciones y a la larga minan la calidad de sus conocimientos y saberes. Por su parte,
la industria es el locus por excelencia de la tecnología y por lo tanto actúa como
demandante del conocimiento necesario para la resolución de sus problemas. Un
empresariado que considere que la ciencia y la tecnología se pueden convertir en capital,
es el actor principal de los conglomerados de empresas de base tecnológica. En su
defecto, algunos investigadores pueden y deben convertirse en empresarios como efecto de
demostración. La creación de unidades de transferencia de resultados de investigación,
creadas en las universidaes, puede ser un mecanismo idóneo en las primeras etapas de
desarrollo de los programas de empresas de base tecnológica. Pero para que esto sea
posible es importante poder comunicarse; es decir, recibir y trasmitir información.
- En tal
sentido, se necesita construir las redes de información desde el principio, cuando se
toma la decisión de crear el conglomerado de empresas de nuevo tipo. La información es
la materia prima más importante y debe haber adecuados caminos para que ella pueda fluir.
Al respecto, no hay modelo a seguir. Deben tomarse en cuenta las condiciones culturales de
cada país o región. La forma más efectiva de transmisión de la información puede
variar de un país a otro y los medios a utilizar variarán, en consecuencia, de caso a
caso. No se debe perder de vista que lo buscado es la construcción de un ambiente
sinérgico en una sociedad particular.
- En los
países de poco desarrollo y gran concentración de recursos (materiales y humanos) en sus
zonas metropolitanas, las estrategias de descentralización a corta distancia pueden
facilitar el proceso. Por ejemplo, la construcción de parques tecnológicos o incubadoras
de empresas en la periferia de la capital, donde casi siempre se concentran la mayoría de
las condiciones para su desarrollo, pueden ser más efectivos que la de desarrollarlos
lejos de las condiciones necesarias para estas actividades. Si por el contrario, se opta
por una estrategia de larga distancia en el territorio nacional es necesario ser mucho
más selectivo, concentrándose en una o dos áreas objetivo que puedan ofrecer las
mejores perspectivas en términos de instalaciones; como son: la existencia de
universidades con tradición de investigación, capacidad empresarial, tradición
industrial y un cierto liderazgo político. Sin embargo, una política de dispersión
tiene el riesgo de no conseguir el impulso buscado. Para ello hay que encontrar alicientes
de carácter nacional.
- Como se ha
señalado, en las experiencias de larga data en los países industrializados, los impulsos
al nuevo tipo de empresa vinieron, en lo fundamental, del sector militar. La defensa
nacional, o la competencia espacial en unos casos, ha jugado un papel muy importante en el
desarrollo de muchas innovaciones en el pasado reciente. No obstante, no se puede
pretender que este se convierta en el aliciente en los países de la región. Al menos no
es un caso generalizable, aunque este factor juegue un papel importante en algún país en
concreto. Los alicientes pueden provenir del interés nacional en cada caso. Así, los
países que participan en el mercado mundial suministrando energía (fósil, como el
petróleo) y cuyas economías se basan en esta capacidad deben desarrollar sus capacidades
industriales, por ejemplo, en dos vertientes: una, aguas abajo en términos del desarrollo
industrial pasando a la petroquímica y a la industria química orgánica; y dos, en el
desarrollo de capacidades en el campo de las energías alternas, desarrollando actividades
de I&D, con el fin de mantenerse competitivos. Esto es sólo un ejemplo de las
posibilidades que tienen algunos países de la región; con igual lógica se puede
afrontar la situación de otras naciones. Esta política puede permitir el desarrollo de
nuevos nichos en el mercado concentrándose en las verdaderas capacidades disponibles en
el país determinado. Sin embargo, esto último exige un examen detenido de las
potencialidades disponibles tanto en el plano material como intelectual.
- Se necesita
mucho tiempo para que un conglomerado de empresas de base tecnológica alcance un relativo
éxito. Se alude a períodos mucho más largos de los que se está acostumbrado a
considerar tanto en el plano empresarial como en el político. Hay que proceder con estos
proyectos como cuando se cuida a un recién nacido en estado delicado. Por ello el
término incubadora no es del todo desacertado. Señala el cuidado ue por un largo lapso
hay que tener con este tipo de programa. Es por ello que la tentación inmobiliaria es uno
de los peligros que afrontan este tipo de desarrollo. Se debe, por tanto, preservar los
objetivos del programa a como dé lugar a lo largo de su ejecución.
- Por último,
pero no por ello menos importante, se debe evitar caer en el pesimismo ante el eventual
fracaso de un proyecto en particular. Se puede afirmar que en ellos no puede estar
presente semejante situación. Cualquiera sea el resultado siempre será mejor que la
parálisis o no tener nada. Este tipo de emprendimiento siempre deja un fruto, tanto en lo
material (unas instalaciones o unas empresas que sí prosperaron) como en lo intelectual
(una capacidad fortalecida de pensar en problemas desde una universidad).
Finalmente, y a
manera de conclusión, la actividad de investigación se ha hecho cada día más presente
en la vida moderna. Por ello como lo señalan Callon et al. (1994) esta actividad se ha
convertido en el centro de todas las instituciones, bien sean empresas, universidades u
organismos de gobierno. Ya no sólo se investiga para conocer lo desconocido y obtener
conocimientos certificados. Se investiga, además, para resolver problemas de orden
colectivo de un país en concreto como pueden ser la salud de su población, el ambiente,
el prestigio de la nación, etc. Se hace investigación, también, para hacer competitivas
las economías nacionales, para formar cada vez más y mejor personal de alto nivel, y en
fin, para expandir el conocimientos a la población. La modalidad de empresa de base
tecnológica es, entonces, una expresión más de esta realidad del fin de siglo.
Agradecimientos:
El autor agradece a Lorena García, de la Comisión Latinoamericana de Ciencia y
Tecnología (COLCYT), y a Evalú Vásquez de Linares, por el apoyo recibido en la
recopilación y elaboración del material de apoyo de los casos estudiados. Asimismo,
reconoce el respaldo de Antonio Leone, del SELA, por sus orientaciones, comentarios y
observaciones.
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