Industria, tecnología y competitividad
Edición No. 48
Octubre - Diciembre 1996 |
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Las
dimensiones macroeconómicas y empresariales
de la flexibilidad productiva
Alvaro Díaz
Director Ejecutivo del Programa de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Economía de
Chile
El siguiente
artículo corresponde al capítulo I del documento «Flexibilidad productiva y nuevos
modelos de empresa», elaborado por el autor para el Taller de Expertos sobre
Modernización Productiva, Formación de Recursos Humanos y Relaciones Laborales,
efectuado en la sede del SELA, en Caracas, del 2 al 3 de setiembre de 1996.
I.
Introducción
Desde hace 15
años que el concepto de flexibilidad ha ganado preeminencia en la literatura económica,
de gestión empresarial, sociológica y en el discurso oficia de los gobiernos.1 Se señala que hay una tendencia irreversible hacia la
flexibilidad de los sistemas productivos y de las empresas, dada la creciente
incertidumbre de los mercados de bienes, de capital y de trabajo; de los nuevos desafíos
impuestos por la globalización; y de las grandes transformaciones inducidas por la
difusión acelerada de nuevas tecnologías.
Sin embargo,
desde que ocupó un lugar relevante en los estudios y debates, la flexibilidad ha sido
considerada como un concepto tan vasto como difuso, difícil de encuadrar analíticamente.
Se habla de «empresa flexible», de «trabajador flexible», de «producción flexible»,
de «relaciones laborales flexibles», de «especialización flexible», de «mercados
flexibles» e incluso «instituciones flexibles». La gama de significados es tan amplia
que induce a confusión. Si bien la comprensión intuitiva es fácil -especialmente cuando
se le opone el concepto de «rigidez»- la diversidad de sus formas y la variabilidad de
sus consecuencias, ya ha generado una ola de críticas que advierten sobre los usos
inadecuados del término.2
En todo caso,
la noción de flexibilidad suscita enfoques diferentes y no es materia de consenso. Para
los gobiernos, incrementar la flexibilidad asegura la adaptabilidad de las empresas y
permitiría obtener tasas de desocupación más reducidas, que en un contexto de mayor
rigidez. Para los empresarios, la flexibilidad es un imperativo de la competitividad. Para
los dirigentes sindicales, se trata de restringir o negociar las iniciativas de
flexibilidad -sean públicas o privadas-, dado que ella es percibida como una amenaza.
En el debate
teórico y político, se configuran dos posiciones altamente divergentes.Por un lado, se
afirma que las nuevas políticas de desarrollo deben favorecer la flexibilidad, que en su
sentido más general, se define como la capacidad de adaptarse a condiciones cambiantes.
Sin embargo, la
tendencia hacia la flexibilidad es frenada por la inercia y rigidez de las instituciones
construidas en el contexto de economías cerradas, dominadas por paradigma producción
masiva y rígida, así como de Estados con alto grado de intervención económico-social.
Este pesado
lastre frena la capacidad de respuesta competitiva de las empresas y la adaptación del
sistema productivo. De persistir esta rigidez institucional, habría una reducción de la
capacidad competitiva de una nación y por tanto una disminución del bienestar de la
población. Se requiere por tanto de reformas generales orientadas a la desregulación de
los mercados y de políticas que incentiven la flexibilidad de las empresas para competir
más eficazmente.
Por otro lado y
en contraste con el enfoque anterior, se afirma que flexibilidad es sinónimo de ruptura
de compromisos sociales en pos de un paradigma competitivo orientado sólo a favorecer la
movilidad del capital y someter más al trabajo. Ello genera tendencias hacia la
desestructuración de las PYMEs -especialmente aquéllas que se ubican en ramas
productivas y/o regiones no competitivas mundialmente-, así como tendencias a la
precarización del empleo y del trabajo.3
En este
sentido, la demanda de flexibilización de las relaciones laborales es más bien una
demanda de uso flexible y sin restricciones legales de la fuerza de trabajo, que
expandiría el empleo a tiempo parcial, temporal y subcontratado, disminuyendo la
importancia del empleo estable y protegido por la legislación laboral. Por ello es que la
tendencia hacia la flexibilidad aumentaría la vulnerabilidad de las capas sociales más
pobres del país y aumentaría la polarización social ya presente en toda Latinoamérica.
Estos dos
enfoques no se sustentan sólo en posiciones teóricas y políticas divergentes. Para
ciertos actores y agentes, la flexibilidad es un fenómeno virtuoso, un ingrediente más
de un set positivo que incluye competitividad y tecnología.
Para
otros,flexibilidad es un fenómeno perverso, un sinónimo de precarización social, que
sólo puede generar resistencias, sospechas e incluso angustia.
En definitiva,
estos discursos reflejan dos percepciones sociales que destacan los lados brillantes y
oscuros de un mismo proceso que se despliega aceleradamente por toda la región.
Ciertamente,
hay intentos por conciliar flexibilización productiva con bienestar social. La forma
"ideal" es la flexibilización mediante nuevas tecnologías y nuevos sistemas de
organización del trabajo, con mano de obra estable y polivalente. Pero cuando, la
flexibilización se asocia con ajuste estructural y des-regulación, es difícil obtener
un círculo más virtuoso.
Considerando
las políticas públicas que afectan directa o indirectamente a la flexibilidad, hasta
ahora pueden identificarse 3 modelos, que no son necesariamente excluyentes entre sí:
a. Primero,
políticas orientadas a favorecer aumentos de la flexibilidad productiva y laboral,
mediante reformas que desmantelan sistemas de contratación considerados
"rígidos" , desmantelamiento de regulaciones para aumentar la flexibilidad de
operación de las empresas y reducción de subsidios. Estas políticas fueron
implementadas tempranamente en Chile hace 15 años y desde hace 5 años en países como
Argentina y México. La consecuencia es que muchas empresas se liberarán de
"lastre" y aumentarán los despidos. En este contexto, se trata de compensar los
impactos negativos mediante políticas sociales focalizadas. En un contexto de políticas
de ajuste estructural, este escenario es predominante. La desregulación se asocia con
flexibidad. A nivel de empresa la flexibilización se asocia con la racionalización, es
decir, con reducción de personal y ajuste de costos en las empresas.
b. Segundo,
políticas que buscan generar incentivos para favorecer procesos de flexibilización,
aunque negociada entre empresas y sindicatos. Esta es una posibilidad real en grandes
empresas y en el sector público, siempre y cuando haya una presencia consolidada de
sindicatos con alta capacidad de negociación. Es también posible a nivel de ramas,
cuando hay sindicatos que disponen de alto poder de negociación (p.e. Brasil y Uruguay).
c. Tercero,
políticas orientadas a incentivar procesos de aumento de productividad, mediante
incorporación de nuevas tecnologías, (automatización e informatización) que
incrementarán los grados de flexibilidad de la empresa, basada en núcleo
"duro" y polivalente de mano de obra estable. Este tipo de situaciones se
presentan después de los ajustes estructurales y en el contexto de crecimiento
económico. La flexibidad se asocia a un nuevo tipo de «industrial policy» o políticas
de desarrollo productivo, basado en la innovación y desarrollo tecnológico.
II.
Dimensiones de la flexibilidad
La flexibilidad
presenta varias y diversas dimensiones. Una propuesta de lectura analítica, que considera
diversos aportes (Atkinson, 1986; Boyer, 1987; Coriat, 1988; Lagos, 1994) identifica dos
grandes tipos de flexibilidades. Una de tipo macroeconómica y que se refiere a la
capacidad y tipo de adaptación del sistema productivo a condiciones cambianes,
determinadas por la crisis de los modelos de acumulación anteriores, la globalización y
la revolución tecnológica. Otra de tipo empresarial, y que se refiere a la capacidad de
adaptación de la empresa a las condiciones cambiantes de su entorno económico.
1.
Flexibilidad «macro»
La flexibilidad
«macro» se refiere a la adaptabilidad sistémica de una economía a cambios en su
entorno competitivo (ciclos económicos, cambio tecnológico, globalización). Una de sus
condicionantes es el grado de desarrollo de los mercados de capital y del trabajo.
Mientras más profundos y múltiples sean éstos, más desarrollada será la división del
trabajo y mayor será la flexibilidad «macro».
Otra
condicionante es el grado de desarrollo y tipo de instituciones económicas, que
considera: regulaciones de mercados, convenciones sociales, la capacidad de acción del
sector público, así como la adaptabilidad del sector privado. Como se encargan de
destacar las corrientes institucionalistas y regulacionistas de la teoría económica
(Williamson, 1984; Boyer, 1987), ningún mercado es estrictamente «libre» ni es
gobernado sólo por la «mano invisible». Todos están regidos por convenciones sociales,
regulaciones públicas y empresas (grupos económicos, empresas monopólicas, etcétera)
con capacidad de incidir en la dinámica de los mercados. Esto es más relevante aún en
los casos de los mercados de bienes públicos o no-rivales, el mercado de capitales y los
mercado de trabajo.4
Interesa
destacar el caso de los mercados de trabajo y, particularmente, la así llamada
flexibilidad de los mercados de trabajo (FMT), entendida como la capacidad de éstos de
adaptarse a las variaciones del ciclo económico y al cambio tecnológico (OIT). Esta
definición sintética permite destacar sus diversas expresiones: por un lado la
flexibilidad de salarios y de volumen de empleo, que constituyen ejes centrales del debate
sobre regulaciones de los mercados de trabajo. Por otro lado, la movilidad ocupacional y
la movilidad geográfica, que suscitan debates menos intensos en política laboral, pero
igualmente relevantes.
a.
Flexibilidad salarial, entendida como el grado de sensibilidad de los salarios
nominales y de los costos no-salariales a las variaciones de las condiciones económicas
generales y el desempeño de las diferentes empresas (Lagos, 1994). En torno a esta
dimensión existe un largo debate: los partidarios de esta forma de flexibilidad señalan
que los altos niveles de desempleo están determinados por la rigidez a la baja de los
salarios nominales y de los elevados costos no-salariales (Sachs, 1988; Sarfati y Kobrin,
1988).
Entre los
obstáculos citados para reducir el desempleo figuran la indexación de los salarios, los
salarios mínimos, las prestaciones de desempleo y el pago de prestaciones sociales
asociadas al salario.
Estos
argumentos han sido cuestionados (Lagos, 1994). No existe evidencia conclusiva de que la
flexibilidad salarial reduzca el desempleo (Boyer, 1988), dado el carácter segmentado de
los mercados de trabajo. La evidencia con respecto a los seguros de desempleo tampoco es
conclusiva dada la heterogeneidad de sistemas con impactos muy disímiles (p.e. España
versus Austria).
b.
Flexibilidad de volumen de empleo, entendida como el grado de sensibilidad del volumen
de empleo a las variaciones de las condiciones económicas generales y el desempeño de
las diferentes empresas. En torno a esta dimensión también existe un largo debate. Se
afirma que las reglamentaciones destinadas a proteger el empleo son demasiado restrictivas
e impiden adaptar la dotación de recursos humanos de las empresas a las condiciones de
mercado. El caso más citado es el sector público, donde suele existir -particularmente
en la burocraca baja y media- una estabilidad laboral garantizada por ley.
Entre los
mecanismos de protección al empleo más criticados figuran los contratos de larga
duración, las reglamentaciones que norman el despido (preavisos, montos de la
indemnización, supremacía del derecho de antigüedad, monto de las cotizaciones para
seguros de cesantía), así como las restricciones a contratos a plazo fijo, jornada
parcial y trabajo temporal.
En torno a este
tema también existe un considerable debate (Lagos, 1994). Se señala que las regulaciones
existentes en países europeos son más flexibles (p.e. países nórdicos y Austria) y que
se exagera la flexibilidad existente en Estados Unidos, dado que los despidos son muy
onerosos (un debate similar se está desarrollando en Chile). Más aún, se señala que
una desreglamentación de las condiciones de despidos, no aumenta necesariamente el
volumen de empleo medido en horas, sino que abriría paso a empleo a tiempo parcial y
temporal, provocando una caída en la calidad del empleo.
c. Movilidad
ocupacional, entendida como el grado de adaptación del mercado de trabajo a las
variaciones en la estructura de la demanda de empleo. Se supone que un aumento en los
niveles educacionales y un incremento de la capacitación continua de los trabajadores,
aumentará este tipo de FMT.
Sin embargo,
los mercados de trabajo se caracterizan por su elevado grado de segmentación. Las
barreras a la entrada a los mercados profesionales suelen elevarse por coaliciones de
intereses corporativos. A pesar de los avances logrados en las últimas décadas, las
diferenciaciones de género y de raza constituyen importantes factores que limitan la
movilidad ocupacional. Y, a pesar de que las migraciones interregionales de mano de obra
se han incrementado (especialmente hacia los EE.UU. pero también en América del Sur) las
barreras nacionales constituyen otra limitante.
d. Movilidad
geográfica, entendida como el grado de adaptación de los mercados de trabajo a los
cambios en la estructura espacial de la economía. La movilidad geográfica de capitales
es siempre más rápida y suele preceder a la movilidad del trabajo (Sassen, 1988). Una de
las características de la región latinoamericana, es que mantiene un elevado dinamismo
migratorio que ya no es campo-ciudad como en los años cincuenta y sesenta, sino de tipo
inter-regional e internacional: las migraciones del centro y sur de México hacia el norte
y hacia EE.UU, así como las migraciones del sureste al noroeste de Brasil, constituyen
una importante evidencia.
La movilidad
geográfica es una dimensión de la FMT particularmente sensible: la reconversión
productiva y laboral es más difícil en regiones apartadas que en grandes ciudades, que
tienen una estructura productiva más compleja y están más conectadas con mercados
internacionales. Cuando hay reestructuración en regiones periféricas, los capitales
suelen licuificarse y desplazarse rápidamente, mientras que la movilidad laboral es más
difícil y tardía.
Un tema central
de la FMT, es la expansión del empleo informal en América Latina y el rezago
institucional que se arrastra. En efecto, la evidencia entregada por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) es que el sector informal urbano (SIU) y el empleo de la
microempresa han tendido a crecer en casi todos los países. Ello se asocia con la
expansión del empleo precario, entendido como empleo poco estable, que se enfrenta
condiciones muy asimétricas de contrato y donde el ingreso variable es una proporción
elevada del ingreso total.
Esta
experiencia evidencia las dimensiones perversas de la flexibilización de los mercados de
trabajo, que tienden a sobrepasar las regulaciones legales. En este contexto es
interesante comparar los casos de Brasil y Chile.
En efecto, en
Brasil actual, hay una fuerte asimetría entre la Consitución y las leyes que protegen
formalmente los derechos de trabajadores, con los efectos de la reestructuración
industrial que flexibiliza el empleo y el trabajo. El resultado es que hay fuertes
presiones hacia un aumento del empleo asalariado informal, que escapa a disposiciones
legales mínimas.
Sin embargo, en
Chile donde las reformas neoliberales se consolidaron hace más de una década la
situación es diferente.
Durante
1984-95, el empleo informal en Chile disminuyó y aumentaron los salarios reales. Sin
embargo, ello no ha significado una reducción equivalente del empleo precario. Esto se
debe a que las reformas laborales de 1981 flexibilizaron los sistemas de contratación y
despido, dando prioridad a los contratos individuales y desincentivando el sistema de
contratos colectivos. En este contexto, la empresa podía contratar formalmente sin
confrontar las rigideces que en el pasado tenía (pre-1973). Además, el Estado chileno
dispone hasta ahora de una «influencia formalizadora» relativamente mayor a la de otros
países de la región. Sin embargo, ésta proviene mayormente de su eficacia tributaria.
En efecto, las empresas tienen mayores incentivos para operar formalmente y ello permea
sus prácticas en el ámbito laboral. A ello se agrega que desde 1990 la política laboral
del gobierno democrático ha incrementado la fiscalización y ha favorecido las
condiciones de actuación de los sindicatos. La suma de estos factores, favoreció el
crecimiento del empleo formal, sin reducir sustantivamente el uso flexible de la fuerza de
trabajo y de la relación salarial.5
2.
Flexibilidad de empresa
La flexibilidad
«micro» se refiere a la adaptabilidad sistémica de una empresa a cambios en su entorno
competitivo (ciclos económicos, cambio tecnológico, cambios en la estructura y dinámica
de los mercados). Pueden identificarse 3 tipos de flexibilidad de empresa:
a.
Flexibilidad de gestión estratégica, financiera y comercial, La flexibilidad de
gestión estratégica, financiera y comercial presenta variadas dimensiones, especialmente
después de las crisis y ajustes estructurales en América Latina, donde las empresas
tuvieron un rápido y forzado aprendizaje para aumentar la movilidad del capital, en un
contexto de mercados inciertos y a la vez lleno de nuevas oportunidades. En un período
breve de tiempo, ello determinó:
- el
desarrollo de la gestión financiera que se manifestó en la reducción de la
inversión en activos fijos y la modificación de la composición de activos totales,
haciendo aumentar la importancia de los activos financieros. Ello se explica por las
estrategias para minimizar los problemas de liquidez para así sobrevivir a la crisis
(Mizala, 1992).6
- el
desarrollo de la gestión comercial también ganó importancia, dado que las empresas
externalizaron procesos vía importaciones, proveedores locales y subcontratistas (Díaz,
1995a). Asimismo, las firmas aprenden a desarrollar una estrategia competitiva que
consiste en un «mix» de producción orientada al mercado interno, exportaciones e
importaciones que se realizan en forma simultánea y en magnitudes variables, dependiendo
de las expectativas de precios relativos.7
- La flexibilidad
de gestión estratégica, que consiste en la capacidad las empresas de modificar en
forma radical su comportamiento histórico en materias de negocios, sin pérdidas
significativas ni degeneración de sus habilidades competitivas. En una época de cambios
rápidos y profundos, esta habilidad competitiva se está difundiendo rápidamente en
Latinoamérica. Esto supone capacidad para realizar fusiones, incorporaciones, acuerdos y
joint-ventures, modificaciones de la composición de propiedad de la empresa, etcétera.
La reingenier`a constituye una expresiones de un diseño para cambios radicales.
A estas formas
de flexibilidad de gestión, se está incorporando la llamada «flexibilidad de diseño y
marketting» (Easton & Rothschild, 1987) que consiste en la adaptabilidad de productos
y procesos a mercados cambiantes. Así como el desarrollo de nuevas modalidades de
contabilidad de costos, análisis de retorno de inversiones e ingeniería financiera.
b.
Flexibilidad de gestión productiva
La flexibilidad
de gestión prductiva puede definirse como la capacidad de una empresa para variar
volumen, gama, mix, enfrentar «peaks» estacionales y también como la habilidad para
enfrentar mal funcionamiento organizacionales/tecnológicos y errores de previsión de la
demanda.
La flexibilidad
de gestión productiva es una habilidad empresarial para transitar entre diferentes
estadios de desarrollo de una empresa, sin pérdida de capacidad competitiva en materia de
costos, tiempos y calidad (Salerno, 1995). Sus dimensiones más relevantes son seis:
- Flexibilidad
de contratación externa y/o de externalización, o capacidad de la empresa de
recurrir a proveedores externos para insumos o servicios necesarios para la producción.
Esta flexibilidad no sólo está exógenamente determinada (mercados, infraestructura y
sistema regulatorio que reduce costos de transacción y facilita contratación externa),
sino que también depende de la estrategia competitiva de la empresa y de sus habilidades
competitivas.
- Flexibilidad
de volumen, o la capacidad de variar el volumen de producción de uno o más items
producidos, sin pérdida de los márgenes operacionales cuando hay retracción de demanda,
o sin costos extraordinarios significativo, cuando hay expansión de producción y/o
capacidad productiva. Esta flexibilidad será tanto mayor mientras más haya logrado
externalizar procesos, servicios y contratación de mano de obra. Un caso particular de
esta modalidad de flexibilidad es la flexibilidad para enfrentar variaciones
estacionales de la demanda y producción de bienes.
- Flexibilidad
de gama, entendida como la capacidad de introducir y/o retirar piezas y componentes de
línea, o de introducir modificaciones en los productos/componentes existentes. Se trata
de una flexibilidad de diferenciación de producto, no basada en el marketting, sino en un
cambio efectivo en la familia o gama de productos. Frecuentemente, el tiempo de
maduración de una inversión es menor que el tiempo de vida del producto. Ello genera la
necesidad de que en un mismo establecimiento productivo, debe generarse la capacidad de
producir bienes diversos a lo largo de un horizonte de tiempo mayor que la vida individual
de cada producto. Esto genera la necesidad de una elevada integración entre proyecto,
diseño y fabricación del producto.
- Flexibilidad
de «mix», que consiste en la capacidad de alterar el mix de producción dentro de
una familia o gama determinada de productos. Esto comprende las actividades de setup o
tiempos de preparación de la producción, organización de abastecimiento de los insumos,
adecuación de los planes de mantención, así como la capacidad de relocalizar la fuerza
de trabajo en las líneas de producción.
- Flexibilidad
para enfrentar fallas del sistema productivo, que consiste en la capacidad de la
empresa para resolver problemas tales como accidentes, deterioro de equipos, variaciones
en la calidad de los insumos, escasez de recursos, etcétera. Esta flexibilidad es
decisiva cuando se trata de producciones con temporalidad crítica (p.e. perecibilidad
producción de alimentos o sistemas de producción «just in time») o que se caracterizan
por su alto grado de automatización. En este útimo caso, los sistemas de manufactura
flexible (SMF) están concebidos para posibilidades alternativas de rutina del proceso
productivo, en base a criterios de producción paralela, modular, redundante, en red o
malla de líneas.
- Flexibilidad
para enfrentar errores de previsión, que consiste en la capacidad de rectificación o
modificación de la secuencia y ritmo de producción, debido a fallas en la predicción de
las ventas o en el uso de insumos, sin que ello implique recargas excesivas en los costos
de la empresa.
Ahora bien, La
búsqueda de la flexibilidad no es un fenómeno nuevo. Lo que sí es novedoso son las
estrategias que se están utilizando en países más desarrollados y que se basan en
nuevos paradigmas de la empresa (p.e. «toyotismo», «lean production» o «producción
ligera» y «especialización flexible»). En América Latina, existe un mosaico complejo
de experiencias de flexibilización, algunas más virtuosas y otras más perversas.
c.
Flexilibidad laboral interna a la empresa
La flexibilidad
laboral interna a la empresa consiste en la capacidad de la empresa para contratar y
utilizar flexiblemente la mano de obra, en sus dimensiones numérica, salarial, funcional
y de tipo de contrato.
- Flexibilidad
numérica entendida como la capacidad que posee la empresa para adaptar el número de
trabajadores, o la cantidad de horas laborales, según sean sus exigencias (Atkinson,
1986). Ello está determinado por las fluctuaciones predecibles de la demanda y/o
producción (estacionalidad) y por las posibilidades legales de poder realizar ese tipo de
contratos laborales a plazo fijo, sin que ello implique continuidad en el empleo. Existe
consenso de que este tipo de práctica está aumentando en América Latina, formal o
informalmente. Las causas residen en la variabilidad de los mercados y las restricciones
cada vez más mayores para soportar costos fijos elevados.
- Flexibilidad
salarial, que consiste en la capacidad de la empresa para reducir el componente fijo
de las remuneraciones mediante diversas prácticas. Externalizar las prestaciones sociales
(como ya ocurre en Chile), negociar reducciones o congelamiento de salarios a cambio de
estabilidad en el empleo, incrementar el componente variable del salario por alguna medida
de productividad, o formas más virtuosas como el sistema de «salarios participativos»
que supone un programa de remuneraciones de acuerdo a los resultados de la empresa.
- Flexibilidad
funcional entendida como la capacidad de una empresa para modificar las funciones que
realizan empleados. Esto supone un sistema de contratos formales o informales más
incompletos que en el pasado, donde el contratado entrega más atribuciones al
contratante. Esta flexibilidad puede implicar una ampliación de las funciones que debe
realizar el empleado en un mismo espacio u y jornada; una rutina de rotación de tareas; o
una evolución secuencial donde el trabajador asume nuevas tareas a medida que incrementa
su calificación. También existe consenso de que esta práctica está aumentando, lo que
está determinado por los cambios en gestión, organización y tecnología de las
empresas.
- Flexibilidad
en el tipo de contratación, que considera la capacidad de externalizar, o convertir
contratos salariales en contratos comerciales. Esta práctica también está en ascenso en
la región latinoamericana y se asocia al desarrollo de los sistemas de subcontratación.
Bibliografía
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- Vease informe OCDE sobre «Labour Market
Flexibility» publicado en 1988.
- Ver la interesante colección de trabajos en el provocativo
libro «Adios a la Flexibilidad?» de Poller et alli, Colección Informes y Estudios del
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1991, Madrid, España.
- El término «empleo precario» fue acuñado en América
Latina en 1986 por Pedro Galán y se caracterizó por oposición al empleo típico, es
decir de «tiempo completo, para un solo e identificable empleador, por tiempo
indeterminado, realizado en el domicilio del empleador, generalmente protegido por la
legislación laboral y la seguridad social. Son precarios los empleos que se aparten de
alguna de dichas características». El empleo precario en Argentina, M. Novick (1986),
compiladora, CIAT-OIT. Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, Buenos Aires. Sin
embargo en países industrializados ya se hablaba en estos términos. Ver Guy Caire
(1982): Précarisation des emplois et régulation de marché du travail, Sociologie du
Travail nº 2, Parías, Francia.
- Para que el mercado de capitales funciona eficientemente
deberá ser necesariamente un mercado regulado. En efecto, la información es el corazón
de su funcionamiento y, como se sabe, ésta es un bien público. Es decir, su producción
crea externalidades, es costosa, tiene «costos hundidos» y tiene problemas de riesgo
moral y selección adversa que elevan los costos de transacción. Además, es común que
un segmento de usuarios transe sin estar adecuadamente informados. En consecuencia, los
mercados intensivos en información costosa serán necesariamente de competencia
imperfecta; esto implica que los equilibrios de mercado de capitales no pueden ser pareto
eficientes.
- En efecto, la institucionalidad existente en Chile no
protege a los trabajadores -especialmente mujeres, jóvenes y mayores de 50 a os- contra
ciclos recesivos, reconversiones productivas y racionalizaciones con sus secuelas de
desempleo, aunque sea temporal. Tampoco asegura mayores derechos frente a una gestión
autoritaria, que persiste en la mayoría de las empresas chilenas y que para muchos se ha
traducido en aumentos de la intensidad del trabajo, e incluso una elevación de la tasa de
accidentes de trabajo. Sólo una proporción minoritaria -aunque significativa- ha logrado
un empleo estable y bien remunerado. Se trata de trabajadores calificados, técnicos y
profesionales que operan en mercados más regulados que el resto. Pero ello sólo
evidencia una alto grado de heterogeneidad y polarización social. Por ello es que a pesar
del crecimiento, no existe una tendencia automática a una difusión social de la
estabilidad del empleo. Más allá de las oportunidades que ofrece la profundización de
la internacionalización de la economía, no es menos ciero que ella genera nuevas olas de
reestructuración, que desorganizarán y precarizarán el empleo y el trabajo. Esto ya
está ocurriendo en el Chile de los noventa. A pesar de que la economía crece, varias
regiones y ramas de la economía entraron en reconversión. Hacia el futuro otras le
seguirán. Estos podría generar nuevas tendencias hacia la informalización del empleo y
el trabajo.
- Ver Mizala, Alejandra: «Reformas Económicas e industria
manufacturera chilena», pgs. 153-200, Colección Estudios Cieplán n 35, septiembre 1992,
Santiago-Chile. La cita está en pg 189.
- Las firmas consideran el mercado interno como un «ancla» a
ser copada vía producción o importaciones. Pero es el dinamismo exportador el que les
brinda nuevos horizontes, expectativas de crecimiento y posibilidades de éxito en su
reconversión. En síntesis, la participación en mercados internos es una clave para
competir en mercados externos.
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