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El siguiente
artículo forma parte de un trabajo más amplio del doctor Quijano denominado El tema de la especialización industrial puede observarse desde la perspectiva de los resultados en el comercio internacional. Los indicadores más usados son los saldos comerciales y las ventajas comparativas reveladas, como aproximaciones acerca de las ramas industriales en las cuales un país arroja mejores resultados y, por lo tanto, puede suponerse que se ha especializado. Una aproximación semejante consiste en observar los resultados en el comercio internacional a partir de la intensidad tecnológica de las exportaciones y las importaciones. Pavit (1984), en un trabajo clásico, clasificó a la industria en cuatro grandes agrupamientos, que han servido, posteriormente, para observar el desempeño del comercio de manufacturas de varios países desarrollados. La clasificación de Pavit comprende: La especialización industrial es un tema estrechamente ligado a la liberalización del comercio, a los procesos de integración y al avance industrial simultáneo entre dos o más países que incrementan paulatinamente su comercio. Sin duda, el principal efecto de la especialización -tal como se menciona en los análisis recientes- es que las empresas industriales alcanzan la escala adecuada, operan con costos decrecientes, se aproximan al umbral para invertir en IyD y mejoran, por lo tanto, su posición competitiva. Además, la especialización permite concentrar esfuerzos con lo cual es posible aspirar a los mejores resultados en cuanto a calidad, respuesta rápida ante demandas cambiantes, entregas a tiempo y demás. En las últimas décadas, sobre todo a partir de la experiencia de la integración económica europea, comenzó a ser evidente que la especialización interindustrial, daba paso a la especialización intraindustria (CII), es decir la exportación e importación simultánea de mercancías que corresponden a una misma o similar actividad industrial.1 Esta realidad, que ha modificado la teoría del comercio internacional, llevó a decir que existe una asociación causal entre el CII y la integración económica. Si bien no existe ninguna razón a priori para suponer que la liberalización comercial por si misma estimule el crecimiento del CII en oposición al comercio interindustrial, diversos autores han señalado que si entre los países en proceso d integración predomina la misma dotación de factores, similar estructura de demanda y semejante ingreso per cápita, (es decir, si son homogéneos) estarán dadas las condiciones para que prevalezca el CII. El telón de fondo de esta reflexión es, sin duda, la integración entre dos o más países industrializados. El caso de la integración, desde este enfoque, puede considerarse como una variante de la liberalización comercial. Bhagwati (1990) ha señalado que el comercio intra-industrial «ha reducido indudablemente, las resistencias y costos políticos de la liberalización del comercio y ha facilitado, en consecuencia, el proceso de reducción tarifaria en el período de posguerra. Si las industrias debiesen contraer su nivel de actividad cuando las tarifas se reducen, cabría esperar una resistencia a la liberalización; sin embargo, si el resultado es una mayor especialización dentro de las industrias, de forma tal que ellas ceden la fabricación de algunos productos pero incrementan otros en la misma clase, la resistencia a la liberalización debería ser menor». «Las evidencias confirman que los efectos de la liberalización comercial de la posguerra y el crecimiento del ingreso en los países industrializados resultó, en verdad, en un incremento de la especialización intraindustrial más que en una especialización interindustrial.... El crecimiento del comercio intraindustrial redujo los costos políticos de las rebajas arancelarias, facilitando el progreso en esta dirección y contribuyendo a una participación creciente del comercio en el ingreso nacional, y de allí al crecimiento del ingreso». Corresponde indagar, sin embargo, si esto, que ha sido característica de la integración europea, se reproduce en otros procesos de integración. Por consiguiente, vale preguntarse cuáles son las distintas características que puede asumir la especialización productiva como consecuencia de la liberalización del comercio. Una primera posibilidad, siguiendo el modelo económico tradicional es que la especialización conduzca a que se reasignen los factores (capital y trabajo) entre las distintas ramas industriales, provocando la especialización en aquellas actividades en las cuales el país presenta mayores ventajas comparativas. Es muy probable que, en este caso, tienda a predominar entonces una especialización de tipo interindustrial. En este caso, sin duda, el costo económico y social de la especialización puede ser relativamente elevado. Una segunda posibilidad consiste en que predomine la especialización de tipo intraindustrial, según la cual en todas las ramas industriales se mantienen ciertas líneas de producción y se abandonan otras de forma que la mayor eficiencia proviene de las economías de escala que alcanzan las plantas especializadas. En este caso el costo de la especialización será probablemente menor y, por cierto, más fácil de procesar para la sociedad en su conjunto. Que predomine una y otra forma de especialización, así como el costo asociado a la misma, dependerá en definitiva de diversos factores y, entre ellos, de manera muy fundamental, de cuan homogénea sea la industria del país en cuestión. Es decir, si los factores de producción que se liberan por las actividades que se abandonan pueden ser fácilmente absorbidos por las actividades en expansión. Por lo tanto, cuanto más homogénea sea la industria (en cuanto a incorporación de tecnología, capacitación de su mano de obra y de sus cuadros técnicos, etc.) puede presumirse que más posibilidades existen de que la especialización sea intraindustrial y los costos sean relativamente reducidos. Por el contrario, cuanto más heterogénea sea la industria, es probable que predomine una especialización de tipo interindustrial y de costos más elevados. En la práctica es probable que a partir de un proceso de apertura se presenten ambas formas de especialización, aunque una de ellas tienda a ser predominante. En el presente, los procesos industriales no sólo deben orientarse a la especialización sino que, además, ésta debe incorporar un alto grado de flexibilidad. Bajo la denominación de «especialización flexible» se quiere decir lo siguiente: ¿Cuáles son las condiciones macro y micro de la «especialización flexible»? a. A nivel macro el desarrollo industrial de nuevo tipo, debe operar en condiciones favorables. Por lo tanto, se requiere un contexto macroeconómico estable que posibilite precios no distorsionados, una política de competencia que impida la creación de alteraciones (monopolios, prácticas desleales de comercio, producción industrial informal, etc.), y una política cambiaria y comercial que no obstaculice la exportación y que evite «una desastrosa competencia importadora» (Esser, et al. 1994) que conduzca a una balanza comercial muy deficitaria. Ahora bien, esta es una condición necesaria pero no suficiente. A nivel macro, además, es preciso un sistema de incentivos orientados a la competitividad que obligue a las empresas a asumir procesos de aprendizaje y a incrementar su eficiencia. b. Lo que se exige hoy a una empresa industrial para alcanzar competitividad en el mercado internacional es mucho más riguroso que en el pasado. Así, entonces, desde el punto de vista micro la empresa debe estar en condiciones de: Flexibilizar: el producto (cambiar, fácilmente, hacia otro producto); el volumen (aumentar o disminuir la cantidad producida sin perder eficiencia); la maquinaria (variar la secuencia de las operaciones); el proceso (producir bienes de la misma familia por diferentes vías y con uso de diferentes materiales). Innovar: mejorar los productos que están en el mercado; aumentar regularmente el número de productos que se lanzan al mercado; adaptarse rápidamente a las exigencias crecientes de la clientela. Monitorear: certificar regularmente la calidad de la producción (por ejemplo, ISO 9000). Copiar: reproducir rápidamente las innovaciones de empresas líderes. El punto de partida de este enfoque es que los países con mejor desempeño son aquéllos que trabajan activamente para crear ventajas de localización y competitividad. La especialización es inevitable, en un mundo globalizado y muy especialmente para una economía pequeña que se proponga llevar adelante un proyecto de expansión de las exportaciones manufactureras, en las difíciles circunstancias internacionales de los años noventa. Un aspecto clave de la «especialización flexible» es el nuevo tipo de relación que plantea. Así, entonces, la organización de la producción combina la competencia entre las empresas con la cooperación entre empresas; el amplio diálogo social entre el sector productivo, el sector científico y el sector público; y el estímulo al sector privado con un Estado que asume un papel clave, como generador y orientador, en el proceso de industrialización dirigido hacia el mercado mundial. Por lo tanto «las empresas que quieren afrontar con éxito la competencia necesitan más bien organizarse en redes de cooperación tecnológica, integrándose en sistemas de producción e innovación estrechamente articulados y concentrados muchas veces en una misma localización, ya que éstos propician un intenso intercambio informativo y un rápido aprendizaje tecnológico». (Esser, op. Cit. 1994). En lugar de establecer empresas sin articulación entre ellas, siguiendo una estrategia de «matching through the sectors», la «especialización flexible» postula crear núcleos selectos de polos de competitividad, núcleos industriales, concebidos dentro de una estrategia de «matching within the sectors». Otro aspecto a considerar, en este terreno, es el efecto que la especialización puede tener sobre las cadenas productivas. En economías pequeñas es frecuente que el tamaño de la planta sea inferior al promedio internacional y, además, que la gama de producción sea abierta. La especialización puede contribuir a corregir esta situación. No obstate, la especialización puede conducir, también, a la interrupción de cadenas productivas, en tanto, sólo continúan ciertas actividades y cesan otras. Esta desarticulación de cadenas productivas -que puede derivar en producir el mismo o mayor volumen de bienes finales pero con menor agregado- ha sido considerada, desde una perspectiva industrial, como un efecto negativo de la especialización (véase, por ejemplo, Manuel Herrera, Ex-Secretario General de la Unión Industrial Argentina en Página 12, 18/9/94). Por su parte, en cuanto al Estado, se requiere un papel impulsor, orientador y coordinador porque resulta muy improbable que mediante procesos gobernados exclusivamente por el mercado se alcance una constante especialización interna que conduzca a producciones manufactureras nuevas y modernas capaces de formar un polo dinámico. Además, porque las posibilidades de un país en vías de desarrollo están radicadas, vistos los recursos humanos y financieros disponibles, en un número limitado de núcleos industriales, elegidos en base a un análisis del potencial industrial y tecnológico disponibles, de las tendencias actuales del mercado internacional, de las estrategias de los países competidores, y de las áreas de especialización con buenas perspectivas potenciales. Debe tenerse en cuenta que este papel activo del Estado sólo es posible si dispone de cuadros técnicos competentes, capaces de diseñar y aplicar políticas. Se trata, en conclusión, de disponer de políticas de formación activa de ventajas competitivas, núcleos industriales con potencialidad, impulsando industrias manufactureras nuevas, acortando los tiempos y los esfuerzos de aprendizaje tecnológico, alentando los programas de localización y contribuyendo a montar y financiar programas específicos de IyD dirigidos a la industria. El estímulo al proceso de especialización, a través de incentivos públicos, se justifica en tanto incrementa la escala de producción y reduce los costos unitarios, eleva las exportaciones manufactureras y contribuye a que las empresas se interrelacionen y formen núcleos industriales (en el entendido que esos núcleos industriales representan las mejores potencialidades industriales para el país). El estímulo es parte, entonces, de un programa más amplio de transformación y modernización industrial. El estímulo más frecuente a la especialización productiva suele ser el subsidio público. No obstante, en períodos de restricción presupuestaria y cuando se supone que el estímulo debe otorgarse por lapsos prolongados, es usual que se recurra a instrumentos de política comercial (por ejemplo, aranceles preferenciales) de forma que el industrial financie la especialización con la venta que se origina en el diferencial arancelario. El ejemplo argentino, que permite al industrial importar, con arancel 2 por ciento, aquéllo que dejó de producir para especializarse en otros bienes, es elocuente al respecto. Ahora bien, sobre este punto resulta necesario agregar algún comentario. Ante todo, ¿cuáles son los requisitos para que el estímulo resulte eficiente? Los más relevantes son: la selectividad; la transparencia en criterios y procedimientos para realizar la selección; la contrapartida (en incremento de empleo, aumento de exportaciones, etc.) a que se comprometeel destinatario del estímulo; la temporalidad del estímulo; los controles externos, parlamentarios o de organismos técnicos, para evitar eventuales desvíos. En ausencia de estos requisitos es muy probable y la experiencia latinoamericana así lo demuestra, que el estímulo sea un instrumento de enriquecimiento privado sin efecto económico y social a nivel general.
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