Abogado,
con estudios de postgrado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y
la Universidad de Michigan, de Estados Unidos, José Miguel Insulza asumió el cargo de
Ministro de Relaciones Exteriores de Chile el 20 de septiembre de 1994.
Ampliamente
reconocido en el ámbito universitario donde se desempeñó como profesor de Teoría
Política, Insulza fue asesor de la cancillería y Director de la Academia Diplomática de
Chile hasta 1973.
Entre 1981
y el 88 residió en México donde fue Director del Instituto de Estudios de Estados Unidos
en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), profesor de la Universidad
Nacional Autónoma de México, de la Universidad Iberoamericana y del Instituto de
Estudios Diplomáticos.
En 1990 fue
nombrado Embajador para la Cooperación Internacional. Se desempeñó como Director de
Asuntos Económicos Multilaterales de la cancillería chilena y Vicepresidente de la
Agencia de Cooperación Internacional (AGCI).
Miembro de
la Asociación Chilena de Ciencias Políticas y del Consejo Chileno de Relaciones
Internacionales, Insulza es autor de numerosas publicaciones sobre su especialidad.
El acelerado
proceso de globalización que caracteriza el período de final de siglo implica la
«unificación del espacio económico a escala planetaria», como bien señalara el
embajador Rubens Ricúpero. ¿Qué consecuencias genera la globalización en las
relaciones internacionales? ¿A qué nuevo tipo de ordenamiento mundial dará lugar?
-El proceso de
globalización del espacio económico en que estamos insertos y que domina el horizonte
proyectado para el nuevo siglo, está exigiendo una intensificación de las relaciones
internacionales en múltiples ámbitos como el político, económico, cultural y de la
cooperación científica y tecnológica.
La integración
internacional alcanzada por la vía del comercio de bienes, de servicios y por los flujos
de capital, ha estado acompañada por una creciente internacionalización de las
estrategias de producción y de comercialización de las empresas y por cambios
tecnológicos sustantivos en los transportes y en las comunicaciones. Este proceso ha sido
retroalimentado por profundas transformaciones en las políticas nacionales implementadas
con el propósito de desreglamentar y liberalizar parte importante de los mercados de
productos y de factores.
En el caso de
Chile, las políticas que pusieron el énfasis en su inserción internacional se iniciaron
a mediados de los años 70, con medidas de rebajas arancelarias, de liberalización
comercial, desregulación de mercados y privatización de empresas. En los años 90, en
que se logró fortalecer el reconocimiento político de sus principales socios comerciales
al ser elegido un gobierno democrático, los flujos de exportación han continuado con una
tendencia creciente de participación en el Producto Interno Bruto, alcanzando a un 27% en
1995. En la actualidad, se ha alcanzado una importante diversificación de los mercados
con los cuales el país comercia, distinguiéndose cuatro grandes macromercados, con los
cuales Chile mantiene elevados flujos de intercambio comercial, 25% con los países de
Europa Occidental, 25% con los países de Asia, 21% de América del Norte y 23% con los
países de América Latina.
El país ha
optado por una estrategia de «regionalismo abierto», partiendo desde América Latina,
región con la cual ha buscado estrechar sus vínculos existentes de carácter histórico
y cultural, ampliándolos a la esfera económico a través de la suscripción de nuevos
Acuerdos de Complementación Económica.
Al mismo tiempo
el país ha logrado abrirse a negociar nuevos esquemas de relacionamiento internacional
con la Unión Europea, con los países del APEC y con los países de América del Norte,
donde han estado desarrollándose negociaciones con Canadá.
El ordenamiento
mundial con sus polos hegemónicos Este-Oeste y con relaciones privilegiadas Norte-Sur que
dominó el escenario de las últimas cuatro décadas ha sido drásticamente modificado a
fines de los años 80, perfilándose como escenario de fin de siglo la consolidación de
la Unión Europea y el surgimiento de nuevos espacios económicos de relacionamiento
privilegiado tales como NAFTA, APEC y MERCOSUR entre otros.
En las
diferentes regiones geográficas, los países han buscado crear condiciones favorables
para la intensificación de sus relaciones internacionales, suscribiendo al mismo tiempo
nuevos acuerdos multilaterales como el de la Ronda Uruguay del GATT en el año 1994, que
dio origen a la OMC y que ha permitido programar una reducción consensuada de las
barreras al comercio y la introducción de un marco regulatorio en nuevas esferas del
intercambio tales como los servicios y la propiedad intelectual, instaurando al mismo
tiempo un mecanismo más robusto de solución de controversias.
¿Cuáles
son las carácterísticas y prioridades de la política exterior de Chile, particularmente
en su relacionamiento con América Latina y el Caribe y con otras zonas y países
extrarregionales?
-Chile ha
logrado complementar tres vías para desarrollar una estrategia integral de inserción
internacional. Estas vías son:
La política
comercial chilena se puede definir como la de un regionalismo abierto, que no es otra cosa
que la combinación de las vías ya señaladas. Lo que se persigue con el regionalismo
abierto es que las políticas de integración sean compatibles con la apertura a nivel
mundial y así lograr mayores niveles de eficiencia y competitividad en nuestra economía.
Un elemento fundamental de esta estrategia es el de hacer de la integración un cimiento
que favorezca una inserción internacional más abierta y transparente, en vez de
convertirse en un obstáculo a ésta.
En este
contexto, no existe para Chile una elección obligatoria y excluyente entre asociarse al
MERCOSUR, o con la Unión Europea, o negociar una adhesión al NAFTA, como tampoco la
existe respecto de estos Acuerdos regionales y los acuerdos bilaterales de libre comercio
firmados por Chile desde 1990 con México, Venezuela, Colombia y Ecuador, o los que se
están negociando con Canadá y Perú. En lugar de eso, son complementarios entre sí y
todos importantes componentes de la estrategia global de Chile de inserción
internacional.
Sin perjuicio
de lo anterior, América Latina es el ámbito natural de referencia y de acción externa
de Chile, en el que coinciden los intereses políticos y económicos. El desarrollo de
nuevas formas de cooperación y de integración física y económica con los países
vecinos está produciendo beneficios económicos directos y contribuye de manera
significativa a mejorar nuestra competitividad e inserción internacional.
América Latina
se ha convertido en una de las regiones de crecimiento más rápido del mundo. Chile está
en condiciones óptimas para hacer una contribución significativa a la generación de un
gran espacio económico no sólo en la región, sino que a nivel hemisférico. A este
respecto, nuestro país ha iniciado acciones concretas a través de: la asociación con
MERCOSUR, los acuerdos bilaterales con países de la región y una activa participación
en la gestación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), al que deberán
converger los esfuerzos integracionistas de América Latina y el Caribe.
Con el
advenimiento de la democracia, Chile se ha caracterizado por intensificar sus vínculos
con los países de América Latina y el Caribe bajo la modalidad de suscribir acuerdos de
libre comercio y/o acuerdos bilaterales, en vez de sumarse a esquemas de integración. ¿A
qué obedece esta opción y qué beneficios le reportó al país? ¿La suscripción de un
acuerdo con MERCOSUR implica un cambio de orientación en la política integracionista?
¿Qué proyecciones tendrá este acuerdo para el resto de la región?
-A partir del
primer Gobierno de la Concertación y con el consecuente desarrollo y fortalecimiento de
la inserción internacional de Chile se inicia un proceso de negociación de acuerdos de
libre comercio, particularmente en la región americana.
La suscripción
de Acuerdos de Libre Comercio de Chile, representa un instrumento más para la
implementación de su política de apertura hacia el exterior. No se opone a la eventual
asociación del país con esquemas regionales de integración, sino que deben ser
considerados como instrumentos complementarios.
América Latina
representa el ámbito de acción natural de la política exterior de Chile, sea en materia
comercial, como cultural y política. Por tanto nuestro país es miembro de ALADI y ha
concordado su asociación con el MERCOSUR. Además dentro del ámbito de ALADI y en
conformidad con su normativa ha suscrito Acuerdos de Libre Comercio con Colombia, Ecuador,
México y Venezuela encontrándose en avanzadas negociaciones, al mismo efecto con Perú.
Todos ellos países miembros de ALADI.
Lo anterior no
obsta para que Chile esté negociando acuerdos comerciales con otras agrupaciones
regionales APEC, Unión Europea y Nafta, lo cual obedece al equilibrio alcanzado por
nuestro país en sus corrientes de intercambio con todo el mundo desarrollado y América
Latina.
Además de las
razones expuestas precedentemente, el Acuerdo de Chile con MERCOSUR, es parte de su
política destinada a mejorar sus condiciones de acceso con todas las áreas con que Chile
mantiene un intercambio significativo, pero ello no supone orientar su política comercial
con exclusividad hacia una zona o área geográfica determinada.
En la Cumbre
de las Américas, celebrada en diciembre de 1994, 34 naciones acordaron establecer el
área de libre comercio de las Américas (ALCA) hacia el 2005. ¿Cuál es su evaluación
del proceso de conformación del ALCA y qué tipo de planteamientos debería impulsar
América Latina y el Caribe durante el transcurso de las negociaciones, en beneficio de
sus intereses?
-En los
informes de los 7 grupos de trabajo creados en Denver presentados a los Ministros en
Cartagenas de Indias en marzo pasado, se refleja la sólida información recopilada en las
distintas áreas temáticas, así como la labor llevada a cabo para construir bases de
datos, realizar comparaciones sistemáticas de los distintos acuerdos tanto binacionales,
regionales y multilaterales de los que forman parte los miembros y para recopilar
estadísticas y normas. Han logrado, asimismo, identificar convergencias y divergencias
asegurando así un mejor conocimiento de los regímenes de comercio y de inversión en los
países de la región. Se puede decir que la mayoría de los grupos ya han cumplido una
primera etapa de preparación para las negociaciones propiamente tales. Por su parte, los
cuatro nuevos grupos -cuyos términos de referencia se fijaron en Cartagena- están
tratando por su parte, de completar rápidamente la recopilación de antecedentes que
mostrará la realidad hemisférica en sus áreas de competencia.
Creemos que el
proceso ha llegado a un punto en que hay que tomar decisiones fundamentales de política
para poder seguir avanzando. Uno de los logros más importantes de Cartagena es, según
nuestra opinión, que se instruyó a los Viceministros de Comercio para que evalúen cuándo
y cómo empezar las negociaciones y hagan recomendaciones antes de la tercera
reunión de Belo Horizonte.
Estimamos
necesario reiterar que este tipo de integración debe ser de carácter «abierto», que
lleve a los participantes hacia el libre comercio sin aumentar la protección de los que
están fuera del mismo y debe tener siempre a la vista los compromisos contraídos en la
Organización Mundial de Comercio a la cual pertenecen o están en vías de pertenecer
nuestros países.
Tampoco hay que
olvidar que la integración no es un fin en sí mismo. Es sólo una vía en la que
confluyen aspectos culturales, sociales, políticos, educacionales y, por supuesto,
económicos, cuya interacción servirá para aumentar el nivel de vida de nuestros
pueblos, fomentar la igualdad de nuestra gente, reducir el desempleo y lograr un
desarrollo con equidad y autosustentable.
No podemos
dejar de mencionar la importancia clave que tiene el sector privado en un proceso que, si
bien es conducido por los gobiernos, sus efectos serán de beneficio de ese sector. Les
cabe, por tanto, una responsabilidad en el mismo, aportando ideas que contribuyan a su
éxito.
La meta final
está clara, no así la manera de lograrla. Las diferencias entre las condiciones
socioeconómicas de los países así como las actitudes hacia el proceso varían. Por lo
tanto, habrá que proceder con flexibilidad y tacto para colmar las aspiraciones de cada
uno respetando ritmos y prioridades, pero -lo más importante- sin perder de vista que
todos, sin excepción, tal como nos comprometimos en Miami, debemos formar parte de esta
Area de Libre Comercio de las Américas en el año 2005.
Podemos
concluir que el proceso del ALCA enfrenta aún grandes desafíos, pero debemos tener la
visión, generosidad y espíritu de cooperación suficientes para reforzarlo a fin de
integrar a nuestros países en una gran zona de libre comercio que se enmarca en el sueño
siempre latente de una América unida.
Chile y
México son los dos únicos países latinoamericanos que pertenecen a la APEC, demostrando
así su claro interés en fortalecer los lazos con la Cuenca del Pacífico. ¿Qué
resultados arroja esta experiencia? ¿Cuál es el grado de factibilidad y conveniencia
para el resto de los países de la región?
-El ingreso de
Chile al foro APEC debe ser considerado como la continuación del capítulo más
importante en el proceso de integración y participación con el Asia Pacífico. El APEC
ha permitido a Chile lograr consolidar su presencia comercial en el mercado más
importante y dinámico del mundo. A su vez, al ser miembro, pertenecemos a un conjunto de
economías que se han propuesto avanzar hacia la facilitación y la liberalización del
comercio y de las inversiones en la región y hacia una mayor integración y cooperación.
El APEC
constituye un mercado de 2.100 millones de personas, con un producto que representa el 45%
del PIB mundial. Además, el dinamismo de sus economías y la creciente complementariedad
entre ellas, hacen de las economías miembros de este foro uno de los ejes más
importantes de la economía mundial. APEC en su conjunto es el principal proveedor de
flujos de capital del mundo. Una gran proporción de sus economías tiene tasas de ahorro
superiores al 35% y niveles de inflación de un dígito. Asimismo, los ingresos per
cápita fluctúan desde los más altos del mundo a relativamente bajos, pero estos
últimos con una enorme población consumidora.
En términos
agregados, las economías de APEC representaron, en 1995, el 49% de las exportaciones
totales de Chile y el 49% de sus importaciones. La importancia que el APEC tiene para
Chile y el impacto que el Foro tuvo en la economía chilena puede ser ilustrado con las
siguientes cifras. En 1994, el año previo al ingreso de Chile, las exportaciones a la
región sumaron US$ 6.028 millones. El año siguiente, luego de la incorporación al Foro,
las exportaciones aumentaron a US$ 8.108 millones. Es decir, dentro del espacio de un año
las exportaciones chilenas hacia la región crecieron en un 34%, cifra más alta que los
años anteriores. En cuanto a las inversiones, es importante destacar que la mayoría de
las economías de APEC tienen inversiones en Chile, siendo los principales inversionistas
EE.UU., Canadá, Australia y Japón.
Aunque el APEC
no disponga de un acuerdo económico que comprometa a los miembros del Foro legalmente a
sus compromisos, la experiencia hasta la fecha ha sido de cooperación para lograr los
objetivos que se han acordado en consenso dentro de este grupo regional.
Fue de gran
beneficio para Chile conseguir ser parte de APEC por las siguientes razones:
Finalmente, el
grado de factibilidad es significativo si el resto de los países de la región procuran
arrojar resultados similares a los de Chile y estiman conveniente una enorme inversión en
su propia credibilidad socio-económica e imagen país con miras a ser miembro.
La Comisión
de la Unión Europea aprobó una nueva estrategia para las relaciones con América Latina
hasta el 2000 que, entre otros aspectos, plantea enfoques diferenciado por países y
subregiones. En ese contexto, ¿qué importancia le asigna y por qué al acuerdo
UE-Mercosur y qué representa el convenio Chile-Mercosur?
Efectivamente
desde hace varios años, la Comisión Europea ha introducido en sus relaciones con
América Latina un enfoque que dinamiza y potencia el acercamiento de la Unión Europea
hacia nuestra región pero que la fracciona en, al menos, en tres diferentes grupos. Estos
son: Mercosur, el Pacto Andino América Central y, aisladamente, Chile, México y Cuba.
Junto con este
enfoque diferenciado, que por lo demás es público y se refleja en las actuales
negociaciones ya concluidas o en proceso, es importante señalar que a nivel regional el
diálogo Grupo de Río-Unión Europea se mantiene, e incluso, se ha fortalecido. El
reconocimiento de la diversidad al interior del Grupo de Río, lejos de debilitarnos, ha
fortalecido nuestro diálogo con la U.E.
En el contexto
anteriormente descrito, el acuerdo UE-Mercosur presenta el primer ejemplo de la nueva
estrategia de relacionamiento de la U.E. con nuestra región. Es un acuerdo inédito e
integral que abre una nueva etapa en las relaciones de una región de América Latina con
la U.E. buscando preparar el establecimiento de una Asociación que comprenda la
liberalización progresiva y recíproca de los intercambios.
El Acuerdo
UE-Mercosur marca un hito en las relaciones exteriores de este último bloque regional y
ha contribuido esencialmente a su consolidación. Creemos que los efectos del Acuerdo
UE-Mercosur serán altamente beneficiosos para el fortalecimiento de la integración de
este bloque regional y ello tendrá efectos positivos, a su vez, en toda América Latina.
En el caso del
Acuerdo de Asociación de Chile al Mercosur, existe una clara evidencia de la
potencialidad del proceso integrador en nuestra región. Chile es el primer país que se
asocia comercialmente al Mercosur y próximamente otros países concluirán procesos
similares. Ello representa la expresión más clara del concepto de «regionalismo
abierto» que practican nuestros países y que permite que, potenciando nuestra
integración regional, busquemos consolidar nuestra inserción política y económica
internacional.
Prueba de esto
último es, por ejemplo, el Acuerdo Chile-UE, suscrito en Florencia el 21 de junio pasado
que inaugura una nueva etapa de nuestras relaciones con la U.E., preparando el
establecimiento de una Asociación Política y Económica.
Por el lado de
la U.E. el nuevo Acuerdo con Chile demuestra su voluntad por reforzar su vinculación con
nuestra región y refleja el enfoque diferenciado pero coherente hacia América Latina.