El dinámico e
intenso proceso de integración regional entre los países de América Latina y el Caribe
de los últimos años se ha dado en el contexto de una creciente globalización de la
economía internacional y de intensas negociaciones comerciales multilaterales.
La creación de
espacios de integración regional es un proceso compatible con la globalización de los
procesos económicos y la búsqueda de una mejor inserción internacional. Las tendencias
globales enriquecen el concepto de integración al hacer extensiva su agenda a nuevos
temas que cubren la amplia gama de las relaciones económicas internacionales de los
países. Por ello, la liberación preferencial del comercio de bienes, servicios y
factores de producción, y su administración con reglas propias entre agrupaciones
regionales se ha convertido en una estrategia crucial para mejorar la participación tanto
de países desarrollados como en desarrollo en la economía mundial.1
Finalizada la
Ronda Uruguay del GATT se ha configurado un marco de disciplinas más transparente y
previsible para el desarrollo del comercio internacional, que contribuye a viabilizar la
ampliación a escala regional de los avances integracionistas bilaterales y subregionales.2
En realidad,
podría afirmarse que el multilateralismo surgido de la Ronda Uruguay tiende a estimular
la integración, por cuanto impone la observancia de normas mínimas comunes a todos los
esquemas y acuerdos, contrarrestando de esa manera el surgimiento de bloques
proteccionistas y cerrados. En tal sentido, en la propia OMC se está consolidando la idea
de que los esquemas y acuerdos de integración son complementarios con los avances
multilaterales y estimulan la liberalización en general. No en vano, en enero de 1996 se
instaló en el marco de la OMC un grupo de trabajo sobre regionalismo destinado a evaluar
esta problemática.
En cuanto a las
uniones aduaneras y zonas de libre comercio que se han venido suscribiendo en América
Latina y el Caribe, además de que se han concebido en forma acorde con los compromisos
internacionales suscritos, han incorporado los nuevos temas de la agenda comercial
internacional. Así, estos acuerdos cumplirían los requisitos del Artículo XXIV del GATT
e, incluso, no sería necesario su examen bajo los requisitos menos estrictos de la
Cláusula de Habilitación.3
Dado lo
anterior, es decir, que el proceso de integración regional apunta en la misma dirección
que la globalización económica, que las reglas comerciales internacionales preveen esos
procesos y que los acuerdos comerciales de la región, en particular, son afines a esas
reglas, cabe apuntar las razones que justifican un esfuerzo por impulsar la convergencia
de dichos esquemas de integración.
1.- La
convergencia a escala de la región constituye una etapa más cercana al multilateralismo,
menos discriminatoria en la medida en que más países se suman a un proceso de
desmantelamiento de la protección intrarregional;
2.- La
integración de toda la región constituye una mejor alternativa en términos de los
beneficios de economías de escala y de especialización, que los subsistemas
subregionales y bilaterales; En la antesala de un nuevo siglo y ante la evidencia de la
importancia creciente del comercio internacional para lograr la especialización de las
actividades económicas de las naciones, el esfuerzo de hacer converger y articular los
acuerdos de integración latinoamericanos y caribeños, constituye una estrategia adecuada
para lograr que una gama de bienes y servicios de los países de la región se inserten
competitivamente en las corrientes mundiales de comercio.
3.- la mayor
articulación entre esquemas permite hacer frente a las dificultades provocadas por la
diversidad de normas comerciales que resultan de la superposición de múltiples esquemas
y acuerdos de liberación intrarregional.
4.- los
acuerdos preferenciales de alcance regional o hemisférico adquieren cada vez más sentido
ante el avance de proyectos de libre comercio a gran escala en otras partes del mundo,
dirigidos a estimular las exportaciones y atraer inversiones y tecnologías, como es el
caso del área Asia Pacífico.
Es innegable
que la convergencia tenderá a fortalecer la capacidad de interlocución de América
Latina y el Caribe frente a otras agrupaciones de países. Se requiere hacer frente a los
efectos discriminatorios y de mayor poder de negociación que resultarán del rápido
avance que hoy se registra en otros bloques preferenciales de proyecciones continentales.
Además, ante las prácticas proteccionistas más sofisticadas y difíciles de
contrarrestar que han adoptado los países industrializados, la integración de grupos
cada vez más representativos de países adquiere sentido como mecanismo comercial
compensatorio y de vocería conjunta en áreas sensibles del intercambio.
Cabe destacar
que los anteriores beneficios de la convergencia de los esquemas de integración
regionales descansa sobre dos premisas: la consolidación de las reformas económicas y de
las reformas políticas de los países de la región.
La viabilidad
de avanzar hacia la armonización de reglamentaciones comerciales no solo dependerá de la
negociación de políticas más uniformes que guarden coherencia con las reglas
internacionales, sino de los progresos o retrocesos en las economías nacionales en
diversos campos, entre ellos, el logro de un marco macroeconómico coherente y estable; la
desreglamentación de mercados; la promoción de la competitividad de las exportaciones a
través de las llamadas políticas "mesoeconómicas" (infraestructura,
desarrollo tecnológico, educación para el trabajo, entre otras); la eliminación de
trabas a la inversión extranjera; la apertura de los mercados financieros y el desarrollo
de los mercados de capitales. Los avances en estas políticas permitirían que la
interdependencia que se busca alcanzar se vea impulsada tanto por la estandarización de
mecanismos de política comercial como por las fuerzas del mercado.4
En el plano
político interno es destacable el soporte que representa para la convergencia la
consolidación de la democracia y los esfuerzos por aumentar la transparencia, la eficacia
y la responsabilidad social de sus instituciones. La preservación de una comunidad
democrática de naciones ha venido siendo promovida por mecanismos formales e informales
de concertación política regional, apoyándose en propósitos compartidos como el
desarrollo sustentable, la lucha contra la pobreza, la garantía de acceso efectivo a la
justicia, el combate a la corrupción, y la lucha contra el crimen organizado y las drogas
ilícitas.
Esta
concertación favorece la profundización de vínculos tanto económicos, como políticos
y sociales. En esencia, la viabilidad y celeridad de la convergencia dependerá también
de la asimilación de la integración como un fenómeno democrático multidimensional que
se extiende a los diferentes planos de la realidad social, lo que permite revalorizar el
mercado regional en el que se insertan los diferentes países.5
1.
Tendencias generales
En esta
década, los principales avances del proceso de integración en América Latina y el
Caribe han resultado de la dinámica de los acuerdos subregionales y bilaterales. Los
lineamientos y semejanzas más sobresalientes de estos esquemas se esbozan a
continuación:6
a. Cobertura
amplia o total de desgravación del universo arancelario, en contraste con las
negociaciones producto por producto. A este respecto se establecen metas más ambiciosas
que las áreas de preferencias, al contemplarse la creación o consolidación gradual de
zonas de libre comercio, uniones aduaneras y la eventual conformación de mercados
comunes.
b.
Establecimiento de un cronograma para la liberalización de barreras arancelarias y no
arancelarias al comercio, incluyendo metas específicas para su eliminación, reducción o
armonización. Igualmente, eliminación progresiva y calendarizada de listas de
excepciones vigentes al inicio de los procesos de desgravación.
c.
Armonización de reglas de política comercial tales como cláusulas de salvaguardia,
normas de origen, prácticas sobre subsidios, regímenes contra el comercio desleal y
normas técnicas.
d.
Diversificación creciente de las materias objeto de negociación, al incursionarse en
áreas que trascienden el comercio de bienes, tales como servicios, inversiones, propiedad
intelectual, movimientos de personas, compras gubernamentales y medio ambiente. Así
mismo, pautas para la eventual libre circulación de factores (capitales, tecnología y
mano de obra) en los mercados ampliados.
e.
Reglamentación especial de la apertura recíproca y de los suministros en ciertos
sectores considerados estratégicos o sensibles, tales como el agropecuario, el automotriz
y el energético.
f.
Reconocimiento de asimetrías estructurales entre los países de la región, pero
replanteamiento del enfoque de los tratamientos diferenciales automáticos, mediante
modalidades pragmáticas basadas en la solución de los problemas reales y concretos que
presenten los países.
g. Arreglos
institucionales flexibles y no permanentes en los esquemas de integración que contrastan
con los organismos tradicionales; mecanismos flexibles y concertados de solución de
controversias y acciones que permiten la vinculación de actores no gubernamentales a los
procesos negociadores.
h.
Posibilidades de recibir nuevos miembros y de negociar y articularse con otros esquemas de
integración regionales y extrarregionales.
2. Tipos de
acuerdos de integración
El examen
específico de los acuerdos de integración puede efectuarse desde dos perspectivas. Una
de ellas se refiere a su contenido, en cuanto a modalidades de ampliación de los mercados
preferenciales y grado de cobertura y profundidad de los compromisos asumidos. Otra se
refiere a la posición geográfica o geo-estratégica de los diferentes agrupamientos y a
las posibilidades de convergencia entre ellos.
En lo que se
refiere a los contenidos de los acuerdos, es pertinente hacer referencia a las diferencias
que resultan del tipo de esquema, ámbito, cobertura, y grado de armonización de
políticas:7
a. Uniones
aduaneras en etapa de perfeccionamiento
Actualmente hay
cuatro uniones aduaneras en el hemisferio en proceso de consolidación, a saber: la
Comunidad Andina, el Mercado Común Centroamericano (MCCA), la Comunidad y el Mercado
Común del Caribe (CARICOM) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Pese a los avances
logrados, estas uniones son aún imperfectas debido a las excepciones que afectan los
márgenes de preferencia y a la participación limitada o restringida de algunos países.
No obstante, estos esquemas son los que han registrado los más altos crecimientos del
comercio intrarregional y se espera que promuevan la formalización de un mercado
unificado entre sus miembros durante el próximo quinquenio.
b. Zonas de
Libre Comercio de "primera generación"
Se caracterizan
por su naturaleza esencialmente comercial al promover la desgravación plena con
mecanismos sencillos y transparentes, aunque con un moderado grado de diferenciación
selectiva en términos de ritmos y modalidades de liberalización entre grupos de bienes.
Bajo esta modalidad se pueden clasificar las zonas de libre comercio pactadas por Chile
con varios países como Bolivia, Colombia, Ecuador, México y Venezuela. Estos acuerdos
promueven la desgravación plena de prácticamente la totalidad del universo arancelario.
c. Zonas de
Libre Comercio de "nueva generación"
Abarcan un
ámbito más amplio que el del comercio de bienes, extendiéndose a temas como servicios,
inversiones, propiedad intelectual y compras estatales. Contienen disposiciones más
complejas y elaboradas de regulación de la competencia, y una mayor selectividad en el
proceso de ampliación del mercado. Se incluirían en esta categoría los tratados
suscritos entre México, Colombia y Venezuela (G3), México y Costa Rica, México y
Bolivia. Si se considera el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los
acuerdos de nueva generación abarcarían cerca de un 86% del comercio intra-hemisférico
de 1994 y se espera que en el año 2004 logren la eliminación total de aranceles al
comercio entre los participantes, para el 95% de los incisos arancelarios.
3.
Ubicación geo-estratégica de los esquemas de integración
Más allá de
sus modalidades preferenciales, los acuerdos de integración podrían clasificarse en
función de su posición geo-estratégica. En esta perspectiva adquieren relevancia las
ventajas asociadas con la vecindad, la infraestructura, las vinculaciones empresariales y
la mayor circulación recíproca de bienes, servicios y capitales.
Las áreas más
evidentes que presentan una dinámica integracionista se ajustan a la propia
configuración del hemisferio americano, es decir, Suramérica, Centroamérica, el Caribe,
y Norteamérica incluyendo a México. Aunque algunos países son miembros de dos o más
esquemas, es claro que cada una las áreas cuenta con sistemas subregionales y bilaterales
muy dinámicos en vías de consolidación.
a. Area
Suramericana
En Suramérica
los grupos más característicos son la ALADI que incluye a México, con proyección
regional, y la Comunidad Andina y el MERCOSUR, a nivel de subregiones. La ALADI ha venido
cumpliendo una función de marco institucional y legal de numerosos acuerdos de alcance
bilateral o plurilateral firmados entre sus países miembros.
Desde fines de
la década pasada ha adquirido especial dinámica la suscripción o renegociación de
"acuerdos de complementación económica", aproximadamente treinta, que
contemplan compromisos más ambiciosos de liberalización comercial y de cooperación
económica, en comparación con aquellos firmados a principios de los ochenta para
incorporar el denominado "patrimonio histórico" que provino de la desaparecida
ALALC. 8
El dinamismo de
los acuerdos de alcance parcial contrasta con el escaso dinamismo de los mecanismos para
desarrollar la dimensión regional de la ALADI, al no haber tenido éxito mecanismos
multilaterales como la Preferencia Arancelaria Regional, las Nóminas de Apertura de
Mercado en beneficio de la países de menor desarrollo relativo, el Programa Regional de
Recuperación y Expansión del Comercio, y la Conferencia de Evaluación y Convergencia
que debía evaluar la multilateralización progresiva de los acuerdos de alcance parcial.9 No obstante, a partir del fuerte desarrollo comercial de las
subregiones y de los acercamientos entre ellas, en especial entre los países del
MERCOSUR, la Comunidad Andina y Chile, el sur del hemisferio constituye hoy un importante
espacio de relacionamiento externo con una valiosa perspectiva de convergencia.10
Luego de la
propuesta de Brasil de establecer un Area de Libre Comercio Sudamericana(ALCSA),
ratificada por los restantes socios del agrupamiento,el MERCOSUR ha pasado a ejercer un
innegable efecto de atracción sobre los restantes países de América del Sur y podría
proyectarse como un eje de convergencia, en función del alcance de las negociaciones en
curso.11 La Resolución 45 del MERCOSUR estableció las
bases para la renegociación comercial con los demás países suramericanos miembros de
ALADI, tendientes a alcanzar acuerdos de libre comercio. Hasta el momento Chile ha logrado
la culminación de negociaciones de amplia cobertura con el MERCOSUR y Bolivia está en
proceso de negociación de un acuerdo que permitirán establecer espacios de libre
comercio hacia el año 2010.
Los demás
países andinos, en desarrollo de la Decisión 321 de la Comisión del Acuerdo de
Cartagena, avanzan en el proceso de renegociación del patrimonio histórico de la ALADI
con el MERCOSUR y esperan llegar a suscribir acuerdos de libre comercio con el MERCOSUR, a
más tardar en 1997.12 Las conversaciones más adelantadas
son las de Venezuela como resultado del acercamiento político entre los Primeros
Mandatarios de este país y del Brasil, y de los marcados intereses de vecindad en
materias comerciales, energéticas y de infraestructura.
Chile ha
logrado configurar en la zona suramericana una extensa trama de acuerdos bilaterales de
libre comercio incluyendo, además del MERCOSUR, a Venezuela (1 de julio de 1993),
Colombia (1 de enero de 1994) y Ecuador (1 de enero de 1995). Una vez que entre en
vigencia el Acuerdo Chile-MERCOSUR, suscrito el 25 de junio de 1996 y que culmine sus
negociaciones con el Perú, Chile sería el primer miembro de ALADI en establecer una zona
de libre comercio con los demás socios de esta Asociación, que sería la sumatoria de
los respectivos acuerdos de alcance parcial y de los nuevos compromisos. Sólo quedaría
pendiente un convenio de igual naturaleza con Bolivia para completar dicha trama.
Puede
concluirse, con base en los acuerdos vigentes y los que están en proceso de suscribirse
en los próximos dos años, que los países sudamericanos miembros de ALADI conformarían
una zona de libre comercio entre los años 2005 y 201013,
que podría incluir, según el resultado de las negociaciones en curso, a México.
b. Area
Centroamericana
El proceso de
integración económica centramericana ha tenido una gran reactivación durante los años
noventa. Se han puesto en marcha instrumentos jurídicos e institucionales que permiten
progresar en la integración sin menocabo de las relaciones comerciales con terceros
países. Se logró la renegociación del arancel uniforme centroamericano, la eliminación
de buena parte de los obstáculos al comercio intrarregional, y la suscripción de varios
instrumentos de política comercial común. Aunque faltan acciones para perfeccionar la
zona de libre comercio y se mantienen diferencias respecto del arancel externo, el
crecimiento del comercio en el mercado ampliado ha sido notable en los años recientes.
Al interior del
área centroamericana hay también un dinamismo favorable a la convergencia.
Particularmente, se logró la reincorporación de Honduras al proceso centroamericano, se
inició la vinculación formal de Panamá a la integración económica mediante el
Protocolo de Guatemala, y se logró la participación de Belice como observador y de
República Dominicana como invitado especial, todo lo cual le ha imprimido mayor
proyección política y facilita la convergencia del proceso centroamericano de
integración.
c. Area del
Caribe
En cuanto al
CARICOM, los Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad se propusieron, en 1989
(Declaración de Grand Anse, Grenada), la tarea de establecer un Mercado Unico y una
Economía Unica. Desde entonces se han intensificado esfuerzos dirigidos a la remoción de
obstáculos a la mayor parte del comercio y al perfeccionamiento del arancel externo. Este
se encuentra vigente para 11 de los 14 miembros. También se han registrado avances en
campos como el de normas de origen, nomenclatura común, valoración aduanera, libre
movimiento para el turismo y profesionales universitarios.14
d. Area del
TLCAN
El TLCAN y sus
acuerdos anexos, que entraron en vigencia el 1 de enero de 1994, contemplan la
eliminación de aranceles aduaneros al comercio de bienes en un plazo de quince años, con
un marco normativo avanzado de política comercial. Igualmente, incluyen disposiciones
para regular el comercio de servicios, protección en materia de inversiones, propiedad
intelectual y medio ambiente, movimientos de mano de obra calificada y solución de
controversias. El TLCAN es más avanzado que el convenio de libre comercio bilateral
suscrito en 1989 entre los Estados Unidos y Canadá, e incorpora una cláusula de
adhesión que permite que esta zona de libre comercio sirva también de polo de
convergencia para la liberalización del comercio hemisférico.
4.
Articulaciones entre países y esquemas intrarregionales
La integración
económica y el libre comercio están recibiendo un impulso significativo en los años
noventa a través de articulaciones reales y potenciales entre países y esquemas de
integración de las distintas áreas de la región y del hemisferio, tal como se resume a
continuación:
a.
Relaciones entre Suramérica y Centroamérica y el Caribe
i. Colombia,
México y Venezuela (G3), zona de libre comercio de "nueva generación"con
vigencia desde el 1 de enero de 1995.
ii. Acuerdo
CARICOM - Venezuela, firmado en octubre de 1992, con acceso no recíproco en cinco años
al mercado venezolano.
iii. Acuerdo
CARICOM - Colombia, firmado en julio de 1994, con acceso no recíproco de la mayoría de
las importaciones provenientes del CARICOM al mercado colombiano y posterior otorgamiento
de concesiones de las economías mayores del Caribe a Colombia.
iv. Acuerdo
Colombia y Venezuela - Centroamérica, en proceso de negociación.
v. Chile -
México, zona de libre comercio de "primera generación" que comprende un
programa de desgravación que conducirá a la eliminación total de gravámenes y
restricciones en 1998, con una lista reducida de excepciones.
vi. Costa
Rica-México, zona de libre comercio de "nueva generación" que entró en vigor
el 1º de enero de 1995.
vii. Bolivia -
México, zona de libre comercio de "nueva generación" con vigencia desde el 1
de enero de 1995.
viii. Acuerdo
Agropecuario de libre comercio de semillas entre países de ALADI y Cuba.
ix. Acuerdos
bilaterales entre Argentina-Cuba; Uruguay-Cuba; Perú-Cuba; Colombia-Cuba; Brasil-Cuba;
Venezuela-Cuba; Venezuela-Trinidad y Tobago; y Venezuela-Guyana, firmados entre 1984 y
1994, mediante los cuales las partes se otorgan ventajas comerciales que son extensivas a
los países de menor desarrollo del ALADI.
b.
Relaciones entre Suramérica y Norteamérica
i. Chile y
Canadá, negocian actualmente un acuerdo de libre comercio.
ii. Ley de
Preferencias Comerciales Andinas que otorga desde 1991 un amplio acceso preferencial no
recíproco al mercado de los Estados Unidos a las exportaciones de Bolivia, Colombia,
Ecuador y Perú, durante diez años.
c.
Relaciones entre Centroamericana y el Caribe
Una
significativa expresión de relacionamiento recíproco en esta área es la recién
constituida Asociación de Estados del Caribe, AEC, con proyección a toda el área
centroamericana y caribeña. El AEC logró congregar a mediados de 1995 a 25 países y 12
territorios pertenecientes a la Cuenca del Caribe. El Plan de Acción adoptado por esta
Asociación abarca áreas como el desarrollo del comercio y de las relaciones económicas
externas; la protección y conservación del medio ambiente; los recursos naturales;
cooperación en materia de ciencia, tecnología, salud, educación y cultura; y
próximamente el turismo y el transporte, además del propósito de liberalización del
comercio entre los países de la Cuenca.15
d.
Relaciones entre Centroamérica y el Caribe y Norteamérica
i. Iniciativa
para la Cuenca del Caribe que otorga desde 1984 excepción de gravámenes a casi todos los
productos importados de 25 países o territorios del área. En 1990 el tratamiento se
volvió permanente mediante la Ley de Recuperación Económica de la Cuenca del Caribe.
ii. CARIBCAN, o
régimen de preferencias comerciales no recíprocas del Canadá a un grupo de países de
la Cuenca del Caribe.
iii. Pacto de
San José, mediante el cual México y Venezuela otorgan facilidades petroleras a
Centroamérica y a países del Caribe, renovado recientemente una vez más.
e.
Relaciones intra-hemisféricas
Como se
mencionó, en la Cumbre de las Américas de diciembre de 1994, se decidió establecer el
ALCA, cuyas negociaciones deberán concluirse a más tardar en el año 2005 sobre la base
de los acuerdos subregionales y bilaterales existentes, los que deberán ampliarse,
profundizarse y compatibilizarse para "hacerlos más parecidos".
f.
Relacionamientos pendientes
Tomando en
consideración el conjunto de acuerdos de integración por pares o grupos de países,
quedarían pendientes de completar algunas negociaciones para avanzar hacia la
regionalización del libre comercio entre los países de la región y del hemisferio,
principalmente:
i. MERCOSUR -
Comunidad Andina, en una fase avanzada de concertación de las modalidades de negociación
del acuerdo entre ambas subregiones;
ii. CARICOM -
Centroamérica, relación preferencial que podría ser objeto de profundización en el
marco de un posible programa de negociaciones impulsado por la Asociación de Estados del
Caribe, de tal manera que se incluyan a los países que no forman parte de ningún esquema
(Cuba, Haití, República Dominicana);
iii. México -
MERCOSUR, negociación que por sus implicaciones y complejidad podría tomar un mayor
tiempo;
iv. Chile y los
países andinos con los cuales aún no ha negociado acuerdos bilaterales.
v. México y
los países andinos con los cuales aún no ha negociado acuerdos bilaterales.
vi. MERCOSUR,
Chile y Comunidad Andina (exceptuando a Colombia y Venezuela) con los países del área
centroamericana y caribeña, incluyendo a los países que no forman parte actualmente de
ningún esquema de integración subregional.
5. Avances
en la interdependencia comercial
El crecimiento
del volumen total de las exportaciones de América Latina y el Caribe en los últimos diez
años no ha superado las tasas mundiales, salvo en 1993, y ha sido notoriamente inferior
al de las exportaciones de países en desarrollo y del Sureste asiático (Cuadro 1)16. Por su parte, el vigor de las importaciones regionales ha
sido un factor estimulante del comercio mundial. La recuperación del volumen importado en
los años noventa permitió exceder, hasta 1994, las tasas correspondientes de los países
industrializados y en desarrollo y, a partir de entonces, se registra un menor dinamismo
relativo.