América Latina y el Caribe en los tiempos de la globalización
Edición No. 47

Julio-Septiembre 1996

Situación del financiamiento externo y políticas
con respecto a flujos de capital

Secretaría Permanente del SELA

    El siguiente artículo es una versión resumida de los capítulos dedicados al financiamiento externo y a las políticas sobre flujos de capital, correspondiente al documento «Financiamiento, deuda externa y flujos de capital intrarregional en América Latina y el Caribe», presentado por la Secretaría Permanente del SELA en el XXII Consejo Latinoamericano del SELA, celebrado en Montevideo (Uruguay), del 22 al 25 de octubre de 1996.

I. Panorama del financiamiento externo

    1. Características generales

    Una de las características de los flujos financieros recientes ha sido su brusca variabilidad en el tiempo y por países.

    En el caso de América Latina y el Caribe, su financiamiento neto externo sufró violentas fluctuaciones en el último decenio. El cuadro 1 muestra que el flujo de capitales externos se reanudó en 1990 y llegó a su máximo en 1993. Si se comparan los préstamos provenientes de fuentes oficiales, de bancos y de otros agentes (tales como fondos de pensiones, compañías de seguros y fondos de inversión), se advierte que desde 1991 a 1994 los créditos oficiales y bancarios fueron escasos o negativos (en el caso de los bancos en 1994 hubo una fuerte salida); y que los flujos provenientes de inversores institucionales fueron muy altos.

    La situación se alteró en 1995: los créditos oficiales crecieron sustancialmente, frente al saldo negativo de bancos e inversores institucionales. Para 1996, las proyecciones del Fondo Monetario Internacional vaticinan una abrupta caída de los créditos oficiales y una recuperación de las inversiones de cartera, aunque a un nivel más bajo que el obtenido entre 1992 y 1994.

 

Cuadro 1

América Latina y el Caribe a/: financiamiento neto externo
(en miles de millones de dólares)

  1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995b/ 1996c/
Financiamiento externo neto total
13,1

10,9

12,4

34,1

34,1

64,1

75,5

55,2

41,0

44,0
Flujos no creadores de deuda, netos

6,3


9,0


7,1


7,1


11,6


13,0


14,1


14,9


17,9


17,4
Créditos y préstamos del FMI, netos
-0,8

-0,9

-0,2

1,2

-1,0

-1,6

-0,9

-1,3

...

...
Préstamos netos externos

De prestamistas

Oficiales

De bancos

Otros



7,5

7,4

3,3

-3,2



2,8

4,7

-15,1

13,2



5,5

8,2

0,4

-3,0



25,8

8,2

17,4

0,2



23,5

3,3

4,7

15,6



52,7

-1,3

-1,7

55,7



62,3

0,3

6,6

55,3



41,6

-2,4

-29,2

73,1



10,2

23,3

-6,3

-6,9



27,6

-2,7

-0,1

30,4

    Fuente: International Monetary Fund, World Economic Outlook, October 1995, Washington, 1995, pág. 141.

    a/ Incluye Antigua y Barbuda, Antillas Neerlandesas, Argentina, Aruba, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Ecuador, Grenada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Suriname, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela. b/ Estimación. c/ Proyecciones.

    2. Monto y características del financiamiento

    Un análisis de los rasgos básicos del financiamiento reciente de los países de América Latina y el Caribe debe examinar la magnitud de la transferencia de recursos, la índole de los agentes económicos involucrados y las formas específicas de los flujos de capitales.

    a. La transferencia neta de recursos

    Los recursos transferidos hacia la región desde la crisis de la deuda muestra las bruscas fluctuaciones en el tiempo y entre los países ya señaladas y que se evidencian en el cuadro 1. En el cuadro 2 se advierten en detalle esos cambios, que entre 1991 y 1994 significaron un flujo de capitales hacia la región, frente a la salida de capitales que afectó a todos los países en el período 1982-1990, y que en 1995 sólo tocó a algunos.

    b. Los agentes económicos

    En los últimos años se ha manifestado un cambio importante en los agentes económicos que invierten en el extranjero, con el surgimiento de los inversores institucionales. Se trata de un número relativamente pequeño de grandes inversores institucionales, que manejan fondos de pensiones públicos y privados, fondos mutuos abiertos y cerrados, fideicomisos, fundaciones, dotaciones y gestión de fondos privados por bancos de inversión y comerciales, y compañías administradoras de valores. El total de activos de los 300 mayores inversores institucionales de Estados Unidos aumentó del 30% del PIB en 1975 (535.000 millones de dólares) a más del 110% del PIB en 1993 (7.200 miles de millones de dólares). Los fondos de pensiones, las compañías de seguros y los fondos mutuales en cinco grandes países industriales (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Japón y Reino Unido), en 1993 manejaban 13.000 miles de millones de dólares. Estas cifras dan una idea de la enorme magnitud de los fondos comprometidos. En el caso de las inversiones de cartera provenientes de países industriales, en 1993 el 16% iba a mercados emergentes, frente al 0,5% en 1987; de ellos, la mayor parte se dirige a América Latina y el Caribe (véase el cuadro 3).1

Cuadro 2

América Latina y el Caribe: transferencia neta de recursos a/
(en millones de dólares)

  1982-90 1991-95 c/ 1991 1992 1993 1994 1995 b/ c/
América Latina y el Caribe
-221500

66459

6818

31607

33977

11472

-17415
               
Países sudamericanos
-158909

35139

-9776

11798

12289

10463

10365
Argentina -33182 15718 -984 7439 6922 7241 -4900
Bolivia 325 1670 202 587 445 221 215
Brasil -74749 8558 -8012 927 -537 180 16000
Chile -4184 3656 -373 1751 1336 2402 -1460
Colombia -6840 91 -2527 -1772 521 1719 2150
Ecuador -3595 -2 -210 -487 280 410 5
Paraguay 1672 3805 640 172 643 1500 850
Perú 301 10834 1504 1801 1681 3093 2755
Uruguay -2269 695 -80 39 266 300 170
Venezuela -36388 -9886 64 1341 732 -603 -5420
               
México -71829 20433 14107 17091 19698 -533 -29930
               
Países centroamericanos y del Caribe
9238

10887

2487

2718

1990

1542

2150
Costa Rica 967 1575 328 414 277 306 250
El Salvador 1754 1757 217 391 330 354 465
Guatemala 1534 2845 600 559 703 673 310
Haití 1356 1228 294 126 186 47 575
Honduras 837 641 106 116 -61 270 210
Nicaragua 4234 2435 572 600 345 528 390
Panamá -1520 793 128 174 138 223 130
Rep. Dominicana 76 -387 242 338 72 -859 -180

    Fuente: CEPAL, Balance Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe, 1995, Santiago de Chile, 1995, pág. 64, sobre la base de informaciones oficiales. Los datos no coinciden con los del cuadro 7 debido a la diferente cobertura y fuentes.

    a/ Las cantidades negativas indican transferencias de recursos hacia el exterior.

    b/ Estimaciones preliminares. c/ No se incluye en los ingresos netos de capitales el financiamiento excepcional de balanza de pagos.

Cuadro 3

Inversiones de cartera en mercados emergentes,
provenientes de países industriales
(en porcentajes
de los flujos de inversiones extranjeras de cartera)

 
1989

1990

1991

1992

1993
América Latina y el Caribe -0,4 10,7 8,1 10,2 11,4
México 0,1 2,0 4,2 5,6 5,7
Todos los mercados emergentes 1,2 11,9 10,2 14,8 16,3
Flujos de cartera desde los países industriales (en miles de millones de dólares)

276,4


170,1


306,8


320,3


495,3

    Fuente: International Monetary Fund, International capital markets. Developments, prospects, and policy issues, Washington, agosto de 1995, pág. 171, sobre la base de International Finance Corporation, Emerging Stock Markets Factbook, varios números; e International Monetary Fund, Balance of Payments Statistics Yearbook, 1994, parte 2; y estimaciones del FMI.

    c. Formas específicas del flujo de capitales

    La entrada neta de recursos se duplicó con exceso entre 1991 y 1993, gracias al extraordinario crecimiento del flujo neto de deuda de largo plazo y del flujo de acciones de cartera. En 1994, ambos componentes cayeron y creció moderadamente la inversión extranjera directa; el resultado fue un descenso del flujo neto de capitales. En 1995, creció el flujo neto de deuda de largo plazo, disminuyó la inversión neta extranjera y se reujo a menos de la mitad el flujo de acciones de cartera. Como resultado, el flujo neto de recursos disminuyó de 64.200 millones de dólares en 1993 a 48.800 millones en 1995. Asimismo, en 1995 los intereses de la deuda de largo plazo fueron de 28.400 millones de dólares y las remesas de utilidades de la inversión extranjera directa llegaron a los 10.600 millones. Como resultado, la transferencia neta de recursos hacia los países de América Latina y el Caribe fue de 9.700 millones de dólares (véase el cuadro 4).

Cuadro 4
América Latina y el Caribe: flujos netos de recursos
(en miles de millones de dólares)

  1970 1980 1990 1991 1992 1993 1994 1995

Flujo neto de recursos

4,2

29,9

21,5

30,3

34,4

64,2

51,1

48,8
Flujo neto de deuda de largo plazo (ex. FMI)
2,9

23,2

10,0

7,1

9,0

20,3

14,4

22,3
Inversión extranjera directa (neta)
1,1

6,1

7,8

12,6

14,5

15,7

20,8

17,8
Flujo de acciones de cartera a/ 0 0 1,1 6,2 8,2 25,2 13,1 6,2
Donaciones (excl.cooperación técnica)
0,2

0,6

2,6

4,4

2,7

3,0

2,8

2,5
Memo: donaciones de cooperación técnica
0,3

0,9

2,3

2,6

2,9

3,0

3,3

2,8
Transferencias netas 0,7 7,5 -3,4 4,9 8,6 37,4 19,8 9,7
Intereses de la deuda de largo plazo
1,4

17,6

18,5

18,2

18,3

17,8

21,4

28,4
Remesas de utilidades de la inversión extranjera directa
2,0

4,9

6,4

7,2

7,5

9,0

9,9

10,6

    Fuente: Banco Mundial, World Debt Tables 1995-1996, Washington, 1996, pág. 204. Los datos no coinciden con los del cuadro 5 debido a la diferente cobertura y fuentes.

    a/ Las acciones (equities) incluyen acciones de empresas, fondos de inversiones y documentos que implican la propiedad de acciones (como los certificados de depósitos).

    d. Las inversiones directas extranjeras2

    Una parte importante del flujo de capitales que entró en la región a partir de 1991 se orientó hacia la inversión extranjera directa. Los principales motivos que impulsan la realización de tales inversiones en los países menos desarrollados, varían según se trate del país inversor o del receptor.

    Desde el punto de vista del país originario de la inversión, se procura: i) El aprovechamiento del mercado interno de los países en desarrollo. ii) La promoción de las actividades orientadas a la exportación, mediante el aprovechamiento de la mano de obra barata. iii) La extracción de recursos naturales con destino al país inversor; recientemente, varios de los «nuevos países industriales» han realizado fuertes inversiones para obtener en países vecinos los recursos naturales de los que carecen.

    En el enfoque del país receptor, se trata de: i) La obtención de mejores tecnologías en países desarrollados, mediante la creación de empresas conjuntas y de programas de investigación y desarrollo. ii) La búsqueda de mayor eficiencia mediante inversiones subsiguientes más que iniciales, para obtener economías de escala o integraciones verticales u horizontales.3

    Con respecto a los mecanismos tradicionales por los que esa inversión se hace efectiva, deben agregarse dos instrumentos más recientes, que son las conversiones de deuda y las privatizaciones.

    Frente a la crisis de la deuda desencadenada en 1982, los bancos acreedores extranjeros, con el apoyo de los organismos multilaterales y de los gobiernos de las países desarrollados, decidieron intentar cobrar sus acreencias con activos físicos, a cuyo efecto promovieron la conversión de la deuda en capital. Se trataba de comprar empresas ya existentes, por lo general a bajos precios; por consiguiente no existió formación de capital sino cambio de propiedad. El mayor auge de esta modalidad se produjo entre 1985 y 1990, período en el que se concentraron en Brasil, Chile y México, y llegaron al 55%, 75% y 31%, respectivamente, de los flujos totales hacia esos países. A partir de 1990, los procesos de privatizaciones y las nuevas entradas de capital reemplazaron a esta forma de inversión.

    Las privatizaciones concentraron casi una tercera parte de la inversión extranjera que entró a la región desde 1990. Se calcula que el programa de privatizaciones comprometió ingresos por cerca de 50.000 millones de dólares, que incluyen 20.400 millones de México y 15.900 de Argentina, «países que emplearon esos recursos para cubrir sus enormes déficit fiscales».4 Le siguen en importancia Brasil (5.900 millones de dólares), Perú (3.100 millones de dólares), Venezuela (2.300 millones de dólares) y Chile (1.800 millones de dólares). Las empresas privatizadas pertenecían a casi todos los sectores productivos, pero los montos más importantes se dirigieron a telecomunicaciones, transporte aéreo y energía eléctrica.

    En cuanto al origen de los flujos de inversión extranjera directa, la CEPAL ha calculado para el total de la región, que en el período 1990-1994, el 49,1% procedía de América del Norte, el 37,1% de Europa Occidental, el 4,5% de otros países desarrollados y el 14,7% de áreas en desarrollo.5 En este último rubro están adquiriendo creciente iportancia los flujos intralatinoamericanos.

    e. Préstamos de bancos comerciales

    Los compromisos de mediano y largo plazo de bancos con países latinoamericanos disminuyeron de 7,0 mil millones de dólares en 1993 a 3,7 mil millones en 1994; en el primer semestre de 1995 ese monto fue de 1.9 mil millones (frente a 1,6 mil millones en ese período de 1994). Las diferencias de promedio de «spreads» de intereses para la región subieron de 61 puntos básicos en 1994, a 141 puntos en el segundo semestre de 1995. En cuanto a los plazos de maduración, pasaron de 4,1 años en 1994, a 6,0 en el segundo semestre de 1995, con fuertes diferencias por países (para Brasil y México los plazos fueron de 1 año, mientras para Chile eran de 7,4 años y para Panamá de 6,5 años).6

    La inversión de cartera

    Los principales rubros de las inversiones de cartera son los bonos, las acciones (en forma de depository receipts y fondos de inversión), los papeles comerciales y los certificados de depósito.

  • Inversión de cartera en bonos

    Una de las características de la inversión de cartera durante los años noventa es el sustancial aumento de la emisión internacional de bonos. En nueve países de América Latina se multiplicaron por diez entre 1990 y 1993, para después ubicarse en los dos tercios de esa cifra en 1994 y 1995 (alrededor de 20.000 millones de dólares). Se advierte además una fuerte concentración de esos montos en tres países, que se calculan para 1995 en 6.700 millones de dólares para Brasil, 6.300 millones para Argentina y 6.000 millones para México. La crisis de fines de 1994 afectó a tales operaciones hasta mediados de 1995, pero después se reanudó ese flujo, aunque con condiciones más gravosas para los deudores. Así, los plazos medios se redujeron desde 4,5 años en 1993 y 4 años en 1994, a 3,6 años en 1995 (en Asia del Este esos plazos son de 11,7 años y los «spreads» se reducen a la mitad).

  • Inversión de cartera en acciones7

    A partir de 1991 la inversión de cartera en acciones constituyó una fuente relevante de financiamiento. Alcanzó su mayor auge en 1993 y decayó sustancialmente después de la crisis de finales de 1994 y de problemas políticos y económicos que afectaron a algunoas países. Las cotizaciones de las acciones a mediados de noviembre de 1995, comparadas con las de fines de 1994, disminuyeron en México (-38%), Colombia (-31%), Brasil (-25%), Argentina y Chile (-8%) y Perú (-2%). Para México y Argentina el punto más alto fue diciembre de 1993, y para los demás países cosiderados, septiembre de 1994.

    Las emisiones primarias de títulos de depósito en el mercado de Estados Unidos (ADR) cayeron de los 4.700 millones de 1994 a sólo 650 millones en los primeros nueve meses de 1995.

  • Fondos mutuales

    Los fondos mutuales de mercados emergentes han sido un importante instrumento para canalizar inversiones de portafolio hacia la compra de acciones y bonos.En marzo de 1995, el total de activos en acciones de fondos mutuales latinoamericanos era de 11.200 millones de dólares, y en bonos, de 3.800 millones. Actuaban 62 fondos mutuales abiertos (que pueden aumentar su capital inicial), con 2.416 millones de dólares; los fondos cerrados (con una sola oferta de capital en el momento de su constitución) eran 33, con 1.919 millones de dólares.

 

Cuadro 5
Países seleccionados de América Latina y el Caribe:
emisiones internacionales de bonos a/ b/
(en millones de dólares)

  1990 1991 1992 1993 1994 1995
Total 2760 7242 12833 28608 18924 21985
Argentina 21 795 1619 6308 5319 6353
Brasil - 1837 3695 6465 3998 6761
Chile - 200 120 322 155 500
Colombia - - - 567 955 1093
México 2477 3782 6333 11338 6949 6014
Panamá - 50 - - 1248 324
Perú - - - 30 100 -
Uruguay - - 100 140 200 211
Venezuela 262 578 966 3438 - 729

    Fuente: Para 1990-1994: CEPAL, Balance Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe, 1995, Santiago de Chile, 1995, pág. 65, sobre la base de informaciones del FMI; para 1995: Banco Mundial, World Debt Tables 1995-96, Washington, DC, 1996, págs. 106 a 113.

    a/ Financiamiento bruto. b/ Incluye europagarés.

II. Políticas con respecto a los flujos de capital

    Las políticas practicadas con respecto a las entradas y salidas de capital tienden a favorecer la tasa de inversión y a lograr mayor estabilidad económica y financiera. A tal efecto, actúan selectivamente sobre los flujos de capital.

    1. Ahorro interno y externo

    El problema del ahorro externo no puede separarse del financiamiento global de la economía. En tal sentido, es fundamental la índole de las relaciones entre ahorro e inversión internos y externos. Lo ocurrido en el pasado reciente ilustra acerca de esas relaciones.

    En el período 1982-1990 se redujeron abruptamente los aportes externos y cayeron la inversión pública y la privada; la tasa de inversión se redujo del 24,7% en 1980 a 17,2 en 1985 y a 15,6 en 1990. Con posterioridad, no se recuperó plenamente la tasa de inversión, no obstante el importante flujo de capitales externos; por ejemplo, en 1993 hubo un ingreso de capitales de 67.000 millones de dólares, pero la tasa de inversión sólo llegó al 18,0% del producto interno bruto. De tal modo, el fuerte déficit en la cuenta corriente del balance de pagos coincidió con una declinación del ahorro nacional.

    Este hecho puede ser el resultado de varios factores, de efectos contradictorios. Por una parte, la mayor actividad económica impulsada por los capitales externos puede alentar el ahorro; pero al mismo tiempo, la valorización de los activos inducida por esos mismos capitales (con el auge de los mercados de valores e inmobiliario) genera un aumento del consumo y una disminución del ahorro. Esta tendencia se ve reforzada por la sobrevaluación de la moneda nacional que facilita el acceso a bienes importados, y por una mayor liquidez y créditos internos. De este modo, la mayor incidencia del ahorro externo puede disminuir la importancia relativa y aun la magnitud absoluta del ahorro nacional. De acuerdo con cálculos de la CEPAL, un aumento de 1 punto porcentual del ahorro externo respecto de su nivel de tendencia, reduce el ahorro nacional en alrededor de medio punto porcentual del PIB.

    Las políticas tendientes a aumentar el ahorro nacional procuran que la afluencia externa de capitales no sea sustitutiva sino complementaria del ahorro nacional. Ello supone selectividad en la índole y los montos de los capitales que ingresan, de modo que se alienten las inversiones de mediano y largo plazo orientadas a los sectores productivos; y se restrinjan aquellas de corto plazo, de naturaleza volátil. La traducción macroeconómica de estos objetivos significa:y i) el mantenimiento de un tipo de cambio compatible con una rentabilidad mínima de los sectores productores de bienes transables; ii) la adecuación de la dinámica del gasto interno al déficit en cuenta corriente y al crecimiento del PIB (políticas monetaria y fiscal); y iii) la orientación de la inversión hacia la actividad productiva de mediano y largo plazo y la aplicación de medidas de encajes y restricciones a los capitales volátiles de corto plazo.8

    2. Los flujos de capitales

    Las políticas ejecutadas con respecto a los flujos de capitales se refieren a su entrada y salida, y a grandes rasgos consisten en políticas de «laissez-faire» o intervencionistas.

    a. Políticas de libre movimiento de capitales

    En este caso, los capitales tienen libre entrada y orientación; si salen del país, se espera que se produzca un ajuste automático. Esta tesis ortodoxa ha sido puesta a prueba por las recientes crisis financieras y ya el FMI acepta la adopción de controles de capital «como medida transitoria para hacer frente a problemas específicos».9

    Un ejemplo de esta política es el caso argentino, donde, en teoría, la labor del Banco Central se asemeja a la de una caja de conversión, que monetiza íntegramente el saldo de la balanza de pagos. En la práctica, esa entrada de capitales es necesaria para sostener un programa antinflacionario basado en el ancla cambiaria y en el equilibrio de las cuentas fiscales. Mientras entran capitales, no se los desalienta, ya que se espera que la economía responda con un fuerte crecimiento, basado en la existencia de capacidades productivas ociosas y demandas de bienes durables «atrasadas». Además,con base en ese crecimiento, el gobierno espera equilibrar sus cuentas fiscales. Ante el déficit en la cuenta corriente (56% de las exportaciones de bienes en 1993, 65% en 1994)10, la entrada de capitales pasó a ser vital para sostener el crecimiento económico y evitar una crisis en la balanza de pagos, que podría amenazar el tipo de cambio, y con él, al plan de estabilización. En 1995, después de la crisis mexicana, el saldo de la cuenta de capital, que había sido de 10.867 millones de dólares en 1994, cayó a -400 millones, y el déficit de la cuenta corriente se redujo al 16% de las exportaciones;11 en 1995, el producto interno bruto decreció en -4,4% con respecto al año anterior12 (en 1993 había crecido en 6,1%, y en 1994, en 7,4%).13 Por todas estas razones no se pudo controlar la entrada de capitales.

    b. Políticas de intervención

  • Planteamiento general

    Las entradas de capitales extranjeros en países de la regi;_n el período 1990-1994 contribuyeron a financiar el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos y a constituir reservas. Sin embargo, se presentaron inconvenientes tales como «una sobrevaluación del tipo de cambio real, una expansión inflacionaria de la moneda y el crédito locales, un déficit insostenible en la cuenta corriente y una mayor vulnerabilidad del sistema bancario. ...Los controles de las entradas de capital se proponen discriminar entre inversiones que ayudan a hacer a la economía más productiva e integrada al mercado mundial (por ejemplo, la inversión extranjera directa y las emisiones de acciones), y las inversiones potencialmente volátiles provocadas por las ganancias de corto plazo. Asimismo, como lo demuestra el caso mexicano, una repentina y fuerte salida de capitales puede, inter alia, producir una crisis de cambios, un problema de liquidez provocada por la necesidad de refinanciar un gran volumen de deuda externa de corto plazo, y dificultades en el sistema bancario causadas por el incremento de las tasas de interés locales. El manejo de esos riesgos es el desafío clave asociado con las entradas de capital».14

  • Impuestos sobre las transacciones financieras15

    Se ha vuelto a discutir la propuesta del Profesor James Tobin, formulada en 1978, para gravar las transacciones que involucren conversión de monedas («impuesto Tobin»); con este impuesto, se procura disminuir la movilidad de capitales especulativos de corto plazo. Se trata de un impuesto internacional, con una tasa uniforme, sobre todas las transacciones que signifiquen una conversión de monedas. En muchos países desarrollados y en desarrollo se han gravado las transacciones internas en activos financieros (acciones, bonos, futuros, opciones y otros derivados); pero existen pocos impuestos sobre las transacciones internacionales. Tendría que ser un impuesto universal y uniforme; la supervisión podría estar a cargo de un organismo financiero internacional, como el Banco de Pagos Internacionales o el FMI. «Aquellos inclinados a descartar tales propuestas por ser poco realistas merecen recordar que otra organización multilateral, el GATT, ha tenido éxito en hacer cumplir reglas mucho más complejas de conducta económica internacional».16

    En la actualidad se discute su conveniencia. Por una parte, se lo impugna aduciendo que es ineficaz y aumentaría los costos de las transacciones financieras; además, su instrumentación requeriría una coordinación internacional para la percepción y distribución del tributo. Por la otra, los partidarios de este tipo de gravámenes sostienen que son aptos para reducir la volatilidad de los mercados y que tienen la ventaja de que con una tasa muy baja podrían recaudarse sumas elevadas, dada la enorme base tributaria. En efecto, el volumen global neto de transacciones en los mercados de divisas del mundo (contratos al contado, a término o derivados) es del orden de 1.000 miles de millones de dólares diarios; con una tasa de 0,01% se recaudarían 25.000 millones por año (con 250 días de operaciones financieras).

    Existen variantes al «impuesto Tobin», tales como: i) un impuesto sobre las salidas o entradas de capital; en el primer caso, se gravarían las compras de inversiones externas hechas por los residentes, y en el segundo sería un impuesto sobre las compras de inversiones nacionales realizadas por extranjeros (durante los años sesenta, Estados Unidos aplicó impuesto a la salida de capitales); ii) un impuesto a las conversiones de monedas cuando el tipo de cambio supera a una determinada banda (de la misma naturaleza que el empleado para estabilizar el tipo de cambio en el Sistema Monetario Europeo); iii) un depósito de los bancos en el Banco Central relacionado con las transacciones en divisas, sin intereses, por un determinado período, que eleve el costo efectivo de esas transacciones (sistema utilizado en Chile).

  • Intervención no esterilizante

    La intervención no esterilizante es la practicada por países que mantienen la estabilidad de precios utilizando como ancla un tipo de cambio nominal fijo y una política monetaria pasiva. El Banco Central acumula reservas internacionales a medida que compra las divisas provenientes de las entradas de capital, sin esterilizar el efecto monetario de esas compras. Se espera que las tasas de interés y de inflación nacionales converjan con las internacionales. «Depender de manera excesiva de este enfoque para combatir la inflación es sin duda una estrategia de alto riesgo; si llegan a surgir desequilibrios importantes, las opciones de las autoridades a menudo se reducen a una grave recesión o a medidas correctivas abruptas y desestabilizadoras. ...Puesto que el ahorro externo estimula de manera desproporcionada la actividad interna, la trayectoria de la economía depende en gran medida de la sustentabilidad de las corrientes de capital».17

  • Intervención esterilizante

    Se trata de esterilizar los efectos monetarios que resultan de acumular reservas durante períodos de intensa entrada de capital. Se procura así «aislar la oferta monetaria de las grandes fluctuaciones derivadas de la movilidad del capital. ...Refleja una preocupación por el desarrollo sostenido del sector de rubros comerciables y la canalización del capital extranjero hacia el ahorro y la inversión (preferiblemente en ese sector). ... Tiene la ventaja de ayudar a controlar el gasto e impedir una mayor apreciación cambiaria real».18 En síntesis, el Banco Central compra dólares (acumula reservas) para que la oferta de divisas no lleve a una sobrevaluación de la moneda nacional. El problema radica en que para que esa compra (contra emisión monetaria) sea compatible con la política monetaria, el gobierno absorbe moneda a través de la colocación de títulos públicos. Este esquema puede llevar a mantener alta la tasa de interés interna (para colocar títulos públicos), y esa tasa a su vez alentar la entrada de nuevos capitales, con lo que se llegaría a un proceso autoalimentado insostenible en el largo plazo (genera un déficit cuasifiscal, ya que las reservas devengan un interés menor al de la deuda pública interna), por lo que se complementa habitualmente con medidas que desalientan la entrada de capitales de corto plazo.

    Dados los problemas señalados, en la práctica la intrvención esterilizante se ha coordinado con otras medidas que en el caso chileno, a partir de 1991, «ha sido la de regular los movimientos especulativos de corto plazo mediante encajes, cuotas y comisiones; la de intervenir en el mercado cambiario mediante la flotación sucia, dentro de una banda ampliada, que se mueve en torno de un valor de referencia definido por una canasta de monedas, y la esterilización del efecto monetario de la mayor disponibilidad de divisas».19

  • Selectividad de los movimientos de capital

    En el caso de Chile, y en menor medida en Colombia y Costa Rica, se han aplicado medidas para controlar la composición de los movimientos de capital. En síntesis, esta política consistió en : «i) aplicar medidas cambiarias indirectas destinadas a reducir el ingreso (y aumentar el egreso) de capital de corto plazo introduciendo cierta incertidumbre con respecto a la evolución del tipo de cambio de corto plazo, mediante la intervención del Banco Central en la determinación de este valor; ii) adoptar medidas directas que impongan restricciones a la afluencia de capital, que pueden consistir en reservas obligatorias, sin interés, respecto a depósitos bancarios u otros créditos del exterior, y diversos tipos de controles cuantitativos (requisitos en cuanto a períodos mínimos de vencimiento, volúmenes mínimos para las emisiones de bonos, y reglas para la participación del capital extranjero en el mercado de valores)».20

 


    NOTAS

  1. Véase International Monetary Fund, International capital markets. Developments, prospects, and policy issues, op. cit.,pág. 171.
  2. De acuerdo con la definición de la OCDE, la inversión directa extranjera «es el capital invertido con el objeto de establecer lazos económicos durables con una empresa y ejercer una influencia real sobre las operaciones de esa empresa. Estos capitales se distinguen de las inversiones de cartera, que consisten en la toma de participación en las sociedades para ganar un ingreso y no para adquirir un control o establecer allí una presencia permanente. El criterio normalmente utilizado para establecer la existencia de ese control es la adquisición de acciones ordinarias por el 10% o más de las acciones de una empresa». (Véase Organisation de Coopération et de Développement Economiques, Investissement direct international. Politiques et tendances au cours des années 80, París, 1992, pág. 11).
  3. Véase United Nations, Transnational Corporations and Mangement División, Department of Economic and Social Development, Transnational corporations from developing countries, Nueva York, 1993, pás. 11 y ss.; Alfredo Eric Calcagno y Jean-Michel Jakobowicz, El monólogo Norte-Sur, Siglo Veintiuno Editores, México, 1981, págs. 102 y ss.
  4. Véase CEPAL, La inversión extranjera en América Latina y el Caribe, Informe 1995, Santiago de Chile, octubre de 1995, pág. 76.
  5. Ibid., pág. 86.
  6. Véase International Monetary Fund, Private market financing for developing countries, Washington, DC, octubre e 1995, págs. 124 y 126.
  7. La inversión de cartera en acciones asume diversas formas: i) los fondos de inversiones, que reúnen capitales y los invierten en mercados accionarios emergentes, que pueden ser globales, o regionales, o nacionales; según sea la participación de los inversionistas, pueden ser abiertos (fondos mutuos) o cerrados; ii) los American Deposits Receipts (ADR) que son instrumentos negociables, basados en la propiedad accionaria de una empresa no estadounidense y respaldados por un banco de Estados Unidos, que se negocian en los mercados bursátiles; iii) los Global Depository Receipts (GDR), análogos a los ADR, pero que pueden ser «titularizados» en todo el mundo (véase CEPAL, La inversión extranjera en América Latina y el Caribe, Informe 1995, op. cit., pág. 48).
  8. Véase Secretaría de CEPAL «Ahorro inversión y crecimiento» (noviembre de 1995) pág. 38.
  9. Véase Boletín del Fondo Monetario Internacional, Washington, 29 de mayo de 1995, pág. 163.
  10. Véase CEPAL, Balance Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe, 1995, op. cit., págs. 61 y 62.
  11. Ibid.
  12. Véase República Argentina, Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, Secretaría de Programación Económica, Informe Económico 1995, Buenos Aires, 1996, pág. 15.
  13. Véase CEPAL, Balance Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe, 1995, op. cit., pág. 49.
  14. Véase International Monetary Fund, International capital markets. Developments, prospects, and policy issues,op. cit., pág. 11.
  15. El análisis que sigue se basa en International Monetary Fund, Ibid, págs. 97 y ss.
  16. Véase Barry Eichengreen, James Tobin y Charles Wyplosz, «Dos argumentos para echar arena en las ruedas de la financiación internacional», en Pensamiento Iberoamericano, El sistema financiero. Globalización e inestabilidad, núm. 27, enero-junio de 1995, Madrid, 1995, pág. 332.
  17. Véase Robert Devlin, Ricardo Ffrench-Davis y Stephany Griffith-Jones, «Repunte de las corrientes de capital y el desarrollo: implicaciones para las políticas económicas», en Ricardo Ffrench-Davis y Stephany Griffith-Jones, Las nuevas corrientes financieras hacia la América Latina. Fuentes, efectos y políticas, Fondo de Cultura Económica, Chile-México, 1995, pág. 328.
  18. Ibid., pág. 329.
  19. Véase Ricardo Ffrench-Davis, Manuel Agosin y Andras Uthoff, «Movimientos de capitales, estrategia exportadora y estabilidad macroeconómica en Chile», en Ricardo Ffrench-Davis y Stephany Griffith-Jones, Las nuevas corrientes financieras hacia la América Latina. Fuentes, efectos y políticas, op. cit., pág. 245.
  20. Véase Robert Devlin, Ricardo Ffrench-Davis y Stephany Griffith-Jones, «Repunte de las corrientes de capital y el desarrollo: implicaciones para las políticas económicas», en Ricardo Ffrench-Davis y Stephany Griffith-Jones, Las nuevas corrientes financieras hacia la América Latina. Fuentes, efectos y políticas, op. cit., pág. 331.


 

 


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