América Latina y el Caribe en los
tiempos de la globalización
Edición No. 47
Julio-Septiembre 1996 |
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La
dimensión cultural: el eslabón perdido de la globalización
Carlos Juan Moneta
Secretario Permanente del SELA
I.
Introducción
En el artículo
que publicara Roberto Russell en este número de "Capítulos", se comentó
brevemente la tesis de Samuel Huntington sobre el "choque de las
civilizaciones". Para ese autor, el conflicto entre civilizaciones será el
dominante, aunque no excluyente, del escenario mundial, suplantando inclusive al
ideológico. Así, el eje principal de la política mundial serían las relaciones entre
civilizaciones, particularmente entre Occidente y lo que él denomina el "resto"
(las culturas asiáticas, del Medio Oriente y africanas).
Más allá de
que la tesis de Huntington incorpora elementos y perspectivas que han conducido a muchos
analistas a calificarla de simplista y parcial, nos conduce a la necesidad de formular dos
preguntas muy importantes, ancladas en la realidad: ¿de qué manera la globalización
económica y política incide en el terreno cultural? y viceversa, ¿cómo afectará la
globalización cultural la política y la economía de las próximas décadas?.
En este
artículo se presentarán algunas reflexiones y elementos desde una perspectiva cultural
de la globalización que generalmente no es debidamente considerada por quienes adoptan
las decisiones políticas y económicas en los planos nacional e internacional. No prestar
la debida atención a esos aspectos representa una notoria simplificación de una realidad
compleja y mutante, reduciéndose nuestras posibilidades de actuar con éxito en el marco
de la globalización.
Cuando se habla
de "globalización", se tiende a identificarla con el proceso de globalización
económica, olvidando las dimensiones política, cultural y social1.
En el campo cultural podría entenderse la globalización como el pasaje de identidades
culturales tradicionales y modernas, de base territorial, a otras modernas y postmodernas,
de carácter transterritorial2.
Las identidades
culturales de la globalización no se estructuran desde la lógica de los
Estados-naciones, sino de los mercados; no se basan, en lo esencial, en comunicaciones
orales y escritas, sino que operan mediante la producción industrial de la cultura, su
comunicación tecnológica y el consumo diferido y segmentado de los bienes.
II. La
globalización cultural en los procesos internos, internacionales y transnacionales
La discusión
de la dimensión cultural de la globalización no está incorporada explícitamente en la
mayoría de los modelos de economía política (tanto los del neoliberalismo como de sus
opositores) y ocupa un papel relativamente menor en las teorías de relaciones
internacionales. Sin la dimensión cultural es muy difícil impartirle coherencia a una
lectura del mundo contemporáneo en el cual el nacionalismo, la religión y los conflictos
interétnicos tienen una influencia equivalente a los aspectos internacionales y
seculares. Los modelos de economía política y de relaciones internacionales actualmente
vigentes no pueden por sí solos explicar, dar sentido y proponer políticas orientadas a
la solución de los problemas multidimensionales que hoy enfrentamos.
En el ámbito
político, los cambios en la cultura inciden tanto en la política internacional como en
la forma, valores, actores y mecanismos de la vida política interna de los países
industrializados y en desarrollo. Así, por ejemplo, amplios flujos migratorios
provenientes de otras culturas han modificado las situaciones socioculturales, políticas
y económicas de muchos países europeos y de los Estados Unidos. En Asia, Africa,
América Latina y los países del Islam, al igual que en Europa Oriental y en partes de la
ex Unión Soviética, la Guerra Fría se desvanece y se produce una abrupta apertura a los
mercados mundiales, acompañada de traumáticos procesos de restructuración y
modernización.
Esos procesos
intensifican y exacerban las complejas interacciones existentes entre múltiples factores
etnoculturales y religiosos vinculados a conflictos de focalización territorial
previamente contenidos por la lógica militar del conflicto Este-Oeste. Ahora todos ellos
están sometidos a un intenso bombardeo -por la vía de los medios masivos de
comunicación y los flujos de bienes simbólicos- que incluye nuevas actitudes y
preferencias para el individuo y las comunidades. Estas se hallan vinculadas a la
expansión geográfica de aplicación de la democracia liberal (al menos, en sus aspectos
formales), a la valorización de los requerimientos sociales y de afirmación cultural, a
la libertad de expresión, la importancia del individuo, el consumo y el mercado3.
Los efectos de
estos procesos abarcan un amplio espectro, que cubre desde la reafirmación de la
integración cultural por la vía de tradicionalismos que vigorizan sus vertientes
mesiánicas (ej.: Islam); el fortalecimiento de lo étnico-territorial y religioso4; la apetencia indiscriminada por alcanzar el estilo de vida de
las sociedades industriales occidentales "a cualquier costo"; la búsqueda de
una incorporación selectiva a ese estilo de ida (ej.: algunos países de Asia) o su
enfático rechazo (por países, estamentos y grupos sociales) ante la imposibilidad de
alcanzar los requerimientos materiales que expresan ese estilo5.
Por otra parte,
ya se ha señalado en numerosos trabajos, los problemas que pueden surgir en el proceso de
integración cultural vinculados a las grandes asimetrías que existen en la capacidad de
emisión de mensajes culturales de los países en desarrollo vis á vis la potencia
creciente de las industrias culturales con centro en las naciones industrializadas.
Fenómenos de ese tipo han conducido a un intento de aplicar políticas culturales
defensivas a partir de la organización de importantes sistemas de comunicación satelital
para la emisión de programas de contenido cultural nacional y regional y, del control de
las emisiones externas, en el caso de varios países de Asia-Pacífico (ej.: Malasia;
Singapur) y en algunos países europeos (ej.: Francia).
De igual
manera, la transmisión por televisión, "en directo", de conflictos armados,
incrementa el poder de disuasión de las potencias con mayor poder bélico. Se afecta no
sólo a las autoridades de los restantes gobiernos por el efecto de demostración de
acciones disciplinarias ejercidas sobre otros Estados (ej.: la "Guerra del
Desierto", Iraq), sino que se lleva ese mensaje a la casi totalidad de esas
sociedades, con resultados disímiles (aprehensión y temor, en aquéllas no expuestas
directamente a la amenaza, y fortalecimiento de posiciones de resistencia en las que se
hallan directamente amenazadas).
Se asiste, en
suma, a un creciente conflicto entre las distintas dimensiones de la identidad cultural en
sus vertientes tradicional, moderna y postmoderna. Ese conflicto permea las relaciones
internacionales en su enfoque tradicional -el del "conflicto de poder" del
realismo y el neorealismo, líneas de pensamiento que no han logrado incorporar
adecuadamente la dimensión cultural a sus marcos teóricos- e incursiona, con mayor
suerte, en los cauces de las teorías antropológicas, culturales y sociológicas e
inclusive, en algunas de raíz económica.
En el terreno
de lo concreto, responde, en buena medida, a las profundas contradicciones que acarrea en
el plano económico y social la fuerza modernizadora del proceso de globalización. En un
número importante de casos (ej.: áreas de Africa Subsahariana y de Asia del Sur y
Central), se presenta la imposibilidad, por no contar con los recursos mínimos para ello,
de acceder a mejores condiciones de vida en el marco del paradigma económico dominante.
Esto genera frustraciones y fuertes resistencias a la modernización neoliberal de esas
sociedades y a una reafirmación -generalmente autoritaria- de sus núcleos culturales
endógenos (ej.: Irán, Argelia, diversos estados africanos).
De igual
manera, impulsa, en muchos casos, la búsqueda, por parte de las élites políticas y de
diversos actores sociales, de un modelo de perfiles más endógenos, que procure mantener,
incorporar, y compatibilizar de manera más equilibrada, la diversidad étnica y cultural
nacional, las limitaciones de los recursos económicos, el funcionamiento del sistema
político, los requerimientos de la competitividad y las expectativas de desarrollo. La
fórmula imperante: "modernización neoliberal-régimen e instituciones
democráticas" adquiere en estos casos nuevos contenidos y combinaciones (ej.: India,
Singapur, Malasia, algunos países latinoamericanos).
En ese marco,
para América Latina y el Caribe la dimensión cultural y las comunicaciones adquieren
particular importancia para la construcción de una nueva identidad, ciudadanía y Estado.
En nuestra región los movimientos sociales están procurando redefinir el concepto y la
práctica de la ciudadanía, superando su dimensión jurídico-política. De no asimilar y
dar adecuada respuesta a esas necesidades, se corre el riesgo de que se conviertan en
fuerzas centrífugas a partir de crecientes diferenciaciones (Ej.: socioeconómicas,
raciales, etc.). Lo que no haga adecuadamente el Estado, se encargarán de orientarlo y
darle forma el consumo, el mercado y los medios masivos de comunicación.
Por lo
expuesto, la globalización de la cultura genera un conjunto de fenómenos que modifican
los procesos de las sociedades nacionales y su política externa en múltiples aspectos:
en la conceptualización de la globalización; en la construcción de la identidad
nacional y la capacidad de respuesta societal al impacto de la globalización; en el
perfil del ciudadano y en las nuevas políticas culturales. En el Esquema No. 1 se ha
procurado, identificar sus características principales y sus tendencias de evolución.
ESQUEMA No. 1
IDENTIDAD CULTURAL, MODERNIZACIÓN ECONÓMICA Y RÉGIMEN POLÍTICO: INTERACCIONES
| CULTURA |
IDENTIDAD |
PERFILES CULTURALES
PREDOMINANTES |
RÉGIMEN POLÍTICO |
CAPACIDAD INTEGRADORA |
TENDENCIAS |
| PAÍSES DEL ISLAM |
Parcialmente asumidas
(occidentalización en las élites) |
Tradicional, con fuerte
contenido religioso |
Autoritario (en algunos casos,
en transición a democracias limitadas) |
Restringida y excluyente |
Expresión
religiosa-tradicional regresiva, de carácter fundamentalista |
| INDIA |
Asumida parcialmente
(pluralista; occidentalización en las élites) |
Tradicional pluralista, con
áreas en transición a moderna y postmoderna |
Democracia limitada |
Parcialmente incluyente |
Transiciones a pluralismo
cultural y modernidad con creciente conflicto entre economía y culturas nacionales |
| JAPÓN |
Asumida (no pluralista) |
Moderna (con elementos vigentes
de cultura tradicional) |
Democracia (en transición, de
limitada a amplia) |
Incluyente |
Expansión secular, poco
conflictiva |
| CHINA SUDESTE ASIÁTICO |
Asumida (pluralista) Asumidas
(pluralistas) parcialmente |
Tradicional, con áreas en
transición a moderna. Tradicional-Moderna y post moderna |
Democracia selectiva
(Autoritaria) Democracias limitadas -Autoritarias |
Incluyente Incluyente |
Transición: Expansión, por la
vía secular y económica; promoción del "modelo chino". Expansión secular y
económica: promoción del "modelo asiático" |
| PAÍSES EN TRANSICIÓN DE
EURO ORIENTAL EX URSS |
Escasamente asumidas
(pluralista) Escasamente asumidas (pluralista; proceso de homogeneización desde arriba) |
Tradicional, con predominio de
factores étnicos y religiosos Tradicional, con predominio de factores étnicos (áreas en
transición a cultura moderna) |
En algunos casos, en
transición a democracia efectiva, en otros, a democracia limitada Transición a
Democracia limitada |
Parcialmente incluyente
Parcialmente incluyente |
Transición: Creciente
conflicto entre tradición y modernidad y culturas nacionales y modelo económico vigente |
| AMÉRICA LATINA |
Parcialmente asumidas
(occidentalización de las élites) |
Tradicional, en transición a
moderna (áreas limitadas con incorporación a cultura moderna y postmoderna) |
Democracias en consolidación |
Inclusión limitada y selectiva
|
Transición: creciente
conflicto entre culturas nacionales y modelo económico vigente |
| EUROPA OCCIDENTAL |
Asumida (autorreferida) |
Moderna y postmoderna (con
elementos vigentes de cultura tradicional) |
Democracias estables |
Incluyente |
Expansión secular y
económica, "modelo europeo" y ascenso del conflicto entre cultura nacional y
modelo económico |
| EE.UU |
Asumida (autorreferida) |
Moderna y postmoderna |
Democracia estable |
Incluyente |
Expansión secular y
económica; "modelo USA" y creciente conflicto entre valores y realidades
excluyentes del modelo vigente |
Fuente: elaborado por el autor a partir de
un esquema inicial, sustantivamente modificado y ampliado, de Fernando Calderón, Martin
Hopenhayn y Ernesto Ottone, Hacia una perspectiva crítica de la modernidad: las
dimensiones culturales de la transformación productiva con equidad, CEPAL, Santiago,
Documento de Trabajo No. 21, octubre de 1993, pg. 18.
III.
Cultura global: Homogeneidad Vs Hetereogeneidad
La
globalización alberga en su seno vertientes de homogenización y de heterogeneidad
cultural. Quienes sostienen que los efectos mayores sobre el sistema mundial son de
homogenización, enfatizan la importancia de la globalización económica a partir de la
acción de las empresas transnacionales y de los países industrializados más
importantes, como fuentes emisoras de mensajes vinculados al consumo y a la cultura de
mercado. Quienes argumentan en favor de efectos diferenciados y heterogéneos, destacan
dinámicas de apropiación y modificación del mensaje y de sus símbolos en los niveles
nacionales y subnacionales6.
En nuestro
entender, la globalización pone en marcha mecanismos que actúan en ambas direcciones,
retroalimentándose entre sí. Desde los primeros contactos históricos entre distintas
civilizaciones se ha producido una mutua fertilización cultural, si bien generalmente
asimétrica en cuanto a sus respectivos impactos. Lo que hoy acontece presenta, con
respecto al pasado (como mínimo, en la escala), ciertos cambios importantes:
i) la
dimensión-ahora planetaria-cubierta por las interacciones;
ii) la gran
velocidad de propagación y creciente simultaneidad de los impactos;
iii) la
ampliación del espectro y capacidad de influencia de los flujos de bienes, mensajes e
ideas que circulan e interactúan en el mundo;
iv) la mayor
especialización de los circuitos de comunicación, que contribuye a segmentar las
sociedades en estamentos diferenciados;
v) la
distinción temporal y de contenido de las respuestas (locales, nacionales, etc.). Dado
que los factores i) y ii) son relativamente conocidos, parece conveniente explorar la
incidencia de iii), iv) y v).
IV. El
papel de los flujos y de los circuitos culturales
Para acercarse
a estos fenómenos de diferenciación y heterogeneidad, es necesario tener en cuenta las
fisuras y desfases que existen entre las dimensiones económica, cultural y política de
la globalización, a partir de los distintos flujos existentes7:
i) étnicos (conjuntos de personas que actúan como turistas, inmigrantes, refugiados,
exiliados, trabajadores temporales, etc.); ii) tecnológicos (las corrientes de
tecnología, incluyendo su distribución asimétrica, sus diferentes contenidos y los
distintos factores que las afectan); iii) financieros (corrientes de capital especulativo;
mercado de valores, inversiones directas, etc.) iv) mediáticos de comunicación
(periódicos globales, revistas, redes de televisión, films, correo electrónico,
Internet, etc.); v) ideológicos (sistemas de pensamiento orientado a la acción de
Estados, grupos y estamentos).
Las
interacciones entre estos distintos flujos dan lugar a procesos muy complejos, de difícil
monitoreo e interpretación sistémica. Para algunos analistas8
la gente, los bienes, las imágenes y las ideas interactúan y circulan por vías
múltiples e irregulares, multiplicando las fisuras en el sentido y propósito que les es
asignado. Así, por ejemplo, el término clave "democracia", genera crecientes
conflictos entre el contenido que se le otorga en el Occidente industrializado y las
concepciones que bajo ese término se asumen en distintos países de Asia-Pacífico (Ej.:
China Popular, Corea, Indonesia, Singapur). En otro contexto, pueden señalarse los
resultados de las interacciones entre flujos ideológicos y financieros (ej.: distintos
casos en los cuales los flujos de financiamiento internacional son capaces de modificar
las políticas nacionales y su fundamento ideológico); entre flujos ideológicos y
mediáticos de comunicación (ej.: países de Medio Oriente) o entre flujos ideológicos,
religiosos y étnicos, (ex-Yugoslavia y Líbano).
En ese marco,
la existencia de cuatro circuitos socioculturales distintos9,
contribuye en importante grado a establecer actitudes y respuestas diferenciadas en las
sociedades expuestas a los flujos previamente mencionados:
i) El
histórico-territorial (conocimientos, hábitos y experiencias que se manifiestan en el
patrimonio histórico y la cultura popular tradicional).
ii) La cultura
de élites, constituida básicamente por la producción simbólica, escrita y visual
(literatura, artes plásticas).
iii) La
comunicación masiva, a partir de los grandes espectáculos de entretenimiento (radio,
cine, televisión, videos).
iv) Los
sistemas -relativamente restringidos, si se considera la población global- de
información y comunicación para quienes adoptan decisiones (fax, teléfonos celulares,
internet, satélite, etc.).
Sin pretender
presentar una elaboración y fundamentación mayor de estas proposiciones tentativas,
cabe, al menos, señalar ciertas constataciones a ellas vinculadas:
1. Dados los
factores y procesos mencionados, la recomposición de las culturas nacionales no es
uniforme ni se presenta con las mismas características en los distintos escenarios; por
consiguiente, la restructuración de identidades culturales puede variar según la
vinculación de los diferentes actores con cada uno de esos circuitos10.
2. Mientras la
capacidad del Estado para intervenir por la vía de su política cultural disminuye a
medida que se pasa desde el primer circuito al último, estudios recientes sobre consumo
cultural11 muestran que la juventud depende en mayor grado
de los dos últimos circuitos para modelar sus comportamientos. Así, en las nuevas
generaciones la identidad gira mucho más en torno de las grandes figuras de televisión y
el cine y de las grandes marcas de productos para jóvenes, que con respecto a los
símbolos patrios de carácter histórico y territorial.
Esto no es
producto de la casualidad. En América Latina se transmiten en promedio más de 500.000
horas anuales de televisión, mientras en Europa Latina cuentan con sólo 11,000 horas. En
Perú, Panamá, Colombia y Venezuela, existen más de una videocasetera por cada tres
hogares con televisión, cifra mucho más alta que en Bélgica (26,3%) o Italia (16,9%)12.
En suma, la
globalización cultural incorpora el uso de una variedad de conceptos, instrumentos y
prácticas que afectan, de distinta manera y grado, los contextos político, económico y
cultural nacionales y locales. Luego de su procesamiento, esos elementos son remitidos en
un diálogo conflictivo de contenidos y acciones concretas relativas al mercado, la
democracia, el libre comercio, la soberanía, los derechos humanos, el desarrollo, el
fundamentalismo, etc. Ese proceso continuo de ingreso y remisión de mensajes simbólicos,
de bienes e ideas, provoca turbulencias y afecta sustantivamente los intentos por lograr
una homogenización interna en los Estados-naciones.
V.
Identidad y ciudadanía en el marco de la cultura global
En el contexto
previamente descrito, ¿se pueden construir identidades nacionales?, ¿cuál es el perfil
de ciudadanía que pueda expresar ese nuevo tipo de identidad?13,
¿pueden ser la construcción de identidades objeto de políticas?. Al respecto, se puede
señalar lo siguiente:
1. No se trata
de una pérdida de identidad nacional, sino de una transformación de la misma, muchas
veces turbulenta, por efecto de los procesos de globalización.
2. El proceso
de identidad está sometido a las tensiones que impone la concentración del 70% de la
población de América Latina en ciudades; la declinación de las naciones-estados como
entidades articuladoras de lo social y la reestructuración y transferencia de las
funciones políticas de los actores tradicionales (partidos, sindicatos, asociaciones de
base) a nuevos actores. La declinación de las formas tradicionales de hacer política se
suma así al fortalecimiento de los nuevos mecanismos (Ej.: los programas periodísticos
de opinión por radio y televisión, los sondeos y encuestas y la construcción de
imágenes y contenidos televisivos para los actores políticos).
3. En muchos
casos (y particularmente, para aquellos que son inmigrantes) más que la adopción de una
ciudadanía nacional, se trata de una ciudadanía urbana. El individuo se siente más
vinculado a su cultura local y no tanto a la nacional (excepto en el caso de las ciudades
capitales, donde se concentra el discurso sobre el Estado, los partidos y la política).
4. La cultura
ciudadana es hoy un lugar de múltiples intersecciones de tradiciones nacionales y
transnacionales. Por ello las culturas nacionales, sin extinguirse, van transformándose a
partir de interacciones con referentes culturales transnacionales provistos por los flujos
de ese carácter.
5. Esa
transformación comienza a adquirir rasgos institucionales. Así se observa, por ejemplo,
en la construcción de una identidad común europea (junto a un pasaporte y documentos,
normas comunes para sus ciudadanos) y en la propuesta del Parlamento Latinoamericano sobre
una Comunidad Latinoamericana de Naciones, presentada a los Presidentes del Grupo de Río.
De igual manera el rápido, y amplio avance de los acuerdos de integración y de
vinculación económica en América Latina y el Caribe va generando una red de regímenes
de regulación de dimensión regional que superan el ámbito de los Estados participantes
(Ej.: El Tribunal Andino de Justicia en el caso de la Comunidad Andina para redimir
conflictos). Gradualmente, se va pasando así de lo nacional a lo regional y lo global.
6. Existen
estudios que señalan que la masa -y aun ciertos sectores politizados- no sienten una gran
atracción por proyectos políticos nacionales o regionales. Cabría aquí considerar, por
ejemplo, la fagilidad de los apoyos con que contaron a lo largo de tres décadas
anteriores los procesos de integración regional en Amrica Latina y el Cribe. (No
obstante, esa situación se ha ido modificando favorablemente durante los últimos años).
7. Existen
políticas culturales tanto en el ámbito nacional como en el transnacional (ej.: en este
último, las de los movimientos ecológicos y las de las empresas transnacionales).
8. Se observa
en el sistema en vías de globalización una respuesta social desorganizada, pero firme e
intensa, en favor de un conjunto de valores de carácter universal, nacional e incluso
subnacional (ej.: Los derechos humanos; el desarrollo; la democracia). A partir de varias
de ellas, surgen elementos importantes (ej.: la solidaridad de los "verdes")
para constituir el eje vertebral de una identidad.
En
consecuencia, lo que importa ahora, esencialmente, es que las políticas culturales
nacionales tengan en cuenta la nueva situación y logren superar la tradición, limitada a
focalizar su esfuerzo en la preservación del patrimonio histórico. De no ser así, los
procesos de globalización, vinculados a un discurso homogenizador en lo político,
cultural y económico, continuarán, en la práctica, ocultando una creciente
diferenciación.
Aún los
procesos de integración económica regional y de libre comercio hemisférico, de no
contener políticas claramente concertadas en esta materia, pueden terminar sirviendo
preferentemente para ampliar el espacio a las industrias culturales transnacionales. Los
productos de estas últimas, destinados al consumo masivo, tienen por propósito obtener
una rentabilidad económica a corto plazo (la población como mercado) o fines de
orientación y movilización social y política (la población como fuerza de opinión)14.
VI.
América Latina y el Caribe ante la cultura global: algunas propuestas
Los elementos y
procesos aquí expuestos pueden parecer, en una primera lectura, demasiado teóricos y
lejanos a la realidad cotidiana para quienes deben interpretar el funcionamiento y dar
respuesta a los nuevos hechos del sistema global, adoptando decisiones en las
Cancillerías y en los Ministerios de Finanzas o de Economía. No obstante, y quizás sin
contar con una apropiada conciencia de ello, la dimensión cultural -en primer lugar, por
su incidencia en nuestra imagen y construcción ideológica del mundo- afecta nuestras
formas de percibir los problemas y sus posibles soluciones, al igual que enriquece o
limita la identificación de nuevas oportunidades o de formas de acción que en los
enfoques tradicionales serían probablemente catalogadas como heterodoxas (y por lo tanto,
no efectivas o peligrosas).
En efecto, los
factores y procesos comentados en las distintas secciones de este trabajo afectan la
cultura política y económica de nuestros países. Cuando se modifica la combinación de
valores y prácticas que constituyen la cultura política de una sociedad determinada, se
requiere una profunda transformación en el papel del Estado15.
Ese es el caso, por ejemplo, del cambio de los valores relativos a la participación de lo
público y lo privado; de la estabilidad de las instituciones; de la participación de
ramas que tradicionalmente fueron líderes en el proceso de crecimiento económico y que
son reemplazadas por nuevos sectores; del reemplazo de un paradigma tecnológico por otro;
de la modificación de las preferencias sociales en la forma de organización colectiva o
de la legitimidad y el peso asignado al Estado frente a las diversas organizaciones que
integran la sociedad civil.
En esas
circunstancias, parece conveniente "bajar a tierra" y considerar la utilidad de
aplicar propuestas como las siguientes:
1. Drástico
cambio de contenido y enfoque en las políticas culturales
En vez de
basar, como antes, la acción en materia cultural en la defensa de los patrimonios
históricos, resulta necesario desarrollar estrategias vinculadas a los nuevos escenarios
de información y comunicación16. La conveniencia de poner
en práctica ese tipo de políticas se refuerza ante la exigencia para los Estados de
forjar nuevas alianzas estratégicas en distintos campos y circunstancias, con diferentes
estamentos de su propia sociedad y de grupos y actores transnacionales, tanto en
sociedades inmersas en otros ámbitos culturales (ej.: Asia, Medio Oriente, Africa), como
en aquellas que nuestro sentido común establece como conocidas y cercanas (ej.: Europa
Occidental).
2.
Incorporar estudios sobre imágenes y actitudes ante la integración, variables de cambio
tecnoproductivo e inserción internacional en la formulación de la política externa
El factor
cultural incide profundamente en procesos políticos y económicos muy importantes para
los países de la región. Así, por ejemplo, diversos estudios y trabajos de campo de la
CEPAL17 han procurado determinar cuáles son los márgenes
(con directa incidencia en las actitudes y disposiciones de los actores con respecto al
tema) de empresarios, técnicos y trabajadores sobre la incorporación de tecnología al
proceso productivo. Ese factor, de innegable incidencia en la modificación de las
condiciones de competitividad de nuestros países, genera imágenes sociales diversas y
contradictorias, según el grupo social que se examine.
Las
representaciones de estos tres grupos difieren en alto grado entre sí (especialmente, las
de empresarios y dirigentes sindicales). Entre los empresarios prevalece una visión
optimista de la modernización tecnológica, no perciben mayores problemas en la
organización del trabajo y en las condiciones de vida del obrero (salvo un mayor
desempleo, al que asignan carácter temporal), y no están dispuestos a ensayar formas de
coparticipación en la empresa, exigiendo del Estado condiciones económicas que auguren
la rentabilidad de la inversión en nuevas tecnologías18.
En la visión de los dirigentes sindicales, y en menor grado, de los técnicos y
profesionales, se espera que el Estado actúe como garante de las "responsabilidades
sociales" que signifique el cambio tecnológico; reclaman su derecho a participar en
la gestión de la empresa y cuestionan las motivaciones del sector empresarial.
En ese tipo de
contextos, resultaría muy conveniente poder llevar a cabo estudios relativos a las
imágenes y actitudes que acompañan los procesos de integración regional, la
vinculación económica hemisférica y la inserción internacional de América Latina y el
Caribe, junto a las percepciones predominantes sobre los aspectos más destacados de la
globalización y su incidencia para la región.
3. Mejorar
el conocimiento de los componentes culturales de las relaciones internacionales y
transnacionales para optimizar la política externa
Se requiere
contar con un panorama preciso de los componentes culturales de las relaciones
interestatales y transnacionales para evitar peligros y optimizar oportunidades. Entre los
primeros, existe el riesgo que las políticas exteriores de América Latina y el Caribe se
inserten o adquieran conflictos de base cultural que no les competen y que pueden
perjudicar sus relaciones políticas y económicas con otros Estados y regiones.
Tal podría ser
el caso, si se siguiera el rumbo de colisión que plantea, por parte de algunas potencias
occidentales, la voluntad de imponer autoritariamente el modelo de modernización
neoliberal y democracia representativa (y volvemos a Hungtínton) en Asia, el mundo
islámico y parte de Africa. Prudencia y mesura aparecen aquí como virtudes cardinales
para compatibilizar una justa y legítima necesidad de impulsar valores universales (ej.:
los derechos humanos) con la interferencia coactiva y aun, con el empeoramiento de los
problemas -por desconocimiento de la dimensión cultural- allí donde se impulsan acciones
animadas de la mejor buena voluntad.
4. La
diversidad cultural constituye una riqueza
La muy limitada
y determinante visión que prevalece en el ámbito del pensamiento y la praxis económica
ha tendido a marginar, hasta poco tiempo atrás, la incidencia de los factores culturales
en la utilización de la rica diversidad cultural de América Latina y el Caribe; en la
percepción de los costos y beneficios; en la ética, empresaria, en las relaciones
interpersonales y en la construcción societal de condiciones satisfactorias de
competitividad.
La política
exterior tendrá que defender la especificidad frente a las corrientes homogeneizadoras,
externas en el plano político y económico y construir un discurso y práctica con
viabilidad y legitimidad. Sus elementos fundamentales serían el derecho y la necesidad de
respetar la diversidad y tener en cuenta que las características y situaciones nacionales
son una condición necesaria para, entre otras, emprender con éxito procesos de
modernización social y productiva.
5.
Aprovechar mejor las subculturas profesionales
Asimismo, la
multiplicidad cultural contemporánea conduce a la generación (o al menos, a la
profundización y ampliación) de subculturas profesionales. Tal es el caso, por ejemplo,
de las subculturas transnacionalizadas de los diplomáticos y funcionarios
internacionales, los intelectuales, los empresarios y financistas. Todas esas subculturas
funcionan como redes animadas de sus propios códigos y normas, constituyendo otras tantas
herramientas de la política nacional y regional.
6. Ampliar
la participación en las decisiones y procesos de cambio económico y político al mayor y
más variado espectro de actores
Si se desea
intervenir con posibilidades de cierto éxito en los juegos de competitividad darwiniana
que caracterizan al actual paradigma económico, tanto las sociedades industrializadas
como aquéllas en desarrollo requieren que la construcción de esas condiciones se realice
evitando que sólo participen las élites tecnocráticas y políticas. Se necesita que a
los nuevos escenarios de las "sociedades de la comunicación" y las
"sociedades del conocimiento" se sume el mayor número posible de ciudadanos,
ampliando la cobertura de los mecanismos de información, comunicación y socialización
entre los miembros de nuestras sociedades19, de manera tal
de poder incorporar los nuevos conocimientos a los procesos productivos en todos los
niveles de la economía.
NOTAS
- Moneta, "El proceso de globalización:
Percepciones y desarrollos" en Quenan, Moneta, (Compiladores) Las Reglas del
Juego. América Latina, Globalización y Regionalismo, pgs. 156-161, Corregidor,
Buenos Aires, pgs. 156-161.
- García Canclini, Consumidores y
Ciudadanos. Conflictos Multiculturales de la Globalización, Grijalbo, México, 1995,
pg. 30.
- Tomassini, L., Moneta, C. y Varas, A., La
política internacional en un mundo postmoderno, G.E.L., Buenos Aires, 1991, pgs.
208-09.
- Calderón, F., Hopenhayn, M. y Ottone, E., Hacia
una perspectiva crítica de la modernidad: Las dimensiones culturales de la
transformación productiva con equidad, Docto. de Trabajo No. 21, octubre de 1993, pg.
11.
- Moneta, C., (Edit.) Las Reglas del Juego,
América Latina, Globalización y ..., obr., cit, pgs. 155-156.
- Entre quienes enfatizan la fuerza
homogeneizadora con contenidos simbólicos de mercado, consumo y "Fines Mundo"
puede nombrarse a Matlelart Transnationals and Third World: The struggle for Culture,
South Hadley, Bergin and Garvey, 1983 y Hamelink, C., Cultural Autonomy in Global
Communications, Longman, New York, 1983. Entre los que resaltan los efectos
diferenciadores y la capacidad de "nacionalizarlo" o indigenizarlo, Yoshimoto,
M. "The Postmodern and Mass Images in Japan", Public Culture 1 (2); 1989,
pg. 8-25. y Hannerz V. Notes on the Global Ecumene", Public Culture, 1 (2),
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- Appadurai, A., Global Ethnoscapes: Notes and
Queries for a Transnational Anthropology" en Fox, R. (Edit.) Interventions:
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- Ibid.
- García Candini, N. Consumidores y
Ciudadanos. Conflictos..., obr. cit., pgs. 31-33.
- García Candini, Nestor, Consumidores y
Ciudadanos..., obr. cit., pgs. 32-33.
- Ibid.
- Datos del "World Communications
Report" citados por la UNESCO en 1990.
- Cohen, y Arato, Civil and Political
Theory, Cambridge, Massachusetts, Londres, Mit Pres, 1996, p. IX y García Candini, N.
Consumidores y Ciudadanos. Conflictos..., obr. cit., pg. 31.
- Moneta, C., "El proceso de
globalización: Percepciones y desarrollos" en Quenan C. y Moneta C., (Editores) Las
reglas del juego. América Latina..., obr. cit., pgs. 156-61
- Tomassini, L., Moneta, C. y Varas, A., La
política internacional en un mundo..., obr. cit., pgs. 224-223.
- Cohen, J. y Arato, A., Civil and
Polical..., obr. cit.
- CEPAL, Imágenes Sociales de la
Modernización y la transformación tecnológica, Santiago, 1995, Cap. de
"Conclusiones".
- Ver el capítulo de "Conclusiones"
del documento de la CEPAL, Imágenes Sociales de la Modernización y la ....., obr.
cit., pgs. 191-196.
- F, Hopenhayn, M. y Ottone, E., Hacia una
perspectiva crítica de ..., obr. cit., pg. 12 y Durston J., "Cultura,
conocimiento y modernidad", Seminario "Pueblo Mapuche y Desarrollo,
Angol, Chile 14-16/1/93.
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